confusas del estado del Perú, á la sazon dividido en bandos por los
disturbios de Gonzalo Pizarro. Al principio balanceó la fidelidad
contrapesada de la codicia, inclinándose al partido de mayor
conveniencia y utilidad. Pero Gabriel Bermudes los inclinó al de los
realistas, prometiendo obediencia á Lope de Mendoza, á quien perseguia
Francisco Carabajal, capitan de Pizarro. “Eran por todos, son palabras
del Inca Garcilaso, ciento y cincuenta hombres casi todos de caballo”:
gente valerosa, dispuesta á sufrir y pasar cualquiera necesidad, hambre
y trabajo, como hombres que en mas de tres años continuos, descubriendo
casi seiscientas leguas de tierra, no habian tenido un dia de descanso,
sino trabajos increibles, fuera de todo encarecimiento. Algunos
murieron en servicio del Rey, otros repitieron la entrada á Tucuman.
Provisto Diego Centeno al Gobierno del Rio de la Plata, instado de sus
amigos, pasó á Chuquisaca para solazarse algunos dias, y despedirse
de sus familiares. Algo discuerdan los autores sobre el motivo; pero
convienen en referir fatales pronósticos que le anunciaron los indios
de su encomienda, y confirmaron los Charcas. El tenia ocultos émulos,
y debió recelar alguna sorpresa traidora á su vida, y elevacion al
gobierno del Rio de la Plata; pero despreciando supersticiones de vanos
agoreros, llegado á Chuquisaca, entre los regocijos de un convite tragó
un bocado de ponzoña que le quitó la vida al tercer dia. Con su muerte
perdió el Rio de la Plata uno de los mas expertos y prudentes capitanes
de que se pueden gloriar las Indias: fué sentida y llorada de los
hombres de buena razon, pero no de Irala que se consideró asegurado en
el gobierno.
Coadyuvó su pretension la temprana muerte de Juan Sanabria, caballero
rico, natural de Medellin, el cual sentó el año de 1547 con el
Emperador Carlos V. varias capitulaciones, si le conferia la capítania
y baston de la provincia del Rio de la Plata. Muerto el padre se le
dió á su hijo Diego Sanabria el título de Adelantado el año de 1549,
pero ocupado en liquidar dependencias del padre difunto, no vino á
tomar posesion del empleo, viéndose precisado á despachar los navíos
á cargo del capitan Juan de Salazar, antiguo conquistador. La armada
zarpó de San Lucar á principios de 1552, y llegó con felicidad á la
isla de Santa Catalina, y puerto de Pato, en cuya ensenada naufragó el
navío del capitan Becerra, cayendo su gente en mano de indios feroces,
de cuyo poder los libró el venerable Padre Leonardo Nuñez, varon
apostólico de la Compañia de Jesus, en la provincia del Brasil.
La gente de los otros navios, abanderizada en civiles discordias,
parte siguió al capitan Salazar á San Vicente, donde confederados con
los Portugueses estuvieron casi dos años: pero no esperando de su
trato progresos considerables, vinieron por tierra á la Asumpcion, y
condujeron el primer ganado vacuno que pastó las dehesas del Paraguay,
y despues multiplicó interminablemente. Otros siguieron al capitan
Hernando Trejo, y fundaron una colonia entre la isla de Santa Catalina
y la Cananea, sobre el desaguadero del rio de San Francisco. La
colonia fué de brevísima duracion y consistencia, pero le hizo célebre
el nacimiento del ilustrísimo Trejo, honra despues de la religion
seráfica, y meritísimo Obispo de Tucuman. Al año se recogió toda la
gente con su ínclito fundador á la Asumpcion, cabeza de la Provincia.
Vióse en poco tiempo el Gobernador Irala con un número de vecinos:
Nuflo Chaves recogió la gente que tenia Centeno para traer al rio
de la Plata; y Juan Salazar y Hernando Trejo se vinieron con la que
condujo la armada del Adelantado Diego Sanabria. Por otra parte Estevan
Vergara, procurador suyo en la Corte, promovió la causa del tio, y
le consiguió la confirmacion en el gobierno. Mientras esta llegaba,
el capitan Juan Romero, de su órden, fundó una colonia sobre el rio
de San Juan, tributario del rio de la Plata en la derecera de Buenos
Aires, sobre la márgen opuesta. Solo contó de duracion cuatro meses.
