Vamos á atravesar el río en balsa. Al bajar la montaña se nos presenta

desolado uno de los muchachos que nos sirven de guías y dice que de la

otra margen donde está la balsa, nadie contesta á su llamado y que no

hay esperanza de atravesar el río.

Ya vemos nuestro viaje interrumpido por este contratiempo; pero el señor

Figueroa asegura que el balsero no ha contestado porque ha visto al

muchacho solo, pero que cuando vea la caravana vendrá á pasarnos.

La esperanza nos alienta. La margen del río es preciosa. Inmensos robles

y laureles hacen sombra al cauce, muy ancho y sin corriente que semeja

laguna.

Una casita de madera aparece al otro lado. Nos bajamos de los caballos y

gritamos todos. En aquella soledad sólo el eco triste nos responde como

una burla.--Don Mauricio y el señor Figueroa gritan: _Compadre

Ferrand_, al dueño de la propiedad y de la balsa. Ferrand, dice el eco y

la casita permanece muda.

Nos desolamos imaginando que tal vez la familia ha desalojado la casa

durante la cosecha y que tendremos que regresar por el mismo camino.

Al fin se divisa un bulto en la cuesta y se oye una voz que contesta. Es

el compadre Ferrand en persona. «Estoy solo, dice, si no encuentro á

nadie iré yo mismo á balsearlos». Salvados. Nos tendemos en la hierba.

Poco después el universal compadre, baja la cuesta, entra en su gran

balsa y con la ayuda de un solo remo, maniobra tan bien en el remanso

del río que luego aborda nuestra orilla.

Nos lo presentan. Es un joven español que ha sido buen mozo y que es

siempre simpático, de fisonomía abierta y fina, pero tostada y

estropeada por el aire de la montaña.

La vida de campo por la soledad y la ausencia del deseo de agradar no

opone á los naturales ultrajes del tiempo esos retoques que la voluntad

ejerce sobre el rostro como el más poderoso reactivo. Ya Mlle. Mars

decía hace tanto tiempo: _On est belle tant qu’on veut_. Nuestro cerebro

que es el más activo creador engendra belleza á voluntad así como la

despreocupación mental deforma esas caras en que los buenos rasgos no

alcanzan á salvar el desgaste del tiempo.

Nos metemos á la balsa con nuestros caballos. El joven Ferrand con

grandes esfuerzos, porque la embarcación va muy pesada, evoluciona

diestramente con su remo y encuentra manera de decirnos cosas amables,

con su frente contraída en que brotan gruesas gotas de sudor.

Nos lleva á su casa pequeñita, pero muy hospitalaria. Nos recibe su

señora. Es joven y rubia con cara de muñeca. El ambiente de la casa es

de una cordialidad que hace sentirse bien porque se respira atmósfera de

verdad y de higiene moral.

Nos ofrecen un café esquisito con buñuelos rellenos con dulce de murta y

nos sirven con tanta sencillez como bondad. El compadre Ferrand nos

cuenta que es de Granada y que se embarcó en Málaga escondido de su

familia para venir á encontrar en Valparaíso á un tío que lo invitaba á

trabajar en el comercio. Con sus economías compró este fundo _Panqueco_

en $6,000 y ahora tiene cerrado el contrato de venta por $150,000.

Está tan aburrido con los indios que no quiere seguir trabajando en el

campo. Esa gente es de una mala fe y de una pereza que hace las faenas

imposibles.

Inconsciencia del deber, digo yo, mientras Ferrand asegura que son

maliciosos y perversos. Así será, pienso, pero la verdad es que la

conciencia moral es muy distinta de la conciencia puramente humana. La

una nos enseña á buscar primero nuestro interés propio, la otra nos

demuestra que haciendo el interés ajeno, hacemos sobre todo el propio

dentro de esa ineludible equidad que encadena todos nuestros actos.

Verdad que la ley moral se cumple á plazos largos, lo que no obsta á que

sea implacable en sus sanciones.

En quince años de matrimonio el compadre Ferrand tiene trece hijos de

los cuales dos son ahijados de nuestros compañeros. ¡Jesús! digo yo

estremecida de horror mientras el compadre se complace en su vasta

paternidad y se encuentra feliz en medio de su familia.--_Estoy muy

hallado con mi mujer_, añade contento. Transcribo esta frase textual

porque encierra una de las profesiones de felicidad más abiertas que

jamás había escuchado.

