La República de Costa Rica gozaba fama de ser una de las más ordenadas y
tranquilas del Continente, cuando en 27 de enero de 1917 ocurrió en la
capital un golpe de estado, a virtud del cual, el Presidente Alfredo
González fué depuesto por una conspiración preparada y dirigida por el
Ministro de la Guerra, General Federico Tinoco, que en esa misma fecha
asumió el "mando en jefe de la república".
Ese acto de traición y de fuerza, dice el escritor venezolano Jacinto
López, en un artículo que vió la luz en _La Reforma Social_, tuvo su
génesis en las maquinaciones de la compañía americana "The Costa Rica
Oil Corporation". He aquí lo ocurrido:
Dicha Compañía, que se dedicaba a la explotación de las minas de
petróleo, quiso convertir su negocio en un monopolio y al logro de tal
propósito, no escatimó recursos ni reparó tampoco en medios. Cuando fué
necesario, recurrió al gobierno, comprando conciencias de autoridades y
funcionarios judiciales. Llegó un momento en que removidos todos los
obstáculos, sólo uno quedó por vencer: la férrea voluntad del Presidente
González, opuesta terminantemente a la concesión del monopolio. Cuando
los agentes de la Compañía se dieron cuenta de que ese inconveniente era
realmente insuperable, tramaron la caída de González y como encontraran
en el Ministro de la Guerra, General Federico Tinoco, un aliado,
confiaron a la traición de éste el acto que necesitaban para dar cima a
la repugnante empresa en que estaban empeñados.
El Presidente González, acto seguido del golpe de estado, abandonó el
país, dirigiéndose a Washington, donde le refirió al Presidente Wilson
los orígenes y antecedentes de aquel acto, obteniendo del estadista
norteamericano la formal declaración de que jamás reconocería al
gobierno de Tinoco ni a ninguno otro que con él tuviera la menor
relación. Poco después, esa declaración hecha en privado, fué publicada
en forma oficial.
Mientras tanto Tinoco, sin dar tiempo a que la opinión se repusiera del
efecto producido por el golpe de estado, estando aún reprimido el
ejercicio de las libertades, convocó a elecciones generales para el día
primero de mayo, con el doble objeto de elegir Presidente y designar una
convención que reformara la Constitución. Tales actos, claro es que no
pudieron ser sinceros, pero en la apariencia resultó electo Tinoco y la
convención prorrogó a seis años el período presidencial, que antes era
de cuatro.
Una vez electo Tinoco en esa forma; dándose cuenta de la conveniencia
del reconocimiento de su gobierno por el de Washington, realizó
gestiones en tal sentido, pero con resultados negativos. Posteriormente,
al reunirse la conferencia de la paz en Versalles, Tinoco, que había
declarado la guerra a los poderes centrales con objeto de congraciarse
con el Presidente Wilson, solicitó que Costa Rica fuera admitida en
dichas conferencias; pero las naciones aliadas desestimaron tal
solicitud, teniendo en cuenta que el gobierno de esta República no había
sido reconocido por los Estados Unidos. El pueblo de Costa Rica, por su
parte, mal avenido con este régimen, hizo cuanto pudo por derribarlo,
hasta que al fin, convencido Federico Tinoco de la situación
insostenible de su gobierno, tanto en el interior como en el exterior,
en agosto de 1919 abandonó el país, confiándole el poder al
Vicepresidente, que lo era su hermano Joaquín y quien, menos afortunado,
fué muerto en las calles de la capital.
Organizóse entonces una interinidad y celebradas unas elecciones
ordenadas, bajo el régimen constitucional suprimido por Tinoco y que
databa del año 1871, resultó electo Presidente Julio Acosta, quien fué
reconocido por el gobierno de los Estados Unidos en 2 de agosto de 1920.
Al anunciar el Departamento de Estado de Washington dicho
reconocimiento, hizo esta declaración:
La actual Administración de Costa Rica ha sido establecida de
acuerdo con la Constitución y las leyes de dicho país y descansa
sobre la libre voluntad del pueblo de dicha República. La política
del Presidente Wilson ha quedado completamente vindicada y se
reconoce ahora el gobierno de Costa Rica, de acuerdo con los
principios establecidos por el gobierno de los Estados Unidos
cuando se negó al reconocimiento del régimen de los Tinoco.
(G)