deudas, natural y vecino de esta Ciudad, de edad de cincuenta y cinco
años, reconciliado y preso segunda vez por judaizante relapso. Salió al
Auto con coroza, capotillo, pintadas algunas llamas y sabandijas en uno
y otra, una Cruz verde en las manos. Este aunque en la cárcel
convencido, estuvo confeso y arrepentido; intimada la muerte, se declaró
pertinaz y así llevaba mordaza en la boca, hasta que poco después que se
le leyó la sentencia en el Auto, se redujo y convirtió con
demostraciones de arrepentimiento verdadero, así aunque se le había
leído la sentencia como a relapso pertinaz, no se ejecutó en él sinó la
común de relajado al brazo seglar, muriendo como los otros a las vueltas
de un garrote y después incinerizados y confiscados sus bienes, por
hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto y confeso.
2. Miguel Valls de Campos negociante de oficio, natural de esta Ciudad
residente en Ciudadela de Menorca, de edad de treinta y nueve años
reconciliado y preso segunda vez, por crímen de judaismo relapso. Salió
desde la Inquisición con las mismas insignias que el pasado, mordaza,
coroza y capotillo de llamas y Cruz verde en las manos; pero estando ya
en la Iglesia antes de oir su sentencia abrió los ojos, para abjurar sus
errores con clarísimas señales de bien convertido y mucho consuelo de
los católicos: leyósele su sentencia con méritos y fue relajado a la
justicia y brazo seglar con confiscación de bienes por hereje, apóstata,
judaizante, relapso y confeso.
3. Francisca Cortés, mujer de Onofre Aguiló, de Onofre, negociante de
oficio; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta y ocho
años, reconciliada y presa segunda vez por judaizante, relapsa. Salió
(como todos los que se siguen en este Auto) con coroza, Cruz verde y
capotillo de llamas: leyósele su sentencia con méritos y fue relajada a
la Justicia y brazo seglar con confiscación de bienes por hereje,
apóstata, judaizante, relapsa, convicta y confesa.
4. Catalina Pomar, viuda de Rafael Martí menor, alias del arpa, de
oficio botiguero; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de setenta y
un años: reconciliada y presa segunda vez por judaizante, relapsa:
leyósele su sentencia con méritos y fue relajada al brazo seglar con
confiscación de bienes por hereje, apóstata, judaizante, relapsa,
convicta, impenitente negativa.
5. Isabel Cortés, viuda de Rafael José Cortés, de oficio botiguero;
alias la Moyaneta, natural y vecina de esta Ciudad, de edad de cincuenta
y cinco años: reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa:
leyósele su sentencia con méritos y fue relajada a la Justicia y brazo
seglar con confiscación de bienes por hereje, apóstata, judaizante,
relapsa, convicta y confesa.
6. Catalina Bonnin, mujer de Rafael Aguiló Pomar, alias Xorento, de
oficio negociante; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de treinta y
seis años, reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa:
leyósele su sentencia con méritos y fue relajada a la Justicia y brazo
seglar, con confiscación de bienes por hereje, apóstata, judaizante
relapsa, convicta y confesa.
7. Mariana Cortés y Moyá, viuda de Agustín Cortés mayor, botiguero de
oficio; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de cincuenta y nueve
años; reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa: leyósele
su sentencia con méritos y fue relajada al brazo seglar con confiscación
de bienes, por hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta y
confesa.
8. Teresa Cortés, viuda de Onofre Aguiló de Pedro, botiguero de oficio;
natural y vecina de esta Ciudad de edad de cincuenta y cinco años,
reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa: leyósele su
sentencia con méritos y fue relajada al brazo seglar, con confiscación
de bienes por hereje, apóstata, judaizante relapsa, convicta,
impenitente negativa.
9. Isabel Martí, mujer de Juan Bautista Martí, alias Verdet: natural y
vecina de esta Ciudad de edad de cuarenta años, reconciliada y presa
segunda vez por judaizante relapsa: leyósele su sentencia con méritos y
fue relajada a la Justicia seglar, con confiscación de bienes, por
hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta y confesa.
