Isabel Cortés, alias Moianeta, natural y vecina de esta Ciudad, de edad
de veinte y tres años, fue presa por judaizante. Salió en forma de
penitente, con sambenito de dos aspas, y vela verde en las manos.
Leyósele su sentencia con méritos; abjuró formalmente sus errores; fue
reconciliada en forma, advertida, reprendida y conminada, condenada en
dos años de hábito y cárcel y confiscación de bienes.
13. Leonor Cortés, Doncella, hija de Agustín Cortés, mayor, difunto,
mercante de oficio y de Mariana Moyá, su mujer, natural y vecina de esta
Ciudad, de edad de veinte y dos años, fue presa por delito de judaismo.
Salió en forma de penitente con su sambenito y vela verde en las manos.
Leyósele la sentencia con méritos; abjuró formalmente sus errores, fue
reconciliada en forma, advertida, reprendida y conminada; condenada a
hábito y cárcel por dos años, y confiscación de bienes.
14. Miguel Crespí Terongí, mercante de oficio natural y vecino de esta
Ciudad, de edad de veinte y cuatro años, fue preso por judaizante. Salió
en forma de penitente con sambenito de dos aspas, y vela verde en las
manos. Leyósele la sentencia con méritos, abjuró formalmente sus
errores, fue reconciliado en forma, advertido, reprendido y conminado;
condenado a dos años de hábito y cárcel, y confiscación de bienes.
15. Juana Cardona, alias Vila, viuda de Jaime Vila, difunto, jornalero
de oficio, natural de Ciudadela, en Menorca, vecina de esta Ciudad, de
edad de cincuenta y siete años, presa segunda vez por sortilegios
graves, hereticales, pacto explícito con el Demonio, con creencia y
pertinacia en él y apostasía de la Fe Católica. Salió en forma de
penitente con sambenito de dos aspas, con coroza, e insignias de sus
crímenes y vela verde en las manos. Leyósele la sentencia con méritos,
fue admitida a reconciliación, con abjuración formal; advertida,
reprendida y conminada y condenada en doscientos azotes, hábito y cárcel
por dos años y destierro por cuatro más, de esta Ciudad, la de
Barcelona, Isla de Menorca y Villa de Madrid, con cuatro leguas en
contorno y confiscación de bienes.
REOS PENITENCIADOS EN EL MISMO
Auto de 7 de Marzo 1691 y abjuraron
de levi.
16. Leonor Valls, mujer de Juan Picó, platero de oficio, natural y
vecina de esta Ciudad, de edad de sesenta años, presa y reconciliada
segunda vez por judaizante. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de
levi, fue condenada en destierro de esta Ciudad y confinación en la Isla
a arbitrio del Tribunal, y en doscientas libras, gravemente advertida,
reprendida y conminada.
17. Onofre Aguiló de Onofre, negociante de oficio, natural y vecino de
esta Ciudad, de edad de sesenta y un años, reconciliado y preso segunda
vez por delito de judaismo. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de
levi, fue condenado en destierro de la Ciudad, confinación en la Isla a
arbitrio del Tribunal y en doscientas libras, advertido, reprendido y
conminado.
18. Francisco Martí, alias Verdera, negociante, natural y vecino de esta
Ciudad, de edad de treinta y siete años, reconciliado y preso segunda
vez por delito de judaismo. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de
levi, fue condenado en destierro de esta Ciudad y confinación en la Isla
a arbitrio del Tribunal, y en doscientas libras, advertido, reprendido y
conminado.
19. Pedro Juan Aguiló de Pedro, mercante de oficio, natural y vecino de
esta Ciudad, de edad de cuarenta años, reconciliado y preso segunda vez
por judaizante. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de levi, fue
condenado en destierro de esta Ciudad y confinación en la Isla a
arbitrio del Tribunal, y en doscientas libras, advertido, reprendido y
conminado.
20. Onofre Cortés de Melchor, alias Don Juan, natural y vecino de esta
Ciudad, de edad de cincuenta y dos años; reconciliado, preso segunda vez
por delito de judaismo. Leyósele su sentencia con méritos, abjuró de
levi, fue condenado en destierro de esta Ciudad, y confinación en la
Isla, a arbitrio del Tribunal, con conminación de diez años de Galeras,
y en doscientos ducados; fue advertido, reprendido y conminado.
