Hay algo más triste para el escritor que no ser leído: ser
mal interpretado. Un anónimo comunicante, persona de gran
inteligencia--esto no lo encubre el anónimo,--me censura por no mostrar
grandes entusiasmos bélicos. Con la lectura de anteriores artículos
podrá convencerse de lo contrario. Fuí de los primeros en censurar
el _sanchopancismo_ que huye de las aventuras como del agua fría
gato escaldado. ¡Sí, que soy yo autoridad para burlarme del espíritu
aventurero, cuando casi no me queda por correr más aventura que la de
meterme fraile! Todos los peligros y contingencias que mi comunicante,
con gran acierto, preveía para España de no haber aceptado la guerra
del Rif, son para mí evidentes, y siento no poder publicar su carta,
pues, sobre todo en lo que se refiere á la cuestión de Cataluña, es de
una clarividencia profética.
Lo que yo lamentaba no es la guerra, sino la ineficacia de sus
resultados. Nos falta idealismo del mejor, que es el idealismo
práctico. Triunfaremos en el Rif con las armas y no triunfaremos con
el espíritu, y sin él todas las ametralladoras, escuadras y soldados
del mundo son inútiles. Después que las armas y la sangre vertida nos
hayan abierto el camino, ¿irá allí el dinero que duerme en nuestros
Bancos, esperando la buena hipoteca ó el buen empréstito que venga á
despertarlo? ¿Irá nuestra industria? ¿Irá nuestro comercio? Lo difícil
no es emprender, sino persistir. Delante Don Quijote
con su adarga al brazo todo fantasía;
con su lanza en ristre, todo corazón,
como canta Rubén Darío; pero detrás Sancho, con sus buenas alforjas y
su manso rucio, á gobernar las ínsulas ganadas por su amo, con buen
juicio y mejor sentido. Y ¡quiera Dios que algún Tirteafuera de por
esos mundos diplomáticos no deje caer su varita privativa al primer
bocado! Por lo demás, muy agradecido á mi comunicante por su cortés
misiva.
* * * * *
Hay quien reniega de toda blandura con el enemigo y pide guerra de
exterminio. ¿Exterminio de qué? Porque no es tan fácil exterminar una
raza, y exterminarla á medias es dar vida perdurable al odio, y medio
pueblo con odio vale por un pueblo entero.
Los ejemplos históricos de la guerra sin cuartel no son de lo más
convincente. Todavía sirve para espantar muchachos el recuerdo del
duque de Alba en los Países Bajos; pero, ¿son independientes? Los
rigores de algún general en provincias españolas, ¿han servido de algo?
Recientes sucesos son la mejor respuesta. En Argelia y en Casablanca
los franceses, y los ingleses en sus posesiones y en la última guerra
del Transvaal, después de los primeros furores, ¿no tuvieron que
pastelear dulcemente, como cualquier hijo de vecino?
Dejemos el espíritu inquisitorial, único que hemos paseado por el
mundo y así nos ha lucido el pelo. Dejemos de ser el país de las
intransigencias feroces, donde no es raro oir, como oí yo á un buen
señor, poseído de la mayor indignación.
--¡Quite usted! Al que hace eso, yo le mataba. Y ¿saben ustedes lo que
hacía quien así se indignaba? Añadir un poco de agua á media jícara de
chocolate. Figúrense ustedes; si á tan inocente porquería señalaba
tan terrible pena en su código particular, ¿qué no sería en más graves
asuntos? Yo salí aterrado del establecimiento lugar de la escena.
* * * * *
_Chantecler_, el más cacareante gallo de todos los gallos tapados,
se apresta á la pelea. Las butacas para la _première_ se cotizan á
cien francos.--Hay _premières_ de más importancia que no se cotizan
tan alto; verdad que luego se encarece el precio en sucesivas
representaciones.--Esta reflexión es de una _cocotte_, celosa de
Rostand. Los palcos están _hors de prix_.
De los Estados Unidos encargan localidades por lo que sea. Los que
de mejor ó peor fe hacen el reclamo, y los que con absoluta buena fe
protestan contra el reclamo, hablan de lo mismo y todo es reclamo. No
parece sino que ese gallo es el mismísimo gallo de la Galia, que no
cantó nunca más sonoro ni desde Vercingitorix á Napoleón el Grande, ni
desde Ronsard á Víctor Hugo.
Todo esto sería ridículo si no fuera simpático. No es de Rostand ni de
su obra de lo que se trata, para los franceses, es de la supremacía
del Arte francés, que ellos, con noble aspiración, quieren sobreponer
al del mundo entero. Algo parecido á lo que hacemos aquí con el nuestro.
Apenas alguno de nuestros escritores viaja por el mundo ó le piden
noticias de otros escritores españoles (hay algunas excepciones), se
arrea un formidable bombo á sí mismo, y á los demás los deja como para
que nadie quiera saber de ellos. Así lee uno tan peregrinas cosas en
esos libros de hispanófilos, al través de los cuales no es difícil
descubrir al Pájaro Pinto ó Ninfa Egeria que apuntó nombres y adjetivos.
Hay quien se cartea con medio mundo por el gusto de desacreditar al
otro medio. De las obras de nuestros autores no se sabrá mucho por
tierras extranjeras, pero de si Fulano maltrata á su señora y atormenta
á sus niños, y si Mengano estuvo complicado en un escalo, eso, como en
casa.
Así es, que al primer escritor español que visita á un escritor
extranjero, se le recibe con agrado; pero cuando llega el segundo...
encierra la plata. El primero dejó preparado el terreno á los demás, y,
para que no cupiera duda de sus afirmaciones, se llevó unas cucharas.
[Ilustración]