á la provisión de nuestra vida. Pues compara á esta su casada,
Salomón, á un navío de mercader bastecido y rico. En lo cual hermosa y
eficazmente da á entender la obra y el provecho desto que tratamos y
llamamos casero y hacendoso en la mujer. La nao, lo uno corre la mar
por diversas partes, pasa muchos senos, toca en diferentes tierras
y provincias, y en cada una dellas coge lo que en ellas hay bueno y
barato, y con sólo tomarlo en sí y pasarlo á su tierra, le da mayor
precio y dobla y tresdobla la ganancia. Demás desto, la riqueza que
cabe en una nao y la mercadería que abarca, no es riqueza la que basta
á un hombre solo ó á un género de gente particular, sino es provisión
entera para una ciudad, y para todas las diferencias de gentes que
hay en ella trae lienzos y sedas y brocados, y piedras ricas, y obras
de oficiales hermosas, y de todo género de bastimento; y de todo gran
copia. Pues esto mismo acontece á la mujer casera, que como la nave
corre por diversas tierras buscando ganancia, así ella ha de rodear
de su casa todos los rincones, y recoger todo lo que pareciere estar
perdido en ellos, y convertirlo en utilidad y provecho, y tentar la
diligencia de su industria, y como hacer prueba della, así en lo menudo
como en lo granado. Y como el que navega á las Indias, de las agujas
que lleva y de los alfileres y de otras cosas de aqueste jaez, que acá
valen poco y los indios las estiman en mucho, trae rico oro y piedras
preciosas; así esta nave que vamos pintando ha de convertir en riqueza
lo que pareciere más desechado, y convertirlo sin parecer que hace algo
en ello, sino con tomarlo en la mano y tocarlo, como hace la nave, que
sin parecer que se menea, nunca descansa, y cuando los otros duermen,
navega ella, y acrescienta con sólo mudar el aire el valor de lo que
recibe; y así la hacendosa mujer, estando asentada no pára, durmiendo
vela, y ociosa trabaja, y cuasi sin sentir cómo ó de qué manera, se
hace rica. Visto habrá vuestra merced alguna mujer como ésta, y dentro
de su casa debe haber no pequeño ejemplo de aquesta virtud. Pero si no
quiere acordarse de sí, y quiere ver con cuánta propiedad y verdad es
nao la casera, ponga delante los ojos una mujer que rodea su casa, y
que de lo que en ella parece perdido hace dinero, y compra lana y lino,
y junto con sus criadas lo adereza y lo labra, y verá que, estándose
sentada con sus mujeres, volteando el huso en la mano, y contando
consejas (como la nave, que sin parecer que se muda, va navegando, y
pasando un día y sucediendo otro, y viniendo las noches y amanesciendo
las mañanas y corriendo, como sin menearse, la obra), se teje la tela
y se labra el paño, y se acaban las ricas labores, y cuando menos
pensamos, llenas las velas de prosperidad, entra esta nuestra nave en
el puerto y comienza á desplegar sus riquezas, y sale de allí el abrigo
para los criados, y el vestido para los hijos, y las galas suyas, y los
arreos para su marido, y las camas ricamente labradas, y los atavíos
para las paredes y salas, y los labrados hermosos, y el abastecimiento
de todas las alhajas de casa, que es un tesoro sin suelo. Y dice
Salomón que trae esta nave _de lueñe_ pan, porque si vuestra merced
coteja el principio desta obra con el fin della, y mide bien los
caminos por donde se viene á este puerto, apenas alcanzará cómo se pudo
llegar á él, ni cómo fué posible de tan delgados y apartados principios
venirse á hacer después un caudaloso río. Mas pasemos á lo que después
desto se sigue.
[Ilustración]
VII
PONDÉRASE LA OBLIGACIÓN DE MADRUGAR EN LAS CASADAS, Y SE PERSUADE
Á ELLO CON UNA HERMOSA DESCRIPCIÓN DE LAS DELICIAS QUE SUELE TRAER
CONSIGO LA MAÑANA. AVÍSASE TAMBIÉN QUE EL LEVANTARSE TEMPRANO DE LA
CAMA HA DE SER PARA ARREGLAR Á LOS CRIADOS Y PROVEER Á LA FAMILIA.
