Señor don Gonzalo de Quesada, Ministro de Cuba.
Pareció en los primeros momentos, que esta carta causaba el efecto que
se propuso su autor: por lo pronto, el día 16 el Gobierno acordaba la
suspensión de las hostilidades y otro tanto hacían los revolucionarios
al día siguiente; pero no fué así: las esperanzas puestas en una
"solución cubana" que evitara el sonrojo de una intervención, quedaron
desvanecidas.
El día 19 de septiembre llegan a la Habana el Secretario de la Guerra
Mr. William H. Taft y el Subsecretario de Estado Mr. Robert Bacon,
designados por el Presidente Roosevelt para buscar una avenencia entre
el gobierno y los revolucionarios. Puestos al habla dichos comisionados
con estos últimos, les aceptaron las siguientes bases que los mismos
hubieron de proponerles:
La renuncia de todos los Gobernadores de provincia, Consejeros
Provinciales, Senadores y Representantes que fueron elegidos en las
últimas elecciones.
La reposición de aquellos Ayuntamientos liberales que fueron
destituidos gubernativamente, excepción hecha del Ayuntamiento de
la Habana, que según Mr. Taft, está constituído por personas
ajenas a la política activa y que son de gran moralidad y respeto.
Que antes del primero de noviembre se redacte la Ley de
constitución de las municipalidades por una comisión formada por
tres abogados del Partido Liberal y otros tres del Partido Moderado
y uno americano, sobre la base de la autonomía de los municipios.
Que se reforme la ley electoral vigente por adolecer de grandes
defectos, reconociendo el derecho de las minorías y que se celebren
nuevas elecciones con arreglo a aquélla el día primero de enero
próximo, para cubrir los cargos de los que renunciaren, bajo la
garantía de una comisión mixta que entenderá en todo lo relacionado
con las elecciones y que estará intervenida también por los
americanos.
La adopción de una ley que garantice la inamovilidad de los
empleados civiles. Ley que asegure la independencia del poder
judicial.
Y por último, la constitución de un gabinete formado por personas
de distinción, sin atender a la filiación política que tuvieren.
Estas condiciones fueron rechazadas por el Sr. Estrada Palma, por
estimarlas contrarias a su decoro personal y a la dignidad del gobierno
de su presidencia, según carta que dirigió a los comisionados en 25 de
septiembre, en la que además les expuso la determinación de renunciar su
cargo, en vista de que el propósito de ellos no era otro que el de
obtener la paz a toda costa. En esta situación, el Presidente Roosevelt
exhorta al Sr. Estrada Palma, para que no abandone la presidencia, en
los términos que constan de la siguiente comunicación:
Presidente Palma: Muy sinceramente le pido que sacrifique sus
sentimientos en el altar del bien de su patria y ceda ante la
petición de Mr. Taft, continuando en la Presidencia el espacio de
tiempo que a su juicio sea suficiente para inaugurar el nuevo
gobierno temporal, bajo el que puedan cumplirse las bases de la
paz. Yo he mandado a Misters Taft y Bacon a Cuba por los reiterados
telegramas de usted diciendo que dimitiría, que su decisión era
irrevocable y que no podía seguir en el gobierno.
Es evidente que en las condiciones actuales su gobierno no puede
subsistir y que ningún esfuerzo bastaría para mantenerlo o para
dictar las condiciones que usted señala acerca del nuevo gobierno;
sólo significaría el desastre y quizás la ruina de Cuba. Bajo su
mando de usted por espacio de cuatro años, Cuba ha sido República
independiente. Yo le conjuro por su propia buena fama, a que no se
conduzca de modo que la responsabilidad, si resultase alguna,
pudiera ser echada sobre usted. Imploro que usted proceda de manera
que aparezca que usted, al menos, se ha sacrificado por su país y
que cuando usted abandone su cargo deje a su país libre todavía. En
tal caso no sería usted responsable si desgraciadamente cayeran
nuevos desastres sobre Cuba. Usted habrá cumplido como debía, como
caballero y como patriota, si procede en esto en la forma que
previene Mr. Taft y como le suplico muy ardientemente que lo
haga.--THEODORE ROOSEVELT.
