[24] Sábese que el sonido aumenta la producción de rayos N.
[25] La emanación continua del radium, tanto como la propagación de
la luz, el desprendimiento odorífero, etc., resultan ser movimiento
perpetuo. La locura del pasado, es la razón del presente.
[26] No damos á la palabra _gravedad_, su acepción corriente. Para
nosotros, gravedad es atracción magnética, por más extraño que esto
pueda parecer. Por lo demás, la atracción en razón directa de las masas
é inversa del cuadrado de las distancias, no se efectúa conforme á esta
ley, según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las grandes,
existe un hecho por demás curioso: los cometas desarrollan su cola
(materia más tenue que el núcleo), en oposición al sol por el cual son
atraídos en razón directa de las masas, etc. Se ve, entonces, que la
gravedad tiene contradicciones harto serias.
[27] Como en el último aparato de Crookes, que pone al radium en
presencia del sulfuro de cinc fosforescente á la distancia de medio
milímetro.
[28] La astronomía supone que algunos cometas son masas desprendidas de
las nebulosas.
[29] Este “agua” y este “hidrógeno,” no son naturalmente los que
conocemos; basta reflexionar que si todos los gases son formas
alotrópicas del hidrógeno, el hidrógeno primordial era todos estos
gases, es decir, una cosa bien distinta de hoy, cuando ellos se
encuentran ya diferenciados. Del propio modo el líquido primordial
cuya forma actual es el agua, era un conjunto ahora diferenciado, una
especie de fluido coloidal, como se verá luego. El hidrógeno y el agua
primordiales, eran estados generales de materia: _lo_ gaseoso y _lo_
líquido.
[30] Como el nuestro.
[31] Siendo el hidrógeno y el agua, el gas y el líquido prototípicos,
¿cuál era el sólido de esta cualidad? Probablemente el radium, ó una
composición parecida, que al solidificarse del todo, debe perder muchas
de sus cualidades radiantes (tensión eléctrica) para adquirir peso
(gravedad). El radium posee la propiedad de descomponer el agua en
hidrógeno y oxígeno, y esto es un fuerte indicio.
OCTAVA LECCIÓN
LA VIDA ORGÁNICA
En los mundos de una y de dos dimensiones, no había sensibilidad,
puesto que faltaba extensión y la vida de relación no era posible por
lo tanto. Al existir aquélla, ó sea el espacio de tres dimensiones, la
sensibilidad se hizo posible en la materia.
Pero, ¿qué es la sensibilidad? La sensibilidad es la radioactividad de
la materia, el fenómeno por el cual ésta se transforma en energía pura;
y como toda materia es radioactiva, según lo prueba el descubrimiento
de los rayos N, de Blondlot, toda materia posee sensibilidad.
La ciencia se encamina rápidamente á esta comprobación, que cuenta
ya con una cantidad de hechos tan grande como singular. Los rayos N,
la fatiga de los metales, sus propiedades eléctricas y terapéuticas,
la vida de los cristales--han demostrado ya hasta la evidencia que
la sensibilidad no es una propiedad exclusiva de la materia llamada
orgánica.
Ahora, en cuanto á la producción de los seres vivos, las fuerzas de las
moléculas libres en el seno de los líquidos; la presión osmótica que es
un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las propiedades todavía
vagas--mas no por ello menos prodigiosas--de los metales coloidales tan
semejantes á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones[32]--todo
eso está indicando cómo debió producirse _grosso modo_ el fenómeno. La
generación espontánea, es entonces un hecho real, bien que limitado á
épocas, por la coexistencia en ellas de diversas circunstancias; todo
depende de las condiciones en que se halle el átomo.
Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización, porque son los
cuerpos más sensibles, y la sensibilidad es--ya lo hemos dicho--la
radioactividad de la materia. El amor es el producto eléctrico del
contacto de dos cuerpos heterogéneos[33]. La sangre es un potentísimo
reservorio de electricidad.
