por las novelas que se cuentan, y por los metales de que, segun se
dice, abundan su senos. Algunos hacen subir al tiempo de los Incas
el beneficio de opulentísimas minas, que enriquecian los imperiales
erarios de estos soberanos, en cuyo nombre ministros de exacta rectitud
y probada fidelidad, velaban sobre los beneficios y atendian á la
cobranza de los derechos.
Contribuyó á la prosperidad de la Rioja el alzamiento de los
Tabasquiniquitas y Mogas, situados en la falda de la serranía
que cae al poniente de Córdoba: porque vencidos y derrotados por
Tristan de Tejeda, valeroso y afortunado capitan, pidieron la paz y
ofrecieron vasallage. Con su auxilio se empeñó este gefe en nuevos
descubrimientos, tirando mas al poniente, y arrimándose mas á la ciudad
de Todos Santos con la conquista de los Escalonites y Zamanaes, que
pretendió agregar á la ciudad de Córdoba. Pero el Gobernador Velazco,
que miraba á la Nueva Rioja con particular cariño, le cedió los indios
que pacificó el capitan cordobes, adjudicándole el terreno que ocupaban
los Tabasquiniquitas, los Mogas, los Escalonites y los Yamanaes.
En 1593 emprendió la fundacion de otras dos poblaciones: la primera,
que llamó San Salvador, fió á D. Francisco Algañaraz, noble
Guipuzcoano, en cuyas venas corria la noble sangre de los Ochoas,
señores de Algañaraz, y la de los Murgias y Vilasteguis. Era persona de
valor y prudencia, cuyo especimen habia dado en varias operaciones, que
á su valor y discrecion fiaron los gobernadores pasados, concluyendolas
siempre felizmente y con aplausos. Para la fundacion alistó algunos
pobladores de las ciudades, y la efectuó con suceso tan feliz, que ni
en los tiempos pasados con las invasiones de los Calchaquís, ni en los
presentes con la de los Chaquenses, degeneró de los espirítus de su
fundador.
Está situada la ciudad en una quebrada que corta la serranía de
Calchaquí en el valle de Xibixibe, entre los rios Jujuy y Siancas,
casi en los veinte y cuatro grados de latitud. Goza temperamento poco
saludable, expuesto á tercianas y á unos tumores que engendra la
malignidad de las aguas en la garganta, que por acá llaman cotos. Tiene
pocos vecinos, pero ricos y bien avenidos. Los primeros pobladores se
aplicaron á sugetar los infieles rayanos, cuya altivez humilló el valor
español; los Purmamarcas, los Osas, los Paypayas, los Tilcanes, los
Ocloyas, y Tilianes, naciones sepultadas en eterno olvido, que parte
habitaban la aspereza de las sierras, parte se dilataban á las márgenes
del Bermejo, y que sin embargo no dieron mucho cuidado al animoso
fundador. Mayor resistencia hicieron los Humaguacas, siempre indómitos
y obstinados en inquietar con correrias á los castellanos.
La segunda poblacion que de órden de Juan Ramirez de Velazco se
principió, es la villa de Madrid de las dos Juntas, sobre el Salado,
donde este incorpora sus aguas con el rio de las Piedras. Su duracion
fué de poco tiempo, y solo permaneció hasta el año de 1603, en el cual
sus vecinos y los de Talavera, desamparadas sus ciudades, de comun
acuerdo y hermanable sociedad fundaron otra, dos leguas de la villa de
las dos Juntas, á la cual llamaron Talavera de Madrid. Nombre que borró
el tiempo, y prevaleció el de Esteco, con el cual hasta el dia de hoy
es conocida, aun despues que la arruinó un terremoto.
§. XVI.
GOBIERNO DE D. FERNANDO ZARATE.
1597-1598.
Al octavo año de su gobierno llegó sucesor á D. Juan Ramirez de
Velazco en D. Fernando de Zarate, caballero del órden de Santiago: tan
cristiano como valeroso, tan circunspecto como vigilante, tan celoso
de los reales derechos, como de los divinos honores, sugeto de tanto
caudal para el gobierno, que á un tiempo empuñó el baston de Tucuman y
Rio de la Plata. En tiempo de su gobierno intentaron los ingleses dos
veces tomar el puerto de Buenos Aires: pero nuestro Gobernador celando
los honores del Rey Católico presidió el puerto con las milicias
tucumanas, y levantó un fuerte para reparar semejantes acometimientos.
