Así, pues, tenemos que la primera manifestación de la energía absoluta

en que se resolvió, al concluir su ciclo de existencia, el universo

predecesor del nuestro, fué un movimiento de desarrollo absolutamente

longitudinal, un rayo _γ_; y que este movimiento engendró el espacio.

El rayo en cuestión llevaba en su propio curso la segunda dimensión,

puesto que serpenteaba; y sus ondulaciones al acentuarse, concluyeron

por dividirlo en arcos cuyos extremos, faltos de toda solicitud hacia

una ú otra parte, por no haber en el infinito más existencias, se

unieron formando ruedas y engendrando el espacio de segunda dimensión.

En el ámbito de estas ruedas formáronse (ya vimos cómo) polígonos que

fueron los primeros seres, con una existencia análoga á la de los que

conocemos, y que constituyeron los prototipos lineales de los átomos.

Las ruedas luminosas se atrajeron, y al chocar ó absorberse según

sus magnitudes, se desarrolló en ellas el volumen á que tendían,

transformándolas en lentejas, en ovoides y en esferoides, y engendrando

por consecuencia el espacio de tercera dimensión, nuestro espacio,

al par que la rotación planetaria. Los polígonos se convirtieron

en poliedros y nacieron los átomos, que son centros de fuerza

individualizada.

Naturalmente, esto no es más que un desarrollo esquemático del proceso

cósmico.

QUINTA LECCIÓN

NUESTRA TEORÍA ANTE LA CIENCIA

Fácilmente se echa de ver que estas ideas nada tienen de semejante con

el sistema de Laplace, hoy en vigencia; pero intentemos demostrar que

no son anticientíficas.

El sistema de Laplace, empieza suponiendo una nebulosa ígnea surgida

del espacio _ex nihilo_, ó al impulso del azar que es la misma

cosa[16]. Cualquiera nota la inferioridad de este comienzo, así como

la consiguiente embrolla en la organización de los movimientos que

impulsan á la nebulosa en cuestión, haciéndola girar, aplastarse,

desprender anillos, dividirlos y reunirlos en esferoides; si bien

existe con nuestra teoría un punto común: los arcos procedentes de

la división de los anillos en que se descompone la nebulosa, tienden

á unirse por sus extremos engendrando los esferoides, así como los

provenientes de la división de nuestro rayo primordial, lo hacen para

formar las ruedas luminosas. La diferencia está en que el sistema de

Laplace, supone la existencia previa del espacio y de la materia tal

como los conocemos, para describir la vida de su nebulosa; mientras el

nuestro acomete radicalmente el problema de los orígenes El positivismo

nada quiere saber de esto, y le daríamos razón, si no empezara por

faltar á su propio método construyendo á su vez hipótesis como ésta de

Laplace; pero cuando él lo hace, el mismo derecho nos asiste y usaremos

ampliamente de él.

Ahora bien, como la ciencia quiere hechos y el método positivo

afirma que teoría es “hipótesis verificada”, diremos que de todas

las nebulosas conocidas, ninguna confirma la hipótesis de Laplace.

Algunas se hallan en un estado de homogeneidad muy primitivo, pues su

espectro sólo manifiesta la raya del hidrógeno, lo cual hace suponer

que están formadas de este gas exclusivamente; pero ninguna presenta

uno solo de los supuestos anillos. Adoptan las más variadas formas,

bajo un aspecto común de masas profundamente atormentadas, y algunas

han cambiado de forma, imposibilitando así el argumento de que si no

se las ve anillarse, es debido á la gran lentitud de su evolución. Las

más regulares, las que afectan precisamente una forma lenticular, han

resultado no ser nebulosas sino sistemas de estrellas, vías lácteas

semejantes á la nuestra[17]. Ya veremos de dónde resulta esa forma

atormentada de las nebulosas.

Falta, entonces, el testimonio de los hechos; á no ser que se quiera

darle por confirmación, harto lejana ciertamente, la subordinación

planetaria al sol de nuestro sistema; pero como la ciencia admite que

esta subordinación puede ser ejercida por los soles sobre los cometas,

no queda ya mucho para la teoría.

