Fijodalgo natural de la Villa de Valladolid, hombre de buen cuerpo,
bien compuesto en sus miembros, é de muy recia fuerza: las faciones del
rostro tenia fermosas, é la catadura feroce. Seyendo de pocos dias su
grand corazon é su buena constelacion le llevaron mozo é pobre é solo
al Reyno de Francia en el tiempo que en aquellas partes avía grandes
guerras é divisiones é compañías de gente de armas; é como en aquellos
tiempos de guerras concurrian en aquel Reyno hombres estrangeros de
todas partes, este Caballero, por ser dispuesto para los trabajos de la
guerra falló luego Capitan que le rescibió en su compañia; en la qual
aprobó tambien seyendo mozo, é despues en las cosas que hombre mancebo
debe facer, que ganó por las armas estimacion de hombre valiente y
esforzado, é su Capitan le reputaba por hombre singular entre todos los
otros de su Capitanía. Acaesció algunas veces que estando las batallas
en el campo, quando algun hombre de armas de la parte contraria,
confiando en sus fuerzas, queria facer armas, é demandaba batalla
uno por uno, este Caballero se esmeraba entre todos los otros de su
parte; é presentes las batallas de la una parte é de la otra, salia á
pelear con el contrario, é le vencia é derribaba, é traía sus armas é
despojo á su Capitan: y esta vitoria, que algunas veces ovo, le dió
honra, la qual así como le puso en gracia y estimacion de algunos, así
le troxo en odio y envidia de otros. La qual cresció tanto, que por
ser estrangero fue constreñido de se apartar de su Capitan: é como
quier que le fué grave de sofrir; pero como vemos muchas veces que los
infortunios de presente son causa de la prosperidad futura segun que
los casos de la providencia los suele rodear, este Caballero, veyendose
solo de parientes, desfavorescido de compañeros, sin arrímo de
Capitan, pobre de dinero, é sin amigos, y en tierra agena, no tovo otro
refugio sinó á su buen seso é grand esfuerzo, é con otro é otros dos
que se llegaron á él, se aventuraba con buena destreza é grand osadía
á facer saltos en la tierra de los contrarios en lugares peligrosos, é
faciales guerra, é tomaba alguna presa con que se podia sostener. Esto
fizo muchas veces, é con tanta sagacidad y esfuerzo, que siempre salia
en salvo. E como la fama de su valentía é de las presas que tomaba se
divulgó por la tierra, allegáronse á él algunos hombres: é cresciendo
de dia en dia el corazon con las hazañas, é las hazañas con la gente,
é la gente con el interese, allegaronse á él muchas mas gentes fasta
que alcanzó á ser Capitan una vez de mil hombres, é despues de grado en
grado acrescentó su Capitanía fasta ser Capitan de diez mil hombres, é
su poder fué de los mayores que tenia ninguno de los otros Capitanes
del Rey de Francia á quien servía. E con aquel su grand poder robó,
quemó, destruyó, derribó, despobló Villas é Lugares é pueblos de
Borgoña é de Francia en tiempo que aquel honórable Rey no padescia
guerras crueles, que duraron por espacio de cinquenta años. Andaba lo
mas del tiempo en el campo, é ponia grand diligencia en la guarda de
los reales para que su gente no rescibiese daño. Era hombre ayrado en
los lugares que convenia serlo, é mostraba tan grand ferocidad con
la ira, que todos le avían miedo. Tenia dos singulares condiciones:
la una, que facia guardar la justicia entre la gente que tenia, é no
consentia fuerza ni robo ni otro crimen; é si alguno lo cometia, él
por sus manos lo punia. E con esto todas las gentes de su hueste,
aunque eran muchas é de diversas naciones, é tenian oficio de robar,
le temian, y estaban en paz, é no osaban cometer fuerza ni crimen uno
contra otro. Facia asímismo repartir las presas igualmente, segun que
cada uno lo debia aver, é de tal manera dividia lo robado por justicia,
que facia durar los robadores en concordia. Era asimismo hombre de
verdad, é el seguro que daba á qualquier Villa ó Lugar ó Provincia, ó
qualquier pacto que ponia con ellos, guardábalo estrechamente; é si
alguno robaba, ó facia daño al que él seguraba, faciale buscar con
