Don Rodrigo de Villandrando Conde de Ribadeo fué fijo de un Escudero

Fijodalgo natural de la Villa de Valladolid, hombre de buen cuerpo,

bien compuesto en sus miembros, é de muy recia fuerza: las faciones del

rostro tenia fermosas, é la catadura feroce. Seyendo de pocos dias su

grand corazon é su buena constelacion le llevaron mozo é pobre é solo

al Reyno de Francia en el tiempo que en aquellas partes avía grandes

guerras é divisiones é compañías de gente de armas; é como en aquellos

tiempos de guerras concurrian en aquel Reyno hombres estrangeros de

todas partes, este Caballero, por ser dispuesto para los trabajos de la

guerra falló luego Capitan que le rescibió en su compañia; en la qual

aprobó tambien seyendo mozo, é despues en las cosas que hombre mancebo

debe facer, que ganó por las armas estimacion de hombre valiente y

esforzado, é su Capitan le reputaba por hombre singular entre todos los

otros de su Capitanía. Acaesció algunas veces que estando las batallas

en el campo, quando algun hombre de armas de la parte contraria,

confiando en sus fuerzas, queria facer armas, é demandaba batalla

uno por uno, este Caballero se esmeraba entre todos los otros de su

parte; é presentes las batallas de la una parte é de la otra, salia á

pelear con el contrario, é le vencia é derribaba, é traía sus armas é

despojo á su Capitan: y esta vitoria, que algunas veces ovo, le dió

honra, la qual así como le puso en gracia y estimacion de algunos, así

le troxo en odio y envidia de otros. La qual cresció tanto, que por

ser estrangero fue constreñido de se apartar de su Capitan: é como

quier que le fué grave de sofrir; pero como vemos muchas veces que los

infortunios de presente son causa de la prosperidad futura segun que

los casos de la providencia los suele rodear, este Caballero, veyendose

solo de parientes, desfavorescido de compañeros, sin arrímo de

Capitan, pobre de dinero, é sin amigos, y en tierra agena, no tovo otro

refugio sinó á su buen seso é grand esfuerzo, é con otro é otros dos

que se llegaron á él, se aventuraba con buena destreza é grand osadía

á facer saltos en la tierra de los contrarios en lugares peligrosos, é

faciales guerra, é tomaba alguna presa con que se podia sostener. Esto

fizo muchas veces, é con tanta sagacidad y esfuerzo, que siempre salia

en salvo. E como la fama de su valentía é de las presas que tomaba se

divulgó por la tierra, allegáronse á él algunos hombres: é cresciendo

de dia en dia el corazon con las hazañas, é las hazañas con la gente,

é la gente con el interese, allegaronse á él muchas mas gentes fasta

que alcanzó á ser Capitan una vez de mil hombres, é despues de grado en

grado acrescentó su Capitanía fasta ser Capitan de diez mil hombres, é

su poder fué de los mayores que tenia ninguno de los otros Capitanes

del Rey de Francia á quien servía. E con aquel su grand poder robó,

quemó, destruyó, derribó, despobló Villas é Lugares é pueblos de

Borgoña é de Francia en tiempo que aquel honórable Rey no padescia

guerras crueles, que duraron por espacio de cinquenta años. Andaba lo

mas del tiempo en el campo, é ponia grand diligencia en la guarda de

los reales para que su gente no rescibiese daño. Era hombre ayrado en

los lugares que convenia serlo, é mostraba tan grand ferocidad con

la ira, que todos le avían miedo. Tenia dos singulares condiciones:

la una, que facia guardar la justicia entre la gente que tenia, é no

consentia fuerza ni robo ni otro crimen; é si alguno lo cometia, él

por sus manos lo punia. E con esto todas las gentes de su hueste,

aunque eran muchas é de diversas naciones, é tenian oficio de robar,

le temian, y estaban en paz, é no osaban cometer fuerza ni crimen uno

contra otro. Facia asímismo repartir las presas igualmente, segun que

cada uno lo debia aver, é de tal manera dividia lo robado por justicia,

que facia durar los robadores en concordia. Era asimismo hombre de

verdad, é el seguro que daba á qualquier Villa ó Lugar ó Provincia, ó

qualquier pacto que ponia con ellos, guardábalo estrechamente; é si

alguno robaba, ó facia daño al que él seguraba, faciale buscar con

grand diligencia, é executar en él la justicia. E con esta condicion

que en él vían muchos pueblos é Provincias, é otras personas singulares

se fiaban de su palabra, é la compraban con grandes precios, á fin de

ser seguros de sus gentes: é con esto tenia sus reales bien bastecidos

de viandas é armas é de todas las cosas necesarias; porque mandaba

pagar é guardar á los que venian á ellos con provision, é su mandado

era muy temido é complido. Ovo muchas batallas con Ingleses é con

Borgoñones, en las quales Dios le libró por muchos casos de ser

perdido, é le ayudó por muchas maneras á ser vencedor. Especialmente

venció una batalla que ovo con el Príncipe de Oreyna, donde concurrió

mucha gente de ambas partes. Esta batalla fué muy ferida é sangrienta,

en la qual los que le vieron pelear le compararon á leon bravo en el

estrago que facia en los contrarios, y el ayuda y esfuerzo que daba á

los suyos. E acabado de aver el vencimiento tovo esta astucia: habló

con uno de los prisioneros que tenia, é prometióle libertad si le

descubriese el valor de los prisioneros que las otras sus gentes avían

tomado en la batalla. E como se informó secretamente de lo que cada uno

podia valer, comprólos todos, dando por cada uno mucho menor precio de

lo que valian: é como fueron puestos en su poder, rescatólos á todos

por mucho mayores precios de lo que le costaron. E con esta astucia

ovo grand tesoro, é la fortuna le puso en tan grand reputacion, que

alcanzó casar con la fija del Duque de Borbón, que era de la sangre

Real de Francia, é fué Señor de veinte y siete Villas en la tierra de

Borbonés, dellas compradas, é dellas ganadas. Y en veinte años que

siguió aquella guerra fizo otras notables hazañas: entre las quales

acaesció que un dia estando á punto de batalla con un grande Capitan

de Inglaterra, que se llamaba Talabot, en la Provincia de Guiana, el

Capitan Inglés, que por oídas conoscia las condiciones deste Caballero,

deseaba asimesmo conoscer su persona, por ver que cuerpo é que faciones

tenia hombre que de tan pequeña manera avía subido á tan grand estado:

é como por medio de sus Farautes acordasen de se hablar, dexadas el

uno y el otro sus huestes en buena guarda, estos dos Capitanes solo se

juntaron é vieron en la ribera de un rio llamado Lera, y el Capitan

Talabot le dixo: Deseaba ver tu persona, pues tengo conoscida tu

condicion: ruégote, dixo él, pues los hados nos trujeron juntos á este

lugar, que comamos sendos bocados de pan, é bebamos sendas veces de

vino, é despues será la ventura de la batalla como á Dios pluguiere,

y señor Sant Jorge ayudare. Este Capitan Don Rodrigo le respondió: Si

otra cosa no te place, ésta por cierto no la quiero facer; porque si

la fortuna dispusiere que hayamos de pelear, perderia gran parte de la

ira que en la facienda debo tener, é menos feriria mi fierro en los

tuyos membrándome aver comido pan contigo. E diciendo estas palabras

volvió la rienda á su caballo, é tornó para sus batallas: é el Capitan

Talabot, aunque era Caballero esforzado, concibió de aquellas palabras

tal concepto, que así por ellas, como por la disposicion del lugar dó

estaba, acordó de no pelear, aunque tenia mayor número de gente que

él. Afirmóse aver dicho este Capitan en su lenguage: No es de pelear

con cabeza Española en tiempo de su ira. Despues de muchos tiempos de

guerras é destruiciones avidas en aquellas tierras, ovo Dios piedad de

los moradores de ellas, é dió tales victorias al Rey Carlos de Francia,

que lanzó de todo su Reyno al Rey Eduarte de Inglaterra su enemigo,

é á toda su gente, é fueron cesando las crudas guerras que en aquel

Reyno avía. Y en aquel tiempo acaesció aver en Castilla grandes debates

é disensiones, para las quales el Rey Don Juan envió á mandar á este

Caballero su natural que viniese en Castilla á le servir con la mas

gente que pudiese: el qual vino á su llamado con quatro mil hombres á

caballo: y el Rey le rescibió muy bien, é le fizo merced de la Villa

de Ribadeo, é dióle título de Conde della, é fizole otras mercedes.

Muerta la primera muger Francesa, casó en Castilla con muger noble de

linage de Stúñiga: y el Rey le puso en su Consejo, é facia dél grand

confianza, especialmente de aquellas cosas que concernian á la guerra

que por estonces avía en sus Reynos. Acaesció que como el Rey en tiempo

de aquellas disensiones fuese á la Cibdad de Toledo, é los de aquella

Cibdad se rebelasen contra él, y le cerrasen las puertas, puesto el Rey

en algun recelo de la gente de armas que á la hora estaba apoderada de

aquella Cibdad, este Conde de Ribadeo fizo improviso en la Iglesia de

Sant Lázaro, que es bien cerca de la Cibdad, un palenque con tan gran

defensa, que la persona del Rey, con la poca gente que por estonces con

el Rey estaba, podia ser segura é sin daño, fasta que los otros sus

Capitanes é gentes de armas que venian en la zaguera ovieron tiempo

de llegar. E por memoria perpetua deste servicio, que fizo en el dia

señalado de la Epifanía, el Rey fizo merced á él é á sus descendientes

de la ropa que él é los Reyes de Castilla sus succesores vistiesen

aquel dia, é que comiese con él á su mesa: de la qual merced goza hoy

su succesor[16]. E al fin, veyendose ya viejo y enfermo de dolencia

tal que no podia escapar, Dios, que ni dexa al hombre sin punicion,

ni le niega su misericordia, le dió tiempo en que se corrigiese

arrepintiéndose. E por cierto cosa fué maravillosa, y exemplo digno de

memoria á los mortales la gran contricion que ovo, y el arrepentimiento

de sus pecados, y el derramar de las lágrimas que fizo continuamente

muchos dias antes que muriese, llamando á Dios, é pidiendole con todo

corazon que le perdonase é oviese merced de su ánima: é con esta

contricion fenesció sus dias en edad de setenta años. E por esta fin

que con tal contricion ovo se pone aqui en el número de los Claros

Varones.

[16] _Vease en las Adicciones que van al fin el num. 3._

TITULO VIII.

_Del Conde de Cifuentes._

Don Juan de Silva Conde de Cifuentes é Alferez mayor del Pendon Real,

fijo de Alonso Tenorio Adelantado de Cazorla, é nieto de Arias Gomez

de Silva, fué hombre delgado é alto de cuerpo, é bien compuesto en la

proporcion de sus miembros, la cara tenia larga é honesta, la nariz

un poco luenga, é la lengua ceceosa. Era Fijodalgo de limpia sangre:

sus aguelos eran naturales de Portugal. Vivió en tiempos del Rey Don

Juan, é del Rey Don Enrique su fijo; é mozo de pocos dias vino al

servicio del Rey Don Juan. Tenia tan buena gracia en la manera de su

servicio, que fué uno de los aceptos servidores que el Rey tovo. Era

hombre muy agudo é muy discreto, é inclinado á justicia: fablaba muy

bien, é cosas muy substanciales é conformes á la razon. Vista la

autoridad de su persona, é la limpieza de su vivir, fué puesto en el

Consejo del Rey: é como acaesce que en las Cortes y en las Casas Reales

concurren muchos hombres que por diversas vias van tras sus deseos, é

algunos porque les den, otros porque no les quiten loan lo que debrian

callar, é callan lo que debrian reprehender; é si algunos dicen cosa

conforme á la razon, la dañan mesclándola con alguna pasion é odio

de personas: este Caballero tenia una condicion de hombre claro sin

ninguna encubierta, é realmente, pospuesta toda aficion é odio, decia

con muy buena gracia su parescer en las cosas, é no dexaba de decir

aquello que otros, ó por gratificar, ó por no indignar, callaban. E

como quier que su voto fuese contra el deseo de algunos; pero porque

sus fablas se mostraban proceder de buenas é no dañadas entrañas, no

eran mal rescebidas, é su persona por esta causa era muy estimada, é

su parescer en las cosas muy esperado. Era grand zelador del bien

comun, é con todas sus fuerzas procuró muchas veces la conservacion

del patrimonio Real, é contradecia á los que procurando sus intereses

particulares ofendian al bien general: é por esto ovo algunas molestias

é trabajos de las que suelen aver los favorescedores de la verdad. Pero

al fin, seyendo constante en el camino de la virtud, fué muy aceptado

é honrado, y el Rey le fizo su Alferez mayor, é le encargó grandes

é arduos negocios, porque entendia que trataba verdad, é guardaba

fidelidad. Acaesció en sus tiempos que todos los Príncipes Christianos

se acordaron con los Perlados é Clerecía de facer Concilio en la Cibdad

de Basilea, que es en la alta Alemania, sobre una grand cisma que por

entonces avía en la Iglesia de Dios entre el Papa Eugenio, é otro que

se llamó Felix: á la qual Congregacion como todos acordasen enviar

sus Embaxadores, porque convenia mostrarse en aquella Congregacion la

magníficencia é poderío de los Reyes, el Rey Don Juan, conoscida la

suficencia deste Caballero, le cometió esta embaxada, y envió con

él grandes Letrados, é fué acompañado de mucha compaña de Fidalgos

con grandes é muy sumptuosos arreos: é así en sus hablas, como en la

continencia de su persona, y en todos los otros actos que debe facer

hombre discreto de grand autoridad, guardó tan bien la honra del Rey é

de su tierra é de su persona, que ninguno de quantos Embaxadores fueron

en aquella Congregacion la guardó mejor. E como acaesció un dia que el

Embaxador del Rey de Inglaterra quisiese anticiparse y ocupar el lugar

de la precedencia que al Rey de Castilla pertenescia, no pudiendo este

Caballero sofrir tiempo para que se determinase por razon lo que veía

llevar por fuerza, llegó á aquel Embaxador, é puestas las manos en él,

con grand osadía le arrebató y echó de aquel lugar, y él se puso en él.