No hemos olvidado, naturalmente, á Saturno, que con sus anillos

parece presentar un testimonio, bien que ellos estén considerados

sólidos lo cual es un obstáculo sobremanera grave; pero una excepción

evidente entre los astros, no puede servir para verificar una

hipótesis, con mayor razón cuando ella se refiere á las nebulosas donde

no hay nada parecido, y cuando de conformidad á su enunciado, los

astros sólidos _no debieran_ presentar esa conformación[18].

Saturno es realmente un defectuoso del espacio, y de aquí que la

astrología lo considerara el planeta de las malas influencias; pero

esto puede ser desdeñado por el lector, sin más trámite.

Otra cosa que la hipótesis de Laplace no explica, es el origen del

movimiento rotatorio, ya muy complicado, de su supuesta nebulosa

originaria, que como todas las masas esferoidales del espacio giraba

sobre sí misma y se trasladaba á la vez; para no hablar de los

movimientos secundarios engendrados por los dos anteriores. La nebulosa

en cuestión era un organismo bastante complejo, según se ve, y por

templada que sea la curiosidad positivista, ha de sentir tentaciones de

buscar más simples antecedentes.

Pero cuando la hipótesis pierde todo su valor, quedando reducida á un

mero juego de gabinete, es cuando se considera que una masa rotatoria

debe forzosamente trasladarse en una órbita espiral, tal como se acepta

actualmente. Suprimidas entonces las curvas cerradas, vale decir las

elipses perfectas de la hipótesis, los supuestos anillos desprendidos

de la nebulosa serían largas espirales de materia cósmica difusa, que

tenderían á concretarse en cometas, no en planetas concéntricos. El

experimento de Plateau falla, entonces, por su base, y los anillos de

Saturno se desvanecen definitivamente esta vez[19].

Al experimento de Plateau, que empieza por suponer la nebulosa

originaria parada en el espacio (la gota de aceite en el seno del agua

alcoholizada) nosotros oponemos nuestra modesta pompa de jabón, que le

lleva de ventaja su sencillez, siendo ésta, como es sabido, un atributo

de la verdad; y consecutivamente alegamos contra la hipótesis, la

falta completa de hechos confirmatorios[20].

Tampoco es admisible la nebulosa infinita que supondría esa supuesta

falta de movimiento traslaticio, necesario para que el experimento

de Plateau se realice; pues con sólo tener en cuenta la aparición en

ella de focos que serán los futuros soles centrales, y sus diversas

magnitudes, la suposición se vuelve insostenible.

Por otra parte, la astronomía se aleja cada vez más de la suposición de

un universo infinito, ó siquiera de ilimitadas dimensiones; pues piensa

que si ello fuera así, los rayos de las estrellas infinitas llenarían

todo el espacio (dado que el rayo de luz no se pierde por razones de

distancia, según enseña la física); no habría punto del espacio sin un

rayo de luz, y por consiguiente no existiría la noche.

Newcomb supone, basándose sobre las paralajes de las estrellas y por

medio de complicados cálculos cuyo resumen es imposible sin confusión,

que nuestro universo es una esfera de _siete mil millones de millones_

de leguas de radio[21]. Sin aceptar especialmente ningún cálculo,

opinamos que nuestro universo es limitado en efecto, es decir un

organismo en evolución por enorme que se lo considere; si bien esto no

supone que rechacemos la eterna actividad del cosmos en el infinito[22].

Nuestra teoría va apoyada en todo su desarrollo por hechos científicos,

desde el rayo primordial hasta la generación de los átomos;

consistiendo su diferencia con el criterio positivista, en que no hace

distinción fundamental entre fuerza y materia, ó considera pues los

elementos permutables y provenientes de una sola causa: la energía

absoluta. Salvo esta última parte, la ciencia va aceptando la

identidad substancial de fuerza y materia é inclinándose más á nuestra

definición: materia es todo lo objetivo, sea ó no ponderable. La

electricidad y el radium le imponen esta conclusión.

