DIA 8.

A las 12½ de la noche vino el indio Jacinto con otro, y un hijo

de Chulilaquin pidiendo aguardiente: esto causó bastante alboroto en

el campamento, porque estando los indios á la parte del S del rio,

y nosotros á la parte del N, no se pensaba en que viniesen, y mas

habiéndoles avisado que de noche no se llegasen á nosotros: pero ellos

que continuamente piensan siniestramente, pasaron procurando averiguar

el método que llevamos para guardarnos. Pero á poco les sale cara la

prueba, que á no venir el hijo de Chulilaquin, de seguro pierden la

vida, pero les reñí, les quité la botija y los despaché sin aguardiente.

Al amanecer pasé el rio _Chulilaquin_ con veinte indios, y me pidió

aguardiente, que le dí en la botija, y su muger me trajo unas cuantas

manzanas, á quien regalé tabaco y algunas bujerias: luego se bebieron

la botija de aguardiente y estuvieron importunísimos pidiendo mas, y

asimismo pedian sombreros, bayetas y otras cosas, á cuyas pesadeses

fué preciso armarme de toda paciencia y aguantar, porque tenia las

embarcaciones paradas, y la gente cavando el rio para allanar paso

para las chalupas. A mediodia pasé este penoso paso, y me fué preciso

toldar por algunos chaparrones de agua que cayeron, y á este tiempo

llegó María Lopez, y el hermano del capitan Chiquito. Esta me dijo que

adonde ellos estaban que habrá 4 leguas de _Huechu-huechuen_, que las

manzanas las traen del pié de la Cordillera en cargueros; que estos

indios ni ella pueden dar razon de los cristianos que están de la otra

parte del Cerro de la Imperial, por mediar entre aquellos pueblos y

el _Huechu-huechum_ los indios Aucaces, enemigos acerrimos suyos: que

tampoco estos indios iban á la laguna _Huechum_ por la misma razon, ni

tampoco podian ir á los piñones, y solo sí se los comprában á algunos

Aucaces, que se los traian á vender por pellejos, y otras cosas de que

ellos carecian. Un indio me regaló unos 15 ó 16, que repartí entre

las tripulaciones, que les cupo uno á cada tres individuos, y yo comí

uno y guardé otro: son de bello gusto y mantenimiento, su tamaño es

casi como el datil de Berberia, el gusto casi como los piñones de

España: son blancos, la cáscara delgada, y si tuviese á esta hora

abundancia de esta fruta, sin otros víveres pudiera seguir 4 meses mas

el reconocimiento.[19] Otro indio trajo en una bolsita como 4 libras

de dichos piñones, por los cuales queria dos frascos de aguardiente, y

se volvió con ellos: dos indios, de los que vinieron con María Lopez,

trajeron dos ovejas muertas de regalo, pero uno de ellos, porque no

le dí sombrero, bujerias, yerba, tabaco y dos frascos de aguardiente,

se la volvió á llevar; el otro la dejó por una botija de aguardiente,

cuatro hilos de cuentas y una cuarta de yerba, la cual repartí entre la

gente.

El parage adonde estuvieron establecidos los cristianos, dice María

Lopez, que es á la orilla del Rio de la Encarnacion, dos jornadas aguas

arriba desde su desague en el rio principal. Seguí á pasar otro paso de

poca agua que está muy inmediato, en el cual estuve hasta las 8 de la

noche, y me acampé á la parte del N. _Chulilaquin_ se fué, y algunos

indios; María Lopez con otros se acampó á la del S.

Navegué este dia al NNO corregido un cuarto de legua de distancia, y

con incesante trabajo.

Diario del piloto de la Real Armada, D. Basilio Villarino, del reconocimiento, que hizo del Río Negro, en la costa oriental de Patagonia, el año de 1782 · 第 193 / 260 题