[23] En la materia no atómica, es claro que no puede haber calor.

[24] Sábese que el sonido aumenta la producción de rayos N.

[25] La emanación continua del radium, tanto como la propagación de

la luz, el desprendimiento odorífero, etc., resultan ser movimiento

perpetuo. La locura del pasado, es la razón del presente.

[26] No damos á la palabra _gravedad_, su acepción corriente. Para

nosotros, gravedad es atracción magnética, por más extraño que esto

pueda parecer. Por lo demás, la atracción en razón directa de las masas

é inversa del cuadrado de las distancias, no se efectúa conforme á esta

ley, según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las grandes,

existe un hecho por demás curioso: los cometas desarrollan su cola

(materia más tenue que el núcleo), en oposición al sol por el cual son

atraídos en razón directa de las masas, etc. Se ve, entonces, que la

gravedad tiene contradicciones harto serias.

[27] Como en el último aparato de Crookes, que pone al radium en

presencia del sulfuro de cinc fosforescente á la distancia de medio

milímetro.

[28] La astronomía supone que algunos cometas son masas desprendidas de

las nebulosas.

[29] Este “agua” y este “hidrógeno,” no son naturalmente los que

conocemos; basta reflexionar que si todos los gases son formas

alotrópicas del hidrógeno, el hidrógeno primordial era todos estos

gases, es decir, una cosa bien distinta de hoy, cuando ellos se

encuentran ya diferenciados. Del propio modo el líquido primordial

cuya forma actual es el agua, era un conjunto ahora diferenciado, una

especie de fluido coloidal, como se verá luego. El hidrógeno y el agua

primordiales, eran estados generales de materia: _lo_ gaseoso y _lo_

líquido.

[30] Como el nuestro.

[31] Siendo el hidrógeno y el agua, el gas y el líquido prototípicos,

¿cuál era el sólido de esta cualidad? Probablemente el radium, ó una

composición parecida, que al solidificarse del todo, debe perder muchas

de sus cualidades radiantes (tensión eléctrica) para adquirir peso

(gravedad). El radium posee la propiedad de descomponer el agua en

hidrógeno y oxígeno, y esto es un fuerte indicio.

OCTAVA LECCIÓN

LA VIDA ORGÁNICA

En los mundos de una y de dos dimensiones, no había sensibilidad,

puesto que faltaba extensión y la vida de relación no era posible por

lo tanto. Al existir aquélla, ó sea el espacio de tres dimensiones, la

sensibilidad se hizo posible en la materia.

Pero, ¿qué es la sensibilidad? La sensibilidad es la radioactividad de

la materia, el fenómeno por el cual ésta se transforma en energía pura;

y como toda materia es radioactiva, según lo prueba el descubrimiento

de los rayos N, de Blondlot, toda materia posee sensibilidad.

La ciencia se encamina rápidamente á esta comprobación, que cuenta

ya con una cantidad de hechos tan grande como singular. Los rayos N,

la fatiga de los metales, sus propiedades eléctricas y terapéuticas,

la vida de los cristales--han demostrado ya hasta la evidencia que

la sensibilidad no es una propiedad exclusiva de la materia llamada

orgánica.

Ahora, en cuanto á la producción de los seres vivos, las fuerzas de las

moléculas libres en el seno de los líquidos; la presión osmótica que es

un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las propiedades todavía

vagas--mas no por ello menos prodigiosas--de los metales coloidales tan

semejantes á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones[32]--todo

eso está indicando cómo debió producirse _grosso modo_ el fenómeno. La

generación espontánea, es entonces un hecho real, bien que limitado á

épocas, por la coexistencia en ellas de diversas circunstancias; todo

depende de las condiciones en que se halle el átomo.

Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización, porque son los

cuerpos más sensibles, y la sensibilidad es--ya lo hemos dicho--la

radioactividad de la materia. El amor es el producto eléctrico del

contacto de dos cuerpos heterogéneos[33]. La sangre es un potentísimo

reservorio de electricidad.