Los estados de la materia y de la conciencia, así como la generación

de unos elementos por otros, puesto que la vida, como hemos dicho, es

un perpetuo cambiar de estado, explican mejor la evolución total del

universo que la hipótesis cosmogónica de la ciencia, sin subordinarla

exclusivamente á la materia ni al azar que es lo arbitrario, antes

conciliando el doble aspecto substancial de los fenómenos y dando á

su producción inicial un carácter determinista; todo lo cual es, por

cierto, mucho más filosófico y aceptable.

Expresaremos, para concluir este capítulo, algo que acentúa aun el

carácter científico de la teoría.

Apenas la luz primordial se individualiza, comienza ya en el espacio la

lucha por la vida (la absorción de unas ruedas por otras) que acarrea

de consiguiente la supervivencia de los más aptos, principio progresivo

de toda evolución; lo que está lejos de suceder en la demasiado

perfecta maquinaria de la nebulosa de Laplace. Las leyes de la vida, ya

lo hemos dicho, son las mismas para el insecto que para la nebulosa.

El lector está ya lo bastante informado para elegir entre esa

hipótesis ó la nuestra; entre el proceso puramente material, ó el

cambio de estado de la absoluta energía, que al volverse materia

engendra simultáneamente al tiempo y al espacio, ó mejor dicho la

extensión por el movimiento; la magnitud, la forma, el átomo, es decir

los fundamentos del universo bajo sus múltiples aspectos de ideación,

de conciencia, de número y de objetividad.

Veamos ahora cómo prosiguió la evolución de ese universo.

SEXTA LECCIÓN

LA VIDA DE LA MATERIA

Al adquirir la tercera dimensión, las lentejas se hacen perceptibles

bajo la forma de copos de luz blanca, pues mientras fueron simples

cambios de estado de la energía, tuvieron una existencia tan invisible

como la de las “luces” α, β, γ que la ciencia conoce ahora. Entonces es

cuando empieza á haber propiamente materia y fuerza, y á desarrollarse

fenómenos más familiares para nosotros.

El primero de ellos (y en relación con la materia ponderable, el

primordial) es el calor, ó sea la electricidad bajo este aspecto,

resultante de la fricción de los átomos[23].

Átomos dotados de una velocidad casi infinita, producen al chocar entre

sí una incandescencia enorme, cuyo primer efecto es consumir á muchos,

ó mejor dicho refundirlos en otros, condensando así la materia al

revés de lo que el calor hace ahora. Los átomos sobrevivientes de esa

verdadera lucha por la existencia, representan, pues, sumas colosales

de energía en equilibrio, explicándose así la proveniencia de esta

energía que tiene perpleja á la ciencia. La armonía vibratoria formada

por proporciones numéricas, que resulta de este acomodo tanto como

de la estructura poliédrica de los átomos, es el prototipo de las

vibraciones armónicas que llamamos música, y que explica á la vez la

“música de las esferas” de Pitágoras y el poder constructor de la lira

de Amphion; pues siendo el sonido fuerza primordial, es naturalmente

fuerza creadora[24].

El calor se manifiesta al mismo tiempo que la luz roja, la luz más

caliente como es sabido; del propio modo que la electricidad fría de

los anteriores estados, había coincidido con los rayos ultravioletas

excitadores de la fosforescencia y de la fluorescencia, manifestaciones

á su vez de la radioactividad de la materia.

De aquí que el calor y la luz carezcan (en sentido material) de

magnitud y de tiempo respectivamente. Basta con reflexionar que

la más pequeña llama puede encender los fuegos de toda la Tierra

sin disminuir absolutamente, y que el rayo de luz, según queda

enunciado más arriba, no se pierde por razones de distancia, viajando

incesantemente. No era necesario el radium, como se ve, para hacer

perceptible la infinitud de la energía, pues bastaba observar la más

mísera candela como fuente de luz y de calor; pero la ciencia requiere

también sus maravillas. Por lo demás, sostenemos que el olor es también

una forma de radioactividad, como lo prueba el ejemplo bien conocido

de la partícula de almizcle que perfuma durante un siglo sin variar de

peso. Ya veremos todo el alcance de estas consideraciones[25].

