Jean Basin de Sendacour es el autor de los nombres _Americus_
y _América_--Razón que tuvo para preferir estos nombres á
_Albericus_, _Amerigo Amerigonius_ y á _Albericia_,
_Amerigiu_, y _Amerigonia_--Los franceses han conservado el
nombre indígena _Amérique_, y han sido los primeros en nombrar
americanos á los habitantes del Nuevo Mundo--Razones que hay
contra la suposición de que Waltzemüller y Gualterio Lud hayan
podido ser los autores de los nombres _Americus_ y _América_.
Henos aquí, pues, llegados á los nombres _Americus_ y _América_. Las
largas digresiones que preceden, no son en manera alguna inútiles, como
vamos ya á verlo. Todo cuanto se encuentra en el documento impreso
contemporáneo que hemos considerado, y que es el único verdaderamente
auténtico, es de importancia para llegar á la verdad.
Durante el invierno de 1506 á 1507, la pequeña Sociedad de Geografía del
Gimnasio vosgense, tuvo en su poder: 1.º, la primera carta de
Vespucci, edición de Strasburgo del impresor Matías Hupfuff, la cual
contiene la composición en verso elegiaco de Philesius, y en la que
Vespucci es conocido con el nombre propio de _Albericus_; 2.º, muy
probablemente la segunda carta de Vespucci, en la que lleva el nombre de
_Amerigo_; en fin, 3.º, una traducción francesa, manuscrita ó
impresa, de esa misma segunda carta, que contiene los cuatro viajes, y
en la cual se llama _Amerige_.
Este nombre _Amerige_, en francés, como traducción de _Amerigo_, se ha
conservado en la traducción latina, conocida con el de _Quatuor
Navigationes_, y ocurre en la introducción, para marcar que es
sinónimo, en la traducción francesa, del nombre italiano _Amerigo_, y
que el nombre latino _Americus_ debe mirarse como su traducción libre,
quizás muy libre.
El canónigo Jean Basin de Sandocourt tuvo el encargo especial--á causa
de la elegancia de su estilo poético--de traducir en latín la versión
francesa de las _Quatuor Navigationes_. Preséntase desde luego el nombre
propio de Vespucci. Jean Basin tuvo ante sí _Albericus_, nombre bien
conocido, y que según Humboldt, “recuerda á muchos hombres célebres de
la edad media que lo han llevado;”[41] en seguida _Amerigo_, ó
_Amerige_, nombre totalmente desconocido, así en italiano como en
español, al menos como nombre propio, de Santo, y eso en la época del
mayor fervor del cristianismo. Traducido en latín _Amerige_ da
_Amerigius_, como Virgilius, etc., ó bien, si se acepta el nombre
italiano _Amerigo_, se tendría _Amerigonius_, ó con más elegancia
_Amerigo_, como Cicero, _Scipio_, etc. Así es que Jean Basin tuvo á su
disposición los cuatro nombres latinos _Albericus_, _Amerigius_,
_Amerigonius_, _Amerigo_, como también _Amerige_;[42] y sin embargo no
empleó ninguno de éstos--Por qué? Uno de mis críticos ha dicho:--“El uso
de la palabra _Americus_, es una corrección más que un error del
geógrafo alemán.”[43]
Corrección quiere decir falta cometida, ó al menos _lapsus linguæ_. Por
medio de la corrección se vuelve la palabra á un sentido del que no
puede desviarse, ni admitir variación, pena de ser incorrecta. Hasta
ahora, á pesar de todas las investigaciones, no hay noticia de la
existencia del nombre _Americus_ en ningún libro ú otro impreso anterior
á 1507. Este nombre tiene tanto de europeo, como Nicaragua, Guatemala,
Niágara, Mississippí, Missouri, Ontario, Chimborazo, etc., etc., todos
tan bellos como peculiares al Nuevo Mundo.
El elegante poeta Basin seguramente gustó mucho del nombre _Amerrique_ ó
_Amérique_, que llegó hasta él, como adelante probaremos, y lo juzgó
admirablemente adaptado para colocarlo frente al de Vespucci, á quien
miraba como descubridor del país de donde provenía este nombre sonoro y
de fácil pronunciación. Y sin más examen, por una licencia poética muy
grata á todos los versificadores y prosadores de gusto, disfrazó á su
héroe Vespucci con un nombre indígena, operando la ingeniosa corrección
de _Amerige_ ó _Amerigius_ por _Amérique_ ó _Americus_. Con esto dió un
golpe de maestro, de docto filólogo y de diserto prosador. Era preciso
un poeta para semejante asimilación, digamos más bien, creación. El
imbécil de Waltzemüller, lleno de importancia como director de imprenta
y diseñador, no pudo ser autor de semejante arranque de vivacidad y de
buen gusto. Por lo demás, Juan Basin no mostró hallar inconveniente en
seguir literal y matemáticamente, cuanto halló en el manuscrito; y sin
pestañear puso como dirigida al rey René, duque de Lorena, la segunda
carta de Vespucci dirigida á su Magnificencia Messire Pierre Sederini,
gonfalonero perpétuo de la República de Florencia. Para él todo esto no
pasaba de ser un juego, una licencia poética. Juan Basin es un hombre á
quien debe juzgarse como poeta, y tomarse por lo que es, á saber, el
editor de la Nancéide, el autor de un tratado séptuplo sobre el arte de
bien decir, (_Novus elegansque conficiendar. epistolar._....Saint Dié,
1507). Era pulcro y elegante en el arte de decir y en el de escribir.
