Al amanecer me puse en camino rio arriba: pasaron algunos indios sin
llegar á bordo. A mediodia llegaron dos: estos traian algunas piedras
de guanaco para vender, y una chiquita bolsa de piñones, lo que no
se les compró, así porque esto no es lo mas importante, como porque
querian mucho por ello; y lo mas, porque hallándome ya casi destituido
de las bujerias que traje para regalarlos, y de bastantes cosas mias
propias, con que obsequié á unos y otros, algun resto que queda le voy
resguardando hasta ver si hallo algun indio que quiera ir á Valdivia,
en cuyo caso será indispensable regalarle bien. Se fueron luego estos
dos indios, y á las 3 de la tarde llegó un muchacho ladino con otro
4 indios y una china vieja: este trajo un cordero; la china y los
otros compañeros trajeron algunas manzanas, y cada uno una chiquita
bolsa con piñones. Vaciando estas bolsitas advertí una mazorca maiz, y
registrando cuidadosamente saqué de entre los piñones maiz muy bueno,
trigo superior, chícharos blancos y otros casi negros algo mayores,
habas y lentejas; las cuales semillas puse en una bolsa. Preguntándoles
á estos indios si estaba lejos la tierra á donde se sembraban y
recogian estos frutos, me han dicho que distante de aquí una jornada,
pues en las llanuras de _Huechum-lauquen_ sembraban y recogian los
indios con mucha abundancia.
Parece que los Peguenches defienden y estorban el que estos indios,
que habitan las márgenes de estos rios y andan vagantes, entren en
sus tierras ni pasen á la Cordillera á buscar piñones ni manzanas;
porque preguntándole yo, porqué no traian los caballos bien cargados
de piñones, ya que los habia en tanta abundancia, como me ponderaban,
dijeron, que los dueños de los piñares se los vendian á estos, y
que valian bastante caros; y que las manzanas que habia en estas
inmediaciones ya se acababan por la mucha indiada que se junta por
estos tiempos á la cosecha, y que consumen de esta fruta con exceso,
porque hacen de ella (ademas de la que comen) cidra ó chicha: y que
para pasar á las faldas de la Cordillera á buscarlas, es menester que
se les compren á los dueños de aquellas tierras, y yo presumo que como
estos indios _Tehueletos_, _Guilliches_, _Leubus_, _Chulilaquines_, y
otros pasan toda su vida vaqueando, cazando y robando, que es de lo
que se mantienen, aquellos que siembran y tienen ganados, precisamente
estan de asiento en parage fijo: y así, por venderles á los otros los
frutos que se crian y los que recogen por medio de la agricultura, como
asimismo por estorbar que estos vagamundos les roben sus haciendas, si
les permitiesen la entranda á ellas, emplearán todas sus fuerzas, á fin
de que no les entren. Contestan muchos indios en que Ignacio Delgado
es cacique, y hombre de mucha hacienda: este vive á la orilla del rio
_Catapuliche_, un poco mas arriba del desague de _Huechu-huechuen_, en
dicho _Catapuliche_.
El rio _Huechu-huechuen_ es menos que el _Catapuliche_: entra en este
por la izquierda siguiéndolo aguas arriba.
A estos indios agasajé y regalé, habiéndose ido á sus toldos ya puesto
el sol; y yo me acampé en una isla grande que divide el rio en iguales
proporciones. En esta isla hay cantidad de grandes manzanos, pero sin
siquiera una manzana: tan expertos son los indios en el arte de recoger
que no se les olvida una siquiera encima, y al pié del árbol.
El Cerro de la Imperial se descubrió esta tarde: hermosísimo, desde
alto á bajo cubierto de blanquísima nieve, y asimismo la Cordillera,
cuya eminencia dista de nosotros, al rumbo del OSO, dos y media leguas
de distancia.
Navegué este dia, ó mas bien, arrastré las embarcaciones este dia, al
NO 5° N, una milla de distancia.