Euríloco, capitán de los peloponesios, no puede tomar la ciudad de
Naupacto, y por consejo de los ambraciotes, emprende la guerra contra
los anfiloquios y los acarnanios. Los atenienses purifican y dedican la
isla de Delos.
Aquel mismo verano, los etolios, cuando supieron la empresa de los
atenienses contra ellos, enviaron como embajadores a los lacedemonios
y a los corintios a Tólofo, a Boríades y a Tisandro, para pedirles
auxilio contra la armada de los atenienses que había llegado a
Naupacto. Los lacedemonios les enviaron tres mil hombres de sus
aliados, todos muy bien armados, entre los cuales había quinientos
soldados de la ciudad de Heraclea, fundada y poblada por ellos. De
este ejército fue capitán Euríloco, y le dieron por compañeros a
Macario y a Menedaio, todos tres espartanos.
Reunida su hueste junto a Delfos, Euríloco envió un trompeta a los
locros ozolos pidiéndoles que le enviasen su gente de socorro, porque
querían ir desde allí a Naupacto, y también lo hacía por atraer a su
devoción a estos locros ozolos y apartarlos de la amistad y alianza
con los atenienses como ya había apartado a los anfisios, que por odio
y temor a los focenses se habían rendido los primeros y les habían
dado rehenes. Esto indujo a todos los otros a rebelarse contra los
atenienses, porque estaban muy amedrantados de ver el gran ejército
de los lacedemonios. Los primeros fueron los mianeos, sus vecinos
y comarcanos de los locros por donde su tierra no es accesible, y
tras ellos los hipnieos, los mesapios, los triteos, los caleos, los
tolofonios, los isios, los eanteos, todos los cuales fueron a esta
guerra con los peloponesios.
Algunos no quisieron ir, como los olpeos, y dieron rehenes. Otros no
quisieron hacer lo uno ni lo otro, como los hieos, hasta que una villa
suya nombrada Polis, fue tomada por fuerza.
Habiendo Euríloco ordenado todas las cosas necesarias para la guerra,
y enviados los rehenes que tenía de todos a la villa de Citinio en
Dóride, dirigiose con su ejército por tierra de los locros para ir
a la ciudad de Naupacto, y en el camino ganó por fuerza la villa de
Eneón, que era de los locros, y la de Eupalio, que no se quiso rendir
de grado. Ya que estaba bien adentro en territorio de Naupacto, llegó
el socorro de los etolios, y todos juntos comenzaron a robar y talar la
tierra y las villas y lugares que no estaban cercados. Después fueron
contra la ciudad de Molicrio, pueblo de los corintios, aunque seguía el
partido de los atenienses, y la tomaron.
Estaba a la sazón en aquella parte de Naupacto Demóstenes, capitán
de los atenienses, que, como arriba contamos, se había quedado allí
después de la derrota en Etolia por temor a los atenienses. Cuando supo
la venida de los enemigos fue derecho a los acarnanios, e hizo tanto
con ellos que les persuadió le diesen mil hombres de guerra de ayuda:
los cuales metió por mar dentro de la ciudad de Naupacto, no sabiendo
cómo podría defenderla por ser muy grande en circuito y tener poca
gente de guarnición. Este socorro lo dieron los acarnanios de mala
gana, a causa del enojo que le tenían, porque no había querido ir sobre
Léucade, como le rogaron antes.
Cuando Euríloco supo que el socorro de los atenienses estaba dentro
de la ciudad, y que no la podría tomar, partió con su ejército, y sin
volver al Peloponeso fue derechamente a Eólide, que ahora llamamos
Calidón, y a Pleurón y a otros lugares cercanos de la Etolia. Estando
allí vinieron a él los mensajeros de los ambraciotes, y le avisaron que
si quería tomar su consejo podría muy bien con su ayuda ganar la ciudad
de Argos y todo lo restante de la tierra de Anfiloquia y tras esto la
región de Acarnania: y que hecho esto, podría fácilmente atraer a la
alianza de los lacedemonios toda la tierra de Epiro. Con este motivo,
y con la esperanza de esta empresa, Euríloco no pasó más adelante en
Etolia esperando el socorro de los ambraciotes, y entretanto pasó aquel
verano.
A la entrada del invierno los atenienses, que estaban en Sicilia con
sus aliados y los que eran de su partido contra los siracusanos,
sitiaron Inesa, en cuyo castillo los siracusanos tenían guarnición:
más viendo que no la podían tomar partieron de allí, y al retirarse
salieron los que estaban en el castillo y atacaron la retaguardia de
los atenienses desbaratándola y matando a muchos.
Pasado esto, Laques y los otros que estaban en las naves, saltaron
a tierra en Lócride, junto al río Caicino, donde se encontraron con
los locros que venían en compañía de Proxeno, hijo de Capatón, y los
derrotaron, prendiendo trescientos que despojaron y después soltaron.
En este mismo invierno los atenienses, por mandato del oráculo,
purificaron la isla de Delos, que mucho tiempo antes Pisístrato el
tirano había purificado, aunque no toda, sino solamente la parte que
se ve del templo: fue toda purificada de esta manera. Primeramente
mandaron quitar todos los sepulcros de los que sepultaron en Delos,
y pregonaron que en adelante ninguno pudiese morir ni nacer en toda
la isla, y los que estuviesen cercanos a la muerte fuesen llevados a
la de Renea. Esta isla de Renea está tan cerca de la de Delos, que
Polícrates, el tirano de los samios en aquel tiempo, dominó muchas
islas de aquella mar, por ser muy poderoso por mar, y habiendo tomado
la de Renea hizo una cadena que atraviesa desde ella hasta la de
Delos, consagrando toda la isla al dios Apolo. Después de esta última
purificación los atenienses establecieron y dedicaron una fiesta
solemne, de cinco en cinco años, en honra del dios Apolo, por ser
antigua costumbre celebrar allí grandes fiestas, a las cuales iban los
jonios y los moradores de las otras islas cercanas con sus mujeres e
hijos (como hacen al presente en Éfeso), y en ellas había contiendas,
luchas y otros ejercicios, y toda clase de juegos, danzas y músicas,
como se ve en los siguientes versos de Homero:
_Entonces tú, Apolo, en Delos_
_Te estás a placer y holgando_
_Cuando los jonios saltando_
_Con sus mujeres e hijuelos_
_Vienen en danzas cantando._
Que había certamen de música, yendo a contender los músicos, lo
significa cuando alabando el coro y danzas de las mujeres de Delos
expresa sus loores en estos versos, donde también hace mención de sí,
diciendo que era ciego y que moraba en Quíos:
_Salvo seáis y con vida_
_Tú, Apolo, y tú, Diana,_
_Y a todos en mi partida_
_Saludo de buena y gana._
_Y mirad, os ruego yo,_
_Si acaso os piden razón_
_De aquel jocundo varón_
_Que por aquí conversó_
_Y con música alegró_
_A todos el corazón._
_Responded luego a la hora,_
_Porque no caigáis en falta:_
_Fue un varón ciego que mora_
_En Quíos la áspera y alta._
En estos versos Homero significa que antiguamente había en Delos
numerosa reunión de gentes, y que se celebraban allí grandes fiestas,
aunque después andando el tiempo los insulares y los atenienses dejaron
los coros, danzas y bailes y los sacrificios, y las contiendas y
juegos, y todo cesó por las adversidades y miserias, hasta que los
atenienses restablecieron entonces los juegos e instituyeron las
carreras de caballos que no se conocían antes en Delos.