12. Leonor Cortés, Doncella, hija de Rafael José Cortés, difunto, y de

Isabel Cortés, alias Moianeta, natural y vecina de esta Ciudad, de edad

de veinte y tres años, fue presa por judaizante. Salió en forma de

penitente, con sambenito de dos aspas, y vela verde en las manos.

Leyósele su sentencia con méritos; abjuró formalmente sus errores; fue

reconciliada en forma, advertida, reprendida y conminada, condenada en

dos años de hábito y cárcel y confiscación de bienes.

13. Leonor Cortés, Doncella, hija de Agustín Cortés, mayor, difunto,

mercante de oficio y de Mariana Moyá, su mujer, natural y vecina de esta

Ciudad, de edad de veinte y dos años, fue presa por delito de judaismo.

Salió en forma de penitente con su sambenito y vela verde en las manos.

Leyósele la sentencia con méritos; abjuró formalmente sus errores, fue

reconciliada en forma, advertida, reprendida y conminada; condenada a

hábito y cárcel por dos años, y confiscación de bienes.

14. Miguel Crespí Terongí, mercante de oficio natural y vecino de esta

Ciudad, de edad de veinte y cuatro años, fue preso por judaizante. Salió

en forma de penitente con sambenito de dos aspas, y vela verde en las

manos. Leyósele la sentencia con méritos, abjuró formalmente sus

errores, fue reconciliado en forma, advertido, reprendido y conminado;

condenado a dos años de hábito y cárcel, y confiscación de bienes.

15. Juana Cardona, alias Vila, viuda de Jaime Vila, difunto, jornalero

de oficio, natural de Ciudadela, en Menorca, vecina de esta Ciudad, de

edad de cincuenta y siete años, presa segunda vez por sortilegios

graves, hereticales, pacto explícito con el Demonio, con creencia y

pertinacia en él y apostasía de la Fe Católica. Salió en forma de

penitente con sambenito de dos aspas, con coroza, e insignias de sus

crímenes y vela verde en las manos. Leyósele la sentencia con méritos,

fue admitida a reconciliación, con abjuración formal; advertida,

reprendida y conminada y condenada en doscientos azotes, hábito y cárcel

por dos años y destierro por cuatro más, de esta Ciudad, la de

Barcelona, Isla de Menorca y Villa de Madrid, con cuatro leguas en

contorno y confiscación de bienes.

REOS PENITENCIADOS EN EL MISMO

Auto de 7 de Marzo 1691 y abjuraron

de levi.

16. Leonor Valls, mujer de Juan Picó, platero de oficio, natural y

vecina de esta Ciudad, de edad de sesenta años, presa y reconciliada

segunda vez por judaizante. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de

levi, fue condenada en destierro de esta Ciudad y confinación en la Isla

a arbitrio del Tribunal, y en doscientas libras, gravemente advertida,

reprendida y conminada.

17. Onofre Aguiló de Onofre, negociante de oficio, natural y vecino de

esta Ciudad, de edad de sesenta y un años, reconciliado y preso segunda

vez por delito de judaismo. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de

levi, fue condenado en destierro de la Ciudad, confinación en la Isla a

arbitrio del Tribunal y en doscientas libras, advertido, reprendido y

conminado.

18. Francisco Martí, alias Verdera, negociante, natural y vecino de esta

Ciudad, de edad de treinta y siete años, reconciliado y preso segunda

vez por delito de judaismo. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de

levi, fue condenado en destierro de esta Ciudad y confinación en la Isla

a arbitrio del Tribunal, y en doscientas libras, advertido, reprendido y

conminado.

19. Pedro Juan Aguiló de Pedro, mercante de oficio, natural y vecino de

esta Ciudad, de edad de cuarenta años, reconciliado y preso segunda vez

por judaizante. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de levi, fue

condenado en destierro de esta Ciudad y confinación en la Isla a

arbitrio del Tribunal, y en doscientas libras, advertido, reprendido y

conminado.

20. Onofre Cortés de Melchor, alias Don Juan, natural y vecino de esta

Ciudad, de edad de cincuenta y dos años; reconciliado, preso segunda vez

por delito de judaismo. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de

levi, fue condenado en destierro de esta Ciudad, y confinación en la

Isla, a arbitrio del Tribunal, con conminación de diez años de Galeras,

y en doscientos ducados; fue advertido, reprendido y conminado.

