I
Ningún nombre llegó á tener en la isla de Cuba, antes del período de
guerras libertadoras que comienza en 1868, tan gloriosa resonancia, de
un extremo al otro del país, como el de José de la Luz; todavía hoy, á
pesar de que el ciclo de acción y de lucha que comienza en ese año
fatídico ha producido otras reputaciones acaso más brillantes, no se ha
deslustrado la corona en torno de su frente, nadie ha olvidado al
filósofo, al maestro, al educador de esas generaciones que supieron
luego desplegar tanta energía y tanta constancia en la dura, desigual
contienda contra la nación opresora.
La historia de su vida, desnuda como se halla de incidentes
extraordinarios, es el cuadro donde mejor resaltan sus virtudes y
servicios eminentes á la patria, porque el hombre valía mucho más de lo
que pueden significar las obras reducidas ó incompletas que de él nos
han quedado, porque fué en su tiempo para la isla de Cuba el hombre
superior, "el grande hombre, causa de muchas filosofías", para aplicarle
palabras de Federico Nietzsche.