CAPÍTULO II.

La provincia de Albay.--Situación.--Etimología.--Pueblo de Albay--Su

aspecto--Casa Real.--La Administración de Hacienda.--El Tribunal.--La

cárcel.--Su mala disposición.--Obras principiadas.--Principios

humanitarios convertidos en inhumanitarios.--Monumento á Peñaranda.--La

iglesia.--El Gogong y el Ligñion--La raza bicol.--Estadística.

La provincia de Albay se encuentra situada en el extremo S. de la isla

de Luzón; palabra cuya raíz es _Lúsong,_ nombre con que se conoce

el mortero en donde descascarilla el indio el palay; antiguamente

el _lúsong_ no solo era un utensilio doméstico, si que también un

instrumento de guerra. Cuando había alarmas batían la cavidad del

mortero con el mazo de su servicio, dando en sus broncos sonidos

voces de alarma.

Luzón según algunos cronistas se llamó isla Manila, tomando el nombre

de la capital; otros, entre ellos el erudito Padre Colín, tratan de

aclarar la noche de los tiempos queriendo ver en las islas _Maniolas_

que marca Ptolomeo á los 142° long., en sus tablas geográficas formadas

en el segundo siglo de nuestra era, el origen de la palabra Manila:

sea de esto lo que quiera, es lo cierto que en la llamada hoy Isla

de Luzón, y en su extremo Sur, se encuentra la provincia de Albay.

El nombre de Albay, es una corruptela según unos, de _Ibat_, régulo

que imperaba á la llegada de los españoles en dicha parte de tierra,

y según otros se la hace derivar de _Ibalón,_ voz que procede del

término local _ivald_, que quiere significar toda cosa que está al

otro lado de algún río ó brazo de mar.

Con el nombre de _Ibalón_ se conocía de antiguo la provincia de

Albay, tomado sin duda de su primitiva cabecera así llamada, situada

en _Gaditaan_--hoy visita de Magallanes;--este barrio lo separa un

brazo de mar de sus vecinas islas de San Diego, Tinacos y Bagatao,

como asimismo se interpone entre aquel y las islas de Ticao y Samar,

el estrecho de San Bernardino; separándole por último la bocana de

la bahía de Larsogon de Tumalaytay y Macalaya, donde estuvo también

algún tiempo la capital de la provincia, siéndolo hoy el pueblo de

Albay que le da nombre.

La palabra _albay,_ es corrupción de _albay-bay; al_ preposición

castellana, y _bay-bay_ palabra bicol que significa playa; de modo,

que unida la palabra española á la bicol, resulta _albay-bay_, ó sea

_á la playa_. Sabido es que antiguamente se vivía por lo general

tierra adentro para evitar las sorpresas de los desembarcos moros

ó de los mismos _barangayanes_ enemigos, y acaso entre aquellos

habitantes habría algún europeo que al mandarlos á la playa,

construiría la palabra _albay-bay._ El abuso que hace el indio del

apócope, justifica que la palabra _albay-bay_ quedase reducida á la

de Albay. El primitivo pueblo fué el conocido hoy por el de Legaspi,

y al cual muchos naturales le siguen llamando _Vanuangdaan,_ ó sea

Albay viejo.

El lugar que ocupa en la actualidad la cabecera, se denominaba

_tay-tay_ que significa fila ó hilera.

