A las 12½ de la noche vino el indio Jacinto con otro, y un hijo
de Chulilaquin pidiendo aguardiente: esto causó bastante alboroto en
el campamento, porque estando los indios á la parte del S del rio,
y nosotros á la parte del N, no se pensaba en que viniesen, y mas
habiéndoles avisado que de noche no se llegasen á nosotros: pero ellos
que continuamente piensan siniestramente, pasaron procurando averiguar
el método que llevamos para guardarnos. Pero á poco les sale cara la
prueba, que á no venir el hijo de Chulilaquin, de seguro pierden la
vida, pero les reñí, les quité la botija y los despaché sin aguardiente.
Al amanecer pasé el rio _Chulilaquin_ con veinte indios, y me pidió
aguardiente, que le dí en la botija, y su muger me trajo unas cuantas
manzanas, á quien regalé tabaco y algunas bujerias: luego se bebieron
la botija de aguardiente y estuvieron importunísimos pidiendo mas, y
asimismo pedian sombreros, bayetas y otras cosas, á cuyas pesadeses
fué preciso armarme de toda paciencia y aguantar, porque tenia las
embarcaciones paradas, y la gente cavando el rio para allanar paso
para las chalupas. A mediodia pasé este penoso paso, y me fué preciso
toldar por algunos chaparrones de agua que cayeron, y á este tiempo
llegó María Lopez, y el hermano del capitan Chiquito. Esta me dijo que
adonde ellos estaban que habrá 4 leguas de _Huechu-huechuen_, que las
manzanas las traen del pié de la Cordillera en cargueros; que estos
indios ni ella pueden dar razon de los cristianos que están de la otra
parte del Cerro de la Imperial, por mediar entre aquellos pueblos y
el _Huechu-huechum_ los indios Aucaces, enemigos acerrimos suyos: que
tampoco estos indios iban á la laguna _Huechum_ por la misma razon, ni
tampoco podian ir á los piñones, y solo sí se los comprában á algunos
Aucaces, que se los traian á vender por pellejos, y otras cosas de que
ellos carecian. Un indio me regaló unos 15 ó 16, que repartí entre
las tripulaciones, que les cupo uno á cada tres individuos, y yo comí
uno y guardé otro: son de bello gusto y mantenimiento, su tamaño es
casi como el datil de Berberia, el gusto casi como los piñones de
España: son blancos, la cáscara delgada, y si tuviese á esta hora
abundancia de esta fruta, sin otros víveres pudiera seguir 4 meses mas
el reconocimiento.[19] Otro indio trajo en una bolsita como 4 libras
de dichos piñones, por los cuales queria dos frascos de aguardiente, y
se volvió con ellos: dos indios, de los que vinieron con María Lopez,
trajeron dos ovejas muertas de regalo, pero uno de ellos, porque no
le dí sombrero, bujerias, yerba, tabaco y dos frascos de aguardiente,
se la volvió á llevar; el otro la dejó por una botija de aguardiente,
cuatro hilos de cuentas y una cuarta de yerba, la cual repartí entre la
gente.
El parage adonde estuvieron establecidos los cristianos, dice María
Lopez, que es á la orilla del Rio de la Encarnacion, dos jornadas aguas
arriba desde su desague en el rio principal. Seguí á pasar otro paso de
poca agua que está muy inmediato, en el cual estuve hasta las 8 de la
noche, y me acampé á la parte del N. _Chulilaquin_ se fué, y algunos
indios; María Lopez con otros se acampó á la del S.
Navegué este dia al NNO corregido un cuarto de legua de distancia, y
con incesante trabajo.