Muy poderoso Rey é Señor: Sabido he la inclinacion que Vuestra Alteza

tiene de aceptar esta empresa de Castilla, que algunos Caballeros

della os ofrescen: é despues de aver bien pensado en esta materia,

acordé de escrebir á Vuestra Alteza mi parescer. Bien es, muy excelente

Rey é Señor, que sobre cosa tan alta é tan ardua haya en vuestro

Consejo alguna plática de contradicion disputable, porque en ella se

aclare lo que á servicio de Dios, honor de vuestra Corona Real, bien é

acrescentamiento de vuestros Reynos mas conviene seguir. E para esto,

muy poderoso Señor, segun en las otras guerras santas dó aveis seído

victorioso aveis fecho, porque en esta con ánimo limpio de pasion lo

cierto mejor se pueda discernir, mi parescer es que ante todas cosas

aquel Redentor se consuele[32] que vuestras cosas conseja, aquel se

mire que siempre os guia, aquel se adore é suplique que vuestras

cosas é estado segura é prospéra; porque como quier que vuestro fin

es ganar honra en esta vida, vuestro principio sea ganar vida en la

otra. E quanto toca á la justicia que la Señora vuestra Sobrina dice

tener á los Reynos del Rey Don Enrique, que es el fundamento que estos

Caballeros de Castilla facen, é aun lo primero que Vuestra Alteza debe

mirar, yo por cierto, Señor, no determino agora su justicia; pero veo

que estos que os llaman por executor della son el Arzobispo de Toledo,

y el Duque de Arevalo, é los fijos del Maestre de Santiago é del

Maestre de Calatrava su hermano, que fueron aquellos que afirmaron por

toda España, é aun fuera della publicaron, esta Señora ni tener derecho

á los Reynos de Don Enrique, ni poder ser su fija por la impotencia

experimentada que dél en todo el mundo por sus cartas é mensageros

divulgaron: é allende desto le quitaron el título Real, é ficieron

division en su Reyno. Deberiamos pues saber ¿cómo fallaron estonces,

esta Señora no ser heredera de Castilla, é pusieron sobre ello sus

estados en condicion, é como fallaron agora ser su legítima succesora,

é quieren poner á ello el vuestro? Estas variedades, muy poderoso

Señor, dan causa justa de sospecha que estos Caballeros no vienen

á vuestra Señoria con zelo de vuestro servicio, ni menos con deseo

desta justicia que publícan; mas con deseo de sus propios intereses

que el Rey é la Reyna no quisieron, ó por ventura no pudieron complir

segun la medida de su cobdicia: la qual tiene tan ocupada la razon

en algunos hombres, que tentando sus propios intereses acá é allá,

dan el derecho ageno dó hallan su utilidad propria. Y debeis creer,

muy excelente Señor, que pocas veces vos sean fieles aquellos que

con dádivas ovieredes de sostener; antes es cierto aquellas cesantes

os sean deservidores, porque ninguno de los semejantes viene á vos

como debe venir, mas como piensa alcanzar. E quando vencido ya de la

instancia dellos vuestra Real Señoría acordase todavia aceptar esta

empresa, yo por cierto dubdaria mucho entrar en aquel Reyno, teniendo

en él por ayudadores, y menos por servidores, los que el pecado de

la division pasada ficieron, é quieren agora de nuevo facer otra,

reputándolo á pecado venial, como sea uno de los mayores crimines que

en la tierra se puede cometer, é señal cierta de espíritu disoluto é

inobediente: por el qual pecado los de Samaria, que fueron causa de

la division del Reyno de David, fueron tan excomulgados, que Nuestro

Redentor mandó á sus Discipulos: En la provincia de Samaria no entreis;

numerándolos en el gremio de las idolatrías. E aunpor tales mandó el

Hombre de Dios al Rey Amasías que no juntase su gente con ellos para

la guerra que entró á facer en la tierra de Seir; y en caso que este

Rey avía traído cient mil dellos, é pagadoles el sueldo, los dexó por

ser varones de division y escándalo, é no osó envolverse con ellos, ni

gozar de su ayuda en aquella guerra, por no tener irada la divinidad:

la qual en todas las cosas, y en la guerra mayormente, debemos tener

aplacada, porque sin ella ninguna cosa está, ningun saber vale, ningun

trabajo aprovecha. E por tanto mirad por Dios, Señor, que vuestras

cosas hasta hoy florescientes no las envolvais con aquellos que el

derecho de los Reynos, que es divino, miran, no segun su realidad, mas

segun sus pasiones é proprios intereses. E quanto á la promesa tan

grande é dulce como estos Caballeros os facen de los Reynos de Castilla

con poco trabajo é mucha gloria, ocúrreme un dicho de Sant Anselmo, que

dice: Compuesta es é muy afeytada la puerta que convida al peligro: é

por cierto, Señor, no puede ser mayor afeytamiento ni compostura de la

que estos vos presentan; pero yo fago mas cierto el peligro de esta

empresa, que cierto el efecto de esta promesa. Lo primero, porque no

vemos aquí otros Caballeros sino estos solos, y estos no dan seguridad

ninguna de su lealtad; é caso que aya otros secretos que afirman

aclararse, los tales no piensan tener firme como deben, mas temporizar

como suelen, para declinar á la parte que la fortuna se mostrare mas

favorable. Lo segundo, porque dado que todos los mas de los Grandes,

é de las Cibdades é Villas de Castilla, como estos prometen, vengan

luego á vuestra obediencia, no es dubda, segun la parentela que el Rey

tiene, que muchos Caballeros é Grandes Señores é Cibdades é Villas se

tengan por él é por la Reyna, á los quales asimismo los pueblos son muy

aficionados, porque saben ella ser fija cierta del Rey Don Juan, é su

marido fijo natural de la Casa Real de Castilla; é la Señora vuestra

sobrina fija incierta del Rey Don Enrique, y que vos la tomais por

muger: de lo qual no pequeña estima se debe facer, porque la voz del

pueblo es voz divina, é repugnar lo divino es querer con flaca vista

vencer los fuertes rayos del sol. Eso mismo porque vuestros súbditos

nunca bien se compadescieron con los Castellanos, y entrando Vuestra

Alteza en Castilla con título de Rey, podria ser que las enemistades é

discordias que entre ellos tienen, é de que estos facen fundamento á

vuestro reynar, todas se saneasen, é convertiesen contra vuestra gente

por el odio que antiguamente entre ellos es. Lo otro, porque en tiempo

de division, así á vos de vuestra parte, como al Rey é á la Reyna de la

suya converná dár é prometer, rogar é sufrir á todos, porque no muden

el partido que tovieren para se juntar con la parte que mas largamente

con ellos se oviere. Así que, Señor, pasariades vuestra vida sufriendo

é dando é rogando, que es oficio de subjecto é no reynando é mandando,

que es el fin que vos deseais, y estos Caballeros prometen. Tornando

agora pues á fablar en la justicia de la Señora vuestra sobrina, yo,

muy alto Rey é Señor, desta justicia dos partes fago: una es esta que

vosotros los Reyes é Príncipes é vuestros Oficiales por cosas probadas

mandais executar en vuestras tierras, é á esta conviene preceder prueba

é declaracion ante que la execucion. Otra justicia es la que por juicio

divino, por pecados á nosotros ocultos, vemos executar veces en las

personas proprias de los delinquentes, y en sus bienes, veces en los

bienes de sus fijos é sucesores: así como fizo al Rey Roboam, fijo

del Rey Salomón, quando de doce partes de su Reyno luego en reynando

perdió las diez. No se lee pues Roboam aver cometido público pecado

fasta estonces por dó los debiese perder: é como juntase gente de su

Reyno para recobrar lo que perdia, Semey, Profeta de Dios, le dixo de

su parte: Está quedó, no pelees, no es la voluntad divina que cobres

esto que pierdes. E como quiera que Dios ni face ni permite facer cosa