Ahora bien, los organismos siguieron al formarse, las mismas leyes que
la materia. Un solo ser, primero difuso y de constitución unitaria,
desarrolló de sí mismo los primeros órganos y se propagó por los
conocidos procedimientos de generación,--fisiparidad, ovulación,
hermafrodismo--hasta alcanzar en la sexualidad su máximum de
materialización.
Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación, cuyas formas
asumió previamente el reino mineral como un intento prototípico,
debiéndose á dichas oxidaciones el nacimiento de la vida orgánica.
El sexo único que concebía y paría por los métodos ya descriptos, era
naturalmente femenino. Todos los seres eran madres, llevando reasumido,
y luego latente en su facultad de autoengendrar, el sexo masculino
futuro.
De aquí que la materia haya sido considerada por las antiguas
filosofías como la “gran madre” (_mater-ia_) personificada en el agua,
pues el agua es, á contar desde el punto en que la energía pura se
manifiesta como materia, una permutación de la electricidad ó sea su
cuarto estado.
Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones de la energía
absoluta, en un esquema que será un resumen á la vez de todo lo
estudiado.
Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará el signo (-) el signo
de la pasividad ó femenino; y el elemento engendrador el signo (+), el
signo de la actividad ó masculino.
El ser absoluto, la absoluta energía en que todo se reasume al concluir
el universo su ciclo de manifestación material--será los dos elementos
á la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero (+ −); mas como
de eso sale el rayo primordial, puede ser considerado como elemento
femenino: auto engendra.
Previa esta explicación, véase el esquema:
Septenario de la manifestación
╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲
Ternario de la ideación Cuaternario de la realización
╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲ ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲
_Energía absoluta_ − Estado atómico
(materia difusa)
+ Rayo primordial + Gas
(primera dimensión) (materia expansiva)
− Magnitud sin volumen − Líquido
(segunda dimensión) (equilibrio material)
+ Extensión + Sólido
(tercera dimensión) (materia cohesiva)
Estas propiedades lo son _por excelencia_ de los diversos estados de
materia, pero no excluyen las otras; forman sus características, pero
no son exclusivas.
Se ve, entonces, que el elemento femenino es el primordial, y que la
situación del estado líquido (agua) en el cuadro de las manifestaciones
materiales, justifica su símbolo[34].
La biología moderna considera primitivo también al sexo femenino,
y cree que desarrolló su contrario antecediéndolo con la fase
hermafrodita. No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar mayores
razones.
Conviene hacer notar ahora que esas formas de vida eran fluídicas,
verdaderos moldes de las actuales por causa del enorme calor del
globo y de la todavía escasa diferenciación de sus elementos; y si el
radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico, dichas formas
debían ser luminosas, ó en otros términos manifestar más intensamente
la radiación que hoy perciben apenas los sensitivos (el _od_ de
Reichenbach, la exteriorización de la sensibilidad del coronel de
Rochas) y que la placa fotográfica revela como rayos N.
La fluidez de esos seres, tanto como su relación de magnitud con la
Tierra que, al ser casi gaseosa, era de mucho mayor volumen, debía
darles una estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para que
resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas á que se veían
sometidos.
El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que sería hombre con el
tiempo, bogaba en el fluido glutinoso del mar universal como una célula
gigantesca, sin órganos, sin conciencia, sin mente, reproduciéndose
como los zoófitos y desvaneciéndose como ellos, sin morir realmente, en
los seres que de su masa engendraba.
NOVENA LECCIÓN
LA INTELIGENCIA EN EL UNIVERSO
Lo que acabamos de expresar es de tal modo extraño á las ideas
corrientes, que requiere una explicación de los fenómenos estudiados,
bajo un aspecto no percibido hasta aquí; el aspecto intelectual del
universo, ó mejor dicho el universo como manifestación inteligente.