Este hogar de aspiraciones colmadas, y de tanta paz me hace pensar que

la dicha--si alguna existe en la tierra--se encuentra en esa dulce

mediocridad de los que luchan materialmente por vivir. En el matrimonio

sobre todo la dicha resulta de un nivel adaptable y en gran parte de

correlaciones físicas--prueba irrefutable de que lo que llamamos alma

está ausente de estos lazos terrenos y sólo vienen á actuar partes

inferiores de nosotros mismos que tienen sin embargo trascendental

importancia en la vida humana. Cuánto le conviene al hombre de trabajo

la compañera modesta que entra á compartir con él las preocupaciones y

fatigas y en cambio el hombre refinado que bien hace de buscarse la

mujer delicada que vibra como una harpa en múltiples cuerdas dentro de

la exquisita complegidad de los temperamentos ricos.

Le pregunto á la señora por los niños. _Están amontañados_, me contesta.

Pasan el día en el campo. Cuando se enferman hacen sufrir, pero cuando

están sanos se cuidan solos y alegran mucho. Esa vida natural sin

complicaciones, es sin duda lo mejor de esta tierra.

La hospitalidad de aquella familia era española en el alto sentido de la

palabra; por su manera tan modesta, tan abierta y tan sincera de acoger

á las gentes! Se sale de esos hogares bendiciendo esa vieja virtud de la

hospitalidad, tan desterrada de nuestros hábitos modernos. Pensaba

entonces en el inmenso bien que la bondad hace al alma, por las muchas

barreras humanas que suprime llegando á realizar el ideal de caridad,

que consiste en hacernos sentir que nuestro prógimo es parte de nosotros

mismos y que en el fondo formamos un todo en Dios....

Al salir de la casa de Panqueco encontramos el campo rozado para el

cultivo y en seguida entramos á un bosque tan imprevisto en su grandeza

como nunca viera nada semejante.

Hasta entonces no había sentido yo qué cosa misteriosa, palpitante de

vida, imponente de majestad, es el legítimo bosque que el hombre no ha

profanado.... detenido quizás por la altiva pujanza de una fuerza

irreductible....

Entramos en el fragor de una espesura negra, en que los árboles cuya

copa no alcanzan nuestros ojos forman una techumbre de vuelo

infinitamente audaz.

En general todos los árboles de los bosques del sur, crecen tan

estrechamente agrupados que no pueden extender sus ramas en derredor y

guardan su fuerza para trepar las nubes en colosal arranque.

Y su vuelo así recto me hace pensar en esas existencias que no se

derraman humanamente en la vida natural y que concentran todas sus

energías para penetrar los planos superiores, de modo que lo que pierden

en circunferencia lo ganan en elevación.

La selva se levanta á alturas vertiginosas y el terreno ondulado de

cerro, le da las más gigantescas perspectivas.

En los descensos del suelo vemos arrancar los árboles de un nivel

inferior y su altura se pone más al alcance de nuestra vista.

El bosque toma proporciones de catedral y semeja en sus altos robles

esos vuelos tremendos de arcos que abrazan las bóvedas en luz vacilante

á la caída de la tarde.

Me parece encontrarme en un templo gótico con prolongaciones sombrías en

rincones ignorados, con penumbras pálidas, con rayos fugitivos que

agitan las sombras, con obscuridades y repercusiones de ecos graves ó

solemnes que se repiten extinguiéndose....

Los robles y los laureles entrelazándose forman los atrevidos arcos, las

misteriosas ojivas, los arquitrabes robustos. El templo medioeval

tétrico, inmenso y esbelto es la pobre y menguada copia de este bosque

en que sentimos agitarse, incubarse, estremecerse el obscuro bullir de

una vida que pugna por romper su prisión de materia, para alcanzar un

más allá indefinido que atrae como el imán con su fuerza magnética....

Aquella negrura helada, aquel filtrar ondeante y trémulo de la luz,

aquellas sombras inquietas, todo ese palpitar de imágenes movibles,

junto á esa petrificación secular de los viejos troncos que se yerguen

potentes ó de los ganchos que se retuercen sólidos, da una impresión de

intensa vida....

