tiene de aceptar esta empresa de Castilla, que algunos Caballeros
della os ofrescen: é despues de aver bien pensado en esta materia,
acordé de escrebir á Vuestra Alteza mi parescer. Bien es, muy excelente
Rey é Señor, que sobre cosa tan alta é tan ardua haya en vuestro
Consejo alguna plática de contradicion disputable, porque en ella se
aclare lo que á servicio de Dios, honor de vuestra Corona Real, bien é
acrescentamiento de vuestros Reynos mas conviene seguir. E para esto,
muy poderoso Señor, segun en las otras guerras santas dó aveis seído
victorioso aveis fecho, porque en esta con ánimo limpio de pasion lo
cierto mejor se pueda discernir, mi parescer es que ante todas cosas
aquel Redentor se consuele[32] que vuestras cosas conseja, aquel se
mire que siempre os guia, aquel se adore é suplique que vuestras
cosas é estado segura é prospéra; porque como quier que vuestro fin
es ganar honra en esta vida, vuestro principio sea ganar vida en la
otra. E quanto toca á la justicia que la Señora vuestra Sobrina dice
tener á los Reynos del Rey Don Enrique, que es el fundamento que estos
Caballeros de Castilla facen, é aun lo primero que Vuestra Alteza debe
mirar, yo por cierto, Señor, no determino agora su justicia; pero veo
que estos que os llaman por executor della son el Arzobispo de Toledo,
y el Duque de Arevalo, é los fijos del Maestre de Santiago é del
Maestre de Calatrava su hermano, que fueron aquellos que afirmaron por
toda España, é aun fuera della publicaron, esta Señora ni tener derecho
á los Reynos de Don Enrique, ni poder ser su fija por la impotencia
experimentada que dél en todo el mundo por sus cartas é mensageros
divulgaron: é allende desto le quitaron el título Real, é ficieron
division en su Reyno. Deberiamos pues saber ¿cómo fallaron estonces,
esta Señora no ser heredera de Castilla, é pusieron sobre ello sus
estados en condicion, é como fallaron agora ser su legítima succesora,
é quieren poner á ello el vuestro? Estas variedades, muy poderoso
Señor, dan causa justa de sospecha que estos Caballeros no vienen
á vuestra Señoria con zelo de vuestro servicio, ni menos con deseo
desta justicia que publícan; mas con deseo de sus propios intereses
que el Rey é la Reyna no quisieron, ó por ventura no pudieron complir
segun la medida de su cobdicia: la qual tiene tan ocupada la razon
en algunos hombres, que tentando sus propios intereses acá é allá,
dan el derecho ageno dó hallan su utilidad propria. Y debeis creer,
muy excelente Señor, que pocas veces vos sean fieles aquellos que
con dádivas ovieredes de sostener; antes es cierto aquellas cesantes
os sean deservidores, porque ninguno de los semejantes viene á vos
como debe venir, mas como piensa alcanzar. E quando vencido ya de la
instancia dellos vuestra Real Señoría acordase todavia aceptar esta
empresa, yo por cierto dubdaria mucho entrar en aquel Reyno, teniendo
en él por ayudadores, y menos por servidores, los que el pecado de
la division pasada ficieron, é quieren agora de nuevo facer otra,
reputándolo á pecado venial, como sea uno de los mayores crimines que
en la tierra se puede cometer, é señal cierta de espíritu disoluto é
inobediente: por el qual pecado los de Samaria, que fueron causa de
la division del Reyno de David, fueron tan excomulgados, que Nuestro
Redentor mandó á sus Discipulos: En la provincia de Samaria no entreis;
numerándolos en el gremio de las idolatrías. E aunpor tales mandó el
Hombre de Dios al Rey Amasías que no juntase su gente con ellos para
la guerra que entró á facer en la tierra de Seir; y en caso que este
Rey avía traído cient mil dellos, é pagadoles el sueldo, los dexó por