Una vez decidido á dar á Vespucci como nombre propio el de _Americus_,
solo le quedaba un paso para llamar _América_ al Nuevo Mundo. Con igual
facilidad y naturalidad Jean Basin franqueó esa cortísima distancia:
primero en un párrafo de la foja trece, página =C= (tirada de Setiembre
de 1507) que hemos citado al principio del capítulo VI, en donde se
encuentra inscrito al margen el nombre _Ame-rige_ para indicar que
_Americus_ está allí en lugar de _Amerige_; en seguida en el capítulo
IX: _De quibusdam Cosmographiæ rudimentis_, que es el alma de la
Introducción, y que constituye su principal capítulo, al mismo tiempo
que el más largo de toda ella, estando en ocho páginas. Al reverso de la
foja quince, es decir, á la página treinta, que no está marcada, hállase
el famoso y tan repetido pasaje, en estas palabras:
“_Nunc vero et hae partes (Europa, Africa, Asia) sunt latius lustratæ,
et alia quarta pars per Americum Vesputium (ut in sequentibus audietur)
inventa est quam non video cur quis jure vetet ab Americo inventore,
sagacis ingenii viro, Amerigen quasi Americi terram, sive Americam
dicendam: cum et Europa et Asia á mulieribus sua sortita sint nomina.
Ejus situm et gentis mores ex bis binis Americi navigationibus quæ
sequuntur liquide intelligi datur._”
Este capítulo IX que tiene tan grande importancia, y que puede decirse
el primero de toda la obra, presenta las particularidades que voy á
indicar. Desde luego, como para aislarlo y separarlo de todo lo que
precede, tiene al margen y al fin del capítulo VIII, una grande estrella
de seis radios que pasan las líneas y se introducen al mismo margen. En
el _Tractandorum Ordo_ del principio, el título del capítulo IX es
diferente del que lleva en el cuerpo de la obra, y que he citado antes.
En el índice de las materias se lee lo siguiente: _Nono capite quedam de
divisione terræ, de_ _finibus maris, de insulis et locor. ab invicem
distantia dicent._
Después del acta de bautismo del Nuevo Mundo, se encuentra lo que
sigue:--_Hunc in modum terra iam quadripartita cognoscitur: et sunt tres
primæ partes continentes: quarta est insula: cum omni quoque mari
circundata conspiciatur._ Esto indica que para los geógrafos del
Gimnasio vosgense, América, la cuarta parte del mundo, no era continente
sino isla.
Jean Basin, consciente ó inconscientemente, tomó “el nombre de un puerto
por el de un hombre;” y por una serie de equivocaciones, errores, y
falsas suposiciones, el nombre indígena _Amerrique_ vino á ser nombre
propio de Vespucci, nombre de un hemisferio, y propiedad de Martin
Hylacomilus Waltzemüller, que no figuró con otro papel que el de
_castigatore_ ó director de la imprenta de los Lud de Saint Dié.
Hagamos notar que Jean Basin era francés, al menos en el sentido de la
lengua francesa que se hablaba en Lorena; que es en Francia, y solo
allí, de todos los países de Europa, donde la palabra indígena
_Amerrique_ se ha conservado en toda su pureza, suprimiéndole una _r_
que se ha reemplazado con un acento agudo sobre la primera _e_,
_Amérique_,[44] y que suaviza un poco la pronunciación de la palabra
primitiva. Todas las demás lenguas aceptaron y emplearon el nombre
América, latinizado por Jean Basin.
Agreguemos que los franceses designaron desde luego á los indígenas del
Nuevo Mundo con el nombre de _Amériquains_, escrito con las letras _q_
y _u_, como el nombre de lugar _Amérique_, según puede verse de la obra
del Padre Lafiteau: _Moeurs des sauvages Ameriquains, etc._, Paris,
1724.
Conviene acabar de dar las razones que hacen inadmisible la opinión de
que Waltzemüller haya sido autor de los nombres _Americus_ y _América_,
dados á Vespucci y al Nuevo Mundo.
