diré claro lo que vos decís entre dientes. En esa noble Cibdad no se
puede buenamente sufrir que algunos que juzgais no ser de linage
tengan honras é oficios de gobernacion; porque entendeis que el
defecto de la sangre les quita la habilidad del gobernar. Asimismo se
sufre gravemente ver riquezas en hombres que se cree no las merecer,
en especial aquellos que nuevamente las ganaron. Destas cosas que se
sienten ser graves é incomportables se engendra un mordimiento de
envidia tal que atormenta é mueve muy ligeramente á tomar armas é facer
insultos. ¡O tristes de los nuevamente ricos, que tienen guerra con los
mayores porque los alcanzan, é con los menores porque no los pueden
alcanzar! E debrian considerar los mayores que ovo comienzo su mayoría,
é los menores que la pueden aver. E ciertamente, señor compadre, no sé
yo que otra cosa se puede colegir del propósito de semejantes hombres,
salvo que querrian emendar el mundo, é repartir los bienes é honras
dél á su arbitrio, porque les parece que va muy errado, é las cosas
dél no bien repartidas. Pleyto muy viejo toman por cierto, é querella
muy antigua usada, é no aun en el mundo fenescida, cuyas raíces son
hondas nascidas con los primeros hombres, é sus ramas de confusion que
ciegan los entendimientos, é las flores secas é amarillas que afligen
el pensamiento, é su fruto tan dañado é tan mortal que crió é cria
toda la mayor parte de las muertes é crimines que en el mundo pasan é
han pasado, los que aveis oído é los que aveis de oír. Mirad agora,
Señor, yo vos ruego quanto yerra el apasionado deste error: porque
dexando ora de decir como yerra contra ley de natura, pues todos somos
nascidos de una masa, é ovimos un principio noble; é asimismo contra
Ley Divina, que manda ser todos en un corral, é debaxo de un Pastor; y
especialmente contra la clara virtud de la caridad, que nos alumbra el
camino de la felicidad verdadera: aveis de saber que se lee en la Sacra
Escriptura, que ovo una nacion de Gigantes, que fué por Dios destruida,
porque segun se dice presumieron pelear con el Cielo. ¿Qué pues otra
cosa podemos entender de los que mordidos de envidia facen escándalos
é divisiones en los pueblos, sinó que remedando á la sobervia de
aquellos Gigantes, quieren pelear con el Cielo, é quitar la fuerza á
las estrellas, é repugnar las gracias que Dios reparte á cada uno como
le place, en virtud de las quales alcanzan estas honras é bienes que
ellos piensan emendar é contradecir? Vemos por experiencia algunos
hombres destos que juzgamos nascidos de baxa sangre forzarles su
natural inclinacion á dexar los oficios baxos de los padres, é aprender
sciencias, é ser grandes letrados: vemos asimismo otros que tienen
inclinacion natural á las armas é á la agricultura: otros en bien é
compuestamente fablar: otros en administrar y en regir, é á otras
artes diversas, y tener en ellas habilidad grande á que les fuerza su
inclinacion natural. Otrosí vemos diversidad grande de condiciones,
no solamente entre la multitud de los hombres, mas aun entre los
hermanos nascidos de un padre é de una madre: el uno vemos sabio, el
otro ignorante: uno cobarde, otro esforzado: liberal el un hermano,
el otro avariento: uno dado á algunas artes, el otro á ninguna. En
esa Cibdad pocos dias há vimos un hombre perayle, el qual era sabio
en el arte de Astrología, y en el movimiento de las estrellas: mirad
agora, ruego vos, quan gran diferencia hay entre el oficio de adobar
paños, é la sciencia del movimiento de los Cielos; pero la fuerza de
su constelacion lo llevó á aquello, por dó ovo en la Cibdad honra é
reputacion. ¿Podemos nosotros por ventura quitar á estos la inclinacion
natural que tienen, dó les procede esta honra que poseen? no por
cierto, sinó peleando con el Cielo, como ficieron aquellos Gigantes que
fueron destruídos. Tambien vemos los hijos é descendientes de muchos
Reyes é notables hombres, obscuros é olvidados, por ser inhabiles é de
baxa condicion. Fagamos agora que sean esforzados todos los que vienen
de linage del Rey Pirrus, porque su padre fué esforzado: ó fagamos
sabios á todos los descendientes del Rey Salomón, porque su padre fué
el mas sabio: ó dad riquezas y estados grandes á los del linage del
Rey Don Pedro de Castilla, é del Rey D. Donís de Portogal, pues no
