LIBRO CUARTO.

Los judíos, admitidos en Portugal, no fueron menos infelices que los

demás espulsos de España. El rei don Juan II al conceder á don Alvaro de

Camiña el señorío de la isla de Santo Tomé, año de 1493, le impuso la

obligacion de poblarla, i para ello ordenó que todos los judíos fuesen

despojados de sus hijos é hijas de pocos años, los cuales despues de

recibir el agua del bautismo fueron entregados á don Alvaro para poblar

la isla de Santo Tomé.

El rei don Manuel dispuso tambien en 1496 que salieran de Portugal todos

los hebreos que en este reino moraban, pero dejando en él á sus hijos

menores de catorce años de edad. Los mas ricos judíos representaron al

rei que se cristianarian sin oponer resistencia, con tal que les fuese

concedida la gracia que no se inquiriese contra ellos en veinte años; i

así el rei don Manuel les libró el privilegio que tan ahincadamente

solicitaban, en 30 de Marzo de 1497. Con esto se bautizaron muchos, i

los que no quisieron conocer la verdad de la fe de Cristo pasaron á

Africa i á otras partes.

Pero con esta determinacion no pusieron término los judíos á sus

desdichas. En el mes de Abril del año de 1506 amotinóse contra ellos la

plebe de Lisboa, movida por dos frailes domínicos, los cuales mostraban

una imágen de Cristo crucificado que de sí despedia un vivisimo

resplandor. Un judío convertido observó que este milagro consistia en la

reflectacion de los rayos del sol por una cortina; i como esta noticia

comenzase á correr por la ciudad, temerosos los frailes de perder con

ella las limosnas, misas i demás que la devocion de las gentes llevaba

al convento á causa de la virtud de aquella prodigiosa imágen,

concitaron al pueblo contra los hebreos. Muchos fueron muertos á manos

de aquella bárbara i supersticiosa canalla; pero como el rei don Manuel

se ofendiese grandemente del tumulto, dispuso que fuesen presos muchos

de sus autores i cabezas, i en ellos mandó hacer graves escarmientos.

Los dos bribones domínicos, motores de la sedicion, fueron ahorcados, i

el convento de Santo Domingo de Lisboa fué estinguido para castigar de

esta suerte la bellaquería de aquellos hombres que haciendo granjeria de

las cosas divinas se atrevian á engañar tan desvergonzadamente á las

personas supersticiosas. El mismo rei renovó en 1507 el privilegio de

los judíos bautizados: el cual se vió luego confirmado por don Juan III.

I todas estas exenciones fueron representadas al Papa Clemente VII

cuando se intentó poner en Portugal el Santo Oficio.

Entonces dicen que escribieron algunos judíos establecidos en Roma i

otras ciudades de Italia á los que estaban en el reino lusitano, para

que huyesen de él i se pasasen con sus familias á aquellas tierras, esta

carta que traen varios autores, i entre ellos Torrejoncillo en su

_Centinela contra judíos_.

«Ya vuessas mercedes sabrán, como el Padre Santo y Cardenales avian

concedido en la Rota que la Inquisicion de ese reino se diese por

privilegios, que los reyes de Portugal havian concedido; y que si el

reino fuese de esto contento, se mandasse á los obispos que guardasen el

derecho comun, que es lo mas justo y seguro: y que á los presos no se

podia dar perdon de ningun modo, sino que remitidos á los obispos

juzgarian sus causas, delante de los cuales alegarian las nulidades de

los presos, sin quedar relapsos, mostrando los inconvenientes, que habia

en tanto número, que la miseria mantenia, y á quien los obispos eran

sospechosos: así porque de ellos vienen á ser inquisidores, como porque

como ministros del rey han de mirar por su honra, condenando los presos,

cuyo número los haze huir, y dudar de dar perdon al Reyno. Los

Embaxadores del Rey, juntos con el del Emperador, tomaron con el Padre

Santo y Cardenales un medio, que es el norte de todo el discurso

passado, atajando que para lo futuro no se hiciese cosa alguna de lo que

convenia á lo general, por donde parece inspiracion, á quien quisiere

contemplar mas que lo temporal, ver que ser perdonan los condenados

presos, los sueltos, ausentes y presentes, y que los suelten libremente,

sin condicion, ó achaque, que se puedan ir en paz para adonde quisieren:

y que desde el dia que fueren sueltos, y el perdon efectuado hasta seis

meses primeros, no se pueda inquirir de sus culpas: y toda la persona de

Portugal, que se quisiere salir del Reyno, lo dexe libremente, sin que

pueda ser tomado en público, ó en secreto, y que puedan passar por las

tierras y Reynos comarcanos con sus salvos condutos, que para esso se

les dará; y passados los dichos seis meses, se les concede Inquisición

rigurosa, como á Castilla.»

«Vuessas mercedes pueden saber, y creer, que el doctor Pedro Hurtado, y

su compañero, hizieron en esto muchas hazañas; por lo qual merecen ser

de Dios galardonados, y de las personas á quien toca. El Padre Santo,

como hombre justificado, viendo las voluntades de los Embaxadores, assí

del Rey, como del Emperador, concedió para esse Reyno Bula como la de

Castilla, rigurosa por las promessas que avia hecho con los Cardenales,

por salir de la obligacion de lo que avia prometido, y por no estar mas

en su mano, por donde pareció estar todo de Dios, que dió estos seis

meses de tiempo para que los hombres se saliessen libremente de esse

Reyno, pues tienen salvo conduto para esso. Bien vemos las razones que

hay para sentir apartarse los hombres de sus naturales, y de sus hijos,

y mujeres. De mas desto, á todo se han de exponer, á trueque de quitarse

de cautiverio, principalmente los que tienen hijos, porque hay muchas

razones evidentes para no quedar allá persona alguna de la nacion, que

no se venga. La primera es, que se acuerda Dios de nosotros, poniéndonos

en libertad, como los de Egypto. La segunda, que se deben acordar, que

ahí están expuestos á la muerte, como inocentes, en Lisboa. La tercera,

de la buena voluntad que el Rey y los Embajadores tienen puesta para les

conceder Inquisicion rigurosa, como la de Castilla. La quarta, los

grandes placeres que al tiempo de la ejecucion de los autos se hazen, en

quanto queman las personas, teniendo banquetes, ventanas, y palenques,

como quando hay grandes fiestas, ó corren toros. La quinta es, que todas

las personas de la nacion envidiada, son tan mal queridas del pueblo,

como por experiencia se vió en los apuntamientos hechos en las Córtes

contra ellos. La sexta, que luego que prenden á alguno, le toman la

hazienda, como hazen en Castilla, y le dan dos maravedís para comer cada

dia. La séptima, que demás de que los hombres estén inocentes de la

culpa que les imputan, y ponen, por no padecer, dicen que lo hicieron y

piden misericordia, por donde pierden la hacienda y hijos, y andan de

puerta en puerta pidiendo por amor de Dios; y si están casados, pídenles

las haciendas, porque hallan en derecho que las tienen perdidas, como en

Castilla poco ha que sucedió, y se juzgó á uno, y este se llamaba el

_Labaredas_. Ahora vean vuessas mercedes estas y otras cosas que son

necessarias traer á la memoria: y pues Dios se quiere acordar por su

piedad de este Pueblo, razon es que no sean ingratos, huyendo de tantos

inconvenientes, y que sepan reconocer tan grande merced, como esta que

les hazen en darles puerto por donde se quiten de poder de sus enemigos:

y los que tuvieron merecimientos para venirse de esse Reyno, y lo

hiziesen con sus mugeres, y harán lo que deben saliendo de la opression

en que están, porque les pesara de no lo aver hecho mucho tiempo há. Y

pues es llegada la hora, sepan conocerla, y vénganse; porque esta tierra

es muy pingüe, gruesa y grande, y adonde podrán estar á su gusto; y será

bien, que los pobres vengan en compañía de los ricos, y los ayuden con

sus haziendas; porque quando el Pueblo salió de Egypto, ricos y pobres

todos escaparon; que por bienaventurado se puede tener el hombre, que

para esto da ayuda, quitando á sus parientes de tan mala fatiga. Ni les

parezca á los pobres, que por serlo les ha de faltar nada, porque todos

los que hasta hoy vinieron por acá, luego que llegaron se vieron ricos,

assí de lo necessario, como de gusto de averlos sacado Dios de aquella

sujeccion, y cautiverio.»