21. Isabel Cortés, mujer de Francisco Martí, alias Verdera, negociante
de oficio, natural y vecina de esta Ciudad, de edad de treinta y dos
años; reconciliada y presa segunda vez por delito de judaismo. Leyósele
su sentencia con méritos, abjuró de levi, fue condenada en quinientas
libras, destierro de esta Ciudad y confinación en el Reino a arbitrio
del Tribunal; advertida, reprendida y conminada.
22. Catalina Terongí, alias la Tia Grosa, viuda de Ramón Martí,
botiguero de oficio, natural y vecina de esta Ciudad, de setenta y dos
años de edad, reconciliada y presa segunda vez por judaizante. Leyósele
su sentencia con méritos, abjuró de levi, fue condenada en doscientas
libras, destierro de esta Ciudad y confinación en la Isla a arbitrio del
Tribunal, gravemente advertida, reprendida y conminada.
REOS PENITENCIADOS POR OTROS
crímenes, el mismo día 7.
23. Juana Cerdá, alias Tortuga, mujer de Antonio Reinés, Albañil de
oficio, natural de la Ciudad de Alcudia en este Reino, y vecina de esta
Ciudad, de edad de cuarenta y ocho años, presa y penitenciada segunda
vez por sortílega, herética, supersticiosa y embustera. Salió con coroza
al Auto y vela verde en las manos; leyósele su sentencia con méritos,
abjuró de levi, fue condenada en doscientos azotes y cinco años de
destierro, los dos primeros confinada en una villa de este Reino, los
otros tres a arbitrio del Tribunal y fue gravemente advertida,
reprendida y conminada.
24. Juana Pons, viuda de José Palmer, de oficio jornalero, natural de la
villa de Artá, en esta Isla, vecina de esta Ciudad, de edad de cuarenta
años, presa por sortílega, herética, supersticiosa y embustera. Salió al
Auto con coroza y vela verde en las manos. Leyósele su sentencia con
méritos, abjuró de levi, fue condenada en doscientos azotes y destierro
de esta Ciudad, Villa de Madrid y cuatro leguas en contorno por cinco
años; gravemente advertida, reprendida y conminada.
25. Emereciana Josefa Piro, mujer de Pedro Descalz, Albañil de oficio,
natural de la villa de Alacuaz, en el Reino de Valencia, residente en
esta Ciudad, de edad de cincuenta años, presa por sortílega, herética,
curandera, supersticiosa, descubridora de tesoros y embustera. Estando
en forma de penitente con coroza, e insignias de sus delitos y vela
verde en las manos, leyósele su sentencia con méritos, abjuró de levi, y
fue condenada en doscientos azotes, destierro de esta Ciudad, de
Valencia, villa de Madrid y cuatro leguas en contorno por cinco años,
confinada el primero en una Villa de este Reino y los demás a arbitrio
del Tribunal, gravemente advertida, reprendida y conminada.
Leídas todas las sentencias se hizo la abjuración y reconciliación a su
tiempo, y concluida la Misa, como se acostumbraba se restituyó el
Tribunal con la misma comitiva que antes, a su casa, bien que por otras
calles y con menos dificultad que a la ida por haber despejado ya en
gran parte el número excesivo de gente que había acudido a la función.
Allí en la pieza del Tribunal el Muy Ilustre Sr. D. José Hualte, en
presencia de lo más calificado del acompañamiento, les propuso a los
Reos, con tal viveza de razones, gravedad de estilo, solidez de textos
sagrados, energía valiente y acrimonía poderosa y compasiva, la miseria,
fealdad, horror y abominación de sus crímenes singulares, que pudiera
serles aquella reprensión el más penoso castigo a no templársela quien
se la daba, en su más dulce y saludable medicina. Al otro día, que
contábamos ocho, pasearon las calles ordinarias, montados en sus
jumentos, con coroza, y espaldas desnudas los cinco condenados a azotes,
que les asentó según dicen, con poca piedad el verdugo. A esta procesión
de azotados fue sirviendo el oficio de Alguacil mayor Don Diego Embid de
Moros, con su vara levantada, y a su lado, Don Juan de la Puebla en dos
bellos caballos, ricamente aderezados, acompañándoles muchos Familiares
de autoridad.
