hormigas, cuyas repúblicas verdaderamente numerosas, disminuye, y con
industria impide que se multipliquen en nuevas colonias. Es á manera
de puerco mediano, alto media vara, de color negro y blanco, con dos
listas que declinan en obscuro. La cola está cubierta de cerdas, y como
es larga y ancha, cuando la levanta sobre el lomo, le tapa casi todo el
cuerpo. La cabeza imita la del puerco, y remata en figura de trompa,
larga como un pié, en cuya extremidad tiene agujero, por donde saca
su lengua de media vara. Este es el instrumento de que le proveyó la
naturaleza para bucear alimento; porque prolonga su lengua, y la mete
por la boca de los hormigueros, y cuando la siente llena de hormigas,
la recoge hácia dentro de la trompa, y se las come muy á su placer,
repitiendo una y muchas veces la misma diligencia.
Cuanto es cuidadoso en buscar de que alimentarse, tanto es perezoso y
tardo en sus movimientos. No le hace falta la lijereza para asegurar la
presa, porque con industria y malicia la suple bastantemente, y aunque
sea el tigre mas feroz, queda despedazado entre sus uñas. Para el
combate se tiende de espaldas sobre el suelo, esperando que el tigre le
acometa, y se eche entre sus agudas y tenacísimas uñas con las cuales
lo abraza, y no suelta hasta que lo despedaza. Pero si es feroz con los
demas animales, con sus hijuelos es todo piedad: los toma con cariño
sobre sus espaldas, y los transporta de un sitio á otro, abrigándoles
con su larga y ancha cola.
Semejante al Oso-hormiguero en cargar su tierna familia, es el
_Sucarath_, animal propio de la provincia patagónica. Es singular su
figura: tiene cara de leon, que declina en la semejanza humana, con
barbas que arrancan desde las orejas. Su mole es corpulenta hácia los
brazuelos, y estrecha hácia los lomos. La cola larga, bien poblada de
cerda, le sirve para defender y tapar sus cachorros que carga sobre el
lomo, para repararlos con la fuga de los cazadores: pero estos abren
hoyos profundos, y cierran la boca con ramas, disimulando el artificio
de las trampas. El Su, ó Sucarath, ciego en la fuga, é incauto en la
defensa de sus hijuelos, pisa sobre las endebles ramas, y con ellas se
cae á lo profundo. Como no puede salir, y teme que sus cachorros vengan
á manos de los cazadores, convierte sus iras contra los hijuelos, y con
bramidos espantosos procura amedrentar los cazadores. Pero estos sobre
seguro le atraviesan con flechas, y se utilizan de los cueros contra
los excesivos frios del país.
El carnero de la tierra, que en el Perú dicen _Llama_, es especie de
camello, menor un tercio, pero sin tumor, ó corcova que lo desfigure.
No tiene color determinado, y la especie admite indiferentemente toda
la variedad que se observa en los caballos. Algunos hay blancos y
negros, otros pardos y cenicientos. Sirve para el carguio, y como el
peso no exceda de tres para cuatro arrobas, y le dejen caminar á su
paso, transportará lejos las cargas, caminando tres para cuatro leguas
por dia. Cuando se cansa, confiesa humildemente su debilidad, echándose
con la carga; pero si el conductor porfia en levantarlo, saca del buche
una especie de escremento, y lo arroja á la cara del arriero.
El Guanaco tiene algunas propiedades del camello. Cuello largo y
erguido, color castaño; lana corta y áspera, pero inutil para los
tegidos. Andan en tropillas, y para que todos pasean sin sobresalto,
vela uno por todos, y en descubriendo gente, relincha, y previene á los
demas que esten alerta, porque se descubren enemigos.
El _Micuren_ es animal pequeño, pero caracterizado, con una propiedad
que le singulariza notablemente. En el ombligo cria una bolsa, donde
recoge sus hijuelos, y los abraza con dos membranas gruesas que
cierra y abre, encoge y extiende segun los diversos ejercicios á que
le destinó la naturaleza. Cuando se vé acosado, recoge en la bolsa
los hijuelos, y como la cárcel de carne es su ordinario domicilio,
no extrañan el encerramiento; y mientras la madre pelea con esfuerzo
y vence á sus enemigos, ellos se estan mamando con toda quietud y
sosiego. Pero luego que la victoriosa combatiente ausentó á su enemigo,
abre la bolsa, y suelta los hijuelos para que participen el fruto de la
victoria.