El Sr. Estrada Palma no desistió de su actitud. Ante el Congreso,
reunido en 28 de septiembre, hizo renuncia de su cargo. Celebróse la
sesión en las horas de la tarde y se acordó un receso hasta las nueve de
la noche, así como el nombramiento de una comisión encargada de obtener
del Presidente que retirara su renuncia. La gestión de esta comisión no
produjo el resultado apetecido y como determinaran los moderados no
concurrir a la sesión nocturna, no se pudo reunir nuevamente el
Congreso, y al quedar acéfalo el gobierno, Mr. Taft resolvió, aquella
misma noche, asumir su ejercicio, dando a la publicidad al otro día la
siguiente proclama que apareció en la Gaceta Oficial:
Al pueblo de Cuba:
El no haber el Congreso tomado acuerdo en cuanto a la renuncia
irrevocable del Presidente de la República de Cuba o elegido un
sustituto, deja a este país sin gobierno en una época en que
prevalece gran desorden; y se hace necesario, de acuerdo con lo
pedido por el Presidente Palma, que se tomen las medidas debidas en
nombre y por autoridad del Presidente de los Estados Unidos, para
restablecer el orden, proteger las vidas y propiedades en la Isla
de Cuba y cayos adyacentes y con este fin establecer un gobierno
provisional.
El Gobierno provisional establecido por la presente, por orden y en
nombre del Presidente de los Estados Unidos, sólo existirá el
tiempo que fuere necesario para restablecer el orden, la paz y la
confianza pública y una vez obtenidas éstas, se celebrarán las
elecciones para determinar las personas a las cuales deba
entregarse de nuevo el gobierno permanente de la República.
En lo que sea compatible con el carácter de un gobierno provisional
establecido bajo la autoridad de los Estados Unidos, éste será un
gobierno cubano, ajustándose en lo que fuere posible a la
Constitución de Cuba. La bandera cubana se enarbolará como de
costumbre en los edificios del Gobierno de la Isla. Todos los
Departamentos del Estado, los Gobiernos provinciales y municipales,
incluso el de la ciudad de la Habana, funcionarán en igual forma
que bajo la República de Cuba. Los Tribunales seguirán
administrando justicia y continuarán en vigor todas las leyes que
no sean inaplicables por su naturaleza, en vista del carácter
temporal y urgente del Gobierno.
El Presidente Roosevelt ha anhelado obtener la paz bajo el Gobierno
Constitucional de Cuba y ha hecho esfuerzos inauditos por evitar la
presente medida. Demorar más, sin embargo, sería peligroso.
En vista de la renuncia del Gabinete, hasta nuevo aviso, los Jefes
de los diferentes Departamentos se dirigirán a mí para recibir
instrucciones, incluso el mayor General Alejandro Rodríguez, Jefe
de la Guardia Rural y demás fuerzas regulares del Gobierno y el
Tesorero de la República General Carlos Roloff.
Hasta nuevo aviso los gobernadores civiles y alcaldes también se
dirigirán a mí para recibir órdenes.
Pido a todos los ciudadanos y residentes en Cuba que me apoyen en
la obra de restablecer el orden, la tranquilidad y confianza
pública.
W. H. TAFT.--Secretario de la Guerra de los Estados Unidos.
Gobernador Provisional de Cuba.
Sólo unos días fungió el Secretario de la Guerra de Gobernador
Provisional: el tiempo que se necesitó para que Mr. Charles E. Magoon,
nombrado para sucederle, se hiciera cargo de dicho puesto, lo que
ocurrió el día 13 de octubre.
El día 24 de diciembre del año que nos ocupa, el Gobernador Provisional
tuvo una iniciativa plausible, la de formar una Comisión Consultiva,
integrada por nueve cubanos, pertenecientes a los diversos partidos
políticos y por dos abogados americanos, y presidida por Mr. E. H.