21. Isabel Cortés, mujer de Francisco Martí, alias Verdera, negociante

de oficio, natural y vecina de esta Ciudad, de edad de treinta y dos

años; reconciliada y presa segunda vez por delito de judaismo. Leyósele

su sentencia con méritos, abjuró de levi, fue condenada en quinientas

libras, destierro de esta Ciudad y confinación en el Reino a arbitrio

del Tribunal; advertida, reprendida y conminada.

22. Catalina Terongí, alias la Tia Grosa, viuda de Ramón Martí,

botiguero de oficio, natural y vecina de esta Ciudad, de setenta y dos

años de edad, reconciliada y presa segunda vez por judaizante. Leyósele

su sentencia con méritos, abjuró de levi, fue condenada en doscientas

libras, destierro de esta Ciudad y confinación en la Isla a arbitrio del

Tribunal, gravemente advertida, reprendida y conminada.

REOS PENITENCIADOS POR OTROS

crímenes, el mismo día 7.

23. Juana Cerdá, alias Tortuga, mujer de Antonio Reinés, Albañil de

oficio, natural de la Ciudad de Alcudia en este Reino, y vecina de esta

Ciudad, de edad de cuarenta y ocho años, presa y penitenciada segunda

vez por sortílega, herética, supersticiosa y embustera. Salió con coroza

al Auto y vela verde en las manos; leyósele su sentencia con méritos,

abjuró de levi, fue condenada en doscientos azotes y cinco años de

destierro, los dos primeros confinada en una villa de este Reino, los

otros tres a arbitrio del Tribunal y fue gravemente advertida,

reprendida y conminada.

24. Juana Pons, viuda de José Palmer, de oficio jornalero, natural de la

villa de Artá, en esta Isla, vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta

años, presa por sortílega, herética, supersticiosa y embustera. Salió al

Auto con coroza y vela verde en las manos. Leyósele su sentencia con

méritos, abjuró de levi, fue condenada en doscientos azotes y destierro

de esta Ciudad, Villa de Madrid y cuatro leguas en contorno por cinco

años; gravemente advertida, reprendida y conminada.

25. Emereciana Josefa Piro, mujer de Pedro Descalz, Albañil de oficio,

natural de la villa de Alacuaz, en el Reino de Valencia, residente en

esta Ciudad, de edad de cincuenta años, presa por sortílega, herética,

curandera, supersticiosa, descubridora de tesoros y embustera. Estando

en forma de penitente con coroza, e insignias de sus delitos y vela

verde en las manos, leyósele su sentencia con méritos, abjuró de levi, y

fue condenada en doscientos azotes, destierro de esta Ciudad, de

Valencia, villa de Madrid y cuatro leguas en contorno por cinco años,

confinada el primero en una Villa de este Reino y los demás a arbitrio

del Tribunal, gravemente advertida, reprendida y conminada.

Leídas todas las sentencias se hizo la abjuración y reconciliación a su

tiempo, y concluida la Misa, como se acostumbraba se restituyó el

Tribunal con la misma comitiva que antes, a su casa, bien que por otras

calles y con menos dificultad que a la ida por haber despejado ya en

gran parte el número excesivo de gente que había acudido a la función.

Allí en la pieza del Tribunal el Muy Ilustre Sr. D. José Hualte, en

presencia de lo más calificado del acompañamiento, les propuso a los

Reos, con tal viveza de razones, gravedad de estilo, solidez de textos

sagrados, energía valiente y acrimonía poderosa y compasiva, la miseria,

fealdad, horror y abominación de sus crímenes singulares, que pudiera

serles aquella reprensión el más penoso castigo a no templársela quien

se la daba, en su más dulce y saludable medicina. Al otro día, que

contábamos ocho, pasearon las calles ordinarias, montados en sus

jumentos, con coroza, y espaldas desnudas los cinco condenados a azotes,

que les asentó según dicen, con poca piedad el verdugo. A esta procesión

de azotados fue sirviendo el oficio de Alguacil mayor Don Diego Embid de

Moros, con su vara levantada, y a su lado, Don Juan de la Puebla en dos

bellos caballos, ricamente aderezados, acompañándoles muchos Familiares

de autoridad.

AUTO SEGUNDO DE FE

CELEBRADO EN

MALLORCA AL PRIMERO DE MAYO

1691.

