Al amanecer llegaron á bordo siete indios Peguenches, uno de ellos
hablaba regularmente. Daba noticia de Buenos Aires, Montevideo,
Maldonado, Santa Teresa, Santa-Fé y Valdivia. Desde este sitio á
dicha plaza dice que hay tres jornadas: que los pinos estan por la
Cordillera, y á la falda del Cerro de la Imperial: trajo algunos
piñones y manzanas. Los agasajé todo lo posible, y diciéndole que si
me conducia una carta á Valdivia le pagaria bien la diligencia, dijo
que la llevaria con mucho gusto, si no fuera porque le parecia que
los cristianos estaban mal con los indios; pues hacia poco tiempo que
habian hecho una salida, en la cual habian apresado un toldo, y que por
esto no se determinaba. Me dijo que tenia vacas, y que entre los indios
habia bastante de este ganado, caballar y lanar: que en llegando cerca
de sus toldos hariamos trato con algunas vacas. Se fué á las ocho, y yo
seguí mi viage: se llama este indio Ignacio Delgado.
A las 2 de la tarde llegó una de las mugeres de _Chulilaquin_, llamada
_Guichalachen_, con un indio ladino, y otros. Estos indios y chinas
trajeron en sus bolsitas piñones y cinco carneros y un macho, muertos:
pues habiéndole yo ponderado la necesidad en que me hallaba, á fin de
que no me pidiesen, vinieron en dicho socorro, y una vejiga de grasa
de vaca que trajo Guichalachen con una bolsa de piñones. A estos
igualmente obsequié, gastando toda aquella paciencia que se necesita
para tratar con ellos, y aquellas rústicas y groseras políticas que
son precisas para hacerse amable entre esta gente salvaje, y pudiera
llamarlas finas por lo rústicas y separadas que estan de las que se
usan entre naciones cultas.
Me ponderaron estos indios su pobreza, y el dolor que tenian en que
sus fuerzas no pudiesen contribuir á mi alivio y al de toda la gente:
y así estos coma los Peguenches que vinieron esta mañana, viendo los
marineros desnudos con frio excesivo metidos en el rio, arrastrando las
embarcaciones, decian lastimándose: _pobres soldados_, en su idioma.
Para despacharlos les ponderé el deseo que tenia de llegar á sus
toldos, y que esto me precisaba á dejarlos y seguir viage: con esto,
y con haberlos regalado algunas frioleras y bastantes palabras de
amistad, se fueron, dejándome dicho que aquellas ovejas y piñones
que me habian traido, se las habian comprado á los Peguenches, por
caballos, pellejos, &a. El rio estuvo tan malo, que todo el dia
navegué por dos palmos y por menos de agua, arrastrando continuamente
las embarcaciones: excesivo trabajo á la verdad para las fuerzas de
los marineros, pero poco para el espíritu que los alienta, con la
esperanza de llegar á la laguna de _Huechum-lauquen_, y en ella tener
socorro de Valdivia, para continuar con las crecientes de los rios el
reconocimiento del de la Encarnacion y el Diamante, en lo cual procuro
con la mayor viveza esforzarlos; y ellos esperanzados en que tendremos
víveres de Valdivia, no solo trabajan con vigor, sino que se convidan
á pasar á dicha plaza entre 12 hombres armados, aunque sea pasando
por entre los indios á fuego y sangre, á fin de tener de ella los
socorros necesarios para concluir el todo del reconocimiento; y es de
admirar esta constancia y firmeza entre marineros, pero no saben las
dificultades que median desde aquí hasta conseguir lo que proponen[20].
Navegué este dia al NO 5° N una milla de distancia.