Visitó ambas provincias con tanta vigilancia y teson, que de fatiga y
cansancio, antes de concluir la visita falleció al segundo año de su
gobierno, y fué de todos tan llorado en muerte, como amado en vida.
Por este tiempo llegó á Tucuman Fray Fernando Trejo, digno sucesor
de Fray Francisco de Victoria, hijo del seráfico Padre, el cual
florecía en virtud y letras, en su convento de Lima, y recibida la
cédula de merced el año de 1594, el siguiente tomó posesion de la
silla episcopal. Fué Prelado que llenó las esperanzas que de él se
tenian. Pastor celoso del bien de sus ovejas; padre universal de todos,
abrazando sin distincion de personas al noble, al plebeyo, al indio,
al etiope; si alguno le merecía especial cariño era el desvalido y
necesitado, que disfrutaban su renta episcopal con tanta alegria de
ellos, como sentimiento del misericordioso limosnero, por no tener mas
que dispensar á los pobres.
Casi al mismo tiempo tomó el gobernalle D. Pedro Mercado Peñalosa,
noble caballero, piadoso, cristiano y valeroso soldado. De su gobierno
ha quedado confusa noticia, de continuas guerras que tuvo con los
infieles por el alzamiento de los Calchaquís, á los cuales contuvo su
valor para que no asoláran las ciudades fronterizas, que enfrenaban de
algun modo su indómito orgullo.
§. XVII.
GOBIERNO DE D. DIEGO VALDEZ DE LA BANDA.
1598-1600.
Todo este tiempo, desde la expulsion de Fray Alonso Guerra, careció
de pastor el Rio de la Plata. Tres fueron provistos: Fray Luis Lopez
Solis, Fray Juan Almaraz, Agustinianos, y D. Tomas Vazquez de Liano,
Canónigo magistral de la santa Iglesia de Valladolid, ó de Zamora, como
dicen otros. El primero, promovido al obispado de Quito, y el segundo
al de la gloria, no pasaron á sentarse en la silla episcopal del Rio de
la Plata, y cedieron su lugar al tercero, digno de llenar el vacio de
tan ilustres prelados.
Pero la provincia del Rio de la Plata no habia aun espiado sus
atentados sacrílegos, ni merecia tener varones tan consumados, y parece
quiso Dios dar muestras de su justo enojo, sacando de este mundo en
Santa Fé de Vera, al Ilmo. Vazquez de Liano, echando ceniza sobre el
fuego prendido por D. Diego Valdez de la Banda, que empezó á gobernar
el Rio de la Plata, en 1598.
Embarcáronse juntos, y en la navegacion tuvieron pesados encuentros y
sensibles competencias, y hallo expresa memoria de la tolerancia con
que el Ilmo. Liano sufrió los improperios y befas del Gobernador, que
miró con poco acatamiento al príncipe eclesiástico.
Llegados á Santa Fé, esperando el Ilmo. las bulas para consagrarse,
le llamó Dios para sí con incomparable sentimiento de las personas
religiosas. No mucho despues al Gobernador Valdez de la Banda asaltó
la última enfermedad, en cuyo discurso gritaba dando voces:--“Traigan
silla para el Señor Obispo, que me viene á visitar.” Cláusulas finales,
que repetidas con sobresalto del moribundo Gobernador, dieron á los
presentes materia de varios discursos.
§. XVIII.
GOBIERNO DE HERNANDO ARIAS DE SAAVEDRA.
1602-1609.
Con el nuevo siglo empezó la provincia del Rio de la Plata á respirar
aires mas benignos: los tumultos civiles que todo lo consumen, se
acabaron con muerte de los principales motores: los indios desengañados
con la experiencia, y humillados con el castigo, no daban cuidado á la
milicia española: los gobernadores, mas á propósito para descuadernar
provincias que para gobernarlas, habian finalizado sus dias.
Por muerte de D. Diego Valdez de la Banda entró á gobernar Hernando
Arias de Saavedra, ó por eleccion segun la cédula del Emperador Carlos
V, otras veces citada, ó por nominacion del Señor Virey, en cuya virtud
gobernó hasta el año de 1602, en que recibió cédula real fecha en 18 de
Diciembre de 1601 que le conferia en propiedad el baston del Rio de la
Plata.
