VIII

—«Señores: no voy á pronunciar un discurso. Aunque quisiera, y

vosotros... digo que aunque vosotros gustárais de oírmelo, yo no

podría, por causa de mi pobreza... (_murmullos_) de mi pobreza de

medios oratorios. Soy un individuo rudo, _eminentemente_ trabajador, y

de la clase del pueblo, artesano _por excelencia_ del negocio honrado

(_Bien, bien_)... No esperéis de mí discursos más ó menos floreados,

porque no he tenido tiempo de aprender la ciencia oratoria. Pero,

señores y amigos, no puedo faltar á lo que exigen de mí vuestra

cortesía y mi gratitud[1], y he de manifestar cuatro mal pergeñadas...

manifestaciones, que si pobres de estilo y toscas de literatura, serán

la expresión _sincera_ de un corazón agradecido, de un corazón noble,

de un corazón que late...[2], ahora y siempre, al compás de todo

sentimiento hidalgo y generoso. (_Muy bien._)

[1] Frase aprendida de Donoso dos días antes.

[2] Procura recordar un final del párrafo que oyó en el Senado, y

al fin lo enjareta como Dios le da á entender.

»Repito que no esperéis de mí bonitos discursos, ni elocuentísimos

períodos. Mis flores son los números; mis retóricas el cálculo; mi

elocuencia... la acción. (_Aplausos._) La acción señores. ¿Y qué es la

acción? Todos lo sabéis, y no necesito decíroslo. La acción es la vida,

la acción es... lo que se hace, señores, y lo que se hace... dice más

que lo que se dice. _Háse dicho_... (_pausa_) háse dicho que la palabra

es plata, y el silencio es oro. Pues yo añado que la acción es todo

perlas orientales, y brillantes magníficos. (_Aprobación calurosa._)

»_Cábeme la satisfacción_ de contestar á los señores que me han

precedido en el uso de la palabra, y al hacerlo... (_pausa_) _cúmpleme

declarar_ que en manera alguna hubiera aceptado este inmerecido

homenaje que me tributáis, absolutamente, si no me obligaran á ello

consideraciones de este y el otro linaje, sin que _de cerca ni de

lejos_ me hayan traído aquí móviles de vanidad...[3], hasta el punto

de que... mi ánimo... vamos, que mi absoluto fin era prevalecer en la

_línea de conducta_ que he observado siempre, y afirmarme en la tesis

de que debemos rehuir cuanto _tienda_ al enaltecimiento personal...,

que ¡harta representación tienen _en el actual momento histórico_ las

personalidades, señores...![4] y es tiempo ya de que se glorifiquen

los hechos, no las personas, los principios, no las entidades... que yo

reconozco su mérito, señores, yo lo reconozco; pero ya es tiempo de que

por encima del individuo personal estén los hechos, la acción, el gran

principio de obrar (_alzando la voz_) cada cual en su propio elemento,

y en _el círculo_ de sus propias operaciones. (_Muy bien, bravo._)

[3] El orador, que se animaba ya, creyéndose en terreno firme,

y dominando toda la fraseología del Senado, se embarulla, y no

acierta á terminar la oración.

[4] Encontrando al fin la salida de aquel laberinto.

»¿Quién es el que tiene el honor de dirigiros su modesta palabra en

este momento? Pues no es más que un pobre obrero, un hombre que todo

lo debe á su misma iniciativa, á su laboriosidad, á su honradez, á su

constancia. Nací, como quien dice en la mayor indigencia, y con el

sudor de mi rostro he amasado mi pan, y he vivido, _orillando_ un día

y otro día las dificultades, cumpliendo siempre mis obligaciones, y

_evacuando_ mis negocios con la más estrictísima moralidad. Yo no he

hecho ningún arco de iglesia; yo no he tenido arte ni parte con el

demonio, como _errada y torpemente_[5] creen algunos (_risas_), yo no

tengo el don del milagro. Si he llegado donde estoy, lo debo á que

he tenido dos virtudes, y de ello me alabo con vuestro beneplácito,

dos virtudes. ¿Cuáles son? _Hélas aquí_: el trabajo, la conciencia.

He trabajado en una _serie no interrumpida_ de, de... de tareas

_económico-financieras_, y he practicado el bien, haciendo todos

los favores posibles á mis semejantes, y _labrando_ la felicidad de

cuantas personas me encontraba al alcance de mi acción. (_Bien, muy

bien._) Ese ha sido mi _desideratum_, y la idea que _he abrigado_

siempre: hacer todo el bien que podía á mis semejantes. Porque el

negocio, _vulgo_ actividad, fijaos bien, señores, no está reñido

con la caridad, ni con la humanidad más ó menos doliente. Son dos

elementos que se completan, dos _objetivos_ que vienen á concurrir en

un sólo _objetivo_; _objetivo_, señores, del cual tenemos una imagen

en nuestras conciencias, pero que reside en el Altísimo[6]. (_Grandes,

ruidosos y entusiastas aplausos._)

[5] Adverbios que pescó en el Senado el día anterior.