10. Rafael José Cortés de Agustín, alias filoa, negociante de oficio,
natural y vecino de esta Ciudad, de edad de sesenta años; reconciliado y
preso segunda vez por judaizante relapso: leyósele su sentencia con
méritos, fue relajado al brazo seglar con confiscación de bienes, por
hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto, impenitente negativo.
11. Ana Martí, viuda de Agustín Salvador Cortés, negociante; natural y
vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta y nueve años: reconciliada y
presa segunda vez por judaizante relapsa: leída su sentencia con
méritos, fue relajada al brazo seglar, con confiscación de bienes, por
hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta, impenitente negativa.
12. Rafael Crespí Cortés, alias vila, platero, natural y vecino de esta
Ciudad, de edad de cuarenta y tres años, reconciliado por la Inquisición
de Corte en el Auto, que allí se hizo el año 80, preso segunda vez por
ésta por judaizante relapso: leída su sentencia con méritos, fue
relajado al brazo seglar con confiscación de bienes, por hereje,
apóstata, judaizante, relapso, convicto, impenitente negativo.
13. Onofre Cortés de Agustín, soltero, negociante de oficio, natural y
vecino de esta Ciudad, de edad de treinta y un años; reconciliado, preso
segunda vez: leyósele su sentencia con méritos y fue relajado al brazo
seglar, con confiscación de sus bienes, por hereje, apóstata,
judaizante, relapso, convicto y confeso.
14. María Forteza, viuda de José Cortés, botiguero; natural y vecina de
esta Ciudad, de edad de cincuenta años; reconciliada y presa segunda vez
por judaizante, relapsa: leída su sentencia, fue relajada al brazo
seglar, con confiscación de bienes, por hereje, apóstata, judaizante,
relapsa, convicta y confesa.
15. Isabel Cortés, mujer de Miguel Alejos Cortés, negociante; natural y
vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta años; reconciliada y presa
segunda vez por judaizante relapsa: leída su sentencia con méritos, fue
relajada a la Justicia seglar, con confiscación de bienes por hereje,
apóstata, judaizante, relapsa, convicta y confesa.
16. Isabel Bonnin, mujer de Rafael Valls mayor, jabonero de oficio;
natural y vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta y tres años,
reconciliada, presa segunda vez por judaizante relapsa: leída su
sentencia con méritos, fue relajada a la Justicia seglar, con
confiscación de bienes, por hereje, apóstata, judaizante, relapsa,
convicta, confesa.
17. Francisca Forteza, viuda de Jerónimo Terongí, botiguero; natural y
vecina de esta Ciudad, de edad de treinta y nueve años, reconciliada y
presa segunda vez, por judaizante, relapsa: leída su sentencia con
méritos, fue relajada al brazo seglar, con confiscación de bienes, por
hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta.
18. Rafael Agustín Pomar, alias Xotento, negociante de oficio, natural
y vecino de esta Ciudad, de edad de treinta y nueve años reconciliado y
preso segunda vez por judaizante relapso: leída su sentencia, con
méritos, fue relajado al brazo seglar, con confiscación de bienes por
hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto y confeso.
19. Melchor José Forteza, alias menjús, botiguero de oficio, natural y
vecino de esta Ciudad, de edad de treinta y seis años; reconciliado y
preso segunda vez por judaizante relapso: leída su sentencia con
méritos, fue relajado al brazo seglar, con confiscación de bienes, por
hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto y confeso.
20. Francisca Cortés, mujer de Gabriel Cortés de Agustín, alias capalt,
negociante; natural y vecina de esta Ciudad, de edad de sesenta y tres
años; reconciliada y presa segunda vez por judaizante relapsa: leída su
sentencia con méritos, fue relajada a la Justicia seglar, con
confiscación de bienes por hereje, apóstata, judaizante, relapsa,
convicta y confesa.
21. Violante Martí, viuda de Onofre Cortés, de oficio botiguero; natural
y vecina de esta Ciudad, de edad de sesenta y un años, reconciliada y
presa segunda vez por judaizante relapsa: leída su sentencia con
méritos, fue relajada a la Justicia y brazo seglar con confiscación de
bienes, por hereje, apóstata, judaizante, relapsa, convicta y confesa.
AUTO TERCERO DE FE
CELEBRADO EN
MALLORCA A 6 DE MAYO
1691.
