1. Pedro Onofre Cortés de Guillermo, alias Moxina de oficio cobrador de

deudas, natural y vecino de esta Ciudad, de edad de cincuenta y cinco

años, reconciliado y preso segunda vez por judaizante relapso. Salió al

Auto con coroza, capotillo, pintadas algunas llamas y sabandijas en uno

y otra, una Cruz verde en las manos. Este aunque en la cárcel

convencido, estuvo confeso y arrepentido; intimada la muerte, se declaró

pertinaz y así llevaba mordaza en la boca, hasta que poco después que se

le leyó la sentencia en el Auto, se redujo y convirtió con

demostraciones de arrepentimiento verdadero, así aunque se le había

leído la sentencia como a relapso pertinaz, no se ejecutó en él sinó la

común de relajado al brazo seglar, muriendo como los otros a las vueltas

de un garrote y después incinerizados y confiscados sus bienes, por

hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto y confeso.

2. Miguel Valls de Campos negociante de oficio, natural de esta Ciudad

residente en Ciudadela de Menorca, de edad de treinta y nueve años

reconciliado y preso segunda vez, por crímen de judaismo relapso. Salió

desde la Inquisición con las mismas insignias que el pasado, mordaza,

coroza y capotillo de llamas y Cruz verde en las manos; pero estando ya

en la Iglesia antes de oir su sentencia abrió los ojos, para abjurar sus

errores con clarísimas señales de bien convertido y mucho consuelo de

los católicos: leyósele su sentencia con méritos y fue relajado a la

justicia y brazo seglar con confiscación de bienes por hereje, apóstata,

judaizante, relapso y confeso.

3. Francisca Cortés, mujer de Onofre Aguiló, de Onofre, negociante de

oficio; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta y ocho

años, reconciliada y presa segunda vez por judaizante, relapsa. Salió

(como todos los que se siguen en este Auto) con coroza, Cruz verde y

capotillo de llamas: leyósele su sentencia con méritos y fue relajada a

la Justicia y brazo seglar con confiscación de bienes por hereje,

apóstata, judaizante, relapsa, convicta y confesa.

4. Catalina Pomar, viuda de Rafael Martí menor, alias del arpa, de

oficio botiguero; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de setenta y

un años: reconciliada y presa segunda vez por judaizante, relapsa:

leyósele su sentencia con méritos y fue relajada al brazo seglar con

confiscación de bienes por hereje, apóstata, judaizante, relapsa,

convicta, impenitente negativa.

5. Isabel Cortés, viuda de Rafael José Cortés, de oficio botiguero;

alias la Moyaneta, natural y vecina de esta Ciudad, de edad de cincuenta

y cinco años: reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa:

leyósele su sentencia con méritos y fue relajada a la Justicia y brazo

seglar con confiscación de bienes por hereje, apóstata, judaizante,

relapsa, convicta y confesa.

6. Catalina Bonnin, mujer de Rafael Aguiló Pomar, alias Xorento, de

oficio negociante; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de treinta y

seis años, reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa:

leyósele su sentencia con méritos y fue relajada a la Justicia y brazo

seglar, con confiscación de bienes por hereje, apóstata, judaizante

relapsa, convicta y confesa.

7. Mariana Cortés y Moyá, viuda de Agustín Cortés mayor, botiguero de

oficio; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de cincuenta y nueve

años; reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa: leyósele

su sentencia con méritos y fue relajada al brazo seglar con confiscación

de bienes, por hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta y

confesa.

8. Teresa Cortés, viuda de Onofre Aguiló de Pedro, botiguero de oficio;

natural y vecina de esta Ciudad de edad de cincuenta y cinco años,

reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa: leyósele su

sentencia con méritos y fue relajada al brazo seglar, con confiscación

de bienes por hereje, apóstata, judaizante relapsa, convicta,

impenitente negativa.

9. Isabel Martí, mujer de Juan Bautista Martí, alias Verdet: natural y

vecina de esta Ciudad de edad de cuarenta años, reconciliada y presa

segunda vez por judaizante relapsa: leyósele su sentencia con méritos y

fue relajada a la Justicia seglar, con confiscación de bienes, por

hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta y confesa.

