Los atenienses envían su armada a Sicilia. -- Sucesos que les
ocurrieron al fin de aquel verano, en el invierno y al empezar el
verano siguiente en Sicilia y Grecia. -- Fundan los lacedemonios la
ciudad de Heraclea.
Al fin de aquel verano[75] los atenienses enviaron veinte barcos a
Sicilia, al mando de Laques, hijo de Menalopo, y de Caréades, hijo de
Eufileto, porque los siracusanos tenían guerra contra los leontinos y
estaban confederados en Grecia con todas las ciudades dorias, excepto
Camarina, y los dorios tenían alianza con los lacedemonios antes que
comenzasen la guerra, aunque no fueron en su compañía. También los
locros tenían amistad en Italia, y los leontinos por amigos a los
calcídeos y camarinos.
En Italia, los de Regio, que eran de su nación y deudos, como aliados
de los leontinos, pidieron a los atenienses, así por la antigua
amistad, como porque eran jonios de nación, que les enviasen de socorro
algunas naves para su defensa contra los siracusanos, sus comarcanos,
que les querían impedir el comercio por mar y tierra. Los atenienses
otorgaron su demanda y enviaron sus barcos so color de la amistad
que tenían con ellos, aunque a la verdad, más era para estorbar que
viniesen víveres de Sicilia al Peloponeso, y por si podían conquistar
Sicilia.
Al llegar la armada de los atenienses a Regio, comenzó la guerra contra
los sicilianos en compañía de los de Regio, pero sobrevino el invierno
que la interrumpió.
Al principio del invierno[76] se recrudeció en Atenas la peste, que
nunca había cesado del todo sino por intervalos de tiempo: esta vez
duró un año, y antes había durado dos sin interrupción, que fue la cosa
que más debilitó y quebrantó las fuerzas y poder de los atenienses. En
esta postrer epidemia murieron más de cuatro mil y trescientos hombres
de armas, y trescientos de a caballo, sin lo restante del pueblo, que
fue gente innumerable.
También hubo grandes y repetidos terremotos, así en Atenas como en
Eubea y en toda Beocia, pero mucho más en Orcómeno.
En este invierno los atenienses que quedaron en Sicilia con los de
Regio, con treinta barcos, atacaron las islas de Eolo, en Sicilia,
haciéndolo en invierno porque en verano no hay agua fresca en ellas.
Estas islas las habitan los liparenses, que traen su origen de los
cnidios griegos, y principalmente moran en una de ellas, llamada
Lipara, que no es muy grande, y desde la cual pasan a las otras, que
son Dídima, Estróngile y Hiera, para cultivarlas. En Hiera creen los
moradores que el dios Vulcano tiene sus herrerías, porque de noche ven
salir gran fuego y de día gran humo. Todas estas islas están situadas
en la parte de Sicilia y tierra de Mesena y entonces seguían el
partido de los siracusanos, por lo que los atenienses y los de Regio,
de consuno, les atacaron; y viendo que no se rendían, arrasaron las
tierras y se volvieron a Regio. Este fin tuvo el quinto año de la
guerra, que escribió Tucídides.
Al principio del verano[77] siguiente los peloponesios y sus aliados
se reunieron otra vez para entrar en Ática, y llegaron hasta el istmo
del Peloponeso, al mando de Agis, hijo de Arquidamo, rey de los
lacedemonios. Mas al sentir los terremotos diarios se retiraron sin
entrar en la tierra. Estos terremotos fueron tan grandes, que en Eubea
el mar creció hasta anegar la mayor parte de la ciudad de Orobias,
y aunque bajaron las aguas, siempre quedó sumergida parte de ella,
ahogándose o peligrando los habitantes que no tuvieron tiempo para
subir a lo más alto. Igual inundación hubo en la isla de Atalanta,
junto a tierra de los locros, en la cual se anegó y cayó una parte del
castillo que los atenienses tenían, y de dos barcos que había en el
puerto uno dio en tierra de manera que fue destrozado. También la hubo
en la ciudad de Peparetos, pero no se anegó nada, sino que el terremoto
derrocó una parte de la muralla con el palacio y otras muchas casas.
Las causas de estas inundaciones fueron a mi parecer los temblores de
tierra, porque de la parte que tembló más reciamente sacudió y lanzó
la mar, la cual, a su retorno, con gran fuerza e ímpetu causaba tales
avenidas.
En este mismo verano[78] ocurrieron algunos hechos de guerra en
Sicilia, así por parte de los extraños como por los mismos de la
tierra, y principalmente por los atenienses y sus aliados. Los más
memorables de que tengo noticia fueron estos: Siendo Caréades capitán
de los atenienses, muerto en batalla por los siracusanos, Laques,
que quedaba por capitán de la armada, fue con su gente de guerra
derechamente contra la ciudad de Milas en tierra de Mesena, donde
había dos capitanías de los mesenios. Estos hicieron una emboscada y
salieron contra los atenienses y sus aliados, quienes los dispersaron,
pusieron en huida y mataron a muchos. De este hecho quedaron tan
amedrantados los de la ciudad, que viendo venir a los atenienses y sus
aliados hacia ella, se rindieron con ciertas condiciones y les dieron
rehenes y toda clase de seguridades.