Visto este exceso fecho en el Palacio de la Congregacion, la gente de

armas que tenia la salvaguarda de la Cibdad se escandalizó, é tentaron

de proceder contra él é contra los suyos por aver cometido cosa de

fecho, sin esperar determinacion de derecho. Este Caballero, guardada

su autoridad, sin rescebir alteracion, ensistió en su propósito: é

preguntado por el Caballero Presidente de la justicia ¿cómo avía osado

poner las manos en tan notable Embaxador é de tan grand Príncipe como

era el Rey de Inglaterra? con ánimo no vencido le respondió: Digoos

Presidente, que quando padesce defecto la razon, no deben faltar manos

al corazon. E por su grand osadía, junto con su buena razon, fué

guardada la preeminencia del Rey, é la honra del Reyno, é fué amansado

aquel escándalo. Despues de largo tiempo, concluídas las cosas de aquel

Concilio, volvió al Reyno con fama de hombre magnífico, porque fué

muy franco en el distribuir; é de Caballero esforzado, porque mostró

valentía en el osar; é de varon discreto, porque gobernó aquel cargo

con sagacidad é prudencia. Venido al Reyno de Castilla, é tornado al

lugar que tenia en el Consejo del Rey, entendió muchas veces, é con

grandes trabajos del cuerpo é del espíritu, en concordar al Príncipe

Don Enrique con el Rey su padre, y en escusar las grandes roturas que

se esperaban sobre algunas diferencias que entre ellos avía: y esto

supo tratar con grand prudencia, persuadiendo la obediencia que el

fijo debia tener al padre, y mitigando la indignacion que el padre

tenia contra el fijo, é desviando las siniestras intenciones que avía

de la una parte y de la otra. Entendió asimesmo en otros grandes é

arduos negocios, en los quales el Rey conoscidos sus leales servicios

é trabajos, le fizo merced de las Villas de Cifuentes é Monte mayor,

é de otros Lugares é bienes é rentas en cantidad mucho mayor de la

que heredó de su padre. E como vemos alcanzar riquezas por caso, é

conservarlas por seso, puédese creer deste Caballero que complidamente

ovo lo uno é lo otro; porque si tovo fortuna para alcanzar bienes,

tovo asimesmo prudencia para los conservar. Despues de la muerte del

Rey Don Juan, el Rey Don Enrique le dió título de Conde de la Villa

de Cifuentes, é le fizo otras mercedes: é como vemos por experiencia

que los hombres vanos é incapaces, quando les acaesce aver oficios

é riquezas é bienes temporales, se alteran, é queriéndose mostrar

magnánimos, facen cosas fuera de lo que su medida requiere; puédese

bien creer que así asentó en este Caballero el nuevo estado é dignidad,

é tan poca alteracion fizo en su persona la abundancia de los bienes,

como si de sus aguelos por grande antigüedad los oviera avido. Al fin,

entrado ya en los dias de la vejéz, en los quales suele mas reynar

en los hombres la avaricia, cosa fué por cierto singular é digna de

exemplo el fin que este Caballero puso á su cobdicia; porque dado que

fué llamado por el Rey para que entendiese en grandes cosas donde

pudiera aver grandes intereses, todo lo pospuso, é se retruxo á su

casa, dó fizo loable fin; é dexados dos mayorazgos de asaz rentas á dos

fijos, murió conosciendo á Dios en edad de sesenta é cinco años.

TITULO IX.

_Del Duque del Infantazgo._

Don Diego Hurtado de Mendoza Duque del Infantazgo, Marqués de

Santillana, é Conde del Real de Manzanares, fijo del Marqués Don Iñigo

Lopez de Mendoza, é nieto del Almirante Don Diego Hurtado, fué hombre

delgado é alto de cuerpo: tenia los ojos prietos, é las faciones del

rostro fermosas, é bien proporcionado en la compostura de sus miembros.

