Luego que aclaró bien el dia procuré examinar los rastros, y hallé
en un cerrito de árboles espinosos las pisadas de bastantes indios á
pié, que habian tenido los caballos por atras de dicho cerro: hallé
las pisadas de un muchacho que habia estado metido en el pantano de
una laguna bien cerca de nosotros, y para salir y venir á gatas se
conocia que traia la daga en la mano, pues habia quedado el cabo de
ella estampado en la tierra ó greda. Registré todo aquel terreno
por ver si hallaba parage en que fortificarme, teniendo resguardado
gente, ganado y caballada, y no hallé, porque aunque hay uno allí muy
bueno, formando con el rio una laguna, toda su orilla cubierta de
sauces con una entrada de menos de 50 varas, tenia mucha maciega, y
sin ser quemada no era posible tener allí el ganado, y si se quemaba
se quedaba sin pasto. Por esto, y porque no puedo fiarme de lo que
me dijo el desertor, temiendo que estuviese el cacique Guisél en el
potrero adonde estaba el _Viejo_, y por ser un parage tan á propósito
para fortificarme, acordé volver al expresado sitio para esperar allí
los víveres que necesito para continuar rio arriba. A las 8 del dia me
largué á son de corriente, y á cada paso arrimando á tierra y pasando,
á fin de que no saliese el ganado del costado de las chalupas, á cuya
custodia puse 16 hombres á caballo armados: esto es, acompañando á
los 6 peones, 10 de la tripulacion. A la media hora no cabal de haber
salido, avistamos de los topes dos ginetes, en el mismo sitio donde
habiamos hecho noche: seguimos el rio aguas abajo, hasta las 6 de la
tarde que llegué al expresado sitio. A la noche monté los pedreros,
esmeriles y alisté todas las armas, puse 4 centinelas avanzadas, una
patrulla de 4 hombres y un patron á pié, y 12 caballos para defensa y
ronda de la caballada.