La materia, pues, existía ya, cada vez con mayor tendencia hacia la

inercia; y para valernos de una analogía gráfica, que encierra una

verdad, por otra parte, diremos que la tensión eléctrica se había

transformado en gravedad, identificándose con el volumen. La materia

es, si se tiene esto en cuenta, electricidad neutra cuya tensión se ha

transformado en gravedad[26].

Pero, qué era esta materia? Esta materia era el hidrógeno, cuya raya

figura _única_ en el espectro de las nebulosas propiamente dichas.

El hidrógeno es la electricidad bajo forma de gas, y de aquí sus

cualidades características. Todos los gases son formas alotrópicas del

hidrógeno, provienen de su átomo; pero este átomo, que es el hexaedro

primordial antes mencionado, desarrolla al girar un torbellino formado

por espirales concéntricos, según resulta de su forma en rotación,

y este torbellino constituye como quien dice su cuerpo. Así, cuando

la ciencia vea los átomos, no ha de ser bajo la forma de menudas

chispas[27], sino de torbellinos espiraloides enteramente análogos á

los sistemas solares.

Los tres estados que la energía debió asumir á convertirse en

materia, son inapreciables para nosotros mientras no llegan al perfecto

equilibrio y se manifiestan bajo forma de hidrógeno. He aquí por qué

en los ochos grupos del sistema de los elementos, los compuestos

hidrogenados primordiales no tienen clasificación sino á contar desde

el cuarto (MH_{4}); los tres restantes son materia radioactiva pura.

Esas masas de gas incandescente, sufren diversos percances: explosiones

que las destruyen, absorciones, divisiones en regueros espirales que

se convierten en cometas, y desplazamientos que las arrojan al espacio

con movimiento parabólico, bajo forma de cometas igualmente[28]. Este

desplazamiento eterno de las masas estelares, va dejando el sitio

necesario para nuevas formaciones, y así es como vive el infinito,

convirtiéndose perpetuamente; todo ello sin contar los cataclismos que

semejantes movimientos suponen, y que explican la forma atormentada de

las nebulosas.

La lucha por la vida es activísima entre esos errantes del espacio.

Unos son devorados por los que ya se convirtieron en soles; otros se

conjugan y forman seres mixtos; otros se organizan en sistemas; pero

al cabo de cierto tiempo, ninguno es simple ya, sino una suma de otros,

exactamente como el animal que incorpora á su organismo los de diversos

seres; y su vida se vuelve singularmente compleja. Menester es que aquí

dejemos al astro hipotético, para seguir la evolución de la vida en

nuestro planeta.

Antes de pasar á otro capítulo conviene tener presente, sin embargo,

que las leyes primordiales de la vida son comunes á todos los astros

y á todos aplicables por analogía; así como que dichos astros nunca

pierden su relación substancial, continuando ésta bajo comunicaciones

luminosas, magnéticas, etc. El átomo originario sigue siendo el

prototipo de cada ser, tanto en el insecto como en la estrella.

SÉPTIMA LECCIÓN

LOS ELEMENTOS TERRESTRES

Á cada uno de los cambios de estado del movimiento que engendra el

espacio de tres dimensiones, corresponde, como hemos visto, una clase

de electricidad, una clase de formas, una clase de luz. En la Tierra

corresponde también á cada uno un elemento.

En el gas, predomina la fuerza expansiva del rayo primordial; en el

líquido, la expansión horizontal del segundo estado; en el sólido,

el equilibrio del tercero que es la tensión eléctrica convertida en

gravedad--la electricidad neutra.

Prototipo de todos los líquidos, el agua es una permutación del

hidrógeno, cuyo nombre significa, como es sabido, generador del agua.

El agua viene á ser así electricidad líquida, como el hidrógeno

es electricidad gaseosa[29]. Á esto se debe que las leyes de

distribución de la electricidad y de los líquidos, sean las mismas;

aunque éstos se hallen sometidos á la gravedad y aquélla no; pero

tensión y gravedad son una misma cosa como hemos visto. Lo líquido es,

pues, dado nuestro punto de vista, más vivo, es decir más próximo al

estado de energía pura ó éter, y por esto el agua es la fuente de la

vida orgánica. Los alquimistas decían que el mercurio es el más vivo de

los metales (en francés _vif argent_) y debe notarse que los vehículos

esenciales de la vida orgánica,--sangre, savia, leche--son líquidos.