los tienen, é paresce que los deben tener, por ser de linage. E si
el mundo quieren emendar, quiten las grandes dignidades, vasallos é
rentas é oficios, que el Rey Don Enrique de treinta años á esta parte
dió á hombres de baxo linage. Vano trabajo por cierto, é fatiga grande
de espíritu da la ignorancia de este triste pecado: el qual ningun
fruto de delectacion tiene como algunos otros pecados; porque en el
acto y en el fin del acto engendra tristeza é pasion, con que llora
su mal propio, y el bien ageno. Así que no se debe aver por molesto
tener riquezas é honras aquellos que paresce que no las deben tener,
y carescer dellas los que por linage paresce que las merecen; porque
esto procede de una ordenacion Divina, que no se puede repugnar en
la tierra, sinó con destruicion de la tierra. E avemos de creer que
Dios fizo hombres, é no fizo linages en que escogiesen, é á todos fizo
nobles en su nascimiento: la vileza de la sangre é obscuridad de linage
ellos con sus manos lo toman aquellos, que dexado el camino de la
clara virtud, se inclinan á los vicios é máculas del camino errado. Y
pues á ninguno dieron eleccion de linage quando nasció, é todos tienen
eleccion de costumbres quando viven, imposible sería segun razon ser
el bueno privado de honra, ni el malo tenerla, aunque sus primeros la
ayan tenido. Muchos de los que opinamos de noble sangre vemos pobres é
raheces, á quienes ni la nobleza de sus primeros pudo quitar pobreza,
ni dar autoridad: donde podemos claramente ver que esta nobleza que
opinamos ninguna fuerza natural tiene que la faga permanescer de unos
en otros, sinó permanesciendo la virtud, que dá la verdadera nobleza.
Avemos eso mismo de mirar, que así como el cielo un momento no está
quedo, así las cosas de la tierra no pueden estar en un estado: todas
las muda el que nunca se muda: solo el amor de Dios, é la caridad
del proximo es la que permanesce, la qual engendra en el Christiano
buenos pensamientos, é le da gracia para las buenas obras, que facen la
verdadera hidalguía, é para acabar bien en esta vida, é ser de linage
de los Santos en la otra. No entendais, señor compadre, que yo condene
á la mayor parte, ni á la menor; mas á algunos pocos, y bien pocos, que
pecan é facen pecar á muchos alterándolos, é turbando la paz comun por
su bien particular, é faciéndose principales guiadores, el camino desta
vida yerran, y el de la otra cierran: porque sus principios destos que
se facen principales son sobervia y ambicion, é sus medios envidia é
malicia, é sus fines muerte y destruicion: los quales no debrian por
cierto tener autoridad de principales; mas como hombres de escándalo
debrian ser apartados, no solamente del pueblo, mas del mundo, pues
tienen las intenciones tan dañadas, que ni el temor de Dios los retrae,
ni el del Rey los enfrena, ni la consciencia los acusa, ni la vergüenza
los impide, ni la razon los manda, ni la ley los juzga, y con sed
rabiosa de alcanzar en los pueblos honras é riquezas, caresciendo del
buen saber por dó se alcanzan las de buena parte, despiertan escándalos
para las adquerir, poniendo veneno de division en el pueblo: el qual
no puede tener quieto ni próspero estado quando lo que estos tales
piensan dicen, y lo que dicen pueden, y lo que pueden osan é ponen en
obra, é ninguno gelo resiste; á los quales los buenos é principales
debrian por cierto con gran diligencia reprehender é castigar, por huir
la indignacion de Dios, al qual vos encomiendo.
LETRA XV.
_Para el Cardenal._[41]
[41] _Es El Cardenal D. Pedro Gonzalez de Mendoza, á quien dá el
pésame de la muerte de su hermano el Duque del Infantado, cuya
vida es el tit. 9. de los Claros Varones. Fecha esta Carta por
Enero de 1479._
Ilustre y Reverendisimo Señor: Diego Garcia me apremió que escribiese
consolaciones á Vuestra Señoría sobre la muerte del Duque vuestro
hermano, que Dios haya, no conosciendo en quanta simpleza incurria
yo si presumiese consolar á Vuestra Señoría, á quien todas las
consolaciones que se pueden decir son presentes. No só yo de aquellos
que presumen quitar con palabras la tristeza no aun madura, furtando
su oficio al tiempo, que la suele quitar madurando. Yo, Reverendisimo
Señor, no sé decir otra consolacion, sinó que muy ligeramente se
consolará por muerte agena aquel que toda hora pensará en la suya.