10. Rafael José Cortés de Agustín, alias filoa, negociante de oficio,

natural y vecino de esta Ciudad, de edad de sesenta años; reconciliado y

preso segunda vez por judaizante relapso: leyósele su sentencia con

méritos, fue relajado al brazo seglar con confiscación de bienes, por

hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto, impenitente negativo.

11. Ana Martí, viuda de Agustín Salvador Cortés, negociante; natural y

vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta y nueve años: reconciliada y

presa segunda vez por judaizante relapsa: leída su sentencia con

méritos, fue relajada al brazo seglar, con confiscación de bienes, por

hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta, impenitente negativa.

12. Rafael Crespí Cortés, alias vila, platero, natural y vecino de esta

Ciudad, de edad de cuarenta y tres años, reconciliado por la Inquisición

de Corte en el Auto, que allí se hizo el año 80, preso segunda vez por

ésta por judaizante relapso: leída su sentencia con méritos, fue

relajado al brazo seglar con confiscación de bienes, por hereje,

apóstata, judaizante, relapso, convicto, impenitente negativo.

13. Onofre Cortés de Agustín, soltero, negociante de oficio, natural y

vecino de esta Ciudad, de edad de treinta y un años; reconciliado, preso

segunda vez: leyósele su sentencia con méritos y fue relajado al brazo

seglar, con confiscación de sus bienes, por hereje, apóstata,

judaizante, relapso, convicto y confeso.

14. María Forteza, viuda de José Cortés, botiguero; natural y vecina de

esta Ciudad, de edad de cincuenta años; reconciliada y presa segunda vez

por judaizante, relapsa: leída su sentencia, fue relajada al brazo

seglar, con confiscación de bienes, por hereje, apóstata, judaizante,

relapsa, convicta y confesa.

15. Isabel Cortés, mujer de Miguel Alejos Cortés, negociante; natural y

vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta años; reconciliada y presa

segunda vez por judaizante relapsa: leída su sentencia con méritos, fue

relajada a la Justicia seglar, con confiscación de bienes por hereje,

apóstata, judaizante, relapsa, convicta y confesa.

16. Isabel Bonnin, mujer de Rafael Valls mayor, jabonero de oficio;

natural y vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta y tres años,

reconciliada, presa segunda vez por judaizante relapsa: leída su

sentencia con méritos, fue relajada a la Justicia seglar, con

confiscación de bienes, por hereje, apóstata, judaizante, relapsa,

convicta, confesa.

17. Francisca Forteza, viuda de Jerónimo Terongí, botiguero; natural y

vecina de esta Ciudad, de edad de treinta y nueve años, reconciliada y

presa segunda vez, por judaizante, relapsa: leída su sentencia con

méritos, fue relajada al brazo seglar, con confiscación de bienes, por

hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta.

18. Rafael Agustín Pomar, alias Xotento, negociante de oficio, natural

y vecino de esta Ciudad, de edad de treinta y nueve años reconciliado y

preso segunda vez por judaizante relapso: leída su sentencia, con

méritos, fue relajado al brazo seglar, con confiscación de bienes por

hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto y confeso.

19. Melchor José Forteza, alias menjús, botiguero de oficio, natural y

vecino de esta Ciudad, de edad de treinta y seis años; reconciliado y

preso segunda vez por judaizante relapso: leída su sentencia con

méritos, fue relajado al brazo seglar, con confiscación de bienes, por

hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto y confeso.

20. Francisca Cortés, mujer de Gabriel Cortés de Agustín, alias capalt,

negociante; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de sesenta y tres

años; reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa: leída su

sentencia con méritos, fue relajada a la Justicia seglar, con

confiscación de bienes por hereje, apóstata, judaizante, relapsa,

convicta y confesa.

21. Violante Martí, viuda de Onofre Cortés, de oficio botiguero; natural

y vecina de esta Ciudad, de edad de sesenta y un años, reconciliada y

presa segunda vez por judaizante relapsa: leída su sentencia con

méritos, fue relajada a la Justicia y brazo seglar con confiscación de

bienes, por hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta y confesa.

AUTO TERCERO DE FE

CELEBRADO EN

MALLORCA A 6 DE MAYO

1691.

