X.

Discurso del éforo Estenelaidas por el cual se determinó la guerra

contra los atenienses.

Con esto acabó Arquidamo su razonamiento, y después de hablar otros

muchos se levantó el último de todos Estenelaidas, uno de los éforos, y

habló a los lacedemonios de esta manera:

«Verdaderamente, varones lacedemonios, yo no puedo entender lo que

quieren decir los atenienses en las muchas y largas razones que

aquí han expuesto, pues no han hecho otra cosa sino alabarse y

engrandecerse, y publicar sus hazañas, sin dar excusa alguna de las

injurias y ultrajes que han hecho a nuestros amigos y aliados, y a toda

la tierra del Peloponeso. Pues si ellos fueron algún tiempo buenos

contra los medos como dicen, y ahora son malos con nosotros, dignos son

de doblada pena, porque de buenos se han vuelto malos. Por lo que a

nosotros toca, y también a aquellos que son como nosotros, ciertamente

somos ahora como fuimos entonces, y por esto, si somos cuerdos, no

debemos permitir que nuestros amigos y aliados sean los injuriados

ni ultrajados, sino aumentar su número, ayudarles y socorrerles sin

dilación alguna, pues tampoco la tienen los otros en hacerles mal y

daño. Y si los otros tienen más dinero, más barcos, y más caballos que

nosotros, nosotros tenemos buenos y esforzados amigos y compañeros,

y tales que no merecen ser desamparados y dejados en manos y poder

de los atenienses: ni esperemos a determinar sus causas y querellas

por pleitos ni por palabras, pues han sido injuriados por obras,

debiéndoles vengar pronto y con todas nuestras fuerzas. No es menester

que ninguno nos enseñe lo que debemos consultar y determinar en este

caso, pues nosotros somos los injuriados. Los que deben gastar tiempo

en largas consultas son quienes quieren injuriar y ultrajar a los

otros. Por tanto, varones lacedemonios, determinad por vuestros votos

como acostumbráis, y declarad la guerra a los atenienses según conviene

a la dignidad y reputación de vuestra tierra de Esparta: no dejando que

los atenienses crezcan y se hagan mayores en fuerzas, ni desamparando a

vuestros amigos y aliados: antes con la ayuda de los dioses tomemos las

armas y vayamos contra aquellos que nos han injuriado.»

Cuando Estenelaidas acabó su discurso, propuso la votación por ser

éforo al consejo de los lacedemonios, donde se acercaban los más, y

había más voces, porque la costumbre de los lacedemonios es votar

en alta voz. Siendo grande el clamor y vocear entre ellos por la

diversidad de pareceres, dijo que no podía entender a cual parte

se inclinaban las más voces y el mayor clamor. Y queriendo que más

claramente mostrasen su parecer, por animarles más a la guerra, habló

así:

«Los que de vosotros, lacedemonios, fueren de opinión y declararen que

las confederaciones han sido rotas, y que los atenienses nos han hecho

injuria, levántense, y pasen a aquella parte (mostrándoles con el dedo

un lugar señalado en el Senado); y los que fueren de contraria opinión,

pasen a la otra.»

Todos se levantaron y se repartieron en los dos lugares: y fueron

hallados muchos más en número los que eran de parecer que las

confederaciones y alianzas habían sido rotas y que debían declarar

la guerra, que los otros. Esto así hecho, los lacedemonios mandaron

llamar a los amigos y aliados, y dijéronles que eran de parecer que

los atenienses habían hecho la injuria, pero que querían también tener

el voto de todos los compañeros y aliados, para que de común acuerdo

y parecer de todos se hiciese la guerra. Y acabado esto, los aliados

y compañeros volvieron a sus casas para consultarlo con sus ciudades;

y lo mismo hicieron los embajadores de los atenienses, después que

tuvieron respuesta del Senado de aquello para que fueron enviados.

Este decreto del consejo de los lacedemonios, en que se determinó que

las alianzas y confederaciones habían sido rotas, fue hecho y publicado

el año catorce después de las treguas que se hicieron por treinta años,

acabada la guerra de Eubea. Impulsó a los lacedemonios a hacer este

decreto, no tanto el influjo de los aliados y compañeros, cuanto el

temor de que los atenienses creciesen en fuerzas y poder, viendo que la

mayor parte de Grecia estaba ya sujeta a ellos. Porque los atenienses

acrecentaron su poder de la manera siguiente:

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 15 / 90 题