Por los últimos de Abril tomada la resolución en el Tribunal para

celebrar el segundo Auto, y relajar en él, aunque particular, contra la

costumbre hasta ahora inconcusa, los Reos a la Justicia, y brazo seglar

(por las soberanas, y fuertes razones, que no es dudable moverían a

determinación tan sin ejemplo, las cuales permite solo a la veneración,

lo Sagrado del Secreto) y dadas las comisiones oportunas, se pasó a

participar el acuerdo al Ilustrísimo Señor Marqués de la Casta Virrey y

Capitán General de este Reino: al Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Don

Pedro de Alagón, Arzobispo Obispo de esta Ciudad: al muy Ilustre Señor

Conde de Santa María de Formiguera, como a Procurador Real y Mayordomo

más antiguo de la Cofradía de San Jorge consistente del brazo militar de

este Reino, que hoy meritísimamente le gobierna como Lugarteniente

interino de Virrey, y Capitán General, no solo por la naturaleza del

oficio de Procurador Real, sino por especial nominación de su Magestad,

que para calificado abono de sus méritos, quiso hacer esta singular

demostración de soberano agrado: al Ilustrísimo y Reverendísimo Señor

Obispo de Oropi, como a Decano del Cabildo: al muy Ilustre Señor Marqués

de Belpuche, entonces Jurado en Cap. de esta Ciudad, para que como

Cabezas de sus gremios lo participara cada uno al suyo. Así mismo se

participó dicho acuerdo a la Real Audiencia y al muy Ilustre Señor Don

Diego Liñan y Muñoz su Regente, noticiando a todos, que el día primero

de Mayo estaba destinado para el Auto. Pasaron algunas sutilezas; sobre

los más delicados ápices de la etiqueta, como en cosa tan nueva, entre

los Tribunales del Santo Oficio y de la Real Audiencia, que facilitó y

ajustó y compuso el celo común de la exaltación de la Fe y la prudencia,

arte y discreción de quien manejó estos negocios. Y habiéndose entendido

por parte del Procurador Real, que había de haber algunos relajados a la

Justicia y brazo seglar, mandó levantar un brasero de ochenta piés en

cuadro y ocho en alto y disponer en él a buena proporción, veinte y

cinco palos con su tablita para asiento de los que habían de morir a

garrote y prevenir la leña necesaria para tan grande hoguera. Eligió

para esto un campo yermo, que se ensancha espacioso entre Lazareto, está

sobre la orilla del Mar y las faldas del collado, que llaman del

Castillo de Bellver: así por la capacidad del puesto, como por la

distancia de la Ciudad, para que no sintiera la pesadumbre del humo.

Aunque otros glosaban había sido oculta Providencia Divina, que

suavemente disponía para su desengaño a los Reos, que murieran casi en

el propio lugar, que habían escogido, para el embarco en la fuga: y

supieran los venideros o los que queden, que sabe Dios hacer braseros en

que arda, donde buscó la perfidia su escape, en que navegara para

obstinarse proterva.

Dispúsose el Templo de Santo Domingo en la misma forma, hermosura y

adorno que para la otra vez, solo que para mayor lucimiento se le añadió

a mano derecha al entrar, un tablado grande y muy salido para los

Caballeros de la Cofradía de San Jorge, y dos barandas de madera que

tirando con la anchura de una buena puerta casi desde la entrada de la

Iglesia, se iban ensanchando hasta los remates del Coro bajo y servían

de valla a la innumerable multitud del vulgo, y de comodidad y desahogo

de las Señoras, que estaban dentro; y para más seguridad defendían la

entrada con su mucha autoridad, y conocida nobleza el Señor Don Agustín

Gual, y el Señor Don Antonio de Verí.