Si el pensamiento es un producto de las combinaciones físico-químicas
del organismo humano, donde quiera que haya análogas combinaciones,
existirán efectos análogos. Á iguales causas idénticos efectos.
Ahora, cuando se piensa que la vida obedece á leyes muy simples en su
comienzo, y que no hay realmente diferencia entre la materia orgánica
y la inorgánica, siéndoles común la sensibilidad, parece que no es ya
tan absurdo buscar pensamiento en toda manifestación de la vida.
Atribuirlo solamente al hombre, es caer ya en el antropocentrismo
del ser singular creado ex profeso por los dioses de las religiones
positivas; decir que es una actividad peculiar á su organismo, es negar
la perfecta analogía é identidad substancial de éste con los del resto
del mundo animal, sin excluir á los insectos cuya inteligencia es tan
notable; limitarlo á los seres vivos, es volver á la separación de
materias que no existe en realidad.
¿Qué derecho tendría el hombre para considerarse como el único ser
inteligente del universo, si apenas es superior en su pequeño mundo?
¿Superior en absoluto? De ningún modo. Superior á él es el mineral en
estabilidad; el vegetal en duración como ser vivo; el animal en muchas
facultades. Víctima de la bacteria microscópica durante edades, hace
muy poco que ha empezado contra ella una lucha desigual en la que,
hasta ahora, lleva la peor parte. Durante edades ha sido la víctima de
los más ínfimos del reino animal.
Esto para los materialistas. Los espiritualistas, especialmente los
fieles de las religiones positivas, creen en entidades espirituales
ó inteligencias superiores al hombre, conforme lo manifiestan sus
complicadas angelologías, y en otras inferiores á él según sus
demonologías más complicadas aún. Con éstos nos bastará ponernos de
acuerdo sobre el _modus operandi_ de semejantes inteligencias.
Sentadas estas advertencias, podemos ya iniciar el asunto.
El pensamiento, nadie puede negarlo, es una forma de la energía,
si bien no presenta identidad con ninguna de las otras. No es luz,
calor, electricidad, aroma ó sonido; pero es lo que percibe de un modo
consciente esas formas de energía, puesto que las estudia é investiga
sus leyes. El pensamiento es la energía absoluta de que todo procede
y á la que todo regresa, lo que en sí lleva potencialmente todas las
formas de energía, sin tener sus cualidades, como es natural, pues no
es ninguna de ellas parcialmente considerada. Él es realmente el ser
absoluto cuya primera manifestación consiste en electricidad puramente
dinámica, como se recordará, ó sea el movimiento absolutamente lineal
é inconcebible. Sabe todo el mundo que la actividad cerebral produce
fenómenos eléctricos: y los sensitivos y lúcidos de de Rochas, dicen
que durante dicho trabajo ven á las células cerebrales relumbrar como
estrellas. Más recientemente aún, se ha observado que la actividad
nerviosa aumenta la producción de rayos N.
Como energía sensible, el pensamiento es imponderable y no objetivo á
la vez: no es materia absolutamente. Su indiferencia á la distancia
y al tiempo, puesto que se traslada con prescindencia de ambos y sin
que ambos le estorben, prueba su superioridad sobre ellos; así como
demuestra al concebirlos que los contiene y que puede crearlos. Las
consecuencias de su lógica, anteriores al conocimiento de los hechos,
puesto que los predice en ciertos casos, establece cuando menos la
identidad de sus leyes con las que rigen el universo. Maxwell encontró
como un resultado matemático, la onda eléctrica que Hertz hizo
perceptible, sin realizar ninguna experiencia y bastante tiempo antes
que Hertz. Estos hechos podrían multiplicarse.
Todas las manifestaciones de la vida son formas de pensamiento,
puesto que lo son de la energía absoluta en su eterno doble trabajo
de integrarse y desintegrarse; pero entonces también, las fuerzas son
seres inteligentes en proporción con su mayor vecindad á la energía de
donde proceden.