Mayor subsistencia tuvo la villa de Ontiveros que fundó el capitan
Garcia Rodriguez de Vergara el año de 1554, sobre la márgen oriental
del Paraná, á corta distancia de su célebre salto en Canindeyú,
perteneciente á Guayra.
Efectuada esta fundacion, llegó á Irala la confirmacion en el Gobierno
en la Armada de Martin Urue, y recibió varias cédulas concernientes á
varios puntos. En una de ellas le permitía la Cesarea Magestad repartir
encomiendas de indios, y repartió veinte y seis mil capaces de tomar
armas. En otra le ordenaba arreglar el derecho municipal con acuerdo de
hombres capaces y expertos: y lo dispuso con tanta cordura y prudencia,
que muchos años se gobernó el Paraguay, en lo político y militar,
por su arreglamiento. Abrió escuelas para instruccion y enseñanza de
la juventud, señalando maestros para cultivar las plantas delicadas,
dóciles en los primeros años á recibir buenos documentos, y fructificar
á su tiempo.
Todo conspiraba al aumento y felicidad de la provincia del Rio de la
Plata: y para que ninguna cosa que conduce al establecimiento de una
república cristiana se deseára, llegó en la Armada de Urue el Ilmo. Fr.
Pedro de la Torre, prelado de carácter tan superior, que la religion
seráfica con nombre de Pedro, y la de predicadores con el de Tomas, se
lo apropian en las obras de sus coronistas. Años antes el Ilmo. Fr.
Juan de Barrios, religioso observante del seráfico Padre San Francisco,
á 10 de Enero de 1548, habia erigido en Aranda de Duero, el obispado
del Rio de la Plata con cinco dignidades, Dean, Arcediano, Chantre,
Magistral y Tesorero: pero estando en Sevilla para embarcarse, le llamó
Dios á la gloria.
A la sombra de sus dos cabezas, eclesiástica y secular, se prometia
la Provincia toda felicidad: pero minoró esta considerablemente
la temprana muerte de Irala, que sucedió verosimilmente el año de
1556. Entendia actualmente en los ejercicios de piadoso y cristiano
Gobernador, á impulso de su devocion. Al monte habia salido á buscar
madera para levantar una capilla á Nuestra Señora, patrona de la
ciudad. Trabajaba personalmente, y acaloraba los oficiales con su
presencia, palabras y ejemplo. Del afan y ejercicio se le encendió
una maligna fiebre, que obrando ejecutivamente, al séptimo dia privó
la Provincia de su gobernador, á la Asumpcion de su padre, y á la
milicia de su experto capitan. El llanto fué universal, dando muestras
de sentimiento aun sus émulos, que no negaban las buenas dotes de
Irala, superior á todos en el talento de gobierno. Los deslices de los
primeros años borraron sus operaciones un los últimos períodos de su
vida.
§. VIII.
GOBIERNO DE D. GONZALO DE MENDOZA.
1556-1557.
Poco antes de su muerte nombró para el gobierno á Gonzalo Mendoza,
sujeto pacato y de buenas cualidades: la mas sobresaliente fué fomentar
las disposiciones de su antecesor, el cual habia despachado á Rui Diaz
Melgarejo y Nuflo Chaves, para plantear dos ciudades, una en Guayra, y
otra en el territorio de Xarayes. Melgarejo subió hasta la embocadura
del Pequirí, y levantó una poblacion que llamó Ciudad Real, al oriente
del Paraná, bajo del trópico de Capricornio, á tres leguas de la villa
de Ontiveros, cuyos moradores trasladó á la nueva ciudad.
Nuflo Chaves revolvia pensamientos mas altos. La felicidad con que
habia gobernado algunas operaciones militares le inspiraban alzarse con
la gente que comandaba para levantar provincia independiente del Rio de
la Plata. Despues de haber castigado felizmente los Tupís y Tobayarás
brasileños, y sugetado los indios Peabiyú, sublevados por Catiguará
famoso hechicero, enderezó á Xarayes, y declinando al poniente cayó
en los términos de los Travasicosis, que llamamos Chiquitos, por
la pequeñez de sus casas: indios feroces y guerreros, á los cuales
despachó embajadores, convídándoles con la paz. Pero ellos los mataron,
y segun se dice en un requirimiento jurídico, se los comieron.
Convocaron sus milicias, y presentada batalla, fueron vencidos,
causando algun daño por el veneno de su flecheria.