[6] Frase tergiversada de otra que leyó el día anterior en un

periódico.

»Pero si declaro que siempre fué mi _línea de conducta_ hacer el bien á

todos, sin distinción de clases, á todos, _tirios y troyanos_, también

os digo que, como trabajador _por excelencia_, nunca, nunca he _dado

pábulo_ á la ociosidad, ni he protegido á gente viciosa, porque eso

¡cuidado! ya no sería caridad, ni humanidad, sino falta de sentido

práctico; eso sería _dar el mayor de los pábulos_ á la vagancia. De mí

se podrá decir todo lo que se quiera; pero no se dirá nunca que he sido

el Mecenas de la holgazanería. (_Delirantes aplausos._)

»_He partido siempre del principio_ de que cada cual es dueño de su

propio destino, y será feliz el que sepa labrarse su felicidad, y

desgraciado el que no sepa labrársela[7]. No hay que quejarse de la

suerte... ¡Oh, la suerte, pamplinas, tontería, _dilemas_, _antinomias_,

_maquiavelismos_! No hay más desgracias que las que uno se _acarrea_

con sus yerros. Todo el que quiere poseer los _intereses_ materiales,

no tiene más que buscarlos. Busca y encontrarás, que dijo el otro.

Sólo que hay sudar, moverse, aguzar la entendedera, _en una palabra_,

trabajar, _ora_ sea en este, _ora_ en el otro oficio. Pero, lo que es

dándose la gran vida en paseos y jaranas, charlando en los casinos, ó

enredando con las buenas mozas (_risas_), no se gana el pan de cada

día... y el pan está allí, allí, vedlo, allí[8]. Pero es menester

que vayáis á cogerlo; porque él, el pan, no puede venir á buscaros á

vosotros. No tiene pies, se está muy quietecito esperando que vaya á

cogerlo el hombre, á quien el Altísimo ha dado pies para correr tras el

pan, inteligencia para saber donde está, ojos para verlo, y manos para

agarrarlo... (_Bravos y palmadas frenéticas._)

[7] El orador, animado por los aplausos, habla con una serenidad

y un desparpajo que ya quisieran muchos.

[8] Sintiéndose inspirado, y lanzándose sin miedo á la

improvisación.

»De suerte, que si os pasáis el tiempo en diversiones, no tendréis

pan, y cuando el hambre os haga salir de coronilla en busca de él, ya

otros más listos lo habrán cogido... los que supieron madrugar, los que

supieron emplear todas las horas del día en el _clásico_ trabajo, los

que supieron _evacuar_ todas sus diligencias en tiempo oportuno, no

dejando nada para mañana, los que se plantearon la cuestión _de comer

á no comer_, como el otro que vosotros conocéis mejor que yo, y no

necesito nombrarlo, como el otro, digo, planteó la cuestión de _ser ó

no ser_. (_Admiración, estrepitosos aplausos._)[9].

[9] En todos los grupos se comenta favorablemente el discurso,

en algunos con calor y entusiasmo. Óyense aquí y allí alabanzas

ardientes: «Qué tío más largo. Él será rudo, ¡pero qué juicio tan

sagaz, qué sentido práctico!»

»Seamos prácticos, señores. Yo lo soy, y me alabo de ello, dejando á

un lado la careta de la modestia, que ya con tanto quita y pon se va

cayendo á pedazos de nuestros rostros. (_Ruidosos aplausos, y voces de

sí, sí._) Seamos prácticos, digo, _serlo_ vosotros, y yo, que soy perro

viejo, os recomiendo que lo seais. _Ser_ prácticos si no queréis que

vuestra vida _revista los caracteres_ de una _tela de Penélope_. Si

hoy tejéis el bienestar con _elementos_ superiores á vuestros medios,

ó _séase_ posibles, mañana el _déficit_ os obligará á destejerlo...

y siempre tendréis suspendida sobre vuestras cabezas _la espada de

Aristóteles_... (_Rumores._) Quiero decir...[10]. He dicho Aristóteles,

porque... (_se ríe, y ríen todos esperando un chiste_) tengo verdadera

manía por este filósofo, que es el más práctico de todos. (_Sí, sí._)

Es mi hombre; le llevo en el pensamiento á todas horas del día. Y como

_tengo para mí_ que el tal Damocles, el de la espada, era un hijo de

tal... ó nadie sabe quién es... ¿Alguno de los que me escuchan sabe

quién era ese Damocles? (_Risas: voces de «no, no... no lo sabemos.»_)

Pues yo estoy á matar con esas maneras de hablar, y he decidido que

la famosa espada sea de Aristóteles... vamos, que le armo caballero,

porque es el hombre de mi devoción, es mi ídolo, señores, el hombre

más grandísimo de la antigua Grecia y del siglo de oro de todos los

tiempos. (_Bravo, muy bien_)[11].