Tanto en el estado gaseoso como en el líquido, la forma poliédrica

de los átomos continúa siendo el prototipo, y esto se encuentra asaz

bien demostrado por las fórmulas químicas, para que debamos insistir;

no obstante, en el estado líquido, los poliedros son ya cristales

prototípicos de los futuros sólidos en que se manifestará el máximum de

inercia de la materia.

La Tierra era una especie de océano esferoidal, denso y glutinoso,

en el cual los átomos se agruparon bajo formas cristalinas, es decir

poliédricas, según su modelo fundamental. La ciencia produce cristales

semifluidos en el seno de un líquido, por medio del calor y de la

electricidad, y estos cristales se portan como seres vivos, no sólo

por su estructura semejante á la de las células, sino porque poseen

propiedades tan notables como la de reparar sus mutilaciones. Esto

bastará, según creemos, para demostrar que el estado líquido no es un

estado amorfo, y que el sólido ha podido perfectamente derivar de él.

De aquí la tendencia de todos los sólidos á cristalizar, es decir á

modelarse bajo el patrón originario.

Cuando un planeta[30] ha organizado toda su materia en los tres

costados, ó en términos más generales: cuando la materia de un

planeta ha alcanzado su máximum de estabilidad, comienza el proceso

de desintegración de esta materia. Ella se ha de efectuar en un

tiempo equivalente al que empleó para formarse, conforme á la ley de

periodicidad, y en estados semejantes, bien que inversos[31].

La función vital preponderante, que era condensar éter, es reemplazada

por la de “eterizar” la materia, aunque esto no quiere decir que haya

sustitución completa de un proceso por otro. El equilibrio entre ambos

persiste por mucho tiempo, exactamente como ahora lo vemos en nuestro

mundo, sin diferencias apreciables, pero con tendencia progresiva

hacia la eterización. Á esto último responde la aparición de los seres

orgánicos.

NOTAS:

[1] “Luz negra” y “tinieblas” no equivalen naturalmente á _sombra_, es

decir á una diminución de luz. Son la “no-luz” en absoluto.

[2] Esta causalidad, que es la ley suprema de toda vida, tiene un

símbolo admirable en el paganismo. Queremos hablar del destino (ó sea

el determinismo de las causas anteriores) que era superior á todos los

dioses, sin ser él mismo un dios.

[3] Conviene tener presente siempre que esta electricidad es la del

rayo _γ_, y no la que conocemos habitualmente.

[4] La ciencia empieza á considerar como materia á la luz y á la

electricidad, porque está obligada á suponerlas atómicas. Nosotros

también; pero si son materia porque son objetivas y ésta es la

verdadera definición carecen de la propiedad substancial _única_ de la

materia: el peso. No sabemos si la ciencia creerá que no hay, entonces,

diferencia substancial entre la materia y la energía: pero la lógica

obliga á esta conclusión.

[5] Recuérdese nuestra definición de la materia en la nota anterior:

materia es todo lo objetivo.

[6] La unidad absoluta en abstracto, es la energía absoluta; por eso

decimos que el rayo es unidad absoluta _como manifestación vital_.

[7] No se nos escapa lo imperfecto de estas expresiones, pues parece en

realidad que la extensión debiera preceder á la magnitud; pero creemos

haber demostrado en el caso de la mancha de luz, que ésta puede tener

magnitud sin tener volumen, mientras que la extensión lo requeriría. El

valor convencional que damos á las palabras, resulta de la novedad de

las ideas.

[8] Nosotros llegamos á Dios, es decir, al Ser Supremo (que de

ninguna manera se nos representa como un tipo semejante al humano) á

través de la materia y de la fuerza, sin necesidad de negarlas, antes

refundiéndolas en su propio ser una de cuyas manifestaciones las

consideramos. De aquí que tengamos á las manifestaciones de la vida

absoluta (Dios) por estados de conciencia.

[9] Recuérdese nuestra definición de la vida.