Entre las varias especies de conejillos propios del país, unos
domesticos que se dicen _Coyes_, otros campestres que llaman _Apereas_,
el _Cira_ por sus malas propiedades es muy célebre: es el corsario
de las selvas, y perseguidor de los ciervos, contra los cuales arma
celadas y los asalta, aferrándose con tanta tenacidad del suceso, que
no suelta hasta sacarle los intestinos. Las viscachas, asoladoras de
los trigales, son otra especie de conejos grandes. Tienen largo y ralo
el pelo á manera de cerdas, con bigoteras prolongadas en el hocico: los
pies son cortos, pero los menean con agilidad en la fuga. Habitan en
profundas y subterraneas cuevas, con division de piezas altas y bajas
para su morada. No salen de dia, pero de noche dejan su retiro y salen
á la campaña á juguetear entre sí con fiesta y algazara.
El animal á la vista mas placentero es el que llaman Zorrino. Su figura
es de perrillo de faldas, manchado de varios colores, y algunos con
listas sobre el lomo. El hocico es puntiagudo, y su habitacion en
cuevas subterraneas, que socaba con las uñas, ó entre piedras donde se
esconde. Es halagueño, y tan agraciado que convida á que le agarren,
y solo su vista aviva la gana de tomarlo con las manos, y ensenarlo
en el pecho. Algunos que ignoraban sus propiedades, prendados de su
natural agrado, le han agarrado, y con la experiencia conocieron, que
bajo de una hermosa apariencia se encubre un hediondez insufrible. Esta
es la única arma de que le proveyó la naturaleza: porque tardo para la
fuga, y pesado en el movimiento, cuando se vé perseguido, derrama de un
depósito que tiene de humor ardiente y fétido algunas gotas, con las
cuales detiene al agresor. Si tal vez sucede que las gotas alcanzan
al perro que le persigue, se enfurece, se inquieta, se revuelca como
desesperado contra el suelo, y no halla descanso, hasta que el hedor se
evaporice.
No es menos célebre el _Tatú_, parecido en la figura á un pequeño
lechoncillo, pero las orejas semejantes á las de mula, de adonde le
viene el nombre de _Mulita_. El cuerpo por la parte superior está
cubierto de conchas, con labores resaltadas que distinguen los colores
pardo y claro sobre el obscuro. Estas conchas ó láminas tienen muelles
y resortes, de que se sirve para cerrarlas y abrirlas á su placer,
segun las ocurrencias y necesidades. Cuando se vé acosado, se arma de
sus conchas, de donde le vino el nombre de _Armadillo_: cerrando las
láminas, y metiendose enteramente dentro de ellas, forma una bola,
de donde se le originó el nombre de _Bolita_. Esta es casi la única
arma para reparar los acometimientos del enemigo. En estas conchas
estrechamente enlazadas, y unidas entre sí, se quebrantan las armas de
sus agresores, y con ellas solas se repara de sus asaltos.
El _Quirquincho_ es muy semejante al Tatú; pero se diferencia en que,
por los muelles de las conchas y por el vientre, le salen unos pelos
largos á manera de cerdas. Mantiénese de carne, pero se ayuda de la
industria para la caza. Cuando llueve se vuelve boca arriba para
recoger agua. En esta postura se mantiene hasta que algun venado ó
cervatillo, afligido de la sed, llega á beber. Cuando éste satisface
ansioso la sed, cierra su concha, y apretándole el hocico y narices,
le sofoca con la falta de respiracion. Es creible que tenga otro modo
de alimentarse; porque en los meses de seca, en que no puede recoger
agua del cielo, esta industria es inutil, y solo buena para perecer
de hambre. Así el quirquincho como el tatú, son admirables en la
prontitud con que profundan en tierra. Algunos aseguran que en sola
una noche prolongan su cueva hasta una legua: yo no me atrevo á tanto,
contentándome con decir que una legua se camina fácilmente, y con
dificultad se socava.