Crowder, entonces Coronel del Estado Mayor General del Ejército de los
Estados Unidos. Dicha Comisión debía formular y proponerle al Gobierno
provisional las siguientes leyes, indispensables al buen funcionamiento
del orden constitucional, según se había hecho notar en los cuatro
primeros años de vida republicana: la Electoral, las Orgánicas del Poder
Ejecutivo, del Poder Judicial, de las Provincias y de los Municipios y
la del Servicio Civil.
Aprobadas todas esas leyes, en 14 de noviembre de 1908, se celebraron
elecciones generales, siendo elegido Presidente el General José Miguel
Gómez, que tomó posesión de su cargo el día 24 de febrero del año
siguiente; cesando en esta fecha el gobierno provisional.
Durante el último año de la presidencia del General Gómez, ocurrió una
rebelión racista que el gobierno sofocó con sus propios recursos,
declinando el ofrecimiento que le hizo el de Washington de prestarle la
cooperación que fuera necesaria.
Algunos años más tarde, de nuevo ocurrieron disturbios con motivo de las
elecciones generales de 1º de noviembre de 1916. Los conservadores
defendían la reelección del General Mario Menocal, en la Presidencia de
la República y los liberales a su vez, mantenían la candidatura del
Doctor Alfredo Zayas. Practicados los escrutinios se vió que el triunfo
había favorecido al Partido Conservador en las provincias de Pinar del
Río y Matanzas y al Liberal en las de la Habana y Camagüey. En las dos
provincias restantes, Las Villas y Oriente, los organismos
correspondientes anularon las elecciones celebradas en determinados
colegios. Era necesario esperar el resultado de estas elecciones para
que quedara decidido el triunfo.
Los liberales iban a esas elecciones parciales en mejores condiciones
que los conservadores: el resultado de las votaciones aprobadas en
dichas dos provincias, Las Villas y Oriente, les auguraba el triunfo de
manera ostensible, con poco esfuerzo. Esto no obstante, desde que se
supo que era necesario celebrar elecciones parciales, los liberales
dieron muestras de gran inquietud, atribuyéndole al Gobierno el
propósito de ganar las elecciones por todos los medios. La excitación
que reinaba en los círculos políticos hacía presagiar días tristes para
la República. En esta situación, el día 11 de febrero de 1917, el
Ministro de los Estados Unidos en la Habana, Mr. William E. González, le
hizo entrega al Presidente de la República de un Mensaje suscrito por
Mr. Robert Lansing, Secretario de Estado en el Gobierno de Washington,
que encerraba algo así como una invocación patriótica a los partidos
cubanos para que la controversia se mantuviera dentro de la ley. He aquí
los términos de dicho mensaje:
El Gobierno de los Estados Unidos, en vista de sus relaciones con
la República de Cuba y por razón de los deberes que le impone el
acuerdo entre los dos países, observa con no poco cuidado la
cuestión de las nuevas elecciones en la provincia de Santa Clara,
las cuales según informes se llevan a cabo para ejecutar las leyes
encaminadas a arreglar las disputas electorales, leyes sobre las
que debe descansar el Gobierno constitucional. En este caso se
tiene entendido que la ley provee que las disputas electorales
deberán ser resueltas por una comisión central con apelación al
Tribunal Supremo de Cuba, y finalmente, si la cuestión no queda
resuelta, por una nueva elección en los distritos que estén aún en
disputa.
El Gobierno de los Estados Unidos abriga la confianza de que ambos
partidos están tratando de hacer todo lo posible por arreglar sus
diferencias por los medios que otorga la ley y sin recurrir a
métodos que producirían una perturbación en toda la República, y
vería con gran satisfacción que se invocaran los procedimientos
judiciales establecidos por el pueblo de Cuba, especialmente en
estos instantes en que gran parte del mundo está envuelto en un
conflicto armado. Tal arreglo de sus dificultades representarían
sin duda un hermoso ejemplo ante el mundo ofreciendo un caso en que
las divergencias se resuelven por la ley en lugar de las armas.
