Me preguntan, unos de buena fe, otros, acaso con la misma intención
con que el cura del cuento preguntaba al muchacho si, puesto que Dios
estaba en todas partes, estaría también en el corral de su casa; para
poder decir: ¡Cogíte!, si en el futuro teatro de los niños tomarán
parte principal actores infantiles. No, señores, no; no hay cogíte,
que en casa no hay corral. Y si el teatro de los niños á divertirlos
ha de estar dedicado, mal cumpliría, si para divertir á unos había de
mortificar á otros. Cuando alguna obra exija algún personaje infantil,
niña ó niño, no faltarán zangolotinos de ambos sexos que sepan dar al
público la ilusión de la infancia.
Garridos muchachotes fueron Ofelia y Julieta, en tiempos de
Shakespeare--sin que el autor de _Un drama nuevo_ se hubiera
enterado.--Y después de todo, de la juventud á la niñez no es tanta
la distancia como de la juventud á la madurez bien madura, y todos
los días vemos en esos teatros galanes y damas polleando--sobre todo,
damas, que ya eran gallos, con sus patas de lo mismo y todo, cuando uno
estaba en plena edad del pavo. Como que al verlos suspirando amores,
más ó menos contrariados le dan á uno ganas de vestirse de marinero y
rodar una naranjita, si no fuera el temor, que ellos no tienen, á la
voz implacable que oyó en semejante caso, el famoso Sr. Patiño.
No quiere esto decir que, el estudiar y representar comedias, no
sea conveniente para los niños. Es un buen ejercicio de memoria, de
entendimiento y de pulmones; se adquiere, además, soltura y elegancia
en la dicción y en los modales. Para niños están escritas y para ser
representadas por ellos, numerosas comedias inglesas y ¿quién duda que
los ingleses saben educar á sus niños? Pero una cosa es representar
particularmente para recreo propio y de los amigos, y otra la profesión
teatral, más agradable en apariencia, pero no menos nociva que otras
para la salud de los niños.
Tranquilícense, pues, los que quisieran verle á uno cogerse los dedos
á cada paso. En el teatro de los niños no habrá más niños que los
espectadores.
* * * * *
Algo de bizantinismo puede parecer en las presentes circunstancias,
preocuparse por fruslerías; aunque ¿quién sabe en el mundo cuáles serán
las verdaderas fruslerías? Todo consiste en contemplar el hormiguero de
la tierra ó el hormiguero de los astros, como lo contemplaba Orozco, el
magno personaje de Galdós, limpiando en la contemplación su espíritu de
mezquinas pasiones terrenas.
Nada se dice del Teatro Nacional, nada tampoco de la concesión
del Español. El primero, ya sabemos que lucha con dificultades de
instalación. Pero el segundo... ¿Á qué se espera? ¿Se adjudicará,
como siempre á última hora, sin tiempo de preparar compañía ni obras?
No valía la pena entonces de mostrarse tan intransigentes con otros
concesionarios, ni de negarse á ceder el teatro al Estado.
Una temporada digna del que hemos convenido en llamar nuestro primer
teatro, no se improvisa en cuatro días. Se asegura que son varios
los solicitantes; que la santa recomendación hace de las suyas. Entre
los nombres que suenan--y este no necesita recomendación,--figura el
de Carmen Cobeña. De otros se habla también con grandes méritos y
prestigio... para el teatro francés. El Ayuntamiento tiene la palabra.
No creemos que por ser de Madrid, pretenda hacer en su teatro un Dos de
Mayo á la inversa.
* * * * *
Continúan en Munich las representaciones del teatro Artístico;
muy interesantes para todos los que de arte teatral se preocupan.
Su sistema de _mise en scene_, que pudiera llamarse sintética ó
simplificada, es muy digno de estudio y debiera aplicarse siempre que
de obras de imaginación y de poesía se trata. Las obras de Shakespeare
pueden así representarse con todos sus cuadros y mutaciones, sin el
cansancio que producen los repetidos intermedios prolongados. Contra el
sistema de acumular detalles, de mayor vistosidad que buen gusto, casi
siempre, la decoración, en el teatro Artístico, es sólo un fondo de
cuadro, lo preciso para animar á las figuras con su propio ambiente,
sin avanzar ni sobreponerse á ellas. La armonía de luces y color es
perfecta. En _El Mercader de Venecia_, un fondo de cortinas verdosas,
una mesa con las tres cajas del enigma; la figura de Porcia, vestida de
un brocado de rosa y oro; la de su dama, vestida de verde, en tono más
claro que el fondo; la figura del príncipe de Marruecos, envuelta en un
blanco albornoz; la del príncipe de Aragón, como figura de una talla
del siglo XV, forman un cuadro acabado, con los más sencillos medios
de ejecución. En el último cuadro, un muro agrisado, la sombra de unos
pinos, bastan á proclamar toda la poética emoción de aquellas últimas
escenas en el jardín de Porcia, saturadas de poesía.
No en todas las obras representadas se ofrece el mismo artístico
conjunto. En algunas, la _mise en scene_ es del antiguo régimen, y en
alguna del malo. Pero en _El Mercader de Venecia_, en _Lysistrata_,
en _Hamlet_, tienen mucho que aprender los directores de escena y los
escenógrafos.
Sabido es que en Alemania fracasó el célebre actor inglés Mr. Tree,
que presenta las obras de Shakespeare con una suntuosidad más propia
de comedias de magia ó revistas de espectáculos. Los alemanes,
acostumbrados á su teatro Artístico, opinaron que en el Shakespeare de
mister Tree, como en el conocido cuento, los árboles no dejaban ver el
bosque. ¡Y cuando el bosque es Shakespeare!
[Ilustración]