Monos hay de varias especies, diversos en el color y varios en el
tamaño: son muy ligeros, y saltan de árbol en árbol, y de rama en rama
con agilidad extrema. Cuando el árbol, á donde quieren pasar, está muy
distante, se toman por las colas, formando y tejiendo una soga larga,
que pende hácia abajo, y cimbrándose á un lado y al otro, no paran
de este egercicio, hasta que el último de ellos se prende en el otro
árbol. Como sobre la habilidad de este descansan los demas, luego que
asegura alguna rama, les comunica la nueva con grande algazara, y les
previene que pueden desprenderse del un árbol, y trepar con seguridad
al otro.
Los _Carayás_ son los mayores, y puestos en dos pies, igualan la
estatura de un hombre: son muy atrevidos. Los indios están persuadidos
de que fueron hombres, y se transformaron en monos por sus enormes
maldades; y añaden, que sabiendo hablar, callan maliciosamente, ¡porque
los españoles no les obliguen al trabajo! Sobre la ligereza para huirse
cuando se vén perseguidos, tienen una arma defensiva, y en cierto modo
ofensiva, que la juegan con acierto, tirando con la mano el escremento
al rostro del que les persigue.
§. VIII.
DE LOS REPTILES.
Plaga es lo que abundan estos animales juguetones, y no lo es menos la
de los ponzoñosos y otros insectos que viven conjurados contra la vida
y quietud del hombre.
El venerable P. Antonio Ruiz de Montoya, en su Tesoro, palabra _Mboy_,
señala once especies de víboras que matan, y no las refiere todas.
Unas son ovíparas, otras vivíparas, y es maravilla que no multipliquen
inmensamente, y hagan la tierra inhabitable. A una abrió el mismo
Padre, y le encontró cincuenta viboreznos: fecundidad tan rara,
especialmente en paises húmedos y ardientes, debiera sobresaltar mas á
los habitadores y viandantes, que se abandonan á dormir sobre el suelo,
despues de una larga experiencia de los muchos que han sido acometidos
de estos enemigos ocultos y silenciosos, que avisan con el daño, y no
dán lugar á prevenir sus ataques.
Por eso sin duda, la víbora que llaman de _cascabel_, proveyó la
naturaleza de sonajas, compuestas de huesecillos y escamas secas que
meten ruido al caminar, y el ruido previene á los que están cerca,
que se cautelen de este enemigo. Los naturales dicen, que cada año le
sale un nuevo cascabel: lo cierto es, que cuanto son mayores, tanto es
mayor el número de sonajas; y que si no crece uno por año, se aumentan
con ellos. Algunas son largas vara y media, y á las veces dos varas,
y gruesas como el brazo. El color es amarillo y negro, que asombra la
piel, y la comparte en muchos cuadros. Es mortal su veneno, y con solo
picar en un pié, brota la sangre por ojos, narices y oidos.
Mas formidable es el _Curiyú_, de un color ceniciento, entreverado
con espantosa variedad: largo tres, cuatro y seis varas, corpulento á
correspondencia. Cuando se siente hambriento se sube á los árboles y
pone en la atalaya, tendiendo por todas partes la vista para divisar la
presa; y cuando en proporcionada distancia descubre el venado, el corzo
ó el hombre, con increible ligereza se desprende del árbol, y se arroja
sobre ellos. Su primera diligencia es asegurarlos con sus roscas, que
la envuelven toda al rededor, y tan fuertemente, que no es posible
librarse de tan formidable enemigo. Cuélgase tambien de los árboles que
están pendientes sobre los rios, arroja sobre el agua una espuma, á la
cual acuden los peces, y cuando los tiene descuidados en el cebo, se
desenrosca con extraña ligereza, y hace segura presa de ellos.
Algo se parece el Curiyú al _Mboy-quatiá_, culebra de tres para cuatro
varas, que habita entre malezas pantanosas, desde adonde arma celadas y
atalaya para asaltar la presa con increible ligereza. De la extremidad
de su cola sobresale un hueso como navaja, con el cual hiere al animal
y al hombre, hasta matarlos. Si el animal que apresó hace resistencia
para que no le arrastre á los matorrales, el Mboy-quatiá se debilita,
suelta la presa, y con presteza vuelve al agua para humedecerse, y
tornar con agilidad á la reñida contienda. Los indios procuran que no
les enrosque los brazos para tener sueltas las manos, y cortarla con el
cuchillo antes que les hiera con el hueso de la cola.