ser varones de division y escándalo, é no osó envolverse con ellos, ni
gozar de su ayuda en aquella guerra, por no tener irada la divinidad:
la qual en todas las cosas, y en la guerra mayormente, debemos tener
aplacada, porque sin ella ninguna cosa está, ningun saber vale, ningun
trabajo aprovecha. E por tanto mirad por Dios, Señor, que vuestras
cosas hasta hoy florescientes no las envolvais con aquellos que el
derecho de los Reynos, que es divino, miran, no segun su realidad, mas
segun sus pasiones é proprios intereses. E quanto á la promesa tan
grande é dulce como estos Caballeros os facen de los Reynos de Castilla
con poco trabajo é mucha gloria, ocúrreme un dicho de Sant Anselmo, que
dice: Compuesta es é muy afeytada la puerta que convida al peligro: é
por cierto, Señor, no puede ser mayor afeytamiento ni compostura de la
que estos vos presentan; pero yo fago mas cierto el peligro de esta
empresa, que cierto el efecto de esta promesa. Lo primero, porque no
vemos aquí otros Caballeros sino estos solos, y estos no dan seguridad
ninguna de su lealtad; é caso que aya otros secretos que afirman
aclararse, los tales no piensan tener firme como deben, mas temporizar
como suelen, para declinar á la parte que la fortuna se mostrare mas
favorable. Lo segundo, porque dado que todos los mas de los Grandes,
é de las Cibdades é Villas de Castilla, como estos prometen, vengan
luego á vuestra obediencia, no es dubda, segun la parentela que el Rey
tiene, que muchos Caballeros é Grandes Señores é Cibdades é Villas se
tengan por él é por la Reyna, á los quales asimismo los pueblos son muy
aficionados, porque saben ella ser fija cierta del Rey Don Juan, é su
marido fijo natural de la Casa Real de Castilla; é la Señora vuestra
sobrina fija incierta del Rey Don Enrique, y que vos la tomais por
muger: de lo qual no pequeña estima se debe facer, porque la voz del
pueblo es voz divina, é repugnar lo divino es querer con flaca vista
vencer los fuertes rayos del sol. Eso mismo porque vuestros súbditos
nunca bien se compadescieron con los Castellanos, y entrando Vuestra
Alteza en Castilla con título de Rey, podria ser que las enemistades é
discordias que entre ellos tienen, é de que estos facen fundamento á
vuestro reynar, todas se saneasen, é convertiesen contra vuestra gente
por el odio que antiguamente entre ellos es. Lo otro, porque en tiempo
de division, así á vos de vuestra parte, como al Rey é á la Reyna de la
suya converná dár é prometer, rogar é sufrir á todos, porque no muden
el partido que tovieren para se juntar con la parte que mas largamente
con ellos se oviere. Así que, Señor, pasariades vuestra vida sufriendo
é dando é rogando, que es oficio de subjecto é no reynando é mandando,
que es el fin que vos deseais, y estos Caballeros prometen. Tornando
agora pues á fablar en la justicia de la Señora vuestra sobrina, yo,
muy alto Rey é Señor, desta justicia dos partes fago: una es esta que
vosotros los Reyes é Príncipes é vuestros Oficiales por cosas probadas
mandais executar en vuestras tierras, é á esta conviene preceder prueba
é declaracion ante que la execucion. Otra justicia es la que por juicio
divino, por pecados á nosotros ocultos, vemos executar veces en las
personas proprias de los delinquentes, y en sus bienes, veces en los
bienes de sus fijos é sucesores: así como fizo al Rey Roboam, fijo
del Rey Salomón, quando de doce partes de su Reyno luego en reynando
perdió las diez. No se lee pues Roboam aver cometido público pecado
fasta estonces por dó los debiese perder: é como juntase gente de su
Reyno para recobrar lo que perdia, Semey, Profeta de Dios, le dixo de
su parte: Está quedó, no pelees, no es la voluntad divina que cobres