El Gobierno de los Estados Unidos, como amigo de la República de
Cuba, desea hacer notar que las diferencias electorales no han sido
desconocidas en su propio territorio, en las que el sentimiento
partidarista subió a un alto grado de animosidad, y desea traer a
la memoria que esas disputas siempre han sido resueltas por medios
legales y pacíficos. El caso más notable que ha ocurrido en los
Estados Unidos fué la controversia Hay-Tilden, en la cual la
maquinaria electiva legalmente establecida resolvió finalmente en
favor del candidato que tenía la minoría del voto popular. Esta
controversia probó claramente que el patriotismo se elevó y afirmó
por los recursos de ley antes que por la fe en las armas.
El Gobierno de los Estados Unidos, mejor que ninguna otra nación,
conoce el patriotismo del pueblo cubano, y recordando los actos
patrióticos realizados por los héroes cubanos en sus luchas por la
libertad, confía en que el mismo espíritu patriótico prevalecerá en
el arreglo de la presente disputa electoral, y que se mostrará así
en la fe implícita, en los medios legales que han sido establecidos
para el arreglo de tales cuestiones.
Teniendo en cuenta el interés que este Gobierno siente por el
futuro de Cuba como nación altamente avanzada en patriotismo y en
desarrollo social, se siente ansioso porque todos los partidos
conozcan que sus procedimientos se siguen por los Estados Unidos
con la mayor atención y con la esperanza confiada de que los medios
que da la Constitución cubana y las leyes estatuídas para este
propósito producirán como lógico resultado un apacible y
satisfactorio arreglo de las actuales dificultades.
Este Mensaje fué contestado por el Secretario de Estado de Cuba, Dr.
Pablo Desvernine, por medio de una nota que entregó al Ministro Mr.
González concebida en estos términos:
Me ha entregado el Señor Presidente el Memorandum que con fecha de
hoy recibió personalmente de Vuestra Excelencia e inmediatamente me
ha dado instrucciones para contestarlo, manifestando a Vuestra
Excelencia que alguna información errónea debe haberse dado al
Gobierno de los Estados Unidos cuando ha creído necesario expresar
al Señor Presidente su ansiedad, respecto a las elecciones que
próximamente habrán de celebrarse en la provincia de Santa Clara
(Villas) y de recordarle las disposiciones legales que aquí regulan
la materia electoral.
El Gobierno de Cuba no ha ejecutado ni pensado ejecutar acto alguno
que no se haya ajustado siempre a las disposiciones vigentes, y por
su parte nada seguramente hará que sea contrario a las leyes y a la
justicia; pero precisamente por su empeño en que se cumplan esas
leyes, tampoco habrá de permitir que nadie aquí perturbe el orden
legal o intente con procedimiento de fraude o violencia alterar el
proceso legal a que deben ajustarse las elecciones según las leyes;
y reprimirá con energía cualquier conato de ilegalidad en ese
sentido, como está ya procediendo por medio de los Tribunales
competentes en la causa criminal que se ha iniciado por haberse
descubierto una conjura o conspiración tramada al parecer, contra
la vida del señor Presidente de la República.
El Partido Liberal se impacientó; no quiso esperar pacíficamente el
resultado de las elecciones parciales y desesperando de las vías
legales, se alzó en armas el propio día en que se recibía el antes
citado mensaje. Esta apelación a la violencia fué muy mal recibida en
las esferas del gobierno de Washington, como lo demuestra la nota que
tres días después se recibió en la Cancillería Cubana y que decía así:
El Gobierno de los Estados Unidos ha recibido con la mayor
aprensión los informes que le han llegado en el sentido de existir
en varias provincias una insurrección organizada contra el Gobierno
de Cuba y que los insurrectos se han apoderado de algunas
poblaciones. Noticias, como éstas de rebeldía contra el Gobierno
constituído no pueden considerarse sino del carácter más grave dado
que el Gobierno de los Estados Unidos ha otorgado su confianza y
apoyo únicamente a los gobiernos establecidos por medios legales y
constitucionales.