Mayor que el Curiyú y el Mboy-quatiá es el _Ampalaba_, que algunos
llaman “culebra boba.” Por lo menos si no es boba lo parece: su
movimiento es tardo y á las veces ninguno, porque entorpecida y
perezosa, se está mucho tiempo sin menearse, con la boca abierta. A
nuestra Ampalaba no le hace falta la ligereza del movimiento para
apresurar el raton campestre, el fugitivo corzo y el ligero venado.
Con solo levantar la cabeza, y registrar los animales que pasean la
campaña, y las aves que cruzan los aires, sin moverse del sitio que
perezosamente ocupa, tiene segura la presa. Algunos dicen que con
un aliento ponzoñoso que despide, quita la vida á los animales, y
muertos se ceba en ellos. Pero la experiencia enseña que la presa es
violentamente traida, y que llega viva á su boca.
Talvez ha sucedido que un pajarillo en medio de su vuelo se halló
repentinamente detenido, y contra el propio impulso tirado hácia la
boca del Ampalaba. Pero cortado el aire que mediaba entre la culebra y
la presa, tomó otra vez vuelo, y siguió libremente su camino--efecto
que no puede proceder de aliento venenoso, pues este obraria
atolondrando y matando.
Cuanto es corpulenta el Ampalaba, tanto es pequeño el _Uguayapí_,
especie de víbora, de veneno tan activo, que en pocas horas mata: con
esta víbora tiene irreconciliable enemistad el _Macangué_, el cual del
ala hace rodela, y metiendo el pico por entre las plumas, se arroja
sobre el Uguayapí, y le acomete. Pero la viborilla se vale de agilidad
y viveza para eludir los asaltos del Macangué, y herirle donde puede,
derramándole en la sangre su mortífero veneno.
La _Víbora de dos cabezas_ es larga media vara, y gruesa igualmente
por las dos extremidades: sobre el campo ceniciento, que cubre toda
la piel, se forma un jaspeado de colores obscuros poco vivos. Cuando
quiere avanzar terreno y saltar para herir, forma una media luna, y
estribando sobre la barriga, se tira á larga distancia, con un resorte,
que sin duda procede de algun muelle ó juego particular que tienen
los huesos del espinazo. Es muy temido su veneno, y mas lo fuera, si
como se dice, tuviese dos cabezas. Yo lo he observado con exquisita
diligencia, y noté que la una es real y verdadera, y la otra de
perspectiva, pero tan viva y admirable, que engaña y hace creer que la
pintada es verdadera.
Víboras _frailescas_ llaman á unas de color pardo ó ceniciento, largas
mas de vara, y algunas gruesas como la muñeca: su veneno es mortal, y
son temibles, ya porque atacan sin ser hostigadas, ya porque cruzando
los caminos, las confunde el color con la tierra, y no dan lugar á
prevenir sus acometimientos. _Corales_ llaman en algunas partes á
otra especie veteada de pintas negras, amarillas, verdes y azules, de
tanta viveza que cuando caminan hieren la vista con la repercusion
de los rayos solares. Hay otras muchas especies de culebras, víboras
y lagartos, unas venenosas, otras que no lo son, y á estos últimos
pertenece la _Iguana_, cuya descripcion se halla en varios autores.
§. IX.
DE LOS INSECTOS.
A estos animales son inmediatos otros que justamente llamamos plagas
infestadoras. Las langostas, que talan los sembrados, y pelan los
árboles, merecen especial relacion, no por lo particular de la especie,
sino por la multitud que llega á cubrir el horizonte mas de lo que
alcanza la vista. Cuando saltona cubre enteramente la tierra: yo he
visto plaga que tapizaba la campaña á lo largo de mas de diez leguas,
cubriendo la superficie de la tierra, los troncos y ramas de los
árboles. Es animal voracísimo, siempre comiendo y nunca satisfecho,
porque cuanto recibe, tanto arroja y despide. Es increible la prontitud
con que talan la huerta, ó monte donde hacen asiento, y en el espacio
de pocos minutos he visto pelar un bosque espeso, supliendo la
voracidad y multitud á la pequeñez del talador.