Era de linage noble Castellano muy antiguo. Seyendo mozo el Marqués

su padre le envió á la su casa de la Vega por pacificar la tierra de

las Asturias de Santillana, é la librar de algunos tiranos que gela

ocupaban; con los quales ovo algunos recuentros é fechos de armas, en

que usó el exercicio de la caballería, é fizo hábito en la disciplina

militar. E porque las gentes de aquellas tierras son hombres valientes,

esforzados é muy cursados en las peleas á pie, que segun la disposicion

de aquellas Montañas se requiere facer, este Caballero se vido con

ellos muchas veces en grandes trabajos é peligros de la guerra continua

que con ellos tovo, hasta que al fin vencidos sus contrarios por

batallas en campo, é muerto su principal Capitan, alimpió aquellas sus

Montañas de la tirania en que por largos tiempos avían estado. Era

hombre bien instruto en las letras Latinas, é tenia tan buena memoria,

que pocas cosas se le olvidaban de lo que en la Sacra Escriptura avía

leido. Era hombre de verdad, é aborrescia tanto mentiras é mentirosos,

que ninguno de los tales ovo jamás logar cerca dél. Heredó la casa

de su padre en el tiempo del Rey Don Enrique Quarto, é fué uno de

los principales Señores del Reyno que entendieron en pacificar las

divisiones que ovo entre el Rey Don Enrique, é el Rey Don Alfonso su

hermano. Fue tan perseverante en la virtud de la constancia, que por

ningun interese jamás le vieron facer mudanza de aquello que una vez

asentaba de facer: y esta virtud se experimentó en él, porque no

dexó de seguir la via del Rey Don Enrique, aunque en ella ovo algunos

siniestros, é se vido en grandes discrimines é aventuras de perder su

persona é casa; porque se tenia por dicho, que en el infortunio relucia

la constancia. Peleó en la batalla que estos dos Reyes ovieron cerca

de la Villa de Olmedo: ante de la qual, viéndose las faces contrarias

unas á otras en el campo, ni el miedo le turbó el seso para consejo, ni

el esfuerzo se enflaquesció para cometer, ni menos cayó la fuerza del

corazon peleando para vencer. Zelaba este Caballero tanto la honra, que

con dificultad era traído á entender en ninguna negociacion ni trato

que le fuese movido, recelando que las variedades de los tiempos le

forzasen facer mudanza de su palabra, por dó pudiese caer en punto de

mengua. Era hombre muy llano é tratable con todos, é honrador en los

rescibimientos de los que á él venian, é ageno de simulaciones. Tenia

ánimo tan noble, é las entrañas tan claras é tan abiertas, que jamas

fué conoscido en él pensamiento para muerte é destruicion ni injuria

de ninguno; é de su natural inclinacion no queria entender salvo en

cosas justas é rectas. Todas las cautelas é ficiones aborrescia como

cosa contraria á su natural condicion. No era varon de venganzas, é

perdonaba tan facilmente á los que le erraban, que jamás avía memoria

de sus yerros. Acaescióle que como algunos suyos le errasen de tal

manera que la graveza del delito les cerrase la puerta de la esperanza

para ser perdonados, movido este Caballero por la piedad natural que

tenia, podiendo aver dellos entera venganza, le acaesció llamarlos é

perdonarlos; é quedando limpio de todo odio, les dió de sus bienes.

Porque, decia él, que ninguna mayor pena podia rescibir el injuriador,

que venir á manos del injuriado; ni mayor gloria el injuriado, que

dar vida é beneficios al injuriador. Tenia la cobdicia de aver bienes

temporales como todos los mortales tienen; pero en esto tovo una tan

singular templanza, que por grand utilidad é acrescentamiento que

oviese, no ficiera cosa fea ni desordenada. E como vemos todos los

hombres desear honra é acrescentamiento, especialmente en las tierras

de su morada, é la necesidad de los tiempos acarrease que el Rey en

remuneracion de sus servicios le ofresciese donacion perpetua de

Guadalaxara, dó era su asiento, este Caballero no la quiso rescibir;

porque su humanidad no pudo sufrir la pasion é trabajo que otros

sentian por ser puestos en señorío particular, é apartados del señorío

Real. Decía él, que el imperio forzoso mas se puede decir cuidado

grave, que posesion deleytosa. Fué hombre que se deleytaba en labores

de casas é edificios: este Duque fundó de principio en la su Villa de

Manzanares la fortaleza que está en ella edificada, é fizo de nuevo

é reparó algunas casas de morada en sus tierras é Lugares; y en esto

mas que en otras cosas fué liberal. Fué asimismo vencido de mugeres,

é del apetito de los manjares. E aviendo acrescentado su título é

patrimonio allende de lo que le dexó el Marqués su padre, murió en

toda prosperidad en edad de sesenta é cinco años.

TITULO X.