Hernando Arias, pues, sucedió inmediatamente á D. Diego Valdez, y
como tenia ánimo guerrero, emprendió algunas operaciones militares.
Entró, aunque no sé puntualmente el año, á la provincia del Estrecho de
Magallanes, internándose desde Buenos Aires, doscientas leguas tierra
adentro. El suceso no correspondió al valor del capitan ni á la fortuna
de sus empresas: porque él y su gente quedaron prisioneros de guerra en
manos de bárbaros. Tuvo Hernando Arias la fortuna de soltarse de las
prisiones, y entrando segunda vez con milicia mas numerosa, libertó sus
compañeros, y castigó los infieles.
Otras dos facciones emprendió en su gobierno, aunque no es averiguado
á punto fijo el año:--la conquista del Paraná, y la del Uruguay. En
la primera operacion, con parte de la milicia, tuvo que diferir la
conquista: en la segunda perdió toda la milicia compuesta de quinientos
soldados. ¡Tanto era el furor de los Paranás y Uruguayos, y la ciega
obstinacion con que defendian el originario suelo!
Por este tiempo gozaba la iglesia del Paraguay un insigne Prelado,
sobrino de mi glorioso Padre San Ignacio, el ilustrísimo Fray Martin
Ignacio de Loyola, nobilísimo Guipuzcoano. Profesaba el seráfico
instituto en la provincia de San José, y resplandecia en virtudes
religiosas, humildad, despejo mundano, y celo apostólico, que obligó á
abandonar primero el mundo, y despues la Europa, viniendo al Paraguay
donde se egercitó como fervoroso misionero en la instruccion de los
gentiles. En tan santa y loable ocupacion, le alcanzó la órden de
restituirse á España, y como sus parientes eran nobles, consiguieron
que se le hiciera propuesta de varias mitras, que no admitió su grande
humildad, con edificacion de la Corte. Pero como á la propuesta
se añadiesen órdenes terminantes, eligió entre los muchos que le
propusieron el pobre y retirado del Rio de la Plata, para el cual fué
presentado á 9 de Octubre de 1601, y consagrado en Valladolid, pasó
luego á tomar posesión de su silla episcopal.
El año de 1603 celebró sínodo, en que el celo, prudencia y discrecion
respladecieron sobremanera.
Concluido el sínodo, visitó el Ilmo. las ciudades de su obispado,
con grande utilidad de sus ovejas: y le sucedió que navegando del
Paraguay á Buenos Aires, halló náufragos en la orilla á los PP. Marciel
Lorenzana y José Cataldino, que enjugaban la ropa á los rayos del sol,
y los consoló con palabras llenas de amor y suavidad. A pocos meses de
llegado á Buenos Aires, murió á principios de 1606.
Sucedióle el Ilmo. Fr. Reginaldo de Lizarraga, natural de Vizcaya en
España, hijo esclarecido de la familia de Predicadores, lustre de su
provincia limense, prior y definidor de ella, provincial de Chile, y
despues Obispo de la Imperial, en cuyo tiempo (año de 1598) sucedió la
fatalísima rebelion de los Araucanos de la Concepcion, adonde trasladó
su cátedra episcopal. Fué promovido á la Asumpcion del Paraguay, y tomó
posesión el año de 1608.
La conversion de los gentiles hizo muy señalada la época del año
siguiente, que lo fué también de su muerte, dando los jesuítas
principio á la conversión del Guayrá, Paraná y Guaycurús. Habíanse
tentado varios medios, y el de las armas no produjo el efecto deseado.
Sobre eso la Real Magestad tenia expedida una cédula, en que ordenaba á
Hernando Arias que procurára efectuar la pacificacion de los indios por
medio de la predicacion, y no por el estrago y ruido de las armas.
Efectivamente, el Gobernador Hernando Arias y el Ilmo. Lizarraga,
suplicaron al P. Provincial Diego Torres que señalára misioneros para
Guayra: y como en el P. Provincial ardia el celo de las almas, luego
puso los ojos en los Padres José Cataldino y Simón Malzeta, italianos
de nacion, y escogidos para la conversion del gentilismo guayreño.