Ahora bien, los organismos siguieron al formarse, las mismas leyes que

la materia. Un solo ser, primero difuso y de constitución unitaria,

desarrolló de sí mismo los primeros órganos y se propagó por los

conocidos procedimientos de generación,--fisiparidad, ovulación,

hermafrodismo--hasta alcanzar en la sexualidad su máximum de

materialización.

Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación, cuyas formas

asumió previamente el reino mineral como un intento prototípico,

debiéndose á dichas oxidaciones el nacimiento de la vida orgánica.

El sexo único que concebía y paría por los métodos ya descriptos, era

naturalmente femenino. Todos los seres eran madres, llevando reasumido,

y luego latente en su facultad de autoengendrar, el sexo masculino

futuro.

De aquí que la materia haya sido considerada por las antiguas

filosofías como la “gran madre” (_mater-ia_) personificada en el agua,

pues el agua es, á contar desde el punto en que la energía pura se

manifiesta como materia, una permutación de la electricidad ó sea su

cuarto estado.

Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones de la energía

absoluta, en un esquema que será un resumen á la vez de todo lo

estudiado.

Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará el signo (-) el signo

de la pasividad ó femenino; y el elemento engendrador el signo (+), el

signo de la actividad ó masculino.

El ser absoluto, la absoluta energía en que todo se reasume al concluir

el universo su ciclo de manifestación material--será los dos elementos

á la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero (+ −); mas como

de eso sale el rayo primordial, puede ser considerado como elemento

femenino: auto engendra.

Previa esta explicación, véase el esquema:

Septenario de la manifestación

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Ternario de la ideación Cuaternario de la realización

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_Energía absoluta_ − Estado atómico

(materia difusa)

+ Rayo primordial + Gas

(primera dimensión) (materia expansiva)

− Magnitud sin volumen − Líquido

(segunda dimensión) (equilibrio material)

+ Extensión + Sólido

(tercera dimensión) (materia cohesiva)

Estas propiedades lo son _por excelencia_ de los diversos estados de

materia, pero no excluyen las otras; forman sus características, pero

no son exclusivas.

Se ve, entonces, que el elemento femenino es el primordial, y que la

situación del estado líquido (agua) en el cuadro de las manifestaciones

materiales, justifica su símbolo[34].

La biología moderna considera primitivo también al sexo femenino,

y cree que desarrolló su contrario antecediéndolo con la fase

hermafrodita. No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar mayores

razones.

Conviene hacer notar ahora que esas formas de vida eran fluídicas,

verdaderos moldes de las actuales por causa del enorme calor del

globo y de la todavía escasa diferenciación de sus elementos; y si el

radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico, dichas formas

debían ser luminosas, ó en otros términos manifestar más intensamente

la radiación que hoy perciben apenas los sensitivos (el _od_ de

Reichenbach, la exteriorización de la sensibilidad del coronel de

Rochas) y que la placa fotográfica revela como rayos N.

La fluidez de esos seres, tanto como su relación de magnitud con la

Tierra que, al ser casi gaseosa, era de mucho mayor volumen, debía

darles una estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para que

resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas á que se veían

sometidos.

El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que sería hombre con el

tiempo, bogaba en el fluido glutinoso del mar universal como una célula

gigantesca, sin órganos, sin conciencia, sin mente, reproduciéndose

como los zoófitos y desvaneciéndose como ellos, sin morir realmente, en

los seres que de su masa engendraba.

NOVENA LECCIÓN

LA INTELIGENCIA EN EL UNIVERSO

Lo que acabamos de expresar es de tal modo extraño á las ideas

corrientes, que requiere una explicación de los fenómenos estudiados,

bajo un aspecto no percibido hasta aquí; el aspecto intelectual del

universo, ó mejor dicho el universo como manifestación inteligente.

