III.

Discurso de los embajadores corcirenses al Senado de Atenas, para

pedirle ayuda y socorro.

«Justa cosa es, varones atenienses, que los que sin haber hecho algún

gran beneficio ni tenido alianza ni amistad provechosa, acuden a sus

vecinos para pedirles ayuda, como nosotros ahora venimos, primeramente

muestren y den a entender que su demanda es muy útil y provechosa para

aquellos mismos a quien la piden, o a lo menos no dañosa; y tras esto

que tengan siempre que agradecerles la merced que se les hiciere. Y si

ninguna cosa de estas no mostraren, manifiéstase a las claras que no

hay por qué se deban ensañar si no alcanzan lo que desean.

»Creyendo los corcirenses que podían firmemente mostraros y probaros

todo esto, nos enviaron a requerir vuestra amistad y compañía, sin

desconocer que nuestra errónea conducta anterior, viene ahora a ser

tan provechosa para vosotros cuanto para nosotros dañosa: porque no

habiendo querido hasta aquí ser amigos ni compañeros en guerra de

ningún otro pueblo, venimos ahora a rogaros por hallarnos solos y

desamparados en esta guerra contra los corintios. De donde se infiere

que si antes nos parecía prudencia y esfuerzo no querernos exponer a

peligro en compañía de otros, ahora nos parezca imprudencia y flaqueza.

Nosotros solos por mar vencimos la armada de los corintios; mas después

que con mayor copia de gente de guerra, que sacaron del Peloponeso y de

las otras tierras de Grecia, se mueven contra nosotros; viéndonos poco

poderosos para poderles resistir con solas nuestras fuerzas, y el gran

peligro que corremos si nos sometemos a ellos, de necesidad hemos de

demandar vuestra ayuda y la de todos los otros, siendo dignos de perdón

si al presente aprobamos lo contrario de aquello que antes dejamos de

hacer, no por malicia, sino por error. Pero si queréis escucharnos

con atención, esta amistad y alianza que por necesidad os demandamos

vendrá a seros muy provechosa por muchas razones. Lo primero, porque

dais ayuda a los que son injuriados y no a los que hacen injuria. Lo

segundo, porque socorriendo a los que están en gran peligro, empleáis

vuestras buenas obras, donde nunca jamás serán olvidadas. Además,

teniendo nosotros la mayor armada, después de la vuestra, que en este

tiempo se halla, considerad cuán tarde os podrá venir otra ocasión

tan buena como la que ahora tenéis entre manos para acabar vuestras

empresas próspera y dichosamente; y cuán tarde se os ofrecerá otra más

triste y desventurada para vuestros enemigos: que aquel poder nuestro

que en otro tiempo compraríais con mucho dinero y ruegos, al presente

se os da de grado sin costa ni peligro; juntamente con esto os trae

honra y gloria para con todos, os gana la amistad de aquellos que

favorecéis y defendéis, y aumenta vuestras fuerzas y poder. Lo cual

todo juntamente a pocos sucede en nuestros tiempos, y pocas veces se ha

visto que aquellos que vienen a pedir ayuda y socorro a otros ofrezcan

tanto de su parte como tienen para poderles dar aquellos a quien la

piden. Y si alguno piensa que no tendréis otra guerra más que esta, por

lo cual nosotros os podríamos traer poco provecho, este tal se engaña,

pues no es dudoso que los lacedemonios por el miedo que os tienen os

moverán guerra; y los corintios, que pueden mucho con ellos en amistad,

y son vuestros enemigos, se anticiparán a ganarnos por amigos para

poder después mejor acometeros, y para que por el odio que les tenemos,

también como vosotros, no nos podamos ayudar a veces, y ellos no yerren

en una de dos cosas: o en haceros mal a vosotros, o en fortalecerse a

sí mismos; por lo cual os conviene adelantaros, y recibiéndonos por

amigos y compañeros, pues por tales nos damos, prevenir sus asechanzas

y traiciones antes que ellos las prevengan. Y si por ventura alegan no

ser justo, que vosotros recibáis en amistad sus colonos y pobladores,

sepan que cualquier colonia es obligada a honrar y obedecer a su

metrópoli y principal, de quien ha recibido bien y honra; y si ha

recibido injuria, entonces apartarse y enajenarse de ella. Porque no se

sacan los vecinos a poblar de las ciudades metropolitanas a otras para

que sean siervos y esclavos de ellas, sino para que sean semejantes e

iguales a los que quedan. Que estos nos hayan injuriado, está claro y

manifiesto; pues siendo citados por nosotros a juicio sobre la ciudad

de Epidamno, quisieron antes tomar las armas que contender por derecho

y por justicia. Gran sospecha será para no dejaros engañar ver lo que

hacen contra nosotros sus deudos y parientes, para que de mejor gana os

apartéis de ellos, y os aliéis a nosotros como os lo rogamos; porque el

que no concede a sus enemigos cosa alguna de que se pueda arrepentir

después, vive seguro.