Mas gloriosa por mas dificil, aunque no tan feliz en el suceso, fué la
empresa de los Guaycurús, nacion la mas inculta, vagamunda y bárbara
que conoce la América Meridional. Habitaban al occidente del Paraguay,
fijando á veces su acampamento en la derecera de la Asumpcion sobre
la márgen opuesta. Nada igualaba el atrevimiento de su ánimo, y el
desprecio con que miraban los españoles, contra los cuales se hallaban
en la sazon mas irritados que nunca: porque intentando asaltar la
ciudad en la noche de la fiesta de la Asumpcion de este año, cuando
divertidos con el regocijo pensaban en solazarse, los previno Hernando
Arias matando algunos de ellos, é irritando los demas para la venganza.
Tal era el estado de los Guaycurús, desesperado á juicio de los mas, é
incapaz de admitir el yugo de la ley de Cristo.
A D. Pedro Mercado y Peñalosa, sucedió el año de 1600, en el gobierno
de Tucuman, D. Francisco Martinez de Leiva, caballero del hábito de
Santiago, mas memorable en las historias chilenas, por su valor contra
los Araucanos que en las tucumanas por sus facciones militares; ó
porque sosegados los indios no ofrecieron egercicio á su valor, ó
porque la muerte aceleró los pasos y cortó antes de tiempo el hilo de
su vida.
Ocupó su lugar D. Francisco Barraza y Cárdenas: pero su gobierno,
mas breve que el de su antecesor, finalizó la muerte el año de 1605.
Sucedíole Alonso Ribera, célebre en las campañas de Flandes, defensa
de Cambray, sorpresa de Amiens en el ardid del carro de nueces,
operaciones militares en Italia, y valor experimentado en Chile. Su
gobierno en Tucuman por ahora solo ofrece de particular el haber
humillado al orgulloso Calchaquí, al cual puso freno el año de 1607
dentro del valle de Londres, con una ciudad que llamó San Juan de
Ribera. El año de 1609 deshizo la villa de Madrid de las dos Juntas,
y la incorporó con la de Esteco, trasladando ambas á dos leguas de la
villa de Madrid, de esta banda del rio Salado.
Proseguia en el gobierno de su iglesia el ilustrísimo Fray Fernando
Trejo, ejemplar de prelados, celando con incomparable vigilancia el
bien espiritual de sus ovejas, tan padre de los pobres en lo que
repartía de sus rentas, como pastor amoroso en la defensa y proteccion
de su rebaño, oprimido á la sazon con extorsiones indecorosas. Defendió
los límites de su obispado contra la pretension del ilustrísimo D.
Alonso Ramirez de Vergara, que se apropiaba el derecho á los pueblos de
Humaguaca y Casabindo.
§. XIX.
GOBIERNO DE D. DIEGO MARTIN NEGRON.
1610-1615.
A Hernando Arias de Saavedra, cuyo gobierno terminó á fines de
1609, ó principios de 1610, siguió D. Diego Martin Negron, digno
sucesor de varon tan esclarecido. Era D. Diego caballero de prendas
sobresalientes: su cristiandad realzaba la heredada nobleza, su
discrecion le hacia amable, y su entereza respetable á todos. Tuvieron
en él los indios padre amoroso que se compadeciese de sus necesidades,
y protector inflexible de los fueros de su libertad, desatendidos, ó
atendidos solamente para que la codicia de los encomenderos no los
traspasase mas culpablemente. Punto era este que inútilmente lamentaban
y repetian con frecuencia desde el púlpito los predicadores, con aquel
efecto que si predicáran á estatuas de mármol, sordas á los gritos del
pregonero. Lamentábalo tambien el Gobernador D. Diego, y esforzábase
como justo y compasivo: pero uno solo contra la multitud de poderosos
encomenderos, no podia prevalecer. Arrojo fué, que no desmerece el
nombre de cristiano, el intentarlo, pero el brazo que habia de vencer
este obstáculo pedia superior movimiento y poder mas soberano.
Tal fué el que trajo el año de 1611 el Dr. D. Francisco Alfaro, Oidor
de la Real Audiencia de Chuquisaca, persona benemérita y de conocidos
talentos para el empleo. Pero antes que registre la historia sus
operaciones, y el fomento que tuvo en nuestro Gobernador, será bien
tomar de atras la carrera, y referir los pasos que sobre el asunto
se habian dado para desterrar el servicio personal de los indios:
punto que pide larga relacion; pero ceñida en pocos términos, es en
sustancia como sigue.--Con el descubrimiento de las Indias empezó el
uso y abuso de los naturales, privándoles, á título de conquista, de la
amada libertad que Dios y la naturaleza les habia concedido, no menos
á ellos, que á los que pretendian hacerse dueños y señores. ¡Quien
dijera que por descubrirse en el corazon de la Europa un nuevo reino,
incognito hasta nuestros dias, y admitir con humanidad los regnícolas
á los descubridores, habian estos de adquirir derecho á cautivar y
poner en mísera servidumbre á los naturales! Y como si fuera poco
hacerse dueños de sus opulencias y ricos minerales, ponerlos tambien en
miserable esclavitud!
