Luego que pasó á mejor vida Enrique IV dejando tan postrados los reinos
de Castilla i Leon i reducidos á tanta pobreza, quedó en el trono su
hermana doña Isabel no obstante la pretension de doña Juana la
Beltraneja, hija que era, ó que se decia, del difunto monarca i esposa
del rei de Portugal que con poderoso ejército intentó sustentar en
campaña los derechos que se atribuia para la gobernacion de estas
tierras. Doña Isabel que estaba casada con el principe don Fernando de
Aragon, monarca en quien se juntaron luego las coronas de este reino i
la de Castilla, logró superar en gran parte la oposicion que el de
Portugal hacia á los derechos de su consorte, i así con mas seguridad
continuó rigiendo el cetro de tan vasta monarquía.
El rei don Fernando, segun la opinion del grave historiador Antonio de
Herrera[56], _era de escelentisimo consejo, i si fuera constante en lo
que prometia, no se hallára en él cosa reprensible_. Otros escritores lo
acusan de que en sus acciones no guardaba mas fe á los confederados que
la que pedia su propia comodidad. Tambien le atribuyen que se dejaba
regir en todas sus acciones por una ambicion insaciable, i por una
desmesurada avaricia[57]. Don fray Prudencio Sandoval, obispo de
Pamplona, afirma que este rei _avia mucho tiempo que echaba de sí á su
confesor como á negociante pesado, diciéndole que atendia mas á
despachar memoriales que á las cosas de su conciencia_[58]. Por último,
el famosisimo político Nicolás Maquiavelo, ciudadano i secretario de
Florencia, decia que «á Fernando V se puede mirar como á un príncipe
nuevo, puesto que de simple rei de un estado pequeño ha llegado á ser
por su grande reputacion i gloria el rei de la cristiandad. Apenas subió
al trono dirigió sus armas contra el reino de Granada: guerra que fué
todo el fundamento de su grandeza; pues divertidos los grandes de
Castilla con las batallas no cuidáran de las novedades políticas, i de
advertir la autoridad que el rei iba acrecentando cada dia á costa de
ellos, manteniendo con los bienes del pueblo i de la iglesia los
ejércitos que le iban dando tanto poderío. Para intentar luego empresas
todavía mayores, se cubrió mañosamente con la capa de religion, i por un
efecto de piedad bárbara i cruel lanzó á los moros de sus estados: rasgo
de política verdaderamente deplorable i sin ejemplo[59].» Todos los
traductores de las obras de Maquiavelo están conformes en afirmar que á
Fernando V aludia este célebre político cuando dijo: «En el dia reina un
príncipe, que no me conviene nombrar, de cuya boca no se oyen mas que
alabanzas de la paz i de la buena fe; pero si sus obras hubiesen
correspondido á sus palabras, mas de una vez hubiera perdido su
reputacion i sus estados[60].»
Si al juicio que de Fernando V hace su contemporáneo el primero de los
maestros políticos de la ciencia del gobernar despues de Cornelio
Tácito, juntamos las malas acciones que este rei ejercitó en daño de los
pueblos de España, á que se allega su casamiento en pos de la muerte de
su primera esposa doña Isabel con la reina Germana para tener de ella
descendencia, i que se quedasen en una corona los reinos de Castilla i
Aragon, se verá que no fué tan grande este monarca como algunos,
fiándose de escritores dominados por la adulacion i el miedo, han
asegurado inconsideradamente i contra toda razon i justicia.
Es indudable sin embargo que en su reinado se hicieron cosas importantes
á la felicidad de España; pero no es suya la gloria, sino del saber i
virtudes de su primera esposa la reina doña Isabel; matrona ilustre,
digna en todo de haber nacido en un siglo donde no imperase en la mayor
parte de los hombres el bárbaro fanatismo, enemigo oculto de Dios, de la
cultura de los entendimientos i de la felicidad de los mortales.
Habia bajado la reina doña Isabel á Andalucía en Julio de 1477 en
compañía del gran cardenal de España don Pedro Gonzalez de Mendoza,
arzobispo de Sevilla, en tanto que Fernando se ocupaba en fortificar con
la mayor presteza los castillos i las villas que tenian asiento en las
fronteras de Portugal. I esto hacia porque aun duraba la guerra con el
rei don Alonso, pretendiente de la corona de Castilla por los derechos
de su esposa la Beltraneja.
Isabel en esto comenzó á trabajar ahincadamente en el establecimiento de
la santa hermandad, que se habia fundado con el solo objeto de purgar de
malhechores todas las tierras incultas, que eran el abrigo de estos
forajidos. Viendo frai Alonso de Ojeda, prior del convento de frailes
dominicos en Sevilla, este celo del bien público, representó á la reina
los perjuicios que recibia la religion cristiana del mal vivir de los
judíos conversos; i así para su remedio le suplicó porfiadamente i con
elocuentes i vivas razones que diese permiso á los frailes de su órden
para ser inquisidores del crímen de herejía; privilegio que gozaban los
del reino de Aragon, siendo nombrados entre ellos para semejante cargo
unas veces derechamente por el Papa, i otras por sus generales ó
provinciales. A las instancias de frai Alonso de Ojeda juntáronse las de
muchas personas de gran virtud, i en notable dignidad constituidas; i
asi se vió obligada Isabel á dictar una providencia bastante á mitigar,
si no á destruir, los daños que al aumento de la fe de Cristo
ocasionaban los judíos falsamente conversos; pero su ánimo era mui
bondadoso é incapaz de determinarse fácilmente á consentir en una tan
notoria vejacion de sus vasallos. I por eso redujo todo lo que de ella
se solicitaba con tales razones, á encomendar á los sacerdotes, i con
especialidad á los frailes domínicos, que predicasen con gran vigor i fe
para reducir á la religion cristiana á aquellas gentes que para su mal
andaban descarriadas lejos de la luz de la verdad i de lo conveniente á
la salvacion de sus almas. El cardenal don Pedro Gomez de Mendoza ordenó
un catecismo para que con él fuesen doctrinados, i tambien hizo algunas
leyes para castigo de todos cuantos se separasen de lo que enseña el
Evangelio.
Pero como despues se descubriese en Sevilla en el año siguiente de 1478
que varios judíos se habian juntado en la noche del Jueves Santo á
judaizar, i que habian blasfemado de Jesucristo i de su religion, i
fuesen presos i reconciliados por haber dado muestras de
arrepentimiento, comenzaron á hacer entonces nuevas i apretadisimas
diligencias cerca del Rei Católico con propósito de que se estableciese
en estos reinos el tribunal de la Inquisicion segun estaba constituido
en Sicilia. I esto era, mas que devocion, codicia de apoderarse de los
muchos i grandes bienes que solian tener los mas principales judíos,
convertidos á la fe; puesto que segun las ordenanzas del tribunal
establecido en Sicilia, la tercia parte de las haciendas embargadas á
los herejes para despues confiscarlas, pasaba á los bolsillos de los
inquisidores.
De esta suerte se podia robar impunemente; porque estando interesados
los jueces en que el acusado apareciese á los ojos del mundo como reo
de cuantas herejías habian existido, para hacer presa de la tercera
parte de sus bienes, ¿qué rico podia esperar misericordia de unos
hombres que esperaban su muerte ó su deshonra para hacer tan sin riesgo
una tan linda grangería?
El rei don Fernando que por tantas empresas militares tenia exhaustas de
dinero sus arcas, oprimido al pueblo con gabelas, vendida mucha cantidad
de la plata que habia en las iglesias, cargados los eclesiásticos con
grandes tributos, nuevamente impuestos i por tanto llevados mui
pesadamente, fatigados á los seglares con préstamos que nunca esperaba
pagar segun andaba de empeñado su real erario, perdidas todas las
esperanzas de repararlo, i en fin, su ánimo embarazado con ignorar el
modo de salir de las presentes estrecheces, i evitar las por venir en
tiempos que tan porfiadas guerras sustentaba con los enemigos de su
corona, vió en el establecimiento del tribunal de la Inquisicion el
único medio de fenecer el mal estado de las rentas de su corona. I esto
fué la cierta causa de haber consentido el rei Fernando en lo que con
tantas i tales i tan grandes instancias los frailes domínicos, llevados
de su codicia, le habian suplicado. El era uno de los mas grandes
políticos de su siglo, i hombre en fin que caminaba á su propósito sin
curarse de los medios que para conseguirlo era necesario emplear.
En el mismo año de 1478 hallábanse los Reyes Católicos en Sevilla cuando
les vino la nueva de como habia espedido el Papa una bula dando su
consentimiento para establecer el tan deseado tribunal de la
Inquisicion. Pero la reina, que seguia en todos sus negocios el parecer
del sapientisimo cardenal Mendoza, se opuso á los deseos de su esposo,
juzgando i con razon, que si males habia por dejar que viviesen en
libertad los conversos, sin haber quien los vejase i oprimiese con
pretesto de inquirir sus costumbres, palabras i aun pensamientos;
mayores desastres habrian de nacer i se habrian de levantar de la
codicia de unos jueces deseosos de hallar culpados para enriquecerse con
las haciendas de todos los que para su mayor desdicha cayesen en su
jurisdiccion. I así para sosegar los ánimos de los que andaban
alborotados con la mucha libertad que tenian los judíos, así de los
cristianos nuevos como de los contumaces aun de su lei, dispuso en las
Córtes celebradas en Toledo el año de 1480 que todos los observantes de
la lei de Moisés viviesen apartados de los que guardaban la de Cristo, i
que trajesen las señales prevenidas por las antiguas ordenanzas. Por
donde se ve que estas providencias de otros reyes habian perdido ya su
vigor i entereza. Tambien se dispuso que los judíos no bautizados se
retirasen á sus barrios antes de la hora de anochecer, dejando en
supsension sus comercios hasta que volviese la luz del dia. I esto
prueba clarisimamente que en aquellos tiempos la lei que vedaba á los
hebreos hacer logros i grangerias i tratos i contratos con los
cristianos, habia de todo punto caducado. Al fin la reina Isabel, aunque
su corazon compasivo i lleno de bondad le estorbaba consentir en el
establecimiento del bárbaro tribunal, vino á ser vencida de las
instancias de su avariento esposo, i de toda la frailería domínica que
al cebo del interés andaba desalada, husmeando los nombres de aquellos
judíos conversos que mas fama tenian de ricos, i no viendo la hora en
que facultados por el rei deberian hacer presa en los haberes de tantos
desdichados que para su mal habian nacido en aquel calamitoso siglo.
Nombraron los reyes don Fernando i doña Isabel el año de 1480 para el
cargo de inquisidores al maestro frai Miguel de Morillo i al presentado
frai Juan San Martin, i para el de asesor al presbítero doctor en
cánones Juan Ruiz de Medina. Dióse órden á los electos para que
comenzasen á ejercer su oficio en el arzobispado de Sevilla, i en el
obispado de Cádiz, donde habia necesidad de su celo para reducir á la fe
de Cristo á los judíos conversos en otro tiempo, i ahora separados del
camino de la verdad. Recibieron estos jueces cartas de favor espedidas
por los Reyes Católicos, para que las justicias de las ciudades i villas
los acreditasen i les diesen posadas i alojamientos. La carta para el
concejo de Sevilla comenzaba en esta forma:
«Sepades que Nos catando en nuestros reinos i señoríos avia i ay algunos
malos cristianos, apóstatas i herejes i confesos: los cuales, no
embargante que recibieron el sacramento del baptismo, i fueron
baptizados, i tienen nombre de cristianos, se han tornado i convertido i
se tornan i convierten á la secta i supersticion i perfidia de los
judíos &c. E deseando é queriendo nosotros proveer en ello é por evitar
grandes males é daños que se podian recrecer adelante, si lo susodicho
no fuere castigado &c. Suplicamos á nuestro mui Santo Padre que cerca
dello proveyesse con remedio saludable, i su Santidad á nuestra
suplicacion nos otorgó i concedió una facultad para que pudiésemos
elegir, i eligiésemos dos ó tres personas calificadas en cierta manera
que fuesen inquisidores i procediesen por la facultad apostólica contra
los tales infieles i malos cristianos, i contra los favorecedores i
receptadores de ellos é los persiguiesen é castigasen quanto de derecho
de costumbre los pudiesen pungir i castigar. Por virtud de la dicha
facultad á Nos concedida, i aceptándola, usando de ella elegimos é
nombramos é diputamos por inquisidores de la dicha infidelidad, y
apostasía y herética pravedad á los venerables devotos Padres frai
Miguel de Morillo, maestro en Santa Teología, i frai Juan de San Martin,
bachiller presentado en Santa Teología, Prior del monasterio de San
Pablo de la ciudad de Sevilla de la órden de predicadores &c.»
Para cumplir esta disposicion no bajaron los inquisidores á Sevilla
hasta el año de 1481, por varias dificultades que hubo que vencer: las
cuales no serian otras que las que suelen levantarse para dar comienzo á
cualquiera novedad. La entrada de estos jueces en Sevilla i la
conspiracion maquinada por los judíos para destruirlos se leen en un MS.
de aquel tiempo i de incierto autor. Por ser mui curiosas las noticias
que contiene, no será fuera de razon copiar algunos pasajes, porque con
ellos saldrá mas llena de autoridad mi historia. «Luego que entraron en
Sevilla los inquisidores é oficiales del Santo Oficio, la ciudad de
Sevilla se dividió en bandos sobre el caso: unos por parte de los
inquisidores é otros en contra. _Lo que causó mas escándalo é maravilla
fué que esta opinion tocó á muchos poderosos é personas constituidas en
oficios i dignidades que favorecieron la parte mas dañada de esta
opinion._
«Tambien se declaró la nobleza é prebendados por la santa fe de
Jesucristo, é sus ministros; pues salieron á recibirles fasta una legua
é otros fasta Carmona, faciéndoles agasajo é hospedaje é visitándolos á
menudo.»