El sábado que contábamos 28 de Abril, a las tres de la tarde acudió a la

Inquisición lo más docto, grave, autorizado y religioso no solo de todas

las Ordenes regulares y singularmente todos los Sacerdotes de los dos

Colegios que tiene en esta Ciudad la Compañía, por el frecuente

ejercicio que en todas partes tiene esta Religión, de ejercer tan

piadoso ministerio; pero aún de los Doctores seculares de casi toda la

Isla, o por lo relevantes de sus prendas, o por ser ministros del Santo

Tribunal. Habíamos sido convocados de antemano a fin, de que notificadas

las sentencias, asistiéramos a los Reos, y los fuéramos disponiendo,

esforzando y confirmando a morir en la Fé verdadera con piadoso y

cristiano valor. Empezó pues el Muy Ilustre Señor Don Pedro Guerrero de

Bolaños, Inquisidor Apostólico, asistido de Don Juan de la Puebla,

Secretario del Secreto, a llegarse al fallo, y entrando en el encierro

de Pedro Onofre Cortés de Guillermo, alias Moxina, le notificó que

habiéndose visto y comunicado su causa con personas muy doctas, de

grandes letras y ciencia, siendo sus delitos tan graves y de tan mala

calidad, se había hallado, y juzgado, que para ejemplo de ellos había de

morir el martes siguiente; así que se previniese, y apercibiese; y para

que lo pudiese hacer como convenía, le dejaba allí tres religiosos.

Saliendo el Señor Inquisidor dejó encargada la guarda de aquel Reo a dos

Familiares, pasando luego a hacer lo propio con los otros, quedando en

breve veinte y un Reos con la notificación de su muerte, y asistencia de

Sacerdotes en la misma conformidad.

Cogióles a los más como de improviso esta fatal notificación, habiendo

vivido casi todos vanamente esperanzados en la que llamaban piedad del

Tribunal: sin querer atender, ni a la conminación que se les había hecho

en el año pasado de 1679, ni a la gravedad, y atrocidad del delito, que

ya de primera vez pedía de justicia la muerte, a no interceder por ellos

la misericordia de la Santa Iglesia. A cuantos el primer delito, aunque

tanto menor que éste, los lleva de contado al último suplicio? Y para su

desengaño, es cierto que en la ley vieja, el más manso de los hombres de

su siglo, Moisés vengó, y castigó el primer desmán de idolatría en el

becerro con el último suplicio de muerte violenta, en pasados de veinte

mil israelitas: y aún no se dió por desenojado del todo Dios, como

consta en el Capítulo 32 del Éxodo. Por donde se convence, cuanto es más

benigna aún la justicia de la ley nueva, que la mayor mansedumbre de la

vieja. Sin embargo por gran rato se hubo de batallar en casi todos los

Reos, primero con el dolor, y la pena de haber de morir tan en breve

como decían, y más en manos de un verdugo, como agriamente ponderaban

con vehementes lamentos en especial las mujeres. Pasado aquel primer

ímpetu de sentimiento se fueron disponiendo los más para una Confesión

verdadera, haciéndose admirar y adorar píamente en muchos la eficacia de

la misericordia de Cristo JESUS, que en la comprensión de su ciencia y

extensión infinita de su caridad inmensa, no solo rogó por los que le

habían puesto en la Cruz con barbaridad y fiereza; pero aún con eficacia

por muchos de los que previa le habían de negar con ignominia.