Echas las mismas diligencias, preámbulas al Auto pasado, para el que se

había de hacer a 6 de Mayo el viernes a las cuatro por la tarde, los dos

Muy Ilustres Señores Inquisidores Apostólicos, con asistencia del

Secretario Jaime Fábregas, corrieron los encierros y notificaron con la

misma solemnidad a catorce Reos, que habían de morir el Domingo

siguiente a seis; dejándoles encargados, para que les dispusieran, a

tres o cuatro Sacerdotes, que se aplicaron con celo a la salvación de

sus almas. Corrieron en lo demás las cosas como en el otro Auto, siendo

en éste solo catorce los relajados en persona y otros siete en estátua o

en sus huesos. Añadióse a la celebridad del auditorio en la Iglesia, al

lado del Ilustrísimo Señor Virrey, la benigna y grata asistencia del

Excelentísimo Señor Marqués de Leganés, que hallándose aquí de paso para

el gobierno de Milán se dignó autorizar el Auto en lo más lucido de su

nobilísima comitiva. Predicó este día el Sermón, muy igual a su

espíritu, eficacia y doctrina el Reverendísimo Padre Fray Antonio

Barceló, Calificador del Santo Oficio, Examinador Sinodal y Provincial

de San Francisco de Asís, en la Provincia, que tiene su Religión en

estas Islas.

Digamos ahora lo singular de los Reos, en quien se quiso manifestar

ostentosamente triunfante, no menos la misericordia, que la Justicia

Divina. La misericordia se lució en las clarísimas señas de

predestinación, que hizo sobresalir en los once Reos, singularmente en

las mujeres y con revelancia en Beatríz Cortés, mujer de Melchor José

Forteza, que logró con dichosa piedad su notable caudal, en el

sacrificio de sus buenas prendas y vida en lo mejor de su edad: en

Isabel Aguiló, mujer de Pedro Juan Aguiló. Causaba lágrimas de consuelo

el oirle a ésta con tanto agrado, devoción y dulzura sacrificar a

JESUCRISTO su juventud, sus prendas, sus hijos y su vida: protestando,

que sentía en el alma no poderla perder mil veces, en desagravio de las

ofensas, que reconocía haber hecho a su Redentor, cuyo perdón esperaba,

por los méritos de su sangre y por la intercesión del amparo de

pecadores MARIA, cuyo tierno amor, decía, que nunca había podido

arrancar de su corazón. Adoraba con devota piedad su Rosario y una

medalla de indulgencia para aquella hora, que le dí: llegando a la

Iglesia, se volvió de suyo a uno y otro lado de las Señoras, entre

quienes pasaba, pidiéndoles por amor de Dios una AVE MARIA: y en fin

entre heróicos actos de las más necesarias virtudes, continuó su camino

hasta quedar muerta en el palo, si así lo puede decir la piedad, como un

Angel. Fué tan notable la compasión, que se mereció con muchos, que la

generosa piedad del Excelentísimo Señor Marqués de Leganés, no pudo

dejar de probar la mano, interponiendo su autoridad con recaudo a los

Señores Inquisidores, para que, si fuese posible, se le perdonara la

vida. Y soy testigo, porque fuí mandado a volver la respuesta, de las

veras con que lo tomó su Excelencia y las muchas, fuertes y vivas

razones, que le hizo motivar su noble piedad y soberana dirección para

replicar a la respuesta, que fue precisa, de que era ya del todo

imposible por los altos y grandes motivos, que no dejaba de conocer su

gran comprensión de su Excelencia.

