Salí al amanecer continuando rio arriba. A mediodia llegó el indio
que ha sido amo del negro Ventura: trajo una oveja muerta. Lo regalé
con lo que pude por esta fineza, y se fué muy contento. Al irse este
vinieron 4, cada uno traia una bolsita con cosa de una libra de piñones
para vender por yerba; pero no se les compraron, porque ya queda muy
poca. Al anochecer se fueron, y yo me acampé á la parte del S del rio,
habiendo arrastrado las embarcaciones una milla de distancia al NO 5°
N.
A la orilla del rio casi toda la distancia de hoy parece todo
campamento de indios, que poco ha lo levantaron. Las islas están llenas
de manzanos, pero las manzanas ya las recogieron los indios; y es cosa
admirable el ver entre poca tierra mezclada con chinos y arena, unos
árboles tan grandes, tan poblados de rama y hermosos, que no los ví
mejores en ninguna parte. Latitud observada, 39° 33′.