grand diligencia, é executar en él la justicia. E con esta condicion
que en él vían muchos pueblos é Provincias, é otras personas singulares
se fiaban de su palabra, é la compraban con grandes precios, á fin de
ser seguros de sus gentes: é con esto tenia sus reales bien bastecidos
de viandas é armas é de todas las cosas necesarias; porque mandaba
pagar é guardar á los que venian á ellos con provision, é su mandado
era muy temido é complido. Ovo muchas batallas con Ingleses é con
Borgoñones, en las quales Dios le libró por muchos casos de ser
perdido, é le ayudó por muchas maneras á ser vencedor. Especialmente
venció una batalla que ovo con el Príncipe de Oreyna, donde concurrió
mucha gente de ambas partes. Esta batalla fué muy ferida é sangrienta,
en la qual los que le vieron pelear le compararon á leon bravo en el
estrago que facia en los contrarios, y el ayuda y esfuerzo que daba á
los suyos. E acabado de aver el vencimiento tovo esta astucia: habló
con uno de los prisioneros que tenia, é prometióle libertad si le
descubriese el valor de los prisioneros que las otras sus gentes avían
tomado en la batalla. E como se informó secretamente de lo que cada uno
podia valer, comprólos todos, dando por cada uno mucho menor precio de
lo que valian: é como fueron puestos en su poder, rescatólos á todos
por mucho mayores precios de lo que le costaron. E con esta astucia
ovo grand tesoro, é la fortuna le puso en tan grand reputacion, que
alcanzó casar con la fija del Duque de Borbón, que era de la sangre
Real de Francia, é fué Señor de veinte y siete Villas en la tierra de
Borbonés, dellas compradas, é dellas ganadas. Y en veinte años que
siguió aquella guerra fizo otras notables hazañas: entre las quales
acaesció que un dia estando á punto de batalla con un grande Capitan
de Inglaterra, que se llamaba Talabot, en la Provincia de Guiana, el
Capitan Inglés, que por oídas conoscia las condiciones deste Caballero,
deseaba asimesmo conoscer su persona, por ver que cuerpo é que faciones
tenia hombre que de tan pequeña manera avía subido á tan grand estado:
é como por medio de sus Farautes acordasen de se hablar, dexadas el
uno y el otro sus huestes en buena guarda, estos dos Capitanes solo se
juntaron é vieron en la ribera de un rio llamado Lera, y el Capitan
Talabot le dixo: Deseaba ver tu persona, pues tengo conoscida tu
condicion: ruégote, dixo él, pues los hados nos trujeron juntos á este
lugar, que comamos sendos bocados de pan, é bebamos sendas veces de
vino, é despues será la ventura de la batalla como á Dios pluguiere,
y señor Sant Jorge ayudare. Este Capitan Don Rodrigo le respondió: Si
otra cosa no te place, ésta por cierto no la quiero facer; porque si
la fortuna dispusiere que hayamos de pelear, perderia gran parte de la
ira que en la facienda debo tener, é menos feriria mi fierro en los
tuyos membrándome aver comido pan contigo. E diciendo estas palabras
volvió la rienda á su caballo, é tornó para sus batallas: é el Capitan
Talabot, aunque era Caballero esforzado, concibió de aquellas palabras
tal concepto, que así por ellas, como por la disposicion del lugar dó
estaba, acordó de no pelear, aunque tenia mayor número de gente que
él. Afirmóse aver dicho este Capitan en su lenguage: No es de pelear
con cabeza Española en tiempo de su ira. Despues de muchos tiempos de
guerras é destruiciones avidas en aquellas tierras, ovo Dios piedad de
los moradores de ellas, é dió tales victorias al Rey Carlos de Francia,
que lanzó de todo su Reyno al Rey Eduarte de Inglaterra su enemigo,
é á toda su gente, é fueron cesando las crudas guerras que en aquel
Reyno avía. Y en aquel tiempo acaesció aver en Castilla grandes debates
é disensiones, para las quales el Rey Don Juan envió á mandar á este
Caballero su natural que viniese en Castilla á le servir con la mas
gente que pudiese: el qual vino á su llamado con quatro mil hombres á
caballo: y el Rey le rescibió muy bien, é le fizo merced de la Villa
de Ribadeo, é dióle título de Conde della, é fizole otras mercedes.