Este infame abuso, que parece obra de una fantasía delirante, introdujo
en América la insaciable codicia, poco ó nada satisfecha con los
inagotables tesoros y minas de que abundan las Indias. Muy á los
principios empezaron á tratar á los naturales cual esclavos, y como
lotes de negros, se transportaban navíos enteros de unas provincias
en otras para ser vendidos en públicas almonedas. Materia era esta
de gran sentimiento para los Católicos Monarcas, cuya piedad celó de
propagar la Fé; y su conmiseracion con los indios les hizo dictar
medidas que juzgaron oportunas para remediar males tan graves, y á la
nacion española indecorosos: expediendo á este fin varias cédulas á
los señores Vireyes, Audiencias y Gobernadores. Pero la suma distancia
debilitaba la fuerza, y atenuaba el rigor de mandatos tan severos.
No obstante, á esfuerzos de aprémios y severas penas, despues de algun
tiempo se abrogó la envejecida costumbre de cautivar naturales, y de
reducirlos á miserable esclavitud. Bien que en antiguos y recientes
monumentos hallamos algunas _malocas_, (esto es, entradas á cautivar
y apresar indios para venderlos, y servirse de ellos furtivamente en
los domésticos ministerios). Verdad es que desde el tiempo del Señor
Felipe II cesó casi del todo la infame profesion de las malocas entre
los españoles; y si tal cual vez osó la codicia atropellar los reales
mandatos, se buscó asilo de inmunidad en las tinieblas, para no ser
descubiertos con el hurto en las manos.
Pero la codicia, grande artífice de novedades para sus intereses, se
ingenió en llevar adelante sus ciegos proyectos, y con la introduccion
de un nuevo abuso suplió la privacion de otro. Desterrada la esclavitud
de los indios, ocupó su lugar el servicio personal, á que eran
obligados los miserables por un moderado tributo.
Sabido es en las histórias de Indias, que los Católicos Monarcas
premiaban el valor de los conquistadores y personas beneméritas con
el repartimiento de algunas parcialidades ó pueblos de indios, mas ó
menos numerosos, á proporcion de los méritos y carácter de los sugetos,
transfiriendo en ellos el derecho que tenian Sus Magestades de exigir
el tributo que antes de la conquista pagaban á sus caciques, Incas y
Emperadores. Llamábanse estos repartimientos, encomiendas, y las que
las poseian, encomenderos, los cuales personalmente ó por medio de
otros, que se llamaban pobleros y egecutores, velaban sobre el trabajo
de los oficiales, y aprovechamiento del tiempo, logrando instantes de
trabajo por no malograr los aumentos de sus intereses.
El fin de los Católicos Reyes en estos repartimientos; las obligaciones
que imponian á los encomenderos; la piedad y conmiseracion con que
mandaban fuesen tratados los indios de encomienda, pueden llamarse
pensamientos inspirados del Cielo para la conversion de los Americanos
y propagacion de la Fé entre ellos. Pero la insaciable codicia que
todo lo trastorna, convirtió el moderado tributo en esclavitud de los
tributarios, y abrogada aquella, en vez de un corto y pequeño gravámen,
oprimió á los miserables con el servicio personal, el cual, fuera del
nombre, tenia todos los caractéres, y producia todos los efectos de la
esclavitud.
Era el servicio personal, para explicarlo de una vez, una opresion
tiránica, que compelia á los indios con sus mugeres, hijos é hijas
á trabajar de noche y dia en utilidad de los encomenderos: era una
libertad esclava: libertad en el nombre, y esclava en la substancia,
en los efectos y en la realidad: era un disfraz de servidumbre, que
empobrecia la pobreza de los indios, y enriquecia los tesoros de los
encomenderos: era un dogal, que á fuerza de increibles vejaciones y
trabajos excesivos, sofocaba los espirítus de los indios, y privaba á
millares de la vida: era un tocar alarma, para que se rebelasen con
la opresion, y sacudido el yugo de Cristo, sacudiesen tambien él del
español, como lo egecutaron en Chile los Araucanos; en Tucuman los
Calchaquís, Pulares y Diaguitas; en el Paraguay, los Guaycurús, Paranás
y Guaranís, y en el Rio de la Plata, los Frentones, Querandís y otros
muchos.