Si el pensamiento es un producto de las combinaciones físico-químicas

del organismo humano, donde quiera que haya análogas combinaciones,

existirán efectos análogos. Á iguales causas idénticos efectos.

Ahora, cuando se piensa que la vida obedece á leyes muy simples en su

comienzo, y que no hay realmente diferencia entre la materia orgánica

y la inorgánica, siéndoles común la sensibilidad, parece que no es ya

tan absurdo buscar pensamiento en toda manifestación de la vida.

Atribuirlo solamente al hombre, es caer ya en el antropocentrismo

del ser singular creado ex profeso por los dioses de las religiones

positivas; decir que es una actividad peculiar á su organismo, es negar

la perfecta analogía é identidad substancial de éste con los del resto

del mundo animal, sin excluir á los insectos cuya inteligencia es tan

notable; limitarlo á los seres vivos, es volver á la separación de

materias que no existe en realidad.

¿Qué derecho tendría el hombre para considerarse como el único ser

inteligente del universo, si apenas es superior en su pequeño mundo?

¿Superior en absoluto? De ningún modo. Superior á él es el mineral en

estabilidad; el vegetal en duración como ser vivo; el animal en muchas

facultades. Víctima de la bacteria microscópica durante edades, hace

muy poco que ha empezado contra ella una lucha desigual en la que,

hasta ahora, lleva la peor parte. Durante edades ha sido la víctima de

los más ínfimos del reino animal.

Esto para los materialistas. Los espiritualistas, especialmente los

fieles de las religiones positivas, creen en entidades espirituales

ó inteligencias superiores al hombre, conforme lo manifiestan sus

complicadas angelologías, y en otras inferiores á él según sus

demonologías más complicadas aún. Con éstos nos bastará ponernos de

acuerdo sobre el _modus operandi_ de semejantes inteligencias.

Sentadas estas advertencias, podemos ya iniciar el asunto.

El pensamiento, nadie puede negarlo, es una forma de la energía,

si bien no presenta identidad con ninguna de las otras. No es luz,

calor, electricidad, aroma ó sonido; pero es lo que percibe de un modo

consciente esas formas de energía, puesto que las estudia é investiga

sus leyes. El pensamiento es la energía absoluta de que todo procede

y á la que todo regresa, lo que en sí lleva potencialmente todas las

formas de energía, sin tener sus cualidades, como es natural, pues no

es ninguna de ellas parcialmente considerada. Él es realmente el ser

absoluto cuya primera manifestación consiste en electricidad puramente

dinámica, como se recordará, ó sea el movimiento absolutamente lineal

é inconcebible. Sabe todo el mundo que la actividad cerebral produce

fenómenos eléctricos: y los sensitivos y lúcidos de de Rochas, dicen

que durante dicho trabajo ven á las células cerebrales relumbrar como

estrellas. Más recientemente aún, se ha observado que la actividad

nerviosa aumenta la producción de rayos N.

Como energía sensible, el pensamiento es imponderable y no objetivo á

la vez: no es materia absolutamente. Su indiferencia á la distancia

y al tiempo, puesto que se traslada con prescindencia de ambos y sin

que ambos le estorben, prueba su superioridad sobre ellos; así como

demuestra al concebirlos que los contiene y que puede crearlos. Las

consecuencias de su lógica, anteriores al conocimiento de los hechos,

puesto que los predice en ciertos casos, establece cuando menos la

identidad de sus leyes con las que rigen el universo. Maxwell encontró

como un resultado matemático, la onda eléctrica que Hertz hizo

perceptible, sin realizar ninguna experiencia y bastante tiempo antes

que Hertz. Estos hechos podrían multiplicarse.

Todas las manifestaciones de la vida son formas de pensamiento,

puesto que lo son de la energía absoluta en su eterno doble trabajo

de integrarse y desintegrarse; pero entonces también, las fuerzas son

seres inteligentes en proporción con su mayor vecindad á la energía de

donde proceden.