_Madrugó y repartió á sus gañanes_[49]
_las raciones, la tarea á sus mozas._
PROVERBIOS
Es, como habemos dicho, esta casada que pinta aquí y pone por ejemplo
de las buenas casadas el Espíritu Santo, mujer de un hombre de los
que viven de labranza. Y la razón por qué pone por dechado á una mujer
desta suerte, y no de las otras maneras, también está dicha. Pues como
en las casas semejantes la familia que ha de ir á las cosas del campo
es menester que madrugue muy de mañana, y porque no vuelve á casa
hasta la noche, es menester también que lleve consigo la provisión de
comida y almuerzo, y que se les reparta á cada uno, así la ración de
su mantenimiento, como las obras y haciendas en que han de emplear
su trabajo aquel día; pues como esto sea así, dice Salomón que su
buena casada no encomendó este cuidado á alguna de sus sirvientas y
se quedó ella regalando con el sueño de la mañana descuidadamente en
su cama; sino que se levantó la primera, y que ganó por la mano al
lucero, y amanesció ella antes que el sol, y por sí misma, y no por
mano ajena, proveyó á su gente y familia, así en lo que habían de
hacer, como en lo que habían de comer. En lo cual enseña y manda á las
que son desta suerte, que lo hagan así, y á las que son de suertes
diferentes, que usen de la misma vela y diligencia. Porque, aunque no
tengan gañanes, ni obreros que enviar al campo, tienen cada una en su
suerte y estado otras cosas que son como estas, y que tocan al buen
gobierno y provisión de su casa, ordinario y de cada día, que las
obligan á que despierten y se levanten y pongan en ello su cuidado y
sus manos. Y así, con estas palabras dichas y entendidas generalmente,
avisa de dos cosas el Espíritu Santo, y añade como dos nuevos colores
de perfección y virtud á esta mujer casada que va dibujando. La una
es, que sea madrugadora; y la otra, que madrugando, provea ella luego
y por sí misma lo que la orden de su casa pide; que ambas á dos son
importantísimas cosas. Y digamos de lo primero.
Mucho se engañan los que piensan que mientras ellas, cuya es la casa,
y á quien propiamente toca el bien y el mal della, duermen y se
descuidan, cuidará y velará la criada, que no le toca y que al fin lo
mira todo como ajeno. Porque si el amo duerme, ¿por qué despertará
el criado? Y si la señora, que es y ha de ser el ejemplo y la maestra
de su familia, y de quien ha de aprender cada una de sus criadas lo
que conviene á su oficio, se olvida de todo; por la misma razón, y
con mayor razón, los demás serán olvidadizos y dados al sueño. Bien
dijo Aristóteles en este mismo propósito[50] que el que no tiene buen
dechado no puede ser buen remedador.
No podrá el siervo mirar por la casa si ve que el dueño se descuida
della. De manera que ha de madrugar la casada para que madrugue su
familia. Porque ha de entender que su casa es un cuerpo, y que ella es
el alma dél, y que como los miembros no se mueven si no son movidos
del alma, así sus criadas, si no las menea ella y las levanta, y mueve
á sus obras, no se sabrán menear. Y cuando las criadas madrugasen por
sí, durmiendo su ama y no la teniendo por testigo y por guarda suya, es
peor que madruguen, porque entonces la casa por aquel espacio de tiempo
es como pueblo sin rey y sin ley, y como comunidad sin cabeza; y no se
levantan á servir, sino á robar y destruir, y es el propio tiempo para
cuando ellas guardan sus hechos.