En algunos pocos se hubo de lidiar con los errores, siendo tan fácil el

convencerlos, cuan difícil el hacerles confesar que lo estaban. Pero en

fin, obrando la razón, y la gracia a lo que se puede creer, todos

confesaron sus engañosos delirios, exceptos solos dos que quisieron

estar pertinaces. Estos fueron mi recomendado Pedro Onofre Cortés de

Guillermo, alias Moxina, a quien me tocó asistir por orden del Tribunal,

junto con el Reverendísimo Padre Fray Luís Coll, Examinador Sinodal y

Guardián que fue del gravísimo Convento de San Francisco de Asís y con

el Padre Diego García, Catedrático de vísperas de Teología en este

Colegio de Montesión de JESUS; y el otro protervo fue Miguel Valls,

alias de Campos, que estaba encargado al Reverendo Padre Presentado Fray

Vicente Pellicer, de la Religión de Santo Domingo, al Reverendo Padre

Fray Benito Alomar, de la Orden de los Mínimos, Lector de Teología en su

Religión y al Padre Pedro Bolós, de la Compañía de JESUS. Habían ambos

estado, a lo que ellos decían, por lo menos en lo exterior hasta

entonces reducidos y hacían ahora tema de su terquería obstinada. Tenían

a la verdad entrambos buen entendimiento pero sin más cultivo que el de

su negociación, sin más letras que saber leer y escribir y sin más

doctrina de su ley caduca ya y fenecida, que lo que bastaba para errar y

perderse Sabían cuatro textos de la Biblia Castellana, más por tradición

que por estudio, mal truncados, peor entendidos, a cuya letra querían

estar tan asidos que negándose al espíritu de ella huían la vida que él

les daba y abrazaban la muerte que en ella se proponían. Apretóseles con

razones y con textos en sólida explicación de los suyos y con profecías

innegables de las verdades católicas. Mas, ¿cómo ha de entrar la Fé sin

la pía afición? Cómo se ha de cautivar el entendimiento, donde la

soberbia reina? O cómo a de confesarse convencido el entendimiento,

cuando arrestada a su perdición la voluntad, hace punto y gala de ser

pertinaz y obstinada?

Así salieron, sin más remedio, de las cárceles el martes por la mañana,

por angosto paso que apenas podían abrir en las calles entre innumerable

gentío, las compañías de los Soldados, que con alta providencia envió

para este fin el Ilustrísimo Señor Virrey Marqués de la Casta. Ibamosle

delante los tres dedicados a su asistencia con el Santo Cristo en las

manos y como en su autorizada guarda la noble piedad del Muy Ilustre

Señor Don Francisco Truyols, Gobernador que fue de la isla de Ibiza y

Maese de Campo de un Tercio de Españoles y hoy General de la Artillería

y Don Berenguer de Homs, reciente Jurado en Familiar, del hábito de

Alcántara, que a sus veces exhortaban también al penitente al oído. Lo

puedo decir de mí que no sé si he visto en mi vida más angustiado el

corazón por verme al lado de un hombre que veía tan cierta y

voluntariamente irse al Infierno y reconociendo que no valían razones y

que este linaje de Demonios no se echa _nisi in Oratione. & ieiunio_

Mat. 17. 21. me volví a los circunstantes a pedirles en alta voz un AVE

MARIA por amor de Dios, por aquel miserable, que se iba al Infierno

ciertamente: para que Dios lo alumbrase y reparando, que le hacían

alguna impresión estas voces, por más que lo quería desmentir, me volví

luego al otro lado a inculcar lo mismo con más afecto, así para mover a

los oyentes a rogar por él con más instancia, como para alcanzar de la

piadosísima Madre de pecadores, que se dignara ablandarle el corazón,

con la benignidad de su gracia. Recibiese este medio con acepción

universal, con que a cada paso se oían estas voces todo el camino, así

de los que acompañaban a éste, como de los que asistían al otro

pertinaz, que se seguía, hasta llegar a la Iglesia de Santo Domingo y

sentarse los Reos en la escalera sobre el tablado.