Por otra parte, la flexibilidad de las ramas que se buscan en ansias

pasionales, la ternura de las hojitas frágiles que tiemblan con

delicadezas de alma, la manera como las ramas se enlazan amorosamente,

extendiéndose unas hacia otras en espasmos y deliciosas languideces,

todo es la manifestación de una vida inmensa, infinita, que se elabora

en el seno de la tierra, que se escabulle con las raíces, que se afirma

robusta sobre el suelo y que después se eleva á la altura buscando la

caricia del sol como toda vida más consciente busca la verdad y el

amor....

Ahora en el bosque negro quiero sentir esta emoción de lo inmenso y de

lo formidable, dentro del misterio inaccesible.... me dejo coger en la

majestad de esta potencia que parece envolvernos en el despliegue de sus

fuerzas infinitas.

Los jinetes que nos preceden ó que nos siguen zig-zagueando en el

estrecho sendero que dejan libre los árboles, parecen pigmeos poblando

una mansión de gigantes. El tamaño del caballo y del hombre sirve de

proporción apreciable en aquella inmensidad selvática.

De todo esto surge para mí una idea de grandeza divina que sólo he

encontrado en el fondo de los libros hindúes que hablan de Brahma el

inmanifestado.... del Dios desproporcionado al concepto humano....

Allí nada nos cobija ni nos habla nuestra lengua terrestre.... Se nos

revela una vitalidad que no está dentro de nuestras posibilidades

próximas ni remotas y que se nos representa cruel y despiadada.

En aquel templo sin divinidad personal, donde la adoración se perdería

en el vacío, donde los gemidos no tendrían eco, ni la plegaria

respuesta, todo es mudo, insondable y helado.

Ningún pájaro canta, ningún insecto zumba, ni la hierba cruge bajo los

pies de los caballos.--Hay una paralización secular, un silencio mágico.

Nuestras voces mismas toman siniestras repercusiones en las lejanías

negras y en los rincones helados donde no penetra el sol. Cuando se

quiebra el terreno crecen las columnatas de los orgullosos troncos que

se lanzan arriba en tan soberbia línea.

El alma de este bosque encierra sin duda esa parte de misterio que nunca

ha entrado en comunicación con el hombre. Allí está el universo

inmanifestado que los Budhistas sienten en el fondo de sus meditaciones.

Impresión semejante es la que hace pasar Pierre Loti en una tarde de

conversación con los teósofos de Madras en el momento en que se

desteñían en las vidrieras de la estancia las figuras de Brahma, de

Vichnú y de Sakia Mouny.... Sentimos una omnipotencia que se ejerce

terrible sin ninguna de las misericordias cristianas.... Es la evolución

que se continúa inexorable dentro de la causa y del efecto, sin los

méritos de un Redentor ni las ternuras de una Virgen Madre.

Al salir del bosque negro, se espacian los árboles por algún rato y

penetramos á otro bosque, que yo llamaría el bosque verde. Es

igualmente inmenso en la elevación de sus árboles y compacto en su

espesura, pero tiene sin embargo más luz y atenúa su ferocidad

salvaje....

La penumbra esmeraldina en que las hojas brillan y se animan mediante

refracciones súbitas de luz le da una nota humana, de paraíso

descubierto.

Todo el mediodía que siguió entre las tres y las seis de la tarde

tardamos en atravesar este bosque, deslumbrados por las infinitas

perspectivas de una variedad eterna dentro de su uniformidad.

El camino ondea en contínuas curvas al pie de los grandes robles, en un

incesante renuevo de sorpresas. Los enlazamientos, las agrupaciones, los

desvíos en que alternan los grandes árboles y los pequeños arbustos, las

plantas, los helechos, las enredaderas que caen en guirnaldas, los

ganchos que se entrecruzan, las ramas caídas.... forman una variedad

interminable y graciosa.

