XIII.

Los atenienses envían su armada a Sicilia. -- Sucesos que les

ocurrieron al fin de aquel verano, en el invierno y al empezar el

verano siguiente en Sicilia y Grecia. -- Fundan los lacedemonios la

ciudad de Heraclea.

Al fin de aquel verano[75] los atenienses enviaron veinte barcos a

Sicilia, al mando de Laques, hijo de Menalopo, y de Caréades, hijo de

Eufileto, porque los siracusanos tenían guerra contra los leontinos y

estaban confederados en Grecia con todas las ciudades dorias, excepto

Camarina, y los dorios tenían alianza con los lacedemonios antes que

comenzasen la guerra, aunque no fueron en su compañía. También los

locros tenían amistad en Italia, y los leontinos por amigos a los

calcídeos y camarinos.

En Italia, los de Regio, que eran de su nación y deudos, como aliados

de los leontinos, pidieron a los atenienses, así por la antigua

amistad, como porque eran jonios de nación, que les enviasen de socorro

algunas naves para su defensa contra los siracusanos, sus comarcanos,

que les querían impedir el comercio por mar y tierra. Los atenienses

otorgaron su demanda y enviaron sus barcos so color de la amistad

que tenían con ellos, aunque a la verdad, más era para estorbar que

viniesen víveres de Sicilia al Peloponeso, y por si podían conquistar

Sicilia.

Al llegar la armada de los atenienses a Regio, comenzó la guerra contra

los sicilianos en compañía de los de Regio, pero sobrevino el invierno

que la interrumpió.

Al principio del invierno[76] se recrudeció en Atenas la peste, que

nunca había cesado del todo sino por intervalos de tiempo: esta vez

duró un año, y antes había durado dos sin interrupción, que fue la cosa

que más debilitó y quebrantó las fuerzas y poder de los atenienses. En

esta postrer epidemia murieron más de cuatro mil y trescientos hombres

de armas, y trescientos de a caballo, sin lo restante del pueblo, que

fue gente innumerable.

También hubo grandes y repetidos terremotos, así en Atenas como en

Eubea y en toda Beocia, pero mucho más en Orcómeno.

En este invierno los atenienses que quedaron en Sicilia con los de

Regio, con treinta barcos, atacaron las islas de Eolo, en Sicilia,

haciéndolo en invierno porque en verano no hay agua fresca en ellas.

Estas islas las habitan los liparenses, que traen su origen de los

cnidios griegos, y principalmente moran en una de ellas, llamada

Lipara, que no es muy grande, y desde la cual pasan a las otras, que

son Dídima, Estróngile y Hiera, para cultivarlas. En Hiera creen los

moradores que el dios Vulcano tiene sus herrerías, porque de noche ven

salir gran fuego y de día gran humo. Todas estas islas están situadas

en la parte de Sicilia y tierra de Mesena y entonces seguían el

partido de los siracusanos, por lo que los atenienses y los de Regio,

de consuno, les atacaron; y viendo que no se rendían, arrasaron las

tierras y se volvieron a Regio. Este fin tuvo el quinto año de la

guerra, que escribió Tucídides.

Al principio del verano[77] siguiente los peloponesios y sus aliados

se reunieron otra vez para entrar en Ática, y llegaron hasta el istmo

del Peloponeso, al mando de Agis, hijo de Arquidamo, rey de los

lacedemonios. Mas al sentir los terremotos diarios se retiraron sin

entrar en la tierra. Estos terremotos fueron tan grandes, que en Eubea

el mar creció hasta anegar la mayor parte de la ciudad de Orobias,

y aunque bajaron las aguas, siempre quedó sumergida parte de ella,

ahogándose o peligrando los habitantes que no tuvieron tiempo para

subir a lo más alto. Igual inundación hubo en la isla de Atalanta,

junto a tierra de los locros, en la cual se anegó y cayó una parte del

castillo que los atenienses tenían, y de dos barcos que había en el

puerto uno dio en tierra de manera que fue destrozado. También la hubo

en la ciudad de Peparetos, pero no se anegó nada, sino que el terremoto

derrocó una parte de la muralla con el palacio y otras muchas casas.

Las causas de estas inundaciones fueron a mi parecer los temblores de

tierra, porque de la parte que tembló más reciamente sacudió y lanzó

la mar, la cual, a su retorno, con gran fuerza e ímpetu causaba tales

avenidas.

En este mismo verano[78] ocurrieron algunos hechos de guerra en

Sicilia, así por parte de los extraños como por los mismos de la

tierra, y principalmente por los atenienses y sus aliados. Los más

memorables de que tengo noticia fueron estos: Siendo Caréades capitán

de los atenienses, muerto en batalla por los siracusanos, Laques,

que quedaba por capitán de la armada, fue con su gente de guerra

derechamente contra la ciudad de Milas en tierra de Mesena, donde

había dos capitanías de los mesenios. Estos hicieron una emboscada y

salieron contra los atenienses y sus aliados, quienes los dispersaron,

pusieron en huida y mataron a muchos. De este hecho quedaron tan

amedrantados los de la ciudad, que viendo venir a los atenienses y sus

aliados hacia ella, se rindieron con ciertas condiciones y les dieron

rehenes y toda clase de seguridades.