sin causa, pero el Profeta no gelo declaró; porque tan honesto es y

comedido Nuestro Señor, que aun despues de muerto el Rey Salomón no

le quiso deshonrar, ni á su fijo envergonzar, declarando los pecados

ocultos del padre porque le plugo que el sucesor perdiese estos bienes

temporales que perdia. En la Sacra Escriptura, é aun en otras Historias

auténticas hay desto asaz exemplos: mas porque no vamos á cosas muy

antiguas é peregrinas, este vuestro Reyno de Portugal á la Reyna Doña

Beatriz fija heredera del Rey Don Fernando, é muger del Rey Don Juan

de Castilla, pertenescia de derecho público; pero plugo al otro juicio

de Dios oculto darlo al Rey vuestro aguelo, aunque bastardo é profeso

de la Orden de Cistel. E porque á este oculto juicio este Rey Don

Juan quiso repugnar, cayeron aquella multitud de Castellanos, que en

la de Aljubarrota sabemos y es notorio ser muertos. De derecho claro

pertenescian los Reynos de Castilla á los fijos del Rey Don Pedro;

pero vemos que por virtud del juicio del Dios oculto lo poseen hoy

los descendientes del Rey Don Enrique su hermano, aunque bastardo. E

si quiere Vuestra Alteza exemplos modernos, ayer vimos el Reyno de

Inglaterra que pertenescia al Príncipe fijo del Rey Don Enrique, é

vemoslo hoy poseer pacífico el Rey Eduarte, que mató al padre é al

fijo. E como quier que vemos claros de cada dia estos é semejantes

efectos, ni somos ni podemos ser acá jueces de sus causas, en especial

de los Reyes, cuyo juez solo es Dios que los castiga, veces en sus

personas é bienes, veces en la succesion de sus fijos: segun la medida

de sus yerros. Sant Augustin en el libro de la Ciudad de Dios dice:

¿El juicio de Dios oculto puede ser iniquo? no. ¿Qué sabemos pues,

muy excelente Rey é Señor, si el Rey Don Enrique cometió en su vida

algunos graves pecados por dó tenga Dios deliberado en su juicio

secreto disponer de sus Reynos en otra manera de lo que la Señora

vuestra sobrina y estos Caballeros procuran, segun fizo á Roboam, é á

los otros que declarado he á vuestra Señoría? De los pecados públicos

se dice dél, que en la administracion de la justicia (que es aquella

por dó los Reyes reynan) fue tan negligente, que sus Reynos vinieron

en total corrupcion é tiranía, de manera que antes muchos dias que

fallesciese todo quasi el poderío é autoridad Real le era evanescido.

Todo esto considerado, querria saber ¿quién es aquel de sano

entendimiento que no vea quan dificile sea esto que á Vuestra Alteza

facen facile, y esta guerra que dicen pequeña quanto sea grande, é la

materia della peligrosa. En la qual si algun juicio de Dios oculto hay,

por dó Vuestra Alteza repugnándolo oviese algun siniestro, considerad

bien, Señor, quan grande es el aventura en que poneis vuestro Estado

Real, y en quanta obscuridad vuestra fama, que por la gracia de Dios

por todo el mundo relumbra. Allende desto, de necesario ha de haber

quemas, robos, muertes, adulterios, rapiñas, destruiciones de Pueblos

é de Casas de oracion, sacrilegios, el culto Divino profanado, la

Religion apostatada, é otros muchos estragos é roturas que de la guerra

surten. Tambien vos converná sofrir é sostener robos é robadores é

hombres criminosos, sin castigo ninguno, é agraviar los ciudadanos é

hombres pacíficos, que es oficio de tirano, é no de Rey, é vuestro

Reyno entretanto no será libre destos infortunios; porque en caso que

los enemigos no le guerreasen, vos era forzado con tributos continuos,

y servidumbres premiosas para la guerra necesarias, los fatigasedes: de

manera que procurando una justicia, cometeriades muchas injusticias.

