Discurso y respuesta de los corintios al de los corcirenses pidiendo
al Senado de Atenas que prefieran su amistad y alianza a la de los de
Corcira.
«Varones atenienses, pues los corcirenses han hablado, no solamente de
sí mismos, persuadiéndoos que los recibáis en vuestra amistad, sino
también de nosotros, diciendo que injustamente, y sin causa comenzamos
la guerra: será necesario que ante todas cosas hagamos mención de lo
uno y de lo otro: y de esta manera vengamos a lo demás de nuestro
razonamiento, para que mejor entendáis nuestra demanda, y con razón
rehuséis los provechos que os ofrecen.
»Dicen que por usar de modestia, equidad y diligencia jamás han querido
admitir la compañía y alianza de nadie: lo cual ciertamente han hecho
por vicio y malicia, y no por virtud ni bondad; por no querer tener
compañero ni testigo de sus maldades, de quien siendo reprendidos
pudiesen tener vergüenza. El buen sitio de su ciudad que alegan para
vuestro provecho, antes les acusa de las injurias y ultrajes que hacen,
que no los somete a juicio de razón: porque ellos no salen navegando
a otras partes: y de necesidad han de robar a los que allí aportan de
otras tierras. Se glorian y honran de no haber querido hacer alianza
ni confederación con otro. No lo han hecho por no participar de las
injurias ajenas, sino a fin de poder ellos injuriar a otros a solas
sin tener quien se lo reprenda, y para donde quiera que prevaleciesen,
hacer fuerza y afrenta a los demás, como podrían aislada y ocultamente,
y de esta manera lograr más bienes y tener menos vergüenza de sus
bellaquerías secretas, que no si fueran de otros sabidas. Porque
si ellos son tan buenos como se nombran, cuanto menos culpables y
violentos son para sus prójimos, tanto más deberían mostrar su virtud
y bondad en dar y recibir solamente lo que es justicia y razón. No
es esto lo que han hecho con otros, ni con nosotros, porque siendo
nuestros pobladores, siempre se han apartado de nosotros hasta aquí:
y ahora nos hacen guerra diciendo que no los sacamos de nuestra
ciudad a ser pobladores en el lugar donde los enviamos para que los
maltratásemos; a lo cual respondemos, que tampoco los pusimos allí a
morar, para que recibiésemos de ellos injurias y agravios, sino para
ser sus superiores, y que nos honrasen y acatasen según razón y como
lo hacen las otras poblaciones, cuyos habitantes nos quieren y aman en
gran manera. De ello se deduce manifiestamente que si a todos los otros
somos agradables y apacibles, sin derecho y sin razón se desagradan y
descontentan estos solos de nosotros.
»No sin gran causa y razón, ni pequeñamente injuriados les movimos
guerra; y aun cuando en esto hubiéramos errado, fuera bien que dieran
lugar a nuestra ira y nos soportaran, y entonces a nosotros nos
fuera cosa torpe y fea si de igual modo no tuviéramos respeto a su
paciencia y modestia, para no hacerles fuerza ni injuria. Mas ahora
ensoberbecidos con las riquezas, además de otros muchos yerros y
delitos que contra nosotros han cometido, no quisieron venir a socorrer
la ciudad de Epidamno, que es de nuestro señorío, aunque la vieron
cercada y apretada de sus enemigos: antes cuando nosotros íbamos a
socorrerla la tomaron por fuerza y la tienen.
»En cuanto a lo que dicen que, antes de hacerlo, quisieron apelar a
juicio, nada vale su dicho, pues tanto significa, como si teniendo
alguno ocupada y detenida la hacienda de otro, quiere después litigar
en juicio, sin entregar primero lo usurpado, antes que se lo reclamen
por fuerza y contienda. Ellos no lo hicieron antes que pusiesen
cerco a la ciudad, sino después que entendieron que nosotros no
habíamos de descuidarnos en socorrerla. Entonces quisieron alegar su
derecho y vinieron aquí, no contentos con el mal que allí hicieron, a
requeriros que los queráis recibir por amigos y aliados, no tanto para
confederación y alianza de la guerra, cuanto para compañía y amparo de
las injurias y agravios que hacen siendo nuestros enemigos. Debieron
haber venido antes a esto, cuando estaban salvos y seguros, y no ahora
después que nos ven injuriados, y a ellos en peligro; y puesto que no
habéis tenido participación en sus violencias durante la paz, no debéis
darles ayuda ahora para meteros en guerra. Fuisteis libres de sus
yerros, no debéis cargar en parte con su culpa.
»A los que en el tiempo pasado ayudaron con sus fuerzas y poder, deben
ahora dar cuenta de sus casos y fortunas; pero vosotros que no fuisteis
participantes en sus delitos, menos lo debéis ser de aquí en adelante
en sus hechos.
»Ya os hemos declarado la justicia y equidad que usamos con estos al
principio, y las fuerzas y avaricia que para con nosotros tuvieron.