«Aora quisiéramos saber, señores, qué mayorazgos teneis allá de la

nacion envidiada, para esperar tantos peligros? Lo que os decimos es,

que aunque hagais la vida de San Agustin, no os ha de aprovechar, salvo

para con Dios, porque para el Pueblo, si dixeren de vosotros, aveis de

ser castigados, vuestras haziendas vendidas, y vuestros hijos infamados,

y nunca faltarán dos testimonios falsos para os punir; y vuestros

esclavos á fin de verse libres dirán lo que nunca fué. Y pues esto es

tan evidente, razon es que desperteis del sueño, y esteis sin dormir,

haziendo lo que os digo; porque no siendo así, sereis dignos de grandes

penas, no teniendo, ni razon, ni ignorancia que alegar, quando os fuere

tomada cuenta, lo que Dios no permita, porque Dios aguarda al hombre en

tres edades, y hasta la última es buena, y todas son buenas. Por tanto,

señores, todos en general, y cada uno en particular, debeis especularlo

todo, y con grande esfuerzo y capacidad esforzaros unos á otros

siguiendo vuestro viage para esta Italia; porque en este tiempo se

conocen los hombres, que se han de quitar de la pena en que están, que

sabeis que teneis sobre vosotros una tan rigurosa espada atada con un

hilo, y no cuando los pecados de cada uno se presentaren (lo que Dios no

permita, ni mande) muchos de la nacion envidiada tienen en esse Reyno

haciendas de raiz, y se les hará trabajo dexarlas, ó perderlas, y otros

que tendrán sus bienes esparcidos, no los podrán recoger, y será

todavía bien hazer lo mas que pudieren, quitándose de tan gran trabajo;

porque las personas, que en Castilla tenian hazienda de raiz, fueron las

castigadas con los que tenian mucha hazienda prestada; y por las cosas

passadas se han de juzgar las presentes, y á quien le tocare, mire lo

que mejor le está, y no diga que tiene Bulas para que no se entiendan

con él, que todo esso no vale nada en semejantes tiempos; que yo me

acuerdo, que en Lisboa ahorcaron un hombre con los privilegios colgados

del cuello; y lo que dixo el Conde de Benavente al Rey D. Fernando

quando matando un hombre con un seguro ó Privilegio suyo Real, dixo:

«Mejor le tomara yo unas buenas corazas.» Por tanto, guárdense todos de

la ira de Dios, quando comienzen á hazer execucion, lo que Dios no

permita, y no se debe poner culpa en procurar Inquisicion como la de

Castilla; porque el corazon de el Rey está en la mano de Dios, y él es

servido de todo lo que haze.»

«Las personas que huvieren de venir, traygan consigo todo lo necessario

para su sustento, y lo mas deben traer en letras de cambio para Leon,

Venecia, y otros Lugares de Italia. Las letras se pongan sobre dos

personas, las que mas confianza tengais, y cada una _in solidum_ digan

que pagará tantos cruzados de oro en oro, ó tantos escudos de oro en

oro, porque puesto que digan que pagarán tantos cruzados, son de moneda,

que no vale cada uno mas que 336 maravedís; y él y los escudos tienen

320, y el cruzado de oro en oro vale 368 maravedís. Digo, que algunos

hombres bien dispuestos deben venir por tierra á Francia, á Leon y á

Gerona para seguridad de las letras que traxeren; y los que traxeren

mercadurías, vengan á Flandes, Francia y á Génova; y si allá fueren Naos

Aragonesas son buena gente, y buena embarcacion: porque la gente corre

riesgo passando por la Pulla, y lo mas seguro es Francia, Amberes,

Génova y Civita-Vieja, junto á Roma; y el demás informe allá le pueden

tomar. Bendito sea aquel que manda los tiempos, y haze sobre el

firmamento; y maldito todo el de mi Nacion, que en este tiempo no

siguiere estos consejos, y los pusiere en execucion: y si no viniere de

esse Reyno para adonde esté seguro, y á los que no obedecieren á esto,

les vengan las maldiciones siguientes, á sus mujeres, á ellos, y á sus

hijos, y á toda la gente de esta Nacion, sea maldita, de modo que si

murieren no puedan ser enterrados en sepultura doblada. Maldita sea la

hora en que nacisteis. Todas las horas en que passáredes la vida sean

tristes, y tintas de aquella tinta sangre del Becerro, que adoraron

vuestros padres. Mal pesar veais de vosotros, y mera tristeza, y

mancilla con todos los de vuestra casta y generacion. Todas las cosas

del mundo sean contrarias á vuestro bien vivir. Hiéraos Dios de la plaga

con que mató á aquellos que dexaron las carnes de los puercos de Egypto.

Tal ventura os entre por la puerta, que vosotros y vuestra familia

amanezcais tullidos, como la hermana de Moyses. Apedreados seais con

aquellos que hallaron apañando leña el Sábado. Fuego se levante en

vuestras casas que os queme, como salió de la casa de Choreb, que lo

quemó á él y á sus compañeros. Corridos os veais, y quantos descendieren

de vosotros, y todos juntos os veais en el infierno, como Datan y

Abiron. La maldicion de los Montes de Gelboe venga sobre vosotros, y

toda vuestra generacion. Quemados seais, como aquellos que querian

apedrear á Moyses y Aaron. En poder de justicia os vean, como se vieron

los de Israel. Serpientes os nazcan en casa que os muerdan, como

mordieron á los que Dios castigó en la murmuracion. Qualquier casa en

que viviéredes sea maldita, descomulgada, y caigan sobre vosotros

piedras al entrar en ellas, como cayeron los muros de Jericó. Hurtos os

hagan en el patio de Palacio, ó en la casa de la India. Tal ventura os

acontezca á vosotros, á vuestras mugeres en fin de vuestros negros dias,

qual aconteció á la muger de el Levita en la Ciudad de Gabaon. La mano

del Señor se arme contra vosotros para heriros en las últimas partes de

vuestros cuerpos, y assí seais podridos como los de las Ciudades de

Gazor. Y los de vuestra casta y generacion sean todos malditos y

descomulgados, y vuestros cuerpos echados á los perros, como el Profeta

que está en Selva. Tanto mal os venga, y os quebrante el corazon por

alguna maldad en que seais hallados contra el estado Real, que os

ahorquen como á Achitofel cuñado de David. Los dedos de los pies os

corten, como hizieron á los del tribu de Judá. Malditos seais, y os

maten las alimañas y bestias fieras, como hizieron los ossos á los

malditos mozos cautivos por Eliseo. Y vendidos seais en tierra de moros,

como lo fueron los Judíos por Ptolomeo en Egipto. En pedazos os lleven

fuera de vuestras casas, como hizieron al Rey Antíoco los Sacerdotes del

Templo. Constreñidos seais en que comais carne de puerco. Ahorcados

seais con vuestros hijos del pescuezo, assí como lo fueron los Judíos

por mandado de Anteo en la Ciudad de David. Ahorcados seais

deshonradamente por mandado de la Reyna, como lo fué Aman por mandado de

Ester, y el sueño que Aman soñó: y todo lo dicho os venga, si vosotros

no os viniéredes de esse Reino: y seais todos malditos como digo, siendo

y quedando mi casa y la gente de ella libre á paz, y á salvo de todas

las cosas, mas con los buenos logros en estas tierras largas, y de

promission, que por acá hay, y que vosotros no sois para gozarlas, ni

mereceis ver.»

Los cristianos nuevos de Portugal no hicieron grande aprecio de los

consejos que les fueron dados en esta carta, puesto que quedaron

viviendo en aquel reino: lo que prueba que no eran tan perseguidos por

alli como se imaginaba. Pero solamente no podian tolerar con paciencia

que en los casos de Inquisicion se confiscasen á los culpados las

haciendas; i asi para remediar los daños que de esto resultaban, se

compusieron en 1577 con el rei don Sebastian dándole doscientos i

veinticinco mil ducados, i consiguiendo que por diez años no serian

molestados en sus bienes. Con tal determinacion muchos de los judíos que

aun vivian ocultos en España, i que milagrosamente habian escapado de

las garras de la Inquisicion pasaron á Portugal, en donde se

multiplicaron en gran manera. Otros quedaron en España por no abandonar

su patria. I de los unos i de los otros es grande el número de los que

cultivaron el estudio de las letras.