esto que pierdes. E como quiera que Dios ni face ni permite facer cosa
sin causa, pero el Profeta no gelo declaró; porque tan honesto es y
comedido Nuestro Señor, que aun despues de muerto el Rey Salomón no
le quiso deshonrar, ni á su fijo envergonzar, declarando los pecados
ocultos del padre porque le plugo que el sucesor perdiese estos bienes
temporales que perdia. En la Sacra Escriptura, é aun en otras Historias
auténticas hay desto asaz exemplos: mas porque no vamos á cosas muy
antiguas é peregrinas, este vuestro Reyno de Portugal á la Reyna Doña
Beatriz fija heredera del Rey Don Fernando, é muger del Rey Don Juan
de Castilla, pertenescia de derecho público; pero plugo al otro juicio
de Dios oculto darlo al Rey vuestro aguelo, aunque bastardo é profeso
de la Orden de Cistel. E porque á este oculto juicio este Rey Don
Juan quiso repugnar, cayeron aquella multitud de Castellanos, que en
la de Aljubarrota sabemos y es notorio ser muertos. De derecho claro
pertenescian los Reynos de Castilla á los fijos del Rey Don Pedro;
pero vemos que por virtud del juicio del Dios oculto lo poseen hoy
los descendientes del Rey Don Enrique su hermano, aunque bastardo. E
si quiere Vuestra Alteza exemplos modernos, ayer vimos el Reyno de
Inglaterra que pertenescia al Príncipe fijo del Rey Don Enrique, é
vemoslo hoy poseer pacífico el Rey Eduarte, que mató al padre é al
fijo. E como quier que vemos claros de cada dia estos é semejantes
efectos, ni somos ni podemos ser acá jueces de sus causas, en especial
de los Reyes, cuyo juez solo es Dios que los castiga, veces en sus
personas é bienes, veces en la succesion de sus fijos: segun la medida
de sus yerros. Sant Augustin en el libro de la Ciudad de Dios dice:
¿El juicio de Dios oculto puede ser iniquo? no. ¿Qué sabemos pues,
muy excelente Rey é Señor, si el Rey Don Enrique cometió en su vida
algunos graves pecados por dó tenga Dios deliberado en su juicio
secreto disponer de sus Reynos en otra manera de lo que la Señora
vuestra sobrina y estos Caballeros procuran, segun fizo á Roboam, é á
los otros que declarado he á vuestra Señoría? De los pecados públicos
se dice dél, que en la administracion de la justicia (que es aquella
por dó los Reyes reynan) fue tan negligente, que sus Reynos vinieron
en total corrupcion é tiranía, de manera que antes muchos dias que
fallesciese todo quasi el poderío é autoridad Real le era evanescido.
Todo esto considerado, querria saber ¿quién es aquel de sano
entendimiento que no vea quan dificile sea esto que á Vuestra Alteza
facen facile, y esta guerra que dicen pequeña quanto sea grande, é la
materia della peligrosa. En la qual si algun juicio de Dios oculto hay,
por dó Vuestra Alteza repugnándolo oviese algun siniestro, considerad
bien, Señor, quan grande es el aventura en que poneis vuestro Estado
Real, y en quanta obscuridad vuestra fama, que por la gracia de Dios
por todo el mundo relumbra. Allende desto, de necesario ha de haber
quemas, robos, muertes, adulterios, rapiñas, destruiciones de Pueblos
é de Casas de oracion, sacrilegios, el culto Divino profanado, la
Religion apostatada, é otros muchos estragos é roturas que de la guerra
surten. Tambien vos converná sofrir é sostener robos é robadores é
hombres criminosos, sin castigo ninguno, é agraviar los ciudadanos é
hombres pacíficos, que es oficio de tirano, é no de Rey, é vuestro
Reyno entretanto no será libre destos infortunios; porque en caso que
los enemigos no le guerreasen, vos era forzado con tributos continuos,
y servidumbres premiosas para la guerra necesarias, los fatigasedes: de
manera que procurando una justicia, cometeriades muchas injusticias.