AUTO SEGUNDO DE FE
CELEBRADO EN
MALLORCA AL PRIMERO DE MAYO
1691.
Por los últimos de Abril tomada la resolución en el Tribunal para
celebrar el segundo Auto, y relajar en él, aunque particular, contra la
costumbre hasta ahora inconcusa, los Reos a la Justicia, y brazo seglar
(por las soberanas, y fuertes razones, que no es dudable moverían a
determinación tan sin ejemplo, las cuales permite solo a la veneración,
lo Sagrado del Secreto) y dadas las comisiones oportunas, se pasó a
participar el acuerdo al Ilustrísimo Señor Marqués de la Casta Virrey y
Capitán General de este Reino: al Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Don
Pedro de Alagón, Arzobispo Obispo de esta Ciudad: al muy Ilustre Señor
Conde de Santa María de Formiguera, como a Procurador Real y Mayordomo
más antiguo de la Cofradía de San Jorge consistente del brazo militar de
este Reino, que hoy meritísimamente le gobierna como Lugarteniente
interino de Virrey, y Capitán General, no solo por la naturaleza del
oficio de Procurador Real, sino por especial nominación de su Magestad,
que para calificado abono de sus méritos, quiso hacer esta singular
demostración de soberano agrado: al Ilustrísimo y Reverendísimo Señor
Obispo de Oropi, como a Decano del Cabildo: al muy Ilustre Señor Marqués
de Belpuche, entonces Jurado en Cap. de esta Ciudad, para que como
Cabezas de sus gremios lo participara cada uno al suyo. Así mismo se
participó dicho acuerdo a la Real Audiencia y al muy Ilustre Señor Don
Diego Liñan y Muñoz su Regente, noticiando a todos, que el día primero
de Mayo estaba destinado para el Auto. Pasaron algunas sutilezas; sobre
los más delicados ápices de la etiqueta, como en cosa tan nueva, entre
los Tribunales del Santo Oficio y de la Real Audiencia, que facilitó y
ajustó y compuso el celo común de la exaltación de la Fe y la prudencia,
arte y discreción de quien manejó estos negocios. Y habiéndose entendido
por parte del Procurador Real, que había de haber algunos relajados a la
Justicia y brazo seglar, mandó levantar un brasero de ochenta piés en
cuadro y ocho en alto y disponer en él a buena proporción, veinte y
cinco palos con su tablita para asiento de los que habían de morir a
garrote y prevenir la leña necesaria para tan grande hoguera. Eligió
para esto un campo yermo, que se ensancha espacioso entre Lazareto, está
sobre la orilla del Mar y las faldas del collado, que llaman del
Castillo de Bellver: así por la capacidad del puesto, como por la
distancia de la Ciudad, para que no sintiera la pesadumbre del humo.
Aunque otros glosaban había sido oculta Providencia Divina, que
suavemente disponía para su desengaño a los Reos, que murieran casi en
el propio lugar, que habían escogido, para el embarco en la fuga: y
supieran los venideros o los que queden, que sabe Dios hacer braseros en
que arda, donde buscó la perfidia su escape, en que navegara para
obstinarse proterva.
Dispúsose el Templo de Santo Domingo en la misma forma, hermosura y
adorno que para la otra vez, solo que para mayor lucimiento se le añadió
a mano derecha al entrar, un tablado grande y muy salido para los
Caballeros de la Cofradía de San Jorge, y dos barandas de madera que
tirando con la anchura de una buena puerta casi desde la entrada de la
Iglesia, se iban ensanchando hasta los remates del Coro bajo y servían
de valla a la innumerable multitud del vulgo, y de comodidad y desahogo
de las Señoras, que estaban dentro; y para más seguridad defendían la
entrada con su mucha autoridad, y conocida nobleza el Señor Don Agustín
Gual, y el Señor Don Antonio de Verí.