Allende desto vuestra Real Persona, que por la gracia de Dios está

agora quieta, es necesario que se altere; vuestra consciencia sana,

es por fuerza que se corrompa: el temor que tienen vuestros súbditos

á vuestro mandado, es necesario que se afloje. Estais quito de

molestias; es cierto que avreis muchas. Estais libre de necesidades;

meteis vuestra persona en tantas é tales que por fuerza os farán

subjecto de aquellos que la libertad que agora teneis os face Rey é

Señor. E porque conozco quanto zela vuestra alta Señoría la limpieza de

vuestra excelente fama, quiero traer á vuestra memoria, como ovistes

enviado vuestra embaxada á demandar por muger á la Reyna. Tambien es

notorio quantas veces en vida del Rey Don Enrique vos fue ofrescida por

muger la Señora vuestra sobrina, é no vos plugo de lo aceptar, porque

se decia vuestra consciencia Real no se sanear bien del derecho de

su succesion. Pues considerada agora esta mudanza sin preceder causa

pública porque la debais facer ¿quien no avrá razon de pensar que

hallais agora derecha succesora á vuestra sobrina, no porque lo sea de

derecho, mas porque la Reyna que demandastes por muger contraxo antes

el matrimonio con el Rey su marido que con vos que la demandastes? E

avria lugar la sospecha de cosas indebidas, contrarias mucho á las

virtudes insignes que de vuestra Persona Real por todo el mundo están

divulgadas. E soy maravillado de los que facen fundamento deste Reyno

que vos dan en la discordia de los Caballeros é gentes dél, como si

fuese imposible la reconciliacion entre ellos, é conformarse contra

vuestras gentes. Podemos decir por cierto, muy alto Señor, que el que

esto no vé es ciego del entendimiento, y el que lo vé é no lo dice es

desleal. Guardad Señor, no sean estos consejeros los que consejan no

segun la recta razon, mas segun la voluntad del Príncipe ven inclinada.

E por tanto, muy alto é muy poderoso Rey é Señor, antes que esta guerra

se comience se debe mucho mirar la entrada; porque principiar guerra

quien quiera lo puede facer; salir de ella no, sinó como los casos de

la fortuna se ofrescieren, los quales son tanto varios é peligrosos que

estados Reales é grandes no se les deben cometer sin grande é madura

deliberacion é á cosas muy justas é ciertas.

[32] _Asi dice en todas las edicciones, y parece debiera decir_

consulte.

LETRA VIII.

_Al Obispo de Tuy, que estaba preso en Portugal,

en respuesta de otra._[33]

[33] _Año de 1478. Falta en la primera ediccion. Este Obispo se

llamaba D. Diego de Muros._

Reverendo Señor: Encomendaros á la Virgen María no era mal consejo,

si ese vuestro cuñado os lo consejára antes que os prendiera, mas

consejándolo despues de preso, debriades decir: Ya no poide, segun que

todo buen Gallego debia responder. Bien es, Señor, que tengais devocion

en los milagros de alguna Casa de oracion, segun lo conseja el cuñado;

pero junto con ella no dexeis de encomendaros á la Casa de la moneda de

la Curuña, ó á otra semejante; porque entiendo que allí se facen los

milagros porque vos aveis de ser libre. Por ende, Señor, prometed algo

á una casa destas, é luego vereis por experiencia el milagro que vos

esperais, é vuestro cuñado os conseja: y abreviad quanto pudieredes,

porque segun acá anda vuestra hacienda, poco teneis agora para ofrecer

á la Casa, é terneis menos ó nada si mucho os tardais. Decis, Señor,

que no os hallaron otro crimen sinó aver reprehendido en sermones

la entrada del Señor Rey de Portugal en Castilla. En verdad, Señor,

algunos predicadores la aprobaron en sus sermones; pero yo libres

los veo andar entre nosotros: aunque creo que tienen tanta pena por

ser inciertos predicadores, quánta gloria vos debeis tener por ser

cierto, aunque preso. Ya sabeis que Micheas Profeta preso estobo, y

aun buena bofetada le dieron porque profetaba verdad contra todos los

otros que persuadian al Rey Acab que entrase en Ramoth Galat: y bien

sabeis quantos golpes resciben los Ministros de la verdad, la qual se

aposenta de buena voluntad en los constantes, porque allí reluce ella

mejor con los martirios: _Herculem duri celebrant labores_. ¿Pensais

vos, Señor, que ese vuestro ingenio tan sotil, esa vuestra ánima tan

apta é dedicada por su habilidad para gozar de la verdadera claridad,

avía de quedar en esta vida sin prueba de trabajos que la limpiasen,

porque limpia torne al lugar limpio donde vino? no lo creais. Aquellas

que van al lugar sucio es de creer que vayan sin lavatorio de tentacion

en esta vida. Gregorio _in Pastorali_ dice: _De spe æternæ hæreditatis

gaudium sumant, quos adversitas vitæ temporalis humiliat_. Mas os diría

desto, sinó que pienso que querriades mas quatro remedios de idiotas,

que cinco consuelos de Filosofos, por Filosofos que fuesen. Pero con

todo eso tengo creído que por algun bien vuestro ovistes este trabajo:

_Sæpe majori fortunæ_ (dice Seneca) _locum fecit injuria_, segun avemos

visto é leído en muchas partes. Así me vala Dios, Señor, quando no nos

catarémos os espero cargado de tratos para poner paz en la tierra. Aqui

nos dixeron que el Señor Rey de Portugal se queria meter en religion;

agora nos dicen que se queria meter en guerra. ¿Lo uno ó lo otro es de

creer? Ambas cosas seyendo tanto contrarias, lejanas son de un juicio

tan excelente como el suyo. Algunos Castellanos aficionados á Portugal

han andado por aqui cargados de profecías; dellas salen inciertas,

otras hay en la verdad que no valen nada. Y pues andamos á profetizar,

yo profetizo, que si el Señor Rey de Portugal deliberare entrar otra

vez en estos Reynos á ponellos en guerra é trabajos, muertes é robos,

é á Portugal á vueltas, no lo dudo, é menos dudo que faga los fechos

de los descontentos; pero facer el suyo como lo desea, no lo creais en

vida de los vivos. Plega á Nuestro Señor é á Nuestra Señora que presto

seais libre é á vuestra honra.

LETRA IX.

_Para el Doctor de Talavera._[34]

[34] _Por Julio de 1478. Falta en la primera ediccion._

Señor: Del nascimiento del Príncipe con salud de la Reyna ovimos acá

muy gran placér. Claramente vemos sernos dado por especial dón de

Dios, pues al fin de tan larga esperanza le plugo darnosle: pagado ha

la Reyna á este Reyno la deuda de succesion viril, que era obligada

de le dar, quanto yo por fé tengo que ha de ser el mas bienaventurado

Príncipe del mundo; porque todos estos que nacen deseados son amigos de

Dios, como fue Isaac, Samuél, é Sant Juan, é todos aquellos de quien

la Sacra Escriptura hace mencion que ovieron nascimientos como este

muy deseados: é no son sin causa, pues son concebidos é nascidos en

virtud de muchas plegarias é sacrificios. Ved el Evangelio que se reza

el dia de Sant Juan: cosa es tan trasladada que no parece sino molde

el un nacimiento del otro: la otra Isabél, esta otra Isabél: el otro

en estos dias, este estos mismos; é tambien que se gozaron los vecinos

é parientes, é que fué terror á los de las montañas. No os escribo

mas, Señor, sobre esto, porque se me entiende que otros abrán allá

caído en esto mismo, é lo dirán y escribirán mejor que yo. Basta que

podemos decir, que _Repulit Deus tabernaculum Enrici, e tribum Alfonsi

non elegit; sed elegit tribum Elisabeth quam dilexit_, hallarloeis en

el Psalmo de _Attendite popule meus_. No queda agora pues, sinó que

alzadas las manos al Cielo, digamos todos el _Nunc dimittis_, que el

otro dixo, pues ven nuestros ojos la salud de este Reyno. Plega aquel

que oyó las oraciones para su nacimiento, que las oyga para le dar

larga vida.

LETRA X.

_Para Don Enrique, tio del Rey._[35]

[35] _Año de 1483._ En la primera ediccion dice, _tio del Rey,

quando le firieron en Tajara_.

Muy noble é magnífico Señor: Usando Vuestra merced de su oficio é yo

del mio, no es maravilla que mi mano esté de tinta, é vuestro pie

sangriento. Bien creo, Señor, que esa vuestra herida tal y en tal lugar

os daria dolor é pornia en temor. ¿Pero quereis que os diga, muy noble

Señor, que la profesion que fecistes en la Orden de Caballería que

tomastes os obliga á rescebir tanto mayores peligros que los otros,

quanto mayor honra teneis que los otros? Porque si no tuviesedes

ánimo mas que otros para semejantes afrentas, todos seriamos iguales.

