El Mayon.
Al hablar de Albay no es posible dejar de consagrar un recuerdo al
Mayon. El Mayon es uno de los montes más bellos que se conocen en el
mundo. Se alza á más de 8.000 piés en una inmensa cañada, formando
su cono desde la base hasta los límites de su altura, suaves é
iguales ondulaciones por todos sus lados, lo que hace que á cierta
distancia se asemeje á una gigantesca tienda de campaña. Al darle
esta configuración el autor de lo creado, parece quiso recordar al
mortal lo pequeñísimo de sus obras. La justicia humana acampa sus
legiones en un puñado de tierra cubriendo sus ejércitos con cuatro
varas de lona; la Divina justicia hace dormir bajo dilatadas sábanas
de candente lava, poderosas fuerzas cuyo solo aliento remueve montañas
llevando la muerte y la destrucción por doquier.
Las zonas del monte son dignas de estudio por distintos conceptos. En
las primeras estribaciones fructifica toda la flora filipina. Desde la
delicada _sensitiva_ al añoso tronco de la pintada _marra_, y desde
el agreste _lagundi_ á las poéticas _casuarinas_, tienen allí su
representación. La _artemisa_ con las tradicionales virtudes de sus
jugos; la _yerba buena_ con las delicadas emanaciones de sus ásperas
hojas; el adusto _romero_ con su salvaje independencia, adornan las
faldas del coloso, esparciendo á su alrededor finísima fragancia.
Cuando el ábrego hiere las copas de las casuarinas produce en sus
delicadas ramas una armonía extraña y conmovedora. Varias veces
hemos recorrido los bosques de casuarinas que adornan al Mayon,
y al perdernos en aquella revuelta vegetación, hemos caído en esos
misteriosos ensueños á que tan propensos son todos los dolores,
y en medio de aquellos sueños en que el corazón palpita con fuerza
y la imaginación vuela á otras regiones, hemos encontrado una
bienhechora sensación en las extrañas vibraciones producidas por
las casuarinas. Estas tienen un no sé qué indefinible, imposible de
expresar. Las raíces de las casuarinas se extienden entre las muertas
cenizas, y los raros filamentos que forman sus ramas dan sombra
á extensos campos de ruinas. La sombra que proyecta la casuarina,
parece encerrar un hálito venenoso. Al pie de su áspero tronco no
crece planta alguna; solo sus ramas se alzan sobre las candentes
arenas sembradas de monstruosos bloques. La casuarina tiene en el
balete un hermano que gusta de las ruinas tanto como ella. En la
dilatada planicie que se encuentra á la derecha del camino que dirige
de Daraga á Camalig, llama poderosamente la atención del viajero, tres
grupos de exuberante vegetación que se destacan sobre la monotonía de
aquel movedizo arenal. Saliendo del camino y tomando la dirección de
aquellos canastillos de verdura, se divisa primero un roto torreón,
cuyas grietas son otras tantas macetas en que la potente vegetación
de los trópicos encuentra vida y alimento. Más cerca, los grupos de
follaje descubren las antiguas ruinas de tres edificios. Las retorcidas
ramas de los baletes ocultan los restos de una noche de luto y de
lágrimas. Aquellos desunidos sillares formaron en otro tiempo la
iglesia, el tribunal y la escuela de Cagsaua, pueblo que fué sepultado
en la memorable noche del 1.° de Febrero de 1814. Noche de terror y
espanto en que el Mayon lanzó sobre los dormidos pueblos todos sus
gérmenes de destrucción. De la populosa y rica Cagsaua, solo queda
la tradición escrita en informes restos. Estos desaparecerán ante el
poder del tiempo, si antes no son sepultados por nuevas avalanchas
de lavas y cenizas, y entonces Cagsaua ira á dormir el sueño eterno
del olvido al lado de otros cien pueblos que á su vez desaparecieron
en otros siglos ante las espantosas y rojizas llamas del volcán.
En las faldas del Mayon crecen adheridas á las rocas ó abrazadas
á los añosos troncos gran variedad de _orquídeas_ y _parásitas,_
á las que llaman _dapos_ los naturales. La leyenda, la poesía y la
medicina tienen en aquellas especies maravillosas páginas. Según Homero
con los jugos del _Nepenthes_--ó sea el dapo que llaman los indios
_jarro_--hizo el rey de Egipto olvidar á la bella Helena todas sus
amarguras. La palabra _Nepenthes_ deriva de la partícula negativa _Ne_
y de _penthes_ que significa duelo, aflicción, melancolía. Hablando
de esta parásita que tantísimo abunda en el Mayon, dice en su _Flora
filipina_ el Padre Blanco lo siguiente: «Esta planta singularísima
y hermosa, es parásita y fácil de enredarse con otros árboles por
medio de los jarros ó vinageras; estos casi hacen una taza de agua,
y tanto el cordón de la boca, como el del tallo y peciolos de las
hojas, son encarnados. Cada hoja tiene su jarro, lo cual hace una
perspectiva, rara y extraordinaria. No es del todo cierto que estos
jarritos se abran y cierren todos los días. Lo más singular es la
tapadera que cierra tan exactamente la boca que es imposible se
derrame una gota de agua, aunque haya vientos fuertes, ó se vuelva
el jarrito boca abajo: á esta firmeza de la tapadera contribuye el
diente ó laminilla, que tiene por debajo, hacia donde suelen estar
los goznes de una vinagera, la cual encaja entre una pequeña abertura
que dejan entre sí los extremos del cordón. Es, pues, este vegetal
digno de admiración y asombro por su estructura tan singular.»