El sábado que contábamos 28 de Abril, a las tres de la tarde acudió a la
Inquisición lo más docto, grave, autorizado y religioso no solo de todas
las Ordenes regulares y singularmente todos los Sacerdotes de los dos
Colegios que tiene en esta Ciudad la Compañía, por el frecuente
ejercicio que en todas partes tiene esta Religión, de ejercer tan
piadoso ministerio; pero aún de los Doctores seculares de casi toda la
Isla, o por lo relevantes de sus prendas, o por ser ministros del Santo
Tribunal. Habíamos sido convocados de antemano a fin, de que notificadas
las sentencias, asistiéramos a los Reos, y los fuéramos disponiendo,
esforzando y confirmando a morir en la Fé verdadera con piadoso y
cristiano valor. Empezó pues el Muy Ilustre Señor Don Pedro Guerrero de
Bolaños, Inquisidor Apostólico, asistido de Don Juan de la Puebla,
Secretario del Secreto, a llegarse al fallo, y entrando en el encierro
de Pedro Onofre Cortés de Guillermo, alias Moxina, le notificó que
habiéndose visto y comunicado su causa con personas muy doctas, de
grandes letras y ciencia, siendo sus delitos tan graves y de tan mala
calidad, se había hallado, y juzgado, que para ejemplo de ellos había de
morir el martes siguiente; así que se previniese, y apercibiese; y para
que lo pudiese hacer como convenía, le dejaba allí tres religiosos.
Saliendo el Señor Inquisidor dejó encargada la guarda de aquel Reo a dos
Familiares, pasando luego a hacer lo propio con los otros, quedando en
breve veinte y un Reos con la notificación de su muerte, y asistencia de
Sacerdotes en la misma conformidad.
Cogióles a los más como de improviso esta fatal notificación, habiendo
vivido casi todos vanamente esperanzados en la que llamaban piedad del
Tribunal: sin querer atender, ni a la conminación que se les había hecho
en el año pasado de 1679, ni a la gravedad, y atrocidad del delito, que
ya de primera vez pedía de justicia la muerte, a no interceder por ellos
la misericordia de la Santa Iglesia. A cuantos el primer delito, aunque
tanto menor que éste, los lleva de contado al último suplicio? Y para su
desengaño, es cierto que en la ley vieja, el más manso de los hombres de
su siglo, Moisés vengó, y castigó el primer desmán de idolatría en el
becerro con el último suplicio de muerte violenta, en pasados de veinte
mil israelitas: y aún no se dió por desenojado del todo Dios, como
consta en el Capítulo 32 del Éxodo. Por donde se convence, cuanto es más
benigna aún la justicia de la ley nueva, que la mayor mansedumbre de la
vieja. Sin embargo por gran rato se hubo de batallar en casi todos los
Reos, primero con el dolor, y la pena de haber de morir tan en breve
como decían, y más en manos de un verdugo, como agriamente ponderaban
con vehementes lamentos en especial las mujeres. Pasado aquel primer
ímpetu de sentimiento se fueron disponiendo los más para una Confesión
verdadera, haciéndose admirar y adorar píamente en muchos la eficacia de
la misericordia de Cristo JESUS, que en la comprensión de su ciencia y
extensión infinita de su caridad inmensa, no solo rogó por los que le
habían puesto en la Cruz con barbaridad y fiereza; pero aún con eficacia
por muchos de los que previa le habían de negar con ignominia.
En algunos pocos se hubo de lidiar con los errores, siendo tan fácil el
convencerlos, cuan difícil el hacerles confesar que lo estaban. Pero en
fin, obrando la razón, y la gracia a lo que se puede creer, todos
confesaron sus engañosos delirios, exceptos solos dos que quisieron
estar pertinaces. Estos fueron mi recomendado Pedro Onofre Cortés de
Guillermo, alias Moxina, a quien me tocó asistir por orden del Tribunal,
junto con el Reverendísimo Padre Fray Luís Coll, Examinador Sinodal y
Guardián que fue del gravísimo Convento de San Francisco de Asís y con
el Padre Diego García, Catedrático de vísperas de Teología en este
Colegio de Montesión de JESUS; y el otro protervo fue Miguel Valls,
alias de Campos, que estaba encargado al Reverendo Padre Presentado Fray
Vicente Pellicer, de la Religión de Santo Domingo, al Reverendo Padre
Fray Benito Alomar, de la Orden de los Mínimos, Lector de Teología en su
Religión y al Padre Pedro Bolós, de la Compañía de JESUS. Habían ambos
estado, a lo que ellos decían, por lo menos en lo exterior hasta
entonces reducidos y hacían ahora tema de su terquería obstinada. Tenían
a la verdad entrambos buen entendimiento pero sin más cultivo que el de
su negociación, sin más letras que saber leer y escribir y sin más
doctrina de su ley caduca ya y fenecida, que lo que bastaba para errar y
perderse Sabían cuatro textos de la Biblia Castellana, más por tradición
que por estudio, mal truncados, peor entendidos, a cuya letra querían
estar tan asidos que negándose al espíritu de ella huían la vida que él
les daba y abrazaban la muerte que en ella se proponían. Apretóseles con
razones y con textos en sólida explicación de los suyos y con profecías
innegables de las verdades católicas. Mas, ¿cómo ha de entrar la Fé sin
la pía afición? Cómo se ha de cautivar el entendimiento, donde la
soberbia reina? O cómo a de confesarse convencido el entendimiento,
cuando arrestada a su perdición la voluntad, hace punto y gala de ser
pertinaz y obstinada?