En los últimos cuatro años el Gobierno de los Estados Unidos, ha
venido declarando clara y terminantemente su actitud en lo tocante
al reconocimiento de gobiernos que suban al Poder por la revolución
y otros medios ilegales y desea en estos momentos acentuar su
actitud respecto de la situación reinante en Cuba. Su tradicional
amistad para el pueblo de Cuba se ha demostrado en repetidas
ocasiones y los deberes que le impide el convenio vigente entre
ambos países obligan al Gobierno de los Estados Unidos a aclarar
ahora su política futura.
Pocos días después el Gobierno de Washington reprobaba de nuevo la
revolución por medio de la siguiente nota que dió a la publicidad el
Ministro Mr. González, siguiendo instrucciones de dicho gobierno:
Apenas se hace necesario consignar que los acontecimientos de la
semana última relacionados con la insurrección contra el Gobierno
de Cuba han sido objeto de la más estrecha observación por parte
del Gobierno de los Estados Unidos, el que habiendo definido en
declaraciones anteriores, su actitud respecto de la confianza y
apoyo que presta a los gobiernos constitucionales, de la política
que ha adoptado hacia la perturbación de la paz por medio de
empresas revolucionarias, desea otra vez informar al pueblo de Cuba
su actitud frente a los actuales sucesos, a saber:
1.--El Gobierno de los Estados Unidos apoya y sostiene al Gobierno
constitucional de la República de Cuba.
2.--La actual insurrección armada contra el Gobierno constitucional
de Cuba se considera por el Gobierno de los Estados Unidos como un
acto ilegal y anticonstitucional, que no tolerará.
3.--A los jefes de la revuelta se les hará responsables de los
daños personales que sufran los extranjeros y asimismo de la
destrucción de la propiedad extranjera.
4.--El Gobierno de los Estados Unidos estudiará detenidamente la
actitud que deba adoptar respecto de aquellas personas relacionadas
con los que tomen participación en la actual perturbación de la paz
de la República de Cuba.
WILLIAM E. GONZÁLEZ, Ministro de los EE. UU. de América.
El apoyo del gobierno norteamericano hubo de traducirse en otros actos.
En los primeros días del mes de marzo, hallándose la ciudad de Santiago
de Cuba en poder de los rebeldes, el Comandante del Crucero americano
"San Francisco", hizo desembarcar doscientos hombres y una vez en tierra
este contingente, le exigió al jefe de aquéllos que abandonara la
ciudad.
El resultado de la contienda armada fué favorable al gobierno. La
rebelión fué sofocada y como se celebraran elecciones parciales durante
estos acontecimientos y de la misma se retrajesen los liberales, su
resultado decidió la elección en favor del General Menocal.
No pasó mucho tiempo antes de que el gobierno de Washington se
preocupara nuevamente de nuestros asuntos políticos. Poco después de
celebradas las elecciones de 1º de noviembre de 1918, en la que se
renovó la mitad de la Cámara y de los Consejos Provinciales y
Ayuntamientos, o séase, a mediados del mes de febrero de 1919, el
Ministro de los Estados Unidos en la Habana, hizo público, por medio de
la prensa, que por invitación del Presidente Menocal el Mayor General E.
H. Crowder, se trasladaría a Cuba para dirigir la revisión del censo de
población y la reforma de la Ley Electoral, a fin de asegurar la
celebración de unas elecciones honradas.
Pocas semanas después llegaba a la Habana el General Crowder y bajo su
dirección, una comisión, integrada por miembros de ambas Cámaras, se
dedicó al estudio de la Ley Electoral y de otros cuerpos legales de
carácter político, que demandaban ser reformados para eliminar
determinados males. Esa Comisión reformó la Ley Electoral y la del Poder
Judicial y redactó una Ley del Censo y otra sobre Indultos y a mediados
del año antes citado, el Congreso aprobaba y sancionaba después el
Presidente, tales medidas legislativas.