Echas las mismas diligencias, preámbulas al Auto pasado, para el que se
había de hacer a 6 de Mayo el viernes a las cuatro por la tarde, los dos
Muy Ilustres Señores Inquisidores Apostólicos, con asistencia del
Secretario Jaime Fábregas, corrieron los encierros y notificaron con la
misma solemnidad a catorce Reos, que habían de morir el Domingo
siguiente a seis; dejándoles encargados, para que les dispusieran, a
tres o cuatro Sacerdotes, que se aplicaron con celo a la salvación de
sus almas. Corrieron en lo demás las cosas como en el otro Auto, siendo
en éste solo catorce los relajados en persona y otros siete en estátua o
en sus huesos. Añadióse a la celebridad del auditorio en la Iglesia, al
lado del Ilustrísimo Señor Virrey, la benigna y grata asistencia del
Excelentísimo Señor Marqués de Leganés, que hallándose aquí de paso para
el gobierno de Milán se dignó autorizar el Auto en lo más lucido de su
nobilísima comitiva. Predicó este día el Sermón, muy igual a su
espíritu, eficacia y doctrina el Reverendísimo Padre Fray Antonio
Barceló, Calificador del Santo Oficio, Examinador Sinodal y Provincial
de San Francisco de Asís, en la Provincia, que tiene su Religión en
estas Islas.
Digamos ahora lo singular de los Reos, en quien se quiso manifestar
ostentosamente triunfante, no menos la misericordia, que la Justicia
Divina. La misericordia se lució en las clarísimas señas de
predestinación, que hizo sobresalir en los once Reos, singularmente en
las mujeres y con revelancia en Beatríz Cortés, mujer de Melchor José
Forteza, que logró con dichosa piedad su notable caudal, en el
sacrificio de sus buenas prendas y vida en lo mejor de su edad: en
Isabel Aguiló, mujer de Pedro Juan Aguiló. Causaba lágrimas de consuelo
el oirle a ésta con tanto agrado, devoción y dulzura sacrificar a
JESUCRISTO su juventud, sus prendas, sus hijos y su vida: protestando,
que sentía en el alma no poderla perder mil veces, en desagravio de las
ofensas, que reconocía haber hecho a su Redentor, cuyo perdón esperaba,
por los méritos de su sangre y por la intercesión del amparo de
pecadores MARIA, cuyo tierno amor, decía, que nunca había podido
arrancar de su corazón. Adoraba con devota piedad su Rosario y una
medalla de indulgencia para aquella hora, que le dí: llegando a la
Iglesia, se volvió de suyo a uno y otro lado de las Señoras, entre
quienes pasaba, pidiéndoles por amor de Dios una AVE MARIA: y en fin
entre heróicos actos de las más necesarias virtudes, continuó su camino
hasta quedar muerta en el palo, si así lo puede decir la piedad, como un
Angel. Fué tan notable la compasión, que se mereció con muchos, que la
generosa piedad del Excelentísimo Señor Marqués de Leganés, no pudo
dejar de probar la mano, interponiendo su autoridad con recaudo a los
Señores Inquisidores, para que, si fuese posible, se le perdonara la
vida. Y soy testigo, porque fuí mandado a volver la respuesta, de las
veras con que lo tomó su Excelencia y las muchas, fuertes y vivas
razones, que le hizo motivar su noble piedad y soberana dirección para
replicar a la respuesta, que fue precisa, de que era ya del todo
imposible por los altos y grandes motivos, que no dejaba de conocer su
gran comprensión de su Excelencia.