Así el primer movimiento en sentido lineal, ó bien la electricidad
puramente dinámica, sería la primera idea, el primer ser que
en su simple unidad lleva potencialmente todo el universo por
desarrollarse--un dios verdaderamente; pero no la unidad neutra y
extra-cósmica de las religiones, sino la síntesis de todas las
energías, que hasta su tercer estado no es materia en realidad.
Oímos ya que se objeta con el panteísmo; pero los estados sucesivos
no tienen lugar por disminución ó desaparición del primero, según lo
prueba nuestro pensamiento en acción, pues coexiste con todo ellos y
nunca deja de estar convirtiéndose. Así se explica que los universos
acaben y vuelvan á empezar en el punto donde acabaron, no como un nuevo
proceso de repetición, sino como una continuación del que lo precediera.
No siendo esa energía una magnitud, no puede disminuir, lo que explica
su permanencia; y así está eternamente convirtiéndose y siendo la misma.
Las ruedas de luz en que luego se divide, forman la primera hueste
de seres, multiplicados en los polígonos inscriptos en ellos, y
sucesivamente en los poliedros del primer estado atómico; pero como
estos seres no son materia de la nuestra, digamos así, es forzoso
considerarlos entidades incorpóreas, ó sea espíritus[35].
Unitarios en un principio, como que no son sino formas, se convierten
en hermafroditas al volverse átomos, no por razones de sexo
naturalmente, sino por reunir en el perfecto equilibrio que constituye
su existencia, la materia y la fuerza bajo el estado potencial. El
átomo es así un espíritu puro, y su conversión al estado de materia y
de fuerza ya definido, su caída.
Entre tanto, los seres que fueron las primeras ruedas, y que como
estados de energía no han dejado de existir, van dirigiendo su propio
fraccionamiento evolucionario, por actos de conciencia y de voluntad;
pues se recordará que no siendo nada material, resultan forzosamente
espíritus: pensamiento en acción.
¿Quién duda, por otra parte, que cada pensamiento es una
individualidad? Cuando leemos un pensamiento, no necesitamos recordar
á su autor, ni se ve que aquél tenga ninguna identidad con éste, pues
de ninguna manera es necesario conocer al autor de un pensamiento, ni
saber nada sobre él, para entenderlo. Una vez creado, el pensamiento es
una individualidad con vida propia; y si esto sucede en la humanidad,
cualquiera advierte la importancia que revestirá cuando se trata de
seres cósmicos.
La fuerza, cualquiera que ella sea, nunca posee esta individualidad,
y he aquí otra demostración de que son cosas distintas, así sea toda
fuerza una manifestación de pensamiento, como son cosas distintas el
rastro y la planta que lo imprimió.
Aquellas primeras energías cósmicas debían poseer una potencia
prodigiosa, dadas su libertad y la asimilación de energías que
constituía su ser; pero esto no querrá significar nunca la omnipotencia
ni la omniciencia, sino relativamente al intelecto humano. Los
fracasos de mundos estallados en asteroides ó consumidos en las
hogueras solares, tanto como la desaparición de especies animales que
convivieron con otras aún existentes, prueban errores de criterio y de
procedimiento en esas inteligencias primordiales[36].
Ahora, lo que es existencia corpórea, no la tuvieron sino cuando hubo
materia voluminosa y extensión, correspondiendo entonces al calor su
rango de primer numen[37]; pero el catálogo de las existencias cósmicas
no tendría interés para el lector, sino como una nomenclatura estéril
de personajes fantásticos.
Lo que sí interesa saber, es que todas estas manifestaciones son
atómicas y susceptibles de transformarse en otras, es decir de
_crear_, si ha de darse á este verbo su único sentido aceptable[38].