LETRA XVI.
_Del razonamiento hecho á la Reyna quando hizo
perdon general en Sevilla._[42]
[42] _Año de 1477. Insertó Pulgar este Razonamiento en la
Crónica, fol. 104. poniendole en boca del Obispo de Cádiz, quando
acompañado de muchos Caballeros y Ciudadanos de Sevilla fué á
pedir perdon general á la Reyna. Falta en la primera ediccion._
Muy alta y excelente Reyna é Señora: Estos Caballeros é Pueblo desta
vuestra Cibdad vienen aqui ante Vuestra Real Magestad, é vos notifican,
que quanto gozo ovieron los dias pasados con vuestra venida en esta
tierra, tanto terror y espanto ha puesto en ella el rigor grande que
vuestros Ministros muestran en la execucion de vuestra justicia, el
qual les ha convertido todo su placer en tristeza, é toda su alegría
en miedo, é todo su gozo en angustia é trabajo. Muy excelente Reyna
é Señora: Todos los hombres generalmente dice la Sacra Escriptura
que somos inclinados á mal; y para refrenar esta mala inclinacion
nuestra son puestas y establescidas leyes é penas, é fueron por Dios
constituídos Reyes en las tierras, é Ministros para las executar,
porque todos vivamos en paz é seguridad, para que alcancemos aquel
fin bienaventurado que todos deseamos. Pero quando Reyes é Ministros
no avemos, ó si los avemos son tales de quien no se haya temor, ni se
cate obediencia, no nos maravillemos que la natura humana, siguiendo
su mala inclinacion, se desenfrene é cometa delictos y excesos en las
tierras, y especialmente en esta vuestra España, donde vemos que los
hombres por la mayor parte pecan en un error comun, anteponiendo el
servicio de sus señores inferiores á la obediencia que son obligados
á los Reyes sus Soberanos Señores. E por cierto ni á Dios debemos
ofender, aunque el Rey nos lo mande; ni al Rey, aunque nuestro Señor
lo quiera: é porque pervertimos esta orden de obediencia vienen en
los Reynos muchas veces las guerras que leemos pasadas, é los males
que vemos presentes. Notorios son, muy poderosa Reyna é Señora, los
delitos é crimines cometidos generalmente en todos vuestros Reynos
en tiempo del Rey Don Enrique vuestro hermano, cuya ánima Dios haya,
por la negligencia grande de su justicia, é la poca obediencia de sus
súbditos: la qual dió causa que así como ovo disensiones y escándalos
en todas las mas de las Cibdades de vuestros Reynos, así en esta estos
dos Caballeros Duque de Medina y Marques de Cadiz se discordasen, é con
el poco temor de la justicia Real se pusiesen en armas uno contra otro:
en fuerza de los quales cada uno procuró de seguir su propósito en
detrimento general de toda esta tierra: y en esta discordia ciudadana
pocos ó ningunos de los moradores de ella se pueden buenamente
escusar de haber pecado, desobedeciendo al Ceptro Real, siguiendo la
parcialidad del uno ó del otro destos dos Caballeros. E dexando de
decir las batallas que entre ellos ovo en la Cibdad é fuera della, é
tornando á los males particulares que por causa dellas se siguieron en
toda la tierra, no podemos por cierto negar que en aquel tiempo tan
disoluto no fueron cometidas algunas fuerzas, muertes é robos é otros
excesos por muchos vecinos desta Cibdad é su tierra, los quales causó
la malicia del tiempo, y no excusó la justicia del Rey: y estos son en
tanto número, que pensamos aver pocas casas en Sevilla que carezcan de
pecado, quier cometiendolo ó favoresciendolo, quier encubriendolo ó
seyendo en él participes, ó por otras vias é circunstancias. E porque
de los males de las guerras vemos caídas é destruiciones de Pueblos
é Cibdades, creemos verdaderamente que si esta guerra mas durára, y
Dios por su gran misericordia no la remediára asentando á vuestra Real
Magestad en la Silla Real del Rey vuestro padre, esta Cibdad de todo
punto peresciera y se asolára. E si estonces, muy excelente Reyna é
Señora, estaba en punto de se perder por la poca justicia, agora está
perdida é muy caída por la mucha é muy rigurosa que vuestros Jueces é
Ministros en ella executan: de la qual todo este pueblo ha apelado, é
agora apela para ante la clemencia y piedad de vuestra Real Magestad,
é con las lágrimas é gemidos que agora vedes é oís se humillan ante
vos, é os suplícan que hayais aquella piedad de vuestros súbditos que