Allende desto vuestra Real Persona, que por la gracia de Dios está
agora quieta, es necesario que se altere; vuestra consciencia sana,
es por fuerza que se corrompa: el temor que tienen vuestros súbditos
á vuestro mandado, es necesario que se afloje. Estais quito de
molestias; es cierto que avreis muchas. Estais libre de necesidades;
meteis vuestra persona en tantas é tales que por fuerza os farán
subjecto de aquellos que la libertad que agora teneis os face Rey é
Señor. E porque conozco quanto zela vuestra alta Señoría la limpieza de
vuestra excelente fama, quiero traer á vuestra memoria, como ovistes
enviado vuestra embaxada á demandar por muger á la Reyna. Tambien es
notorio quantas veces en vida del Rey Don Enrique vos fue ofrescida por
muger la Señora vuestra sobrina, é no vos plugo de lo aceptar, porque
se decia vuestra consciencia Real no se sanear bien del derecho de
su succesion. Pues considerada agora esta mudanza sin preceder causa
pública porque la debais facer ¿quien no avrá razon de pensar que
hallais agora derecha succesora á vuestra sobrina, no porque lo sea de
derecho, mas porque la Reyna que demandastes por muger contraxo antes
el matrimonio con el Rey su marido que con vos que la demandastes? E
avria lugar la sospecha de cosas indebidas, contrarias mucho á las
virtudes insignes que de vuestra Persona Real por todo el mundo están
divulgadas. E soy maravillado de los que facen fundamento deste Reyno
que vos dan en la discordia de los Caballeros é gentes dél, como si
fuese imposible la reconciliacion entre ellos, é conformarse contra
vuestras gentes. Podemos decir por cierto, muy alto Señor, que el que
esto no vé es ciego del entendimiento, y el que lo vé é no lo dice es
desleal. Guardad Señor, no sean estos consejeros los que consejan no
segun la recta razon, mas segun la voluntad del Príncipe ven inclinada.
E por tanto, muy alto é muy poderoso Rey é Señor, antes que esta guerra
se comience se debe mucho mirar la entrada; porque principiar guerra
quien quiera lo puede facer; salir de ella no, sinó como los casos de
la fortuna se ofrescieren, los quales son tanto varios é peligrosos que
estados Reales é grandes no se les deben cometer sin grande é madura
deliberacion é á cosas muy justas é ciertas.
[32] _Asi dice en todas las edicciones, y parece debiera decir_
consulte.
LETRA VIII.
_Al Obispo de Tuy, que estaba preso en Portugal,
en respuesta de otra._[33]
[33] _Año de 1478. Falta en la primera ediccion. Este Obispo se
llamaba D. Diego de Muros._
Reverendo Señor: Encomendaros á la Virgen María no era mal consejo,
si ese vuestro cuñado os lo consejára antes que os prendiera, mas
consejándolo despues de preso, debriades decir: Ya no poide, segun que
todo buen Gallego debia responder. Bien es, Señor, que tengais devocion
en los milagros de alguna Casa de oracion, segun lo conseja el cuñado;
pero junto con ella no dexeis de encomendaros á la Casa de la moneda de
la Curuña, ó á otra semejante; porque entiendo que allí se facen los
milagros porque vos aveis de ser libre. Por ende, Señor, prometed algo
á una casa destas, é luego vereis por experiencia el milagro que vos
esperais, é vuestro cuñado os conseja: y abreviad quanto pudieredes,
porque segun acá anda vuestra hacienda, poco teneis agora para ofrecer
á la Casa, é terneis menos ó nada si mucho os tardais. Decis, Señor,
que no os hallaron otro crimen sinó aver reprehendido en sermones
la entrada del Señor Rey de Portugal en Castilla. En verdad, Señor,
algunos predicadores la aprobaron en sus sermones; pero yo libres
los veo andar entre nosotros: aunque creo que tienen tanta pena por
ser inciertos predicadores, quánta gloria vos debeis tener por ser
cierto, aunque preso. Ya sabeis que Micheas Profeta preso estobo, y
aun buena bofetada le dieron porque profetaba verdad contra todos los
otros que persuadian al Rey Acab que entrase en Ramoth Galat: y bien
sabeis quantos golpes resciben los Ministros de la verdad, la qual se
aposenta de buena voluntad en los constantes, porque allí reluce ella
mejor con los martirios: _Herculem duri celebrant labores_. ¿Pensais