Este abuso infame y opresion injusta de consecuencias infernales,
conmovió los ánimos de los Católicos Reyes, y desde luego se desvelaron
en desarraigarlo. Pero su empeño en muchos años no surtió efecto
favorable; ya por la ambicion de unos, ya por la pusilanimidad de
otros, que no tenian ánimo y les faltaba aliento para hacer frente
á los encomenderos. Las cédulas expedidas á este fin respiraban
misericordia y piedad, capaz de mover corazones mas dóciles y menos
obstinados: pero la resolucion denodada de los encomenderos, y su
temerario atrevimiento, resuelto á cualquier arrojo, obligó á los
reales ministros á suprimir los instrumentos de su comision para
abrogar el servicio personal; hechos cómplices del delito, incursos en
fea desobediencia á las reales órdenes, los que mas debieran promover
su egecucion en materia de tanta importancia.
Así se pasaron muchos años, los Reyes mandando, los Gobernadores
desobedeciendo, los encomenderos triunfando, y los varones de celo
suspirando inutilmente. ¡Tales eran y tan profundas las raices que
habia echado la codicia en los corazones de los encomenderos! Entrado
ya el siglo décimo septimo, tocó Dios el corazon de D. Juan de Salazar,
hidalgo portugues, avecindado en Tucuman: caballero piadoso, cristiano
y rico, que pasado á España, consumió toda su hacienda abogando en
presencia de Felipe III en favor de los indios contra el servicio
personal, y ultimamente murió, no sin sospecha de veneno, juez
comisionario con ámplios poderes para desarraigarlo en la provincia de
Cuyo.
Este generoso y compasivo portugues, consiguió, estando en la Corte,
que en el reino de Chile se estableciese Real Audiencia, y para las
provincias de Tucuman, Rio de la Plata y Paraguay se asignase un
visitador, cuya principal incumbencia habia de ser el exterminio del
servicio personal, odioso á los indios, y denigrativo de la nacion
española. La cédula se expidió en 27 de Marzo de 1606, pero su
egecucion retardaron algunos accidentes, aparentes ó verdaderos. El año
de 1610 nombró la Real Audiencia de Chuquisaca á D. Francisco Alfaro,
para que informado personalmente de las cosas en las tres provincias
del Paraguay, Rio de la Plata y Tucuman, arreglase el tributo que se
debia exigir de los indios en reconocimiento de vasallage.
Era el licenciado D. Francisco Alfaro ministro integerrimo, de méritos
adquiridos con la inflexible rectitud de sus operaciones: celoso
protector de los indios, cuyos agravios habia vindicado en Panamá
y Chuquisaca, en el empleo de Oidor de los dos tribunales. No era
fácil hallar sugeto mas adecuado para el intento: juicio reposado y
penetrativo de las materias: sumo desinteres y limpieza de manos, que
no se mancharon con el lodo de regalos, ni polvorearon los donativos:
inflexibilidad y rectitud, con pecho de bronce para rebatir los golpes
de la sinrazon, y de los que ciegos atropellan á los que pretenden
encaminarlos, expédito en los negocios, no demorando la decision de
las causas sino cuanto pedia el fundo de las materias. El empleo de
visitador, con que vino á las províncias de Paraguay, Rio de la Plata y
Tucuman, era ocupacion de muchos años para otros: pero él lo concluyó
con feliz acierto dentro del año de 1611.
Tres eran los cardinales puntos de su incumbencia. El primero miraba
á la libertad de los indios, no imaginária y de nombre como hasta
el tiempo presente, sino real y verdadera, á la cual directamente
obstaba el servicio personal: el segundo miraba á los desagravios por
las injusticias pasadas, y el tercero á la tasa moderada de tributos:
punto, á la verdad escabroso, y de vado bien difícil: parte por la
pobreza presente de los encomenderos, para satisfacer á los indios las
injusticias pasadas: parte porque, aun en quien se suponia suficiencia
de caudal, se creia faltar voluntad por los intereses de la codicia.