Por donde, como en el castillo que está en frontera ó en el lugar
que se teme de los enemigos nunca falta la vela, así en la casa bien
gobernada, en tanto que están despiertos los enemigos, que son los
criados, siempre ha de velar el señor. Es el que ha de ir al lecho el
postrero, y el primero que ha de levantarse del lecho. Y la señora y la
casada que esto no hiciere, haga el ánimo ancho á su gran desventura,
persuadida y cierta que le han de entrar los enemigos el fuerte, y que
un día sentirá el daño y otro verá el robo, y de continuo el enojo y el
mal recaudo y servicio, y que al mal de la hacienda acompañará también
el mal de la honra.
Y como dice Cristo en el Evangelio[51], que mientras el padre de la
familia duerme, siembra el enemigo la zizaña; así ella con su descuido
y sueño meterá la libertad y la deshonestidad por su casa, que abrirá
las puertas y falseará las llaves y quebrantará los candados, y
penetrará hasta los postreros secretos, corrompiendo á las criadas, y
no parando hasta poner su infición en las hijas; con que la señora que
no supo entonces, ni quiso por la mañana despedir de los ojos el sueño,
ni dejar de dormir un poco, lastimada y herida en el corazón, pasará en
amargos suspiros muchas noches velando. Mas es trabajoso el madrugar
y dañoso para la salud. Cuando fuera así, siendo por otra parte tan
provechoso y necesario para el buen gobierno de la casa, y tan debido
al oficio de la que se llama señora della, se había de posponer aquel
daño, porque más debe el hombre á su oficio que á su cuerpo, y mayor
dolor y enfermedad es traer de continuo su familia desordenada y
perdida, que padescer un poco, ó en el estómago de flaqueza, ó en la
cabeza de pesadumbre; pero al revés, el madrugar es tan saludable, que
la razón sola de la salud, aunque no despertara el cuidado y obligación
de la casa, había de levantar de la cama en amanesciendo á las casadas.
Y guarda en esto Dios, como en todo lo demás, la dulzura y suavidad de
su sabio gobierno, en que aquello á que nos obliga es lo mismo que más
conviene á nuestra naturaleza y en que recibe por su servicio lo que es
nuestro provecho.
Así que, no sólo la casa, sino también la salud, pide á la buena mujer
que madrugue. Porque cierto es que es nuestro cuerpo del metal de los
otros cuerpos, y que la orden que guarda la naturaleza para el bien y
conservación de los demás, esa misma es la que conserva y da salud á
los hombres. Pues ¿quién no ve que á aquella hora despierta el mundo
todo junto, y que la luz nueva saliendo, abre los ojos de los animales
todos, y que si fuese entonces dañoso dejar el sueño, la naturaleza
(que en todas las cosas generalmente, y en cada una por sí, esquiva
y huye el daño, y sigue y apetece el provecho, ó que, para decir la
verdad, es ella eso mismo que á cada una de las cosas conviene y es
provechoso) no rompiera tan presto el velo de las tinieblas que nos
adormecen, ni sacara por el Oriente los claros rayos del sol, ó si
los sacara, no les diera tantas fuerzas para nos despertar? Porque si
nos despertase naturalmente la luz, no le cerrarían las ventanas tan
diligentemente los que abrazan el sueño. Por manera que la naturaleza,
pues nos envía la luz, quiere sin duda que nos despierte. Y pues
ella nos despierta, á nuestra salud conviene que despertemos. Y no
contradice á esto el uso de las personas que ahora el mundo llama
señores, cuyo principal cuidado es vivir para el descanso y regalo del
cuerpo, las cuales guardan la cama hasta las doce del día. Antes esta
verdad, que se toca con las manos, condena aquel vicio, del cual, ya
por nuestros pecados ó por sus pecados de ellos mismos, hacen honra y
estado, y ponen parte de su grandeza en no guardar, ni aun en esto, el
concierto que Dios les pone. Castigaba bien una persona, que yo conocí,
esta torpeza, y nombrábala con su merescido vocablo. Y aunque es tan
vil como lo es el hecho, daráme vuestra merced licencia para que
lo ponga aquí, porque es palabra que cuadra. Así que, cuando le decía
alguno que era estado en los señores este dormir, solía él responder
que se erraba la letra, y que por decir establo decían estado.