A mediados del año 1919 se promulgaba la nueva Ley Electoral, con
sujeción a la cual, debían celebrarse las elecciones generales de 1º de
noviembre de 1920. Como ocurre entre nosotros, desde mucho antes de esta
fecha, dieron muestras de agitación nuestros políticos. Juzgaron los
liberales que aquellas reformas no eran suficientes para garantizar la
pureza de las elecciones; no porque fuesen desacertadas, sino porque
desconfiaban de que los funcionarios del Poder Ejecutivo coartaran la
libre emisión del sufragio y a ese efecto, desde el mes de octubre
realizaron gestiones tendientes a lograr que los futuros comicios se
efectuaran bajo la supervisión directa del Gobierno de Washington. Nada
contestó éste por el momento; pero a medida que se acercaba el día 1º de
noviembre de 1920, fecha de las elecciones, aumentaba la desconfianza en
el Partido de oposición y se dirigían nuevas peticiones en aquel sentido
a nuestros poderosos vecinos.
En 30 de agosto de 1920 el Gobierno de Washington creyó prudente
contestar tales excitaciones por medio de una "nota" que hizo pública la
legación en la Habana, en la que se declaró que el Presidente Menocal
había dado seguridades de que en las próximas elecciones la Ley
Electoral habría de ser cumplida estrictamente y que ante tales
promesas, los Estados Unidos no ejercerían la supervisión electoral;
pero que, estando obligados por un Tratado a mantener un gobierno
adecuado para la protección de las vidas y propiedades y para la
libertad individual, se opondría a toda tentativa que se hiciera para
reemplazar los procedimientos de gobierno con la violencia y el fraude;
sin que esto quisiera decir que no se hallaran menos opuestos a las
intimidaciones y al fraude, ya que semejantes procedimientos podrían
privar al pueblo del derecho de elegir su propio gobierno.
Fué esta "nota", como se ve, algo así como una admonición a unos y a
otros elementos: a los de la oposición, para que no sacaran la cuestión
electoral del terreno de la legalidad, y a los del gobierno, para que no
utilizaran los instrumentos de éste en cometer violencias.
El 1º de noviembre se celebraban las elecciones; pero sin que los
Estados Unidos hubieran ejercido la supervisión reclamada por los
liberales. Dichas elecciones se celebraron en medio de una enconada
lucha, y tan grande fué el número de colegios protestados, que en la
mayoría de las provincias no se podía asegurar el resultado. Los
tribunales tramitaban los recursos electorales, pero éstos marchaban con
gran lentitud. El triunfo definitivo había que decidirlo en unas nuevas
elecciones complementarias, lo que fué motivo de que las pasiones se
exaltaran y de que el Partido Liberal reiterara sus súplicas por la
supervisión. En tal situación y complicado el problema político con la
crisis económica, que aún nos agobia, el Presidente Wilson decidió
enviar a la Habana al General Crowder a fin de que conferenciara con el
Presidente Menocal acerca de los mejores medios para remediar dicha
situación.
En los primeros días del mes de enero llegó el General Crowder a este
puerto a bordo del crucero "Minnesota". Apenas inició sus trabajos,
vióse que su propósito era imprimirle a los recursos electorales la
mayor actividad posible a fin de que los Poderes Públicos pudieran
quedar reorganizados en la fecha prevista por las leyes. Celebró a ese
efecto numerosas conferencias con el Presidente de la República, con las
representaciones de los Partidos políticos y con miembros de los
Tribunales de justicia y de la Junta Central Electoral. Aquel y no otro
fué su propósito. Influyó cerca de las Juntas Electorales y de los
tribunales en tal sentido, siempre a título de consejero, nunca con tono
de autoridad y en la propia forma obtuvo del Poder Ejecutivo la adopción
de algunas de las medidas reclamadas por los liberales, entre otras, la
alusiva a la supresión de los supervisores militares.
Los Partidos estaban contestes en que la cuestión quedara resuelta
dentro de las vías legales; en acatar el fallo definitivo de los
tribunales, cualquiera que fuese su resultado. En ese sentido se
encaminaron siempre los consejos de Crowder.
