Iraya.--Tabaco.--Sorsogon y Cantanduanes.--De Albay á Daraga.--¿Cagsaua
ó Daraga?--Culebras domésticas.--Etimologías.--M. Montano y sus
viajes por Filipinas.--Iglesia y cementerio.--_Pintacasi_
de Daraga.--Gustos europeos.--Banquetes
chinos.--_La bandala_.--Hospitalidad.--Recuerdos.--Días
tristes.--Estadística.--Comparación de razas.--El _patadeon.--_--La
línea curva.--Mercado de Daraga.--Vendedoras de sampaguitas.--Tertulias
al aire libre.--La casa de Aramburo.
La provincia de Albay se divide en cuatro distritos ó partidos
llamados Iraya, Tabaco, Sorsogon y Catanduanes: el primero lo
componen los pueblos de Cagsaua ó Daraga, pues con ambos nombres
se le conoce. Camalig, Guinobatan, Ligao, Oás, Palangui, Libon,
Quipia, Donzol y Pilar. El segundo, ó sea el de Tabaco, lo forman
los de Albay, Legaspi, Libog, Bacacay, Malilipot, Tabaco, Malinao,
y Tiui. El tercero, denominado como hemos dicho, Sorsogon tiene los
pueblos de Castilla, Sorsogon, Casiguran, Juban, Magallanes, Bulan,
Matnog, Bulusan, Barcelona, Gubat Bacon, y Manito: y en el cuarto,
ó sean las Islas Catanduanes, se encuentran los pueblos de Calolbon,
Virac, Bato, Viga, Payo, Bagamanoc, Pandan y Caramoran.
Con el tiempo y en plazo no muy lejano, esta inmensa provincia
está llamada á ser dividida en tres, formando la Iraya y Tabaco
una de término, y Sorsogon y Catanduanes, otra de ascenso y entrada
respectivamente.
Para proceder con método vamos á hacer una correría á toda la
provincia, visitándola por partidos. Damos la preferencia á la Iraya,
y al efecto y puesto que ya conocemos el pueblo de Albay, trasladémonos
al de Daraga recorriendo en coche y en veinte minutos la pintoresca
y bien conservada carretera que los une.
Daraga ó Cagsaua, pues con ambos nombres se conoce á este bonito
pueblo, debía ser, dada su importancia, la cabecera de la provincia.
Cagsaua es término compuesto de _Cag_- (dueño) y _saua_ (culebra). En
el sitio que ocupa el pueblo habría quizá alguna culebra domesticada,
y en ese caso de aquí vendría la etimología de aquella palabra,
deducción lógica, siendo como es costumbre tener en muchas casas de
Filipinas grandes culebras completamente inofensivas y en domesticidad,
que hacen el oficio de gatos ó perros ratoneros.
Lo mismo sucede en las bodegas de no pocos barcos filipinos, siendo
de notar que tales huéspedes son conceptuados como de buen agüero
para los dueños de las casas y barcos donde moran.
La etimología de Daraga la encontramos más adaptable que la anterior,
puesto que significando dicha palabra bicol, virgen, y teniendo
el pueblo por titular la Natividad de la Virgen, lógico es que se
le llamara _daraga_ ó virgen, en recuerdo de la pureza de la Madre
de Dios.
El comercio, la industria y la vida de Albay, afluye á Daraga en
donde radican las casas más ricas de la provincia.
Mi querido amigo el doctor Montano en su precioso libro de _Voyage aux
Philipines et en Malaisie_ dedica no pocas páginas á Daraga, siendo
justo en sus apreciaciones, hecho digno de consignarse por escasear
obras extranjeras que juzguen á nuestras provincias de Oriente en su
verdadero valor.
La plaza del pueblo que nos ocupa está asentada á las faldas de
un montecillo en cuya amplia meseta se levanta la iglesia y el
cementerio. Como se ve, los muertos no pueden estar más cerca de
los vivos.
Las fiestas ó _pintacasis_ de Daraga son renombradas en toda la
provincia, pero al objeto de nuestro trabajo poco podremos de ellas
decir, por cuanto nuestra misión es dar á conocer costumbres indígenas
y no europeas, y es lo cierto que en aquel pueblo se van perdiendo
las primeras por el gran número de españoles y extranjeros que allí
viven ó transitan. Los bailes, los convites y hasta los gustos líricos
ó dramáticos buscan recuerdos europeos, y para oir el característico
_cutang-cutang_ indio hay que dejar el pueblo.