[10] Es decir que producen iones. Los iones surgidos de los mecheros,

son los productores del fenómeno. En las manchas de luz primordial, los

puntos más luminosos vienen á ser las fuentes de ionización.

[11] Las analogías entre estas vidas con los fenómenos del mundo

actual, no implican identidades. Los fenómenos de aquéllas, son los

prototipos de nuestros fenómenos; son parecidos, pero no iguales.

[12] Como siempre que hay choque de dos magnitudes de forma circular.

[13] El sol, que es sin duda una esfera fluida, no tiene achatamiento

polar alguno, como una pompa de jabón, aunque su densidad sea sólo

una cuarta parte de la terrestre, y su fuerza centrífuga cuatro veces

mayor. Á su tiempo recordaremos esta singularidad solar.

[14] El pensamiento divino geometriza en el Cosmos, decía Platón que

sabía á qué atenerse.

[15] Conviene quizá advertir que el hexaedro es la única forma material

perceptible que realice estas condiciones, si bien un agregado de

hexaedros nunca puede componer un todo perfecto, estando limitado

siempre por ángulos abiertos. Es lo que ocurre con la materia en eterno

trabajo de desintegración que la pone en contacto con la absoluta

energía, como los ángulos abiertos con el infinito á nuestro conjunto

de hexaedros.

[16] En efecto, el azar que es una causa sin causa, equivale á los

dioses de las religiones positivas, cuyo carácter más saliente y común

es la arbitrariedad.

[17] La astronomía moderna se inclina á creer que todo el universo

estelar tiene esta forma, y que nuestra vía láctea se halla próxima

á su centro; pues el número de estrellas de dos puntos opuestos del

cielo, ya estén situados en la vía misma ó en sus polos, es casi

igual. Siendo esto así, el universo estelar presentaría la forma de

una lenteja ó esferoide muy achatado en la misma dirección que la vía

láctea. Dividiendo el cielo en nueve círculos paralelos al plano de

ésta (las zonas 1^a y 9^a abarcarían sus polos) resulta la siguiente

relación de densidades: 1, 2.8; 2, 3.0; 3, 3.5; 4, 5.3; 5, 8.2; 6,

6.1; 7, 3.7; 8, 3.2; 9, 3.1; lo cual establece el rango central de la

vía láctea (5, 8, 2), así como la forma del universo estelar. Nuestras

_lentejas_ no son, pues, pura fantasía.

[18] Dadas su velocidad rotatoria y la condensación de la materia

gaseosa de los anillos en materia sólida, esta última es inexplicable.

En efecto, si es del mismo peso y densidad que la del planeta, no ha

podido condensarse sin romperse; y si no es del mismo peso y de la

misma densidad, ¿cómo gira armónicamente con él?

[19] Los cambios de conformación de algunas nebulosas, manifiestan

tendencia á definirse en torbellinos espirales. El capítulo siguiente

expresará en detalle estos movimientos.

[20] En cambio abundan los contradictorios, y entre éstos son los más

notables: la densidad de Venus, menor que la de la Tierra, no obstante

su mayor proximidad al sol; la de Urano mayor que la de Saturno, á

pesar de hallarse más lejano que éste; la de los satélites de Júpiter

mucho mayor que la de éste; el movimiento retrógrado de los satélites

de Urano y de Neptuno, la falta de achatamiento polar del sol, antes

mencionada; la depresión polar de Mercurio, diez veces mayor que la

de la Tierra, á pesar de que su rotación equivale apenas á un tercio

de la de ésta, siendo mayor su densidad en una cuarta parle tan sólo;

las depresiones polares igualmente desproporcionadas de Saturno y de

Júpiter...

[21] Es curioso que el número 7, el número sagrado por excelencia,

reaparezca como cifra inicial de este resultado; pero lo es más aún

el que la _docena_ y la _decena_, también números sagrados, estén

significados en la población de ciento veinte millones (diez docenas de

millones) de estrellas que los mismos cálculos asignan al universo.

[22] Del propio modo que no se niega la continuidad de la vida, porque

los organismos individuales acaben.

Las Fuerzas Extrañas · 第 9 / 11 段