»Ni tampoco romperéis las confederaciones con los lacedemonios por

recibirnos en amistad, pues ni somos compañeros de los unos ni de los

otros, y en ellas se dice esto: _Si alguna de las ciudades de Grecia

no es de las compañeras y aliadas, le será lícito pasarse a la parte

que quisiere._ Ciertamente es cosa grave y fuera de razón que los

corintios puedan armar sus naves con vuestros amigos y confederados,

no solamente de las otras tierras de Grecia, pero también de vuestros

súbditos y vasallos, y vedaros la amistad y compañía que se os ofrece,

y el provecho que con ella recibiréis, y que os culpen, si nos otorgáis

lo que os demandamos, y os quieran impedir la amistad que se os ofrece

de grado, y buscar vuestro provecho donde quisiereis y pudiereis.

Gran motivo de queja tendríamos contra vosotros, si viéndonos ahora

en peligro y siendo vosotros amigos nos desdeñaseis; y a estos que

son vuestros enemigos, y os acometen, no los rechazaseis ni se os

diese nada que os tomen las fuerzas de vuestras tierras y señoríos, lo

cual no deberíais consentir, antes prohibir que ninguno de vuestros

súbditos llevase sus soldados, y enviarnos el socorro y ayuda que os

pareciese, como también recibirnos públicamente por amigos y aliados,

lo cual, como dijimos al principio, os proporcionará mucho provecho, y

el mayor de todos es que estos son vuestros enemigos (como está claro y

manifiesto) no débiles ni flacos, sino bastantes para hacer mal y daño

a los que se les rebelaren, y sabéis muy bien la diferencia que hay de

la amistad y alianza que de nuestra parte se os ofrece por ser hombres

expertos en la mar, como somos, a la de los contrarios que son de

tierra firme y llana, y nunca experimentados en aquella. Ofreciéndoos

nuestra armada, no como la de Epiro, sino tal que no hay otra

semejante, podéis, si os conviene, no permitir que otro alguno tenga

naves de guerra, y si no, a lo menos, tomar por amigos y compañeros

aquellos que son más fuertes y poderosos.

»Parecerale a alguno que nuestro consejo es útil y provechoso, pero

temerá y sospechará, que si lo sigue romperá la paz y confederación

con los amigos, este tal sepa, que vale más, para poner temor a los

contrarios, no confiarse mucho en la confederación y alianza de otros,

antes procurar el aumento de su poder, que no confiados de aquella,

dejarnos de recibir por compañeros y aliados, y quedar por esta vía más

flacos y débiles contra vuestros enemigos, que fuertes y poderosos. Los

corintios, si nos vencen, quedarán seguros, y os tendrán menos temor

y miedo que antes. No se trata, pues, solamente del bien y provecho

de los de Corcira, sino también de los de Atenas, considerando que

esta guerra es prefacio de la que para el tiempo venidero se prepara.

Por ello no debéis de dudar de recibirnos en vuestra amistad, pues

veis lo que os importa tener esta nuestra ciudad por amiga o enemiga,

considerando la situación de Corcira, de tanta importancia, por estar

situada entre Italia y Sicilia, de suerte, que ni desde Italia, si

quieren, pueden dejar venir armada al Peloponeso, ni del Peloponeso

para Italia, ni para otra parte. Y desde ella pueden seguramente pasar

a un cabo y a otro según quieran, además de otros muchos bienes y

provechos, que os pueden producir nuestra amistad. Finalmente, por

abreviar nuestro discurso, y concluir, para que sepáis que no debéis

rehusar nuestra compañía, debéis considerar que hay tres armadas

aparejadas muy poderosas; la una es nuestra; la otra vuestra; y la otra

de los de Corinto. Pues si menospreciáis y tenéis en poco cualquiera

de estas tres, si las dos armadas se juntan en una, y los corintios

nos toman por amigos, forzosamente habréis de tener guerra contra dos

partes, a saber: contra los corcirenses y los peloponesios. Pero si nos

recibís en vuestra compañía, tendréis más naves con las nuestras para

poder pelear contra vuestros enemigos.»

Esto fue lo que dijeron los corcirenses. Y luego tras ellos los

corintios hicieron el razonamiento siguiente:

Historia de la guerra del Peloponeso (1 de 2) · 第 8 / 90 题