«Fueron luego los inquisidores al cabildo de la Santa Iglesia, donde
presentaron é mostraron las bulas é provisiones reales, é luego fallaron
á la puerta del cabildo al regimiento en órden que los llevó á su
cabildo, por afuera de las gradas é los sentó en su cabildo é los
recibió. E luego se juntaron de ambos cabildos, prevendados é regidores,
é decretaron procesion general con la clerecía, é órden para el domingo
siguiente, la cual se fizo mui solemne, é fué recibida la Inquisicion
por el pueblo.»
«En este medio tiempo se juntaron en uno á cabildo Suson, padre de la
Susana que llaman la fermosa fembra: Benadeva, padre del canónigo:
Abalofia el perfumado que tenia las aduanas en cambio del rey é de la
reina: Aleman, poca sangre, el de los muchos fijos Alemanes.... los
Adalfes de Triana que aun vivian en el castillo.... Cristóbal Lopez
Mondadura á San Salvador, é otros muchos ricos é poderosos que llamaron
é vivian en las villas de Utrera i Carmona.
«Estos dijeron entre sí ¿qué os parece como vienen contra nosotros?
¿Nosotros no somos los principales de esta ciudad en tener i en ser bien
quistos del pueblo? Fagamos gente. Vos, fulano, tened tantos hombres de
los vuestros: é vos, cetano, tened á punto cuantos pudiéredes allegar: é
así fueron repartiendo entre las cabezas, armas, gente é dinero é las
cosas que pareció necesarias. E si nos vinieren á prender, con la gente
é con el pueblo meterémos en bullicio la cosa; é así los matarémos é nos
vengarémos de nuestros enemigos. Dijo entonces un judío anciano que
estaba allí:--_Fijos, la gente bien me parece estar á punto, tal sea mi
vida, pero ¡qué! ¿los corazones donde están? Dadme corazones._»
Esta conspiracion fué patente para los inquisidores, los cuales al punto
comenzaron á meter en prision á cuantos eran cómplices en ella, i aun á
los que no eran cómplices. I en tanto que formaban ellos sus procesos,
la naturaleza entera parecia estremecerse al mirar establecido un
tribunal tan bárbaro i tan enemigo del linaje humano. Andrés Bernaldez ó
Bernal escritor de aquel tiempo i capellan que fué de uno de los
inquisidores que luego existieron[61], habla del horroroso temporal que
afligió á todas las ciudades de Andalucía. «Fué este año, (dice)»de mil
é cuatrocientos é ochenta é uno al escomienzo desde Navidad en adelante
de mui muchas aguas é avenidas, de manera que Guadalquivir llevó é echó
perder _el Copero_ que habia en él ochenta vecinos é otros muchos
lugares de la ribera, é subió la creciente por el almenilla de Sevilla,
por la barranca de Coria en lo mas alto que nunca subió, é estuvo tres
dias que no descendió é estuvo la cibdad en mucho temor de se perder por
agua. En este tiempo tuvo principio tambien una violenta peste que
afligió con gran porfía i rigor estas tierras hasta el año de 1488: i en
Sevilla murieron mas de quince mil personas é otras tantas en Córdoba é
en Xerez é Ecija mas de ocho ó nueve mil personas é ansí de todas las
otras villas é lugares.»
De este modo festejaba la naturaleza el establecimiento del _Santo
Oficio_. Las aguas del Guadalquivir por una parte talaban las riberas,
llevando consigo las casas, los árboles, las gentes i los ganados, i por
otra la peste destruia las ciudades, cortando con la mayor presteza el
hilo de muchas vidas. Teniendo tamaños desastres delante de los ojos,
comenzaron los mas que bestiales jueces de la Inquisicion á encarcelar i
á apercibir los castigos para los que habiéndose bautizado por salvar
las vidas i haciendas de la codicia i el odio de la plebe incitada á
destruir á los judíos por algunos malos clérigos, ó por frailes
avarientos, guardaban aún con todo secreto la lei de Moisés. «Aquellos
primeros inquisidores (dice Bernaldez) ficieron facer aquel quemadero en
Tablada[62] con aquellos cuatro profetas de yeso, é en mui pocos dias
por diversos modos é maneras supieron la verdad de la herética pravedad,
é comenzaron á prender hombres i mujeres de los mas culpados é de los
mas honrados, é de los veinticuatros é jurados é bachilleres é letrados,
é hombres de mucho favor. E comenzaron á sentenciar para quemar en
fuego. E sacaron á quemar la primera vez á Tablada seis hombres é
mujeres que quemaron. E predicó frai Alonso Hojeda de San Pablo, celoso
de la fe de Jesucristo, el que mas procuró en Sevilla esta inquisicion.
E dende á pocos dias, quemaron tres de los principales de la cibdad é de
los mas ricos: los cuales eran Diego de Suson, que decian que valia lo
suyo diez cuentos é era gran rabí, é segun pareció murió como
cristiano[63], é el otro era Manuel Sauli é el otro Bartolomé Torralba.
E prendieron á Pedro Fernandez Benedeba que era mayordomo de la iglesia
de los señores dean é cabildo, que era de los mas principales dellos é
tenia en su casa armas para armar cient hombres é á Juan Fernandez
Abalasia que habia sido mucho tiempo alcalde de la justicia, é era gran
letrado é á otros muchos é mui principales é mui ricos; á los quales
tambien quemaron, é nunca les valieron las riquezas. E con esto todos
los confesos fueron espantados é habian gran miedo é huian de la cibdad
é del arzobispado, é pusiéronles en Sevilla pena que no fuyesen, só pena
de muerte; é pusieron guardas á la puerta de la cibdad. E muchos huyeron
á las tierras de los señores é á Portugal é á tierra de moros... Agora
no quiero mas escrebir las maldades de esta herética pravedad, salvo
digo que, pues el fuego está encendido que quemará fasta que halle cabo
á lo seco de la leña que será menester arder hasta que sean desgastados
é muertos los que judayzaron, que no quede ninguno, é aun sus fijos los
que eran de veinte años arriba é si fueran todos de la misma lepra
aunque tovieran menos.» Con tan ardiente i tan bruto celo escribia en
loor de la Inquisicion el clérigo Andrés Bernaldez. I en tanto que por
Sevilla andaban tan poderosos i bravos los jueces de este tribunal, ya
en la vecina ciudad de Córdoba habian comenzado á ejecutar grandisimos
rigores.
Una de las primeras personas reducidas á cenizas por judaizantes[64]
fué Pedro Fernandez de Alcaudete, tesorero de aquella iglesia. El
descubrimiento de su delito se cuenta vulgarmente con mil circunstancias
milagrosas, tales como decir que al tiempo i cuando se celebraba la
procesion del Jueves Santo de 1483 para poner el Santisimo en el
monumento de la catedral de Córdoba, observaron algunas gentes que de un
zapato del tesorero salia tanta sangre que en ella iba envuelto todo el
pie. Parece que varias personas le avisaron esta novedad i que él se
turbó en gran manera i no acertó con su mucha turbacion á proferir la
mas pequeña palabra. Entonces dieron los canónigos con él en la capilla
de San Acacio (llamada desde entonces _de la sangre_) i despues de
descalzarlo hallaron oculta en un zapato la forma sagrada que debiera
haber consumido en la general comunion administrada en aquel mismo día.
Pero este suceso es de todo punto falso. La prision del tesorero fué
consecuencia del proceso i castigo dado á una manceba que tenia en su
casa: la cual acusada de judaizante, negó primero, i despues confesó su
delito, terminando con declarar que Pedro Fernandez de Alcaudete su
concúbito, á pesar de ser dignidad de tesorero de la catedral, i de
vivir con apariencias de cristiano tambien observaba la lei de Moisés.
Cuando fueron á prender los inquisidores á Alcaudete, resistióse á mano
armada con ayuda de sus criados, los cuales dieron muerte al alguacil
mayor del Santo Oficio que era quien mas pugnaba por abrirse paso; pero
al fin fueron puestos en huida. Los ministros hicieron entonces presa
en el tesorero i asegurando su persona, lo llevaron á las cárceles de la
Inquisicion á empellones i cintarazos, donde estuvo metido hasta el
sábado 28 de Febrero de 1484.
En este dia fué sacado á auto público i degradado de las órdenes que
tenia i despojado de las vestiduras eclesiásticas, quedando en un sayo
de paño: con el cual fué relajado al brazo secular, i condenado á sufrir
vivo la pena de ser reducido á cenizas. Entonces le fué puesta una
aljuba amarilla con mangas largas, una capilla en forma de capuz
rematada en una gran borla de colores, i por último un rótulo que con
abultadas letras decia:
«ESTE HA JUDAIZADO.»
I en esta forma i cabalgando en un asno fué llevado al lugar diputado
para quemadero, donde se cumplió la sentencia.
Con estos i otros castigos siguió la Inquisicion esparciendo el espanto
por Andalucía: de tal manera que las gentes huian á las tierras
estrañas, temerosas i con razon de los bestiales é inhumanos hechos
cometidos tan sin contradiccion por los jueces del tribunal, llamado
_Santo_. El cronista de los Reyes Católicos Hernan Perez del Pulgar,
refiriendo los desastres venidos sobre España con el establecimiento de
la Inquisicion, dice lo siguiente:--«Falláronse especialmente en Sevilla
é Córdoba i en las cibdades i villas del Andalucia en aquel tiempo
cuatro mil casas é mas, dó moraban muchos de los de aquel linaje: los
cuales se absentaron de la tierra con sus mujeres é fijos. E como quier
que la absencia desta gente despobló gran parte de aquella tierra, é fué
notificado á la reina que el trato se disminuia; _pero estimando en poco
la disminucion de sus rentas, é reputando en mucho la limpieza de sus
tierras, decia que todo interés pospuesto, queria alimpiar la tierra de
aquel pecado de la herejía; porque entendia que aquello era servicio de
Dios é suyo_.»
Véase hasta qué punto han llevado nuestros historiadores su adulacion á
las personas de los reyes. El sabio Hernan Perez del Pulgar afirma que
la Reina Católica no se cuidaba de la destruccion del comercio i de los
tratos, ni de sus rentas, con tal de estirpar en sus reinos la mala
semilla de los cristianos en el nombre, aunque judíos en el corazon. Es
indudable que con el establecimiento del Tribunal Santo comenzó á ser
derribado nuevamente el comercio, i aunque por su ruina se menguaban las
rentas de la corona por una parte, por otra se triplicaban con los
bienes confiscados á tanto número de personas acaudaladas. Solamente los
de Diego Suson llegaban á la cantidad de diez cuentos que serian de
maravedí. I por eso los miserables judíos huyendo de los inquisidores
(ladrones en poblado) se salian de las ciudades para salvar sus personas
i haciendas, de la voracidad de aquellos lobos en los reinos
estraños[65]. Otros desdichados conversos se fueron á Roma á quejarse
del mal proceder de los ministros del Santo Oficio. El Papa Sisto IV
despachó entonces un breve en 29 de Enero de 1484[66] á los reyes de
España don Fernando i doña Isabel para ponerles delante de los ojos las
muchas quejas que habian llegado á Roma contra los primeros jueces de la
Inquisicion nombrados en Sevilla porque perseguian á una multitud de
personas en todo católicas, porque les daban tormentos con grande
crueldad, porque las declaraban herejes para despues de condenarlas á
muerte, apoderarse de sus haciendas; i en fin, porque con tan bárbaro
modo de enjuiciar, las gentes huian temerosas á los reinos estraños,
buscando la salvacion de las vidas. I termina el breve con decir que los
inquisidores Morillo i San Martin eran merecedores de un notable castigo
i de la pérdida de sus oficios, i que solo por respeto á la autoridad de
los Reyes Católicos, no tomaba las providencias necesarias á satisfacer
á los muchos agraviados del proceder de tan avarientos i malos jueces.
I como prueba i grande de que era voz i fama pública que al establecer
los Reyes Católicos la Inquisicion, no llevaban por objeto el
acrecentamiento de la fe, sino reparar con las confiscaciones de los
bienes de herejes, lo exhausto del erario, voi á copiar un trozo del
breve que el mismo Sisto IV espidió en 23 de Enero de 1483 en respuesta
á una carta de la reina Isabel, en donde pedia esta señora que en Roma
proveyesen la forma i modo de poner en órden i concierto la Inquisicion
para que fuesen mas i mejores los frutos que se cogiesen de la ereccion
de este tribunal. Notabilisimas son las siguientes palabras que se leen
en el citado documento.
«Parece que dudas si Nos, al ver tu cuidado de castigar con severidad á
los pérfidos que fingiéndose cristianos blasfeman de Cristo, lo
crucifican con infidelidad judáica, i están pertinaces en su apostasía,
_pensarémos que lo haces mas por ambicion i codicia de bienes
temporales que por celo de la fe i verdad católica ó temor de Dios_;
pero debes estar cierta de que no hemos tenido ni aun leve sospecha de
ello; _pues aunque algunas personas han susurrado algunas especies para
cubrir las iniquidades de los castigados, no hemos podido creer
injusticia tuya ni de tu ilustre consorte, nuestro hijo carisimo_.