vos, Señor, que ese vuestro ingenio tan sotil, esa vuestra ánima tan
apta é dedicada por su habilidad para gozar de la verdadera claridad,
avía de quedar en esta vida sin prueba de trabajos que la limpiasen,
porque limpia torne al lugar limpio donde vino? no lo creais. Aquellas
que van al lugar sucio es de creer que vayan sin lavatorio de tentacion
en esta vida. Gregorio _in Pastorali_ dice: _De spe æternæ hæreditatis
gaudium sumant, quos adversitas vitæ temporalis humiliat_. Mas os diría
desto, sinó que pienso que querriades mas quatro remedios de idiotas,
que cinco consuelos de Filosofos, por Filosofos que fuesen. Pero con
todo eso tengo creído que por algun bien vuestro ovistes este trabajo:
_Sæpe majori fortunæ_ (dice Seneca) _locum fecit injuria_, segun avemos
visto é leído en muchas partes. Así me vala Dios, Señor, quando no nos
catarémos os espero cargado de tratos para poner paz en la tierra. Aqui
nos dixeron que el Señor Rey de Portugal se queria meter en religion;
agora nos dicen que se queria meter en guerra. ¿Lo uno ó lo otro es de
creer? Ambas cosas seyendo tanto contrarias, lejanas son de un juicio
tan excelente como el suyo. Algunos Castellanos aficionados á Portugal
han andado por aqui cargados de profecías; dellas salen inciertas,
otras hay en la verdad que no valen nada. Y pues andamos á profetizar,
yo profetizo, que si el Señor Rey de Portugal deliberare entrar otra
vez en estos Reynos á ponellos en guerra é trabajos, muertes é robos,
é á Portugal á vueltas, no lo dudo, é menos dudo que faga los fechos
de los descontentos; pero facer el suyo como lo desea, no lo creais en
vida de los vivos. Plega á Nuestro Señor é á Nuestra Señora que presto
seais libre é á vuestra honra.
LETRA IX.
_Para el Doctor de Talavera._[34]
[34] _Por Julio de 1478. Falta en la primera ediccion._
Señor: Del nascimiento del Príncipe con salud de la Reyna ovimos acá
muy gran placér. Claramente vemos sernos dado por especial dón de
Dios, pues al fin de tan larga esperanza le plugo darnosle: pagado ha
la Reyna á este Reyno la deuda de succesion viril, que era obligada
de le dar, quanto yo por fé tengo que ha de ser el mas bienaventurado
Príncipe del mundo; porque todos estos que nacen deseados son amigos de
Dios, como fue Isaac, Samuél, é Sant Juan, é todos aquellos de quien
la Sacra Escriptura hace mencion que ovieron nascimientos como este
muy deseados: é no son sin causa, pues son concebidos é nascidos en
virtud de muchas plegarias é sacrificios. Ved el Evangelio que se reza
el dia de Sant Juan: cosa es tan trasladada que no parece sino molde
el un nacimiento del otro: la otra Isabél, esta otra Isabél: el otro
en estos dias, este estos mismos; é tambien que se gozaron los vecinos
é parientes, é que fué terror á los de las montañas. No os escribo
mas, Señor, sobre esto, porque se me entiende que otros abrán allá
caído en esto mismo, é lo dirán y escribirán mejor que yo. Basta que
podemos decir, que _Repulit Deus tabernaculum Enrici, e tribum Alfonsi
non elegit; sed elegit tribum Elisabeth quam dilexit_, hallarloeis en
el Psalmo de _Attendite popule meus_. No queda agora pues, sinó que
alzadas las manos al Cielo, digamos todos el _Nunc dimittis_, que el
otro dixo, pues ven nuestros ojos la salud de este Reyno. Plega aquel
que oyó las oraciones para su nacimiento, que las oyga para le dar
larga vida.
LETRA X.
_Para Don Enrique, tio del Rey._[35]
[35] _Año de 1483._ En la primera ediccion dice, _tio del Rey,
quando le firieron en Tajara_.
Muy noble é magnífico Señor: Usando Vuestra merced de su oficio é yo
del mio, no es maravilla que mi mano esté de tinta, é vuestro pie
sangriento. Bien creo, Señor, que esa vuestra herida tal y en tal lugar
os daria dolor é pornia en temor. ¿Pero quereis que os diga, muy noble
Señor, que la profesion que fecistes en la Orden de Caballería que
tomastes os obliga á rescebir tanto mayores peligros que los otros,
quanto mayor honra teneis que los otros? Porque si no tuviesedes
ánimo mas que otros para semejantes afrentas, todos seriamos iguales.