Arboles hay que se unen por la raíz y que después se separan

violentamente; otros hay que á la distancia se buscan, se abren camino,

llevados por irresistibles atracciones y que juntan sus vértices allá

arriba en el firmamento azul que apenas divisamos tras la espesura

verdosa del follaje. Y mientras las raíces se ignoran separadas por

distancias grandes, las copas se mecen unidas en el cielo haciéndome

recordar la idea de Foggazzaro:

«_Sono spozi senza nozze, non con la carne ma con il cuore; cosi si

conguingeno gli astri e i pianeti, non con il corpo ma con la luce, cosi

si accopian gli palmi, non con la radici, ma con il vertici_». En

nuestra vida también se forman uniones determinadas por la mejor que

tenemos, uniones que se establecen fuera de las fórmulas y que nos

mantienen vinculados á seres de quienes nos separa todo humanamente....

pero con quienes estamos ligados en el plano espiritual de las almas....

La multiplicación del bosque nos hace sentir la multiplicidad de nuestra

vida, las asociaciones y los alejamientos, las compenetraciones y las

repulsiones, realizadas aquí en la extensión y la variedad de las

formas, allá en nuestras almas dentro de las afinidades y de los grados

de conciencia. Encontramos una imagen de nosotros mismos dentro de ese

enmarañamiento complicado, dilatado, lleno de luces y sombras, de

cambios bruscos y de imprevistas continuaciones.

¡Qué de vidas ocultas sentimos palpitar en torno nuestro, no ya vidas

conscientes, orgánicas, pero siempre activas, oscuras y fecundas!

En la savia que sube, en el pájaro que nace, en la semilla que germina,

en el botón que estalla, todo es vida, y vida que bulle, que se ensancha

y que tiende á tomar una forma superior.

Todas esas fuerzas latentes que se nos hacen sensibles en los perfumes,

en el aire, en el batir de las hojas, en el estremecimiento

imperceptible del ramaje y en otras tantas cosas indistintas que

nuestros órganos no alcanzan á percibir, pero que presentimos

confusamente, nos revelan misterios que yo quisiera penetrar.... La

primera lección que recibo de la inmensa variedad del bosque es la de

que todo es diverso en la naturaleza. No hay en la extensión de la

selva, dos troncos iguales, ni dos ramas idénticas, ni dos hojas

semejantes. Todo es diferente. La naturaleza en su inagotable inventiva

no ha repetido jamás un modelo, conserva el tipo sí y lo multiplica

eternamente distinto con inacabable riqueza de expresión.

Al considerar esa variedad jamás repetida, pensamos que si cada hoja

lleva su sello propio, ¿qué no habrá puesto la vida de individualismo en

el alma humana?

¡Cuánto diferirán las almas, los corazones, los temperamentos, si los

millares de hojas del bosque cantan con otras tantas lenguas la

separatividad universal!

¡Cómo se empequeñece á mis ojos el juicio del hombre que no logra

aprender de la naturaleza esta gran lección de lo imprevisto, de lo

diferente, de lo particular y de lo único!.... Tenemos ideas generales

sobre todas las cosas, pero no sabemos particularizar. Conocemos la

especie, descubrimos el tipo, pero nunca vemos al hombre en su caso

especial dentro del conjunto de las circunstancias armónicas con su

propio temperamento.... De allí resulta que no logramos penetrar al

individuo que es lo diferente y en esa ignorancia jamás vemos la

situación única ni el carácter preciso de las ideas y de los

sentimientos particulares. Somos incapaces de juzgar porque las líneas

generales que marcan el tipo dejan siempre oculto el misterio del sér

individual....

La multiplicidad del bosque sentida así es fecunda en enseñanzas que si

no recogemos es porque nos ponemos en contacto sólo con la superficie

de las cosas sin penetrar su alma.

Llevamos tres horas de marcha sin ver el fin de aquella selva magnífica

que exhibe toda la gama del verde, en tonos luminosos y en tonos muertos

según los rayos del sol atraviesen, penetren ó dejen en sombra el

follaje. Aquella penumbra tan suave á los ojos, tan clara en su

tenuidad, tan cambiante en los matices, que le prestan los rayos

esquivos y danzantes del sol, diseña con primores de relieve el dibujo

de las distintas hojas y muestra sus delicadezas y finuras.

Todo eso que parece caprichoso obedece á ocultas leyes que se dominan

unas á otras. Todo en la naturaleza busca un centro, obedece á un

impulso es atraído por una fuerza....