Conocemos vuestra sinceridad, piedad i religion para con Dios. No
creemos á todo espíritu; i _aunque prestemos oido á las quejas de todos,
no por eso les damos crédito_.»[67]
Pero en todos tiempos siempre ha andado corrompida la verdad por los
historiadores, unas veces siendo guiados de la mayor ignorancia, i otras
de la adulacion ó del miedo. ¡Cuánto no han loado el celo católico de
Fernando V por esterminar á los judíos que con apariencias de cristianos
moraban en sus dominios, como si este monarca hubiese llevado por norte
en todas sus acciones el acrecentamiento de la fe! ¡Cuánto no han
encarecido el haberse apoderado (tan contra razon i derecho) del reino
de Navarra (cismático entonces) poniendo en las nubes esta hazaña del
Rei Católico, i derramando la voz de que fué dirigida con solo el
propósito de mantener en la Península la unidad de la religion! ¡Oh
mezquinos mortales! qué flaco es vuestro entendimiento i cuán fácil para
el engaño! Lo que fué obra de la codicia i contra la misma piedad
cristiana, anda pregonado por vuestras lenguas como servicio hecho á
Dios! Lo que fué ambicion de aumentar señoríos á la corona, es llamado
por vosotros celo del aumento de la religion!
Don Diego Hurtado de Mendoza, historiador de la guerra de Granada, hecha
por el rei Felipe II contra los moriscos sus rebeldes, i uno de los mas
sabios políticos no solo de aquellos tiempos, sino de todos, dice en un
memorial dado al emperador Cárlos V[68]: «Claro está que si uno tiene
dentro de un señorío ó cerca de él una tierra por la que puede recibir
daño aquella provincia, justamente le puede quitar el señor de ella la
entrada, i darle la equivalencia en otra parte donde pueda estar sin
sospecha. _I la mas justa causa que los Reyes Católicos juzgaron para
tomar á Navarra, fué el daño que por aquella parte pudiera recibir toda
España como hizo el rei de Francia en tomar á Borgoña que es la llave de
su reino.... Entre los hombres doctos esto se tuvo entonces por mejor
derecho que el de la aprobacion é investidura por el cisma._»
De esta suerte cubria su ambicion i avaricia Fernando V con la capa de
la piedad cristiana, i de esta suerte engañaba á mucha parte del mundo.
Pero la verdad por mas que quieran ocultarla á los ojos de todos los
mortales el interés i la conveniencia de los malos, al fin viene á
derramar sus luces i á desvanecer las nieblas de la mentira, aunque haya
esta logrado prevalecer mucho tiempo sobre ella, i tenga ciegos los
entendimientos humanos, siempre bien hallados en la ignorancia i
constantes amigos de las vulgaridades.
Yo estoi persuadido que con este modo de discurrir acerca del rei
Fernando V i de los inquisidores, atraigo sobre mí el odio de muchas
personas que me acusarán neciamente de mal español, tan solo porque no
dejo llevar mi pluma en pos de los errores que hasta ahora han manchado
la historia de nuestra patria. Pero pregunto á los que me tachen de mal
español porque hablo mal de malos españoles, ¿los míseros judíos que por
sus desdichas desde el año 70 de la era cristiana estaban avecindados en
estas tierras, no eran españoles tambien como nosotros? El ser de
diversa religion que los reyes i la mayor parte del pueblo, les podia
quitar la patria? Para que hablemos en favor de ellos, no tienen cuando
no el título de españoles, el de hombres, i aun mas que el de hombres i
el de españoles, el de desdichados? Cómo, pues, he de loar por acciones
cristianas la codicia i los latrocinios? Esto seria canonizar las
maldades i atribuir á la doctrina evangélica lo que la doctrina
evangélica repugna. Pongan en las nubes escritores guiados por el miedo
ó la adulacion aquellas hazañas de los reyes i tiranos de la tierra,
dignas de ser sepultadas en el polvo, i aun borradas de la memoria de
los hombres. Llamen grande al que con daño de mas de cien mil de sus
vasallos dicta providencias encaminadas al aumento de su erario, no
mirando en las vidas de los mortales mas que estorbos que se oponen á su
riqueza, pero que pueden ser echados por el suelo facilisimamente.
Ensalcen á aquellos que por acrecentar sus señoríos arruinan el
comercio i la cultura de los campos, empobreciendo con tributos á los
mercaderes i labradores, i robando á la tierra los brazos que habian de
fertilizarla, para que estos en vez del arado i la azada empuñen la
lanza i se empleen en la destruccion de sus hermanos. Digan en fin que
son reyes sobremanera cristianos aquellos que contra lo que manda
Jesucristo, oprimen á las personas en quienes no ha entrado aun la
verdad de la fe, creyendo que los entendimientos de los humanos pueden
ser llevados por la violencia á lo que les repugna, i sirviéndose para
convencer á sus contrarios, no de la razon que nos distingue de los
brutos i feroces animales, sino de la fuerza que es la que con ellos nos
iguala. Este modo de predicar el Evangelio, es indigno de hombres que se
llaman cristianos; porque á él se opuso Jesucristo. Llevar la religion á
los entendimientos de los mortales en la punta de la espada quede para
Mahoma, i para los que prediquen falsedades. La verdad no necesita de la
fuerza para ser creida, i los que se sirven de violentos medios para
entronizarla mas que sus defensores son sus enemigos; porque las ofensas
que se hacen con el pretesto de que sea creida, llevan tras sí el odio,
el desprecio i el vituperio. Porque ¿cómo han de amar los oprimidos la
causa de su opresion? ¿Cómo han de creer las gentes que por el camino de
las maldades se puede ir derechamente al del bien? ¿Cómo han de dar
crédito á la verdad si se presenta á sus ojos con todas las apariencias
de la mentira? Es cierto que Fernando el Católico sacó de poder de moros
el reino de Granada: que con su política hizo presa de Navarra: que en
su tiempo fueron conquistadas las Islas Canarias, descubiertas en el
reinado de Enrique III: que ayudó la empresa de Cristóbal Colon para el
descubrimiento del Nuevo Mundo profetizado por Séneca en uno de los
coros de su _Medea_[69]: que incorporó la ciudad de Cádiz i el
marquesado de Villena en su corona: que confiscó el condado de Pallas:
que restituyó al condado de Barcelona el Rosellon i Cerdania, empeñado
por don Juan II de Aragon al rei Luis XI de Francia: que conquistó á
Mazalquivir, Oran i Bujía: que defendió de los franceses el reino de
Nápoles; pero hai un error, i á mi parecer grande en todos nuestros
historiadores al narrar las vidas de los reyes, i es que miden las
buenas acciones de ellos i el provecho que con el buen gobierno dieron á
sus vasallos por las batallas que vencieron, por las ciudades que
ganaron, i por las glorias que en sus empresas militares consiguieron.
Glorias son estas en verdad, i dignas de ser loadas; pero no de ocupar
en las historias no solo el lugar preferente, sino toda la atencion de
los lectores, con minuciosas noticias de las marchas i contramarchas de
los ejércitos, del asiento de los cercos i planta de los campos
militares, de los asaltos hechos á las ciudades, de las embestidas de
los enemigos en campo abierto, ó entre ásperas sierras i montañas, del
número de los muertos i heridos, i de otras cosas que molestan los
entendimientos por ser tan repetidas i tan enfadosas.
Pero no faltará quien diga que el rei Fernando V no redujo su prudencia
al aumento de los estados i dominios, sino que les dió la felicidad i la
cultura. Cuán vanos son estos argumentos i cuán fáciles de echar por
tierra! como mostraré clarisimamente andando por el discurso de esta
historia, porque ahora me llaman los sucesos de la Inquisicion i las
persecuciones levantadas contra los judíos conversos.
En el año de 1483 fué exaltado frai Tomás de Torquemada, uno de los
jueces inferiores del Santo Oficio, al cargo de inquisidor general en
los reinos de Castilla i Aragon: el cual para que se duplicasen las
confiscaciones i saliese Fernando V mas ganancioso, dispuso la quema de
muchos de sus vasallos. Los hijos i familias de estos quedaban reducidos
á la mayor pobreza, pero qué importaba á este monarca la despoblacion i
miseria de sus pueblos, si con sus conquistas se aumentaban las tierras
de sus dominios, i con las guerras que tenia que sustentar para la
conservacion de lo conquistado cargaba á la infeliz España con el peso
de muchos tributos: los cuales si la hacian poderosa por las armas en
los reinos estraños, en los propios la reducian al estremo de pobreza
que mas claramente se vió luego en los últimos años del reinado de
Felipe II, i en todos los de sus sucesores Felipe III, Felipe IV, i el
necio Cárlos II[70]?
Creó Torquemada para perseguir con doblado rigor á los judíos conversos,
cuatro tribunales subalternos: uno en Sevilla, otro en Córdoba, otro en
Jaen, i el último en un lugar de la Mancha llamado entonces Villa Real
(hoi Ciudad Real). Este último fué trasladado luego á Toledo, ciudad en
donde comenzaron los inquisidores á predicar á los conversos, incitando
á los que hubiesen persistido en judaizar, que se delatasen al Santo
Oficio; porque de esta suerte las penas serian pequeñas: lo que no
conseguirian despues si fuesen delatados por otros. Parece que ninguno
de los judíos se presentó al tribunal á pedir misericordia i á abjurar
de los errores en que habia tornado á caer: antes bien es fama que
urdieron una conspiracion con propósito de ocupar en el dia del Corpus
las avenidas de las cuatro calles por donde solia caminar la procesion,
tomar las puertas de la ciudad i la torre de la catedral, matar á todos
los cristianos, i declararse contra la soberanía real, en tanto que no
se separase de aquel bárbaro modo de oprimir i robar los pueblos. Pero
esta conspiracion fué descubierta por el corregidor en la víspera del
Corpus, quien prendió algunos conversos, i á fuerza de tormentos logró
inquirir cuanto se habia maquinado por los míseros judíos para castigar
á los robadores de sus haciendas, á los destructores de sus casas, á los
infamadores de su linaje, i á los opresores de sus personas i
entendimientos. Sabido esto, ordenó el corregidor que á la hora de la
procesion, para escarmiento de los mas, fuese ahorcado uno de los reos,
i al dia siguiente sufrieron igual pena el bachiller Latorre (uno de los
cabezas de la conjuracion) i otros cuatro conversos. I como el número de
los culpados era grandisimo i por tanto imposible para el castigo;
porque cómo se iba á condenar á muerte á la mayor parte de los
habitadores de una ciudad, sin llevar tras sí su despoblacion i otros
males?... determinaron los inquisidores con harto dolor de su mucha
codicia reducir las penas á multas pecuniarias i no á confiscacion total
de bienes. Pero al fin sacaron grandes sumas de dinero que el rei
Fernando V recibió con sumo placer i contento, porque ellas eran
bastantes á sustentar por algun tiempo sus ejércitos.
En esta sazon llamaron los señores del Santo Oficio á los rabís de la
sinagoga de Toledo, para que jurasen en su presencia i segun el rito
mosáico que delatarian al tribunal á cuantos judíos conversos hubieren
persistido obstinadamente en judaizar, i además los conminaron con
graves penas, i aun con la de muerte si faltaban á su juramento. Fuera
de esto les mandaron poner en sus sinagogas unos grandes cedulones DE
ESCOMUNION _al uso de los observantes de la lei de Moisés_, fulminada
contra todos los judíos que sabiendo los nombres de aquellos convertidos
en otro tiempo que ahora andaban desviados de la religion cristiana, no
los delatasen al santo i piadoso tribunal. Tan grande era el afan de
escomulgar en los inquisidores, que querian que _los mismos judíos se
escomulgasen unos á otros_.
Con esto se aumentaron el número de los acusados, de los presos, de los
reducidos á cenizas, i en fin, de los robados. Andrés Bernaldez, testigo
de todas estas fechorías, i amigo de los jueces de la Inquisicion, dice
que «desde el año de 88 quemaron mas de setecientas personas los
inquisidores de Sevilla, i reconciliaron mas de cinco mil, é echaron en
cárceles perpétuas que ovo tales que estuvieron en ellas cuatro ó cinco
años ó mas, é sacáronles é echáronles cruces en unos sambenitos
colorados atrás é adelante; é ansí anduvieron mucho tiempo; é despues se
las quitaron porque no creciese el disfame de la tierra viendo aquello.»
Hernan Perez del Pulgar dice en su _Crónica de los reyes Católicos_ que
«destos (judaizantes) fueron quemados en diversas veces i en algunas
ciudades é villas fasta dos mil é otros fueron condenados á cárcel
perpétua.»
I no satisfecha la codicia de los Inquisidores i del rei Fernando con
tanto número de confiscaciones hechas en las haciendas de los herejes,
discurrieron otro arbitrio para aumentarlas, i fué disponer que contra
ciertos judíos conversos i mui ricos, los cuales habian para su bien
pasado á mejor vida, se instruyese proceso, i como era natural, de él
resultaban culpados; de aquí nació acrecentarse el real erario, i cobrar
mas aficion los inquisidores á hacer semejantes presas. El mismo Hernan
Perez del Pulgar escribe que «destos (judaizantes difuntos) fué hallado
_gran número_, cuyos bienes i heredamientos fueron tomados é aplicados
al fisco del rei é de la reina.»