Muerta la primera muger Francesa, casó en Castilla con muger noble de
linage de Stúñiga: y el Rey le puso en su Consejo, é facia dél grand
confianza, especialmente de aquellas cosas que concernian á la guerra
que por estonces avía en sus Reynos. Acaesció que como el Rey en tiempo
de aquellas disensiones fuese á la Cibdad de Toledo, é los de aquella
Cibdad se rebelasen contra él, y le cerrasen las puertas, puesto el Rey
en algun recelo de la gente de armas que á la hora estaba apoderada de
aquella Cibdad, este Conde de Ribadeo fizo improviso en la Iglesia de
Sant Lázaro, que es bien cerca de la Cibdad, un palenque con tan gran
defensa, que la persona del Rey, con la poca gente que por estonces con
el Rey estaba, podia ser segura é sin daño, fasta que los otros sus
Capitanes é gentes de armas que venian en la zaguera ovieron tiempo
de llegar. E por memoria perpetua deste servicio, que fizo en el dia
señalado de la Epifanía, el Rey fizo merced á él é á sus descendientes
de la ropa que él é los Reyes de Castilla sus succesores vistiesen
aquel dia, é que comiese con él á su mesa: de la qual merced goza hoy
su succesor[16]. E al fin, veyendose ya viejo y enfermo de dolencia
tal que no podia escapar, Dios, que ni dexa al hombre sin punicion,
ni le niega su misericordia, le dió tiempo en que se corrigiese
arrepintiéndose. E por cierto cosa fué maravillosa, y exemplo digno de
memoria á los mortales la gran contricion que ovo, y el arrepentimiento
de sus pecados, y el derramar de las lágrimas que fizo continuamente
muchos dias antes que muriese, llamando á Dios, é pidiendole con todo
corazon que le perdonase é oviese merced de su ánima: é con esta
contricion fenesció sus dias en edad de setenta años. E por esta fin
que con tal contricion ovo se pone aqui en el número de los Claros
Varones.
[16] _Vease en las Adicciones que van al fin el num. 3._
TITULO VIII.
_Del Conde de Cifuentes._
Don Juan de Silva Conde de Cifuentes é Alferez mayor del Pendon Real,
fijo de Alonso Tenorio Adelantado de Cazorla, é nieto de Arias Gomez
de Silva, fué hombre delgado é alto de cuerpo, é bien compuesto en la
proporcion de sus miembros, la cara tenia larga é honesta, la nariz
un poco luenga, é la lengua ceceosa. Era Fijodalgo de limpia sangre:
sus aguelos eran naturales de Portugal. Vivió en tiempos del Rey Don
Juan, é del Rey Don Enrique su fijo; é mozo de pocos dias vino al
servicio del Rey Don Juan. Tenia tan buena gracia en la manera de su
servicio, que fué uno de los aceptos servidores que el Rey tovo. Era
hombre muy agudo é muy discreto, é inclinado á justicia: fablaba muy
bien, é cosas muy substanciales é conformes á la razon. Vista la
autoridad de su persona, é la limpieza de su vivir, fué puesto en el
Consejo del Rey: é como acaesce que en las Cortes y en las Casas Reales
concurren muchos hombres que por diversas vias van tras sus deseos, é
algunos porque les den, otros porque no les quiten loan lo que debrian
callar, é callan lo que debrian reprehender; é si algunos dicen cosa
conforme á la razon, la dañan mesclándola con alguna pasion é odio
de personas: este Caballero tenia una condicion de hombre claro sin
ninguna encubierta, é realmente, pospuesta toda aficion é odio, decia
con muy buena gracia su parescer en las cosas, é no dexaba de decir
aquello que otros, ó por gratificar, ó por no indignar, callaban. E
como quier que su voto fuese contra el deseo de algunos; pero porque