Así el primer movimiento en sentido lineal, ó bien la electricidad

puramente dinámica, sería la primera idea, el primer ser que

en su simple unidad lleva potencialmente todo el universo por

desarrollarse--un dios verdaderamente; pero no la unidad neutra y

extra-cósmica de las religiones, sino la síntesis de todas las

energías, que hasta su tercer estado no es materia en realidad.

Oímos ya que se objeta con el panteísmo; pero los estados sucesivos

no tienen lugar por disminución ó desaparición del primero, según lo

prueba nuestro pensamiento en acción, pues coexiste con todo ellos y

nunca deja de estar convirtiéndose. Así se explica que los universos

acaben y vuelvan á empezar en el punto donde acabaron, no como un nuevo

proceso de repetición, sino como una continuación del que lo precediera.

No siendo esa energía una magnitud, no puede disminuir, lo que explica

su permanencia; y así está eternamente convirtiéndose y siendo la misma.

Las ruedas de luz en que luego se divide, forman la primera hueste

de seres, multiplicados en los polígonos inscriptos en ellos, y

sucesivamente en los poliedros del primer estado atómico; pero como

estos seres no son materia de la nuestra, digamos así, es forzoso

considerarlos entidades incorpóreas, ó sea espíritus[35].

Unitarios en un principio, como que no son sino formas, se convierten

en hermafroditas al volverse átomos, no por razones de sexo

naturalmente, sino por reunir en el perfecto equilibrio que constituye

su existencia, la materia y la fuerza bajo el estado potencial. El

átomo es así un espíritu puro, y su conversión al estado de materia y

de fuerza ya definido, su caída.

Entre tanto, los seres que fueron las primeras ruedas, y que como

estados de energía no han dejado de existir, van dirigiendo su propio

fraccionamiento evolucionario, por actos de conciencia y de voluntad;

pues se recordará que no siendo nada material, resultan forzosamente

espíritus: pensamiento en acción.

¿Quién duda, por otra parte, que cada pensamiento es una

individualidad? Cuando leemos un pensamiento, no necesitamos recordar

á su autor, ni se ve que aquél tenga ninguna identidad con éste, pues

de ninguna manera es necesario conocer al autor de un pensamiento, ni

saber nada sobre él, para entenderlo. Una vez creado, el pensamiento es

una individualidad con vida propia; y si esto sucede en la humanidad,

cualquiera advierte la importancia que revestirá cuando se trata de

seres cósmicos.

La fuerza, cualquiera que ella sea, nunca posee esta individualidad,

y he aquí otra demostración de que son cosas distintas, así sea toda

fuerza una manifestación de pensamiento, como son cosas distintas el

rastro y la planta que lo imprimió.

Aquellas primeras energías cósmicas debían poseer una potencia

prodigiosa, dadas su libertad y la asimilación de energías que

constituía su ser; pero esto no querrá significar nunca la omnipotencia

ni la omniciencia, sino relativamente al intelecto humano. Los

fracasos de mundos estallados en asteroides ó consumidos en las

hogueras solares, tanto como la desaparición de especies animales que

convivieron con otras aún existentes, prueban errores de criterio y de

procedimiento en esas inteligencias primordiales[36].

Ahora, lo que es existencia corpórea, no la tuvieron sino cuando hubo

materia voluminosa y extensión, correspondiendo entonces al calor su

rango de primer numen[37]; pero el catálogo de las existencias cósmicas

no tendría interés para el lector, sino como una nomenclatura estéril

de personajes fantásticos.

Lo que sí interesa saber, es que todas estas manifestaciones son

atómicas y susceptibles de transformarse en otras, es decir de

_crear_, si ha de darse á este verbo su único sentido aceptable[38].

