XIII.

Discurso y proposición de los corintios en el Senado de los

lacedemonios ante todos los confederados y aliados para persuadirles de

la necesidad de la guerra contra los atenienses.

«Varones amigos nuestros, aliados y confederados, no hay razón para

culpar a los peloponesios, que no querían determinar la guerra contra

los atenienses, puesto que nos juntan aquí para este propósito, por lo

cual conviene a los que son caudillos y presidentes de los otros, como

lo sois vosotros, que conforme son honrados y acatados sobre todos,

tengan igual respeto a las cosas de los particulares, mirándolas como

a las públicas, para que sean bien gobernadas y tratadas. En cuanto

a lo que toca a nos y a los otros que ya nos hemos apartado de los

atenienses, no es menester que nos enseñen cómo nos debemos guardar de

ellos. Solamente nos conviene amonestar y avisar a aquellos que habitan

la tierra firme lejos de los puertos, donde se hacen las ferias y

mercados, que será bien sepan y entiendan que si ellos no dan ayuda y

socorro a los que moran en la costa, el trato y comercio de sus bienes

y mercaderías les será muy difícil, y lo mismo el retorno de aquello

que les llega por mar. No deben ser, por tanto, jueces injustos de

lo que tratamos al presente, diciendo que no les toca a ellos nada;

antes deben saber que, si no se cuidan de los moradores de la costa

y los dejan sucumbir, el peligro y daño vendrá después sobre ellos.

Atiendan que la consulta presente se hace tanto por ellos como por los

otros, y por eso no deben ser perezosos ni negligentes para emprender

esta guerra, a fin de que después puedan tener paz. Porque si es de

hombres sabios y prudentes estar quietos y no moverse, si ninguno les

injuria, así también es de buenos y animosos, cuando son injuriados,

trocar la paz por la guerra, y después de bien hechas y provistas sus

cosas volver a la amistad y concordia, no ensoberbeciéndose con la

prosperidad de la victoria en la guerra, ni por codicia de paz y reposo

sufrir las injurias. Porque todo hombre que por amar el sosiego es

perezoso para vengarse, pronto se ve privado del deleite que toma en el

descanso; y asimismo el que a menudo provoca la guerra, ensoberbecido

con la prosperidad, suele desconocerse a sí mismo, con una crueldad

y ferocidad poco segura y menos cierta, porque no hace con razón lo

que es obligado a hacer; aunque muchas veces sucede salir bien de

las empresas locas y temerarias porque los enemigos son necios, mal

aconsejados en los que emprenden, y muchas empresas que parece se

acometen con saber y discreción salen mal porque no las ejecutamos

como las propusimos y determinamos. Siempre tenemos buena y cierta

esperanza de las cosas que emprendemos; pero, al ejecutarlas, muchas

veces faltamos por miedo o por temor en la obra.

»En lo que a nosotros toca, que en gran manera hemos sido injuriados

por los atenienses, comenzaremos la guerra con buena y justa querella

y con intención de vivir en paz y sosiego después que nos hayamos

vengado. De esta guerra debemos esperar la victoria por dos razones: la

primera, porque tenemos más número de gente y mejores soldados y más

experimentados en la lucha, y la segunda, porque estamos todos unidos

y resueltos a hacer todo aquello que nos manden. Si tienen más navíos

que nosotros, supliremos esta falta con nuestro dinero particular, que

cada cual dará en la cantidad que le corresponda, y con el que tiene

el templo de Delfos y el de Olimpia, que podemos tomar prestado para

atraernos con dádivas sus marineros y aun la gente de guerra, que son

extranjeros y tienen a sueldo, lo cual no ocurrirá a nosotros, porque

somos más poderosos en gente que en dinero.

»Si logramos una victoria naval, es de creer que queden perdidos, y

cuanto más tiempo nos resistieren tanto más los nuestros se harán a

las cosas de mar y se ejercitarán en ellas, porque son más animosos, y,

ejercitados, serán más fuertes, pues la osadía que los nuestros tienen

les es natural, y los contrarios no han de adquirirla por arte ni por

doctrina. Podemos muy bien con el ejercicio aprender la habilidad

que ellos tienen, y para este negocio hallaremos indudablemente el

dinero necesario. Puesto que sus aliados no rehúsan pagarles tributo

estando en su servidumbre y sujeción, nosotros no seremos tan ruines

que rehusemos contribuir con nuestros propios bienes para vengarnos

de nuestros enemigos y salvar nuestra libertad, que si ellos lograran

quitárnosla, nos tratarían peor que antes por causa de nuestros mismos

bienes.