Ahora conviene mostraros, que por ninguna vía, ni razón los debéis
admitir a vuestra amistad. Porque si, como antes decimos, en los
tratados de confederaciones y paz, es lícito a cualquiera de las
ciudades, que no son firmantes, ni confederadas, unirse al bando
que quisieren, este contrato no se entiende que lo puedan hacer en
perjuicio de tercero: antes solamente se entiende de los que tienen
necesidad de la ayuda de otros, y la demandan, sin que aquellos a
quien la piden se aparten de la alianza y amistad de los otros sus
confederados: y no se refiere a los que en lugar de paz, traen guerra
contra los amigos de aquellos a quien demandan la tal ayuda, como
os ocurrirá, si no creéis nuestro consejo. Porque si decidís ayudar
y favorecer a estos, en lugar de amigos seréis nuestros enemigos,
obligándonos, si queréis estar con ellos, a ofenderos al tomar de
ellos venganza. Obraréis cuerdamente, y conforme a justicia y razón,
si no favorecéis a ninguno: y mucho mejor, si al contrario de lo
que estos piden sois de nuestro bando, y amigos y aliados de los
corintios contra estos corcirenses, que nunca tuvieron treguas firmes
con vosotros. No establezcáis nueva ley auxiliando a los rebeldes;
pues nosotros, cuando se os rebelaron los samios, fuimos de contrario
parecer de los peloponesios, que decían convenía socorrer a los
samios, y públicamente lo contradijimos, alegando que a ninguno
debía prohibírsele castigar a los suyos cuando errasen. Si recibís
y defendéis los malhechores, muchos de los vuestros se pasarán
diariamente a nosotros, y por este medio daréis ley que redunde antes
en vuestro daño que en el nuestro.
»Baste lo dicho para informaros de nuestro derecho conforme a las leyes
de Grecia. Lo que adelante diremos será como ruego, y para pedir y
demandar vuestra gracia. Nada os pedimos como enemigos para dañaros,
ni como amigos para usar mal de ello; antes decimos y afirmamos que
nos debéis al presente vuestra ayuda, porque antes de la guerra de los
medos, cuando la teníais con los eginetas, os socorrimos con veinte
naves grandes que necesitabais y recibisteis de los corintios. Y la
buena obra que entonces os hicimos; y también porque entonces, por
nuestra oposición, los peloponesios no quisieron ayudar a los samios,
vuestros contrarios, os procuró la victoria contra los eginetas, y la
venganza que tomasteis de los samios a vuestra voluntad. Esto hicimos
a tal tiempo, que los hombres por el gran deseo que tienen de vencer
a sus enemigos contra quien van, se descuidan de todo lo demás, y
tienen por amigo a cualquiera que les ayuda, aunque antes haya sido su
enemigo: y por enemigo a aquel que los contrasta, aunque primero fuese
su amigo, dejando de entender en sus cosas propias por la codicia que
tienen de vengarse. Recordando vosotros este servicio, y los mancebos
trayendo a la memoria lo que oyeron y supieron de los ancianos, razón
será que nos paguéis de igual modo. Y si alguno piensa que esto que
aquí decimos es justo, pero que habrá otra cosa más provechosa de
parte de los contrarios si hubiere guerra, este tal sepa que para su
bien y cuanto uno es más justo en cualquier hecho, tanto más provecho
se le sigue en adelante. Además que la guerra venidera, con que os
ponen temor los corcirenses para invitaros a ser injustos, está en
duda, y no es razón, que por miedo de guerra incierta, cobréis odio y
enemistad cierta de los corintios vuestros amigos. Si imagináis tener
guerra por la sospecha que hay de los de Mégara: tal imaginación por
vuestra prudencia y saber, antes la debéis disminuir que aumentar. Pues
cualquiera buena obra postrera, hecha en tiempo y sazón, por pequeña
que sea, es bastante para quitar y desatar toda la culpa primera,
aunque sea mayor.
»Ni tampoco muevan ni atraigan vuestros corazones por el ofrecimiento
que os hacen de grande armada de socorro; pues mayor seguridad es no
hacer injuria a los iguales, ni emprender cuestión contra ellos, que
no ensoberbecidos con la apariencia de presente, procurar adquirir
más de lo vuestro con el daño y peligro que os puede venir de ello en
adelante. Asimismo ahora nosotros que estamos en la misma adversidad
y fortuna que estábamos cuando pedimos la ayuda de los lacedemonios,
os pedimos y requerimos lo mismo que a ellos, esperando alcanzar de
vosotros lo mismo que de ellos alcanzamos, es a saber que sea lícito a
cada cual castigar a los suyos. Y que, pues, os ayudamos con nuestro
voto contra los vuestros, no nos queráis dañar con el vuestro contra
los nuestros, sino que nos paguéis en la misma moneda, sabiendo y
conociendo que estamos a tiempo de que quien ayudare será tenido por
muy grande amigo, y el que fuere contra nos, por mortal enemigo.
»En conclusión decimos que no queráis recibir estos corcirenses por
amigos y compañeros contra nuestra voluntad, ni socorrer a aquellos que
nos han injuriado. Y haciendo esto, cumplís vuestro deber, y ejecutáis
lo que conviene a vuestro provecho.»
Con esto acabaron los corintios su razonamiento.