Nuestro Señor ha de todos los vivientes, é que vuestras entrañas Reales
se compadezcan de sus dolores, de sus destierros, pobrezas, angustias
é trabajos que continuamente padescen, andando fuera de sus casas por
miedo de vuestra justicia: la qual, muy excelente Reyna é Señora, como
quier que se deba executar en los errados; pero no con tan gran rigor
que se cierre aquella loable puerta de la clemencia que face á los
Reyes amados, é si amados, de necesario temidos, porque ninguno ama
á su Rey que no tema de le enojar. Verdad es, muy excelente Reyna
é Señora, que Nuestro Señor tambien usa de justicia como de piedad;
pero de la justicia algunas veces, y de la piedad todas veces, é no
solamente todas veces, mas todos los momentos de la vida: porque si
siempre usase de la justicia, segun siempre usa de piedad, como todos
los mortales seamos dignos de pena, el mundo en un instante peresceria:
é asimismo, porque como vuestra Real prudencia sabe, el rigor de la
justicia engendra miedo, y el miedo turbacion, é la turbacion algunas
veces desesperacion é pecado; é de la piedad procede amor, é del amor
caridad, é de la caridad siempre se sigue mérito é gloria. E por esta
razon hallará Vuestra Excelencia que la Sacra Escriptura está llena
de loores ensalzando la piedad, la mansedumbre, la misericordia é
clemencia, que son títulos é nombres de Nuestro Redentor, el qual
nos dice que aprendamos dél, no á ser rigurosos en la justicia; mas
aprended de mí, dice él, que soy manso é humilde de corazon. La Santa
Iglesia Católica continuamente canta: Llena está, Señor, la tierra
de tu misericordia: é por el continuo uso de su clemencia le llamamos
_Miserator_, _misericors_, _patiens_, _multæ misericordiæ_. Mire bien
Vuestra Alteza quantas veces refiere este su nombre de misericordioso,
lo que no fallamos veces tan repetidas del nombre de justiciero, é
mucho menos de riguroso en la justicia, porque el rigor de la justicia
vecino es de la crueldad, é aquel Príncipe se llama cruel, que aunque
tiene causa, no tiene templanza en el punir. E la piedad oficio es
continuo de Nuestro Redentor, del qual tomando exemplo los Reyes y
Emperadores, cuya fama resplandece entre los vivos, perdonaron los
humildes, é persiguieron los sobervios, por remedar á aquel que les
dió poder en las tierras: entre los quales aquel sabio Rey Salomón no
demandó á Dios que se membrase de los trabajos, no de las limosnas, no
de los otros méritos del Rey David su padre, ni menos de la justicia
que fizo, é penas que executó; mas miembrate, dixo, Señor, de David,
é de toda su mansedumbre: por los méritos de la qual entendia aquel
Rey de ganar la mansedumbre é la piedad de Dios, para remision de sus
pecados, é perpetuidad de su Silla Real. E vos, Reyna muy excelente,
tomando aquella doctrina mansa de nuestro Salvador, é de los Reyes
santos é buenos, templad vuestra justicia, é derramad vuestra
misericordia é mansedumbre en vuestra tierra; porque tanto sereis
junta con su Divinidad, quanto la remedaredes en las obras, é tanto
la remedareis en las obras, quanto fueredes piadosa; y tanto sereis
piadosa, quanto os compadescieredes é perdonaredes los miserables que
llaman y esperan con gran angustia vuestra clemencia é mansedumbre. La
qual, muy excelente Reyna, debe estár arraygada en vuestra memoria,
y en los conceptos de vuestra ánima, porque se miembre Dios de vos é
de vuestra mansedumbre, y os perdone como vos perdonaredes, y os dé
vida como vos la dieredes, é perpetúe vuestra Silla Real en vuestros
descendientes para siempre; especialmente con los desta Cibdad,
aunque ayan errado, considerando que entre tanta multitud de errores
dificile era vivir por sola inocencia. El Rey D. Juan vuestro padre, no
solo en una Cibdad ni en una Provincia, mas en todos sus Reynos fizo
perdon general quando las disensiones y escándalos en ellos acaescidos
con los Infantes de Aragon sus primos. Vemos asimesmo que vuestra
clemencia manda poner en libertad á los Portogueses que entraron en
vuestros Reynos á os deservir, é cometieron en ellos grandes delictos
é maleficios: é no solamente los mandais poner en libertad, mas
mandaislos proveer de vuestras limosnas, é reducirlos á sus tierras.