Son atómicas, como el hombre es celular, sin que su unidad de ser

individual se resienta; y si están sujetas á la evolución que hemos

descripto como una serie de consecuencias, este determinismo es el

resultado de las causas desconocidas que actuaron sobre ellas en el

universo anterior; pero ellas _sabían lo que les pasaba_, y ayudaban á

la evolución dirigiéndola en los seres emanados de ellas, si bien no

sin conflictos, es decir sin errores, como lo prueban los cataclismos

cósmicos[39]. Si hubiera un Creador omniciente y omnipotente, el

universo sería una maquinaria perfecta, sin ningún tropiezo posible.

Por lo demás, las fuerzas están demostrándonos á cada momento su

inteligencia. Todos los fenómenos naturales nos revelan operaciones

complicadísimas, ejecutadas con una precisión, con una economía tal de

esfuerzo, con una adaptación tan perfecta á su objeto, que revelan

direcciones muy superiores á nuestra razón. Compárese el trabajo que

ésta ha debido ejecutar para repetir el más insignificante de esos

fenómenos, y se tendrá la relación entre ella y las fuerzas directoras

de éstos.

La ley del menor esfuerzo, la tendencia á la regularidad de las formas,

que la ciencia llama “inclinación natural” de la materia, ¿qué son sino

deliberaciones inteligentes? ¿No implican acaso, comparación entre dos

términos? Todavía si el universo fuera de una estabilidad perfecta,

se explicaría esa precisión como un equilibrio resultante de largas

oscilaciones; pero cuando todo cambia incesantemente, las fuerzas

ciegas son inexplicables.

Al no asignar inteligencia sino al hombre, la ciencia cae en el error

antropocéntrico de las religiones, ó está obligada á suponerla en toda

manifestación físico-química, en todo fenómeno cuya dirección tenga

analogía con un raciocinio, una comparación, una modalidad intelectual

en una palabra; mucho más cuando esa modalidad resulte, como hemos

visto, superior á las suyas. Efectos análogos, suponen causas

semejantes.

¿Qué será, finalmente, si parangonamos al hombre con el planeta que

habita, y cuyas manifestaciones físico-químicas mucho más poderosas y

complicadas que la suya (como que él es una en el planeta) supone una

inteligencia mucho más vasta, así sea ella la causa (espiritualismo) ó

el efecto (materialismo) de esas manifestaciones?

¿O sería osado el hombre á suponerse más perfecto como ser, que el

planeta--el ser enorme--en el cual aquél no es sino una célula?...[40].

Hay, sin embargo, otro aspecto muy interesante del asunto.

Si la radioactividad de la materia en forma de luz, calor,

electricidad, olor, sonido, es un trabajo de regreso hacia la energía

absoluta, percibir esas manifestaciones por medio de los sentidos es

incorporarlas á dicha energía, es decir al pensamiento. Esto explica á

la vez la percepción y la naturaleza etérea (radioactividad absoluta)

del pensamiento. De aquí que el mejor aparato para apoderarse de la

energía etérea, sea el hombre, que al llevarla en sí está en ella y es

ella, como entidad espiritual naturalmente.

Así, pues, toda luz, todo sonido, todo calor, todo fenómeno olfatorio

ó gustativo, son trabajos de desintegración de la materia, y toda

percepción inteligente de estos fenómenos es reintegración de materia

á la energía absoluta.

Esto acarrea una consecuencia racional inesperada, y que resuelve uno

de los más obscuros problemas filosóficos.

Sábese, en efecto, que el espacio como extensión infinita é incorpórea,

vale decir el movimiento absoluto, puesto que es el movimiento lo que

engendra al espacio--es á un tiempo inconcebible é imprescindible

para nuestra mente. Si el pensamiento es la energía absoluta, nuestro

pensamiento y el espacio son una misma cosa, ó sea éter infinito

é incondicionado donde no hay magnitud ni tiempo; resultando así

inconcebible como sensación, bien que imprescindible porque constituye

nuestro propio ser. Los términos al parecer antagónicos, se hallan así

conciliados.