Y como la Madre de Misericordia, no tiene corazón para negar su piedad a

los ruegos verdaderos, fueron millares los que unánimes con notable

ternura y afecto se lo pidieron, estoy creyendo firmemente, que por esta

puerta entró la luz y el calor, que empezó a esparcir las tinieblas y a

derretir el duro hielo de su obstinada pertinacia. Sentéme a su lado en

la escalera, como los demás con los suyos y con voz compasiva y amigable

le ponderé lo mucho, que le iba en creerme. Oíame ya en esto con

sosiego, que fue la primera seña de su conversión y pidióme, que se lo

dejara pensar un poquito: apreté con que el tiempo era corto y en fin le

fuí disponiendo, como Dios me ayudó y su Madre y al cabo de rato,

hallándome precisado a dejarle por un corto espacio, declaré el estado

en que se hallaba y se lo encomendé al Reverendísimo Padre Maestro Fray

Pedro Juan Nicolau Exprovincial de los Vitorios y Calificador del Santo

Oficio, a cuyo espíritu había Dios destinado la victoria, haciéndole

declarar a poco rato por católico. Bien que se puede creer, no dejaría

de ayudar a ello el buen ejemplo de su compañero en la pertinacia Miguel

Valls, quien con la asistencia del espiritualísimo Padre Presentado Fray

Vicente Pellicer de Santo Domingo, tuvo la dicha de ser el primero, que

logró en su casa la intercesión del Santo Patriarca, a ruegos de tan

buen hijo, a que ayudaron no poco los demás nombrados asistentes y la

actividad del Padre Jaime Custurer de la Compañía de JESUS. Fué de

inexplicable consuelo para todos la conversión de este hombre, por lo

que podía conducir a confirmar en la Santa Fe a sus compañeros y por el

gran concepto, que de él tenían: ya que porque siendo naturalmente

elocuente, sabía exprimir mejor la fineza de su conversión, el dolor de

sus errores y la viveza de su Fe verdadera. Confesáronse

Sacramentalmente los dos convertidos y fuéronse disponiendo para la

muerte en las pocas horas, que les quedaron de vida. Sucedió esto

mientras se leían las sentencias y después que el Reverendísimo Padre

Presentado el Padre Fray Antonio Pons, Calificador del Santo Oficio,

Examinador Sinodal y Prior de su Religiosísimo Convento de Predicadores,

predicó un Sermón, que merecía la imprenta, si su mucha humildad no le

negara a la luz.

Acabáronse de leer las sentencias y luego el Juez real, el Señor Don

José Calvo y Monreal Juez de Corte más antiguo, que había asistido a

oirlas en silla igual, dos cuerpos distante (por acuerdo) de las sillas

de los Señores Inquisidores, pero en el mismo tablado y antes del banco

colchado de los Secretarios del Secreto, verbalmente avisado por el

Tribunal, salió de la Iglesia y se fue a la plaza, que llaman de la

Corte donde tenía levantado su tablado, bajo un pabellón alegre o

quitasol con silla, mesa y recado de escribir, donde había de esperar,

que se le hiciera la entrega. Siguióle después la procesión de los Reos,

asistidos de sus Religiosos y Sacerdotes, que a sus veces les iban

exhortando a actos heróicos de Fe, Esperanza, Caridad y Contrición.

Cerraban las filas el Señor Don Gaspar de Puig de Orfila, Alguacil mayor

con su vara alta y Don Manuel Jiménez de Soto mayor, Secretario más

antiguo; quien después de subidos al tablado de la plaza y de las

salutaciones recíprocas, hizo en voz la entrega de parte del Tribunal y

dió nota de los Reos en papel. Escribió y dió el Juez Real a todos los

veinte y un Reos la sentencia e intimó por su fiscal la sentencia de

muerte a vueltas de un garrote y de ser quemados e incinerizados

después. Estaba ya enfrente de este tablado en la ventana entoldada de

terciopelo carmesí de la Universidad o casa de la Ciudad el Ilustrísimo

Señor Virrey Marqués de la Casta y todos los muy ilustres Señores

Jurados con otros Caballeros de la primera graduación y al querer bajar

del tablado con mi penitente me pareció debía a vista de innumerables

personas, que nos atendían, volver por la honra de mi encomendado Pedro

Onofre Cortés, ya católico y así después de haberle hecho pedir perdón

del escándalo y rogado a todos encomendaran a Dios su alma, le hice

hacer una breve protestación de la Fe, adorar devotamente la Imagen

sagrada de JESUS crucificado, que llevé siempre en las manos. Montáronle

en un jumento y empezóse la procesión hacia el brasero y aunque era el

calor excesivo, el polvo como niebla espesa y el trecho largo de más de

dos mil pasos, ni les faltó jamás quien les exhortara, ni en las calles,

plazas y campos, quien les oyera, llenara y embarazara el camino. Serían

entre cuatro y cinco de la tarde, cuando se llegó al brasero: donde se

vieron juntas pasadas de treinta mil almas; habiendo concurrido de todo

el Reino muchos de la payesía a la extrañeza de la función. Estaba aquel

dilatado espacio, ocupado todo de muchas tiendas, tablados, coches,

calesones, carros, que por entre la gente hicieran una alegre

perspectiva a no ser tan funesta la función. Reconciliáronse

Sacramentalmente todos de nuevo con vivísimas muestras de dolor

verdadero en loables prendas de su eterna salvación. Singularízose

entre todos Francisca Forteza, pues a la última vuelta del garrote,

pronunció el dulcísimo nombre de JESUS, como lo había prometido, en

protestación de su Fe y de su amor. Acabóse con todos y puestos sus

cadáveres sobre la leña, pegado el fuego, se abrasaron en breve y

consumieron todos.

REOS RELAJADOS EN EL SEGUNDO AUTO

el día primero de Mayo de 1691

La fee triunfante en quatro autos Celebrados en Mallorca por el Santo Oficio de la Inquisición en que han salido ochenta y ocho reos, y de treinta y siete relajados sólo hubo tres pertinaces. · 第 2 / 11 段