Ciertamente, Señor, fatiga me dió algunos dias la fama desa vuestra

ferida, porque todos decian ser peligrosa; pero debemos ser alegres,

pues servistes á Dios con devocion, é al Rey con lealtad, é á la

patria con amor, é al fin quedastes libre. Loado sea Dios por ello, é

la Virgen gloriosa su Madre.[36] Muy noble Señor: aquellos á quien yo

subcedí en este cargo demandaban dádivas á los Señores por escrebir

semejantes fechos. Yo, Señor, no quiero otra cosa sinó que Vra. merced

me mande escrebir la disposicion de vuestra persona é de vuestro pie:

é si en esto os aveis conmigo liberalmente, prometo á Vra. merced de

facer el pie vuestro mejor que la mano de otro.

[36] _Lo siguiente se halla en la primera ediccion, y falta en

las posteriores._

LETRA XI.

_Para la Reyna._[37]

[37] _Año de 1482. que fué quando se empezó la guerra de

Granada. Esta Carta se ha puesto conforme á la primera

ediccion, restituyendo algunos periodos que se omitieron en las

posteriores._

Muy alta y excelente y poderosa Reyna é Señora: Pasados ya tantos

trabajos é peligros como el Rey nuestro Señor é Vuestra Alteza aveis

avido, no se debe tener en poca estima la escriptura dellos, pues

ninguna se lee dó mayores hayan acaescido: y aun algunas Historias

hay que las magnificaron con palabras los escriptores mucho mas que

fueran las obras de los autores. E vuestras cosas, muy excelente Reyna

é Señora, no sé yo quien tanto las pueda sublimar, que no haya mucho

mas trabajado el obrador, que puede decir el escriptor. Yo iré á

Vuestra Alteza segun me lo envia á mandar, é llevaré lo escripto hasta

aqui, para que lo mande exâminar; porque escribir tiempos de tanta

injusticia convertidos por la gracia de Dios en tanta justicia, tanta

inobediencia en tanta obediencia, tanta corrupcion en tanta orden, yo

confieso, Señora, que ha menester mejor cabeza que la mia. Despues

desto es menester algunas veces fablar como el Rey, é como Vuestra

Alteza, é asentar los propósitos que ovistes en las cosas: asentar

asimismo vuestros consejos, vuestros motivos. Otras veces requiere

fablar como los de vuestro Consejo; otras veces como los contrarios.

Despues de esto las fablas é razonamientos, y otras diversas cosas.

Todo esto, muy excelente Reyna é Señora, no es razon dexarlo á exâmen

de un cerebro solo, aunque fuese bueno, pues ha de quedar por perpetua

memoria. Y si Vuestra Alteza manda poner diligencia en los edificios

que se caen por tiempo é no fablan ¿quánto mas la debe mandar poner

en vuestra Historia, que ni cae ni calla? Muchos templos y edificios

ficieron algunos Reyes y Emperadores pasados, de los quales no queda

piedra que veamos; pero queda escriptura que leemos. En verdad muy

excelente Reyna y Señora, segun lo vais faciendo, si otras dos fijas

ó tres acá nos dais, antes de veinte años vereis vuestros fijos é

nietos señores de toda la mayor parte de la Christiandad; y es cosa

muy razonable que vuestra Persona Real se glorifique en leer[38]

vuestras cosas, pues son dignas de exemplo é doctrina para vuestros

descendientes en especial, é para todos los otros en general. Acá

avemos oído las nuevas de la guerra que mandais mover contra los Moros.

Ciertamente, muy excelente Reyna é Señora, quien bien mira todas las

cosas del Rey é vuestras, claro verá como Dios os adereza la paz con

quien la debeis tener, y os despierta á la guerra que sois obligados.

Una de las cosas que los Reyes comarcanos vos an envidia, es tener en

vuestros confines gente con quien, no solo podeis tener guerra justa,

mas guerra santa, en que entendais é hagais exercer la Caballería de

vuestros Reynos; que no piense Vuestra Alteza ser pequeño proveímiento.