Por otra parte no se hizo menos venerar la equidad de la Justicia Divina

y lo oculto de sus siempre, adorables juicios, en lo mucho, que quiso

justificar su causa en la condenación de los tres Reos últimos en la

lista de los relajados en persona. Lo primero (ya que nadie querrá creer

lo contrario, de la gran piedad de tan Santo Tribunal) quien duda, que

habiendo estado como ellos propios dijeron, siempre pertinaces, oiríamos

muchas veces algunos Calificadores, las Impertinentes necedades de sus

errores, fundados más en su tema de tomar a la letra, la de algunos mal

sabidos textos en romance, que no en la razonable inteligencia de ella

misma. Pero qué se había de entender de Escritura Sagrada un Jabonero o

un negociante en cintillas? Convéncelo la razón, cuando no la autoridad

del Apóstol San Pedro, donde acuerda por indubitable a toda buena ley de

razón, que las Profecías de la Escritura no se entienden por propia

interpretación o capricho; porque no son hijas de la voluntad del

hombre, sinó de la inspiración de Dios y así solo con ella se puede

alcanzar su inteligencia. _Hoc primum intelligentes, quod omnis

Prophetia scripturæ propria interpretatione non sit. Non enim voluntate

humaná adlata est aliquando Prophetia; sed Spiritu Sancto inspirati

locuti sunt Sancti Dei homines._ Epist. 2. cap. 1. Y a la verdad quien

le quita a la letra el espíritu, le quita el alma y la vida: pues ella

muerta, que puede hacer sinó matar: _Littera occidit: Spiritus autem

vivificat_. 2. cor. 3. 6. Claro está que los concluiríamos mil veces y

redargüiríamos con evidencia, pero de que sirve todo con la obstinación

arrestada: si concedida la mayor y la menor, sabe ella negar la

consecuencia o con una risa falsa y proterva o con decir, que aquello

era más sutileza y sofistería del ingenio, que solidez de la verdad. No

hay cosa más pesada a un ingenio, que haber de argüir con quien afecta

negarse a los principios de la evidencia mayor.

Era Rafael Valls un hombre de buen caudal, pero de durísimo juicio:

quien por ganar el crédito de Rabino y oráculo entre todos, se había

revestido de la Secta de los Estóicos Cínicos con apariencia de algunas

virtudes morales, como templanza, moderación, equidad en los tratos y

una insensibilidad tan afectada, que apenas dejaba rastrear lo interior.

Mas nunca pudo encubrir bien la rabia, ni la soberbia, con que se

resistía a la luz de Dios y le precipitó a la fatalidad de su fin. Estoy

para decir, que aunque murió Judío, no fue por serlo del todo de

entendimiento, ni aún por quererlo de veras ser, sinó por quererlo

parecer. Rastreóse que le entró el Diablo, con que habiendo él sido su

principal ministro y ocasión de la infamia, delitos y muerte de tantos,

no cumplía con su punto, si se desdecía de su error o no moría pertinaz.

Muéveme a esto, el que no parece posible, que tantos argumentos, que no

solo convencían al Reverendísimo Padre Fray Rafael Riutort Provincial de

los Mínimos, Calificador del Santo Oficio y Lector Jubilado; al Padre

Presentado Fray Vicente Pellicer de Santo Domingo, al P. Jaime Custurer,

Lector de Filosofía en este Colegio de Montesión de la Compañía de

JESUS, a cuantos le asistíamos, sinó aún a los Doctores mayores de la

Iglesia, cuyos eran los argumentos. Convenciendo, pues digo a tantos

ingenios, parece imposible, a él no solo no le convencieran, pero ni aún

le hicieran duda, como varias veces me respondió o por decirlo mejor, me

mintió. Sea lo que fuere ello, se trabajó con él incesantemente, días y

noches, con todo género de argumentos, razones y medios, no quedándole

que poder alegar en su defensa, en el juicio de Dios, como lo decíamos,

mas todo lo frustró su pertinacia y la equidad de la Justicia Divina que

prevista aquélla, le destinó como a otro Judas para víctima sangrienta

de su justísimo desagravio.

Casi lo mismo les pasó al Reverendísimo Padre Fray Pedro Juan Nicolau,

Lector Jubilado en Teología, Calificador del Santo Oficio y

Ex-Provincial de esta doctísima Provincia de los Mínimos: Al Padre

Sebastián Sabater Ex-Catedrático de Teología en este Colegio de

Montesión, Calificador del Santo Oficio y Rector del otro Colegio de San

Martín, que tiene en esta Ciudad la Compañía: Al Reverendo Padre Fray

Agustín Papía Lector de Teología en su Religión de Santo Domingo y al

Reverendo Padre Fray Pedro Aliaga, Predicador Capuchino y Maestro de

Novicios en su Convento de Tarazona, destinados del Tribunal para

asistir al otro pertinaz, llamado Rafael Benito Terongí. Era este mozo,

gran discípulo y jurado secuaz de Rafael Valls, a cuya autoridad apelaba

en cuanto decía, defiriendo tanto a sus dichos, como pudiera a Moisés o

a Jeremías y en hallándose atacado sin salida, que era bien de

ordinario, respondía, que no había estudiado; pero que Valls satisfaría

por él. Habíale bebido tanto el espíritu de soberbia, que casi le tenía

doblado y siendo aún más ignorante, nada le cedía en pertinacia, solo no

le sabía imitar en lo Estóico, manifestando en todo el camino del

brasero en lo de fuera la rabia y el despecho en que le ardía el

corazón: siendo un mismo principio interior causa en el discípulo de un

exterior despechado y furioso y en el maestro de una profundísima

melancolía, aunque afectada en sosiego; pero cada uno a su modo

representaba al vivo un condenado.