En auto solemne de fe celebrado en Sevilla el dia 14 de abril del año de

1660 salieron á ser castigadas por judaizantes ochenta personas, entre

hombres i mujeres. Muchas estatuas fueron reducidas á cenizas en

representacion de los reos que andaban fugitivos en tierras estrañas,

donde afortunadamente no alcanzaba el bárbaro azote de la Inquisicion.

Uno de estos fué el capitan Enrique Enriquez de Paz, mas conocido por el

nombre de Antonio Henriquez Gomez, vecino de Segovia, caballero del

órden de San Miguel, é hijo de otro judaizante portugués llamado Diego

Henriquez Villanueva.

Es fama que hallándose en Amsterdan, topó un dia con un español su

amigo recien llegado á aquellas tierras, i como este le dijese: _Oh

señor Henriquez, yo ví quemar vuestra estátua en Sevilla!_ respondió

prestamente con gran risa: _Allá me las den todas_.

Antonio Henriquez Gomez escribió algunas obras[88] en prosa i verso;

pero la mas celebrada de ellas es _El siglo pitagórico y vida de don

Gregorio Guadaña_: libro escrito con suma gracia i ligereza, aunque en

lenguaje mui atildado. Tambien compuso varias comedias de liviano mérito

entre las cuales se cuentan _La prudente Abigail_, _A lo que obliga el

honor_, _Amor con vista y cordura_, _Contra el amor no hay engaños_ etc.

Sin embargo de los defectos que se ven en sus obras, ocasionados todos

por el mal gusto que tenia oprimidos á los ingenios en aquella edad, son

notables aquellas de sus composiciones poéticas en que derramó la mas

sana i pura filosofia con propósito de doctrinar en ella á sus lectores.

Como muestra de su ingenio i arte en versificar i como clarisima prueba

de lo que llevo dicho, traslado á este lugar una oda que compuso en

alabanza de la quietud i soledad del campo.

Humilde albergue mio:

líquidos arroyuelos,

hijos de estas montañas despeñados:

bosque puro i sombrío:

claros y hermosos cielos,

eternos reyes de estos bellos prados:

árboles empinados,

plumajes de colores

donde toman las flores

su alegre primavera:

apacible ribera,

claro espejo del dia,

ya vuelvo á vuestra santa compañía.

Soledades divinas,

alma del albedrío:

alamedas, fresnedas y cañadas,

fuentes que estais vecinas

con la region del frio.

. . .

Vegas nunca agostadas:

sotos nunca perdidos:

valles siempre floridos:

campañas siempre hermosas:

azucenas y rosas,

de este campo alegría,

ya vuelvo á vuestra santa compañía.

Bulliciosas ovejas:

manchados corderillos,

recentales del pecho mas piadoso:

calandrias, cuyas quejas

repiten los pardillos,

trinando con el celo doloroso:

descanso y sitio hermoso:

quietud idolatrada:

arboleda sagrada:

silencio siempre justo,

apetecido gusto

para la pena mia,

ya vuelvo á vuestra santa compañía.

Fuíme á la corte, y vuelvo

de mi engaño corrido:

propio castigo del que os ha dejado.

Con la vista revuelvo

vuestro sitio florido,

por ver si estoy en vos, ó me he engañado.

Yo no sé donde he estado;

que en ti no puede hallarse

quien pretende ausentarse

del noble nacimiento;

pero sin duda siento

que estoy en vos; pues miro

que ni lloro, ni peno, ni suspiro.

. . .

¡Oh soledades santas

de la vida dichosa,

gusto, placer, descanso i alegría!

¡Oh vejetables plantas

de la edad presurosa,

recreo, pasatiempo y compañía!

¡Oh fuentecilla fria

que murmuras ufana,

no como cortesana,

á todos me consagro;

y pues sois el milagro

mayor de mi sosiego,

goce yo vuestra paz y muera luego.

Aquí vivo seguro

del trato y del engaño

hydras sangrientas de la fe traidora.

Aquí vivo seguro

del mayorazgo estraño,

y heredero del Sol y de la Aurora.

Aquí la verdad mora:

allá, si bien se mira,

se mezcla la mentira

con la lisonja fiera.

Siempre aquí es primavera

y allá todo es estio...

¡Oh mil veces dichoso albergue mio!

Tambien compuso Henriquez Gomez en loor de la quietud i vida de la aldea

la oda siguiente:

Cuando el Enero helado

me coge en esta sierra, miro luego

el humo idolatrado

de mi santa cabaña, cuyo fuego,

aun de léjos mirado,

me sirve de consuelo y de sagrado.

En estas soledades

vivo contento, alegre y descansado:

no como en las ciudades,

al bullicio sujeto del Estado;

pues no hay mayor desdicha

que á costa de la vida amar la dicha.

Sin ambicion profana

el cielo me sustenta en esta choza.

Sale aquí la mañana

mensajera del Sol, y es su carroza

tan suave al oido,

que de sola la luz siento el sonido.

¡O santas soledades,

retratos del sagrado paraiso!

no son las vanidades

quien vuestro lustre y majestad deshizo:

vosotras con decoro

hollais la plata y despreciais el oro.

Sois alma del deseo,

ser de la vida, vida de la muerte,

adorno del trofeo,

centro del sabio, corazon del fuerte,

y el que una vez os trata

triunfa del vicio y la delicia mata.

¡O albergue soberano,

emulacion de cuantos chapiteles

el griego y el romano

fundaron, duplicando los Babeles:

vuestra quietud dichosa

es cifra de la mano poderosa.

No hay mácula ninguna

en vuestra monarquía soberana,

ni tiene la fortuna

jurisdiccion en vuestra edad anciana.

El que una vez os mira

tierno de amor por vuestro amor suspira.

Fabricio, si eres rico,

mira bien el caudal que aquí poseo;

y luego te suplico

que me digas quién gana en este empleo;

que yo con mi pobreza

soy mas rico que tú con tú riqueza.

¿Tienes muchos criados?

pues no te envidio sin tener ninguno.

¿Tienes muchos ducados?

pues en mi choza no hallarás ni uno,

¿Tienes quietud? Ninguna.

Pues búrlome por Dios de tu fortuna.

Cuando tú te levantas

te saluda el comun desasosiego;

mas mis quietudes santas

no tienen el bullicio de ese fuego.

Mis arroyos sonoros

mudos me cantan en distintos coros.

. . .

Las perlas, los diamantes,

sin esta joya de mayor tesoro,

son riquezas errantes.

Necio es el hombre que idolatra el oro;

que el sosiego del alma

es de esta vida victoriosa palma.

Viva en la corte ufano

el soberbio político muriendo,

y en solio soberano

vivan con él los que le están vendiendo;

que yo sin esta muerte

contento vivo con mi humílde suerte.

Beba en taza dorada

el príncipe mayor: tenga su mesa

de siervos rodeada;

que yo á quien de esta vanidad no pesa,

bebo en taza de hielo

el líquido cristal de un arroyuelo.

En algodón se acueste,

rodeado de ricas colgaduras,

y su alcázar le preste

seguridad en dóricas figuras;

que yo sin tanto muro

duermo en mi choza mucho mas seguro.

Despiértenle á la aurora

lisonjeros amigos y criados,

y tenga de hora en hora

visitas de señores estimados;

que yo con mejor salva

recuerdo cuando me despierta el alba.

Salga en carroza ufano,

por la ciudad haciendo cortesías,

muy á lo soberano;

que yo sin estas necias fantasías,

de espigas coronado,

desde mi carro lisonjeo el prado.

Esta quietud adoro:

esta vida pacífica poséo:

no la riqueza lloro:

la ambicion ni la quiero ni deseo;

que en mí las soledades

son las siempre dichosas majestades.

No fué siempre sencillo Enriquez Gomez en sus poesias, i se dejó

arrebatar de la corriente del mal gustó que tan fuera de cauce andaba en

aquel siglo. No es indigno de ser copiado en este lugar el siguiente

soneto, no obstante la afectación de estilo que hai en algunos de sus

versos.

=Soneto.=

Débil cordera, cuya blanca nieve

Copo á copo formó naturaleza,

Cándida ofrece al valle su pureza,

Si á tanto armiño su verdor se atreve.

Al cristal de un arroyo altivo mueve

Lobo cruel su bárbara fiereza,

Y la simple cordera la cabeza

Inclina al agua y descuidada bebe.

No bien hubo tocado los cristales

Cuando el noscivo monstruo á la desierta

Campaña dió de púrpura señales,

Quedando la traicion mal encubierta,

El agua salpicada de corales,

El lobo ausente y la cordera muerta.