También este verano los atenienses enviaron treinta barcos a la costa
del Peloponeso a las órdenes de Demóstenes, hijo de Alcístenes, y de
Procles, hijo de Teodoro, y otros sesenta contra la isla de Melos, con
dos mil combatientes, mandados por Nicias, hijo de Nicérato, porque los
melios negaban obediencia a los atenienses, y no querían contribuir
para las guerras. Mas después que les talaron las tierras, los hicieron
venir por la fuerza a partido, y desde allí pasaron a Oropo, que está
frente a esta isla en tierra firme. Llegados a este puerto, casi de
noche, salieron todos armados de sus naves y fueron directamente a la
ciudad de Tanagra, que está en Beocia. Por tierra llegó también gran
hueste de los atenienses al mando de Hipónico, hijo de Calias, y de
Eurimedonte, hijo de Tucles, los cuales, al juntarse con sus compañeros
de mar, plantaron su campo delante de la ciudad, donde estuvieron
todo aquel día haciendo muchos males en la tierra. Al día siguiente
salieron contra ellos los de la ciudad con algún socorro que les había
llegado de Teme, mas los atenienses les hicieron retroceder mal de su
agrado; mataron muchos y los vencieron, y de las armas y despojos que
les tomaron, levantaron trofeo en señal de la victoria delante de la
ciudad. Después volvieron al punto de salida, los unos a las naves y
los otros a la ciudad, y los que iban con Nicias, después de robar la
tierra, se embarcaron, regresando a sus tierras.
En este mismo tiempo los lacedemonios fundaron la ciudad de Heraclea,
en tierra de Traquinia, y la poblaron con gente de su nación, por lo
cual los melieos están divididos en tres pueblos: los paralios, los
irieos y los traquinios. Estos traquinios, molestados con guerras
por sus vecinos los eteos, fueron de parecer al principio de llamar a
los atenienses en su ayuda; pero no fiándose de ellos completamente,
enviaron también a Tisámeno como embajador a los lacedemonios, que
igualmente fue en representación de la Dóride, región metropolitana
de aquellos, y acometida por los mismos eteos. Los lacedemonios, oída
su embajada, determinaron enviar gente de su nación a que poblasen
una ciudad, así para defensa de los traquinios y dorios, como porque
les pareció que les vendría muy a propósito para la guerra con los
atenienses, a causa de que desde la ciudad de Heraclea hasta Eubea
había poco trecho de mar de pasar, y por tanto, podrían sin peligro
organizar allí su armada contra los de Eubea, teniendo además muy
buena guarida para cuando quisiesen ir a Tracia. Por estas razones
procuraron fundar allí aquella ciudad, y primeramente lo consultaron
con el oráculo de Apolo, cuyo templo está en Delfos, el cual les otorgó
su demanda. Enviaron sus pobladores, así de sus tierras como de las de
sus vecinos y comarcanos, mandando pregonar públicamente que darían
licencia a todos los que quisiesen ir a morar en ella, excepto a los
jonios y a los aqueos.
Para fundar y poblar esta ciudad dieron el encargo a tres de sus
ciudadanos, León, Álcidas y Damagón, quienes, hecho el repartimiento de
la tierra entre los que fueron a poblar, cercaron la ciudad de muralla
y ahora se llama Heraclea, que dista de los montes de Termópilas
cuarenta estadios, y de la mar medio estadio. Allí comenzaron a
construir atarazanas para tener sus naves junto a Termópilas y su
estrecho y estar más seguros.
Fundada esta ciudad, los atenienses al principio tuvieron algún temor,
viendo que estaba cerca la isla de Eubea, y que desde allí había muy
poco mar que atravesar hasta la ciudad de Ceneo, situada en Eubea; pero
ningún daño les sobrevino, a causa de que los tesalios, que dominaban
la tierra, en cuyos términos se había fundado la ciudad, sospechando
ser vecinos que podían llegar a ser más poderosos que ellos, comenzaron
a molestar a los nuevos pobladores con guerras, obligando al mayor
número a abandonar la ciudad que al principio había sido muy poblada
por multitud de gentes de todas partes, esperando que sería lugar
seguro y firme por fundarla los lacedemonios, y al poco tiempo quedó
con escasos moradores. Culpa de esto tuvieron también los caudillos que
los lacedemonios enviaron con los nuevos pobladores, por tratarles mal
y desalentarlos en lugar de animarlos contra sus enemigos, quienes, con
esto, les vencieron más pronto y fácilmente.