DIA 17.

Salí al ser de dia, y continué por un imponderado despeñadero de

corriente; y como ya en estos parages no gasto otra sirga que un

calabrote, por no poder otros cabos resistir al impulso de la

corriente, meten á veces las chalupas los castillos debajo del

agua. A mediodia llegó Maria Lopez con su marido, y otro indio con

una embajada de _Chulilaquin_, diciendo que la noche pasada habian

muerto de una puñalada en su toldo al cacique _Guchumpilqui_, porque

este con otro indio, que tambien mataron, habian venido á solicitar

de _Chulilaquin_ el que con su gente se juntasen para avanzarnos y

destruirnos: y que por esto _Chulilaquin_ le habia muerto, y así que

temian el que los Aucaces viniesen á tomar venganza de la muerte de su

cacique, y que lo esperaban esta noche: por lo cual _Chulilaquin_ me

rogaba lo favoreciese con 10 soldados para que le ayudasen, y que para

conducirlos mandaria caballos. A esto le respondí, que bien veia que

me eran necesarios todos los soldados para tirar las embarcaciones,

y que por esto no podia mandárselos; pero que yo haria diligencia de

llegar con los barcos á los toldos, y que entonces estaria defendido de

los Aucaces. Volvió repetidas veces á importunar por los 10 soldados,

y yo escusándome suavemente, la regalé y se fué; pero antes de irse se

arrimó cuidadosamente al patron de la chalupa San Juan, y le preguntó,

si sabia si al capitan Chiquito le habian muerto los cristianos, ó

estaba en Buenos Aires. Yo que enteramente desconfio de estos bárbaros,

me hizo esta pregunta mayor la desconfianza, aunque así ella como los

dos indios venian con el aspecto asustado.

A las 4 de la tarde llegó un indio ladino, y un esclavo de

_Chulilaquin_ con dos caballos de diestro, ponderándome la fineza de

_Chulilaquin_ por haber muerto á _Guchumpilqui_ en defensa nuestra,

y que aquellos dos caballos los traian para que fuesen en ellos dos

soldados, para que esta noche los ayudasen contra los Aucaces. Estos

venian como asustados, y con mucho empeño á llevar los dos hombres

que pedia su cacique. A este le dije le dijese, que mi gusto era

defenderlo, y que no solamente 2, sino 20 le mandaria: pero que estos

soldados no entendian la lengua de los indios, ni tampoco sabian

pelear, sino al lado de su capitan; y que si yo llegase á tiempo le

socorreria, y sino que trajese su gente y toldos para donde yo estoy,

y entonces que no tuviese miedo, aunque viniesen mas indios que yerba

tiene el campo. Se fueron los indios, y yo me acampé á la banda del S,

parage de los mas proporcionados que hay para en caso de haber algun

encuentro.

Mandé toldar las embarcaciones, alistar las armas, cargándolas de

nuevo; montar los pedreros y esmeriles, y dormir toda la gente á

bordo: porque, aunque en los semblantes y expresiones se vé el miedo

que tienen estos indios, y á no ser cierto lo que dicen, parece mucha

política para estos bárbaros, no obstante son muy diestros en el arte

de engañar; y por esto me pusieron esta noche en mayor cuidado, pero lo

cierto es, que con los Aucaces, ó con nosotros hay alguna revuelta ó

intento, que si no llega á tener efecto, será porque no hallan hueco;

si bien, que no dejo de pensar que los Aucaces pueden venir á vengarse

de los que mató, robó y cautivó _Chulilaquin_, y que tambien ahora

habrán muerto alguno. Pero la muerte de _Huechumpilqui_ no la tengo por

cierta, por lo que pude comprender y deducir de las respuestas de Maria

Lopez á las preguntas que le hice: pero el querernos hacer creer esta

muerte, es solo por obligarnos y vendernos la fineza.

Aquí se halló en una pequeñita isla un manzano chico, á quien quitaron

los marineros hasta 200 manzanas. Navegué este dia al NO 5° N un cuarto

de legua de distancia.

Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782 · 第 202 / 260 题