Este era hermano de Catalina Terongí, que murió también pertinaz, sin

más porque aun aparente, que su propia rabia y furor, pues preguntando

yo que en qué creía, o en qué se apartaba de la fé católica, o en qué

consistía ser judía, dijo, que solo sabía que era judía y que lo quería

ser. Había estado hasta la notificación de la muerte como arrepentida,

mas luego se le revistió o se le descubrió el Demonio que abrigaba en el

corazón, sin que pudiese valer algo lo mucho que hicieron con ella para

reducirla cuantos probaron la mano ni la continua asistencia del Doctor

Onofre Morrellas, Rector de la Parroquia de San Nicolás, Párroco suyo;

del Reverendo Padre Fray Salvador Fornari, Lector que fue de Teología de

la Orden de Santo Domingo y del Padre Pedro Bolós, de la Compañía de

JESUS, cuyo celo y piedad no perdió ocasión ni omitió medio que pudiese

conducir para salvarla. Estos dos hermanos lo eran de Francisco José

Terongí y de Guillermo Tomás Terongí, que, ausentes fugitivos, fueron

también relajados y quemados en estátua por relapsos, convictos y

contumaces impenitentes. Mas para que se adoren los secretos de la

providencia Divina, las otras dos hermanas de estos cuatro, Isabel

Terongí, mujer de Agustín Cortés y Margarita Terongí, Doncella, aunque

permitidas caer en igual culpa fueron asistidas de la gracia para

levantarse, convertirse a la fé y perseverar en ella hasta la fin como

de las muestras puede piadosamente creerse. De manera que de seis

hermanos (lastrosa familia!) que salieron en este Auto, los dos murieron

abrasados vivos para arder para siempre en el infierno; los otros dos en

estátua para agüero de su eterna perdición si no se enmiendan y las

otras dos murieron arrepentidas y con esperanzas de Cielo. He ahí lo de

Cristo: _Unus assumetur & alius relinquetur_ Luc. 17. 35.

San Bernardo hablando de ciertos herejes castigados como pertinaces,

escribe: _Mori magis eligunt quan converti: sed horum finis, interitus:

horum novíssima, incendium: mirabantur aliqui quod non modo patienter,

sed laeti, ut videbatur, duceren tur ad mortem: sed qui minús advertunt,

quanta sit potestas Diaboli, non modo in corpora hominum, sed etiam in

corda quae semel permissus possedit._ Serm. 76 in Cantica. Que más

querían morir que convertirse, cuyo paradero es la muerte, cuyas

postrimerías el fuego. Y contrayéndose aun más a nuestro caso, prosigue;

admirábanse algunos de verles ir a la muerte, no solo pacientes sino,

según parecía, alegres. Pero admirábanse, dice, los que no advierten

cuanto es el poder del Diablo, no solo sobre los cuerpos de los hombres,

pero aun sobre sus corazones cuando se le permite entregarse de ellos.