De citar es, sin embargo, los convites chínicos de Daraga en sus
días solemnes, por figurar en las mesas de sus festines platos tan
originales como los de orejas de ratón, nidos de golondrina, aletas
de tiburón y cabezas de culebra.
En Daraga, como ya hemos dicho, hay establecidos ricos comerciantes
cuyo tráfico se circunscribe á la _bandala_ ó sea el abacá, filamento
del que extensamente nos ocuparemos en otro lugar.
La hospitalidad que se dispensa en Daraga no tiene límites, y si á
relatar fuéramos nombres y atenciones de que fuimos objeto mientras
permanecimos en aquel pueblo, llenaríamos no pocas cuartillas. Estando
en aquella provincia, pasamos por amarguísimas penas á consecuencia
de pérdidas de seres queridos ausentes, y seríamos harto ingratos
si no recordáramos á Aramburo y á su bella y distinguida señora é
hijas; á toda la colonia que forman la casa comercial de los Muñozes,
al chispeante al par que misántropo Avila, al decidor Carrascoso,
tan olvidado de la política que le llevó á aquellas tierras, como
ingrata fué con él, al cáustico José María, al servicial Rufino, al
inteligente Pasiano, y á tantos amigos y amigas á quienes mandamos
en estas páginas un profundo recuerdo de gratitud.
Daraga cuenta con una población de 19.252 almas, repartidas en
su caserío, sumando 5.025 tributos. A las escuelas concurren por
término medio unos 150 niños y 120 niñas, sabiendo el español 15 de los
primeros y 5 de las segundas. Hay radicados 10 europeos y 77 chinos. Se
registraron 869 bautizos, 111 casamientos y 631 defunciones. Fueron
procesados 9 individuos.
Ya hemos dicho que los bicoles son de raza más inferior que la tagala,
y aun la visaya, y buena prueba de ello está en Daraga, en donde si
nos es admisible aplicar la palabra caciquismo, diremos que este lo
ejercen los tagalos é ilongos allí establecidos.
El bicol es más humilde, más modesto, y menos aparatoso que los
tagalos; no predominando ni en sus fiestas, ni en sus trajes la riqueza
de que hacen gala los primeros. El _patadeon_, ó sea esa feísima y
única prenda de vestir que usa la mayoría de las bicoles, es casi
desconocida en las provincias del centro de Luzón. El _patadeon_
es desde luego muy cómodo, tanto que consiste en una faja de tela
más ó menos ordinaria, que da las bastantes dimensiones de largo y
ancho para que una mujer se dé con ella una vuelta, sujetándola á su
cuerpo bien con una cuerda ó correa, ó bien, y esto es más general,
haciéndola un nudo por cima de los pechos.
De algún tiempo á esta parte el característico _patadeon_ bicol
principia en la cintura, habiéndose aumentado el traje con la camisa y
candonga tagala, pero de todos modos el patadeon es tan poco honesto
como buen _agente_ escultural, no escapándose á la flexibilidad de
aquellas ligeras telas ni las más ocultas de las líneas, y sabido es
que la línea que predomina y define la belleza en el eterno femenino
es la curva. Creemos que la coquetería en la mujer es innata en todas
las razas, y esto es tan cierto que generalmente la bicol que más
usa, abusa y oprime el _patadeon_ á su cuerpo, es la que lo tiene
más bonito y esbelto.
En los nocturnos mercados de la plaza de Daraga, se ven no pocos
irreprochables _patadeones_ festoneados de hilo de seda, llevados
con toda la desenvoltura que consiente la escasez de la tela, por
graciosas vendedoras de olorosas sampaguitas, delicadísima flor que
crece en gran abundancia en aquellos campos.
En la plaza de Daraga, y tomando por lugar de cita la puerta de
cualquier establecimiento, se forman tertulias á las que todas las
tardes concurren cuantos europeos viven en aquel pueblo y en los de
Legaspi y Albay.
En esas tertulias se derrocha ingenio, agudeza, y hasta su poquita
maledicencia, á pesar de tener á la altura de las narices, y muchas
veces _dentro_ de ellas, el vecino cementerio que parece debía ser
con su presencia valladar á _ciertos_ y arriesgados discreteos.
En época de lluvias, las tertulias al aire libre se trasladan bajo
cubierto invadiendo indistintamente cualquier casa de las muchas y
buenas que tiene Daraga, descollando entre ellas el verdadero palacio
en que Aramburo ha sembrado el dinero á manos llenas; habiendo dirigido
la decoración y pinturas al fresco que allí se admiran, el inspirado
pintor italiano César Alberoni. Lo que Filipinas ha adelantado en
confort y buen gusto de pocos años á esta parte, merece otro capítulo.