Verdaderas fiestas de arte son las que prepara la ciudad de Munich,
para lograr honra y provecho que á despecho de nuestro pesimista
proverbio, bien caben en un saco. El programa no puede ser mas
atractivo. De Julio á Agosto, en el teatro Real de la Residencia,
festival de Mozart, en dos series de representaciones. «Las bodas de
Fígaro», «Don Juan», «El rapto en el serrallo», «Así hacen todas»;
obras maestras de gracia, de sentimiento, de cortesanía, propias para
ser cantadas en salones de príncipes artistas. De Agosto á Septiembre,
en el teatro del Príncipe Regente, ciclos wagnerianos: «Los maestros
cantores», «Tristán é Iseo», «Tanhauser» y la trilogía con su prólogo
«El oro del Rhin». Estas representaciones, al decir de cuantos han
podido comparar unas y otras, exceden á las de Bayreuth por el mérito
de los cantantes y lo perfecto de la presentación en escena. Por si no
fuera bastante, de Junio á Septiembre actuará la compañía del teatro
de los Artistas, la más renombrada de Alemania, bajo la dirección
del profesor Max Rheinhardt. En el repertorio figuran: «Hamlet»,
«Sueño en noche estival», «El mercader de Venecia», de Shakespeare;
«Fausto», de Goethe; «Los bandidos», de Schiller; «Lisistrata», de
Aristófanes. Obras que estamos hartos de ver por aquí, á petición de
los distinguidos abonados á turno de moda.
Con estas bagatelas basta para que á la ciudad de Munich llegue
gente de todas partes á dejar muy gustosa su dinero. El arte bien
administrado puede ser industria muy provechosa. No lo olviden nuestras
inevitables comisiones cuando vuelvan á pensar, con mejor fortuna,
en organizar festejos. El Teatro Nacional, bien organizado, pudiera
ser excelente base para estas fiestas de arte. El Teatro español,
antiguo y moderno, interesa más de lo que nosotros creemos á muchos
extranjeros. No hay que juzgar por lo que signifiquemos en Francia. Es
vulgar creencia española que, por nuestra amable vecina, nos llega á
los españoles toda claridad intelectual. Yo creo que en muchos casos, ó
la intercepta ó la refleja del color de sus cristales; que no son los
más claros. Los franceses ó no se interesan por lo extranjero, ó, si se
interesan por algo, han de decir que es suyo. Ahora mismo, admirados
ante los bailarines rusos, aseguran que si son admirables es porque han
recogido la tradición del baile francés, casi perdida en Francia. En
los saltos prodigiosos del bailarín Nijinsky aplauden, más que nada, lo
que tienen de salto hacia atrás, hacia el gran arte del baile francés.
De los franceses procede todo; ellos solos son principio y fin de todas
las cosas.
* * * * *
La Exposición de la Infancia no ha pasado de ser una plausible
buena intención; un modesto ensayo, que no debe desanimar á sus
organizadores, para acometer de nuevo la empresa. Tal como esta es muy
poco, en algo de tan sagrado interés como la infancia. Una escuela
modelo que, en efecto lo es, si recordamos muchas que hemos visto.
Libros para niños, con vistosas, no muy artísticas cubiertas... ¡Ah,
los libros ingleses para niños, primores de arte!
En la Exposición se muestran cerrados; y si hemos de juzgar por algunos
que en alguna ocasión hojeamos, bien están así; es como pueden ser más
provechosos.
Aun así, la Exposición debe ser visitada por todos. Lo deficiente
es el mejor acicate al deseo de mejorar. Si hubiéramos llegado á la
perfección, tal vez nos dormiríamos; y ahora que á muchos sabios les
ha dado por predicar las ventajas de la ignorancia, no es hora de que
duerman cuantos creen, como dijo Jesús, que sólo no es perdonable un
pecado; el pecado contra el Espíritu. En España llevamos mucho tiempo
de pecar contra él; porque el mayor pecado es la ignorancia.
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Llueven censuras sobre Felipe Trigo á cada nueva novela que publica.
Graves moralistas lanzan contra él los más terribles anatemas. Dicen
sus detractores que abusa de la cuerda sensible amatoria. ¿No hay
asunto más interesante para el señor Trigo que este de la sexualidad? Y
¿creen ustedes en efecto, que hay otro mas importante? De ahí nacimos
todos y esa es toda la vida. No sirve hacerse los desentendidos. Si
hombres y mujeres civilizados pretenden hacer asunto de misterio de
ese asunto, es porque saben bien que en él está el verdadero secreto
de nuestra vida y hay pocas vidas que puedan mostrar sus secretos.
Dime cómo amas, te diré quién eres. Obras de arte, empresas guerreras
y políticas, heroísmos de la santidad, monstruosidades del crimen...
Todo lo que admira ó espanta en la historia de la humanidad... ¿En
dónde está nuestro secreto? «Behind the veil»; detrás del velo, como
dijo Tennyson, en otro sentido, pero más exacto en éste. Detrás del
velo pudoroso con que todos procuramos ocultar el misterio de nuestros
amores... Todos, y más que nadie, los fanfarrones del amor... ¡Ah! De
esos, ya se sabe: dime de lo que presumes y te diré lo que no tienes.
De Don Juan Tenorio se sabe lo que él pregonaba, la lista de sus
conquistas; pero también se sabe que no tuvo hijos. Hay para dar en qué
pensar. En cambio, ¡hay tantos que no presumen y podrían llevar una
lista más numerosa y más completa que la de Don Juan Tenorio!
Y en las mujeres... ¡Pobre Don Juan, qué sabía él de las muchas mujeres
que le harían cara sólo por el gusto de añadir uno más á su lista!
Los más impenetrables secretos de la historia serían de una diafanidad
asombrosa si los historiadores hubieran sabido darnos tan cabal cuenta
del acto de amor, en sus personajes, como Felipe Trigo sabe dárnosla de
los suyos en sus novelas.
Por ejemplo; del proceso y prisión del príncipe D. Carlos, tan
diversamente comentado por historiadores y poetas, yo creo... Pero
seamos pudorosos. Si yo dijera lo que creo, se escandalizarían ustedes
como de una novela de Felipe Trigo.
[Ilustración]