CAPÍTULO X.

Legaspi.--Correrías moras.--El comisario Juan.--Un viejo uniforme y una

alma grande.--Cuatrocientas orejas moras.--Estadística.--El Tribunal,

la iglesia y la casa parroquial.--La imagen de San Rafael.--Un

deportado de tiempo de Narvaez.--El literato Fernández.--Alguaciles

y maitines.--Las leyendas del Capuntocan.--Teatro bicol.

Legaspi es el primer pueblo que se encuentra en el partido de

Tabaco. Ya hemos dicho que donde hoy se levanta aquel, existió la

antigua cabecera de Albay, y que aún le llaman algunos naturales

Albay viejo.

El primitivo pueblo como todos los playeros de aquella provincia,

fueron blanco en el siglo pasado y principios del presente, de las

crueldades y correrías meras, en cuyas empresas vencedores unas veces ó

vencidos otras, siempre dejaban á su paso huellas de sangre é incendio.

Las piraterías moras no reconocían cuartel, salvándose únicamente

el hombre fuerte que le conceptuaban útil para los duros trabajos del

esclavo, ó la mujer joven y hermosa que pasaba á ser en las tolderías

moriscas víctima del insaciable sensualismo de aquellas razas.

La esclavitud, el deshonor y el incendio, eran las consecuencias á

que se entregaba el vencido, de aquí el que las resistencias fuesen

tan tenaces como el ataque.

En el poético canal que se abre frente á Albay y que divide la isla

de Bataan de la de Cagraray, achacoso y octogenario vive el célebre

comisario Juan, héroe de una de las correrías moriscas. Marcialmente

viste en las grandes solemnidades un viejísimo uniforme de sargento y

periódicamente cobra una pequeña asignación en premio á sus servicios

entre los que descuella el siguiente: Una mañana se encontraba el

Gobernador de Albay en su despacho, cuando se le anunció que un indio

mal herido y cubierto de sangre deseaba hablarle. Recibido el permiso

se presentó el hoy comisario Juan, y con el laconismo, indiferencia y

poco valor que le dan los indios á los actos y acciones de la vida,

le dijo al Gobernador al par que abría un tosco saco:--«Señor;

anoche asaltaron los moros el pueblo; á todos los cogimos, y como

eran muchos, y las cabezas seguro no habría podido traer; aquí en

este saco hay más de cuatrocientas orejas moras;»--y esto dicho,

las presentó ensartadas en una larga cuerda de abacá.

El valor del indio Juan fué recompensado con el título de comisario,

uso de uniforme de sargento y pequeña pensión.

El pueblo de Legaspi recibió en 1856 ese nombre en honor del célebre

navegante.

Legaspi, con los barrios que de él dependen cuenta con una población de

6.411 almas. Tiene 1.587 tributos, distribuidos en 34 cabecerías. Se

inscribieron 35 casamientos, 284 bautizos y 184 defunciones. Hay

radicados 8 europeos y 13 chinos, asintiendo, por término medio á

las escuelas de 120 á 130 niños y otras tantas niñas, siendo 8 y 6

respectivamente los que hablan imperfectamente el español.

A la estadística criminal dió 8 individuos.

Los grandes acopidores de abacá poseen al pie de los almacenes que hay

en Legaspi, sólidos pantalanes de madera que les facilita las faenas de

carga y descarga. Este puerto es sin disputa el más importante de la

provincia de Albay, sosteniendo un constante movimiento con el arroz

que importa, y la gran masa de abacá que exporta, dándole algunos

días extremada animación las operaciones del puerto, el prensaje y

enfardamiento del abacá en los extensos almacenes.

Fuera de la vida comercial poco notable tiene Legaspi de que podamos

ocuparnos. El Tribunal, la iglesia y la casa parroquial son pobrísimas,

sin razón de ser que justifique semejante pobreza, puesto que su

municipio lo forman no pocos mestizos ricos; y en cuanto á la iglesia,

baste decir que en ella se venera una célebre imagen de San Rafael,

que viene á representar no solo para la provincia de Albay, si que

también para otras de Luzón y aun de Visayas, lo que la Virgen de la

Paloma es para los madrileños ó la de Antipolo para los manileños.

Las deportaciones de Narvaez, llevaron bastantes individuos á la

provincia de Albay, en donde la mayoría de ellos se casaron y no

pocos hicieron su fortuna. En Legaspi, vive un antiguo deportado

maestro constructor de coches, que en sus ratos de ocio se dedica

á la literatura. Jamás hemos podido amalgamar la pueril inocencia,

hábitos pacíficos y bonachón carácter de aquel deportado, con los

antitéticos que debían delatar al conspirador; y en efecto, esta

es la bendita hora (y cuidado que han pasado unas pocas), que no

ha podido averiguar el bueno de Fernández el por qué una noche que

se retiraba á su casa después de rezar unos tiernos maitines en San

Ginés, le echaron mano los alguaciles encontrándose al cabo de once

meses de navegación en pleno Filipinas.

El pueblo que nos ocupa, como todos los indios, tiene sus

correspondientes leyendas, fijando la tradición popular una de ellas

en las cuevas que á la derecha del pueblo abren hueco en las entrañas

del Capuntocan. Se cuenta que en estas cavernas habita encerrado un

genio enamorado de una diosa, que á su vez llora ausencias amarrada

á las peñas del Griñong de Albay, atribuyendo aquellos naturales que

este cautiverio durará hasta que rompa las cadenas el gran monstruo

que habita en las profundidades del volcán.

Yo no sé si las aficiones poéticas de Fernández habrán influído en

las del pueblo; pero lo cierto es que sus vecinos prefieren el teatro

bicol á toda otra diversión, y puesto que nos encontramos en lugar

á propósito para tomar del natural un cuadro de costumbres indígenas

no desperdiciemos la ocasión.

Viajes por Filipinas: De Manila á Albay · 第 32 / 43 题