XV.

Euríloco, capitán de los peloponesios, no puede tomar la ciudad de

Naupacto, y por consejo de los ambraciotes, emprende la guerra contra

los anfiloquios y los acarnanios. Los atenienses purifican y dedican la

isla de Delos.

Aquel mismo verano, los etolios, cuando supieron la empresa de los

atenienses contra ellos, enviaron como embajadores a los lacedemonios

y a los corintios a Tólofo, a Boríades y a Tisandro, para pedirles

auxilio contra la armada de los atenienses que había llegado a

Naupacto. Los lacedemonios les enviaron tres mil hombres de sus

aliados, todos muy bien armados, entre los cuales había quinientos

soldados de la ciudad de Heraclea, fundada y poblada por ellos. De

este ejército fue capitán Euríloco, y le dieron por compañeros a

Macario y a Menedaio, todos tres espartanos.

Reunida su hueste junto a Delfos, Euríloco envió un trompeta a los

locros ozolos pidiéndoles que le enviasen su gente de socorro, porque

querían ir desde allí a Naupacto, y también lo hacía por atraer a su

devoción a estos locros ozolos y apartarlos de la amistad y alianza

con los atenienses como ya había apartado a los anfisios, que por odio

y temor a los focenses se habían rendido los primeros y les habían

dado rehenes. Esto indujo a todos los otros a rebelarse contra los

atenienses, porque estaban muy amedrantados de ver el gran ejército

de los lacedemonios. Los primeros fueron los mianeos, sus vecinos

y comarcanos de los locros por donde su tierra no es accesible, y

tras ellos los hipnieos, los mesapios, los triteos, los caleos, los

tolofonios, los isios, los eanteos, todos los cuales fueron a esta

guerra con los peloponesios.

Algunos no quisieron ir, como los olpeos, y dieron rehenes. Otros no

quisieron hacer lo uno ni lo otro, como los hieos, hasta que una villa

suya nombrada Polis, fue tomada por fuerza.

Habiendo Euríloco ordenado todas las cosas necesarias para la guerra,

y enviados los rehenes que tenía de todos a la villa de Citinio en

Dóride, dirigiose con su ejército por tierra de los locros para ir

a la ciudad de Naupacto, y en el camino ganó por fuerza la villa de

Eneón, que era de los locros, y la de Eupalio, que no se quiso rendir

de grado. Ya que estaba bien adentro en territorio de Naupacto, llegó

el socorro de los etolios, y todos juntos comenzaron a robar y talar la

tierra y las villas y lugares que no estaban cercados. Después fueron

contra la ciudad de Molicrio, pueblo de los corintios, aunque seguía el

partido de los atenienses, y la tomaron.

Estaba a la sazón en aquella parte de Naupacto Demóstenes, capitán

de los atenienses, que, como arriba contamos, se había quedado allí

después de la derrota en Etolia por temor a los atenienses. Cuando supo

la venida de los enemigos fue derecho a los acarnanios, e hizo tanto

con ellos que les persuadió le diesen mil hombres de guerra de ayuda:

los cuales metió por mar dentro de la ciudad de Naupacto, no sabiendo

cómo podría defenderla por ser muy grande en circuito y tener poca

gente de guarnición. Este socorro lo dieron los acarnanios de mala

gana, a causa del enojo que le tenían, porque no había querido ir sobre

Léucade, como le rogaron antes.

Cuando Euríloco supo que el socorro de los atenienses estaba dentro

de la ciudad, y que no la podría tomar, partió con su ejército, y sin

volver al Peloponeso fue derechamente a Eólide, que ahora llamamos

Calidón, y a Pleurón y a otros lugares cercanos de la Etolia. Estando

allí vinieron a él los mensajeros de los ambraciotes, y le avisaron que

si quería tomar su consejo podría muy bien con su ayuda ganar la ciudad

de Argos y todo lo restante de la tierra de Anfiloquia y tras esto la

región de Acarnania: y que hecho esto, podría fácilmente atraer a la

alianza de los lacedemonios toda la tierra de Epiro. Con este motivo,

y con la esperanza de esta empresa, Euríloco no pasó más adelante en

Etolia esperando el socorro de los ambraciotes, y entretanto pasó aquel

verano.

A la entrada del invierno los atenienses, que estaban en Sicilia con

sus aliados y los que eran de su partido contra los siracusanos,

sitiaron Inesa, en cuyo castillo los siracusanos tenían guarnición:

más viendo que no la podían tomar partieron de allí, y al retirarse

salieron los que estaban en el castillo y atacaron la retaguardia de

los atenienses desbaratándola y matando a muchos.

Pasado esto, Laques y los otros que estaban en las naves, saltaron

a tierra en Lócride, junto al río Caicino, donde se encontraron con

los locros que venían en compañía de Proxeno, hijo de Capatón, y los

derrotaron, prendiendo trescientos que despojaron y después soltaron.

En este mismo invierno los atenienses, por mandato del oráculo,

purificaron la isla de Delos, que mucho tiempo antes Pisístrato el

tirano había purificado, aunque no toda, sino solamente la parte que

se ve del templo: fue toda purificada de esta manera. Primeramente

mandaron quitar todos los sepulcros de los que sepultaron en Delos,

y pregonaron que en adelante ninguno pudiese morir ni nacer en toda

la isla, y los que estuviesen cercanos a la muerte fuesen llevados a

la de Renea. Esta isla de Renea está tan cerca de la de Delos, que

Polícrates, el tirano de los samios en aquel tiempo, dominó muchas

islas de aquella mar, por ser muy poderoso por mar, y habiendo tomado

la de Renea hizo una cadena que atraviesa desde ella hasta la de

Delos, consagrando toda la isla al dios Apolo. Después de esta última

purificación los atenienses establecieron y dedicaron una fiesta

solemne, de cinco en cinco años, en honra del dios Apolo, por ser

antigua costumbre celebrar allí grandes fiestas, a las cuales iban los

jonios y los moradores de las otras islas cercanas con sus mujeres e

hijos (como hacen al presente en Éfeso), y en ellas había contiendas,

luchas y otros ejercicios, y toda clase de juegos, danzas y músicas,

como se ve en los siguientes versos de Homero:

_Entonces tú, Apolo, en Delos_

_Te estás a placer y holgando_

_Cuando los jonios saltando_

_Con sus mujeres e hijuelos_

_Vienen en danzas cantando._

Que había certamen de música, yendo a contender los músicos, lo

significa cuando alabando el coro y danzas de las mujeres de Delos

expresa sus loores en estos versos, donde también hace mención de sí,

diciendo que era ciego y que moraba en Quíos:

_Salvo seáis y con vida_

_Tú, Apolo, y tú, Diana,_

_Y a todos en mi partida_

_Saludo de buena y gana._

_Y mirad, os ruego yo,_

_Si acaso os piden razón_

_De aquel jocundo varón_

_Que por aquí conversó_

_Y con música alegró_

_A todos el corazón._

_Responded luego a la hora,_

_Porque no caigáis en falta:_

_Fue un varón ciego que mora_

_En Quíos la áspera y alta._

En estos versos Homero significa que antiguamente había en Delos

numerosa reunión de gentes, y que se celebraban allí grandes fiestas,

aunque después andando el tiempo los insulares y los atenienses dejaron

los coros, danzas y bailes y los sacrificios, y las contiendas y

juegos, y todo cesó por las adversidades y miserias, hasta que los

atenienses restablecieron entonces los juegos e instituyeron las

carreras de caballos que no se conocían antes en Delos.

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 63 / 90 题