sus fablas se mostraban proceder de buenas é no dañadas entrañas, no
eran mal rescebidas, é su persona por esta causa era muy estimada, é
su parescer en las cosas muy esperado. Era grand zelador del bien
comun, é con todas sus fuerzas procuró muchas veces la conservacion
del patrimonio Real, é contradecia á los que procurando sus intereses
particulares ofendian al bien general: é por esto ovo algunas molestias
é trabajos de las que suelen aver los favorescedores de la verdad. Pero
al fin, seyendo constante en el camino de la virtud, fué muy aceptado
é honrado, y el Rey le fizo su Alferez mayor, é le encargó grandes
é arduos negocios, porque entendia que trataba verdad, é guardaba
fidelidad. Acaesció en sus tiempos que todos los Príncipes Christianos
se acordaron con los Perlados é Clerecía de facer Concilio en la Cibdad
de Basilea, que es en la alta Alemania, sobre una grand cisma que por
entonces avía en la Iglesia de Dios entre el Papa Eugenio, é otro que
se llamó Felix: á la qual Congregacion como todos acordasen enviar
sus Embaxadores, porque convenia mostrarse en aquella Congregacion la
magníficencia é poderío de los Reyes, el Rey Don Juan, conoscida la
suficencia deste Caballero, le cometió esta embaxada, y envió con
él grandes Letrados, é fué acompañado de mucha compaña de Fidalgos
con grandes é muy sumptuosos arreos: é así en sus hablas, como en la
continencia de su persona, y en todos los otros actos que debe facer
hombre discreto de grand autoridad, guardó tan bien la honra del Rey é
de su tierra é de su persona, que ninguno de quantos Embaxadores fueron
en aquella Congregacion la guardó mejor. E como acaesció un dia que el
Embaxador del Rey de Inglaterra quisiese anticiparse y ocupar el lugar
de la precedencia que al Rey de Castilla pertenescia, no pudiendo este
Caballero sofrir tiempo para que se determinase por razon lo que veía
llevar por fuerza, llegó á aquel Embaxador, é puestas las manos en él,
con grand osadía le arrebató y echó de aquel lugar, y él se puso en él.
Visto este exceso fecho en el Palacio de la Congregacion, la gente de
armas que tenia la salvaguarda de la Cibdad se escandalizó, é tentaron
de proceder contra él é contra los suyos por aver cometido cosa de
fecho, sin esperar determinacion de derecho. Este Caballero, guardada
su autoridad, sin rescebir alteracion, ensistió en su propósito: é
preguntado por el Caballero Presidente de la justicia ¿cómo avía osado
poner las manos en tan notable Embaxador é de tan grand Príncipe como
era el Rey de Inglaterra? con ánimo no vencido le respondió: Digoos
Presidente, que quando padesce defecto la razon, no deben faltar manos
al corazon. E por su grand osadía, junto con su buena razon, fué
guardada la preeminencia del Rey, é la honra del Reyno, é fué amansado
aquel escándalo. Despues de largo tiempo, concluídas las cosas de aquel
Concilio, volvió al Reyno con fama de hombre magnífico, porque fué
muy franco en el distribuir; é de Caballero esforzado, porque mostró
valentía en el osar; é de varon discreto, porque gobernó aquel cargo
con sagacidad é prudencia. Venido al Reyno de Castilla, é tornado al
lugar que tenia en el Consejo del Rey, entendió muchas veces, é con
grandes trabajos del cuerpo é del espíritu, en concordar al Príncipe
Don Enrique con el Rey su padre, y en escusar las grandes roturas que
se esperaban sobre algunas diferencias que entre ellos avía: y esto