Por otra parte no se hizo menos venerar la equidad de la Justicia Divina
y lo oculto de sus siempre, adorables juicios, en lo mucho, que quiso
justificar su causa en la condenación de los tres Reos últimos en la
lista de los relajados en persona. Lo primero (ya que nadie querrá creer
lo contrario, de la gran piedad de tan Santo Tribunal) quien duda, que
habiendo estado como ellos propios dijeron, siempre pertinaces, oiríamos
muchas veces algunos Calificadores, las Impertinentes necedades de sus
errores, fundados más en su tema de tomar a la letra, la de algunos mal
sabidos textos en romance, que no en la razonable inteligencia de ella
misma. Pero qué se había de entender de Escritura Sagrada un Jabonero o
un negociante en cintillas? Convéncelo la razón, cuando no la autoridad
del Apóstol San Pedro, donde acuerda por indubitable a toda buena ley de
razón, que las Profecías de la Escritura no se entienden por propia
interpretación o capricho; porque no son hijas de la voluntad del
hombre, sinó de la inspiración de Dios y así solo con ella se puede
alcanzar su inteligencia. _Hoc primum intelligentes, quod omnis
Prophetia scripturæ propria interpretatione non sit. Non enim voluntate
humaná adlata est aliquando Prophetia; sed Spiritu Sancto inspirati
locuti sunt Sancti Dei homines._ Epist. 2. cap. 1. Y a la verdad quien
le quita a la letra el espíritu, le quita el alma y la vida: pues ella
muerta, que puede hacer sinó matar: _Littera occidit: Spiritus autem
vivificat_. 2. cor. 3. 6. Claro está que los concluiríamos mil veces y
redargüiríamos con evidencia, pero de que sirve todo con la obstinación
arrestada: si concedida la mayor y la menor, sabe ella negar la
consecuencia o con una risa falsa y proterva o con decir, que aquello
era más sutileza y sofistería del ingenio, que solidez de la verdad. No
hay cosa más pesada a un ingenio, que haber de argüir con quien afecta
negarse a los principios de la evidencia mayor.
Era Rafael Valls un hombre de buen caudal, pero de durísimo juicio:
quien por ganar el crédito de Rabino y oráculo entre todos, se había
revestido de la Secta de los Estóicos Cínicos con apariencia de algunas
virtudes morales, como templanza, moderación, equidad en los tratos y
una insensibilidad tan afectada, que apenas dejaba rastrear lo interior.
Mas nunca pudo encubrir bien la rabia, ni la soberbia, con que se
resistía a la luz de Dios y le precipitó a la fatalidad de su fin. Estoy
para decir, que aunque murió Judío, no fue por serlo del todo de
entendimiento, ni aún por quererlo de veras ser, sinó por quererlo
parecer. Rastreóse que le entró el Diablo, con que habiendo él sido su
principal ministro y ocasión de la infamia, delitos y muerte de tantos,
no cumplía con su punto, si se desdecía de su error o no moría pertinaz.
Muéveme a esto, el que no parece posible, que tantos argumentos, que no
solo convencían al Reverendísimo Padre Fray Rafael Riutort Provincial de
los Mínimos, Calificador del Santo Oficio y Lector Jubilado; al Padre
Presentado Fray Vicente Pellicer de Santo Domingo, al P. Jaime Custurer,
Lector de Filosofía en este Colegio de Montesión de la Compañía de
JESUS, a cuantos le asistíamos, sinó aún a los Doctores mayores de la
Iglesia, cuyos eran los argumentos. Convenciendo, pues digo a tantos
ingenios, parece imposible, a él no solo no le convencieran, pero ni aún
le hicieran duda, como varias veces me respondió o por decirlo mejor, me
mintió. Sea lo que fuere ello, se trabajó con él incesantemente, días y
noches, con todo género de argumentos, razones y medios, no quedándole
que poder alegar en su defensa, en el juicio de Dios, como lo decíamos,
mas todo lo frustró su pertinacia y la equidad de la Justicia Divina que
prevista aquélla, le destinó como a otro Judas para víctima sangrienta
de su justísimo desagravio.
Casi lo mismo les pasó al Reverendísimo Padre Fray Pedro Juan Nicolau,
Lector Jubilado en Teología, Calificador del Santo Oficio y
Ex-Provincial de esta doctísima Provincia de los Mínimos: Al Padre
Sebastián Sabater Ex-Catedrático de Teología en este Colegio de
Montesión, Calificador del Santo Oficio y Rector del otro Colegio de San
Martín, que tiene en esta Ciudad la Compañía: Al Reverendo Padre Fray
Agustín Papía Lector de Teología en su Religión de Santo Domingo y al
Reverendo Padre Fray Pedro Aliaga, Predicador Capuchino y Maestro de
Novicios en su Convento de Tarazona, destinados del Tribunal para
asistir al otro pertinaz, llamado Rafael Benito Terongí. Era este mozo,
gran discípulo y jurado secuaz de Rafael Valls, a cuya autoridad apelaba
en cuanto decía, defiriendo tanto a sus dichos, como pudiera a Moisés o
a Jeremías y en hallándose atacado sin salida, que era bien de
ordinario, respondía, que no había estudiado; pero que Valls satisfaría
por él. Habíale bebido tanto el espíritu de soberbia, que casi le tenía
doblado y siendo aún más ignorante, nada le cedía en pertinacia, solo no
le sabía imitar en lo Estóico, manifestando en todo el camino del
brasero en lo de fuera la rabia y el despecho en que le ardía el
corazón: siendo un mismo principio interior causa en el discípulo de un
exterior despechado y furioso y en el maestro de una profundísima
melancolía, aunque afectada en sosiego; pero cada uno a su modo
representaba al vivo un condenado.