En este tiempo andaba peregrinando tambien por tierras estrañas,

temeroso de las iras del Santo Oficio de la Inquisicion, el judaizante

Juan Pinto Delgado, autor del _Poema de la reina Ester_, de las

_Lamentaciones del profeta Jeremías_, de la _Historia de Rut_, i de

otras poesías que dió á la estampa en París bajo el amparo del famoso

cardenal de Richelieu, valido de Luis XIII rei de Francia.

Las obras poéticas que salieron de José Pinto Delgado son escelentes, i

merecen ser tenidas en alto concepto i grande estimacion por los

aficionados al estudio de las buenas letras. Sirvan de muestra las

siguientes quintillas que forman una parte de las _Lamentaciones del

profeta Jeremías_,

¿Cuál desventura, oh ciudad,

ha vuelto en tan triste estado

tu grandeza y majestad,

y aquel palacio sagrado

en estrago y soledad?

¿Quién á mirarte se inclina

y á tus muros derrocados

por la justicia divina,

que no vea en tus pecados

la causa de tu ruina?

¿Quién te podrá contemplar,

viendo tu gloria perdida,

que no desee que un mar

de llanto sea su vida

para poderte llorar?

¿Cuál pecado pudo tanto

que no te conozco agora?

Mas, no advirtiendo, me espanto

que tú fuiste pecadora,

y quien te ha juzgado Santo.

En ofenderle te empleas

ya por antigua costumbre

y en errores te recreas,

y así no es mucho que veas

tus libres en servidumbre.

Tus palacios y tus puertas

fueron materia á la llama

en esas calles desiertas,

por émulos de tu fama

en tus miserias abiertas.

Por tus plazas y rincones

miro por ver si pasea

alguno de tus varones,

porque crea á sus razones,

cuando á mis ojos no crea,

Mas vano es este deseo;

que animales sin razon,

sin dueño, balando veo,

que no articulando el son

certifican lo que creo.

Aunque se encienda mi pecho

llamando, siempre callaron

tus hijos en su despecho,

como sus dioses le han hecho

que por engaño llamaron.

La causa porque caiste,

y porque humilde bajaste

de la gloria en que te viste,

fué la verdad que dejaste,

la vanidad que seguiste.

Ya no eres la princesa

de todas otras naciones:

ya tu altivez es bajeza.

Tu diadema y tu grandeza

se han vuelto en tristes prisiones.

Ya tu palacio real

humilde cubre la tierra

en exequia funeral:

la paz antigua es la guerra,

y el bien antiguo es el mal.

Si fuiste al Señor contraria,

de los pecados el fruto

son tu cosecha ordinaria,

ha sido el mismo tributo

por quien te ves tributaria.

No solo viste perder

la honra que te adornó;

mas tus hijos perecer,

que el Señor los entregó

al mas tirano poder.

Cómo se puede alentar

tu pueblo entre su gemido,

llegando á considerar

lo que seguir ha querido,

lo que ha querido dejar.

Llorando dice: «¡Ay de mi

¿dónde estoy? ¿dónde me veo?

¿ó quién me ha traido aquí?

¡tan cerca lo que poseo!

¡tan lejos lo que perdí!»

Lloren al fin entre tanto

que no descansa su mal,

y obliguen al cielo santo;

que no puede ser el llanto

á sus delitos igual.

Tambien escribia versos en aquel siglo un poeta murciano, descendiente

de judíos i llamado Diego Beltran Hidalgo, hombre de grandisima memoria

i de no menor facilidad en hacer versos i en saberlos glosar con suma

destreza. Parto de su fecundo ingenio es una glosa del primer verso de

aquella redondilla, tan estravagante por el falsisimo pensamiento con

que está cerrada i que dice así:

_Lágrimas que no pudieron_

_tanta dureza ablandar,_

_yo las volveré á la mar,_

_pues que de la mar salieron._

=Glosa hecha por Beltran.=

De un amante enternecido

ruegos ¿qué no han ablandado?

ternezas ¿qué no han vencido?

suspiros ¿qué no han obrado?

lágrimas ¿qué no han podido?

Solo en mi triste se vieron

ruegos que no enternecieron,

ternezas que no importaron,

suspiros que no ablandaron,

_lágrimas que no pudieron_.

Esta glosa es en todo perfectisima, i en nada camina fuera de aquellas

estrechezas que ligan á los ingenios en este linaje de composiciones.

Otra hizo Diego Beltran Hidalgo no menos escelente i conceptuosa, la

cual dice así:

=Testo.=

_O no mirar ó morir_

_decis, pensamiento, amando:_

_mas vale morir mirando_

_que, no mirando, vivir._

=Glosa.=

Dos estremos considero

en el bien por quien suspiro,

uno y otro lisonjero,

que no vivo, si lo miro,

y si no lo miro, muero.

Ojos, si habeis de elegir

el uno para vivir,

los dos os han de matar:

ó no vivir ó mirar:

_ó no mirar ó morir_.

Compiten con fuerza y brio

estos estremos de amor,

uno ardiente y otro frio,

en vos, cobarde temor,

y en vos, pensamiento mio.

El temor, pronosticando

mi muerte, dice temblando

que viva, mire y no quiera:

y vos que no viva, ó muera,

_decís, pensamiento, amando_.

Mirar que á gloria convida,

aunque mate, es de tal suerte

que infunde alientos de vida:

no mirar es una muerte

que el temor tiene escondida.

Pues si tal gloria, espirando,

se va con morir ganando,

y con no mirar, viviendo,

tanto bien se va perdiendo,

_mas vale morir mirando_.

Si no mirar es perder

la gloria, mire, aunque espire;

pues está el vivir en ver,

si al punto en que muera y mire,

vida y muerte he de tener.

Si mas gloria, con morir

mirando, habeis de sentir,

ojos, mas bien os está

el morir, pues tanto os va

_que, no mirando, vivir_.

Tambien es de Diego Beltran Hidalgo el soneto siguiente que compuso en

favorable recomendacion de la _Historia general de aves y animales de

Aristóteles Estagirita_, traducida i aumentada por Diego de Funes i

Mendoza. (Valencia, 1621.)

=Soneto.=

Razones dulces de escuchar suaves,

Partos de tu fecundo entendimiento,

Son, docto Funes, plumas de tu intento,

I alas veloces tus discursos graves.

Con que, triunfando de la envidia sabes,

Felicemente penetrando el viento,

Venciendo en curso al mismo pensamiento

Prender los brutos i alcanzar las aves.

I viendo que eternizas tu memoria,

Porque viva tu nombre sin segundo,

Escediendo los limites del suelo,

Agradecidos todos á tu historia,

Ellos ilustran con tu fama el mundo

I ellas te suben con su pluma al cielo.

Otro de los poetas judíos famosos en aquel siglo fué Daniel Leví de

Barrios, nacido en Montilla, hijo de un converso llamado Simon, i

capitan del rei de Portugal duque de Braganza. Su nombre mientras vivió

como cristiano fué don Miguel de Barrios. Huyendo sin duda de los

rigores de la Inquisicion pasó á Amsterdan, ciudad de libertad, donde

imprimió muchas de sus obras, tales como el _Triunfo del gobierno

popular i de la antigüedad holandesa_, donde trata de los gobiernos

monárquico, aristocrático i democrático, probando que en los tiempos

antiguos fueron mui usados de los israelitas, i trayendo argumentos para

demostrar que en todas las partes donde están domiciliados, el

democrático es por quien se rigen i á quien prestan obediencia ellos

entre sí. Tambien compuso la _Historia universal judáica: El imperio de

Dios en la harmonía del mundo_, i otros muchos libros históricos,

religiosos i poéticos. Tambien dió á la estampa la _Flor de Apolo, por

el capitan don Miguel de Barrios_. (Bruselas por Baltasar Vivien, año de

1665.--En Amberes en casa de Verdussen, 1670.) Este libro no contiene

mas que poesías i comedias de poco mérito. I para dar una muestra del

ingenio de Barrios, no será fuera de razón poner aquí alguna de sus

composiciones, sean estos sonetos las primeras.

=Soneto.=

En el coro de Amor con voz Sirena

Corazones atraes, vidas encantas,

Nise divina, con dulzuras tantas,

Que reduces á gloria lo que es pena.

Suspendida no canta Filomena,

La suavidad oyendo con que cantas,

Y á las métricas voces que levantas,

El céfiro en los árboles no suena.