Hay una línea ascendente en los árboles que tiende hacia arriba entre

las mil líneas locas que se ensanchan en torno, de la misma manera que

nuestro desarrollo interior nos lleva á un progreso psíquico dentro de

las mil experiencias que hacemos al rededor nuestro en la vida diaria.

Atravesábamos el bosque en un profundo silencio, cuando de súbito

sentimos junto á nosotros, un canto de pájaro, canto tristísimo como

voz de alarma.... No es el canto de la complacencia á la vida feliz y

desbordante de la naturaleza ¡nó! el pájaro que rompe el silencio

sagrado parece amenazarnos.

Los mozos me dicen que es un _chacao_ y que cuando grita á la derecha es

buena seña, así como cuando grita á la izquierda es de mal augurio.

Reparo por primera vez en el muchacho que me habla.

Tiene una cara chusca, diablesca, con ojos negros burlones en su misma

gravedad de tipo indígena. La boca es ancha, sensual y muestra en la

sonrisa una malicia de raza que parece provocarnos al eterno duelo de

nuestros orígenes.

Es el mozo de don Mauricio. Varias veces lo hemos oído llamar

_¡Fortunio!_ y aquel nombre de época galante disuena en la grandeza del

bosque.

--Verdad que tienes un nombre muy bonito, le digo yo risueña. Y el

muchacho en un finísimo gesto de picardía, gesto lleno de subentendidos

que equivalen á todas las explicaciones y á todas las burlas, dice:

--_Mala prenunciación del gringo_--eso es textual, pero el gesto entre

pillo y desdeñoso parece decir: _estos gringos brutos no entienden náa,

pero los aguantamos porque nos conviene_....»

Todo el indio en lucha con el español estaba contenido en aquel

ligerísimo fruncir de las cejas en aquel leve bailar de los ojos y

encogerse del hombro.... Si nuestras palabras dicen algo de nosotros

mismos, muchas cosas más dicen nuestros gestos, el acento de nuestra

voz, la acción de nuestra mano y, sobre todo, nuestro silencio.

Nuestros diálogos transcritos al pie de la letra no dirán jamás lo que

decimos, nosotros en la más sencilla conversación en que se ponen en

contacto mundos de ideas inexpresables, de evocaciones ocultas y de

comprensiones inconscientes.

--«_No me llamo como dice el patrón, Fortunio, sino Saturno_»--agrega el

muchacho serio, mientras á nosotros nos da risa aquel nombre que parece

caído de las nubes....

Como doy mucha importancia á los signos exteriores, porque creo que nada

es casual y que todo se encadena dentro de una oculta lógica, me paso

observando cada vez que el chacao lanza su nota tétrica de qué lado

viene el sonido y me complazco en reconocer que es de buen augurio

porque me canta siempre á la derecha.

Había tal melancolía de misterio en la selva que todas las cosas

parecían presagios tristes.

Otra enseñanza y muy dulce esta vez que se desprende del bosque es la de

una conciencia suprema que preside á las deliciosas, fantasías, á las

metamórfosis infinitas de la vida vegetal....

Si ese Maestro Artista es tan sabio, tan rico de recursos, tan exquisito

de gusto en el mundo grosero de la materia ¿qué no realizaría de belleza

y de gracia en la esfera más amplia y más sutil del reino espiritual?

Allí donde ninguna limitación entraba su poder, ni ningun obstáculo

entorpece sus planes.

Si la materia abrupta bajo la dirección de su fuerza realiza tan

maravillosos encajes, tan hermosos monumentos, tan imponentes pórticos,

tan dulces enramadas, tan exquisitos dibujos con sus eternas verduras

¿qué no realizará cuando encuentra instrumentos más dóciles, más finos y

más vibrantes para encerrar sus divinas armonías?

Si dentro de las rudezas indómitas de la materia se produce siempre y á

cada instante la belleza ¿qué espléndidos dibujos se estarán elaborando

en nuestras almas, en esa tela blanda de nuestro espíritu? ¿qué

bordados, qué primorosos encajes estará trabajando en nosotros esa gran

_tejedora_ que es la vida?

Si la naturaleza ha podido hacer del bosque una belleza continuada ¿qué

resultará de estas vidas humanas que estamos viviendo en el dolor, en la

lucha, en la injusticia?