Las hormigas son otra plaga, conjurada contra los sembrados y esfuerzos
de los labradores. Las unas por comunes no merecen particular mencion;
pero sí las otras, y entre ellas el primer lugar ocupa el _Tahíro_,
de extraña pequeñez, color negro y azogada viveza. Sale cuando quiere
llover, y así son prenuncios de lluvia inminente. Luego que abandonan
sus cuevas, cuidan de buscar los escondrijos, y agujeros, que son
morada de grillos y otras sabandijas; no para fijar su alojamiento en
ellos, sino para apoderarse de su lejítimo dueño, y prevenir en sus
carnes un regalado banquete. Como son muchos, y la multitud hambrienta
de Tahiros recarga sobre ellos, inexorables á sus quejidos, y sin dar
cuartel á nadie, con todos acaban. Si acontece que entran en la cama
del que duerme con reposada quietud, presto le despiertan, y por via de
composicion es necesario desocupar el lecho, y mudar alojamiento por no
verse acosado por estos animalejos.
Otras hay que los Guaranis llaman _Yzau_, y merecen el nombre de
taladoras. Tres estados podemos distinguir en ellas: el primero cuando
chicas recien salidas del huevo: estas cuanto tienen de pequeñas,
tanto tienen de rabiosas, y se ceban con insaciable hambre en lo que
encuentran. Desdichado el muchacho que hallan descalzo: le acometen,
le hincan sus agudos dientes, y por mas diligencias que ponga en
desprenderlas, no sueltan hasta ensangrentarle. Estas tienen la
incumbencia de abrir el agujero, y ensancharlo para que las mayores
salgan sin tropiezo, y tengan algun descanso en la fatiga laboriosa de
su agradecida familia.
Por el agujero salen unas hormigas con alas á manera de abispas, y en
ellas se verifica, que para su mal le nacen á las hormigas las alas:
porque ó son de limitada duracion por naturaleza, ó acaban sus dias en
el vientre de los pajarillos, especialmente de la tijereta, que halla
delicado pasto en estos volantes ejércitos. Tras estas salen otras
que constituyen el tercer estado, y son las madres hormigas, que solo
toman alas para dilatar con nuevas colonias la familia, y buscar lugar
retirado para el establecimiento de una poblacion numerosa. Es poco lo
que vuelan, porque luego pierden las alas, y ellas caen á tierra con
el peso de una bolsa, grande como un garbanzo, que encierra los huevos
destinados á propagar la especie.
Como son muy laboriosas, empiezan luego con sus patillas á cavar la
tierra, y en la profundidad de una cuarta dejan algunos huesos, los
bastantes para fijar los fundamentos de nueva poblacion. Continuan el
ejercicio de cavadores, profundando la cueva, y allí dejan segunda
porcion de huevos. De esta manera, profundando mas y mas, hasta dos
brazas (rara industria y teson infatigable), una sola madre hormiga
propaga la especie con numerosas colonias. ¿Qué habitacion previene el
_Yzau_ para sus tiernos hijuelos? ¿Qué alimentos prepara para tanta
multitud? ¿Como una sola madre fomenta tantos huevos depositados en
tantos lugares?--Es misterioso arcano que no comprendemos: lo cierto es
que, aunque no alcancemos los caminos de la naturaleza, ella no espera
la humana direccion para plantear sus ideas, y cumplirlas.
Yo me contento con poner á la vista la admirable arquitectura de
nidos que fabrican las hormigas para establecerse con seguridad en
los anegadizos de los Xarayes. Como el terreno está dispuesto á
inundaciones, y que el agua sube mucho, fabrican su morada sobre los
troncos de los árboles. La materia es de barro, y las mismas hormigas
hacen oficio de cargadoras que llevan el material, de amasadoras que lo
templan, de albañiles que lo aplican, con proporcion tan compasada y
division de piezas tan justa, que excede la mas delicada arquitectura.