El arroyo entre flores detenido,

Al dulce quiebro de tu acorde lira,

Queda en florido tálamo dormido.

Pues, si como tu luz, tu canto admira,

A quien falta razón, vida y sentido,

¿Qué hará con alma quien por tí suspira?

=Otro.=

Ausente el Sol, el prado se oscurece,

Reina la noche, madre de temores,

Y de las fuentes, árboles y flores

La diversa color igual parece.

Mas, cuando con sus rayos resplandece,

Dando lustre al matiz de los colores,

Por mas que apure el Sol sus resplandores,

Quien negro anocheció, negro amanece.

Bien podria admitir la color verde

Con varios accidentes de alegría

A la negra color que mi alma viste.

Mas quien de la esperanza el verdor pierde,

Aunque pase la noche y vuelva el dia

Triste amanece, si anochece triste.

=CANCION

de un náufrago al mar.=

Enemigo que herido

del Bóreas rigoroso, leon rugiente

levantando el bramido,

no has podido templar mi pena ardiente,

porque de mi amor ciego

con ser tanta tu nieve es mas el fuego.

Tu saña fugitiva

mayor venganza toma en perdonarme;

pues mi tormenta aviva

¡qué pesar! no acabando de matarme

con las ondas de hielo,

que á la tierra me arrojas desde el cielo.

¿Por qué de tus cristales

me dejas salir vivo, si procuro

en tan continuos males

ser de tu nieve infausto Palinuro,

y no en pena crecida

morir á manos de mi propia vida?

¿Por qué del fuego mio

no apagas el incendio rigoroso?

¿Por qué en tu centro frio

á mi pena no das sepulcro undoso?

Mas ¡ay tormento airado!

que aun la muerte desprecia al desdichado!

Lloro á la muerte ansioso,

al fuego me lamento sin sentido,

gimo al aire celoso,

al mar me quejo, al cielo favor pido,

y no me dan consuelo

la tierra, el aire, el fuego, el mar, ni el cielo.

¡Ay prenda de mis ojos!

¡ay soberana luz! ¡ay Sol querida!

¿qué atrevidos arrojos

han dejado mi vida sin tu vida?

si somos en tal calma,

un amor, un aliento, un ser, un alma.

Tambien publicó en aquel tiempo Miguel Silveyra su poema _El Macabeo_; i

aunque era hombre doctisimo, su obra por lo hinchado i babilónico del

estilo es ininteligible i justamente despreciada.

Daniel Israel Lopez Laguna, poeta tambien judío, publicó en 1720 como se

dijo en el libro 3.º una obrita en verso intitulada _Espejo fiel de

vidas_, la cual no es otra cosa que una traduccion de los salmos del

profeta.

Grande es el número de los judíos españoles que escribieron obras

jurídicas, filosóficas, morales, matemáticas i medicinales, i á mas

traducciones i glosas del Viejo Testamento.

Entre los médicos insignes que profesaban la religion judáica fué mui

celebrado en el siglo XVI Juan Rodrigo, natural de Castel Blanco, el

cual temeroso de la Inquisicion huyó á tierra de libertad, donde publicó

muchas con el nombre unas veces de Amato Lusitano i otras de Juan

Rodriguez de Castel Blanco. Sus escritos eran dirigidos á dar consejos

para conservar ó restituir la salud al cuerpo humano.

En aquel mismo tiempo vivia Cristóbal Acosta, nacido en Africa é hijo de

judíos espulsos de España[89], el cual despues de haber peregrinado

muchos años por Asia, vino á la Península á cristianarse i se hizo

vecino de la ciudad de Burgos. En ella publicó su obra intitulada

_Tratado de las drogas i medicinas de las Indias orientales con sus

plantas debujadas al vivo por Cristóval Acosta, médico i cirujano que

las vió ocularmente. Un tomo en 4.º 1578._

Quien primero escribió la historia medicinal de las Indias orientales

fué el doctor portugués llamado García de Orta: el cual la dió á la

estampa en Goa, con el título de _Coloquios dos simples, drogas é cousas

medicinais da India_[90].

Esta obra, aunque tiene muchos grados de purisimo mérito, no solo por

ser la primera en su clase, sino por haber salido de la pluma de un tan

sabio varon como García de Orta, tambien está afeada por muchos i mui

graves errores. Véase de la suerte que habla de estos coloquios Gaspar

Acosta en el prólogo de su tratado de las drogas i medicinas de las

Indias orientales.

«Así como su obra trata de diversas medicinas i plantas i otras cosas

pertenecientes á la salud humana, así tambien trata de otras que son

inútiles i sin algun provecho para ella, siéndole forzoso tratallas por

seguir el estilo de diálogos, dó los que hablan suelen divertirse i

derramarse fuera de lo que toca á su principal propósito, no se dejando

de hallar á cada paso muchos errores, que, aunque la buena fama i

autoridad del autor nos persuadan no ser suyos, sino del descuido de los

impresores que en aquella ciudad de Goa, donde él escribió, no se

hallan tan limados como por estas partes, no dejan de causar molestia i

dar enfado al que los lee. No faltó tambien otra perfeccion sustancial á

la obra que son las pinturas i dibujos de las plantas de que trata, que

ocupado el Dr. Orta en otras cosas mas graves, i que mas debian

importarle, dejó de ingerirlas en ellas. Paresciéndome á mí que en esta

nuestra nacion seria aquel libro de grande provecho, si se diese noticia

de las cosas buenas que en él hai, mostrándose con sus ejemplos i

figuras para mejor conocerlas, i que esto no lo podria hacer, sino quien

ocularmente con sus mismos ojos las hubiese visto i esperimentado,

celoso del bien desta tierra con la caridad que á mis prójimos debo,

deliberé tomar este trabajo i debujar al vivo cada planta, sacada de

raiz, á vueltas de otras muchas cosas que yo ví.»

De forma que si García de Orta merece grande alabanza por ser el primero

que dió á conocer en lengua vulgar la historia medicinal de las

dilatadas Indias orientales, no menor merece Gaspar de Acosta así por

haberla aumentado i corregido como por haber representado en breves

dibujos la mayor parte de las plantas, cuyas virtudes i escelencias i

provechos para la salud humana declaraba en el discurso de su tratado.

El licenciado Juan de Costa, catedrático en la universidad de Salamanca,

decia: «que despues de cotejar detenidamente una i otra obra, vino en

conocimiento de que _Orta solo dibujó las primeras líneas, y que Acosta

puso las vivas colores; pues puso en perfeccion lo que él habia

comenzado_.»

El mismo licenciado, amigo del autor, dice tambien que la obra de

Acosta, «no fué criada como otra en los descansos de sus naturalezas i

patrias, sino en la dureza de tristes cautiverios, cual él los padeció

en la Africa, en la Asia i en la China. Allí probó i esperimentó con el

trabajo que se puede pensar todo lo que escribe de plantas i drogas.»

Además de sus observaciones i de haber consultado con cuantos autores

griegos, latinos i árabes trataron de la materia, comunicó sobre ella en

su peregrinacion por las Indias con los mejores i mas celebrados médicos

de aquella edad arábigos, persas, turcos, bracmanes, chinos, malayos i

otros de otras naciones.

Así pudo escribir con tanto acierto su obra, i llamarla un _verdadero

trasunto i retrato de muchas plantas medicinales, no conocidas, ni

vistas por ninguno de los antiguos que en esta materia escribieron_.

Cuando dió Acosta este tratado á la estampa, se ocupaba en componer otro

mayor i mas copioso para hablar á la larga de las mas de las yerbas,

plantas, frutos, aves i animales, así terrestres como acuáticos que

habia en las Indias orientales, no dibujados aun en aquella edad, i de

los cuales mui poco había hasta entonces escrito por médicos i

filósofos. Pero con grave dolor de los curiosos, ó no terminó Acosta su

obra porque la muerte le atajó los pasos, ó si le dió dichoso fin, aun

no ha sido encontrada.

La obra de Cristóbal de Acosta fué luego traducida en lengua italiana

con el título de _Noticia de las drogas de la India_, i publicada en

Venecia el año de 1585. Tambien fué traducida en lengua francesa por

Antonio Collin.