[Ilustración: Fases de la vida de la mujer
Revelación]
Y ello á la verdad es así, que aquel desconcierto de vida tiene
principio y nasce de otro mayor desconcierto, que está en el alma y
es causa él también y principio de muchos otros desconciertos torpes
y feos. Porque la sangre y los demás humores del cuerpo, con el calor
del día y del sueño encendidos demasiadamente y dañados, no solamente
corrompen la salud, mas también aficionan é inficionan el corazón
feamente.
Y es cosa digna de admiración que siendo estos señores en todo lo demás
grandes seguidores, ó por mejor decir, grandes esclavos de su deleite,
en esto sólo se olvidan dél, y pierden por un vicioso dormir lo más
deleitoso de la vida, que es la mañana. Porque entonces la luz, como
viene después de las tinieblas y se halla como después de haber sido
perdida, parece ser otra y hiere el corazón del hombre con una nueva
alegría, y la vista del cielo entonces, y el colorear de las nubes y
el descubrirse el aurora (que no sin causa los poetas[52] la coronan
de rosas), y el aparecer la hermosura del sol, es una cosa bellísima.
Pues el cantar de las aves, ¿qué duda hay sino que suena entonces más
dulcemente, y las flores y las hierbas y el campo, todo despide de sí
un tesoro de olor? Y como cuando entra el rey de nuevo en alguna ciudad
se adereza y hermosea toda ella, y los ciudadanos hacen entonces plaza
y como alarde de sus mejores riquezas; así los animales y la tierra
y el aire, y todos los elementos, á la venida del sol se alegran, y
como para recibirle, se hermosean y mejoran y ponen en público cada
uno sus bienes. Y como los curiosos suelen poner cuidado y trabajo por
ver semejantes recibimientos, así los hombres concertados y cuerdos,
aun por sólo el gusto, no han de perder esta fiesta que hace toda
la naturaleza al sol por las mañanas; porque no es gusto de un solo
sentido, sino general contentamiento de todos, porque la vista se
deleita con el nascer de la luz y con la figura del aire y con el
variar de las nubes; á los oídos las aves hacen agradable armonía; para
el oler, el olor que en aquella sazón el campo y las hierbas despiden
de sí es olor suavísimo; pues el fresco del aire de entonces templa
con grande deleite el humor calentado con el sueño, y cría salud y
lava las tristezas del corazón, y no sé en qué manera le despierta á
pensamientos divinos antes que se ahogue en los negocios del día.
Pero, si puede tanto con estos hijos de tinieblas el amor dellas, que
aun del día hacen noche, y pierden el fruto de la luz con el sueño,
y ni el deleite, ni la salud, ni la necesidad y provecho que dicho
habemos, son poderosos para los hacer levantar, vuestra merced, que
es hija de luz, levántese con ella, y abra la claridad de sus ojos
cuando descubriere sus rayos el sol, y con pecho puro levante sus manos
limpias al Dador de la luz, ofresciéndole con santas y agradescidas
palabras su corazón, y después de hecho esto, y de haber gozado del
gusto del nuevo día, vuelta á las cosas de su casa, entienda en su
oficio, que es lo otro que pide en esta letra el Espíritu Santo á la
buena casada, como fin á quien se ordenó lo primero que habemos dicho
del madrugar.
Porque no se entiende que si madruga la casada, ha de ser para que,
rodeada de botecillos y arquillas, como hacen algunas, se esté sentada
tres horas afilando la ceja y pintando la cara, y negociando con su
espejo que mienta y la llame hermosa. Que demás del grave mal que hay
en aqueste artificio postizo, del cual se dirá en su lugar, es no
conseguir el fin de su diligencia, y es faltar á su casa por ocuparse
en cosas tan excusadas, que fuera menos mal el dormir.