»También tenemos más medios para hacer la guerra que ellos, porque

haremos tratos con sus aliados y tributarios y los rebelaremos,

haciéndoles así perder la ventaja que en renta nos llevan. Podremos

destruir la tierra de donde les viene el dinero y la renta, y otras

muchas ocasiones y medios nos vendrán de que al presente no nos

acordamos, que la guerra jamás se ejecuta conforme a los medios y

aprestos que se ven al principio, sino que ella misma hace venir otros

al pensamiento, según las cosas que acontecen. Y en este caso los que

tienen buen ánimo y buen corazón están más seguros que los tristes y

temerosos.

»Cada uno de nosotros debe pensar que si tuviese cuestión y diferencia

sobre límites con sus vecinos, y fuesen tan poderosos como él, en

manera alguna sufriría ser injuriado ni ultrajado. Pues si los

atenienses ahora son bastantes y poderosos contra todos nosotros

juntos, ¿cuánto más lo serán combatiéndonos uno a uno y a cada villa

por sí? Como lo harán de seguro si no ven que nos juntamos, y de común

acuerdo y voluntad les resistimos.

»Si por acaso nos venciesen (lo cual plegue a los dioses que jamás se

oiga), tenga cada cual por seguro que el mayor daño que nos vendría

sería perder nuestra libertad y caer en servidumbre, que es cosa

abominable de oír, mayormente en el Peloponeso. Pues ¿cuánto mayor

es ver ahora tantas y tan buenas y nombradas ciudades ser de hecho

sojuzgadas y maltratadas por una sola? En lo que claramente se ve,

o que somos perezosos y negligentes, o que por temor soportamos y

sufrimos cosas indignas, no pareciéndonos ni respondiendo a la virtud

y gloria de nuestros mayores, que libertaron a Grecia de servidumbre,

pues no somos bastantes para defender nuestra libertad, y sufrimos que

una sola ciudad nos tiranice.

»Cuando hay un solo tirano en una ciudad, procuramos expulsarle, y no

consideramos que sufriendo esto incurrimos en tres grandes vicios, es a

saber: en flojedad, cobardía e imprudencia. Ni tampoco vale nada para

excusarnos de estos tres vicios decir que queréis evitar la osadía

loca que a tantos ha sido dañosa, porque esta excusa, so color de la

cual muchos han sido engañados, cuando no es miedo suele llamársela

necedad.

»Pero ¿de que sirve a nuestro propósito reprender las cosas pasadas más

largamente que el tiempo presente lo requiere? Acudamos a las de ahora

y proveamos a las venideras. Y pues aprendimos de nuestros antepasados

a adquirir la virtud por trabajo y no empeorar las costumbres, si acaso

ahora les sobrepujáis algún tanto en riquezas y poder, tanta mayor

vergüenza será para vosotros perder con vuestras riquezas lo que ellos

con pobreza ganaron y adquirieron.

»Hay además de estas otras muchas razones y ocasiones que os deben

mover y animar a hacer la guerra. La primera el oráculo de Apolo

que os ha prometido seros favorable, y con este también tendréis en

vuestra ayuda todo el resto de Grecia, parte por miedo y parte por

su provecho. No receléis ser los primeros en quebrantar la paz y

alianza que tenemos con los atenienses, pues el dios que nos amonesta

a comenzar la guerra juzga haber sido primero quebrantada por ellos.

Más cierto es que pelearemos por mantener y amparar los tratos y

confederaciones que ellos han violado y roto, que los que se defienden

no son quebrantadores de la paz, sino aquellos que comienzan la guerra

y acometen primero.

»Por todas estas razones no ha de ser aciago sino muy provechoso

emprender esta guerra. Así lo comprendéis por lo que os decimos en

público para amonestaros y persuadiros de que es necesaria para el bien

común y el particular de cada uno. No queráis, pues, dilatar la defensa

de vuestra libertad, y particularmente el dar ayuda a los de Potidea,

que son dorios de nación y están ya sitiados y cercados por los jonios,

porque si nosotros disimulamos ahora, parecerá claramente que unos

de nosotros fueron injuriados y los otros se juntaron para tratar de

vengarse y después no se atrevieron.

»Por tanto, varones amigos y confederados nuestros, conociendo la

necesidad presente y que os aconsejamos lo mejor, determinad hacer esta

guerra y no os espantéis de las dificultades de ella, antes pensad el

bien que os vendrá de la larga paz que ha de seguirla. Porque de la

guerra nace la paz, y en el reposo y descanso no estamos seguros de que

no se pueda mover guerra.

»Considerad que si sujetamos por fuerza aquella ciudad de Grecia que

quiere usurpar la tiranía sobre todas las otras, de las que ya domina

algunas, y procura dominarlas, quedaremos en paz y seguridad, y

viviremos sin peligro, y daremos libertad a los griegos que ahora están

en servidumbre.»

Y con esto los corintios acabaron su razonamiento.

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 18 / 90 题