Discurso y proposición de los corintios en el Senado de los
lacedemonios ante todos los confederados y aliados para persuadirles de
la necesidad de la guerra contra los atenienses.
«Varones amigos nuestros, aliados y confederados, no hay razón para
culpar a los peloponesios, que no querían determinar la guerra contra
los atenienses, puesto que nos juntan aquí para este propósito, por lo
cual conviene a los que son caudillos y presidentes de los otros, como
lo sois vosotros, que conforme son honrados y acatados sobre todos,
tengan igual respeto a las cosas de los particulares, mirándolas como
a las públicas, para que sean bien gobernadas y tratadas. En cuanto
a lo que toca a nos y a los otros que ya nos hemos apartado de los
atenienses, no es menester que nos enseñen cómo nos debemos guardar de
ellos. Solamente nos conviene amonestar y avisar a aquellos que habitan
la tierra firme lejos de los puertos, donde se hacen las ferias y
mercados, que será bien sepan y entiendan que si ellos no dan ayuda y
socorro a los que moran en la costa, el trato y comercio de sus bienes
y mercaderías les será muy difícil, y lo mismo el retorno de aquello
que les llega por mar. No deben ser, por tanto, jueces injustos de
lo que tratamos al presente, diciendo que no les toca a ellos nada;
antes deben saber que, si no se cuidan de los moradores de la costa
y los dejan sucumbir, el peligro y daño vendrá después sobre ellos.
Atiendan que la consulta presente se hace tanto por ellos como por los
otros, y por eso no deben ser perezosos ni negligentes para emprender
esta guerra, a fin de que después puedan tener paz. Porque si es de
hombres sabios y prudentes estar quietos y no moverse, si ninguno les
injuria, así también es de buenos y animosos, cuando son injuriados,
trocar la paz por la guerra, y después de bien hechas y provistas sus
cosas volver a la amistad y concordia, no ensoberbeciéndose con la
prosperidad de la victoria en la guerra, ni por codicia de paz y reposo
sufrir las injurias. Porque todo hombre que por amar el sosiego es
perezoso para vengarse, pronto se ve privado del deleite que toma en el
descanso; y asimismo el que a menudo provoca la guerra, ensoberbecido
con la prosperidad, suele desconocerse a sí mismo, con una crueldad
y ferocidad poco segura y menos cierta, porque no hace con razón lo
que es obligado a hacer; aunque muchas veces sucede salir bien de
las empresas locas y temerarias porque los enemigos son necios, mal
aconsejados en los que emprenden, y muchas empresas que parece se
acometen con saber y discreción salen mal porque no las ejecutamos
como las propusimos y determinamos. Siempre tenemos buena y cierta
esperanza de las cosas que emprendemos; pero, al ejecutarlas, muchas
veces faltamos por miedo o por temor en la obra.
»En lo que a nosotros toca, que en gran manera hemos sido injuriados
por los atenienses, comenzaremos la guerra con buena y justa querella
y con intención de vivir en paz y sosiego después que nos hayamos
vengado. De esta guerra debemos esperar la victoria por dos razones: la
primera, porque tenemos más número de gente y mejores soldados y más
experimentados en la lucha, y la segunda, porque estamos todos unidos
y resueltos a hacer todo aquello que nos manden. Si tienen más navíos
que nosotros, supliremos esta falta con nuestro dinero particular, que
cada cual dará en la cantidad que le corresponda, y con el que tiene
el templo de Delfos y el de Olimpia, que podemos tomar prestado para
atraernos con dádivas sus marineros y aun la gente de guerra, que son
extranjeros y tienen a sueldo, lo cual no ocurrirá a nosotros, porque
somos más poderosos en gente que en dinero.
»Si logramos una victoria naval, es de creer que queden perdidos, y
cuanto más tiempo nos resistieren tanto más los nuestros se harán a
las cosas de mar y se ejercitarán en ellas, porque son más animosos, y,
ejercitados, serán más fuertes, pues la osadía que los nuestros tienen
les es natural, y los contrarios no han de adquirirla por arte ni por
doctrina. Podemos muy bien con el ejercicio aprender la habilidad
que ellos tienen, y para este negocio hallaremos indudablemente el
dinero necesario. Puesto que sus aliados no rehúsan pagarles tributo
estando en su servidumbre y sujeción, nosotros no seremos tan ruines
que rehusemos contribuir con nuestros propios bienes para vengarnos
de nuestros enemigos y salvar nuestra libertad, que si ellos lograran
quitárnosla, nos tratarían peor que antes por causa de nuestros mismos
bienes.
