Hechos que realizaron en Sicilia los atenienses y sus aliados, y sus
contrarios, durante este tiempo.
Mientras que las cosas pasaban en Pilos de la manera que hemos
contado, en Sicilia los siracusanos y sus aliados rehicieron su armada
con barcos nuevos, y con los que los mesenios les habían enviado,
y guerreaban desde Mesena contra los de Regio a instigación de los
locros, que por la enemistad con los de Regio habían ya entrado en
sus términos con todas sus fuerzas por tierra, y parecioles a los
siracusanos que sería bueno probar fortuna por mar y pelear en ella,
porque los atenienses no tenían entonces gran número de naves en
Sicilia, aunque era de creer que cuando supiesen que los siracusanos
rehacían su armada para sujetar toda la isla, les enviarían más naves
de socorro. Parecíales que si lograban la victoria por mar fácilmente,
como esperaban, podrían tomar la ciudad de Regio antes que el socorro
de los atenienses llegase. Teniéndola por suya y estando situada sobre
un cerro o promontorio a la orilla de la mar en la parte de Italia,
y también a Mesena frente a ella, en la isla de Sicilia, podrían
fácilmente estorbar que los atenienses pasasen por el estrecho del Faro
que separa Italia de Sicilia, el cual es llamado Caribdis, y dicen que
Ulises le pasó cuando volvía de Troya. No sin causa es llamado así,
porque corre con gran ímpetu entre el mar de Sicilia, y el mar Tirreno.
Los siracusanos se juntaron allí cerca de la noche con su armada y la
de sus aliados que formarían treinta naves para dar la batalla a los
atenienses que tenían suyas diez y seis y otras ocho de los de Regio,
con las cuales pelearon contra ellos de tal manera que ganaron la
victoria, y pusieron a los siracusanos en huida salvándose cada cual lo
mejor que pudo y acogiéndose a Mesena, sin que hubiese más que un navío
de pérdida, porque la noche los separó.
Pasada esta victoria los locros levantaron su campo que tenían delante
de Regio, y volvieron a sus tierras. Mas poco después los siracusanos
y sus aliados juntaron su armada y fueron a la costa de Peloro, en
tierra de Mesena, donde tenían su infantería y donde también llegaron
los atenienses y los de Regio, y viendo las naves de los siracusanos
vacías las acometieron, mas habiendo embestido con una y echados sus
harpones de hierro la perdieron, aunque la gente que estaba dentro se
salvó a nado. Cuando los siracusanos que habían entrado en ella la
llevaban hacia Mesena, los atenienses volvieron a acometerles para
recobrar la nave, pero al fin fueron rechazados y perdieron otra nave.
De esta manera los siracusanos vencidos primero en la segunda batalla,
se retiraron con honra al puerto de Mesena sin haber perdido más que
los enemigos, y los atenienses se fueron a la marina avisados de que un
ciudadano llamado Arquias y sus secuaces querían entregar la ciudad a
los siracusanos por traición. Entretanto todos los de Mesena salieron
por mar y tierra contra la ciudad de Naxos, colonia calcídea junto a
la tierra de los mismos mesenios. Al llegar salieron los de Naxos al
encuentro por tierra, pero los rechazaron hasta dentro de las puertas
y los mesenios comenzaron a robar y talar las tierras alrededor de la
ciudad, y después la sitiaron.
Al día siguiente los que estaban en la mar abordaron a la ribera de
Acesines, la robaron y talaron. Sabido este mal por los sicilianos
que moraban en las montañas, se reunieron y bajaron a tierra de los
mesenios, y de allí fueron a socorrer a los de Naxos, que al verles
ir en su ayuda cobraron corazón, y animándose unos a otros, porque
eran los leontinos y otros griegos moradores de Sicilia los que les
socorrían, volvieron a salir de la ciudad y de repente dieron en los
contrarios con gran ímpetu, matando más de mil y los otros se salvaron
con gran trabajo, porque los bárbaros y otros naturales de la tierra
que salieron a cortarles el paso por los caminos mataron muchos.
Las naves que antes se recogieron a Mesena volvieron cada cual a su
tierra, por lo cual los leontinos y sus aliados con los atenienses se
esforzaron en poner cerco a Mesena sabiendo de cierto que estaban muy
trabajados los de dentro. Fueron, pues, los atenienses por la mar a
sitiar el puerto, y los otros por tierra a sitiar los muros, pero los
de Mesena con una banda de los locros que había quedado de guarnición
al mando de Demóteles salieron contra los de tierra, y los desbarataron
matando a muchos. Viendo esto los atenienses de la armada salieron de
sus barcos para socorrerles y cargaron contra los mesenios, de suerte
que los hicieron entrar en la villa huyendo. Dejaron allí su trofeo
puesto en señal de victoria y se volvieron a Regio.
Pasado esto, los griegos que habitan en Sicilia, sin ayuda de los
atenienses emprendieron la guerra unos contra otros.