Ciertamente, Señor, fatiga me dió algunos dias la fama desa vuestra
ferida, porque todos decian ser peligrosa; pero debemos ser alegres,
pues servistes á Dios con devocion, é al Rey con lealtad, é á la
patria con amor, é al fin quedastes libre. Loado sea Dios por ello, é
la Virgen gloriosa su Madre.[36] Muy noble Señor: aquellos á quien yo
subcedí en este cargo demandaban dádivas á los Señores por escrebir
semejantes fechos. Yo, Señor, no quiero otra cosa sinó que Vra. merced
me mande escrebir la disposicion de vuestra persona é de vuestro pie:
é si en esto os aveis conmigo liberalmente, prometo á Vra. merced de
facer el pie vuestro mejor que la mano de otro.
[36] _Lo siguiente se halla en la primera ediccion, y falta en
las posteriores._
LETRA XI.
_Para la Reyna._[37]
[37] _Año de 1482. que fué quando se empezó la guerra de
Granada. Esta Carta se ha puesto conforme á la primera
ediccion, restituyendo algunos periodos que se omitieron en las
posteriores._
Muy alta y excelente y poderosa Reyna é Señora: Pasados ya tantos
trabajos é peligros como el Rey nuestro Señor é Vuestra Alteza aveis
avido, no se debe tener en poca estima la escriptura dellos, pues
ninguna se lee dó mayores hayan acaescido: y aun algunas Historias
hay que las magnificaron con palabras los escriptores mucho mas que
fueran las obras de los autores. E vuestras cosas, muy excelente Reyna
é Señora, no sé yo quien tanto las pueda sublimar, que no haya mucho
mas trabajado el obrador, que puede decir el escriptor. Yo iré á
Vuestra Alteza segun me lo envia á mandar, é llevaré lo escripto hasta
aqui, para que lo mande exâminar; porque escribir tiempos de tanta
injusticia convertidos por la gracia de Dios en tanta justicia, tanta
inobediencia en tanta obediencia, tanta corrupcion en tanta orden, yo
confieso, Señora, que ha menester mejor cabeza que la mia. Despues
desto es menester algunas veces fablar como el Rey, é como Vuestra
Alteza, é asentar los propósitos que ovistes en las cosas: asentar
asimismo vuestros consejos, vuestros motivos. Otras veces requiere
fablar como los de vuestro Consejo; otras veces como los contrarios.
Despues de esto las fablas é razonamientos, y otras diversas cosas.
Todo esto, muy excelente Reyna é Señora, no es razon dexarlo á exâmen
de un cerebro solo, aunque fuese bueno, pues ha de quedar por perpetua
memoria. Y si Vuestra Alteza manda poner diligencia en los edificios
que se caen por tiempo é no fablan ¿quánto mas la debe mandar poner
en vuestra Historia, que ni cae ni calla? Muchos templos y edificios
ficieron algunos Reyes y Emperadores pasados, de los quales no queda
piedra que veamos; pero queda escriptura que leemos. En verdad muy
excelente Reyna y Señora, segun lo vais faciendo, si otras dos fijas
ó tres acá nos dais, antes de veinte años vereis vuestros fijos é
nietos señores de toda la mayor parte de la Christiandad; y es cosa
muy razonable que vuestra Persona Real se glorifique en leer[38]
vuestras cosas, pues son dignas de exemplo é doctrina para vuestros
descendientes en especial, é para todos los otros en general. Acá
avemos oído las nuevas de la guerra que mandais mover contra los Moros.
Ciertamente, muy excelente Reyna é Señora, quien bien mira todas las
cosas del Rey é vuestras, claro verá como Dios os adereza la paz con
quien la debeis tener, y os despierta á la guerra que sois obligados.
Una de las cosas que los Reyes comarcanos vos an envidia, es tener en
vuestros confines gente con quien, no solo podeis tener guerra justa,
mas guerra santa, en que entendais é hagais exercer la Caballería de
vuestros Reynos; que no piense Vuestra Alteza ser pequeño proveímiento.