Levántese pues, y levantada, gobierne su gente y mire lo que se ha
de proveer y hacer aquel día, y á cada uno de sus criados reparta su
oficio; y como en la guerra el capitán, cuando ordena por hileras
su escuadra, pone á cada un soldado en su propio lugar y le avisa á
cada uno que guarde su puesto; así ella ha de repartir á sus criados
sus obras y poner orden en todos, en lo cual se encierran grandes
provechos, porque lo uno, hácese lo que conviene con tiempo y con
gusto; lo otro, para cuando alguna vez acontece que, ó la enfermedad ó
la ocupación tiene ausente á la señora, están ya los criados, por el
uso, como maestros en todo aquello que deben hacer, y la voz y la orden
de su ama, á la cual tienen hechos ya los oídos, aunque no la oigan
entonces, les suena en ellos todavía, y la tienen como presente sin
vella.
Y demás desto, del cuidado del ama aprenden las criadas á ser
cuidadosas, y no osan tener en poco aquello en que ven que se emplea
la diligencia y el mandamiento de su señora; y como conocen que su
vista y provisión della se extiende por todo, paréceles, y con razón,
que en todo cuanto hacen la tienen como por testigo y presente, y así
se animan, no sólo á tratar con fidelidad sus obras y oficios, sino
también aventajarse señaladamente en ellos. Y así cresce el bien como
espuma, y se mejora la hacienda, y reina el concierto, y va desterrado
el enojo. Y finalmente, la vista y la presencia y la voz y el mando del
ama hace á sus mozas, no sólo que le sean provechosas, sino que ellas
en sí no se hagan viciosas, lo cual también pertenesce á su oficio.
Síguese:
[Ilustración]
[Ilustración]
VIII
LA PERFECTA CASADA NO SÓLO HA DE CUIDAR DE ABASTECER SU CASA Y
CONSERVAR LO QUE EL MARIDO ADQUIERE, SINO QUE HA DE ADELANTAR TAMBIÉN
LA HACIENDA.
_Vínole al gusto una heredad, y compróla,_
_y del fruto de sus palmas plantó viña._
PROVERBIOS
Esto no es algún nuevo precepto diferente de los pasados, ni otra
virtud más particular que las dichas; sino antes es como una cosa que
se consigue y nasce dellas. Porque cierto es que la casada que fuere
tan tasada en sus gastos y tan no curiosa por una parte, y por otra,
tan casera y veladora y aprovechada, no sólo conservará lo que su
marido adquiere, sino también ella lo acrescentará por su parte, que
es lo que aquí ahora se dice. Porque de tan grande industria y vela,
el fruto no puede ser sino grande. Por manera que á los demás títulos
que, siguiendo esta doctrina de Dios, habemos dado á la buena mujer,
añadimos ahora este, que sea adelantadora de su hacienda, no como
título diferente de los primeros, sino como cosa que se sigue dellos, y
que declara la fuerza de los pasados y lo que pueden, y el hasta dónde
han de llegar. Y así, decir que compró heredamiento y que plantó viña
del sudor de su mano, es avisarle que del ser casera, que se le pide,
su propio punto es no parar hasta esto, que es, no sólo bastecer á su
casa, sino también adelantar su hacienda; no sólo hacer que lo que está
dentro de sus puertas esté bien proveído, sino hacer también que se
acrescienten en número los bienes y posesiones de fuera. Y es decille
que pretenda y se precie ella también de, señalando como con el dedo
alguna parte de sus posesiones, poder decir claramente: «Este es fruto
de mis trabajos; mi industria añadió esto á mi casa; de mis sudores
fructificó esta hacienda;» como lo han hecho en nuestros tiempos
algunas.