Son atómicas, como el hombre es celular, sin que su unidad de ser
individual se resienta; y si están sujetas á la evolución que hemos
descripto como una serie de consecuencias, este determinismo es el
resultado de las causas desconocidas que actuaron sobre ellas en el
universo anterior; pero ellas _sabían lo que les pasaba_, y ayudaban á
la evolución dirigiéndola en los seres emanados de ellas, si bien no
sin conflictos, es decir sin errores, como lo prueban los cataclismos
cósmicos[39]. Si hubiera un Creador omniciente y omnipotente, el
universo sería una maquinaria perfecta, sin ningún tropiezo posible.
Por lo demás, las fuerzas están demostrándonos á cada momento su
inteligencia. Todos los fenómenos naturales nos revelan operaciones
complicadísimas, ejecutadas con una precisión, con una economía tal de
esfuerzo, con una adaptación tan perfecta á su objeto, que revelan
direcciones muy superiores á nuestra razón. Compárese el trabajo que
ésta ha debido ejecutar para repetir el más insignificante de esos
fenómenos, y se tendrá la relación entre ella y las fuerzas directoras
de éstos.
La ley del menor esfuerzo, la tendencia á la regularidad de las formas,
que la ciencia llama “inclinación natural” de la materia, ¿qué son sino
deliberaciones inteligentes? ¿No implican acaso, comparación entre dos
términos? Todavía si el universo fuera de una estabilidad perfecta,
se explicaría esa precisión como un equilibrio resultante de largas
oscilaciones; pero cuando todo cambia incesantemente, las fuerzas
ciegas son inexplicables.
Al no asignar inteligencia sino al hombre, la ciencia cae en el error
antropocéntrico de las religiones, ó está obligada á suponerla en toda
manifestación físico-química, en todo fenómeno cuya dirección tenga
analogía con un raciocinio, una comparación, una modalidad intelectual
en una palabra; mucho más cuando esa modalidad resulte, como hemos
visto, superior á las suyas. Efectos análogos, suponen causas
semejantes.
¿Qué será, finalmente, si parangonamos al hombre con el planeta que
habita, y cuyas manifestaciones físico-químicas mucho más poderosas y
complicadas que la suya (como que él es una en el planeta) supone una
inteligencia mucho más vasta, así sea ella la causa (espiritualismo) ó
el efecto (materialismo) de esas manifestaciones?
¿O sería osado el hombre á suponerse más perfecto como ser, que el
planeta--el ser enorme--en el cual aquél no es sino una célula?...[40].
Hay, sin embargo, otro aspecto muy interesante del asunto.
Si la radioactividad de la materia en forma de luz, calor,
electricidad, olor, sonido, es un trabajo de regreso hacia la energía
absoluta, percibir esas manifestaciones por medio de los sentidos es
incorporarlas á dicha energía, es decir al pensamiento. Esto explica á
la vez la percepción y la naturaleza etérea (radioactividad absoluta)
del pensamiento. De aquí que el mejor aparato para apoderarse de la
energía etérea, sea el hombre, que al llevarla en sí está en ella y es
ella, como entidad espiritual naturalmente.
Así, pues, toda luz, todo sonido, todo calor, todo fenómeno olfatorio
ó gustativo, son trabajos de desintegración de la materia, y toda
percepción inteligente de estos fenómenos es reintegración de materia
á la energía absoluta.
Esto acarrea una consecuencia racional inesperada, y que resuelve uno
de los más obscuros problemas filosóficos.
Sábese, en efecto, que el espacio como extensión infinita é incorpórea,
vale decir el movimiento absoluto, puesto que es el movimiento lo que
engendra al espacio--es á un tiempo inconcebible é imprescindible
para nuestra mente. Si el pensamiento es la energía absoluta, nuestro
pensamiento y el espacio son una misma cosa, ó sea éter infinito
é incondicionado donde no hay magnitud ni tiempo; resultando así
inconcebible como sensación, bien que imprescindible porque constituye
nuestro propio ser. Los términos al parecer antagónicos, se hallan así
conciliados.