En los jarritos de la parásita que queda descrita, encuentra el
cansado viajero donde saciar su sed. El agua que aquellos contienen
se conserva fresca, sin que le den mal sabor las paredes que la
guardan. El _dapo mariposa_ es de lo más fantástico que puede verse:
es de largas y flexibles ramas, oscilando en cada una de ellas cientos
de menuditas flores completamente blancas. Cuando el viento mueve
las ramas y las miles de florecillas tiemblan bajo sus flexibles
tallos, se asemejan á una bandada de blancas mariposas, revoloteando
alrededor de un canastillo de verdura. A más de la anterior _orquídea_
se encuentran en las zonas del Mayon gran variedad de aquellas que
vienen siendo hace algún tiempo objeto de comercio, exportándose con
grandes cuidados á Europa, figurando en los suntuosos salones como
uno de los más bellos y raros adornos.
No solo se encuentran en el Mayon curiosísimos ejemplares de la flora,
si que también los hay de la fauna. En las hojas de los árboles se
halla una gran variedad de esos monstruosos y misteriosos seres,
llamados por la ciencia _Fasmidos_, los mismos que son conocidos
en el lenguaje vulgar por _bichos hojas, bichos palos_ y _bichos
troncos_. Quien no haya visto uno de estos extraordinarios animales,
no es posible pueda figurarse la absoluta semejanza que tienen con
los vegetales. Son, ni más ni menos, una rama, un tronco ó una hoja
más del vegetal en que viven. El _bicho hoja_, produce durante la
noche un canto agudo y monótono, parecido al del grillo de Europa,
si bien el del primero guarda intermitencias más cortas que el del
segundo. Los indios llaman á aquellos _fasmidos, garau-garau._
El _balor_, el _bató-bató,_ la _tórtola_ y una gran variedad de palomas
tienen su nido en los bosques del Mayon. El milano de las regiones
intertropicales bate sus alas por cima de los precipicios, siéndole
difícil remontar el vuelo hasta contemplar la cabeza del coloso.
A medida que se hace la ascensión del Mayon va desapareciendo
la vegetación, hasta que, por último, se entra en la zona de las
muertas cenizas. De allí, solo aridez, solo precipicios, solo lagos de
movedizas arenas, salpicados de ennegrecidos bloques. En las cavidades
de las masas basálticas habita el más terrible de los reptiles. Entre
el hueco de dos piedras suele verse la chata y verde cabeza del _Upon,_
reptil que figura en la familia de los _votrofídeos_, cuya mordedura
es mortal.
Al Mayon constantemente lo adorna un penacho de humo, que unas veces
lo abate el viento, en cuyo caso se revierte por los dentados cortes
del cráter, y otras se alza orgulloso y altanero por cima de la región
de las nubes. El humo del Mayon revela que los gigantescos cíclopes de
los oscuros antros vigilan al pie de hirvientes lagos las enrojecidas
montañas de candentes bloques, cuyas monstruosas y desiguales masas
son azotadas de continuo por abrasados torrentes de cenizas y escorias.
El coloso del Estrecho con la regularidad matemática á que necesaria
y fatalmente sujeta toda ley perfecta, acumula en sus calcinadas
entrañas gérmenes de espanto y desolación. ¡Desgraciado el día en
que abra la válvula! ¡Infeliz del pueblo en que sacie su cólera!
Todo lo que la ilusión reviste de sombrío y terrible el fondo del
Mayon, la realidad lo presenta en su exterior de sonriente, grandioso
y sublime. Dentro, impenetrables misterios, medrosas tinieblas, luto
y espanto; fuera, límpidos horizontes, aires purísimos, melancólicas
armonías, luz, perfumes, espacios sin fin y caricias eternas de una mar
bravía que viene sumisa y obediente á besar los pies del coloso, cual
besan los blancos copos de las altas nubes su altanera cabeza. Dentro,
la noche sin fin; fuera, el día sin crepúsculos.
* * * * *
¡La muerte y la vida, la sonrisa y la lágrima, la fuerza que destruye
y el botón que germina, el mal y el bien, el arcángel rebelde y el
arcángel sumiso!