supo tratar con grand prudencia, persuadiendo la obediencia que el
fijo debia tener al padre, y mitigando la indignacion que el padre
tenia contra el fijo, é desviando las siniestras intenciones que avía
de la una parte y de la otra. Entendió asimesmo en otros grandes é
arduos negocios, en los quales el Rey conoscidos sus leales servicios
é trabajos, le fizo merced de las Villas de Cifuentes é Monte mayor,
é de otros Lugares é bienes é rentas en cantidad mucho mayor de la
que heredó de su padre. E como vemos alcanzar riquezas por caso, é
conservarlas por seso, puédese creer deste Caballero que complidamente
ovo lo uno é lo otro; porque si tovo fortuna para alcanzar bienes,
tovo asimesmo prudencia para los conservar. Despues de la muerte del
Rey Don Juan, el Rey Don Enrique le dió título de Conde de la Villa
de Cifuentes, é le fizo otras mercedes: é como vemos por experiencia
que los hombres vanos é incapaces, quando les acaesce aver oficios
é riquezas é bienes temporales, se alteran, é queriéndose mostrar
magnánimos, facen cosas fuera de lo que su medida requiere; puédese
bien creer que así asentó en este Caballero el nuevo estado é dignidad,
é tan poca alteracion fizo en su persona la abundancia de los bienes,
como si de sus aguelos por grande antigüedad los oviera avido. Al fin,
entrado ya en los dias de la vejéz, en los quales suele mas reynar
en los hombres la avaricia, cosa fué por cierto singular é digna de
exemplo el fin que este Caballero puso á su cobdicia; porque dado que
fué llamado por el Rey para que entendiese en grandes cosas donde
pudiera aver grandes intereses, todo lo pospuso, é se retruxo á su
casa, dó fizo loable fin; é dexados dos mayorazgos de asaz rentas á dos
fijos, murió conosciendo á Dios en edad de sesenta é cinco años.
TITULO IX.
_Del Duque del Infantazgo._
Don Diego Hurtado de Mendoza Duque del Infantazgo, Marqués de
Santillana, é Conde del Real de Manzanares, fijo del Marqués Don Iñigo
Lopez de Mendoza, é nieto del Almirante Don Diego Hurtado, fué hombre
delgado é alto de cuerpo: tenia los ojos prietos, é las faciones del
rostro fermosas, é bien proporcionado en la compostura de sus miembros.
Era de linage noble Castellano muy antiguo. Seyendo mozo el Marqués
su padre le envió á la su casa de la Vega por pacificar la tierra de
las Asturias de Santillana, é la librar de algunos tiranos que gela
ocupaban; con los quales ovo algunos recuentros é fechos de armas, en
que usó el exercicio de la caballería, é fizo hábito en la disciplina
militar. E porque las gentes de aquellas tierras son hombres valientes,
esforzados é muy cursados en las peleas á pie, que segun la disposicion
de aquellas Montañas se requiere facer, este Caballero se vido con
ellos muchas veces en grandes trabajos é peligros de la guerra continua
que con ellos tovo, hasta que al fin vencidos sus contrarios por
batallas en campo, é muerto su principal Capitan, alimpió aquellas sus
Montañas de la tirania en que por largos tiempos avían estado. Era
hombre bien instruto en las letras Latinas, é tenia tan buena memoria,
que pocas cosas se le olvidaban de lo que en la Sacra Escriptura avía
leido. Era hombre de verdad, é aborrescia tanto mentiras é mentirosos,
que ninguno de los tales ovo jamás logar cerca dél. Heredó la casa
de su padre en el tiempo del Rey Don Enrique Quarto, é fué uno de
