Salí al amanecer aprovechando todo el dia, á fin de llegar á los
toldos, por asegurar, estando yo inmediato á ellos, el ganado y
caballada. Seguí todo el dia á vela y remo y espias. A las 5 de la
tarde monté á caballo, y fuí á reconocer la distancia que habia, y las
vueltas que daba el rio, para hacer juicio si podria alcanzar de dia,
y de no, buscar parage proporcionado para hacer noche con la posible
seguridad. Cuanto llegué á parage de donde podia observar los toldos,
he visto que ya los indios los habian levantado, y por los rastros
siguieron rio arriba: volví inmediatamente á las embarcaciones, y
navegué hasta ponerse el sol, siendo el rumbo corregido de este dia 6
millas al O ¼ NO, y por las vueltas 14 millas. A la una de la noche
me dió parte el peon Miguel que el marinero Miguel Benites, que fué á
los toldos el dia 9 á llevar el aguardiente al cacique Francisco, le
habia encargado la noche del dia 8, que fué cuando determiné y hablé
á los peones para hacer la expresada diligencia, que si le tocase á
él llevar el aguardiente, le dijese de su parte al cacique, que yo
llevaba intencion de inmediatamente que llegase á la tolderia avanzarlo
con toda la gente para matarlos á todos, y que á lo menos llevase su
hija muy lejos, porque no le acaeciese su muerte, y de la cual me
dicen estaba muy prendado. Reconvine al expresado peon de no habermelo
dicho antes; pero este no dió respuesta á esto, y solo me dijo que el
dicho marinero habia hecho muy mal en haberse ofrecido á ir, respecto
estaba viendo que los peones lo reusaban, y que en algo se fundarian
cuando se eximian de ello; pero que el marinero lo habia hecho por
acreditarse de hombre de mas valor que ninguno. Estas razones indujeron
en mi una sospecha ó duda grande de ser el hecho cierto, inclinándome
á que lo diria sin mas verdad que su antojo, picado de que Miguel
Benites hubiese hecho un servicio sin mas informe que el de talvez
un enemigo suyo. Por otra parte pensaba en que el no haber venido el
cacique Francisco con la lenguaraza (á quien con él habia mandado á
llamar) estribaba en algun grande motivo, aunque Benites me habia dicho
que el cacique lo habia acompañado hasta medio camino, y que él no lo
habia querido traer porque no traia la lenguaraza, y esta habia dicho
que estaba cansada de caminar, y que no pudiendo entender á Francisco
aunque este viniese, no se conseguia el fin, que era el informarme de
él. Este marinero estaba de ronda á la caballada y ganado, y le tocaba
el cuarto de alba: no me pareció conveniente prenderle, así porque dudé
del hecho, como porque aquí no hay prisiones ni comodidad para esto;
y ya dado por entendido, precisamente era menester proceder contra él
rigorosamente, y esto no me pareció justo, pues podia estar inocente.
Solo tomé la providencia de llamarlo á él, al capataz de la caballada,
peones y patrones, y les dije, que una vez que habian mudado los
indios los toldos, que alguna cosa tenian intentado, por lo cual era
menester entre todas las 24 horas del dia, fuesen la de mayor cuidado
las del cuarto de alba, que es cuando regularmente hacen los indios sus
travesuras: para cuyo fin era menester que todos rondasen sin apearse
del caballo. Doblé las centinelas de apié: hice recoger todo el ganado
á la orilla del agua, y puse una guardia avanzada de 4 hombres, y un
patron á la espalda de los rondadoras y animales, y otro patron velando
las centinelas y yo. Ya se habian disparado los caballos una vez, y
por estar así la gente prevenida no pude romper muy á fuerza: llamé
al capataz de los peones y le encargué, que siempre que hubiese algun
rumor de indios el primero, á quien debia asegurar de un pistoletazo
habia de ser á Benites, y le dije lo que pasaba, (quien me dijo se
lo acababan de decir), y que se lo encargase así á los peones, y que
tuviese mucho cuidado con él. Pero el tal Benites, al amanecer, le dijo
á uno que estaba á su lado, que volvia al instante, que iba á hacer una
precisa diligencia, el que no ha vuelto. Luego que fué de dia pregunté
por él, y me dijeron lo que llevo referido: registré su petate, y
hallé unos calzoncillos llenos de galleta, y una media con la misma
provision, y unos pedazos de hojas de lata y dos cojinillos viejos. La
prevencion de la galleta precisamente dá á conocer el que Benites tenia
de antemano premeditada la fuga y desercion á los indios, porque el pan
aquí lo tienen á su libertad por no ser posible hacer otra cosa: luego
precisamente esta prevencion era para llevarse.