Pero dirán que es esto pedir mucho. Mas pregunto yo á las que lo dicen,
¿qué es en esto lo que tienen por mucho? ¿Tienen por mucho que de la
diligencia y aprovechamiento y labor de una mujer, acompañada de sus
mujeres, salga cosa de tanto valor como es esto? ¿Ó tienen por mucho
que quiera ella gastar lo que adquiere en estos aprovechamientos y
haciendas, y no en sus contentos y galas? Si aquesto postrero es lo
que les parece mucho, en aquesta doctrina no tienen razón, ni en tener
otro gasto, por más suyo, ni por más apacible y gustoso, ni en pensar
que se vende en la tienda cosa que comprada las hermosee más que estas
compras. Porque aquello pasa en el aire, y el bien y honra y contento,
juntamente con el buen nombre, que por esta otra vía se adquiere, como
tiene raíces en la virtud, es duradero y perpetuo. Mas si lo primero
las espanta porque no creen tanto bien de sus manos, lo uno hácense
injuria á sí mismas y limitan su poder apocadamente, y lo otro ellas
saben que no es así, y que pueden, si quieren aplicarse, pasar de esta
raya, porque ¿adónde no llegará la que puede hacer y la que hiciere lo
que se sigue?
[Ilustración]
[Ilustración]
IX
CUÁNTO DEBE EVITAR LA MUJER BUENA EL OCIO, Y DE LOS VICIOS Y MALAS
RESULTAS QUE DE ÉL NACEN.
_Ciñóse de fortaleza y fortificó su brazo._
_Tomó gusto en el granjear;_
_su candela no se apagó de noche._
_Puso sus manos en la_ tortera[53],
_y sus dedos tomaron el huso_.
PROVERBIOS
Tenga valor la mujer, y plantará viña; ame el trabajo, y acrescentará
su casa; ponga las manos en lo que es propio de su oficio, y no se
desprecie dél, y crecerán sus riquezas; no se desciña, esto es, no
se enmollezca, ni haga de la delicada, ni tenga por honra el ocio, ni
por estado el descuido y el sueño, sino ponga fuerza en sus brazos y
acostumbre á la vela sus ojos, y saboréese en el trabajar, y no se
desdeñe de poner las manos en lo que toca al oficio de las mujeres, por
bajo y por menudo que sea; y entonces verá cuánto valen y adónde llegan
sus obras.
Tres cosas le pide aquí Salomón, y cada una en su verso: que sea
trabajadora lo primero, y lo segundo, que vele, y lo tercero, que hile.
No quiere que se regale, sino que trabaje.
Muchas cosas están escritas por muchos en loor del trabajo, y todo
es poco para el bien que hay en él; porque es la sal que preserva de
corrupción á nuestra vida y á nuestra alma; mas yo no quiero decir aquí
nada de lo general.
Lo que propiamente toca á la mujer casada, eso diré solamente; porque
cuanto de suyo es la mujer más inclinada al regalo y más fácil á
enmollecerse y desatarse con el ocio, tanto el trabajo le conviene más.
Porque si los hombres, que son varones, con el regalo conciben ánimo y
condición de mujeres y se afeminan, las mujeres ¿qué serán, sino lo que
hoy día son muchas dellas?
Que la seda les es áspera y la rosa dura, y les quebranta el tenerse
en los pies, y del aire que suena se desmayan, y el decir la palabra
entera las cansa, y aun hasta lo que dicen lo abortan, y no las ha de
mirar el sol, y todas ellas son un melindre y un _lixo_[54], y un asco;
y perdónenme porque les pongo este nombre, que es el que ellas más
huyen, ó por mejor decir, agradézcanme que tan blandamente las nombro.
Porque quien considera lo que deben ser lo que ellas mismas se hacen,
y quien mira la alteza de su naturaleza y la bajeza en que ellas se
ponen por su mala costumbre, y coteja con lo uno lo otro, poco dice
en llamarlas así; y si las llamase cieno, que corrompe el aire y
le inficiona, y abominación aborrecible, aún se podía tener por muy
corto. Porque teniendo uso de razón y siendo capaces de cosas de
virtud y loor, y teniendo ser que puede hollar sobre el cielo y que
está llamado al gozo de los bienes de Dios, le deshacen tanto ellas
mismas y se aniñan así con delicadez, y se envilecen en tanto grado,
que una lagartija y una mariposilla que vuela tienen más tomo que ellas
y la pluma que va por el aire, y el aire mismo, es de más cuerpo y
sustancia. Así que, debe mirar mucho en esto la buena mujer, estando
cierta que en descuidándose en ello se volverá en nada.