Este era hermano de Catalina Terongí, que murió también pertinaz, sin
más porque aun aparente, que su propia rabia y furor, pues preguntando
yo que en qué creía, o en qué se apartaba de la fé católica, o en qué
consistía ser judía, dijo, que solo sabía que era judía y que lo quería
ser. Había estado hasta la notificación de la muerte como arrepentida,
mas luego se le revistió o se le descubrió el Demonio que abrigaba en el
corazón, sin que pudiese valer algo lo mucho que hicieron con ella para
reducirla cuantos probaron la mano ni la continua asistencia del Doctor
Onofre Morrellas, Rector de la Parroquia de San Nicolás, Párroco suyo;
del Reverendo Padre Fray Salvador Fornari, Lector que fue de Teología de
la Orden de Santo Domingo y del Padre Pedro Bolós, de la Compañía de
JESUS, cuyo celo y piedad no perdió ocasión ni omitió medio que pudiese
conducir para salvarla. Estos dos hermanos lo eran de Francisco José
Terongí y de Guillermo Tomás Terongí, que, ausentes fugitivos, fueron
también relajados y quemados en estátua por relapsos, convictos y
contumaces impenitentes. Mas para que se adoren los secretos de la
providencia Divina, las otras dos hermanas de estos cuatro, Isabel
Terongí, mujer de Agustín Cortés y Margarita Terongí, Doncella, aunque
permitidas caer en igual culpa fueron asistidas de la gracia para
levantarse, convertirse a la fé y perseverar en ella hasta la fin como
de las muestras puede piadosamente creerse. De manera que de seis
hermanos (lastrosa familia!) que salieron en este Auto, los dos murieron
abrasados vivos para arder para siempre en el infierno; los otros dos en
estátua para agüero de su eterna perdición si no se enmiendan y las
otras dos murieron arrepentidas y con esperanzas de Cielo. He ahí lo de
Cristo: _Unus assumetur & alius relinquetur_ Luc. 17. 35.
San Bernardo hablando de ciertos herejes castigados como pertinaces,
escribe: _Mori magis eligunt quan converti: sed horum finis, interitus:
horum novíssima, incendium: mirabantur aliqui quod non modo patienter,
sed laeti, ut videbatur, duceren tur ad mortem: sed qui minús advertunt,
quanta sit potestas Diaboli, non modo in corpora hominum, sed etiam in
corda quae semel permissus possedit._ Serm. 76 in Cantica. Que más
querían morir que convertirse, cuyo paradero es la muerte, cuyas
postrimerías el fuego. Y contrayéndose aun más a nuestro caso, prosigue;
admirábanse algunos de verles ir a la muerte, no solo pacientes sino,
según parecía, alegres. Pero admirábanse, dice, los que no advierten
cuanto es el poder del Diablo, no solo sobre los cuerpos de los hombres,
pero aun sobre sus corazones cuando se le permite entregarse de ellos.