Albay, ó sea la capital de la provincia de la que toma el nombre, se

encuentra situado entre los pueblos de Daraga y Legaspi, distando de

este último, y por consiguiente de la mar, 3 km. escasos. El aspecto

del pueblo no demuestra ser la cabecera de una de las provincias

más ricas del archipiélago filipino. La Casa Real, residencia del

Gobernador, es una destartalada vivienda de construcción mixta,

predominando en ella la tabla y la nipa. La Administración de Hacienda

tiene techo de hierro, y el Tribunal, pobrísimo edificio, es al par

que casa municipal cárcel de partido. Esta cárcel dividida en dos

reducidas cuadras, ocupa los bajos del Tribunal y alberga no solo

los presos preventivos, si que también los que procedentes de causas

sustanciadas en aquel juzgado, fueron condenados á menos de dos años de

prisión. La provincia que nos ocupa tiene una gran masa de población,

y aunque su criminalidad no es mucha, siempre hay que contar entre

los detenidos por el Gobierno, juzgado y administración, y los que

extinguen condena, con unos 150 á 200 individuos por término medio,

amontonados en los sucios sótanos de aquella cárcel. Es de advertir que

Albay es una de las provincias que más rendimiento llevan á las cajas

locales, siendo la última que dejó de pagar la contribución llamada

_tanorias,_ importante unos 25.000 duros. Estos ingresos, visto el

desamparo y la carencia absoluta de edificios públicos, prueba no se

les da su verdadero destino; cierto es que á saliente de la plaza del

pueblo se alzan los muros de una soberbia cárcel, pero ciertísimo

es también que ya se han agotado no sabemos cuántos presupuestos,

y que los muros siguen poco menos que en cimientos, que las maderas

acopiadas se pudren y que los hierros y sillares desaparecen. Y al

hablar de la cárcel no podemos pasar en silencio un hecho que se

verifica, no solamente en la de Albay, si que también en la mayoría

de las de Filipinas. Un Gobernador general práctico y conocedor de las

necesidades del indio, consiguió del Gobierno supremo un Real decreto

por el que se le autorizaba á dar permisos á los jefes de provincias,

para que á los presos preventivos no solamente se les dejara salir

de las cárceles, con la competente custodia, á bañarse, lavar la ropa

y hacer aguada, si que también á ocuparlos en trabajos moderados que

revistieran caracteres puramente higiénicos. Esta concesión como se ve,

teniendo en cuenta la estrechez, malas condiciones de las cárceles y

fuertes temperaturas de aquellos climas, era benéfica y humanitaria:

pero _en efecto_, el tiempo y las _circunstancias_ han convertido

el principio humanitario en inhumanitario y cruel, y el trabajo

regenerador, higiénico y voluntario del preso preventivo, en el

infamante, durísimo y forzoso del condenado. Se dirá, ¿y el indio por

qué no reclama? Pues es muy sencillo; el indio de cárcel pertenece á la

clase desheredada que ni defiende derechos ni muchas veces los conoce,

y á falta de ese conocimiento, elevamos nuestra débil voz á los

poderes públicos pidiéndoles hagan desaparecer este monstruoso abuso

que ha introducido la costumbre en no pocas provincias filipinas.

Frente á la Casa Real hay un hermoso y espacioso jardín en cuyo centro

se alza un sencillo monumento dedicado á la memoria del Gobernador

D. José María Peñaranda. La iglesia es de una sola nave, y tanto su

construcción como cuanto contiene, es muy pobre. Su administración

corre á cargo de un clérigo indígena.

Nada tiene este pueblo de particular que, de contar sea, salvo recordar

la bellísima vega en que se asienta, y las aguas termales del Gogon,

cuyo manantial se encuentra á las faldas del Sigñion, heraldo del

grandioso Mayon, que se alza á su espalda.

En Albay como en toda la provincia se habla el bicol siendo esta

raza inferior á la tagala, y así se ve que donde quiera que aparece

un tagalo, bien pronto se impone.

El espíritu de provincialismo no está tan arraigado como en

otras provincias, no siendo por lo tanto extraño ver votar para

Gobernadorcillos á individuos de corta radicación, hecho que jamás

se registra en los pueblos tagalos, en donde las cartas de naturaleza

tardan muchísimo tiempo en otorgarse.

Albay tiene 56 cabecerías, 1.052 tributos y 4.365 almas. Según los

libros parroquiales, se consumaron 40 casamientos, 410 bautizos

y 282 inhumaciones. Hay en su población 11 europeos y 12 chinos;

asisten á las escuelas unos 230 niños y 85 niñas, siendo escaso el

número de las que hablan español. Se procesaron 15 individuos.

Sería una verdadera profanación tourista, ocuparse de Albay y no

consagrar las primeras páginas al gran _Mayon_ ó _Buquid_, como le

llaman algunos indios.

Cumplamos, pues, con este deber, en el siguiente capítulo.

Viajes por Filipinas: De Manila á Albay · 第 24 / 43 题