Reducid pues, Reyna muy excelente, á los vuestros, é la piedad que
aveis con los extraños, avedla con los vuestros naturales: los quales
así como el ánima enferma de cobdicia, aunque envuelta en el deseo de
los bienes temporales, siempre suspira á un Dios que la repare con
su misericordia; así bien estos vuestros subditos, aunque envueltos
en las guerras é males pasados, todavía tubieron ferviente deseo de
vuestra victoria é prosperidad, porque en virtud de vuestro Ceptro
Real gozasen de paz é seguridad: la qual humildemente vos suplican
que derrameis en esta vuestra Cibdad é tierra, porque así como damos
gracias á Dios por los males que refrenó vuestra justicia, bien así
gelas demos por la vida que nos otorga vuestra clemencia.
LETRA XVII.
_Para el Señor Don Enrique, tio del Rey._[43]
[43] _Año de 1474. escrita quando en la toma de Tojara hirieron
en el pie al Señor Don Enrique. Crónica fol. 174._
Muy noble é magnífico Señor: Manda Vra. merced que os escriba, y que
no escriba consolaciones. Pláceme, Señor, de lo facer; porque ni yo
mal pecado las sé enviar, ni vos, gracias á Dios, las aveis menester.
Dexemos su oficio á Dios, que es el verdadero consolador, el qual
despues de la pena dá refrigerio, y despues de las lágrimas derrama
misericordia. Yo, muy noble Señor, no mandé á mi Carta que os dixese
consolaciones ningunas; é si la he á las manos, yo le faré que otro
dia no diga lo que no le mandan. Lo que yo le mandé que dixese á Vra.
merced es, que si buenas feridas teniades, buenas os las tuviesedes;
porque son insignias de la profesion que fecistes en la órden de
Caballería que tomastes. E no sé yo que locura tomó á mi Carta en
parlar consolaciones que no le mandaron; porque si bien consideramos
vuestra persona, vuestra sangre, vuestra órden, vuestra ferida, y el
lugar dó la oviste, mas es para dar alegria, que para poner tristura,
ni escrebir sobre ello consolaciones. E dado que fuese tan nescio
Fernando de Pulgar, que presumiese enviar consolaciones al Señor Don
Enrique, tanta tierra hay de aqui allá, que ya quando las rescibiesedes
seriades sano, é llegarian dañadas, aunque fuesen en escaveche.
Ciertamente, Señor, la consolacion que no vá envuelta en algun remedio
no vale un cornado; é por eso quando no puedo remediar no curo de
consolar. Entiendo yo, Señor, que mas descansa hombre contando sus
males proprios, que oyendo consolaciones agenas, quando no dan remedio
de presente, ó lo prometen de futuro. Dice Vra. merced, que ese vuestro
enojo conosceis ser poco, segun lo que sabeis que meresceis á Dios.
Creed, Señor, que nunca esa tal palabra salió sinó por boca de buen
ánima; porque fallareis que el dolor, así como pone desesperacion á los
malos, así trae contricion á los buenos: y de esa tal palabra os debeis
mas arrear teniendola en el corazon, que de la ferida que teneis en el
pie.
LETRA XVIII.
_Para el Prior del Paso._[44]
[44] _Falta en la primera edicion._
Reverendo Señor: Si soñastes que os avía de escrebir una ó dos veces,
é que Vra. Reverencia no me responda á ninguna, no creais en sueños,
porque los mas son inciertos. Verdaderamente jurado avía _in Sancto
meo_ de no escrebiros, salvo porque la ira que me puso vuestra
negligencia, me quitó vuestra bondad; y aun porque vuestro amor me
constriñe, é vuestro temor me manda que os escriba muchas Letras, por
aver sola una, que me dé tanta consolacion ogaño en este destierro,
como me dió vuestra visitacion antaño en la dolencia. Escrebidme,
Reverendo Señor, si de la salud corporal estais bien; que de la
espiritual sé cierto que no estais mal. Vuestro Fray Diego de Zamora
vino aqui: si tan bien libró los negocios que traía como despachó unas
calenturas que le vinieron, sé que vá bien librado. Valete.