La avaricia de Fernando V ni aun respetaba á los muertos. Hacíalos
desenterrar i ser convertidos en cenizas á impulsos de la voracidad de
las hogueras, i al mismo tiempo los hijos i herederos de los difuntos
eran despojados de las haciendas que justamente i por la lei habian
adquirido, i se veian reducidos en un punto á la mayor pobreza. Esto
obraba aquel rei tan celebrado en nuestras historias por hombres
aduladores, neciamente engañados ó cobardes. En las confiscaciones
estribaba todo el gran celo por el acrecentamiento de la religion
cristiana en sus tierras i señoríos: en las confiscaciones aquel deseo
de mantener en sus estados la unidad religiosa, accion que tanto nos han
cacareado sus panegiristas. Es cierto que las aplicaba á conquistar
otras tierras; pero empobreciendo las suyas: i es cierto tambien que fué
quien abrió la puerta á sus sucesores para que con la ruina del comercio
i de la labranza en España, llevase á los reinos estraños la fama del
valor español; el cual, como solo se ejercitó en su daño, i solo en
guerras injustisimas, no consiguió mas que la admiracion i la envidia de
los vencidos i opresos, i el hacerse entonces aborrecidisimo en todas
las provincias del orbe que sintieron el yugo de sus armas, i el
tiránico gobierno de sus reyes.
En el año de 1485, ofendidos muchos judaizantes de las disposiciones que
contra ellos tomaba Pedro de Arbues (inquisidor entonces i hoi santo)
determinaron darle muerte; la cual recibió estando de rodillas en la
Iglesia Metropolitana del Salvador en Zaragoza á la hora de maitines,
mientras que los demás canónigos rezaban en el coro. Pedro de Arbues iba
armado, debajo del vestido, con una cota de malla, i llevaba para
defensa de la cabeza un casquete ó cerbellera de hierro, oculto con un
gorro sobrepuesto, por donde se ve que el santo iba prevenido para un
lance semejante, aunque no le aprovechó en manera alguna ir tan armado i
á punto de guerra. Amotináronse los cristianos viejos contra los judíos
conversos, prendiéronse á varios, de estos, hiciéronse algunos autos de
fe donde salieron á ser quemados vivos los muchos cómplices que hubo en
la muerte del Santo inquisidor. I con las riquezas confiscadas á los
castigados aumentóse nuevamente el real erario. Hernan Perez del Pulgar
hablando de ellos decia: «E fueron aplicados _todos sus bienes_, para la
cámara del rei é de la reina: _los cuales fueron en gran cantidad_.»
Cualquiera imaginara que con tantas confiscaciones que se llevan
referidas, estarian poderosisimos los dos Católicos esposos; pero bien
es que sepa que en imaginar tal cosa camina separado de la verdad cien
millones de leguas de camino.
Los reyes don Fernando é Isabel, á pesar de la escelente negociacion que
hacian por mano de los inquisidores, estaban reducidos á la mayor
pobreza. I esto consistia en que encontraron el reino con grandisima
miseria, i que ellos en vez de repararla, ocupados en las conquistas
gastaban lo poco suyo, i á mas lo mucho ajeno que sacaban de los judíos
conversos, castigados por el tribunal que componian los lobos i demás
bestias feroces i carniceras que andaban por el mundo encubiertos con
las apariencias de hombres.
Para mostrar lo que gastaron los Reyes Católicos en la guerra de
Granada, voi á citar lo que acaeció en el cerco de Baza, i la forma que
tuvo la reina para mantener todo el campo cristiano, segun se lee en
Hernan Perez del Pulgar, pues aunque no soi mui amigo de ingerir en las
historias en que pongo la pluma, muchas citas de pasajes de autores
antiguos, con todo no será fuera de razon trasladar aquí algunos, porque
con ellos correrá lleno de mas autoridad este mi trabajo, i hará
enmudecer á los incrédulos con la relacion de muchas verdades que á ir
desnudas en la sola narracion andarian en duda á riesgo de no ser
acreditadas. Dice, pues, Perez del Pulgar en su citada Crónica de los
Reyes Católicos, hablando del cerco de Baza: «E porque ningun mercader
se movia á llevar mantenimientos para los vender por su interese propio,
por las dificultades é pérdidas que habia en los llevar, la reina á fin
de tener bastecida su hueste mandó alquilar catorce mil bestias. Otrosí,
mandó comprar el trigo é cebada que se pudo haber en todas las cibdades
é villas é lugares del Andalucía, i en las tierras de los maestrazgos de
Santiago é Calatrava, é del priorazgo de San Juan fasta Cibdad-Real; é
dió cargo á unos que lo recibiesen é á otros que los llevasen á los
molinos, solicitando las moliendas.... lo cual (la cebada i harina)
recibian oficiales puestos por la reina, é lo ponian en un lugar que se
llamaba el alhóndiga. E aquellos que lo recibian, tenian cargo de lo
vender á los de la hueste á un precio tasado, que ni bajaba ni subia
mas. En esta negociacion, contado el precio que costaba el trigo é la
cebada i el precio á como se vendia, i las costas que sobre ello se
facian, _se falló de pérdida en tiempo de seis meses, mas de cuarenta
cuentos de maravedís_. Pero _allende de los otros_ gastos que se facian,
convenia á la reina facer este gasto, á fin que las gentes del real
estoviesen proveidas é no oviesen razon de se quejar de los
mantenimientos. Otrosí, porque el cerco que se puso sobre esta cibdad se
dilataba i el tiempo avia consumido gran suma de dineros que la reina al
principio tenia, ansi de la cruzada como del subsidio é de sus rentas
para sostener esta guerra, acordó de echar prestido en todos sus reinos.
E luego embió sus cartas á todas las cibdades e villas para que le
prestasen cierta suma de maravedís, según el repartimiento que á cada
uno cupo. Allende de esto, escribió á perlados é caballeros é dueños é
mercaderes é otras personas singulares que le prestasen lo que le
podiesen prestar. E todos conociendo que la reina tenia cuidado de pagar
bien estos prestidos, le prestaban cada uno lo que podia segun su
facultad. E algunos caballeros é dueños é otras personas, conociendo la
necesidad en que estaba, é veyendo en que lo gastaba, se movian de su
voluntad á le prestar algunas sumas de oro é plata sin se lo demandar. E
porque estos prestidos que podian ser en número de cien cuentos, no
bastaban á los gastos continos que se recrecian en la guerra, acordó
vender alguna cantidad de maravedís de sus rentas para que los oviesen
por juro de heredad cualesquier personas que los querian comprar, _dando
diez mil maravedís por un millar_. E destos maravedís que á este precio
compraron muchas personas de sus reinos, les mandaba dar sus privilegios
para que fuesen situados en cualesquier rentas de las cibdades, villas
é lugares de sus reinos, para que los oviesen é llevasen todos los años
fasta que les mandasen volver las quantías de maravedís que por ellos
dieron. _E este empeñamiento de rentas se ovieron asaz quantías de
maravedís; pero porque todo este dinero se consumia é no bastaba á los
grandes gastos del sueldo contino é otras cosas concernientes á la
guerra, la reina envió todas sus joyas de oro é plata, é joyeles é
perlas é piedras_ á las cibdades de Valencia é Barcelona, á las empeñar,
é se empeñaron por grande suma de maravedís.»
I así como cada vez se empeñaba mas la guerra de Granada, mayores eran
los gastos que tenian los Reyes Católicos, i menos las fuentes de donde
sacarlos; i por eso, oprimidos de la necesidad determinaron acudir á
muchos de los judíos no convertidos que mas famosos eran por sus
riquezas, para que les hiciesen grandes préstamos pagaderos cuando se
rindiese Granada. Así consta de muchos historiadores.
Luego que los Reyes ganaron esta ciudad en 2 de Enero de 1492, se vieron
en el caso de pagar lo que habian ofrecido á los judíos sus acreedores;
pero lo exhausto del erario les estorbaba desempeñar sus palabras,
porque eran grandisimas las cantidades de dinero que habian consumido en
una guerra tan larga i de curso tan vario i tan estraño, i las rentas
menguaban de dia en dia; i andando en este apuro discurrió Fernando V el
medio mejor de acabar con la deuda, que fué dar una cédula en 31 de
Marzo de 1492 para que los judíos todos que habitaban por las aljamas de
sus reinos se cristianasen en el término de cuatro meses, ó que saliesen
espulsos del reino.
«Sepades (decian los Reyes Católicos) é saber debedes que porque Nos
fuimos informados que hai en nuestros reinos é avia algunos malos
cristianos, en las Córtes que fecimos en la ciudad de Toledo en el año
pasado de 1480 mandamos apartar los judíos en todas las ciudades, villas
é lugares de los nuestros reinos i señoríos, é dándoles juderías é
logares apartados en que viviesen en su pecado, é que en su apartamiento
se remorderian; é otrosi, ovimos procurado é dado órden, como se ficiese
Inquisicion, en los nuestros reinos é señoríos: la cual como sabeis há
mas de doce años que se ha fecho é face é por ella se han fallado muchos
culpantes, segun es notorio é segun somos informados de los muchos
inquisidores é de otras muchas personas religiosas, eclesiásticas é
seglares, é consta é paresce ser tanto el daño que á los cristianos se
sigue i ha seguido de la participacion, conversacion i comunicacion que
han tenido é tienen con los judíos, los cuales se precian que procuran
de subvertir de nuestra Santa Fe Católica &c. E porque los dichos judíos
é judías puedan, durante el dicho tiempo fasta en fin del dicho mes de
Julio, dar mejor disposicion de sí é de sus bienes é hacienda, por la
presente los tomamos é recibimos só el seguro é amparo é defendimiento
real é los aseguramos á ellos é á sus bienes para que durante el dicho
tiempo fasta el dicho dia fin del dicho mes de Julio puedan andar é
estén segaros é puedan vender i trocar i enajenar todos los muebles é
raices, é disponer libremente á su voluntad é que durante el dicho
tiempo, no les sea fecho mal, nin daño, nin desaguisado alguno en sus
personas, ni en sus bienes contra justicia, só las penas en que incurren
los que quebrantan nuestro seguro real. E asimesmo damos licencia é
facultad á los dichos judíos é judías que puedan sacar fuera de todos
los dichos nuestros reinos é señoríos sus bienes é faciendas por mar é
por tierra, en tanto que no sean oro nin plata, nin moneda amonedada, ni
las otras cosas vedadas por las leyes de nuestros reinos, salvo
mercadurías que non sean cosas vedadas ó encobiertas.»
I en prueba de que el rei don Fernando V no se dejó llevar al disponer
la cédula para la espulsion de los judíos, de mas propósito que el
interés, bien quedándose con el dinero que no podia pagar á tantos i tan
grandes acreedores, bien obligando á muchos de los judíos á convertirse
á la fe, para que luego la Inquisicion formase proceso á los mas
acaudalados con que todas sus riquezas pasasen al fisco, voi á contar el
suceso mas importante para confirmar nuestro parecer, porque él
claramente demuestra que Fernando el Católico no miraba en todas sus
empresas mas que el triunfo de su ambicion en conquistar tierras i
dominios, i de su codicia en buscar dineros para conseguir sus intentos.
Los judíos, pues, conociendo al rei, le hicieron la oferta de treinta
mil ducados, con tal que revocase él i su esposa la cédula ordenada para
su espulsion; i como estuviese ya dispuesto por el sabor del dinero á
dejarse vencer de las instancias de los hebreos, i fuese sabido este
propósito por el inquisidor Torquemada, valióse este bellaco de la
confianza que le daba la autoridad de confesor del rei, para entrar en
el aposento suyo, llevando encubierto en sus hábitos la imágen de Cristo
crucificado, la cual descubrió diciendo: _Júdas vendió una vez al Hijo
de Dios por treinta dineros de plata. Vuestras Altezas piensan venderlo
segunda vez por treinta mil. Ea, señores, aquí le teneis, venderlo._ Así
escriben este suceso Posevino en su _Aparato sacro_, i Luis de Páramo en
su _Origen de la Inquisicion_, autores antiguos i fanáticos: lo cual
prueba bien claramente cuanto se engañan aquellos autores que
corrompiendo la verdad creen que este suceso es invencion de los
estranjeros para manchar la buena fama de los Reyes Católicos, ó por
mejor decir, de Fernando V. El mismo Torquemada, orgulloso con haber
estorbado los designios de este favorables ya á los desventuradisimos
hebreos, dió un furibundo edicto en que vedaba, conminando con los mas
fuertes anatemas á los que caminasen en contrario, que ningun cristiano,
pasado el plazo señalado en la real cédula, diese alimento ni otra cosa
á los judíos que aun no se hubiesen convertido á la fe de Cristo.
Entonces dicen que los judíos españoles escribieron á los de la sinagoga
de Constantinopla pidiéndoles parecer i consejo en lo que deberian obrar
en tal lance, i que los de Constantinopla les respondieron con la
brevedad que el caso requeria, i que consentian las distancias.
He visto varias copias de estos documentos, i cada una de ellas parece
ser de distinto autor. Para que el lector se convenza de esta verdad,
voi á trasladar aquí dos de cada una.
