DIA 13.

Al amanecer llegaron á bordo siete indios Peguenches, uno de ellos

hablaba regularmente. Daba noticia de Buenos Aires, Montevideo,

Maldonado, Santa Teresa, Santa-Fé y Valdivia. Desde este sitio á

dicha plaza dice que hay tres jornadas: que los pinos estan por la

Cordillera, y á la falda del Cerro de la Imperial: trajo algunos

piñones y manzanas. Los agasajé todo lo posible, y diciéndole que si

me conducia una carta á Valdivia le pagaria bien la diligencia, dijo

que la llevaria con mucho gusto, si no fuera porque le parecia que

los cristianos estaban mal con los indios; pues hacia poco tiempo que

habian hecho una salida, en la cual habian apresado un toldo, y que por

esto no se determinaba. Me dijo que tenia vacas, y que entre los indios

habia bastante de este ganado, caballar y lanar: que en llegando cerca

de sus toldos hariamos trato con algunas vacas. Se fué á las ocho, y yo

seguí mi viage: se llama este indio Ignacio Delgado.

A las 2 de la tarde llegó una de las mugeres de _Chulilaquin_, llamada

_Guichalachen_, con un indio ladino, y otros. Estos indios y chinas

trajeron en sus bolsitas piñones y cinco carneros y un macho, muertos:

pues habiéndole yo ponderado la necesidad en que me hallaba, á fin de

que no me pidiesen, vinieron en dicho socorro, y una vejiga de grasa

de vaca que trajo Guichalachen con una bolsa de piñones. A estos

igualmente obsequié, gastando toda aquella paciencia que se necesita

para tratar con ellos, y aquellas rústicas y groseras políticas que

son precisas para hacerse amable entre esta gente salvaje, y pudiera

llamarlas finas por lo rústicas y separadas que estan de las que se

usan entre naciones cultas.

Me ponderaron estos indios su pobreza, y el dolor que tenian en que

sus fuerzas no pudiesen contribuir á mi alivio y al de toda la gente:

y así estos coma los Peguenches que vinieron esta mañana, viendo los

marineros desnudos con frio excesivo metidos en el rio, arrastrando las

embarcaciones, decian lastimándose: _pobres soldados_, en su idioma.

Para despacharlos les ponderé el deseo que tenia de llegar á sus

toldos, y que esto me precisaba á dejarlos y seguir viage: con esto,

y con haberlos regalado algunas frioleras y bastantes palabras de

amistad, se fueron, dejándome dicho que aquellas ovejas y piñones

que me habian traido, se las habian comprado á los Peguenches, por

caballos, pellejos, &a. El rio estuvo tan malo, que todo el dia

navegué por dos palmos y por menos de agua, arrastrando continuamente

las embarcaciones: excesivo trabajo á la verdad para las fuerzas de

los marineros, pero poco para el espíritu que los alienta, con la

esperanza de llegar á la laguna de _Huechum-lauquen_, y en ella tener

socorro de Valdivia, para continuar con las crecientes de los rios el

reconocimiento del de la Encarnacion y el Diamante, en lo cual procuro

con la mayor viveza esforzarlos; y ellos esperanzados en que tendremos

víveres de Valdivia, no solo trabajan con vigor, sino que se convidan

á pasar á dicha plaza entre 12 hombres armados, aunque sea pasando

por entre los indios á fuego y sangre, á fin de tener de ella los

socorros necesarios para concluir el todo del reconocimiento; y es de

admirar esta constancia y firmeza entre marineros, pero no saben las

dificultades que median desde aquí hasta conseguir lo que proponen[20].

Navegué este dia al NO 5° N una milla de distancia.

Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782 · 第 198 / 260 题