Los tribunales anularon las elecciones en unos doscientos colegios;
quedando las provincias, después de dichos fallos, en la siguiente
situación: Pinar del Río ganado por la coalición y casi asegurado para
ésta el triunfo en Oriente; la Habana en cambio y probablemente Las
Villas, aseguradas por los liberales; en Matanzas y Camagüey, aunque la
coalición quedaba con mayoría, no se podía asegurar el resultado
definitivo.
Había pues que celebrar nuevas elecciones en los colegios anulados. El
Partido Liberal otra vez insistió en que los nuevos comicios se
efectuaran bajo la directa supervisión de los Estados Unidos y ante
tales demandas limitóse Crowder a recabar dichas garantías de las
autoridades cubanas.
Para el 15 de marzo fueron señaladas las elecciones complementarias;
pero diez días antes acuerdan los liberales retraerse; según ellos,
porque las garantías prestadas no eran suficientes para asegurar la
libre emisión del sufragio; pero según sus adversarios, porque aquéllos,
dándose cuenta de que no tenían margen suficiente para triunfar, habían
preferido retraerse antes que resultar derrotados.
Celebradas las elecciones y decidido el triunfo en favor de la Liga
Nacional, el Partido Liberal no quiso acatar este resultado. El
candidato de éste, General José Miguel Gómez, se dirigió a Washington a
pedir la nulidad de las elecciones y que se celebraran unas nuevas bajo
la supervisión de los Estados Unidos; pero esta demanda fué desestimada
por el Gobierno de dicha nación, según una "nota" que en 16 de abril
publicó en la prensa la Legación en la Habana.
Se dijo en dicha "nota", que después de las elecciones, los dos Partidos
habían acordado someter las controversias a los tribunales de justicia,
utilizando al efecto los recursos de la Ley Electoral; que dichos
tribunales habían deliberado ampliamente acerca del asunto, sin que en
ningún caso hubieran sido tachados de incompetentes o parciales; que de
la misma manera que el Partido Liberal había confiado a los tribunales
los recursos relativos a la legalidad de las elecciones efectuadas el
día 1º de noviembre, no había razón para que desconfiara de los fallos
que hubieran podido dictar estos organismos acerca de la legalidad de
las nuevas elecciones, las cuales, por lo demás, no había motivo para
sospechar que no hubieran sido imparciales; que la petición de anular
las elecciones y de celebrar otras, no podía ser tomada en
consideración, no ya porque se apartaba de los procedimientos legales
amparados por la Constitución cubana y la Ley Electoral, sino porque
habría de crear un precedente que amenazaría el futuro desenvolvimiento
de un gobierno estable en Cuba y que el candidato Presidencial de la
Liga Nacional había sido electo y debía ser proclamado por el Congreso.
El Partido Liberal, prácticamente aceptó esta decisión, toda vez que
muchos de sus representantes en el Congreso, concurrieron a la
proclamación del candidato de la Liga, Dr. Alfredo Zayas.
* * * * *
En los momentos en que escribimos estas líneas, atraviesan nuestras
relaciones con los Estados Unidos por un período de honda crisis. La
inesperada baja del azúcar, nuestro principal producto, al sumirnos en
una difícil situación económica,--que se hace aún más angustiosa ante la
posibilidad de que el Congreso de la vecina República eleve
considerablemente los derechos de importación sobre dicho producto--ha
causado una merma lamentable en nuestros recursos fiscales y ha hecho
que surjan no pocas dificultades en nuestras relaciones mercantiles con
dicha Nación; hasta el punto de que el Gobierno de Washington ha creído
de necesidad, la permanencia en la Habana del General Crowder. Nada
podemos decir, por el momento, sobre la verdadera naturaleza de la
misión del ilustre General. El público se entera de sus constantes
visitas a la mansión del Ejecutivo, pero desconoce el verdadero tono de
estas relaciones.
(B)