=Carta de los judíos de España á los de Constantinopla.=
«Judíos honrados, salud i gracia: Sepades que el rei de España por
pregon público nos hace volver cristianos i nos quiere quitar las
haciendas i nos quita las vidas, i nos destruye nuestras sinagogas, i
nos hace otras vejaciones, las cuales nos tienen confusos é inciertos de
lo que debemos hacer. Por la lei de Moisen os rogamos i suplicamos
tengais por bien de hacer ayuntamiento é inviarnos con toda brevedad la
deliberacion que en ello habeis hecho.--Chamorro, príncipe de los judíos
en España.»
=La misma carta en otro estilo.=
«Como hermanos i personas de nuestra lei á quienes igualmente nuestra
desventara toca, os damos parte de lo que acá pasa, para saber vuestro
parecer é con él determinarnos á lo que hayamos de seguir; i es que el
rei de España de poco acá ha dado en hacernos grandes fuerzas é
violencias, especialmente nos profana nuestras sinagogas, mata nuestros
hijos, toma nuestras haciendas; i lo peor es que manda que dentro de
cuatro meses ó seamos cristianos, ó salgamos de sus reinos. Sobre esto
en particular nos enviad vuestro parescer en cada cosa, porque este
seguirémos: la turbacion que tenemos no nos deja determinar. El alto
Dios Adonay sea con todos.»
=Respuesta de los judíos.=
«Amados hermanos en Moysen: vuestra carta recibimos: en la cual nos
significais los trabajos é infortunios que padeceis, de los cuales nos
ha cabido tanta parte como á vosotros. El parecer de los grandes
sátrapas y rabíes es el siguiente:--A lo que decís que el rey de España
os hace volver cristianos, que lo hagais pues no podeis hacer otro. A lo
que decís que os manda quitar vuestras haciendas, haced vuestros hijos
mercaderes para que les quiten las suyas; y á lo que decís que os quitan
la vida, haced vuestros hijos médicos é apotecarios para que les quiten
las suyas; y á lo que decís que os destruyen vuestras sinagogas, haced
vuestros hijos clérigos para que les profanen y destruyan su religion y
templo. A lo que decís que os hacen otras vejaciones, procurad que
vuestros hijos entren en oficios de república para que sujetándoles os
podais vengar de ellos. Y no salgais de esta órden que os damos, porque
por esperiencia vereis que de abatidos vendreis á ser tenidos en
algo.--Usuff, principe de los judíos de Constantinopla.»
=La misma respuesta en otro estilo.=
«Recibimos vuestra carta y cuanto fué posible nos dolió é dió pena
vuestro trabajo é desasosiego; y en cuanto toca al parescer que nos
pedís, comunicado con los mas sabios rabís y hombres de buen ingenio
desta sinagoga, nos paresce que el mejor y postrer remedio con que todo
lo acabais es el baptizar los cuerpos, quedando los ánimos firmes, en lo
que se debe á nuestra ley, y con esto os podreis vengar de todos los
agravios que os han hecho; porque si os han profanado vuestras
sinagogas, haced vuestros hijos clérigos y profanareis sus iglesias; si
os han matado vuestros padres, haced vuestros hijos médicos y matareis
los padres suyos; si os han tomado vuestras haciendas tratantes sois,
tratadlos de manera que presto sean vuestras las suyas; y haciendo esto
vengareis lo hecho y por hacer.--El alto Dios Adonay sea con vosotros.»
Pero estos documentos son del todo apócrifos, i su verdadero autor fué
el cardenal Siliceo, arzobispo de Toledo, que los publicó como sacados
del archivo de aquella iglesia con propósito asi de difundir la noticia
de que muchos judíos se habian convertido en clérigos para vivir mas
seguros de la Inquisicion, como de conseguir de la corte de Roma el
estatuto de limpieza para los que tuvieren prebendas ó beneficios en
aquella diócesis. Entonces se esparcieron por España las cartas
apócrifas de las que se ha hablado en el libro 1.º de la presente
historia en contraposicion de las fingidas por el cardenal Siliceo. De
modo que esto fué una guerra hecha con papeles. El cardenal decia que
deberian desterrarse de las prebendas, beneficios i dignidades de la
Iglesia de Dios á todos cuantos vinieren de linaje de judíos, porque la
mayor parte de los que quedaron en España despues de la espulsion,
tomaron aquellos cargos que mas les convenían segun los consejos de los
rabís de Constantinopla. Los convertidos verdaderamente á la fe, decian
que deberian ellos ser admitidos en tales dignidades, puesto que sus
ascendientes contradijeron la muerte de Jesucristo, fundando su parecer
en aquella carta atribuida á la sinagoga de Toledo. Ser el cardenal
Siliceo quien mas apretaba para el estatuto de limpieza en la metrópoli
de esta ciudad, i ser la carta atribuida á los judíos que no
consintieron en la muerte del Salvador del mundo, escrita por los judíos
de la sinagoga toledana, la cual era nada menos que cabeza i primada de
las Españas, de la misma suerte que hoi lo es aquella iglesia, me hace
sospechar que todos estos documentos así de una parte como de otra son
forjados cada cual con el propósito de desvanecer los argumentos de sus
contrarios.
Los judíos, visto que no tenian mas arbitrio que cristianarse ó que
salir de España ó morir, comenzaron á vender todos sus bienes; i como
el plazo concedido para ello era tan corto (pues hasta en él habia
pensado Fernando V) tuvieron que malbaratar sus haciendas i darlas por
aquello que los cristianos les querian dar, i así, segun Bernaldez,
_daban una casa por un asno é una viña por poco paño é lienzo_.
En el mes de Julio de 1492 salieron de España por Benavente para
Braganza de Portugal, tres mil i mas personas: por Zamora para Miranda
de Portugal, treinta mil: por Ciudad-Rodrigo para el Villar de Portugal,
treinta i cinco mil: por Alcántara para Marban de Portugal, quince mil:
por Badajoz para Yelves de Portugal, diez mil: de forma que de Castilla
sola salieron para Portugal, noventa mil judíos. De la Rioja para la
Navarra, fueron dos mil i aun mas. De las Vizcayas para el puerto de
Laredo, trescientas familias, las cuales se embarcaron para Ultramar. De
las Andalucías i territorio del maestrazgo de Santiago por Cádiz, ocho
mil i mas hebreos. I en fin, así de lo demás de España. Bernaldez afirma
que por narracion de un rabino á quien él cristianó supo que pasaban de
ciento sesenta mil los judíos espulsos. Zurita aumenta el número hasta
cuatrocientos mil: i Juan de Mariana escribe que fueron ochocientos mil.
Por último, Pedro de Abarca[71] dice que solas las familias fueron
ciento sesenta mil.
Gonzalo de Illescas, hablando en su _Historia Pontifical_[72] de la
espulsion ordenada por los Reyes Católicos, dice: «Con esta santa y
rigorosa ley salieron de Castilla pasadas de veinticuatro mil familias y
casas de judíos. Vendieron todo lo que tenian; y si pasaban la mar
pagaban dos ducados al rey por cabeza. Fuéronse muchos de ellos á
Portugal, de donde después acá tambien los han echado. Otros se fueron á
Francia, Italia, Flandes y Alemania. Y aun yo conocí en Roma alguno que
habia sido vecino de Toledo. Pasáronse muy muchos á Constantinopla,
Salonique ó Tesalónica, al Cairo y á Berbería. Llevaron de acá nuestra
lengua, y todavía la guardan y usan della de buena gana, y es cierto que
en las ciudades de Salonique, Constantinopla, Alejandría y el Cairo y en
otras ciudades de contratacion, y en Venecia no compran, ni venden, ni
negocian en otra lengua sino en español. Y yo conocí en Venecia judíos
de Salonique hartos que hablaban castellano con ser bien mozos tan bien
y mejor que yo. Es grandisimo el provecho que el Gran Turco siente de
esta gente por los tributos que le pagan, y ansí dicen que Bayazetes,
que vivia cuando estos judíos se fueron á sus tierras, solia decir
(cuando le alababan á los Reyes Católicos de muy prudentes y discretos):
_Yo no sé cómo las reyes de España son tan sabios; pues tenian en su
tierra tales esclavos como estos judíos y los echaron della_.»
Cuando salieron estos desdichados de sus tierras, viendo los cristianos
que muchos de ellos caminaban mui fatigados, enfermos i convalecientes i
yendo á pie ó en malas cabalgaduras, moviéronse á lástima; i así es fama
que solian exhortarlos para que recibiesen el agua del bautismo, i
pusiesen fin á sus infelicidades presentes, i á las que estaban por
venir. Pero estos ruegos fueron sin provecho, puesto que los judíos,
ofendidos con rigorosas órdenes de los Reyes Católicos, porfiaban en
morir en su lei, persuadidos que Dios iba á obrar en favor de ellos
milagros semejantes á los de Egipto, i que la tierra que tomasen por
morada seria la de promision. Esto imaginaban todos, á escepcion de
algunos pocos que, aunque no estaban convencidos de la venida del
Mesías, se cristianaban por temor á las incomodidades del viaje, i por
el mucho amor que tenian á su patria.
Sin embargo de las prohibiciones hechas por los Reyes Católicos con
propósito de estorbar que los judíos llevasen consigo oro ó plata, ellos
sacaron grandes cantidades de uno i otro metal, burlando la vigilancia
de sus cruelisimos perseguidores, llevándolas escondidas en los aparejos
de las bestias i en las ropas interiores de las mujeres. Supo esta
noticia el Rei Católico, i con esto halló un nuevo pretesto para dar
alimento á su insaciable codicia, i así dispuso por cédula dada el 2 de
Setiembre de 1492, i firmada por él i su esposa, que se hiciese en el
arzobispado de Toledo pesquisa de aquellos judíos que faltando á lo
prevenido habian sacado de estos reinos oro, plata, moneda i cosas
vedadas, que se investigasen los bienes que habian vendido á los
cristianos, i que investigados se secuestrasen al punto. De modo que
ahora tocaba á los cristianos pagar con sus bienes los delitos que
habian cometido los judíos ausentes ya del reino. Por mui raro seria
tenido este proceder de Fernando V, si no supiéramos á donde iba
encaminado; por donde se ve que á este monarca nada debian importar los
apuros de su erario, puesto que cuando comenzaban á estrecharlo, al
momento encontraba el remedio en dictar alguna providencia para
confiscar las haciendas de sus mas ricos i poderosos vasallos.
Pero no pararon las calamidades de los infelices hebreos con la
espulsion ordenada por los Reyes Católicos. De veinticinco barcos
salidos de los puertos de Cádiz i de Santa María camino de Oran i llenos
de judíos, los diez i siete mandados por Pedro Cabron, fueron afligidos
en alta mar por la furia de una espantosisima borrasca; i para repararse
de los estragos que en las naves les habia ocasionado, hubieron de
surgir en las aguas de Cartagena. Allí echaron pie á tierra ciento i
cincuenta personas, las cuales pidieron el bautismo, i recibido tomaron
el camino de Castilla la Vieja. De Cartagena pasaron á Málaga los
bajeles, i con pretesto de pedir bastimentos para proseguir su camino,
desembarcaron 400 familias mas para cristianarse, i las demás navegaron
luego á Fez. Los judíos que pasaron á Portugal consiguieron de don Juan
II permiso de vivir en aquel reino por espacio de seis meses: el cual
les fué concedido con tal que pagasen un cruzado por persona. Allí
estuvieron hasta ver el recibimiento i acogida que habian tenido sus
hermanos los que caminaron á Fez; porque era voz i fama pública que
habian sido robados i maltratados por los piratas en el mar i por los
árabes campesinos en el Africa. Espirado el plazo de los seis meses
quedáronse mas de setecientas familias en Portugal pagando al rei el
tributo de cien cruzados cada una, i ciento mas con el de ocho cruzados
por persona. Con esto las demás familias judías determinaron pasar desde
el puerto africano de Arcilla á Fez en Marzo de 1493; pero embarcadas
algunas en naves de moros, estos en alta mar por la codicia de
apoderarse de sus haciendas mataron muchas, i á las mas se contentaron
solo con robar. Con esta nueva no se resolvieron á caminar á tierra de
moros los judíos, afligidos con el justo recelo de sufrir allí nuevos
desastres; i así formaron en los campos de Arcilla una especie de real,
en donde estuvieron varios meses sin determinarse á cosa alguna. Pero
pasados los cuales, i viendo que por todos lados no encontraban mas que
desdichas, avisaron al conde de Borba, comandante portugués del
presidio de Arcilla, que estaban en ánimo de cristianarse i de volver á
España, i que así les facilitase los medios de poner en debida ejecucion
lo que habian imaginado.
Este caballero portugués, compadecido de las infelicidades de los
hebreos, dictó providencias oportunas á satisfacer los deseos de
aquellas miserables gentes; i con su ayuda fueron viniendo á las
Andalucías hasta el año de 1496 muchas familias, cristianas unas i otras
con voluntad de cristianarse. Las demás pasaron á Fez en donde
recibieron todo linaje de insultos i robos por aquella bárbara canalla
en todo igual, menos en religion, á los bestiales jueces del Santo
Oficio. Otros judíos de los espulsos de España, arribaron en nueve
carabelas á Nápoles, i como habian contraido varias enfermedades en la
navegacion, ocasionadas por los muchos que iban dentro de tan pequeños
bajeles, infestaron al reino napolitano con tal peste, que solo en la
capital murieron á sus rigores mas de veinte mil personas.