Tulio Ostilio, el tercero Rey que fué en Roma, movió guerra sin causa
con los Albanos sus amigos é aun parientes, por no dexar en ocio su
Caballería, del qual escribe Titus Livius: _Segnescere civitatem ratus,
bellum extra undique quærebat_. ¿Pues quánto mejor lo hará quien la
tiene tan justa buscada é comenzada? Mucho deseo saber como va á
Vuestra Alteza con el Latin que aprendeis: dígolo, Señora, porque hay
algun Latin tan zahareño que no se dexa tomar de los que tienen muchos
negocios; aunque yo confio tanto en el ingenio de Vuestra Alteza, que
si lo tomais entre manos, por sobervio que sea lo amansareis, como
habeis fecho otros lenguages.
[38] _Parece debe entenderse_ en que se lean.
LETRA XII.
_Para Pedro de Toledo, Canónigo de Sevilla._
Señor: Muy acepto decís que os paresco á mi señor Cardenal. Grande
vista debe ser por cierto la vuestra, pues tan lejos vedes lo que yo
no veo tan cerca. Si á la comunicacion llamais acepcion, alguna tengo
como los otros; pero dó no hay merced, no creais que haya acepcion,
por grande que sea la comunicacion: _maximè_, que sabreis, Señor, que
ni me comunica mucho su Señoría, ni me dá nada su magnificencia: é
si alguna acepcion quereis que confiese, sabed que es como la de los
reposteros de la plata, que tienen só llave doscientos marcos, y no
tienen un maravedí para afeytarse. Creed, Señor, que no hay otro acepto
sinó el que acepta ó el que acierta, quier por dicha, quier por gracia
é suficiencia; é yo soy ageno destas cosas. Al presente ningunas nuevas
hay que os escriba; porque en tiempo de buenos Reyes administrase la
justicia, é la justicia engendra miedo, y el miedo escusa excesos, y
dó no hay excesos hay sosiego, é do hay sosiego no hay escándalos,
que crian la guerra que face los casos dó vienen las nuevas que el
buen vino aporta. Aunque la mala condicion Española, inquieta de su
natura, en el ayre querria si pudiese congelar los movimientos,
é sufrir guerra de dentro, quando no la tienen de fuera. A osadas
quien describió á los Españoles en la guerra perezosos, y en la paz
escandalizosos, que supo lo que dixo. Demos gracias á Dios que tenemos
un Rey é una Reyna, que no querais saber dellos sino que ambos, ni cada
uno por sí, no tienen privado, que es la cosa, é aun la causa de la
desobediencia y escándalos en los Reynos. El privado del Rey sabed que
es la Reyna, y el privado de la Reyna sabed que es el Rey, y estos oyen
é juzgan, é quieren derecho, que son cosas que estorban escándalos, é
los amatan. Cerca de lo que os aplace saber de mí, creed, Señor, que ni
en Corte ni en Castilla no vive hombre mejor vida; pero así la fenesca
yo sirviendo á Dios, que si della fuese ya salido, no la tornase á
tomar, aunque me la diesen con el Ducado de Borgoña, por las angustias
é tristezas que con ella están entretexidas y enzarzadas. E pues
quereis saber como me habeis de llamar, sabed, Señor, que me llaman
Fernando, é me llamaban é llamarán Fernando, é si me dan el Maestrazgo
de Santiago tambien Fernando; porque de aquel título é honra me quiero
arrear que ninguno me pueda quitar, é tambien porque tengo creído que
ningun título pone virtud á quien no la tiene de suyo. Valete.
LETRA XIII.