[10] El orador conoce al instante su error; pero lo enmienda en

seguida, muy terne.

[11] Comentarios de entusiasmo en la concurrencia. «¡Pero qué

tuno es! Sabe más que Lepe... ¡Qué gramática parda!»

»Perdonadme la digresión, y volvamos á la tesis. Atendamos más á la

acción que á la palabra, obremos, obremos mucho y hablemos poco.

Trabajar siempre, de _consuno_ con nuestras necesidades, y con el

_valioso concurso_ de todos los elementos que _concurran_ á nuestro

lado. Y hechas estas manifestaciones, que creo me imponía mi presencia

en este augusto recinto... (_enmendándose_) y lo llamo augusto,

porque en él se reunen tantas eminencias científicas, políticas y

particulares... (_bien, bravo_); hechas estas declaraciones, paso á

concretar la cuestión. ¿_Á qué obedece_ esta comida? ¿Qué peculiar

objetivo lleváis al festejarme, á mí, tan humilde? Pues habéis visto

en mí un hombre activo, de _suyo_, dispuesto á patrocinar los grandes

adelantos del siglo, á llevarnos al _estadio_ de la práctica. Yo pongo

mi corta inteligencia y mis ahorros al servicio de la patria, yo no

miro á mi interés, sino al interés general, al interés público de la

humanidad, que bien necesitada está la pobrecita de que se interesen

por ella. _Heme_ lanzado á emprender obras muy importantísimas, sin

ambición alguna de lucro privado, podéis creérmelo, y á favorecer á mi

patria natal llevando la locomotora _con su penacho de humo_ á través

de los campos. Si yo no idolatrara la ciencia y la industria como la

idolatro, si no fuera mi _bello ideal_ el progreso, yo no patrocinaría

la locomotora, patrocinaría el carromato, y no vería más _lazo de

unión_ entre los pueblos que _el ordinario de Astorga_, ó _el ordinario

de Ponferrada_. Pero no, señores; yo soy hijo de mi siglo, del siglo

eminentemente práctico, y patrocino el ordinario, mejor dicho, la

ordinaria del mundo entero, la locomotora. (_Frenéticos aplausos._)

»Adelante con la ciencia, adelante con la industria[12]. El mundo se

transforma con los adelantos, y hoy nos maravillamos de ver la claridad

preciosísima de la luz eléctrica donde antes lucían velones de aceite,

velas de sebo, bujías esteáricas, y el petróleo refinado[13]. De donde

saco la consecuencia de que lo moderno acaba con las antiguallas. ¡Cuán

gran verdad es, señores, que _esto matará aquello_... como dijo, y

dijo muy bien... quien todos sabéis! (_Aplausos prolongados._)

[12] En el grupo de los críticos, á veces se ríen con descaro, á

veces disimulan su hilaridad, aplaudiendo estrepitosamente, en

solfa. _Morentín_: «Pues tiene un no sé qué de elocuente este

animal. Rebuzna oratoriamente.»

[13] El orador, sin dejar de hablar, dice para sí: «Voy muy

bien. Paréceme que me estoy luciendo. ¡Qué siento que no me oiga

Donoso!»

»Yo, señores, no me canso de repetíroslo, soy un hombre muy

humildísimo, muy llano, de cortas facultades (_voces de no, no_), de

pocas luces (_no, no_), de escasa instrucción; pero á formalidad no

me gana nadie. ¿Queréis que _os defina mi actitud_ moral y religiosa?

Pues sabed que mis dogmas son el trabajo, la honradez (_murmullos de

aprobación_), el amor al prójimo, y las buenas costumbres. De estos

principios parto yo siempre, y por eso he podido llegar á labrarme

una posición independiente. Y no creais que doy de lado, _por decirlo

así_, al dogma sagrado de nuestros mayores. No; yo sé dar _al César

lo que es del César_, y al Altísimo... también lo suyo. Porque á buen

católico no me gana nadie, bien lo sabe Dios, ni en lo de defender las

_venerandas creencias_. Adoro á mi familia, en cuyo... _foco_, en cuyo

seno encuentro la felicidad, y os aseguro que de mi casa al Cielo no

hay más que un paso... (_Con ternura._) Yo no debía hablar de estas

cosas, que son del _elemento privado_... (_Voces: sí, sí, que siga._)

Pero mi familia, ó _séase_ el _círculo_ del hogar doméstico, es lo

primero en mi corazón, y pienso en ella siempre, y no puedo apartar

del pensamiento aquellos pedazos de... No, no sigo; permitidme que no

siga... (_Gran emoción en el auditorio._)

»De política nada os digo. (_Voces, sí, sí._) No, no señores. No he

llegado á saber todavía qué partidos tenemos, ni para qué nos sirven.