I no solamente frecuentaron los judíos españoles la medicina con tanto

provecho de los mortales, sino tambien trabajaron en el estudio de la

historia. Uno de ellos fué Pedro Teixeira, el cual publicó una obra con

este título: _Pedro Teixeira: De el orígen, descendencia y sucesión de

los reyes de Persia, y Harmuz, y de un viaje hecho por el mismo autor

dende la India oriental hasta Italia por tierra_. (Amberes, 1610.)[91]

Las noticias mejores de la historia de Persia se encuentran en esta

obra: la cual está fundada en MSS. persas, i especialmente en las

narraciones del cronista Tarik Mirkond.

Teixeira fué quizás el único autor que puso los nombres estranjeros en

la lengua castellana, tales como se escribian i pronunciaban: cosa que

todos los historiadores españoles jamás hicieron. De esta suerte funda

su modo de pensar en esta materia. «Los nombres propios ahora sean de

hombres ó de lugares, ahora de cualquiera otra cosa te parecerán ásperos

y de dura pronunciacion, y bien pudiera yo acomodarlos á nuestro vulgar

idioma, mas tuve por mejor ponerlos en su propia voz por la confusion

que la mudanza de ellos suele comunmente causar; que si los que

escribieron ó tradujeron historias, guardaran la regla de nombrar

siempre las personas y tierras con sus mismos términos y, voces, sin

mudarlos, no hubiera en la leccion de ellos tanta confusion.»

Pero dejando en este lugar las noticias de los insignes escritores

judíos, razon es ya que volvamos los ojos á examinar una cuestion que no

ha tratado ninguno de los que dedicaron sus entendimientos á narrar los

hechos del Santo Oficio. La Inquisicion fué establecida para desarraigar

el judaismo en España; pero el judaismo se mantuvo en ella hasta que la

Inquisicion fué abolida. Esta observacion no hecha hasta ahora por

escritor alguno, necesita de grandes pruebas, i esas van á ser

presentadas en este lugar para desengaño de muchos que aun creen ver en

el bárbaro tribunal el propugnáculo de la Fe Católica, no habiendo sido

mas que un alcázar del fanatismo, un sustentador de los errores i un

brazo sin fuerzas para desterrarlos. A los 40 años de establecida la

Inquisicion en Sevilla, pasaban de cuatro mil los quemados en solo aquel

arzobispado, i de cien mil los reconciliados i espatriados en sola

Andalucía[92]. Entonces viéronse cerradas mas de cinco mil casas, cuyos

habitantes bien con el fuego, bien con la confiscacion de haciendas,

bien precisándolos con el miedo á huir á lejanas tierras fueron

esterminados por la furia del Santo Oficio. A estos destrozos

ocasionados por el tribunal de Sevilla, júntense los que causarian los

demás de España. En Toledo en solo un auto fueron reducidas á cenizas,

el año de 1501, sesenta i siete mujeres por judaizantes.

Referir aquí menudamente los autos de fe hechos por la farisáica

Inquisicion contra los judíos en los siglos XVI, XVII i XVIII no es mi

propósito, porque á mas de lo dificultoso de la empresa vendria á caer

en prolijidad, i así solo me contentaré con citar aquellos en que

salieron á recibir la muerte algunas personas principales, ó algunas que

desafiando las iras del tribunal persistian al morir en su lei.

En la relacion del auto de fe celebrado en Méjico el año de 1549, se

lee lo siguiente al tratarse de la ejecucion de varios reos judaizantes:

«Fueron relajados para el brasero en persona trece, con quienes se usó

la piedad de darles garrote antes de ser quemados: menos en Tomás

Trebiño de Sobremonte por su insolente rebeldía y diabólica furia, con

que aun habiéndole dado á sentir en las barbas, antes de ponerle en el

cadalso, el fuego que le esperaba, prorrumpió en execrables blasfemias,

y atraia con los pies á sí los leños de la hoguera, en la cual tambien

ardieron cuarenta y siete osamentas con sus estatuas, y de los fugitivos

diez.»

El licenciado Juan Paez de Valenzuela, autor de la relacion del auto

general de fe celebrado en la ciudad de Córdoba el año de 1625, al

hablar de Manuel Lopez que salió á ser relajado en persona, dice: «Si

bien con afecto particular se hicieron todos los medios posibles para

reducirlo al conocimiento de la verdad, ningunos lo fueron. Y

preguntándole si acababa de tomar resolucion para salir de su

pertinacia, respondió que él iba por el camino de la verdad, y que todos

los demás iban errados, y que él pretendia la salvacion de su alma: la

cual tenia cierta en aquella ley. Y habiéndose tenido con él muchas

audiencias con junta de muchos consultores y calificadores muy doctos de

este Santo Oficio, procurándolo sacar de sus errores y que conociese la

verdad, siempre habia estado pertinaz, protervo y obstinado, diciendo

que la ley que él seguia era la verdadera que se habia de guardar.

Estando siempre en su dureza y obstinacion, fué sentenciado á relajar en

persona y entregado al brazo de la justicia Real para quemarlo vivo.

Serian ya las nueve de la noche cuando la justicia Real tenia prevenido

el verdugo, alguaciles, ministros, pregoneros y cabalgaduras en que

subieron á los relajados y los llevaron fuera de la ciudad á un sitio

diputado para quemadero que llaman _el Marrubial_, campo raso en que

está un rollo de piedra mármol, junto del cual habia puestos cinco

maderos y en el uno puesta una argolla, y prevenida mucha cantidad de

leña. En llegando, dieron primeramente garrote á las tres mujeres y al

dicho Antonio Lopez; y acabados de ahogar, echaron leña y pegaron fuego

en la cual fueron arrojando una á una las estatuas relajadas en nombre

de sus dueños representados en ellas. Hecho esto pusieron en el palo del

argolla al dicho Manuel Lopez, pertinaz; y vivo le comenzaron á dar

fuego, habiendo antes de encenderlo en la parte que estaba, todos los

religiosos que con él y los demás habian ido, domínicos, franciscos,

carmelitas, trinitarios y de la compañía de Jesus, hecho notables

diligencias afectuosamente procurando su conversion (y no siendo

posible, ni habiendo aprovechado para ella los ruegos y lágrimas de sus

quemados padres que con demostraciones al parecer verdaderas, una y

muchas veces este dia lo habian pretendido), encendieron mas el fuego,

sin que hiciese demostracion de sentimiento. Tal era la privacion en que

el demonio le tenia apoderado de su cuerpo y alma; y tal su obstinacion,

terquedad y dureza: bien que el fuego embravecido de ella se apoderó de

su cuerpo, de manera que sin perder su furia, á él y á los demás dejó

hechos cenizas, siendo la gente que habia salido á ver este lastimoso

espectáculo tanta, que con ser campo espacioso el sitio, ni coches, ni

caballos, ni personas se podian mover. Y es mucho de notar para la

confusion de estos y de los demás judíos, que habiendo un religioso

francisco antes de entrarle la cabeza en la argolla propuesto algunas

razones eficaces para que conociese á Jesucristo Ntro. Sr. y saliese de

su error, le respondió estas palabras: _Reniego de Dios, que primero me

llevará el diablo, que confiese á Jesucristo_.»

Esto sacaban los inquisidores por fruto de los bárbaros castigos hechos

en las personas de judaizantes, i de las pretensiones de convertirlos á

la religion cristiana en el punto en que por no guardarla iban á ser

reducidos á cenizas. Por donde se ve que los jueces del Santo Oficio

vencieron en crueldad á los gentiles de los tiempos de Neron; porque

estos jamas exigian de los cristianos que mataban, su conversion al

paganismo en la hora de la muerte.

Don José de Pellicer en sus _Avisos_ de 2 de Agosto de 1644, dice:--«La

Inquisicion hizo auto en Valladolid, i entre los castigados fué uno don

Francisco de Vera, hijo de don Lope de Vera, caballero de San Clemente i

mui emparentado, á quien su mismo hermano acusó: ha estado preso seis

años. Quemáronlo vivo por negar la venida del Mesías i otros artículos

de la fe, siendo así que por ningun lado dejaba de ser cristiano viejo.

Interpretaba á su modo la Biblia, i no fué posible que se convirtiese i

al fin murió impenitente i obstinado en la lei de Moisés.» I en los

avisos de 9 de Agosto del mismo año, se lee tambien: «Dicen muchas cosas

de aquel desventurado que se dejó quemar vivo por judaizante en el auto

de Valladolid, i que se puso por nombre _Júdas el creyente_.»