También este verano los atenienses enviaron treinta barcos a la costa

del Peloponeso a las órdenes de Demóstenes, hijo de Alcístenes, y de

Procles, hijo de Teodoro, y otros sesenta contra la isla de Melos, con

dos mil combatientes, mandados por Nicias, hijo de Nicérato, porque los

melios negaban obediencia a los atenienses, y no querían contribuir

para las guerras. Mas después que les talaron las tierras, los hicieron

venir por la fuerza a partido, y desde allí pasaron a Oropo, que está

frente a esta isla en tierra firme. Llegados a este puerto, casi de

noche, salieron todos armados de sus naves y fueron directamente a la

ciudad de Tanagra, que está en Beocia. Por tierra llegó también gran

hueste de los atenienses al mando de Hipónico, hijo de Calias, y de

Eurimedonte, hijo de Tucles, los cuales, al juntarse con sus compañeros

de mar, plantaron su campo delante de la ciudad, donde estuvieron

todo aquel día haciendo muchos males en la tierra. Al día siguiente

salieron contra ellos los de la ciudad con algún socorro que les había

llegado de Teme, mas los atenienses les hicieron retroceder mal de su

agrado; mataron muchos y los vencieron, y de las armas y despojos que

les tomaron, levantaron trofeo en señal de la victoria delante de la

ciudad. Después volvieron al punto de salida, los unos a las naves y

los otros a la ciudad, y los que iban con Nicias, después de robar la

tierra, se embarcaron, regresando a sus tierras.

En este mismo tiempo los lacedemonios fundaron la ciudad de Heraclea,

en tierra de Traquinia, y la poblaron con gente de su nación, por lo

cual los melieos están divididos en tres pueblos: los paralios, los

irieos y los traquinios. Estos traquinios, molestados con guerras

por sus vecinos los eteos, fueron de parecer al principio de llamar a

los atenienses en su ayuda; pero no fiándose de ellos completamente,

enviaron también a Tisámeno como embajador a los lacedemonios, que

igualmente fue en representación de la Dóride, región metropolitana

de aquellos, y acometida por los mismos eteos. Los lacedemonios, oída

su embajada, determinaron enviar gente de su nación a que poblasen

una ciudad, así para defensa de los traquinios y dorios, como porque

les pareció que les vendría muy a propósito para la guerra con los

atenienses, a causa de que desde la ciudad de Heraclea hasta Eubea

había poco trecho de mar de pasar, y por tanto, podrían sin peligro

organizar allí su armada contra los de Eubea, teniendo además muy

buena guarida para cuando quisiesen ir a Tracia. Por estas razones

procuraron fundar allí aquella ciudad, y primeramente lo consultaron

con el oráculo de Apolo, cuyo templo está en Delfos, el cual les otorgó

su demanda. Enviaron sus pobladores, así de sus tierras como de las de

sus vecinos y comarcanos, mandando pregonar públicamente que darían

licencia a todos los que quisiesen ir a morar en ella, excepto a los

jonios y a los aqueos.

Para fundar y poblar esta ciudad dieron el encargo a tres de sus

ciudadanos, León, Álcidas y Damagón, quienes, hecho el repartimiento de

la tierra entre los que fueron a poblar, cercaron la ciudad de muralla

y ahora se llama Heraclea, que dista de los montes de Termópilas

cuarenta estadios, y de la mar medio estadio. Allí comenzaron a

construir atarazanas para tener sus naves junto a Termópilas y su

estrecho y estar más seguros.

Fundada esta ciudad, los atenienses al principio tuvieron algún temor,

viendo que estaba cerca la isla de Eubea, y que desde allí había muy

poco mar que atravesar hasta la ciudad de Ceneo, situada en Eubea; pero

ningún daño les sobrevino, a causa de que los tesalios, que dominaban

la tierra, en cuyos términos se había fundado la ciudad, sospechando

ser vecinos que podían llegar a ser más poderosos que ellos, comenzaron

a molestar a los nuevos pobladores con guerras, obligando al mayor

número a abandonar la ciudad que al principio había sido muy poblada

por multitud de gentes de todas partes, esperando que sería lugar

seguro y firme por fundarla los lacedemonios, y al poco tiempo quedó

con escasos moradores. Culpa de esto tuvieron también los caudillos que

los lacedemonios enviaron con los nuevos pobladores, por tratarles mal

y desalentarlos en lugar de animarlos contra sus enemigos, quienes, con

esto, les vencieron más pronto y fácilmente.

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 61 / 90 题