Estamos en marcha, pues. Las luces del patio vacilan un instante todavía
con el viento, y luego la noche es negra, completa.
¡Ah señores, qué viaje!
Las ruedas cortaban los aguazales... sis... sis... sis... y la tempestad
gruñía... hu... hu... hu... y las gotas de lluvia tamborileaban sobre el
landó... taratatá... taratatá...