LETRA XIX.
_Para el Conde de Cifuentes, que estaba preso en Granada._[45]
[45] _Falta en la primera edicion._
Muy noble Señor: Agora que se vá entiviando el sentimiento que ove
de vuestra prision, é arde el deseo que tengo de vuestra libertad,
querria escrebir á Vra. merced algo que aprovechase; pero fallo que la
libertad que vos aveis menester yo no la puedo dar, é la consolacion
que podria dar, vos no la aveis menester; porque entiendo que vuestro
seso os la dará sin ayuda del ageno: y aun dexélo, porque tengo creído
que estas consolatorias que se usan consuelan poco quando no remedian
algo. Muy noble Señor, si considerais quien sois, y el oficio que
tomastes, y el por qué y el cómo y el dónde os prendieron, creo avreis
alguna paciencia en ese trabajo dó estais; é si no la ovieredes,
no sabría por agora deciros otra consolacion, sinó que preso con
paciencia, ó preso sin paciencia, mas vale preso con paciencia. Las
nuevas de la Reyna, que face é quiere facer, tan bien os las dirán
los Moros de allá, como los Christianos de acá, é por eso no os las
escribo. Plega al muy alto Dios que presto os veamos libre. El traslado
de una Letra que ove enviado á un Caballero desterrado del Reyno os
envio: leala Vra. merced, é obre la vuestra devocion.
LETRA XX.
_Para Don Iñigo de Mendoza Conde de Tendilla._[46]
[46] _Año de 1482. Cron. fol. 149. y siguientes. Falta en la
primera ediccion._
Muy noble Señor: como á amigo no me podeis comunicar vuestras cosas,
porque la desproporcion de las personas lo niega, y vuestro señorío
no sufre tal grado de amistad. Ni menos las recibo como Coronista;
pero como un servidor de los que teneis os tengo en merced avermelas
escripto por extenso. Crea Vra. Señoría, que lo que sentís, deseais é
quereis en ellas, quiero, siento é deseo. El trabajo que ovistes _in
reducendo commilitones ad viam_ parece bien obra de vuestras manos:
y si de otra guisa se ficiera, tuvierades guerra, no solo con los
enemigos, mas con los vuestros; porque _ubi est corruptio moris, ibi
est destructio mortis_. E lo que peor es é mas grave, tuvieradesla con
Dios; porque sin duda la Divinidad está airada contra la humanidad que
está dañada. Una de las cosas porque se perdió Roma, dice Salustio en
el Catilinario: _Quod Lucius Sulla exercitum, quem in Asia ductaverat,
quo sibi fidum faceret, contra morem majorum luxuriose, nimisque
liberaliter habuerat loca amena, voluptaria facile in otio ferocis
militum animos molliverant, ibi primum insuevit exercitus Populi Romani
amare, potare &c._ Alegar yo á Vra. Señoría el Salustio bien veo que
es necedad: pero sufridla, pues sufro yo á estos Labradores que me
cuenten á mí las cosas que vos faceis en Alhama. Ciertamente, Señor,
como el enfermo que avida la salud estima mucho la medicina que primero
le amargaba, bien así creo que esos vuestros comilitones amen mucho
vuestra noble persona, quando conoscieren la salud que les acarreó
vuestra doctrina. El socorro que fecistes á vuestra gente verdad es
que es de notar _apud alios_ mas que _apud me_, que conozco bien,
segun quien sois, y el linage de donde venís, que ni aveis de fuir los
enemigos, ni desamparar los amigos.
LETRA XXI.
_Para un su Amigo encubierto._[47]
[47] _Año de 1478. Parece que este amigo era de Toledo. Vease la
Cron. fol. 112. Falta en la primera edicion._
Señor compadre: Ví una Carta, que fué echada de noche, é tomada entre
puertas. La Carta se dirigia á mi señor el Cardenal, é la materia
della eran injurias dirigidas á mí: é porque supe que vino antes á
vuestras manos que á las mias, y que la andabades publicando por esa
Cibdad, acordé despues de leída enviarla á su Señoría, pues vos no la
enviastes. Pidoos de merced, si en algun tiempo supieredes quien es
aquel encubierto que la fizo, le dedes esta respuesta que le fago.