Tulio Ostilio, el tercero Rey que fué en Roma, movió guerra sin causa

con los Albanos sus amigos é aun parientes, por no dexar en ocio su

Caballería, del qual escribe Titus Livius: _Segnescere civitatem ratus,

bellum extra undique quærebat_. ¿Pues quánto mejor lo hará quien la

tiene tan justa buscada é comenzada? Mucho deseo saber como va á

Vuestra Alteza con el Latin que aprendeis: dígolo, Señora, porque hay

algun Latin tan zahareño que no se dexa tomar de los que tienen muchos

negocios; aunque yo confio tanto en el ingenio de Vuestra Alteza, que

si lo tomais entre manos, por sobervio que sea lo amansareis, como

habeis fecho otros lenguages.

[38] _Parece debe entenderse_ en que se lean.

LETRA XII.

_Para Pedro de Toledo, Canónigo de Sevilla._

Señor: Muy acepto decís que os paresco á mi señor Cardenal. Grande

vista debe ser por cierto la vuestra, pues tan lejos vedes lo que yo

no veo tan cerca. Si á la comunicacion llamais acepcion, alguna tengo

como los otros; pero dó no hay merced, no creais que haya acepcion,

por grande que sea la comunicacion: _maximè_, que sabreis, Señor, que

ni me comunica mucho su Señoría, ni me dá nada su magnificencia: é

si alguna acepcion quereis que confiese, sabed que es como la de los

reposteros de la plata, que tienen só llave doscientos marcos, y no

tienen un maravedí para afeytarse. Creed, Señor, que no hay otro acepto

sinó el que acepta ó el que acierta, quier por dicha, quier por gracia

é suficiencia; é yo soy ageno destas cosas. Al presente ningunas nuevas

hay que os escriba; porque en tiempo de buenos Reyes administrase la

justicia, é la justicia engendra miedo, y el miedo escusa excesos, y

dó no hay excesos hay sosiego, é do hay sosiego no hay escándalos,

que crian la guerra que face los casos dó vienen las nuevas que el

buen vino aporta. Aunque la mala condicion Española, inquieta de su

natura, en el ayre querria si pudiese congelar los movimientos,

é sufrir guerra de dentro, quando no la tienen de fuera. A osadas

quien describió á los Españoles en la guerra perezosos, y en la paz

escandalizosos, que supo lo que dixo. Demos gracias á Dios que tenemos

un Rey é una Reyna, que no querais saber dellos sino que ambos, ni cada

uno por sí, no tienen privado, que es la cosa, é aun la causa de la

desobediencia y escándalos en los Reynos. El privado del Rey sabed que

es la Reyna, y el privado de la Reyna sabed que es el Rey, y estos oyen

é juzgan, é quieren derecho, que son cosas que estorban escándalos, é

los amatan. Cerca de lo que os aplace saber de mí, creed, Señor, que ni

en Corte ni en Castilla no vive hombre mejor vida; pero así la fenesca

yo sirviendo á Dios, que si della fuese ya salido, no la tornase á

tomar, aunque me la diesen con el Ducado de Borgoña, por las angustias

é tristezas que con ella están entretexidas y enzarzadas. E pues

quereis saber como me habeis de llamar, sabed, Señor, que me llaman

Fernando, é me llamaban é llamarán Fernando, é si me dan el Maestrazgo

de Santiago tambien Fernando; porque de aquel título é honra me quiero

arrear que ninguno me pueda quitar, é tambien porque tengo creído que

ningun título pone virtud á quien no la tiene de suyo. Valete.

LETRA XIII.

_Para el Condestable._[39]

[39] _Año de 1479. durante el cerco de Montanches por

el verano._

Ilustre Señor: Rescebí la letra de vuestra Señoría, en que mostrais

sentimiento por los trabajos que pasais, é peligros que esperais en

este cerco que teneis sobre Montanches. Cosa por cierto nueva vemos

en vuestra condicion; porque en las otras cosas que por vos han

pasado, prosperas ó adversas, ni os vimos movimiento en la cara, ni

sentimiento en la palabra. Verdad es que los males presentes son los

que mas duelen en especial si se prolongan; é porque ese es duro, é

dura tanto, no es maravilla que lo sintais. La muerte, que es el

último de los temores terribles, dice Seneca que no es de temer, porque

dura poco. Pero, ilustre Señor, yo creo bien que por duros é largos

que sean los trabajos que agora teneis, vuestra Señoría los sufrirá

con igual ánimo, pues que son por ensalzamiento de la Corona Real, é

por el honor é paz de vuestra propria tierra: lo qual ningun bueno

debe con mayor deseo cobdiciar, ni con mayor alegria oír, ni con tan

grande y ferviente aficion del ánima é trabajo del cuerpo procurar;