Las correcciones que á la obra del Gimnasio vosgense introdujo Gualterio
Lud, nada tocaron de lo referente á estos nombres. Waltzemüller no
tiene, pues, razón alguna para considerar alterada la parte que puede
pretender pertenecerle, en punto á lo que en este particular se dice del
Nuevo Mundo en dicha obra. Si no hay más correcciones que las de
Gualterio Lud, sería hasta cierto punto fundado sostener que
Waltzemüller pudo ser inspirador de los nombres _Americus_ y _América_,
pero en ese caso, se encontrarían de ello rastros en sus otras obras, es
á saber, el tratadito intitulado _Architecturæ et Perspectivæ
Rudimenta_, de 1508, ó la descripción de su carta itineraria de Europa,
hecha por su amigo Ringmann en 1511 (_Instructio manuductionem prestans
in cartam itinerariam Martini Ilacomili, etc._) y sobre todo la edición
monumental de la Geografía de Ptolomeo, de Strasburgo, año de 1513.
Waltzemüller dibujó todas las cartas y blasones heráldicos de esta
última obra, comenzada en Saint Dié en 1505, bajo el cuidado del
canónigo Gualterio Lud[45] y continuada después durante seis años, es
decir de 1507 á 1513, por dos jurisconsultos de Strasburgo, J. Aeszler y
G. Uebelin: si él hubiese sido autor de los nombres _Americus_ y
_América_, allí tenía una ocasión magnífica y rara, y no habría dejado
de colocarlos en una obra magistral que estuvo toda en su mano. En la
epístola dedicatoria de su tratadito de arquitectura de 1508, nos ha
dejado un ejemplo de sus quejas y la manera ruidosa como sabía reclamar
lo poco que había hecho por el Gimnasio vosgense.
Esta carta está dirigida á Ringmann, y con referencia á ella podemos
hacer notar, que Waltzemüller no llega hasta pretender parte alguna,
como autor, en la obra de Saint Dié de 1507; solo reclama la parte
principal en la hechura, dibujo é impresión de una figura universal de
la tierra en forma de planisferio. De este planisferio, atribuido á lo
que parece á otros, (sin duda alguna al Gimnasio vosgense) y que circuló
con esta designación desagradable para Waltzemüller, obteniendo cierta
celebridad, no queda ningún rastro: Ortelius no la cita en 1570, y al
presente nos es desconocida.
Puede objetarse que si Waltzemüller no hubiese por lo menos aprobado los
nombres _Americus_ y _América_, que los habría suprimido al reimprimir
la obra á su costa en 1509. La respuesta es fácil. No podía hacerlo sin
tocar el trabajo del principal colaborador, Jean Basin, y sin poner en
cuestión el punto de los verdaderos autores del libro, que ante todo,
tenía el mayor interés de evitar. Cuando se roba, no debe dejarse nada.
Por lo demás, si no era admirador ni aprobador de estos nombres, como lo
demuestran sus obras posteriores de cartografía, en las que no se
encuentran mencionados, tampoco fué purista en punto á nombres propios;
y al lado de su sobrenombre _Hylacomylus_, el nombre _Americus_ debió
parecerle una maravilla. D’Avezac ha demostrado, en efecto, que el
nombre Hylacomylus,[46] es una alteración, y al propio tiempo una
creación absolutamente única en su especie. Su verdadero nombre era
Martin Waltzemüller (molino con cilindros revolvedores) que después
cambió en el de Waldseemüller (molino de lago silvestre); luego,
traduciendo en griego la palabra _Wald_ por _Hile_ y _Müller_ por
_Mulos_, amalgama digna de un herrero dado á la fantasía, creó el dulce
nombre _Hylacomylus_, el nombre cacofónico _Hylacomylus_, _Ylacomylus_,
ó _Ilacomilus_.
En fin, el canónigo Gualterio Lud no es tampoco el autor del nombre
_América_. A la verdad, no fué de él ni aun partidario entusiasta, ni
promotor diligente ó interesado, pues en su _Speculi orbis
declaratio...._, de 1507, publicada en Strasburgo, no lo emplea jamás al
hablar de los países nuevamente descubiertos.
En cuanto á Ringmann, si hubiese sido el autor de estos nombres, no
habría dejado de imprimirles la estampa de su _Philesius Vogesigena_;
pues nada salía de su pluma sin su señal, estando poseído, como su amigo
Waltzemüller, de insaciable sed de celebridad, ó al menos de notoriedad.
Como traductor de los textos de Ptolomeo, en 1513, no habría dejado de
ponerlos en ese libro.
El modesto Jean Basin fué el padrino del primer libro, impreso,
conocido, en que se halla el nombre que lleva el Nuevo Mundo.
Preguntemos, sin embargo, le auxiliaría Vespucci? Esto lo examinaremos
más abajo.