Los judíos compararon la espulsion de los reinos de España á las
calamidades que sufrieron cuando Sion fué destruida i sus habitadores
puestos en dispersion por el mundo en los tiempos de Tito i Vespasiano.
Iguales, si no mayores, fueron las desdichas que se ejercitaron en
afligirlos cuando salieron de estos reinos, á los cuales miraban con el
mismo amor que á Palestina, puesto que la tenian desde la destruccion de
Jerusalen por nueva patria, i de esto ha nacido la aficion que aun hoi
conservan á las cosas de España, teniendo á suma honra ser descendientes
de los que moraban en ella en los tiempos de la espulsion ordenada por
los Reyes Católicos, hablando con la posible pureza en lengua
castellana, i no olvidando á la Inquisicion, á quien pintan como una
fiera cruelisima i devoradora. I es tanto el odio suyo hacia ella, que
aun en las profecías del Viejo Testamento han querido encontrar palabras
dirigidas contra sus ministros. Sirvan de muestra los versos que van
aquí copiados del _Espejo fiel de vidas que contiene los Salmos de
David_. Su autor era llamado Daniel Israel Lopez Laguna, i era judío
español, que logró escaparse de las cárceles del bárbaro tribunal
llamado del Santo Oficio.
¿Por qué, señor, te encubres á lo lejos
á nuestro ruego en horas del quebranto?
Piadosos nos alumbren tus reflejos
cuando soberbio el malo causa espanto
al pobre persiguiéndole en consejos
del _tribunal que infieles llaman Santo_.
Preso sea el malsin que tal se alaba;
pues aunque él se bendice, en mal acaba.
. . .
Acechador violento en las aldeas
cual oso hambriento embiste al inocente:
sus ojos, sin temer que tú los veas,
atalayan, cual leon de lo eminente
de su gruta, á las míseras plebeas
gentes que asalta audaz cuanto inclemente,
pues lisonjeando hipócrita, abatidos
coge en la red, rebaños de afligidos[73]
De esta suerte hablaban los hebreos del bárbaro tribunal de la
Inquisicion. I no solo en los tiempos de Laguna sino en anteriores, como
se ve en la carta que un judío oculto en España, con las apariencias de
cristiano, escribia á Antonio Henriquez Gomez, ingenio judío tambien, i
fugitivo unas veces en Amsterdan, i otras en Francia. La carta dice así:
=Carta de Danteo á Albano.=
Mi pluma, Albano, con amor escribe
lo que le dicta un cuerdo desengaño,
seguro en mí, pues la esperanza vive.
El dia con rigor se ha vuelto un año,
imaginando que tu ausencia ha sido
viviente sentimiento de mi daño.
Quedo ignorando el tiempo que he vivido
sin tu alegre i dichosa compañía,
juzgándole mi alma por perdido.
Terrible por mi mal se llamó el dia
que de la amada patria te ausentaste
por gusto de tu propia fantasía.
El norte rigoroso que tomaste
alabo con razon: del mar saliste
y en él con justa causa me dejaste.
Cuerdo en huir de la tormenta fuiste:
celebro tu prudencia generosa;
pues con ella los daños redimiste.
Despues de tu partida venturosa
el mar se alborotó de tal manera
que aun dura su borrasca lastimosa.
Ya no es la patria, no, segura esfera,
es un errante piélago furioso,
sin viento brama, y sin razon se altera.
Es un bajío eterno y peligroso:
ya murió la amistad, ya no hay amigo:
derribó el interés el mas famoso.
_Cada palabra alcanza un enemigo,
todos buscan aleves ocasiones,
y no hay conversacion sin un testigo.
Andan tiranizadas ambiciones,
y son de tal manera conquistadas
que se alcanzan con ellas bendiciones.
Todas son Troyas, pero no abrasadas:
todos son laberintos de codicia,
donde se pierden almas depravadas._
Las palabras se ostentan de malicia:
no cumplirá ninguno la que diere,
aunque sepa chocar con la justicia.
El que dice verdad, de honrado muere:
quien no la dice es noble caballero,
y de su vida su nobleza infiere.
Llaman sagaz y sabio al que es fullero,
y se tiene por gran sabiduría
lo falso introducir por verdadero.
_Hay agora una grave compañía
de unos tahures de mayor esfera
con su mucho de fina hipocresía._
Juegan galanamente á la primera,
embidando de falso á los señores
con mas flores que da la primavera.
_Son diablos encarnados y traidores_,
devotos de la madre Vericinta,
no siendo, no, romanos senadores.
_Con dos renglones de secreta tinta
hacen mas mal que la langosta fiera:
hidra que tala cuanto el Mayo pinta.
Son ya ministros de mayor esfera,
y pretenden con brazo poderoso
violar la paz que la razon venera.
Andan á paso lento y perezoso,
y quieren adquirir á costa ajena
del santo honor el trono misterioso.
La enemiga cruel que te dió pena
Medea de tus años se ha trocado,
siendo del Tajo superior sirena.
Amigo, si por otro te ha dejado
no te admires, que á muchos ha querido
por roballes los bienes que han ganado._
Estima este rigor, ama este olvido,
que yo por lo importante del secreto
te guardo lo mejor para el oido.
Si es accion del prudente y del discreto
hablar de Vénus bien, en esta parte,
perdóneme lo noble del concepto.
_De estos fulleros con industria y arte
se alimenta cruel y vengativa,
y tus bienes carisimos reparte._
Quien en sus manos da, quiere que viva
á las leyes sujeto de fortuna.
(Amor me dice que hable, no que escriba.)
_Alimentada fué desde la cuna
de tiranías esta noble dama,
y no hay seguridad en ella alguna._
Dichoso tú que en brazos de la fama
volaste hasta los rayos del Oriente,
huyendo del incendio de esta llama.
Dísteme ejemplo para ser prudente;
pues seguirte los pasos determino,
sepultando esta luz en Occidente.
Impulso milagroso y peregrino,
te sacó de este encanto rigoroso
que tampoco se adorna de divino.
Yo envidio tu quietud y tu reposo;
que en la estranjera patria siempre ha sido
el ingenio premiado y venturoso.
El siglo se entorpece y va perdido:
no seré yo el primero que ha dejado
por su amigo su patria, casa y nido.
Otro poeta judío hablando de la Inquisicion decia:
Su hidrópica delicia es insaciable,
y es y será y ha sido esta homicida
tan libre como fué siempre mudable.
Es leona de Albania conocida,
corsaria, sí, de todo peregrino,
y del mundo en el alma aborrecida.
A todos prende y roba de camino,
Argos sus ojos son de todo cuanto
alumbra ese planeta mas divino.
De esta suerte i tan recatadamente escribieron los judíos ocultos en
España á los que estaban en los reinos estraños, dándoles cuenta de las
persecuciones i demás castigos que esperimentaban de parte del tribunal
del Santo Oficio, á quien aborrecian de muerte, así por sus tiranías
presentes, como por haber sido quien mas trabajó para que los hebreos
saliesen espulsos de España, no obstante la opinion de aquellos que
imaginan que los Reyes Católicos no fueron guiados por la codicia al
dictar semejante providencia sino por el santo celo de conseguir en
España la unidad religiosa.
Cuán engañados van todos los que tal cosa aseguran! Fernando V jamás
pensó en la unidad religiosa de la monarquía española. Aunque su odio
estuvo muchas veces á punto de desencadenarse contra la corte de Roma,
siguió encerrado en las cárceles del pecho por espacio de muchos años.
Pero al fin vino á hacerse público en ocasion de haber llevado un
_cursor_[74] apostólico al reino de Nápoles varias escomuniones, todas
en ofensa de las preeminencias de su corona. Entonces escribió al conde
de Ribagorza su virey, lugarteniente y capitan general, aquella
famosisima carta, que ha visto ya la luz pública en diferentes tiempos.
Entre las destempladas razones que en ella se leen contra el Pontífice
Julio II, autor de semejante desmanes, están las siguientes: «De todo lo
cual habemos recibido grande alteracion, enojo é sentimiento; é estamos
muy maravillados de vos é mal contentos, viendo de cuanta importancia é
perjuicio nuestro é de nuestras preeminencias é dignidad real era el
auto que fizo el cursor apostólico, mayormente siendo auto de fecho é
contra derecho é non visto facer en nuestra memoria á ningun rey, ni
visorey de nuestros reinos. _¿Por qué vos no ficisteis de fecho nuestra
voluntad en ahorcar al cursor que os lo presentó?_ Que claro está que no
solamente en ese reino, si el Papa sabe que en España i Francia le han
de consentir semejante auto que ese lo fará por acrecentar su
jurisdiccion. Mas los buenos visoreyes los atajan é remedian, é con un
castigo que fagan en semejante caso, nunca mas se osan facer otros.»
I en otro lugar del mismo documento dice estas importantisimas palabras,
que demuestran sus intentos de hacerse cismático: «Nos escribimos en
este caso á Gerónimo de Vichi, nuestro embajador en la corte de Roma, lo
que vereis por las copias que van con la presente; _y estamos muy
determinados, si su Santidad no revoca el breve é los autos por virtud
de él fechos, de le quitar la obediencia de los reinos de Castilla y
Leon_, é facer otras cosas é provisiones convenientes á caso tan grave y
de tanta importancia.»
Por donde se ve que Fernando V jamás pensó en unidades religiosas,
porque si pensara en ellas ¿cómo estaba tan determinado á quitar la
obediencia al Papa, i á hacer cismático su reino? I adviértase que si no
dió en este asunto cumplida satisfaccion á sus deseos, no fué por falta
de voluntad, sino temeroso de las mismas armas que él estaba usando
contra el rei de Navarra para quitarle con permiso de la corte
pontificia sus reinos i señoríos que entonces eran cismáticos.
Por otra parte los Reyes Católicos no obraron con justicia al ordenar la
espulsion de los judíos, como ya hemos demostrado, ni dejaron bien
puesto el honor del Evangelio, i en vez de hacer un verdadero servicio á
la nacion española, le hicieron multitud de daños que aun hoi
esperimentamos.
Con su intolerancia religiosa, abrieron la puerta á las persecuciones
contra aquellos hombres que sabian la lengua hebrea, ó cualquiera de las
orientales; porque no veian en ellos mas que judíos; i con esto
desterraron de España el estudio de ellas con grave daño de la cultura i
saber de sus vasallos.
El primer restaurador de la literatura española, después del
renacimiento de las ciencias i artes en Europa, fué el primer sabio que
padeció bajo el poder de la Inquisicion. En los comentarios de la
dedicatoria que en el año de 1495 puso Antonio de Lebrija en su
Gramática latina dirigida á la Reina Católica doña Isabel, declaró como
era su ánimo en acabando de escribir, lo que tenia imaginado sobre las
antigüedades de España, dedicar lo restante de su vida al estudio de las
sagradas letras.
Cuándo dió comienzo Lebrija á este tan útil trabajo, es inaveriguable;
sin embargo por conjeturas mas ó menos verosímiles, se infiere que hubo
de ser por los años de 1497 ó por los de 1498 á más tardar. No solo leia
las divinas Escrituras sino que con la mayor diligencia escudriñaba
todas sus cláusulas i aun todas sus palabras, cotejando con los
originales hebreo i griego la Vulgata latina impresa en su tiempo, i con
varios MSS. de ella; i consultando además algunos Padres de la Iglesia i
comentadores antiguos de la Biblia; i cuando de su trabajo resultaba
hallar una errata de mano del escribiente ó falla de exactitud en la
traduccion latina, proponia el modo i forma con que deberia ser leido
aquel pasaje. Fuera de esto, cuando veia alguna voz de recóndita
significacion, solia registrar los diccionarios é intérpretes de la
Escritura, para saber que esposicion le daban; i si conocia que no
habian penetrado su valor i sentido, cuidaba de manifestarlo con graves
razones i autoridades.
Luego que se divulgó la noticia de esta tan provechosa tarea,
alborotáronse los fanáticos, é irritáronse muchos doctores preciados de
su sabiduría: los cuales imaginaban que la Vulgata no admitia correccion
i que por una especie de milagro se habia conservado i conservaba en su
integridad primitiva, i así se llenaron de escándalo i horror al
escuchar que habia persona que daba por asentado hallarse en el testo
latino corriente algunos lugares que pedian enmienda.
Con esto se escoció su amor propio hasta el punto de no poder llevar con
paciencia que _un puro maestro de latinidad_ (como ellos llamaban á
Lebrija) _título de ningun precio ni autoridad_, se hubiese determinado
á poner las manos en los sagrados libros; _porque aun admitida_ (decian)
_la necesidad que no hay de castigar algun pasaje de la Vulgata, esto
seria un negocio privativo de los maestros en Teología, i no de
cualesquiera maestros de esta divina ciencia, sino de aquellos que
recibieran autoridad i consentimiento de un Sumo Pontífice, ó de un
general Concilio_.
Furiosa esta turba de presuntuosos teólogos, como si se hubiera
maquinado echar por tierra i arrancar hasta sus fundamentos, el alcázar
de la Fe Católica, discurria por todas partes bramando de coraje contra
el laborioso Antonio de Lebrija i llamándole _temerario i sacrílego_.