Atemorizada la soldadesca con la idea del veneno, empezó á tumultuar y
requirir á Nuflo Chaves que tomara la vuelta de Xarayes, para fundar
entre ellos, segun la instruccion del Gobernador. Y porque Chaves
perseveró en su determinacion de pasar adelante, los indios, que eran
dos mil y quinientos, con la mayor parte de los españoles se volvieron
á la Asumpcion, quedando solo sesenta para proseguir el descubrimiento.
Con ellos avanzó Chaves al Guapay, rio que nace de la serranía que cae
al poniente de Mizqui, y despues de formar un semicírculo, descarga
en el Mamoré. Del Guapay cayó en los llanos de Guelgorigota, donde se
encontró con Andres Manso, que por la via del Perú entraba con lucida
compañía de soldados en aquel país. Altercaron los dos capitanes sobre
los puntos de derecho, y sometieron la causa al juzgado de la Audiencia
de Chuquisaca, donde los dejaremos litigando hasta encontrarlos en otra
parte.
Sosegado el imperio peruano, el Presidente Gasca miró la conquista de
Tucuman como principal egercicio de su empleo y corona de su comision.
Por lo menos es preciso confesar que la tuvo presente para premiar
á Juan Nuñez de Prado, faccionario de Pizarro con la capitanía de
Tucuman, dándole poderes honoríficos, y facultad de alistar cuantos
quisiesen militar á su obediencia y mando. Solos ochenta y cuatro le
siguieron, algunos de los que vinieron á la conquista con Diego de
Rojas, como consta de la raseña que se hizo en la imperial villa de
Potosí ante el licenciado Esquivel: contra el cual uno de ellos llamado
Aguirre, quedó altamente ofendido, y resolvió vengar un justo castigo
que se le dió, con una injusta muerte. Porque dejada la conquista de
Tucuman, y la honrosa compañía de sus comilitones, buscó á su enemigo,
y le siguió de ciudad en ciudad, hasta que en el Cuzco lo mató á
puñaladas.
Juan Nuñez de Prado, á quien varias dependencias detuvieron en Potosí
el año de 1549, al siguiente despachó á su Maestre de Campo Miguel
Ardiles, sugeto principal en esta conquista, con órden de combatir los
feroces Humaguacas, rayanos del Perú y Tucuman hácia el rio Jujuí, que
señoreaban el paso, y era necesario vencerlos para seguridad de los
caminos. Ardiles tuvo algunas escaramuzas con ellos: los fatigó con la
caballería; los espantó con las bocas de fuego, y finalmente los obligó
á despejar por entonces el paso.
A los dos meses Juan Nuñez de Prado salió de Potosí, y cortando el
país de los Chiriguanás: “Señor, le gritó una de las espías, enemigos
se descubren, y sin duda vienen contra nosotros, pues la frente de su
ejército endereza á encontrarse con la nuestra.” Siguióse la marcha
sobre el aviso, y se descubrió á D. Francisco de Villagra, que pasaba
con gente para socorrer á D. Pedro Valdivia, conquistador glorioso
del floridísimo reyno de Chile. No era Villagra de quien menos debia
cautelarse Prado: pero un émulo disimulado tarde se conoce, y rara vez
se evitan sus artificios. Avistáronse los dos capitanes sin otro suceso
por ahora que el de sembrar Villagra hablillas escandalosas entre los
soldados de Prado. Departiéronse ambos para su destino. Villagra siguió
el camino de Chile, y Prado el de Chicoana.
De Chicoana avanzó á Tucumanahao en el valle de Calchaquí, donde
fué recibido con humanidad del cacique Tucuman, señor principal del
valle. Este es el mismo que hospedó amigablemente á Rojas, y proveyó
de bastimentos. Es creible que fuera de génio pacato, inclinado á
clemencia en cuanto lo permitia el natural belicoso de los Calchaquís;
ó que por ocultos designios intentára alianza con la nacion guerrera
de los españoles. Lo cierto es, que de acuerdo de Tucuman y Prado,
se abrieron los cimientos de una ciudad, la cual antes de llegar á
perfeccion se trasladó sobre el Rio Escaba, á cuatro leguas, donde años
despues se planteó la primera ciudad de San Miguel. A la ciudad llamó
Prado, Barco de Abila, pero fué de brevísima duracion y se restituyó
otra vez á Tucumanaho, primera cuna de su nacimiento.
