Al amanecer continué mi navegacion, y seguí con imponderable trabajo
hasta las 4 de la tarde, que llegué á parage que no me fué posible
proseguir, por serme preciso descargar las embarcaciones, y talvez
abrir canal para pasar: para cuya faena se necesita mas tiempo que lo
que resta hasta la noche; por este motivo arrimé á tierra, y me acampé,
para de mañana emprender la expresada maniobra.
Esta mañana hallé unos árboles parecidos al olivo, el color de esta
madera es pajizo, no le he visto fruto ni semilla. A las 2 hallé un
manzano, muy grande y hermoso, en una isla que tiene 3 millas de largo.
Este árbol estaba sin manzanas, que ya los indios se habian apoderado
de ellas, y aun de las que suelen caerse con los vientos poco sazonadas
y secas: no habia ninguna debajo del árbol, siendo así que se conoce
que cargó este año muchísimo de fruta, tal es el hambre que padecen los
indios.
Esta tarde, cuando atraqué á tierra, salió Fernando Mallo á reconocer
sobre los cerros del S, y volvió á la noche con la noticia de haber
visto tres caballos y una yegua: halló fogones adonde los indios habian
estado con toldos, de cuyo sitio, dice, habrán salido ayer, y vió la
Laguna del Límite, que dice confina con los cerros de la Cordillera.
Navegué este dia 2½ millas al NNO.