los principales Señores del Reyno que entendieron en pacificar las
divisiones que ovo entre el Rey Don Enrique, é el Rey Don Alfonso su
hermano. Fue tan perseverante en la virtud de la constancia, que por
ningun interese jamás le vieron facer mudanza de aquello que una vez
asentaba de facer: y esta virtud se experimentó en él, porque no
dexó de seguir la via del Rey Don Enrique, aunque en ella ovo algunos
siniestros, é se vido en grandes discrimines é aventuras de perder su
persona é casa; porque se tenia por dicho, que en el infortunio relucia
la constancia. Peleó en la batalla que estos dos Reyes ovieron cerca
de la Villa de Olmedo: ante de la qual, viéndose las faces contrarias
unas á otras en el campo, ni el miedo le turbó el seso para consejo, ni
el esfuerzo se enflaquesció para cometer, ni menos cayó la fuerza del
corazon peleando para vencer. Zelaba este Caballero tanto la honra, que
con dificultad era traído á entender en ninguna negociacion ni trato
que le fuese movido, recelando que las variedades de los tiempos le
forzasen facer mudanza de su palabra, por dó pudiese caer en punto de
mengua. Era hombre muy llano é tratable con todos, é honrador en los
rescibimientos de los que á él venian, é ageno de simulaciones. Tenia
ánimo tan noble, é las entrañas tan claras é tan abiertas, que jamas
fué conoscido en él pensamiento para muerte é destruicion ni injuria
de ninguno; é de su natural inclinacion no queria entender salvo en
cosas justas é rectas. Todas las cautelas é ficiones aborrescia como
cosa contraria á su natural condicion. No era varon de venganzas, é
perdonaba tan facilmente á los que le erraban, que jamás avía memoria
de sus yerros. Acaescióle que como algunos suyos le errasen de tal
manera que la graveza del delito les cerrase la puerta de la esperanza
para ser perdonados, movido este Caballero por la piedad natural que
tenia, podiendo aver dellos entera venganza, le acaesció llamarlos é
perdonarlos; é quedando limpio de todo odio, les dió de sus bienes.
Porque, decia él, que ninguna mayor pena podia rescibir el injuriador,
que venir á manos del injuriado; ni mayor gloria el injuriado, que
dar vida é beneficios al injuriador. Tenia la cobdicia de aver bienes
temporales como todos los mortales tienen; pero en esto tovo una tan
singular templanza, que por grand utilidad é acrescentamiento que
oviese, no ficiera cosa fea ni desordenada. E como vemos todos los
hombres desear honra é acrescentamiento, especialmente en las tierras
de su morada, é la necesidad de los tiempos acarrease que el Rey en
remuneracion de sus servicios le ofresciese donacion perpetua de
Guadalaxara, dó era su asiento, este Caballero no la quiso rescibir;
porque su humanidad no pudo sufrir la pasion é trabajo que otros
sentian por ser puestos en señorío particular, é apartados del señorío
Real. Decía él, que el imperio forzoso mas se puede decir cuidado
grave, que posesion deleytosa. Fué hombre que se deleytaba en labores
de casas é edificios: este Duque fundó de principio en la su Villa de
Manzanares la fortaleza que está en ella edificada, é fizo de nuevo
é reparó algunas casas de morada en sus tierras é Lugares; y en esto
mas que en otras cosas fué liberal. Fué asimismo vencido de mugeres,
é del apetito de los manjares. E aviendo acrescentado su título é
patrimonio allende de lo que le dexó el Marqués su padre, murió en
toda prosperidad en edad de sesenta é cinco años.
TITULO X.