He aquí el espiritualismo y la inmortalidad del alma como soluciones

racionales de una concepción cosmogónica, es decir aceptables sin

conflicto con la ciencia ó con la razón. Posición intermedia, bien

que sólo por razones de distancia, entre el materialismo y el

super-naturalismo, la nuestra considera todos los fenómenos como

naturales, pero no los deriva totalmente de la materia; y lejos de

someterlos á la arbitrariedad del azar ó de un dios _ex nihilo_,

los considera determinados por una existencia anterior. Todas

las consecuencias que se derivan del espiritualismo así concebido:

solidaridad humana, inmortalidad, causalidad del destino humano, son

consecuencias racionales.

NOTAS:

[32] Las diastasas, las toxinas, presentan también analogías

sorprendentes con los metales en estado coloidal. Éstos obran sobre

ciertos cuerpos (formiatos, alcoholes) como las bacterias específicas

de ciertas transformaciones, y son neutralizadas por los mismos

cuerpos. El átomo, resumen de las fuerzas primordiales, lleva en sí

resumida la potencia de todos los fenómenos, y le basta cambiar de

estado para producirlos á todos.

[33] Basta ese contacto, como es sabido, para producir electricidad;

y es claro que aquí nos referimos solamente al amor físico en su más

simple expresión.

[34] Haremos notar, sin embargo, que el símbolo físico del agua en

todas las filosofías antiguas, es la cruz, pero ello viene de que

cuando se parte del espacio de tres dimensiones, ó sea de la materia

tal como podemos percibirla, el agua ocupa el cuarto lugar; siendo la

cruz el símbolo cuaternario. Los dos líneas horizontal y vertical que

la componen, simbolizan también el equilibrio material que es la forma

líquida, y ésta era otra razón.

[35] He aquí por qué llamamos _ideación_ al ternario superior de

nuestro esquema.

[36] Conviene no olvidar que si el pensamiento es la energía

primordial, todas las fuerzas (energía manifestada) son pensamiento, es

decir seres inteligentes.

[37] El calor, como se recordará, es una forma de la electricidad, que

en estado puramente dinámico, es pensamiento.

[38] Si de la nada, nada sale, crear es sólo transformar.

[39] El calor mata ó vivifica según el poder y las circunstancias de su

acción. Por otra parte, no hay evolución posible sin errores; es decir

progreso, causalidad, fenómenos. La absoluta perfección, ó sea el Dios

de las religiones, implica la absoluta esterilidad.

[40] El capítulo siguiente dilucidará esta cuestión.

DÉCIMA LECCIÓN

EL HOMBRE

Cuando vuelve á la vida un universo, los seres que lo poblaron

vuelven también á la acción por orden de importancia; es decir que

las fuerzas superiores, las más poderosas y activas, son las primeras

en reaparecer. Esto explica la formación de los mundos como entidades

primordiales, y todo el proceso de conversión de la energía en

materia, hasta que ésta alcanza su máximum de estabilidad en el estado

sólido. Á partir de este punto, se inicia el proceso inverso, ó de

desintegración, y los seres van tendiendo á convertirse en focos de

eterización cada vez más activa. Siendo éstos los seres vivos, según

se expresó, y figurando entre ellos el hombre como el más activo de

todos, alcanzar el estado humano viene á ser para los seres de la

Tierra la suprema perfección en este mundo. Conociendo este proceso, la

Kábala había dicho muchos siglos antes que los darwinistas: “La piedra

se convierte en árbol, el árbol en animal, el animal en hombre y el

hombre en espíritu puro”--dando á las cosas un alcance bien superior

como se ve.

Sabido esto, es claro que al aparecer en la Tierra la vida animal, su

primer representante ha tenido que ser el hombre; y ya hemos visto que

vida animal, tanto como vegetal y mineral, hubo en la Tierra desde que

ésta entró al estado líquido, bajo formas fluídicas, pero no menos

reales por ello.

Las Fuerzas Extrañas · 第 10 / 11 段