Tanto es más, añade, que obligara el Demonio a Judas a entregar a su

Maestro según aquello _Cum Diabolus iam misisset in cort, ut traderet

cum_ Joan 13. 2. Que llevarle desesperado a prenderse de un tronco,

echarse de él y matarse; cuanto va del alma al cuerpo y cuanto es más

absoluto el dominio del albedrío humano sobre las potencias del alma,

que sobre las operaciones del cuerpo. Pues qué hay que extrañar que el

Demonio que pudo moverles a estos tres míseros a tan execrables

atrocidades queriendo ellos les moviera a un exterior furibundo,

protervo, desesperado, que se mostrase despreciador de las llamas. O

cuan con diferente serenidad de rostro, hijo de la paz y gozo del

corazón, vió Roma tal día como éste entrar al apóstol San Juan en la

tina de óleo hirviendo; de aquella con que miraba Mallorca, que se

acercaban al brasero los tres pertinaces a pesar de su mentida

afectación? Córrome de tan soberano cortejo. Ni es menester ir tan

lejos; a los ojos tuvimos la diferencia, aun de los menos advertidos,

reparable entre los reducidos y los pertinaces. Estos iban formidable

el semblante; horrorosos, inquietos, perturbados y vomitando furias los

ojos y en todo su aspecto tan endemoniados que al pasar se oía por las

calles frecuentemente: JESUS; qué cara de condenado! Ni hay que

extrañarlo, pues un tal huésped, hecho tan dueño del alma, cómo no había

de tener todo alborotos la casa? Lo contrario se hacía admirar en los

conversos, redundando según se puede presumir, la paz y gracia del alma,

en la gracia, compostura, serenidad, animosidad y consuelo del cuerpo,

índice de la resignación, reconocimiento y esperanzas de Cielo que

llevaban.

Y es menester confesar que dista mucho el furor de la constancia, como

del valor la rabia. Aun allá decía el bilbilitano que es manifiesto

furor matarse por no morir: _Crede mihi furor est, ne moriare mori_. Mal

puede ser capaz del verdadero valor un bruto y vemos tiene furor un

venenoso alacrán, para hincarle la punta de su extremidad y morir de su

rabia por no morir de la muerte, que le quiere dar quien le tiene

forzado a morir. El despecho y la desesperación furiosa pinta menos

horrorosa la muerte a mano propia que a la agena: y así más cobardía es

no poderse sufrir miserable bajo el brazo de quien aborrece que saberse

vencer en mirarse y sufrirse vencido, según el otro. _Ille sapit veré

qui miser esse potest._ Por donde en las historias, más mujeres se

encuentran que se mataron desesperadas, que no hombres: sin que por eso

nadie las alabe de valientes, o las deje de abominar por furiosas, con

que no viene a ser más que una vil cobardía, lo que a la necedad

parecía valor, como discurrí largamente en otro escrito _Olimpo Máxima_

9. Dígase la verdad, que como los reducidos recibieron con ojos serenos

la soga y se sentaron en el palo con ánimo sosegado, así al contrario

estos impenitentes al ver de cerca la llama comenzaron a mostrar su

furor, forcejando a toda rabia por desprenderse de la argolla, lo que al

fin consiguió el Terongí, aunque, ya sin poderse tener, cayó de lado

sobre el mismo fuego que huía. Y su hermana Catalina que antes se había

jactado de que había de arrojarse al incendio, al lamerle las llamas

gritó repetidas veces que la sacaran de allí, aunque siempre pertinaz en

no querer invocar a JESUS. Ni le bastó al Valls la estoica

insensibilidad afectada, (que va mucho de hablar a obrar y donde llega

fácil la lengua, no acompaña siempre el corazón). Mientras llegó solo el

humo, era una estátua; en llegando la llama, se defendió, se cubrió y

forcejó como pudo y hasta que no pudo más. Estaba gordo, como un

lechonazo de cría y encendióse en lo interior de manera, que aun cuando

no llegaban las llamas, ardían sus carnes como un tizón y rebentando por

medio se le cayeron las entrañas como a Judas. _Crepuit medius & difusa

sunt omnia viscera eius._ Actuun 1. 18.

REOS RELAJADOS EN PERSONA, O EN ESTATUA,

que salieron en el tercer Auto del día 6

de Mayo de 1691.

RELAJADOS EN PERSONA

1. Miguel Martí del Arpa, negociante de oficio, natural y vecino de esta

Ciudad, de edad de cincuenta años, reconciliado y preso segunda vez por

judaizante relapso. Estando con insignias de relajado; coroza, Capotillo

con llamas y Cruz verde en las manos (traje en que salieron todos los

que se siguen en este Auto): leyósele su sentencia con méritos y fue

relajado a la Justicia y brazo seglar con confiscación de bienes por

hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto y confeso.

La fee triunfante en quatro autos Celebrados en Mallorca por el Santo Oficio de la Inquisición en que han salido ochenta y ocho reos, y de treinta y siete relajados sólo hubo tres pertinaces. · 第 3 / 11 段