Así salieron, sin más remedio, de las cárceles el martes por la mañana,
por angosto paso que apenas podían abrir en las calles entre innumerable
gentío, las compañías de los Soldados, que con alta providencia envió
para este fin el Ilustrísimo Señor Virrey Marqués de la Casta. Ibamosle
delante los tres dedicados a su asistencia con el Santo Cristo en las
manos y como en su autorizada guarda la noble piedad del Muy Ilustre
Señor Don Francisco Truyols, Gobernador que fue de la isla de Ibiza y
Maese de Campo de un Tercio de Españoles y hoy General de la Artillería
y Don Berenguer de Homs, reciente Jurado en Familiar, del hábito de
Alcántara, que a sus veces exhortaban también al penitente al oído. Lo
puedo decir de mí que no sé si he visto en mi vida más angustiado el
corazón por verme al lado de un hombre que veía tan cierta y
voluntariamente irse al Infierno y reconociendo que no valían razones y
que este linaje de Demonios no se echa _nisi in Oratione. & ieiunio_
Mat. 17. 21. me volví a los circunstantes a pedirles en alta voz un AVE
MARIA por amor de Dios, por aquel miserable, que se iba al Infierno
ciertamente: para que Dios lo alumbrase y reparando, que le hacían
alguna impresión estas voces, por más que lo quería desmentir, me volví
luego al otro lado a inculcar lo mismo con más afecto, así para mover a
los oyentes a rogar por él con más instancia, como para alcanzar de la
piadosísima Madre de pecadores, que se dignara ablandarle el corazón,
con la benignidad de su gracia. Recibiese este medio con acepción
universal, con que a cada paso se oían estas voces todo el camino, así
de los que acompañaban a éste, como de los que asistían al otro
pertinaz, que se seguía, hasta llegar a la Iglesia de Santo Domingo y
sentarse los Reos en la escalera sobre el tablado.
Y como la Madre de Misericordia, no tiene corazón para negar su piedad a
los ruegos verdaderos, fueron millares los que unánimes con notable
ternura y afecto se lo pidieron, estoy creyendo firmemente, que por esta
puerta entró la luz y el calor, que empezó a esparcir las tinieblas y a
derretir el duro hielo de su obstinada pertinacia. Sentéme a su lado en
la escalera, como los demás con los suyos y con voz compasiva y amigable
le ponderé lo mucho, que le iba en creerme. Oíame ya en esto con
sosiego, que fue la primera seña de su conversión y pidióme, que se lo
dejara pensar un poquito: apreté con que el tiempo era corto y en fin le
fuí disponiendo, como Dios me ayudó y su Madre y al cabo de rato,
hallándome precisado a dejarle por un corto espacio, declaré el estado
en que se hallaba y se lo encomendé al Reverendísimo Padre Maestro Fray
Pedro Juan Nicolau Exprovincial de los Vitorios y Calificador del Santo
Oficio, a cuyo espíritu había Dios destinado la victoria, haciéndole
declarar a poco rato por católico. Bien que se puede creer, no dejaría
de ayudar a ello el buen ejemplo de su compañero en la pertinacia Miguel
Valls, quien con la asistencia del espiritualísimo Padre Presentado Fray
Vicente Pellicer de Santo Domingo, tuvo la dicha de ser el primero, que
logró en su casa la intercesión del Santo Patriarca, a ruegos de tan
buen hijo, a que ayudaron no poco los demás nombrados asistentes y la
actividad del Padre Jaime Custurer de la Compañía de JESUS. Fué de
inexplicable consuelo para todos la conversión de este hombre, por lo
que podía conducir a confirmar en la Santa Fe a sus compañeros y por el
gran concepto, que de él tenían: ya que porque siendo naturalmente
elocuente, sabía exprimir mejor la fineza de su conversión, el dolor de
sus errores y la viveza de su Fe verdadera. Confesáronse
Sacramentalmente los dos convertidos y fuéronse disponiendo para la
muerte en las pocas horas, que les quedaron de vida. Sucedió esto
mientras se leían las sentencias y después que el Reverendísimo Padre
Presentado el Padre Fray Antonio Pons, Calificador del Santo Oficio,
Examinador Sinodal y Prior de su Religiosísimo Convento de Predicadores,
predicó un Sermón, que merecía la imprenta, si su mucha humildad no le
negara a la luz.