_Del Conde de Alva de Liste._

Don Enrique Enriquez Conde de Alva de Liste, fijo del Almirante Don

Alfonso Enriquez[17], é nieto de Don Fadrique Maestre de Santiago,

fué hombre de mediana estatura, bien compuesto en la proporcion de

sus miembros, la nariz tenia larga, los ojos un poco colorados, é los

cabellos llanos. Este Caballero tovo el juicio muy vivo: era hombre

de buena prudencia, é por la experiencia de los grandes fechos que

por él pasaron, su parescer en las cosas se avía por muy cierto. Era

hombre palaciano, é siempre fablaba cosas breves é graciosas. Fué

hombre de tan grand esfuerzo, que en algunas afrentas peligrosas donde

fué experimentado, ninguno otro en sus tiempos se falló tener ánimo

mas libre de miedo para acometer é defender. E como quiera que por

su linage, título é estado era con gran veneracion acatado, pero por

respecto de su gran esfuerzo, é cierto juicio, siempre su persona

fué mirada con mas honrada estimacion que otros que tenian mayores

estados que el suyo. Era hombre de poco sufrimiento, y en algunas

diferencias que ovo en estos Reynos siguió la parcialidad del Almirante

Don Fadrique, y del Adelantado Pero Manrique sus hermanos, donde se

le siguieron prisiones é otros infortunios, que sufrió con ánimo de

varon. Era hombre de verdad, é sirvió muy bien é lealmente al Rey Don

Fernando, é á la Reyna Doña Isabel en las guerras que pasaron con el

Rey Don Alfonso de Portugal: y en la batalla real que estos dos Reyes

ovieron entre las Cibdades de Toro é Zamora, donde el Rey de Portugal

fué vencido, este Caballero, aunque en edad ya de sesenta años, ni

la fuerza del corazon se le enflaqueció, ni la de los miembros le

faltó para pelear: é peleó con tan gran esfuerzo, que fué siguiendo el

alcance contra los Portugueses hasta cerca de la puente de Toro; donde,

pensando que le guardaban los suyos, se metió tanto en los contrarios,

que fué preso é llevado á Portugal. Estando en la prision, conoscida la

limpieza de su condicion, le fué dada libertad para venir á Castilla

con algunos partidos de concordia; é compliendo su palabra, volvió á

la prision, en la qual estovo hasta que la Reyna, á su gran honra, le

fizo libre. E fenesció su vida con gran honra, y exemplo de bueno y

esforzado Caballero, en edad de setenta é cinco años.

[17] _Vease el Cap. VI. de las_ Generaciones y Semblanzas, _pag.

221_.

TITULO XI.

_Del Conde de Placencia._

Don Pedro de Stúñiga Conde de Placencia, fijo de Diego Lopez de

Stúñiga[18] Justicia mayor del Rey, fué hombre alto de cuerpo,

bien proporcionado en la compostura de sus miembros, y el rostro

tenia largo, é la nariz afilada. Sus aguelos fueron de linage noble,

naturales del Reyno de Navarra. Era hombre de buen seso, é de pocas

palabras, é de gran execucion en las cosas que queria. En sus tiempos

fué tenido en gran estimacion por respecto de su persona, é gran casa.

Era Caballero esforzado, é muy perseverante en la opinion que tomaba.

Placiale tener hombres esforzados, é defendialos de las hazañas que

cometian; é por esta causa siempre estaba acompañado de hombres de

todas suertes. En su tiempo fué acrescentada su casa, é floresció

su fama por la gran copia de gente que de continuo era inclinado

de mantener. Acaesció que como el Rey Don Juan el Segundo oviese

necesarias algunas gentes de armas para pacificar los escándalos que

entonces en sus Reynos avía, este Caballero, como quiera que era ya

viejo y enfermo é muy agravado de gota, pero con zelo grande que tovo

de servir á su Rey, se fizo traer en andas dó estaba la hueste, é

rodeado de gran copia de gente de armas de su casa vínole á servir, é

sirvióle con otros Caballeros de tal manera en aquella jornada, que el

Rey rescibió dél servicio señalado, y él alcanzó fama de leal súbdito,

é fué exemplo de lealtad á otros que se movieron á servir á su Rey,

veyendo venir como vino este Caballero en andas á le servir. Murió con

gran honra de edad de setenta años.

[18] _Vease el Cap. VIII. de las_ Generaciones y Semblanzas,

_pag. 223_.

TITULO XII.

_Del Conde de Medinaceli._

Claros varones de Castilla, y Letras · 第 3 / 13 段