I no faltaban reos que desafiasen con valor las iras de sus jueces, i

que de todo punto los despreciasen, riéndose de ellos, i mofándose de

todas las ceremonias que se hacian en los autos de fe. En la relacion

del celebrado en Méjico el año de 1659 se lee: «Francisco Lopez de

Aponte, ateista contumacisimo i maliciosisimo, estuvo en el tablado que

parecia un demonio arrojando centellas por los ojos, i manifestando

anticipadamente en su aspecto, su eterna condenacion. Cuando le

llevaron desde la media naranja ó gradería al centro del teatro para que

oyese su sentencia, estuvo haciendo piernas, i debiendo durante la

lectura permanecer en pie sobre la tarima, á poco rato se sentó en ella.

Despues que volvió á la media naranja, dijo mofándose á los confesores

que asistian á los demás relajados (porque este infernal hombre no quiso

admitir ninguno, i se estuvo solo): _¿Qué tal os parece, padres? ¿No he

hecho bien mi papel?_»

I no solo se burlaban los judíos de aquellos verdugos de corona i

sotana, sino que se hacian señas unos á otros para mantenerse firmes en

su lei, i sufrir con valor la muerte, i martirio que les eran

destinados. En la citada relacion se dice: «Diego Diaz totalmente se

declaró judío en el tablado, i así con los dos reos Aponte i Botello se

estaban haciendo señas como animándose para morir en su caduca lei; i

reprendido por uno de los religiosos que le asistian, respondió: _Pues,

padre, ¿no es bien que nos exhortemos á morir por Dios?_ I como le

replicase que siendo judío no moria por Dios sino en desgracia suya i

ofendiéndole, se endureció del todo sin querer tener como antes la santa

cruz en la mano.»

Esto hacian ya que les era impedido comunicarse de otro modo, porque

como los inquisidores vencian en crueldad á Diocleciano, á Neron, i á

los demás emperadores que fueron azote del cristianismo, no dejaban á

los reos verse mas que en la hora del suplicio, i hablarse en ningun

tiempo. Los tiranos de Roma no impedian á los mártires comunicar entre

sí, ya en las cárceles, ya en el instante de caminar ó recibir la

muerte; pero aquellos eran emperadores i gentiles, i estos eran jueces

del Santo Oficio de la Inquisicion, i teólogos. Ni aun los maridos

sabian la prision de sus esposas sino en la hora del auto de fe; i

entonces solo podian darse unos á otros el último á Dios con los ojos;

porque con las palabras les era vedado por aquellos monstruos de

crueldad indignos de ser llamados hombres, cuanto mas sacerdotes: por

aquellos monstruos mas feroces que los caribes: por aquellos que no

siguiendo á la letra el Evangelio porque no lo entendian, escudados con

testos teológicos que interpretaban á su placer, tenian ahogados en los

corazones todo sentimiento de humanidad; i eran mas dignos de pertenecer

á la clase de las fieras que á la de hombres; i aun estoi por decir que

no á todas; porque el leon es animal noble, i en ellos no habia mas que

el deseo de beber sangre humana, i la feroz bestialidad de los tigres i

de las hienas.

En la relacion citada del auto de fe hecho en Méjico el año de 1659 se

lee: «Francisco Botello se hubo tan descaradamente en el tablado, que

diciéndole uno de los confesores que pretendió convencerle del judaismo

que mirase como verdaderamente era judío, pues su mujer estaba allí

tambien penitenciada por ello, levantó los ojos para verla, con tan

grande alegría i alborozo, como si fuera el dia de mayor contento para

él que en su vida hubiese tenido, é hizo mucha diligencia para hablarla;

pero no lo consiguió porque le descendieron dos gradas mas abajo.»

¡Cuántos judaizantes no sufrian entonces con el mayor esfuerzo la

horrible muerte que les era destinada por los inquisidores! En el

tercero de los cuatro autos de fe celebrados en Mallorca en 1691, en los

cuales fueron entregados al fuego, despues de ahogados, treinta i cuatro

reos, tres fueron quemados vivos por judíos impenitentes, i llamábanse

_Rafael Valls, Rafael Terongí, i Catalina Terongí_. «Al ver estos de

cerca la llama (dice el autor de la relacion) comenzaron á mostrar furor

forcejando á toda rabia por desprenderse de la argolla, lo que al fin

consiguió el Terongí, aunque ya sin poderse tener, i cayó de lado sobre

el fuego. La Catalina al lamerla las llamas gritó repetidas veces que la

sacaran de allí aunque siempre pertinaz en no invocar á Jesus. Valls al

llegarle la llama se defendió, se cubrió i forcejó como pudo hasta que

no pudo mas. Estaba gordo, i encendióse en lo interior de manera que aun

cuando no llegaban las llamas, ardian sus carnes como un tizon, i

rebentando por medio se le cayeron las entrañas[93].»

I no solo sufrieron con estraordinario valor los desdichados judaizantes

la espantosisima muerte que les era destinada por los caribes que se

decian sacerdotes de Dios, sino que muchas veces se arrojaban á la

hoguera para pasar mas presto á mejor vida. José del Olmo en la Relacion

del auto general de fe, celebrado en Madrid en 30 de Junio de 1680, pone

estas palabras, viendo que algunos reos se tiraron á las llamas, i

conociendo cuan mal habia salido la cuenta á la Inquisicion, ó por lo

menos á la religion cristiana, con la crueldad de los jueces del Santo

Oficio: «Puede ser que hiciese reparo algun incauto en que tal ó cual se

arrojase en el fuego, como si fuera lo mismo el verdadero valor que la

brutalidad necia de un culpable desperdicio de la vida á que se sigue la

condenacion eterna.» I conociendo Olmo que aquellos que morian tan

heróicamente eran tenidos por mártires, dice estas razones para prevenir

los argumentos de los judíos: «Los mártires no los hace la muerte, sino

la causa, i muchas veces suele remedar el error las hazañas de la

verdad.»

Sin embargo de lo que escribió el fanático Olmo para dar gusto á los

señores de la Inquisicion, yo siempre recuerdo al ver la constancia de

los judíos españoles en no abandonar su lei á pesar de las iras del

Santo Oficio, i en morir valerosamente cuando eran descubiertos i

castigados, lo que en el siglo IV de la iglesia escribia Lucífero,

obispo de Caller, al Emperador Constancio en nombre de todos los demás

cristianos perseguidos.

«En hora buena que nos combatan de órden tuya encrespadas olas y

violentos torbellinos. Nosotros permanecerémos cada vez mas inmobles, y

lejos de zozobrar en la borrasca tomarémos mas aliento al paso que sean

mayores los peligros que nos cerquen; pues el cristiano no cede

fácilmente á la maldad, degradándose con el abatimiento que la acompaña,

antes bien descubre mas su grandeza de alma cuanto mas se empeñan los

tiranos en envilecerle. Crece la persecucion; pero tambien crece, oh

Emperador, la gloria de los soldados de Jesucristo; i lejos de que los

tormentos nos retraigan de la palestra, hacen que volemos mas ligeros á

ella. Que esto sea verdad lo confesarás tú mismo, cuando nos veas

presentarnos, i defender la fe con igual denuedo en todo el imperio sin

que tus detestables halagos nos engañen, ni tus amenazas nos aterren; i

sin que nos venza la crueldad de los tormentos, hallándonos fortalecidos

por aquel Señor que nos prometió estar con nosotros hasta la consumacion

de los siglos.

Seguirémos, pues, adelante hasta que destruyas nuestro cuerpo, así como

hemos seguido hasta ahora, cubiertos con el escudo de Jesucristo,

revestidos con la cota de malla de su piedad y guiados por su espíritu,

manteniéndonos inflexibles á toda sugestion que se dirija á hacernos

olvidar nuestra dignidad. Padecemos (no hay duda) cuando se atormentan

nuestros cuerpos; pero tambien enseñamos con nuestro ejemplo que ninguna

violencia basta á separar al sabio de su parecer i propósito con mengua

de su decoro, i que tiene grandes ventajas el padecer por Dios que es la

misma verdad. Por lo demás nada importa que me hagas morir traspasada la

cabeza con un clavo, ó el pecho con una lanza, atadas las manos por

detrás, estendidos ó juntos los brazos por delante, boca abajo,

encorbado, de pie, ó levantado del suelo: que me mandes matar en mi

lecho, ó cortarme la cabeza fuera de él con la espada ó con la segur,

reclinado sobre un tajo, ó que me empales, pongas en cruz ó me quemes á

fuego lento: que me entierres vivo, me precipites de un peñasco ó me

sumerjas en el profundo mar. Ni me da cuidado que despues sea mi cadaver

pasto de las aves i los perros en el campo, ó que á vista tuya i con una

complacencia cruel le despedacen las fieras y le devoren hasta que no

queden sino los desnudos huesos, porque al fin me he de hallar salvo y

sin lesion delante de Dios.»