»También tenemos más medios para hacer la guerra que ellos, porque
haremos tratos con sus aliados y tributarios y los rebelaremos,
haciéndoles así perder la ventaja que en renta nos llevan. Podremos
destruir la tierra de donde les viene el dinero y la renta, y otras
muchas ocasiones y medios nos vendrán de que al presente no nos
acordamos, que la guerra jamás se ejecuta conforme a los medios y
aprestos que se ven al principio, sino que ella misma hace venir otros
al pensamiento, según las cosas que acontecen. Y en este caso los que
tienen buen ánimo y buen corazón están más seguros que los tristes y
temerosos.
»Cada uno de nosotros debe pensar que si tuviese cuestión y diferencia
sobre límites con sus vecinos, y fuesen tan poderosos como él, en
manera alguna sufriría ser injuriado ni ultrajado. Pues si los
atenienses ahora son bastantes y poderosos contra todos nosotros
juntos, ¿cuánto más lo serán combatiéndonos uno a uno y a cada villa
por sí? Como lo harán de seguro si no ven que nos juntamos, y de común
acuerdo y voluntad les resistimos.
»Si por acaso nos venciesen (lo cual plegue a los dioses que jamás se
oiga), tenga cada cual por seguro que el mayor daño que nos vendría
sería perder nuestra libertad y caer en servidumbre, que es cosa
abominable de oír, mayormente en el Peloponeso. Pues ¿cuánto mayor
es ver ahora tantas y tan buenas y nombradas ciudades ser de hecho
sojuzgadas y maltratadas por una sola? En lo que claramente se ve,
o que somos perezosos y negligentes, o que por temor soportamos y
sufrimos cosas indignas, no pareciéndonos ni respondiendo a la virtud
y gloria de nuestros mayores, que libertaron a Grecia de servidumbre,
pues no somos bastantes para defender nuestra libertad, y sufrimos que
una sola ciudad nos tiranice.
»Cuando hay un solo tirano en una ciudad, procuramos expulsarle, y no
consideramos que sufriendo esto incurrimos en tres grandes vicios, es a
saber: en flojedad, cobardía e imprudencia. Ni tampoco vale nada para
excusarnos de estos tres vicios decir que queréis evitar la osadía
loca que a tantos ha sido dañosa, porque esta excusa, so color de la
cual muchos han sido engañados, cuando no es miedo suele llamársela
necedad.
»Pero ¿de que sirve a nuestro propósito reprender las cosas pasadas más
largamente que el tiempo presente lo requiere? Acudamos a las de ahora
y proveamos a las venideras. Y pues aprendimos de nuestros antepasados
a adquirir la virtud por trabajo y no empeorar las costumbres, si acaso
ahora les sobrepujáis algún tanto en riquezas y poder, tanta mayor
vergüenza será para vosotros perder con vuestras riquezas lo que ellos
con pobreza ganaron y adquirieron.
»Hay además de estas otras muchas razones y ocasiones que os deben
mover y animar a hacer la guerra. La primera el oráculo de Apolo
que os ha prometido seros favorable, y con este también tendréis en
vuestra ayuda todo el resto de Grecia, parte por miedo y parte por
su provecho. No receléis ser los primeros en quebrantar la paz y
alianza que tenemos con los atenienses, pues el dios que nos amonesta
a comenzar la guerra juzga haber sido primero quebrantada por ellos.
Más cierto es que pelearemos por mantener y amparar los tratos y
confederaciones que ellos han violado y roto, que los que se defienden
no son quebrantadores de la paz, sino aquellos que comienzan la guerra
y acometen primero.
»Por todas estas razones no ha de ser aciago sino muy provechoso
emprender esta guerra. Así lo comprendéis por lo que os decimos en
público para amonestaros y persuadiros de que es necesaria para el bien
común y el particular de cada uno. No queráis, pues, dilatar la defensa
de vuestra libertad, y particularmente el dar ayuda a los de Potidea,
que son dorios de nación y están ya sitiados y cercados por los jonios,
porque si nosotros disimulamos ahora, parecerá claramente que unos
de nosotros fueron injuriados y los otros se juntaron para tratar de
vengarse y después no se atrevieron.
»Por tanto, varones amigos y confederados nuestros, conociendo la
necesidad presente y que os aconsejamos lo mejor, determinad hacer esta
guerra y no os espantéis de las dificultades de ella, antes pensad el
bien que os vendrá de la larga paz que ha de seguirla. Porque de la
guerra nace la paz, y en el reposo y descanso no estamos seguros de que
no se pueda mover guerra.
»Considerad que si sujetamos por fuerza aquella ciudad de Grecia que
quiere usurpar la tiranía sobre todas las otras, de las que ya domina
algunas, y procura dominarlas, quedaremos en paz y seguridad, y
viviremos sin peligro, y daremos libertad a los griegos que ahora están
en servidumbre.»
Y con esto los corintios acabaron su razonamiento.