Desembarazado Prado de buscar sitio para el establecimiento de la
ciudad salió á correr la campaña con treinta soldados para hacerse
dueño del terreno: pero Villagra, que desde la Cordillera torció
camino, dejándose caer en Tucuman, sorprendió á Prado, y se alzó con la
conquista, intentando agregar al reyno de Chile esta provincia.
No es para omitido el derecho presunto que Villagra tenia á Tucuman,
fundado en cláusulas del Presidente Gasca, que señalaba á D. Pedro
Valdivia cien leguas tierra adentro, este oeste, por término de sus
descubrimientos. Palabras que ampliadas á favor de los Chilenos,
ocasionaron disturbios sobre el derecho á Tucuman: hasta que el
Sr. Felipe II, en cédula de 29 de Agosto de 1563 deslindó las dos
jurisdicciones, declarando independiente de Chile la gobernacion de
Tucuman.
Por ahora Villagra se alzó con el mando y se apoderó de los
instrumentos que gozaba la ciudad del Barco, de su independencia. Pero
como le llamaba Chile por el socorro de milicia que conducia, repuso en
el ejercicio de capitan á Prado, obligándole á reconocer por superior á
D. Pedro Valdivia, conquistador de Chile.
Protestó Prado cuanto pretendia Villagra, fingiendo vasallage, y
encubriendo los secretos del corazon hasta verse libre de su émulo.
Pero luego que este tomó el camino de Chile, juntó el cabildo de la
ciudad del Barco, y con un razonamiento patético que hizo, ponderando
la injusta pretension de los chilenos en virtud de los títulos del
Presidente, fué repuesto en el ejercicio de capitan, independiente
de Valdivia. Al empleo dió principio, llamando á Tucuman el nuevo
maestrazgo de Santiago.
Porque nombre tan lustroso no fuera sombra sin cuerpo, se aplicó Prado
con teson increible á los adelantamientos de la provincia, mas con
suavidad que con el rigor y espanto. Conquistó la sierra y valle de
Catamarca, los rios Salado y Dulce, los belicosos Lules y la mayor
parte de los indios que despues se agregaron á Santiago; sin otro
accidente digno de narracion, que enarbolar con piedad cristiana en las
tolderias de indios el glorioso estandarte de nuestra salud.
Cuando este grande capitan disponia conquistar á Dios y al Rey nuevas
gentes, tirando al poniente hácia la Cordillera, tercera vez se halló
sorprendido por Francisco Aguirre, emisario chileno, que venia con
título de Teniente de la ciudad del Barco, y crecido número de soldados
para remover cualquier obice de su admision al gobierno. Prado era el
único de quien podia temer resistencia, pero sorprendido inopinadamente
por Aguirre, fué puesto en prisiones, y despachado á Chile. Apeló Prado
á superior tribunal, donde fué declarada su inocencia, y ordenado que
fuese repuesto en el gobierno de Tucuman. Pero aunque tuvo la honra de
ser reelegido, no vino á empuñar el baston, prevenido de la muerte ó
por otro motivo que no llegó á mi noticia.
Muy pronto conoció Tucuman la falta de su valeroso conquistador. Los
Calchaquís se inquietaron, y las demas naciones, antes pacificas,
tumultuaron haciéndose temibles al español. El mismo Aguirre entró en
recelos de poca seguridad en aquel sitio, y pasó la ciudad del Barco
sobre el Rio Dulce, mudándole el nombre en el de Santiago del Estero,
por un estero que allí hace el rio. Está sita en 28 grados escasos
de latitud y 315 de longitud, segun el mapa de la provincia que se
estampó el año de 1732. El temperamento es ardiente y seco. El terreno
es poco apetecible, y está rodeado de espesos bosques, principalmente
de algarrobos, que ministran sustento á sus habitadores. En otro
tiempo fué Santiago asiento de los Sres. Gobernadores y Obispos, pero
hoy dia es un puro esqueleto de ciudad, sin lustre, sin esplendor, ni
formalidad en lo material.
En medio de tanta miseria Juan Diaz de la Calle señala á Santiago _un
escudo_, la mitad de él con una cruz colorada en campo de oro, el hueco
de ella lleno de perlas, en lo bajo ondas del mar; y en la otra mitad,
un tigre de oro rapante en campo azul, y al rededor de dicho escudo
ocho cabezas de aguilas, y encima la figura de Santa Ines, abogada de
la ciudad. Si este escudo se concedió á la ciudad de Santiago, serviria
mas á la vanidad que á la relacion de la figura con el objeto figurado.