Tanto hablaron contra este sabio varon, que llegaron las nuevas de tal
hecho á los oidos de don frai Diego de Deza, obispo á la sazón de
Palencia, uno de los mayores monstruos de crueldad que para deshonra de
España i oprobio del género humano fuéron inquisidores generales hombre,
i en fin que aborrecia tan de muerte los testos hebreo i griego de la
sagrada Escritura, que tenia propósito de no dejar en la Península el
menor vestigio de ellos; i así con la misma bestialidad con que cuando
denunciaban á alguno por judaizante solia decir: «_Dámele judío, i
dártele-he quemado_[75]», no cesaba de perseguir las Biblias hebrea i
griega andando en busca de ellas por los mas escondidos rincones siempre
con las teas encendidas en las manos para reducir sus ejemplares á
cenizas[76].
Irritado Deza con el loable trabajo de Lebrija pareció ante los Reyes
Católicos i les pidió una órden para proceder contra este esclarecido
varon, no atreviéndose á perseguirlo desde luego, porque sabia el mucho
amor que la reina tenia á sus estudios i letras.
Con esto Deza arrebató á Lebrija todos los MSS. que contenian
observaciones sobre la sagrada Escritura i dió con ellos en el fuego,
dejando defraudada á la posteridad del fruto que hubiera podido
conseguir de aquellos trabajos bíblicos.
Afligido Lebrija con esta accion del inquisidor Deza i temeroso de caer
en desgracia de los Reyes Católicos, dirigió al arzobispo de Toledo don
frai Francisco Ximenez de Cisneros una breve i elocuentisima Apología
contra las acusaciones de sus enemigos, en la cual sin acertar á
contenerse prorrumpió en estas voces de dolor é indignacion: «¿Qué es
esto? ¿Dónde estamos? ¿Qué tiránica dominacion es esta que tanto oprime
los ingenios? ¿No basta, no, que yo cautive mi entendimiento en
obsequio de la fe, sino que en materias en que se puede hablar sin
ofensa de la piedad cristiana no me es permitido publicar lo que estoi
viendo por mis mismos ojos mas claro que la luz de mediodia? ¿Qué digo
yo publicar; pero ni aun pensarlo, cuanto mas escribirlo á puerta
cerrada i por mí solo? ¡Terrible cosa es quererme obligar á que yo mismo
crea que ignoro lo que me consta con la mayor evidencia i por razones
demostrativas, no por conjeturas ó argumentos probables! ¡No puede
llegar á mas la esclavitud![77]»
No acabaron con la muerte de los perseguidores de Lebrija las falsas
máximas sobre la exactititud é incorrupcion de la Vulgata, sino que para
mal i daño de los estudios de Teología i de algunos maestros en esta
facultad se fueron sucediendo en ellas como en un patrimonio perpetuo de
familia unos teólogos á otros: de donde nació que estas opiniones
adquiriesen gran número de secuaces despues que por el Concilio
Tridentino fué declarada auténtica la Vulgata.
Es verdad que los padres de Trento pronunciaron acerca del uso i
autoridad de los testos hebreo i griego, que su mente i voluntad fué
solo decretar que en atencion al respeto con que desde los primeros
siglos de la Iglesia estaba recibida la Vulgata, i á que en ella no
habia cosa opuesta á los dogmas de la religion ni á las buenas
costumbres, de allí en lo sucesivo los espositores de la sagrada
Escritura en sus comentarios, glosas ó escolios, los maestros en sus
lecciones i disputas, i los predicadores en sus pláticas ó sermones, se
sirviesen de la Vulgata, con absoluta esclusion de las otras versiones
latinas. Tambien es verdad que algunos doctores que se hallaron
presentes en el Concilio al tiempo de formarse el decreto, i
señaladamente el jesuita Alonso Salmeron i el franciscano Andrés de
Vega[78], no retardaron el asegurar en libros impresos que el propósito
de los padres conciliares habia sido el mismo que va aquí declarado.
¿Pero todo esto de qué sirvió? Tan graves i públicos testimonios fueron
ó ignorados ó desatendidos.
El vulgo de los teólogos obcecados con la palabra _auténtica_ de que se
valió el Concilio, dió al decreto una torcida inteligencia, i se empeñó
reciamente en que se habia de venerar la Vulgata como si hubiera bajado
del cielo, ó como si el Espíritu Santo hubiera llevado la mano al
traductor, i esta gente al cabo logró salir con su intento, haciendo
poco menos que comun su manera de pensar.
Mas no paró en esto el mal, sino que en los códigos de los calificadores
de la Inquisicion se asentó, casi como un punto del dogma, el culto de
la Vulgata en los términos arriba esplicados: de donde resultó que en
sus tribunales fuesen tratados como reos de fe algunos varones doctos i
pios por haber mostrado inclinacion i deferencia á los testos originales
de los libros santos.
Tal fué _Alfonso de Zamora_, primer catedrático de hebreo en la
universidad de Alcalá i uno de los que mas trabajaron en la edicion de
la Biblia Complutense: el cual, muerto su valedor Cisneros, quedó
despojado del fruto de sus sudores i trabajos por las maquinaciones de
dos hombres perversos, escudados con la autoridad de uno de los
bestiales inquisidores.
Tal fué el agustiniano _frai Luis de Leon_, catedrático en la
universidad de Salamanca, que pasó cerca de cinco años en la Inquisicion
de Valladolid llorando amargamente la estrechez i horrible oscuridad del
calabozo en que yacia, i quejándose de sus perseguidores en aquellos
sabidos versos:
Aquí la envidia i mentira
me tuvieron encerrado:
¡dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado!
Y con pobre mesa i casa
en el campo deleitoso
á solas su vida pasa:
con solo Dios se compasa
ni envidiado ni envidioso.
Asi se lamentaba del mortal odio i demasiado poder de sus calumniadores:
de la seguridad i ventaja con que estos le hacían guerra: del olvido de
algunos de sus amigos: de la vana é impotente compasion de otros, i de
las interrupciones i dudoso éxito del proceso.
Tal fué el célebre maestro _frai Alonso Gudiel_, religioso tambien
agustiniano i gran predicador que pereció dentro de las cárceles del
tribunal del Santo Oficio, i cuyo cadáver fué estraido de alli i
entregado á los frailes de su órden para que le diesen sepultura; pero
no la paz i perpetuo descanso que se suele dar á los difuntos, porque
todavía se continuaba su causa i en tanto sus huesos corrian peligro de
ser inquietados.
Tal el doctor _Martin Martinez de Cantalapiedra_, catedrático de lengua
santa en las escuelas de Salamanca, al que igualmente alcanzaron las
cadenas de la Inquisicion de Valladolid, de cuyos tenebrosos encierros,
despues de mui trabajada su paciencia, salió por fin á la luz de la
libertad; pero manchada la frente por la negra tinta que se mandó
derramar sobre algunos lugares de sus obras impresas.
Tal _Gaspar de Grajar_, abad de Santiago de Peñalba en la iglesia
catedral de Astorga, que fué probado en el fuego del mismo crisol,
acabando sus dias en las prisiones con el desconsuelo de no ver
declarada la pureza i sanidad de su doctrina, porque esto no se ejecutó
hasta despues que él pasó á mejor vida.
Tal por último _Benedicto Arias Montano_, religioso proféso de la órden
de Santiago en el real convento de San Marcos de Leon, gran teólogo, de
que dan claro testimonio sus muchas i preciosas obras impresas, i uno de
los maestros mas célebres que asistieron al Concilio de Trento. Sabido
es que fué el encargado principal de dirigir la Biblia llamada _Régia_
por ser empresa de rei, _Filipina_ porque se hizo á espensas de Felipe
II, _Antuerpiense_ porque se dió á la estampa en Antuerpia ó Amberes,
_Plantiniana_ por haberse impreso en la oficina de Plantino, _Poliglota_
porque está en muchas lenguas, i de _Montano_ porque este famoso doctor
tuvo á su cargo, como es dicho, la direccion de la obra, aunque le
ayudaron en sus trabajos las universidades de Paris, Lovaina y Alcalá de
Henares.
No pudiendo tolerar Leon de Castro, catedrático de hebreo en la de
Salamanca, hombre envidiosisimo, que Felipe II hubiese dado á un doctor
de Alcalá el cargo de dirigir la edicion de la Biblia, comenzó á clamar
contra ella, poniéndole tachas, y aun diciendo que Arias Montano habia
seguido en los pasajes mas importantes la leccion errada que solian
darles los judíos; i que esto era en ofensa de la religion de Cristo.
Con esto alborotáronse los inquisidores; i asi dispusieron los de
Toledo, con acuerdo i consentimiento del cardenal don Gaspar de Quiroga,
que fuese reconocida i calificada; i así en efecto se practicó,
atropellando por los respetos debidos á los muchos sabios i altos
personajes que tuvieron parte en la publicacion de esta Biblia, i sin
parar la atencion en las consultas que precedieron, i en las
providencias que se tomaron para mas acertar en la empresa[79].
Los teólogos de la Universidad de Alcalá habian señalado el modo de
hacer esta edicion de la Biblia con asistencia de Arias Montano, i por
encargo del consejo supremo de la Inquisicion al que Felipe II munífico
protector de la empresa habia cometido el negocio. El mismo rei dió á
Montano las instrucciones para la ejecucion, ajustadas á lo determinado
por los teólogos complutenses. Muchos doctores eminentes de la
universidad de Lovaina i de otras partes auxiliaron con sus esquisitas
noticias i con MSS. apreciables la erudicion de Arias Montano. Todo se
reconocia con la mayor minuciosidad, segun iba saliendo de la imprenta;
i para sello i salvaguardia de tan importantes i santos trabajos, el
mismo pontífice Gregorio XIII espidió un breve de aprobacion que se
estampó al frente de la obra.
De nada de esto se hizo caso, porque toda la atencion de los
inquisidores se habian llevado los clamores de Leon de Castro, frenético
insolente en quien se vió renacida la persona de Rufino el adversario de
San Gerónimo: pues á ejemplo suyo decia que el testo hebraico estaba
corrompido por los rabinos, i que por consiguiente, cuantos con él
promovian la autoridad del original hebreo eran unos verdaderos
judaizantes, i conjurados enemigos de la Iglesia. I tanto se llegó á
pervertir la opinion por los malos teólogos, que el padre José Sigüenza
en su elocuentisima vida de San Gerónimo (lib. 5.º, discurso 2.º) dijo:
_En viendo que saben dos letras de la lengua hebrea, sospechan de ellos
que son judíos; pensamiento de gente ignorante_.
No fué poco triunfo para Arias Montano que se hubiese dejado correr sin
notas ni censuras la nueva poliglota; i atendidos los usos i estilos de
la Inquisicion deberia mirarse como un raro portento que no hubiese
comenzado esta causa por prender i encarcelar al insigne doctor que
dirigió la obra, si no supiésemos que como en la poliglota se habian
gastado tan grandes caudales, i su magnificencia i belleza la habian
hecho famosisima en Europa; i como por otra parte llevaba el nombre del
rei que habia mandado publicarla á sus espensas, Felipe II por su
conveniencia i propia reputacion estaba precisado á no consentir en que
fuese declarada la obra por mala, porque esto resultaria en menoscabo de
su buen nombre; i así dispuso que la Biblia pasase á censura del padre
Mariana, quien la dió favorable á Montano, no obstante que los jesuitas
sus compañeros porfiaban en que le fuese adversa, ofendidos con lo mucho
i mal que hablaba i escribia contra ellos el célebre Benito Arias
Montano; de que dan testimonio los documentos rarisimos que publico por
apéndice á esta historia para desengaño de los fanáticos que no creen en
el artificio i maldad de los jesuitas.
Los teólogos españoles que no pertenecian á la noble clase de los
presos, observado el miserable estado de opresion i afrenta en que estos
se hallaban, creyéronse amenazados del mismo azote; con lo que todos al
punto cayeron de ánimo; i poseidos del terror, parte se condenaron á
guardar eterno silencio en cuanto á la Vulgata i testos originales de
la Escritura, ó procuraron esplicarse con sobrada templanza, hija mas
bien del miedo que de un corazon ingénuo[80], i parte, huyendo del bando
de la verdad, se pasaron al bando de la multitud; porque èntre ella
solamente se prometian respirar sin contradiccion ni sobresaltos. Desde
entonces los libros santos se hubieron de abandonar á manos ineptas, i
las escuelas de la Península en las edades siguientes vieron enredados á
sus teólogos en cuestiones insustanciales i espinosas[81], i enteramente
desiertas las aulas de lenguas orientales. Estos son los preciosos
frutos que cogió España del indigno modo de proceder que se tuvo con
personas tan señaladas. Estos los frutos que dejaron sembrados los Reyes
Católicos con la destruccion de las Biblias hebreas; i con las
persecuciones hechas á hombres doctisimos por solo preferir á la Vulgata
los testos originales.
Pero si este daño recibieron las letras en España por la intolerancia
religiosa de los Reyes Católicos, i por su injusto proceder contra los
judíos, no padeció menos el comercio, i detrás de él todo el reino, con
su espulsion i con la venida de los genoveses i otros estranjeros á
establecer sus casas para tratar i contratar: las cuales por lo comun
eran dependientes de las que estaban en las mas principales ciudades
mercantiles de Italia i otras partes: de donde vinieron á resultar
gravisimos daños.
Todo el comercio se encontraba en manos de estranjeros, de suerte que
mientras ellos se enriquecian, España se iba enflaqueciendo i
debilitando en gran manera. Los españoles ni eran mercaderes ni
fabricantes: i asi de nada aprovechaban las inmensas sumas de plata i
oro que traian de América para el reparo de España; porque no servian de
otra cosa que para aumentar la ríqueza de los reinos estraños.