porque el fin de todos los mortales es tener paz, la qual así como los

malos turban escandalizando, así los buenos procuran guerreando: é con

guerra vemos que se quita la guerra, é se alcanza la paz, así como con

fuego se quita el veneno, é se alcanza salud. Yo, Señor, dubdo que

el Rey de Portugal venga á socorrer esa Fortaleza de Montanches que

teneis cercada; porque cierta cosa es que este su socorro con gente

se ha de facer, é su imperio no es el de Darío para que aya menester

grandes tiempos en la juntar. En verdad, Señor, desque se dice este

su socorro, sería quemada Escalona; pero dado que la socorriese, creo,

ilustre Señor, que deliberastes bien antes que esa empresa aceptases,

para no rescebir en ella mengua, como facen los varones fuertes, que

no se ofrescen á toda cosa, mas eligen con maduro pensamiento aquella

donde por qualquier cosa que acaezca, próspera ó adversa, resplandezca

su loable memoria. E porque así como el miedo hace caer á los flacos,

así el peligro hace proveer á los fuertes, tengo segura confianza

que en el esfuerzo interior, y en la provision exterior, no teneis

agora menor ánimo que tovistes al principio quando aceptastes esa

empresa, para le dar el fin que vos quereis, é todos deseamos: porque

como vuestra Señoría conoce, la salida se mira en las cosas que se

comienzan, é no la causa porque se comenzaron. No dubdo, Señor, que

hayais muchos trabajos, considerado el lugar, el tiempo, é las otras

circunstancias: pero, Señor, si el ladron Caco no fuera afamado de

recio, Hercules que lo mató no fuera loado de fuerte: porque do hay

mayor peligro se muestra mayor grado de fortaleza, la qual no se loa

combatiendo lo flaco, mas resplandece resistiendo lo fuerte, é tiene

mayor grado de virtud esperando al que comete, que cometiendo al

que espera; especialmente aquel que resiste presto los peligros que

súbitamente vienen, porque en aquella presta resistencia parece tener

fecho hábito de fortaleza, de la qual se ha de fornescer de tal manera

qualquiera que face profesion en la Orden de Caballería, que ni el

amor de la vida, ni menos el temor de la muerte le corrompa para facer

cosa que no deba. Verdad es, Señor, que el temor de la muerte turba á

todo hombre; pero el Caballero que está obligado á rescebir la muerte

loable, é fuir de la vida torpe, debe seguir la doctrina del mote que

traeis en vuestra divisa, que dice: _Un bel morir toda la vida honra_,

al qual me refiero. Si en esta materia fablo mas que debo, en pena de

mi atrevimiento quiero sofrir que me diga vuestra Señoría lo que dixo

Anibal, el qual como anduviese huyendo de los Romanos, é oyese á uno

parlar de _Re militari_, é ordenar como avian de ir las huestes, é como

las batallas habian de ser ordenadas, respondió: Buenas cosas dice

este necio; sinó que un caso que se suele atravesar en la facienda lo

destruye todo, é hace ser vencidos á los que piensan ser vencedores:

é por cierto, Señor, creo que dixo verdad; porque leemos en el Titus

Livius que el graznido de un ansar que se atravesó escusó de ser tomado

el Capitolio de Roma por los Franceses que tenian ya entrada la Ciudad,

y despues fueron vencidos é desvaratados de los Romanos.

LETRA XIV.

_Para un su amigo de Toledo._[40]

[40] _Año de 1478. Es parte del Razonamiento al pueblo de Toledo,

que Pulgar en la Crónica fol. 116. de la edic. de Valladolid,

puso en boca de Gomez Manrique, Corregidor de aquella Ciudad._

Claros varones de Castilla, y Letras · 第 8 / 13 段