(_Risas._) Yo no he de _ser poder_, ni he de repartir credenciales...

no, no... veo que _pululan_ los empleados, y que no hay nadie que se

decida á _castigar_ el presupuesto. Claro, no _castigan_ porque á

los mismos castigadores les duele. (_Risas._) Yo me lavo las manos:

_blasono_ de obedecer al que manda, y de no _barrenar las leyes_.

Respeto á _tirios_ y _troyanos_, y no regateo _el óbolo_ de la

contribución[14]. _Á fuer de_ hombre práctico, no hago la oposición

sistemática, ni me meto en _maquiavelismos_ de ningún género. Soy

_refractario_ á la intriga, y no acaricio más idea que el bien de mi

patria, tráigalo Juan, Pedro ó Diego. (_Muy bien._)

[14] En el grupo de los críticos. _Morentín_: «¿Pero han visto

ustedes un ganso más delicioso?»—_Juan de Madrid_: «Lo que veo

es que es un guasón de primera.»—_Zárate_: «Como que nos está

tomando el pelo á todos los que estamos aquí.»

»Concluyo, señores... porque ya estaréis fatigados de oirme (_no,

no_), y yo también fatigado de hablar, pues no tengo costumbre, ni

sé expresarme con todo el brillo peculiar... ni... ni con la prosa

correcta... que... En fin, señores, concluyo con las manifestaciones de

mi gratitud por vuestras manifestaciones..., por este _holocausto_[15],

por este homenaje magnánimo y verídico. Lo digo y lo repito: yo no

merezco esto; yo soy indigno de obsequios tan... sublimes, y que

no tienen _punto de contacto_ con mis cortos merecimientos. No me

atribuyáis á mí _rasgos_ que no me pertenecen. La verdad ante todo.

En la cuestión del ferrocarril no he hecho más que obedecer el impulso

de un ilustre y particular amigo mío, aquí presente, y á quien no

nombro por no ofender su _considerable_ modestia (_Todos miran al señor

Marqués de Taramundi, que baja los ojos y se sonroja ligeramente._)

Este amigo es el que ha movido toda la tramoya de la vía férrea, y á

él se debe[16] _la coronación_ del éxito, porque aunque no ha figurado

para nada, _detrás de la cortina_ ha manejado todo muy lindamente,

de modo que bien puedo deciros que ha sido...[17] pasmaos, señores,

el _Deus ex machina_ del ferrocarril de Villafranca al Berrocal.

(_Ruidosísimos aplausos. Los leoneses se rompen las manos._)

[15] Sofocadas risas en el grupo de los críticos.

[16] Prepárase el orador á soltar la frase bonita aprendida días

antes, y en cuyo efecto confía, si acierta á decirla sin error de

pronunciación.

[17] Parándose para recordar bien la frase antes de soltarla.

»Pues...[18] ya no me resta que deciros sino que mi gratitud será

eterna, y en ningún modo efímera, no, y que todos los presentes,

sin distinción de _tirios_ ni de _troyanos_ (_risas_), me tienen

incondicionalmente á su disposición. No es por alabarme; pero sé

distinguir, y nadie me gana en servir á mis amigos y ayudarles en...

lo que necesiten, quiero decir, que en _cualesquiera_ cosa en que

necesiten de mi modesto concurso, pueden mandarme, en la seguridad

de que tendrán en mí un seguro servidor, un amigo del alma, y... un

compañero, dispuesto á prestarles... todo el concurso _desinteresado_,

todo el favor, todo el apoyo moral y moral, toda la confianza del

mundo... siempre con el alma, siempre con el corazón... Les ofrezco,

pues, con fina voluntad mi hacienda, mi persona, y todo cuanto

soy y cuanto valgo. He dicho.» (_Aplausos frenéticos, delirantes

aclamaciones, gritos, tumulto. Todo el mundo en pie palmoteando, sin

cesar, con estrépito formidable. La ovación no tiene término._)

[18] La cara del orador irradia de júbilo, por lo correcta que le

salió la frase.

Torquemada en el purgatorio · 第 34 / 39 题