Fuera de que, habiéndose este concedido, como dice el autor, el año
de 1537, esto es, diez y seis años antes de su fundacion, se hace
inverosimil el hecho.
Lo cierto es que los conquistadores no descubrieron minerales de
oro, ni conchas de perlas, sino tanta miseria y laceria, que luego
que Aguirre fué á Chile á sosegar los tumultos originados por el
alzamiento de los Araucanos, parte tomaron la via de Chile, parte la
del Perú, abandonando la conquista por la poca utilidad que prometia.
En ausencia de Aguirre quedó con el título de teniente Juan Gregorio
Bazan, primer tronco de los nobles Bazanes que honran con su sangre
aquella provincia. Pero en la ocasion presente, como los españoles
fuesen pocos y los indios muchos, y estos amotinados, bastardeó de sus
nobles pensamientos y desamparára la provincia, si Miguel Ardiles no
le recordára el alto nacimiento que le ennoblecia, y la gloria que de
su permanencia podia seguirse á la magestad divina y humana. Movido de
estas razones prosiguió en el ejercicio de su empleo, y se previno para
sosegar los Saladinos confederados con otras naciones.
Con pocos soldados salió el teniente Bazan á buscar los amotinados que
eran muchísimos y los deshizo, y con muerte de muchos sugetó los demas,
y obligó á dar la paz. Bien conoció Aguirre desde Chile la debilidad
de la milicia tucumanesa; y acordándose que era padre, destacó para
Santiago algunos soldados á cargo de su sobrino Rodrigo de Aguirre
que venia con título de Teniente. Pocos meses tuvo el gobierno de la
provincia, porque preso por los parciales de Prado, fué puesto en
su lugar Miguel Ardiles, nombrado por Francisco Villagra. De manera
que los conquistadores de Tucuman se dividian en tres parcialidades:
unos reconocian á Francisco Aguirre por gobernador legítimo: otros á
Villagra, que tenia interinamente el baston de Chile: y los terceros á
Prado, cuya venida inutilmente esperaron sus parciales.
Estas civiles discordias arruináran la conquista sino llegára el
general Juan Perez de Zurita, nombrado por D. Garcia Hurtado de
Mendoza, en cuyas manos entró el gobierno de Chile. Era Zurita natural
de Xerez de la Frontera, caballero noble, tratable, humano y bien
conocido por sus hazañas militares, en el Perú contra los Pizarros, y
en Chile contra los Araucanos:--prenda que le conciliaron la voluntad
del gobernador Chileno, y le merecieron el gobierno de Tucuman. Venido
á la provincia, en los principios fué feliz, infausto y desgraciado en
los fines. Al nuevo maestrazgo de Santiago mudó nombre, llamándole la
Nueva Inglaterra, queriendo á lo que parece lisonjear al Señor Felipe
II, rey entonces de la Gran Bretaña.
Fundó tres ciudades, la primera llamó Londres, Cañete la segunda, y
Córdoba la tercera: las tres en el valle de Calchaquí, por contemplar á
D. Juan Calchaquí, que le profesaba afecto, y contaba entre los poderes
de su autoridad el allanar su gente belicosa, para admitir el vasallage
de su íntimo familiar. Accion para Zurita no menos gloriosa que cuando
al siguiente año con pequeño ejército sugetó los Diaguitas del Salado,
los Juries del rio Dulce, los Catamarquistas y Sañoagastas, naciones
que impacientes del yugo conspiraban á la ruina del español.
A todos rindió Zurita, obligándoles á recibir leyes de quien, superior
en las armas, los tuvo humillados á sus pies. Una ley entre otras les
impuso que facilitaba su instruccion y enseñanza: que fué de congregar
la dispersa multitud, derramada por la ribera de los rios y llanura de
los valles, juntándola en toldería para que los ministros evangélicos,
sin tanto afan y mayor logro, pudieran doctrinarlos.
El Guelgorigota, que verosimilmente son los Llanos de Manso, entre el
Pilcomayo al oriente, y el Bermejo al poniente, estaba en litigio desde
el año antecedente en el tribunal de Charcas. Nuflo de Chaves, que
acaso desconfió de la integridad del tribunal, buscó patrocinio en el
superior gobierno de D. Andres Hurtado de Mendoza, virey del Perú y su
pariente. Dos eran las pretensiones de Chaves: la primera, que se le
adjudicase el Guelgorigota, y la segunda fundar provincia, que hiciera
cuerpo á parte y sin alguna dependencia del Paraguay. Uno y otro
consiguió del Virey, el cual para autorizar mas la nueva provincia, dió
el baston de ella á su mismo hijo Garcia Hurtado de Mendoza, y este sus
veces y poderes á Nuflo de Chaves.