_Para el Condestable._[39]
[39] _Año de 1479. durante el cerco de Montanches por
el verano._
Ilustre Señor: Rescebí la letra de vuestra Señoría, en que mostrais
sentimiento por los trabajos que pasais, é peligros que esperais en
este cerco que teneis sobre Montanches. Cosa por cierto nueva vemos
en vuestra condicion; porque en las otras cosas que por vos han
pasado, prosperas ó adversas, ni os vimos movimiento en la cara, ni
sentimiento en la palabra. Verdad es que los males presentes son los
que mas duelen en especial si se prolongan; é porque ese es duro, é
dura tanto, no es maravilla que lo sintais. La muerte, que es el
último de los temores terribles, dice Seneca que no es de temer, porque
dura poco. Pero, ilustre Señor, yo creo bien que por duros é largos
que sean los trabajos que agora teneis, vuestra Señoría los sufrirá
con igual ánimo, pues que son por ensalzamiento de la Corona Real, é
por el honor é paz de vuestra propria tierra: lo qual ningun bueno
debe con mayor deseo cobdiciar, ni con mayor alegria oír, ni con tan
grande y ferviente aficion del ánima é trabajo del cuerpo procurar;
porque el fin de todos los mortales es tener paz, la qual así como los
malos turban escandalizando, así los buenos procuran guerreando: é con
guerra vemos que se quita la guerra, é se alcanza la paz, así como con
fuego se quita el veneno, é se alcanza salud. Yo, Señor, dubdo que
el Rey de Portugal venga á socorrer esa Fortaleza de Montanches que
teneis cercada; porque cierta cosa es que este su socorro con gente
se ha de facer, é su imperio no es el de Darío para que aya menester
grandes tiempos en la juntar. En verdad, Señor, desque se dice este
su socorro, sería quemada Escalona; pero dado que la socorriese, creo,
ilustre Señor, que deliberastes bien antes que esa empresa aceptases,
para no rescebir en ella mengua, como facen los varones fuertes, que
no se ofrescen á toda cosa, mas eligen con maduro pensamiento aquella
donde por qualquier cosa que acaezca, próspera ó adversa, resplandezca
su loable memoria. E porque así como el miedo hace caer á los flacos,
así el peligro hace proveer á los fuertes, tengo segura confianza
que en el esfuerzo interior, y en la provision exterior, no teneis
agora menor ánimo que tovistes al principio quando aceptastes esa
empresa, para le dar el fin que vos quereis, é todos deseamos: porque
como vuestra Señoría conoce, la salida se mira en las cosas que se
comienzan, é no la causa porque se comenzaron. No dubdo, Señor, que
hayais muchos trabajos, considerado el lugar, el tiempo, é las otras
circunstancias: pero, Señor, si el ladron Caco no fuera afamado de
recio, Hercules que lo mató no fuera loado de fuerte: porque do hay
mayor peligro se muestra mayor grado de fortaleza, la qual no se loa
combatiendo lo flaco, mas resplandece resistiendo lo fuerte, é tiene
mayor grado de virtud esperando al que comete, que cometiendo al
que espera; especialmente aquel que resiste presto los peligros que
súbitamente vienen, porque en aquella presta resistencia parece tener
fecho hábito de fortaleza, de la qual se ha de fornescer de tal manera
qualquiera que face profesion en la Orden de Caballería, que ni el
amor de la vida, ni menos el temor de la muerte le corrompa para facer
cosa que no deba. Verdad es, Señor, que el temor de la muerte turba á
todo hombre; pero el Caballero que está obligado á rescebir la muerte
loable, é fuir de la vida torpe, debe seguir la doctrina del mote que
traeis en vuestra divisa, que dice: _Un bel morir toda la vida honra_,
al qual me refiero. Si en esta materia fablo mas que debo, en pena de
mi atrevimiento quiero sofrir que me diga vuestra Señoría lo que dixo
Anibal, el qual como anduviese huyendo de los Romanos, é oyese á uno
parlar de _Re militari_, é ordenar como avian de ir las huestes, é como
las batallas habian de ser ordenadas, respondió: Buenas cosas dice
este necio; sinó que un caso que se suele atravesar en la facienda lo
destruye todo, é hace ser vencidos á los que piensan ser vencedores:
é por cierto, Señor, creo que dixo verdad; porque leemos en el Titus
Livius que el graznido de un ansar que se atravesó escusó de ser tomado
el Capitolio de Roma por los Franceses que tenian ya entrada la Ciudad,
y despues fueron vencidos é desvaratados de los Romanos.
LETRA XIV.
_Para un su amigo de Toledo._[40]
[40] _Año de 1478. Es parte del Razonamiento al pueblo de Toledo,
que Pulgar en la Crónica fol. 116. de la edic. de Valladolid,
puso en boca de Gomez Manrique, Corregidor de aquella Ciudad._