Y como los que están de su naturaleza ocasionados á algunas
enfermedades y males se guardan con recato de lo que en aquellos males
les daña, así ellas entiendan que viven dispuestas para esta dolencia
de nadería y melindrería, ó no sé cómo la nombre, y que en ella el
regalo es _rejargar_[55], y guárdense dél como huyen la muerte, y
conténtense con su natural poquedad, y no le añadan bajeza, ni la
hagan más apocada; y adviertan y entiendan que su natural es femenil,
y que el ocio por sí afemina, y no junten á lo uno lo otro, ni quieran
ser dos veces mujeres.
He dicho el extremo de nada á que vienen las muelles y regaladas
mujeres, y no digo la muchedumbre de vicios que desto mismo en ellas
nascen, ni oso meter la mano en este cieno. Porque no hay agua
encharcada y corrompida que críe tantas y tan malas sabandijas, que
nascen vicios asquerosos y feos en los pechos destas damas delicadas,
de que vamos hablando.
Y en una dellas, que pinta en los _Proverbios_[56] el Espíritu Santo,
se ve algo desto; de la cual dice así:
«Parlera y vagabunda, y que no sufre estar quieta, ni sabe tener los
pies en su casa, ya en la puerta, ya en la ventana, ya en la plaza, ya
en los cantones de la encrucijada, y tiende por dondequiera sus lazos.
»Vió un mancebo, y llegóse á él y prendióle, y díjole, con cara
relamida, blanduras:
«Hoy hago fiesta y he salido en tu busca, porque no puedo vivir sin tu
vista, y al fin he hecho en ti presa.
»Mi cámara he colgado con hermosas redes, y mi cuadra con tapices de
Egipto; de rosas y de flores, de mirra y _lináloe_[57] está cubierto el
suelo todo y la cama.
»Ven y bebamos la embriaguez del amor, y gocémonos en dulces abrazos
hasta que apunte la aurora.»
Y si todas las ociosas no salen á lo público de las calles como ésta
salía, sus abscondidos rincones son secretos testigos de sus proezas,
y no tan secretos, que no se dejen ver y entender. Y la razón y la
naturaleza de las cosas lo pide. Que cierto es que produce malezas el
campo que no se rompe y cultiva, y que con el desuso el hierro se toma
de orín y se consume, y que el caballo holgado se manca.
Y demás desto, si la casada no trabaja, ni se ocupa en lo que
pertenesce á su casa, ¿qué otros estudios ó negocios tiene en qué se
ocupar? Forzado es que, si no trata de sus oficios, emplee su vida en
los oficios ajenos, y que dé en ser ventanera, visitadora, callejera,
amiga de fiestas, enemiga de su rincón, de su casa olvidada y de las
casas ajenas curiosa, pesquisidora de cuanto pasa y aun de lo que no
pasa, inventora, parlera y chismosa, de pleitos revolvedora, jugadora
también y dada del todo á la conversación y al palacio, con lo demás
que por ordinaria consecuencia se sigue, y se calla aquí ahora, por ser
cosa manifiesta y notoria.
Por manera que, en suma y como en una palabra, el trabajo da á la
mujer, ó el sér ó el ser buena; porque sin él, ó no es mujer, sino
asco, ó es tal mujer, que sería menos mal que no fuese.
Y si con esto que he dicho se persuaden á trabajar, no será menester
que les diga y enseñe cómo han de tomar el huso y la rueca, ni me será
necesario rogarles que velen, que son las otras dos cosas que les pide
el Espíritu Santo, porque su misma afición buena se las enseñará; y
así, dejando esto aquí, pasaremos á lo que se sigue.
[Ilustración]
[Ilustración]
X
HA DE SER LA PERFECTA CASADA PIADOSA CON LOS POBRES Y NECESITADOS; PERO
DEBE IR CON CUIDADO EN VER Á QUIÉN ADMITE EN CASA Y FAVORECE.
_Sus palmas abrió para el afligido,_
_y sus manos extendió para el menesteroso._
PROVERBIOS