Razones semejantes á estas decian los desventurados hebreos cuando eran

perseguidos por aquellos malos cristianos. I no traten los necios

defensores que aun tiene el detestable tribunal llamado por antífrasis

Santo, de decir que sus jueces no deben ser acusados de crueles porque

ellos despues que condenaban al hereje lo declaraban no sujeto á su

jurisdiccion, respecto á que por su delito se apartó de la Iglesia,

constituyéndose bajo la sola potestad laical, i que cuando lo entregaban

á esta no pedian que le fuese quitada la vida. Este modo de obrar en los

jueces de la Inquisicion, revela que en ellos todo era pura hipocresía,

porque al entregar los reos al brazo seglar, hacian como los sacerdotes

de los judíos, que siendo los verdaderos causantes de la muerte del

Salvador, respondieron á Poncio Pilatos, cuando este les instaba para

que lo juzgasen segun su lei, _que esta no les permitia dar muerte á

ninguno_. De donde se viene á colegir que tan bribones i tan perversos

eran los fariseos como los inquisidores.

Tomen ejemplo los que imaginan que solo las persecuciones pueden reducir

al gremio de la iglesia á los que anden desviados de ella, en lo

acaecido en España con el tribunal del Santo Oficio. En el siglo XV, en

el XVI i en el XVII no hacian mas que prender i castigar á judaizantes,

segun se demuestra por las muchas relaciones de autos de fe impresas en

aquellos tiempos. Pues á pesar de tanto rigor, judíos habia aun en

España en el siglo XVIII. El dia 28 de Octubre de 1703 fue quemado vivo

á la edad de veintiseis años Diego Lopez Duro, natural de Osuna, en la

ciudad de Sevilla. En ella tambien fué reducido en 1720 á cenizas frai

José Diaz Pimienta, i en otros autos hechos en la misma ciudad i en el

mismo siglo fueron quemados los huesos de don Diego de Avila, natural de

Málaga, vecino i administrador general de rentas reales de Carmona, don

Diego de Espinosa, natural de Alhama, vecino de Cádiz, i guarda mayor

de millones en ella, Francisco Diaz de Espinosa, natural tambien de

Alhama, i vecino i administrador de rentas en Cádiz, con los huesos ó

las personas de muchos infelices presos i castigados por judaizantes.

Tanto número de judíos habia en el siglo últimamente pasado. En Córdoba

la Inquisicion castigaba rigorosisimamente á los muchos que tambien

habia en aquella ciudad i en sus contornos. En Valladolid se hacian las

mismas diligencias para desarraigar el judaismo; pero todo era en vano.

Cerca de tres siglos llevaba ya de establecido el barbarisimo é inicuo

tribunal, i en ellos habia trabajado constante i porfiadamente por

destruir á los muchos judíos que habia en estos reinos, ocultándose con

las apariencias de verdaderos cristianos.

En el siglo XVII, no obstante tantos castigos, viéronse fijados en las

casas mas principales de algunas ciudades i villas unos infames carteles

que decian: _Viva la ley de Moisés y muera la de Cristo, que lo demás es

mentira_. Un solo hombre quiso remediar estos desórdenes, reparando al

mismo tiempo la falta de poblacion que tenia España ocasionada por las

dos espulsiones de judíos i moros. Este hombre fué el Conde-duque de

Olivares.

Para conseguir sus designios mandó venir de Salonique i otras ciudades

varios judíos descendientes de los espulsos de España para conferir el

modo con que ellos i los demás volviesen á vivir en estos reinos. Para

lo cual trataba de amenguar mucho el poder del Santo Oficio. La venida

de estos judíos i su estancia en la corte fueron mui contradecidas i

repugnadas por los Consejos de Inquisicion i de Estado. Pero de todo se

burlaba el Conde-duque, fiado en el mucho valimiento que tenia con el

rei.

Los inquisidores viendo en esto que estaban á punto de perder su

poderío, i á mas las confiscaciones hechas i por hacer en los bienes de

tanto desventurado judaizante, determinaron representar á Felipe IV los

muchos daños que de estar en la corte aquellos judíos resultaban á la

entereza de la Fe de Cristo en estos reinos. Para lo cual se presentó en

la cámara del rei el inquisidor general que era cardenal de Santa

Balbina, i le habló con el valeroso celo que su conveniencia i la de los

bellacos que tenia á sus órdenes imperiosamente exigia. Felipe IV se

acordó entonces que era hijo de Felipe III i nieto de Felipe II, i así

dejándose vencer de las razones del inquisidor, empeñó su palabra de

ordenar al Conde-duque de Olivares la salida de aquellos judios, no solo

de la corte sino tambien de todos sus reinos i señoríos: con que de esta

suerte quedaron burlados los buenos deseos que tenia el valido de

reparar los daños que España padecia, por la falta de poblacion,

comercio i riqueza: los cuales iban tan en aumento que ya amenazaban la

ruina de esta desventurada i siempre mal regida monarquía.

¿Pero cuál era el fruto que sacaban los reyes i los inquisidores de la

constante persecucion levantada contra los que judaizaban? Fuera de las

confiscaciones, ninguno provechoso. No hacian mas que aborrecible la

Doctrina Evangélica: la cual no les daba autoridad para cometer tan

atroces é inhumanos hechos. Digan sinó los defensores de la Inquisicion

¿en los reinos estraños en que esta no existia i moraban judíos, cuántos

cristianos abandonaban su religion i abrazaban la de Moisés? En España

al contrario, mientras mas autos de fe, mas muertes i mas infamias de

linaje se hacian por los inquisidores, mas personas judaizaban. I no

solo de las familias de los castigados, sino de aquellas que descendian

por todas sus ramas, de cristianos viejos. Sirvan de ejemplo don Lope

de Vera, quemado en 1644 en Valladolid, i frai José Diaz Pimienta, en

Sevilla el año de 1703. Los judaizantes en vez de amedrentar con el

ejemplo de su muerte, hacian otros nuevos; porque muchos hombres al ver

la constancia i el valor con que aquellos desdichados sufrian el

espantosisimo suplicio de la hoguera, se persuadian que Dios les ponia

aliento en los corazones en aquel tan amargo trance, i que recibiendo

este favor del cielo, era cosa indudable que morian por la verdad. Con

esto los canonizaban por mártires, i ellos mismos dejaban la religión

cristiana i se pasaban al bando del judaismo. I esta es la razon de

haber existido tantos judíos en España á pesar de las iras de la

Inquisicion en los siglos XV, XVI, XVII i XVIII: prueba clarisima de que

las persecuciones eran quienes levantaban á muchos para seguir el rito

mosáico, puesto que en los reinos estraños ningun cristiano pensaba en

ser judío, i en los nuestros habia muchisimos, i no personas de la

plebe, sino caballeros i hombres doctisimos en todo género de letras.

Aun á las puertas de este siglo, esto es en el año de 1799, fué

castigado un hombre por la Inquisicion de Sevilla, el cual era hereje

judaizante, i llamábase Lorenzo Beltran.

Los judíos existieron en España hasta que en la guerra de la

independencia fué abolido el tribunal del Santo Oficio; i aunque luego

fué vuelto á nueva vida, entonces ya no era tribunal religioso, sino

tribunal politico, en donde se encerraban á aquellos hombres que no

teniendo delito de que ser acusados, i necesitando el gobierno que no

estuviesen en libertad eran metidos en las cárceles de la Inquisicion,

por tiempo indeterminado.

Léanse las innumerables relaciones de autos de fe que existen impresas i

manuscritas desde el siglo XV hasta principios del presente, i por ellas

se vendrá en conocimiento de los muchos judíos que existian en España.

I véase luego el número de los cristianos que dejan hoi la Doctrina

Evangélica por la lei de Moisés, lo cual prueba que la Inquisicion en

vez de destruir los judíos, era quien con sus bárbaros é inhumanos

castigos hacia odiosa la Fe de Cristo, i atraia con el ejemplo de los

mártires que todos los años quemaba en sus hogueras, muchos i grandes

parciales á la secta judáica.

Historia de los Judíos en España desde los tiempos de su establecimiento hasta principios del present siglo · 第 9 / 16 题