_Del Conde de Alva de Liste._
Don Enrique Enriquez Conde de Alva de Liste, fijo del Almirante Don
Alfonso Enriquez[17], é nieto de Don Fadrique Maestre de Santiago,
fué hombre de mediana estatura, bien compuesto en la proporcion de
sus miembros, la nariz tenia larga, los ojos un poco colorados, é los
cabellos llanos. Este Caballero tovo el juicio muy vivo: era hombre
de buena prudencia, é por la experiencia de los grandes fechos que
por él pasaron, su parescer en las cosas se avía por muy cierto. Era
hombre palaciano, é siempre fablaba cosas breves é graciosas. Fué
hombre de tan grand esfuerzo, que en algunas afrentas peligrosas donde
fué experimentado, ninguno otro en sus tiempos se falló tener ánimo
mas libre de miedo para acometer é defender. E como quiera que por
su linage, título é estado era con gran veneracion acatado, pero por
respecto de su gran esfuerzo, é cierto juicio, siempre su persona
fué mirada con mas honrada estimacion que otros que tenian mayores
estados que el suyo. Era hombre de poco sufrimiento, y en algunas
diferencias que ovo en estos Reynos siguió la parcialidad del Almirante
Don Fadrique, y del Adelantado Pero Manrique sus hermanos, donde se
le siguieron prisiones é otros infortunios, que sufrió con ánimo de
varon. Era hombre de verdad, é sirvió muy bien é lealmente al Rey Don
Fernando, é á la Reyna Doña Isabel en las guerras que pasaron con el
Rey Don Alfonso de Portugal: y en la batalla real que estos dos Reyes
ovieron entre las Cibdades de Toro é Zamora, donde el Rey de Portugal
fué vencido, este Caballero, aunque en edad ya de sesenta años, ni
la fuerza del corazon se le enflaqueció, ni la de los miembros le
faltó para pelear: é peleó con tan gran esfuerzo, que fué siguiendo el
alcance contra los Portugueses hasta cerca de la puente de Toro; donde,
pensando que le guardaban los suyos, se metió tanto en los contrarios,
que fué preso é llevado á Portugal. Estando en la prision, conoscida la
limpieza de su condicion, le fué dada libertad para venir á Castilla
con algunos partidos de concordia; é compliendo su palabra, volvió á
la prision, en la qual estovo hasta que la Reyna, á su gran honra, le
fizo libre. E fenesció su vida con gran honra, y exemplo de bueno y
esforzado Caballero, en edad de setenta é cinco años.
[17] _Vease el Cap. VI. de las_ Generaciones y Semblanzas, _pag.
221_.
TITULO XI.
_Del Conde de Placencia._
Don Pedro de Stúñiga Conde de Placencia, fijo de Diego Lopez de
Stúñiga[18] Justicia mayor del Rey, fué hombre alto de cuerpo,
bien proporcionado en la compostura de sus miembros, y el rostro
tenia largo, é la nariz afilada. Sus aguelos fueron de linage noble,
naturales del Reyno de Navarra. Era hombre de buen seso, é de pocas
palabras, é de gran execucion en las cosas que queria. En sus tiempos
fué tenido en gran estimacion por respecto de su persona, é gran casa.
Era Caballero esforzado, é muy perseverante en la opinion que tomaba.
Placiale tener hombres esforzados, é defendialos de las hazañas que
cometian; é por esta causa siempre estaba acompañado de hombres de
todas suertes. En su tiempo fué acrescentada su casa, é floresció
su fama por la gran copia de gente que de continuo era inclinado
de mantener. Acaesció que como el Rey Don Juan el Segundo oviese
necesarias algunas gentes de armas para pacificar los escándalos que
entonces en sus Reynos avía, este Caballero, como quiera que era ya
viejo y enfermo é muy agravado de gota, pero con zelo grande que tovo
de servir á su Rey, se fizo traer en andas dó estaba la hueste, é
rodeado de gran copia de gente de armas de su casa vínole á servir, é
sirvióle con otros Caballeros de tal manera en aquella jornada, que el
Rey rescibió dél servicio señalado, y él alcanzó fama de leal súbdito,
é fué exemplo de lealtad á otros que se movieron á servir á su Rey,
veyendo venir como vino este Caballero en andas á le servir. Murió con
gran honra de edad de setenta años.
[18] _Vease el Cap. VIII. de las_ Generaciones y Semblanzas,
_pag. 223_.
TITULO XII.
_Del Conde de Medinaceli._