Acabáronse de leer las sentencias y luego el Juez real, el Señor Don
José Calvo y Monreal Juez de Corte más antiguo, que había asistido a
oirlas en silla igual, dos cuerpos distante (por acuerdo) de las sillas
de los Señores Inquisidores, pero en el mismo tablado y antes del banco
colchado de los Secretarios del Secreto, verbalmente avisado por el
Tribunal, salió de la Iglesia y se fue a la plaza, que llaman de la
Corte donde tenía levantado su tablado, bajo un pabellón alegre o
quitasol con silla, mesa y recado de escribir, donde había de esperar,
que se le hiciera la entrega. Siguióle después la procesión de los Reos,
asistidos de sus Religiosos y Sacerdotes, que a sus veces les iban
exhortando a actos heróicos de Fe, Esperanza, Caridad y Contrición.
Cerraban las filas el Señor Don Gaspar de Puig de Orfila, Alguacil mayor
con su vara alta y Don Manuel Jiménez de Soto mayor, Secretario más
antiguo; quien después de subidos al tablado de la plaza y de las
salutaciones recíprocas, hizo en voz la entrega de parte del Tribunal y
dió nota de los Reos en papel. Escribió y dió el Juez Real a todos los
veinte y un Reos la sentencia e intimó por su fiscal la sentencia de
muerte a vueltas de un garrote y de ser quemados e incinerizados
después. Estaba ya enfrente de este tablado en la ventana entoldada de
terciopelo carmesí de la Universidad o casa de la Ciudad el Ilustrísimo
Señor Virrey Marqués de la Casta y todos los muy ilustres Señores
Jurados con otros Caballeros de la primera graduación y al querer bajar
del tablado con mi penitente me pareció debía a vista de innumerables
personas, que nos atendían, volver por la honra de mi encomendado Pedro
Onofre Cortés, ya católico y así después de haberle hecho pedir perdón
del escándalo y rogado a todos encomendaran a Dios su alma, le hice
hacer una breve protestación de la Fe, adorar devotamente la Imagen
sagrada de JESUS crucificado, que llevé siempre en las manos. Montáronle
en un jumento y empezóse la procesión hacia el brasero y aunque era el
calor excesivo, el polvo como niebla espesa y el trecho largo de más de
dos mil pasos, ni les faltó jamás quien les exhortara, ni en las calles,
plazas y campos, quien les oyera, llenara y embarazara el camino. Serían
entre cuatro y cinco de la tarde, cuando se llegó al brasero: donde se
vieron juntas pasadas de treinta mil almas; habiendo concurrido de todo
el Reino muchos de la payesía a la extrañeza de la función. Estaba aquel
dilatado espacio, ocupado todo de muchas tiendas, tablados, coches,
calesones, carros, que por entre la gente hicieran una alegre
perspectiva a no ser tan funesta la función. Reconciliáronse
Sacramentalmente todos de nuevo con vivísimas muestras de dolor
verdadero en loables prendas de su eterna salvación. Singularízose
entre todos Francisca Forteza, pues a la última vuelta del garrote,
pronunció el dulcísimo nombre de JESUS, como lo había prometido, en
protestación de su Fe y de su amor. Acabóse con todos y puestos sus
cadáveres sobre la leña, pegado el fuego, se abrasaron en breve y
consumieron todos.
REOS RELAJADOS EN EL SEGUNDO AUTO
el día primero de Mayo de 1691