Mientras esto pasaba en Lima, en Guelgorigota Hernando Salazar,
teniente de Chaves, prendió al capitan Andres Manso, y lo remitió al
Perú. Removido este, Nuflo de Chaves, con el fomento del virey, el año
de 1560, cuarto despues de la muerte de Irala, que le despachó para
fundar en Xarayes, desamparado de la mayor parte de los Asumpcionistas,
pero engrosado con la milicia de Andres Manso, abrió los primeros
cimientos de la Capilla en el país de los Penoquis, indios belicosos
al poniente del Guapay, y al este de una punta de tierra poco elevada
que sobresale de las cordilleras peruanas. La ciudad tomó nombre de
Santa Cruz de la Sierra, que se extendió despues á la provincia, con
ocasion de una cruz milagrosa que hizo un castellano, explicando á
los naturales la virtud de esta señal, y exortándolos á implorar las
misericordias del Señor en sus necesidades.
Al principio los paisanos correspondieron al buen tratamiento de los
Cruceños: eran humildes en el servicio, agradables en el trato, y
prontos en pagar su moderado tributo. Pero luego que los españoles los
gravaron con exacciones, se alzaron, y con muerte de muchos castellanos
se refugiaron á los montes, y apostataron de la fé recibida. Quince
años subsistió la ciudad en su primer establecimiento, hasta que el año
de 1575, de órden del Señor D. Francisco de Toledo, virey del Perú, se
trasladó mas al occidente, y en la traslacion mudó nombre, llamándose
San Lorenzo, que es capital del obispado de Mizqui, por otro nombre
Santa Cruz de la Sierra.
§. IX.
GOBIERNO DE D. FRANCISCO ORTIZ DE VERGARA.
1560-1565.
Mientras Nuflo de Chaves agenció y obtuvo la dependencia de la
provincia de Santa Cruz, sucedieron en el Paraguay algunas novedades.
Al año despues de la muerte de Irala, falleció su teniente Gonzalo de
Mendoza, dejando en su muerte piadoso recuerdo de su prudente gobierno.
Procedíose á eleccion de nuevo gobernador, y en 25 de Junio fué electo
Francisco Ortiz de Vergara, caballero sevillano, de génio dulce y
afable. Su gobierno al principio quieto y pacífico, entrado el año de
1560, fué ruidoso: parte por los alborotos de Guaranís, parte por las
novedades que intentó Nuflo de Chaves.
En compañia de los españoles que se apartaron de Nuflo de Chaves
para la Asumpcion desde el pais de los Penoquis, vinieron algunos
Guaranís cargados de las flechas envenenadas que arrojaban los
Travasicosis, pensando tener en ellas una arma temible á los españoles
y superior á las bocas de fuego. Como los ánimos venian abochornados
con las molestias de jornada tan inutil, empezaron á conmoverse,
incitados principalmente por Pablo y Narciso, hijos de Curupiratí,
cacique respetable entre los Guaranís. Animaban sus palabras con
vana ostentacion de las flechas, tejiendo arenga prolija de sus
formidables efectos. La conjuracion fué universal, pero no tan secreta
que no llegára á oidos del gobernador Vergara; el cual aprestó luego
su milicia, y buscó al enemigo, que ya le esperaba con diez y seis
mil combatientes, y otras tropas auxiliares que corrian la campaña
y guarnecian los pasos ventajosos. Fueron varios los accidentes
en diferentes encuentros y escaramuzas, preliminares á la batalla
campal, que se dió y terminó á 3 de Mayo de 1560, con poco daño de
los españoles, y mortal destrozo de Guaranís, acabándose el soberbio
orgullo con que acometieron en fuga pavorosa con que se retiraron.
Destacáronse algunas compañias para correr el país enemigo, mas con
ánimo de ofrecer paz publicando indulgencia, que con designio de
arruinarlos. En efecto admitieron la paz, pero me persuado que fué
efecto del temor, y no de sinceridad, pues á pocos pasos renovaron los
alborotos.