Mucho se ha hablado contra los economistas españoles de los siglos XVI i
XVII porque pedian que cesase la libertad de comercio. Pero entonces
iban ellos por el camino de la verdad i de la justicia. ¿Qué remedio
mejor para comenzar el desarraigamiento de los daños que padecia una
nacion en donde ninguno de sus naturales era mercader ni fabricante?
En el siglo XVII luego que Felipe III despachó una cédula con el
propósito de estorbar los tratos de sus vasallos con los del rei de
Inglaterra su enemigo, renovando la que hizo Felipe II cuando dió
principio á la guerra con su competidora Isabel, comenzaron algunos
hombres eruditos i amantes de la prosperidad de España á pensar en el
remedio de los males que entonces padecia, así por la falta de dinero
como por la despoblacion de muchas de sus mejores ciudades. I así yendo
de uno en otro argumento, fueron á parar en que la mayor parte de
semejantes daños era ocasionada especialmente por la introduccion en
estos reinos de los frutos i de las mercaderías labradas en los
estraños.
Don Mateo de Lison i Biedma, señor del lugar de Algarinejo,
veinticuatro de la ciudad de Granada, i su procurador de Córtes en las
que se celebraron el año de 1621, entre los discursos i apuntamientos
que dió á la estampa, puso uno en que habló sobre la entrada en España
de las mercaderías de los estranjeros. De él son tomadas las siguientes
palabras: «De la entrada en estos reinos de mercaderías fabricadas en
los estraños, se siguen muchos daños, porque se llevan la moneda de
plata i oro con los precios que dan por ellas, enriqueciéndose i
haciéndose poderosos, i van enflaqueciendo las rentas de V. M. i
empobreciendo los caudales de los vasallos, i quitándoles las artes i
ejercicios i oficios en que ganaba el sustento, i los de allá se van
acrecentando. I pues Dios ha hecho á V. M. tan gran señor, i tiene en
sus reinos i señoríos, minas, tesoros, i todas las cosas necesarias para
la conservacion i sustento de la vida humana, así de frutos de la
tierra, como de bienes adquiridos con trazas i artes sin dependencia
forzosa de otro reino estraño, _mande que esto se remedie, prohibiendo
la entrada en estos reinos de mercaderías labradas i fabricadas en los
estraños por los medios i modos mas suaves que se puedan_. Y sucederá lo
que en el navío que no teniendo comunicacion de otro, si tratan ó juegan
los que van dentro, se queda el dinero i riqueza dentro de él, entre
ellos mismos, i andan de unos en otro.»
Antes que Lison de Biedma pidiese en las Córtes al rei Felipe IV la veda
de las mercaderías estrañas, el doctor Sancho de Moncada habia querido
demostrar en su _Restauracion política de los pueblos de España_, que su
remedio estribaba tan solo en que los españoles fuesen los únicos que se
ejercitasen en las artes i oficios: en que no se sacasen de estos reinos
materiales para con ellos fabricar mercaderías; i en que se prohibiese
la introduccion de aquellas que hubiesen sido labradas por los
estranjeros.
Tambien en iguales razones habla sobre el mismo asunto el licenciado
Pedro Fernandez Navarrete en sus _Discursos Políticos_[82].
Gerónimo de Ceballos en su _Arte real para el buen gobierno de los reyes
i príncipes_[83] decia: «No puede haber abundancia ni riquezas si faltan
los vasallos i los materiales en que se han de ocupar: lo cual se
remediaria, si se mandase que de fuera de estos reinos no entrase paño,
ni sedas fabricadas, ó por lo menos que sean de peso i lei, guardando en
su labor las ordenanzas de España; porque no es justo que los naturales
de estos reinos tengan lei i ordenanza, i denunciador i castigo contra
sí, i los estranjeros vivan con libertad, _metiendo sus mercaderías
falsas i sacándonos con ellas el dinero; que, si sacaran otras
mercaderias en su lugar fabricadas en España se podria tolerar_.»
De esta suerte hablaba Ceballos contra el comercio que ejercian
únicamente los estranjeros en España. Frai Gerónimo Bolívar, Francisco
Martinez de la Mata, Cristóbal Perez de Herrer, Luis de Castilla, Damian
de Olivares, Miguel Caja de Leruela i otros escribieron tambien en
iguales ó semejantes términos en la materia.
Pero aunque los fundamentos en que sustentaban su opinion estos
economistas sonarian bien en los oidos de personas que estaban reducidas
á pobreza, i deseosas por tanto de conseguir la mudanza de su estado i
de conocer los medios suficientes para ello, no fueron tenidos entonces
por ajustados á la razon, ni por obras de la verdad, sino nacidos de un
amor á la patria encaminado por la torcida senda de los errores.
Diganlo si nó aquellos economistas que se oponian á las restricciones de
la libertad de comercio cuando eran únicamente por el tiempo en que
duraban las guerras; i eso no con todas las naciones, sino con sola
aquella en cuya ofensa se ejercitaban las armas españolas. Díganlo
tambien los tratados de paces en que se concertaba que fuese libre el
comercio entre los vasallos de uno i otro reino.
La mayor parte de los economistas veian el remedio de España en la
cesacion de la libertad de traficar con los estranjeros. Estos eran los
únicos ó los mas principales que comerciaban en aquella edad por estos
reinos: ellos los que ponian grandisimos precios á las mercaderías que
hacian venir de otras naciones; pues como los españoles ignoraban el
valor que ellas tenian al sacarse de las fábricas pagaban todo cuanto
les pedian.
España estaba entregada enteramente á la codicia de los estranjeros, i
ellos en las mercaderías eran quienes ponian á su albedrío la lei. Las
pocas fábricas que habia en España se hallaban oprimidas con el peso de
muchos i mui grandes tributos: de donde se viene á inferir que estos
eran la causa de que las telas fabricadas en estos reinos no pudiesen
competir en lo pequeño del precio con las que se introducian de los
estraños. De aquí nació que los compradores buscasen las mercaderías que
juntaban á su escelencia lo menos costoso de sus precios: i de aquí
nació, en fin, que las fábricas españolas ni rindiesen ganancia de
ningún género á sus dueños, ni les aumentasen sus haciendas: antes se
las consumiesen vanamente i sin provecho.
Tales fueron los frutos que cogió España de la espulsion de los judíos,
i venida i asiento de los comerciantes estranjeros en la Península. ¿De
qué nos servian las riquezas del Nuevo Mundo, si mientras por una parte
las conquistábamos, por otra no haciamos mas que servirles de puente
para pasar á los reinos estraños? Un siglo despues de establecidas en
España las casas de comercio genovesas, no habia ojos bastantes á llorar
los máles venidos por el mal gobierno i la inadvertencia de nuestros
reyes, ni manos con que reparar la ruina de la Península. ¿Qué
aprovechaba á España la grandeza esterior de ser señora de tanto mundo,
si para sustentarla estaba ella pobrisima i miserable, i todos sus
naturales abatidos? Las guerras en Italia comenzadas por el Rei Católico
¿cuántos desastres no trajeron sobre estos reinos tan infelices? ¿Pero
qué se podia esperar de un monarca que no miraba jamás por el bien de
sus vasallos, sino solo por el aumento de su poder i grandeza? Los
españoles orgullosos con las victorias alcanzadas en todo el siglo XVI
no advirtieron los males que comenzaban á fatigar estos reinos, ni quién
era el único causador. Ya en el XVII habian arreciado de tal manera que
fué preciso buscar el remedio, si no se queria ver hundida para siempre
en la mayor miseria la península hispánica. Pero ya todo era en vano.
Las letras i el comercio estaban por el suelo, i las armas sin vigor i
entereza para resistir todas las calamidades que habian comenzado á
llover sobre ellas. I así cuantas tierras i señoríos en cuya vana
conservacion se habia gastado tanta sangre, tantas vidas i tantas sumas
de oro i plata, bastantes á hacer á una nacion la mas rica i poderosa,
se perdieron miserablemente[84].
Otro de los males ocasionados á España por la política de Fernando V,
fué la guerra con los moriscos, los cuales continuamente se rebelaban
no pudiendo tolerar por mas tiempo la opresion i vileza en que vivian.
Este rei para apoderarse de Granada concedió á los moros los capítulos
que ellos pidieron para verificar la entrega. Los principales fueron:
«Que sus Altezas y sus sucesores para siempre jamás dejarán vivir al rey
Abí Abdilehí y á sus alcaldes, cadis, mestis, alguaciles, caudillos y
hombres buenos y á todo el comun, chicos y grandes en su ley, y no les
consentirán quitar sus mezquitas, ni sus torres, ni los almuedanes, ni
les tocarán en los habices y rentas que tienen para ellas, ni les
perturbarán los usos y costumbres en que están.»
«Que ningun moro ni mora serán apremiados á ser cristianos contra su
voluntad; y que si alguna doncella, ó casada, ó viuda, por razon de
algunos amores se quisiere tornar cristiana, tampoco será recibida hasta
ser interrogada.»
«Que no se permitirá que ninguna persona maltrate de obra ni de palabra
á los cristianos y cristianas que antes de estas capitulaciones se
obieren vuelto moros; y que si algun moro tuviere alguna renegada por
mujer, no será apremiada á ser cristiana contra su voluntad, sino que
será interrogada en presencia de cristianos y de moros y se seguirá su
voluntad; y lo mismo se entenderá con los niños y niñas nacidos de
cristiana y moro.»
Por último, las palabras con que los reyes prometieron guardar todo lo
contenido en la capitulacion, son estas:
«Os prometemos y juramos por nuestra fe y palabra Real que podrá cada
uno de vosotros salir á labrar sus heredades, y andar por dó quisiere en
nuestros reinos á buscar su pró donde le hubiere, y os mandarémos dejar
en vuestra ley y costumbres, y con vuestras mezquitas como agora
estais[85].»
Pero Fernando el Católico no cumplió su promesa faltando á la palabra
Real, i á lo que se debia como principe cristiano i como caballero. Una
de las primeras diligencias de la clerecía fué querer que en los
entendimientos de los moros entrase la verdad de la Fe Católica por
medio de las predicaciones. Pero como á esto no se seguían los rápidos
efectos que se deseaba, discurrió el cardenal Cisneros el arbitrio de
inquirir quiénes eran los moros que eran renegados ó los hijos de
renegados, para obligarlos á entrar en la religion cristiana,
sirviéndose para ello de la violencia. I hase de advertir aquí que
semejante providencia era contraria á aquel artículo de la capitulacion
en que se decia: «_Que no se permitirá que ninguna persona maltrate de
obra ni de palabra á los cristianos ó cristianas que antes de estas
capitulaciones se hubieren vuelto moros, y que si algun moro tuviere
alguna renegada por mujer no será apremiada á ser cristiana contra su
voluntad, sino que será interrogada en presencia de cristianos y moros,
y se seguirá su voluntad; y lo mismo se entenderá con los niños y niñas
nacidos de cristiana y moro._»
De esta suerte sabia desempeñar el Rei Católico su palabra: de este modo
miraba por el honor del Evangelio. ¿Qué no podrian decirle los moros en
punto á guardar las capitulaciones, i la fe de los juramentos? Los que
conquistaron á España, dejaban vivir en su lei i con sus templos á los
cristianos que se quedaban á morar entre ellos, de donde vino el
llamarles mozárabes. Pero los cristianos no atendiendo á que de faltar á
las promesas juradas, no podria resultar otra cosa mas que el descrédito
de la doctrina evangélica, aceptaban en los capítulos de paces la
condicion de conservar á los mahometanos en su religion, sin oprimirlos
ni vejarlos, i luego les quitaban los templos i los obligaban á
cristianarse con las duras leyes de la fuerza. Si de Mahoma se dice por
vituperio aunque falsamente que predicaba su doctrina con el Corán en
una mano i la espada en la otra, ¿qué no podrian decir contra los
cristianos unos hombres que se veian oprimidos con castigos, i llevados
violentamente á otra religion?[86] Los Reyes Católicos con su modo de
proceder contra los judios i los moros, no hicieron mas que obrar
faltando á la razón i á la justicia encendiendo el odio á la fe de
Cristo en la mayor parte del mundo, abriendo la puerta á la destruccion
del estudio de las lenguas orientales con grave daño de todas las
ciencias[87], como se vió andando el tiempo en el siglo XVII,
quitándonos comerciantes españoles para traernos genoveses, cuya codicia
no hacia mas que consumirnos todo el oro i aun mas que venia de las
Indias; i por último, dejando empeñada una guerra civil con tantas
opresiones, i despoblado el reino con la espulsion de los judios i de
aquellos moros que no quisieron entrar en la fe de Cristo.
RESUMEN del libro cuarto.
Varia suerte de los judíos en Portugal.--Comienzan allí á ser
oprimidos.--Los cristianos nuevos de Portugal alcanzan perdon del crímen
de heregia i apostasía.--Poetas judíos. Antonio Henriquez Gomez. Juan
Pinto Delgado. Diego Beltran Hidalgo. Miguel de Barrios. Miguel
Silveira. Daniel Lopez Laguna.--Otros escritores judios.--Inutilidad del
Santo Oficio de la Inquisicion para desarraigar el judaismo en
España.--Personas notables que murieron quemadas por judaizantes.--Noticia
de algunos autos de fe contra judíos hasta el año de 1800.--Estincion del
tribunal.--Estincion de los judíos en España.