Aunque todo el material es de barro, tiene consistencia de piedra,
y resiste á las aguas, de suerte que no penetren adentro. Como la
clausura no es perpetua, y su naturaleza pide salir á respirar aires
mas frescos, y juntar provisiones para el invierno, cada hormiguero
tiene un caño, ó conducto interior por donde pueden salir y entrar
libremente.
Donde las aguas no suben tanto, pero el terreno está expuesto á
inundaciones, eligen un montecillo elevado, y sobre él cimentan su
fábrica de barro en figura de torre, de dos para tres varas de alto.
Esta torre por dentro está hueca, y al parecer sirve solamente para
albergarse en tiempo de crecientes, porque entonces las aguas penetran
su habitacion subterranea, y se ven precisadas á subir al torreoncillo
con la seguridad que está bien argamasado, y capaz de resistir á las
aguas que azotan al pié, y bañan el fundamento de la obra.
Antes de apartarnos de los Xarayes será bien referir otra especie
de hormigas que se halla desde el rio Tacuarí hasta los anegadizos.
Críanse en este espacio ciertos árboles, á los cuales los portugueses
llaman “árboles de la hormiga”: son frondosos y lozanos, y su hermosura
convida á mirarlos y tocarlos. Pero cuando la vista no se harta de
mirarlos, embelesada con su admirable lozania, el cuerpo todo se llena
de hormigas, que estaban sobre los árboles, y como si el contacto
turbára su quietud, se convierten contra los perturbadores de su
reposo y descanso. Y como cada uno de estos árboles está cargado de
inumerables hormigas, son muchas las que se desprenden para herir al
que osado se atrevió á tocar el árbol.
Otras hormigas hay, que aunque las llamemos plaga por el daño que
pueden causar en las sementeras, pero son tolerables por la utilidad
que acarrean: hállanse en pocas partes, y hasta ahora solo se sabe que
se encuentran hácia la Villa Rica. Estas son fabricadoras de cera, que
crian en unas bolitas sobre las plantas, llamadas _guabirá-mirí_, donde
las recogen los Villeños, y derretidas al fuego se endurecen en cera
blanca. De ella se hacen velas, pero su luz no es mucha, por ventura
á causa de su dureza que no se derrita fácilmente, ni tanto que pueda
nutrir el pabilo y la llama. Podria suceder que si algun fabricante
la beneficiase, la experiencia le descubriria el modo de purificar la
cera y aumentar la luz. El Ilmo. Señor Palavicino, Obispo del Paraguay,
presentó algunas de estas velas al P. Bernardo Husdorfer, provincial de
esta provincia, y este al P. Ladislao Oros, procurador á las córtes de
Roma y España, para que pasase este invento americano al viejo mundo.
La plaga de mosquitos no se conjura contra los sembrados, pero se
arma contra los vivientes, y la quietud de los viajantes. Los unos
con la frotacion de las alas meten ruido tan confuso, que despabilan
el sueño: los otros con sus aguijones chupan la sangre, y en pago de
licor tan estimable que se llevan, dejan el precio de ardientes ronchas
y escozor que mortifica y aflige por mucho tiempo. No hay reparo ni
defensa contra su astucia: burlan la clausura de los mosquiteros, y
cuando no hallan resquicio para entrar á cebarse á satisfaccion, meten
su delicado aguijon por entre los hilos de los tegidos. El humo, dicen,
que los ausenta; pero ese alivio, que niegan algunos, es tan costoso,
que se puede dudar si es mas molesto el humo sin mosquitos, ó los
mosquitos sin humo.
Los reales demarcadores que subieron rio Paraguay arriba, observaron
que entre las tinieblas del humo lograban oportunidad de hincar sus
aguijones á hurtadillas para satisfacer su hambre.
Sin embargo, los que habitan en Santa Fé, sus vecindades y otras
partes, gustan de aires mas frescos y puros, y no consienten el
ambiente ofuscado con humos. Puede suceder que la imaginacion de los
patricios disminuya el número por hallar algun alivio, mas aprendido
que real, contra enemigo tan impertinente. Pero siendo de una misma
especie que los que se hallan en otras partes, es creible que tanto en
unas como en otras, tanto cercados de humo, como sin él, mantengan la
vida propia con sangre agena.