Tanto es más, añade, que obligara el Demonio a Judas a entregar a su
Maestro según aquello _Cum Diabolus iam misisset in cort, ut traderet
cum_ Joan 13. 2. Que llevarle desesperado a prenderse de un tronco,
echarse de él y matarse; cuanto va del alma al cuerpo y cuanto es más
absoluto el dominio del albedrío humano sobre las potencias del alma,
que sobre las operaciones del cuerpo. Pues qué hay que extrañar que el
Demonio que pudo moverles a estos tres míseros a tan execrables
atrocidades queriendo ellos les moviera a un exterior furibundo,
protervo, desesperado, que se mostrase despreciador de las llamas. O
cuan con diferente serenidad de rostro, hijo de la paz y gozo del
corazón, vió Roma tal día como éste entrar al apóstol San Juan en la
tina de óleo hirviendo; de aquella con que miraba Mallorca, que se
acercaban al brasero los tres pertinaces a pesar de su mentida
afectación? Córrome de tan soberano cortejo. Ni es menester ir tan
lejos; a los ojos tuvimos la diferencia, aun de los menos advertidos,
reparable entre los reducidos y los pertinaces. Estos iban formidable
el semblante; horrorosos, inquietos, perturbados y vomitando furias los
ojos y en todo su aspecto tan endemoniados que al pasar se oía por las
calles frecuentemente: JESUS; qué cara de condenado! Ni hay que
extrañarlo, pues un tal huésped, hecho tan dueño del alma, cómo no había
de tener todo alborotos la casa? Lo contrario se hacía admirar en los
conversos, redundando según se puede presumir, la paz y gracia del alma,
en la gracia, compostura, serenidad, animosidad y consuelo del cuerpo,
índice de la resignación, reconocimiento y esperanzas de Cielo que
llevaban.
Y es menester confesar que dista mucho el furor de la constancia, como
del valor la rabia. Aun allá decía el bilbilitano que es manifiesto
furor matarse por no morir: _Crede mihi furor est, ne moriare mori_. Mal
puede ser capaz del verdadero valor un bruto y vemos tiene furor un
venenoso alacrán, para hincarle la punta de su extremidad y morir de su
rabia por no morir de la muerte, que le quiere dar quien le tiene
forzado a morir. El despecho y la desesperación furiosa pinta menos
horrorosa la muerte a mano propia que a la agena: y así más cobardía es
no poderse sufrir miserable bajo el brazo de quien aborrece que saberse
vencer en mirarse y sufrirse vencido, según el otro. _Ille sapit veré
qui miser esse potest._ Por donde en las historias, más mujeres se
encuentran que se mataron desesperadas, que no hombres: sin que por eso
nadie las alabe de valientes, o las deje de abominar por furiosas, con
que no viene a ser más que una vil cobardía, lo que a la necedad
parecía valor, como discurrí largamente en otro escrito _Olimpo Máxima_
9. Dígase la verdad, que como los reducidos recibieron con ojos serenos
la soga y se sentaron en el palo con ánimo sosegado, así al contrario
estos impenitentes al ver de cerca la llama comenzaron a mostrar su
furor, forcejando a toda rabia por desprenderse de la argolla, lo que al
fin consiguió el Terongí, aunque, ya sin poderse tener, cayó de lado
sobre el mismo fuego que huía. Y su hermana Catalina que antes se había
jactado de que había de arrojarse al incendio, al lamerle las llamas
gritó repetidas veces que la sacaran de allí, aunque siempre pertinaz en
no querer invocar a JESUS. Ni le bastó al Valls la estoica
insensibilidad afectada, (que va mucho de hablar a obrar y donde llega
fácil la lengua, no acompaña siempre el corazón). Mientras llegó solo el
humo, era una estátua; en llegando la llama, se defendió, se cubrió y
forcejó como pudo y hasta que no pudo más. Estaba gordo, como un
lechonazo de cría y encendióse en lo interior de manera, que aun cuando
no llegaban las llamas, ardían sus carnes como un tizón y rebentando por
medio se le cayeron las entrañas como a Judas. _Crepuit medius & difusa
sunt omnia viscera eius._ Actuun 1. 18.
REOS RELAJADOS EN PERSONA, O EN ESTATUA,
que salieron en el tercer Auto del día 6
de Mayo de 1691.
RELAJADOS EN PERSONA
1. Miguel Martí del Arpa, negociante de oficio, natural y vecino de esta
Ciudad, de edad de cincuenta años, reconciliado y preso segunda vez por
judaizante relapso. Estando con insignias de relajado; coroza, Capotillo
con llamas y Cruz verde en las manos (traje en que salieron todos los
que se siguen en este Auto): leyósele su sentencia con méritos y fue
relajado a la Justicia y brazo seglar con confiscación de bienes por
hereje, apóstata, judaizante, relapso, convicto y confeso.