He aquí el espiritualismo y la inmortalidad del alma como soluciones
racionales de una concepción cosmogónica, es decir aceptables sin
conflicto con la ciencia ó con la razón. Posición intermedia, bien
que sólo por razones de distancia, entre el materialismo y el
super-naturalismo, la nuestra considera todos los fenómenos como
naturales, pero no los deriva totalmente de la materia; y lejos de
someterlos á la arbitrariedad del azar ó de un dios _ex nihilo_,
los considera determinados por una existencia anterior. Todas
las consecuencias que se derivan del espiritualismo así concebido:
solidaridad humana, inmortalidad, causalidad del destino humano, son
consecuencias racionales.
NOTAS:
[32] Las diastasas, las toxinas, presentan también analogías
sorprendentes con los metales en estado coloidal. Éstos obran sobre
ciertos cuerpos (formiatos, alcoholes) como las bacterias específicas
de ciertas transformaciones, y son neutralizadas por los mismos
cuerpos. El átomo, resumen de las fuerzas primordiales, lleva en sí
resumida la potencia de todos los fenómenos, y le basta cambiar de
estado para producirlos á todos.
[33] Basta ese contacto, como es sabido, para producir electricidad;
y es claro que aquí nos referimos solamente al amor físico en su más
simple expresión.
[34] Haremos notar, sin embargo, que el símbolo físico del agua en
todas las filosofías antiguas, es la cruz, pero ello viene de que
cuando se parte del espacio de tres dimensiones, ó sea de la materia
tal como podemos percibirla, el agua ocupa el cuarto lugar; siendo la
cruz el símbolo cuaternario. Los dos líneas horizontal y vertical que
la componen, simbolizan también el equilibrio material que es la forma
líquida, y ésta era otra razón.
[35] He aquí por qué llamamos _ideación_ al ternario superior de
nuestro esquema.
[36] Conviene no olvidar que si el pensamiento es la energía
primordial, todas las fuerzas (energía manifestada) son pensamiento, es
decir seres inteligentes.
[37] El calor, como se recordará, es una forma de la electricidad, que
en estado puramente dinámico, es pensamiento.
[38] Si de la nada, nada sale, crear es sólo transformar.
[39] El calor mata ó vivifica según el poder y las circunstancias de su
acción. Por otra parte, no hay evolución posible sin errores; es decir
progreso, causalidad, fenómenos. La absoluta perfección, ó sea el Dios
de las religiones, implica la absoluta esterilidad.
[40] El capítulo siguiente dilucidará esta cuestión.
DÉCIMA LECCIÓN
EL HOMBRE
Cuando vuelve á la vida un universo, los seres que lo poblaron
vuelven también á la acción por orden de importancia; es decir que
las fuerzas superiores, las más poderosas y activas, son las primeras
en reaparecer. Esto explica la formación de los mundos como entidades
primordiales, y todo el proceso de conversión de la energía en
materia, hasta que ésta alcanza su máximum de estabilidad en el estado
sólido. Á partir de este punto, se inicia el proceso inverso, ó de
desintegración, y los seres van tendiendo á convertirse en focos de
eterización cada vez más activa. Siendo éstos los seres vivos, según
se expresó, y figurando entre ellos el hombre como el más activo de
todos, alcanzar el estado humano viene á ser para los seres de la
Tierra la suprema perfección en este mundo. Conociendo este proceso, la
Kábala había dicho muchos siglos antes que los darwinistas: “La piedra
se convierte en árbol, el árbol en animal, el animal en hombre y el
hombre en espíritu puro”--dando á las cosas un alcance bien superior
como se ve.
Sabido esto, es claro que al aparecer en la Tierra la vida animal, su
primer representante ha tenido que ser el hombre; y ya hemos visto que
vida animal, tanto como vegetal y mineral, hubo en la Tierra desde que
ésta entró al estado líquido, bajo formas fluídicas, pero no menos
reales por ello.