Esa fuerza tan poderosa para convertir en belleza de conjunto, lo que

aisladamente es inarmónico--ya que toda desarmonía lo es tan sólo fuera

de su relación con otro conjunto más grande--¿qué no efectuará esa misma

fuerza en los seres desprendidos de la masa inconsciente y que tienden

más fuertemente á un centro?

Si la naturaleza bajo el sólo impulso de sus eternas leyes crea belleza

y siempre belleza, ¿qué no hará en nosotros que no sólo somos

conducidos, sino que secundamos el impulso?.... ¿A dónde vamos en

materia de belleza completa, de armonía suprema y de luz infinita?

¡Encuentro mucha dulzura en considerar el bosque con los millares de

plantas que producen tan magnífica unidad!

En la última hierbecita siento á los hermanos menores de la evolución,

proclamando todos la sabiduría de las fuerzas que nos conducen y la

omnipotencia de la Vida para cumplir sus designios eternos....

En los ganchos torcidos, en las ramas indómitas, veo otros tantos actos

desacordes de mi propia vida, que encuentran su armonía más lejos, en el

gran conjunto; pues, lo que en un momento nos rebaja y nos hace

retroceder, eso mismo, bajo otro punto de vista, nos levanta por el

dolor, por la experiencia adquirida y nos lleva en último término hacia

arriba.... así como el tronco alcanza su altura en línea general,

cualquiera que sea la desviación de sus ganchos.

Dentro de estas ideas la selva ha venido á revelarme una proteccion, un

amparo, una paternidad cariñosa.

Miro hacia atrás mi vida vivida ¡cuántos desvíos! ¡cuántos robos al

ideal! ¡cuántas pérdidas del camino! y sin embargo la Vida, esa gran

transformadora, ha hecho de todo eso luz, amor, verdad y armonía.

Nuestros dolores actuales, nuestras dudas, nuestros desencantos ¿serían

acaso ménos felices que los troncos sacudidos por la tempestad ó

simplemente inclinados sobre otros troncos que les prestan su apoyo, y

que dentro de esas mismas irregularidades defectuosas construyen

belleza, adquieren fisonomía propia, establecen particularidades.

¡En esta manifestación de grandeza, en esta explosión de armonía se me

manifiesta lo que nuestra vida va realizando, dentro del plan de que

formamos parte, dirigidos por una providencia particular y amable!

Nunca la vida me había parecido tan próvida, Dios tan artista, el tiempo

tan fecundo, la naturaleza tan rica, como en este día de vagar por el

bosque en perpetuo asombro de bellezas renovadas sin cesar.

Todos los caprichos de la fantasía natural nos proclaman la grandeza de

la vida que si así realiza sus tendencias en planos inferiores como son

los de la forma corpórea ¿qué no hará fuera y dentro de nosotros que

somos instrumentos de más altas y profundas armonías?

El bosque deja dos impresiones diversas: la majestad de lo grandioso y

de lo impenetrable en la selva negra, la impresión de la variedad y de

la gracia infinita de la línea y del color en el bosque verde....

En una parte más clara, pero todavía muy hermosa, bandadas de choroyes,

de loros, bandadas parleras chicharreantes atronaban el aire con sus

vocinglerías locas.... El señor cura les endereza el cañón de su fusil y

echa á tierra unos cuántos loros.

Entramos en la Pampa de Huacamalala, pampa porque no es montaña fragosa,

sino devastada y luego llegamos al río Ignau; precioso sitio en que el

terreno se quiebra bruscamente entre montañas que abren lecho profundo á

un río claro y torrentoso que se precipita en saltos caprichosos y

audaces.

Allí don Mauricio nos muestra el puente que hizo construir miéntras fué

Alcalde, porque se ahogaban ahí de noche todos los borrachos que se

aventuraban á atravesar el río.

Hay una gran belleza algo desconcertante y melancólica en esa quebrada

negra de vegetación á cuyo fondo murmura tristemente el agua.

En seguida atravesamos el gran fundo de Duhalde, _Narí_.

Se elabora mucho monte. Los árboles bastante espaciados, presentan

nuevas combinaciones, de troncos derrumbados, de troncos calcinados, de

portadas de follaje....

Tierra virgen · 第 4 / 6 段