Sultán estar amigo, francés estar amigo, todos amigos; pero entre las
grandes potencias y las pequeñas impotencias, entre notas diplomáticas,
manifestaciones callejeras delante de nuestras embajadas y artículos
periodísticos, nos están poniendo por esos mundos, cual dirían
conservadores, si estuvieran en el poder los liberales.
En vano es que de cuando en cuando, la contaduría de aquí procure
endulzarnos tanta amarga píldora, copiando algún artículo ó sueltecillo
de las contadurías de por ahí. Todos sabemos á qué atenernos, y el
público hace de ellos el mismo caso que de los desacreditados reclamos
teatrales cuando anuncian después de un fracaso en parecidos términos:
Cada día es más aplaudida la obra tal, estrenada con tan extraordinario
éxito. Aligeradas algunas escenas, suprimidos varios números de música,
más seguros los actores en sus papeles y corregidas las deficiencias en
decorado y vestuario, las representaciones se cuentan por llenos. En
vista de tan extraordinario éxito, la empresa ha acordado rebajar el
precio de las localidades.
Una cosa así, salvo la rebaja, vienen á ser esos sueltos, soltados
por algún amable periódico europeo, con los que se ufanan nuestros
gobernantes, como se ufana el que soltó una paloma mensajera, al verla
regresar con toda felicidad al palomar de procedencia.
Entre tanto, vuelan á su antojo aves de rapiña; aves de mal agüero y
toda clase de «canards».
Siempre fué prudente regla de conducta lavar en casa la ropa sucia;
ahora nos hemos vuelto rumbosos y la damos á lavar fuera, y como está
algo pasadita, van á dejarnos sin tener que ponernos, como no sea
un conservador atrás y un neo _alante_; traje poco á propósito para
presentarnos en la buena sociedad europea.
Los franceses, sobre todo, se exceden en demostrarnos su buena amistad.
Están seguros de que no hemos de enfadarnos. Tenemos allí, para
corresponderles con agradecimiento, á la flor de nuestra aristocracia y
de nuestra elegancia, veraneando en Biarritz y vistiéndose en Bayona.
En España no hay donde veranear á gusto. San Sebastián es demasiado
ciudad para vida de veraneo, y las pequeñas playas carecen de todo
«confort»... Es posible; pero, ¿faltan veraneantes porque faltan
comodidades, ó faltan comodidades porque faltan veraneantes? San
Sebastián y Biarritz no improvisaron hoteles, villas y casinos en
espera de gente; fué la gente, prefiriendo esos, que eran pueblos de
pescadores, y pasando por mil incomodidades en los primeros años, la
que fué dando vida y comodidad á esos pueblos. Como ellos hay muchos en
España, que pudieran rivalizar con las playas francesas y con la única
de moda en España. Claro está que es más cómodo encontrarse con todo
hecho y bien dispuesto que pasar fatigas y molestias de descubridores
y colonizadores. Pero, ¡señoras y señores míos! El patriotismo no debe
mostrarse sólo en caso de guerra, hay un patriotismo de la paz, tal vez
más difícil y menos brillante, que consiste en una porción de pequeños
sacrificios por parte de todos; pequeños sacrificios que hacen á las
naciones grandes.
Esos pequeños sacrificios, no tan penosos como labrar surcos, partir
piedras ó sepultarse en minas, consisten para las clases pudientes
y directoras en bien poco; en vestir algo más cursi unos cuantos
años con lo de casa, para enriquecer á la industria y al comercio
nacionales, y llegar á vestir con lujo y con gusto, sin necesidad de
acudir para ello á Bayona y otras grandes capitales extranjeras; en
conformarse con veranear modestamente en un modesto pueblecillo, para
que vaya prosperando, y al cabo de unos años nada tenga que envidiar
á esas encantadoras playas francesas; en aburrirse por algún tiempo
benévolamente, como saben aburrirse los grandes señores, con nuestros
novelistas, con nuestros autores dramáticos, con nuestros músicos, con
nuestro pobre, pero bien intencionado arte, para que, animados nuestros
modestos artistas con nuestra benevolencia, lleguen á sentirse grandes
y capaces de producir grandes obras.
Todo esto y algo más, por este orden, supone pequeñas molestias,
ocultos sacrificios que no hallarán eco en las crónicas de sociedad
ni harán figurar tanto nuestros nombres como las listas de las
suscripciones benéficas y patrióticas. ¡Es tan fácil ser generoso y
magnánimo y valiente, cuando todos nos miran! Lo difícil es serlo
humildes y callados, en el anónimo de una obra donde sólo se lea un
nombre: Patria.
* * * * *
Todos los días y en los sitios más céntricos, saluda uno ó procura _no_
saludar, aunque en Madrid á nada compromete el saludo, á conocidos
carteristas, estafadores, _chanteurs_, jugadores de ventaja, etc. etc.;
el que más y el que menos con una docena de causas pendientes y todos
ellos paseándose en la más dulce libertad y sin desatender los negocios
de su profesión, mediante fianza pecuniaria ó personal, prestada por
algún conocido tabernero.
Estas facilidades no rezan con el escritor procesado por delitos de
pluma, que no fué falsificadora. Á éste no se le excusan rigores ni
molestias. ¡Suprema voluptuosidad de unos Nerones de poquito!
No están los tiempos para hacer de tigres y se contentan con ser
chinches. Porque toda esa rigurosidad, cuando en la conciencia de
todos está que, por muy excepcionales que sean las circunstancias,
no puede ser delito un mes al año, lo que no debe serlo nunca, no
pasa de ser... chinchorrerías. Gusto de poder decir á cuatro amigos,
frotándose las manos de gusto: Para que vean cómo las gastamos. ¡Que se
fastidien!
Sí que saben ustedes fastidiar, pero ¡si ustedes vieran que no es por
eso!
[Ilustración]