las justas reglas de proporcion. Tienen dos aletas, las cuales hácia
la extremidad rematan en cinco como dedos, y estos en uñas de materia
cartilaginosa, de las que se sirven dentro del agua para nadar, y
cuando saltan en tierra para caminar, usan de ellas por medio de
dos resortes y articulaciones; uno en el mismo nacimiento junto al
omoplato, y otro en el arranque de los dedos. Otros dos juegos y
articulaciones tiene la cola, de la cual usan para caminar por tierra
sin arrastrar el cuerpo. Como la naturaleza la destinó para suplemento
de los pies y sustentar su pesada mole, proveyó que fuese mas gruesa
que lo que requiere la proporcion.
Con el auxilio de las alas y cola, cuando salen de su elemento, caminan
por tierra con alguna pesadez, pero no tanto que les impida trepar
por altos y escarpados peñascos. Son muy juguetones, y como alcanzan
grandes fuerzas, por divertimiento ó por enojo se tiran en alto los
unos á los otros, y cuando se sienten heridos acometen con furia y
braveza.
Los holandeses en sus relaciones aseguran que se hallan tambien leones
marinos; pero es verosimil, que no se diferencian en especie, y que se
les dió el atributo de leones, porque algunos lobos cuando son grandes
tienen collar en el pescuezo; el que quisiere podrá llamarlos lobos con
collar, ó leones semejantes á los lobos.
Parecidos á estos son los perros marinos, pero en los brazuelos y pies
se asemejan á los perros de tierra. Son osados y bravos, y no esperan
para morder que los irrite la provocacion de los viandantes. Ellos
se ponen en celada aguardando oportunidad, y cuando pasa algun barco
salen de sus guaridas y desfogan su enojo mordiendo hasta los remos.
Hay tambien caballos marinos, y otras varias especies que se asemejan,
siempre con bastante diversidad, á los animales de tierra, pero se
denominan con los nombres de estos, por carecer de otros mas propios
para indicarlos.
El _Yaguazú_, animal grande como una mula, busca los lugares profundos:
acomete á los animales y hombres que pasan á nado, y se abisma con
ellos para tragárselos.
No es menos caribe el _Ao_, animal anfibio, pero blanco, lanudo y
crespo como oveja; con uñas y hábitos de tigre. Andan en manadas, y
salen del agua cuando quiere llover y mudarse el tiempo. Hacen presa en
los leonas y otras fieras, persiguiendo con tanta velocidad la caza,
que ninguno se les escapa. Suelen los animales en la fuga ganar algun
árbol, como asilo de seguridad contra el obstinado perseguidor: pero
el _Ao_, ansioso de la presa por el hambre que le aflige, se aplica á
descubrir las raices con tanta pertinacia, que no cesa de socavar el
árbol, hasta derribarlo.
El _Capyibará_ es el puerco ó javalí de agua, casi del mismo color y
tamaño que los de tierra, pero con el hocico menos prolongado. De noche
pasta en los campos, y dehesas, pero de dia, especialmente en tiempos
frios, se baja á lo mas hondo de los rios. Los indios lo comen, pero lo
desangran enteramente para que no hiedan sus carnes. El caiman, al cual
los indios llaman _Yacaré_, es tenido por lagarto de agua. Es anfibio,
largo dos ó tres varas, y con hocico de puerco. Hay dos especies, unos
negros, veteadas de azul obscuro, y otros bermejos, mas bravos, que
acometen para hacer presa. No imitan enteramente á los célebres del
Nilo, pero en los nuestros concurren algunas propiedades que los pueden
hacer celebérrimos.
La mansion ordinaria del yacaré es el agua, pero harto y lleno, sale
á la playa, no lejos de las riberas, buscando en los ardores del sol
algun fomento para la digestion. Está cubierto de escamas duras, á
manera de conchas, con las cuales dicen se arma para resistir las
balas. No es impenetrable su armadura, porque me consta que con tiro de
fusil se han muerto algunos, y así es creible, que los que descubrieron
impenetrables á las balas las escamas del yacaré, buscaron escusa á su
poca destreza en la fingida armadura del caiman.
Su pesca y caza es algo curiosa. Los indios se previenen de una estaca
larga á proporcion de lo ancho de la boca del yacaré, con dos puntas
agudas hácia las extremidades. Armados con ella, entran al agua, y
cuando el caiman abre la boca para acometer, logra el indio la ocasion
de clavársela en la boca, por la cual le entra tanta agua, que le
ahoga, y el pescador lo saca á la ribera para trozarlo y comérselo.
D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa, curiosos y verídicos indagadores de
la naturaleza, en su viage á América, refieren, como testigos oculares,
la precaucion de la caimana en esconder el tesoro de sus huevos para
ocultarlos de los gallinazos, los cuales con industria y arte se ponen
en celada para lograr la ocasion del hurto. Escóndense entre los
árboles, donde pueden observar y no ser observados, para que el asalto
sea mas seguro. Como la caimana está muy enterada de las astucias de
su enemigo, mira y registra con gran cuidado y atencion, si alguno de
estos agresores es testigo de sus intenciones, y cuando está falsamente
asegurada que no hay gallinazos en celada, pone sus huevos y los tapa
con arena, revolcándose con disimulo por toda la vecindad. Pero luego
que ella se retira, el astuto gallinazo se deja caer sobre el nido, y
con pico, pies y alas remueve la arena, y goza muy á satisfaccion el
gran banquete que le previno la caimana, poco próvida en desamparar su
indefensa prole, que podia hacer respetable su presencia.
Al caiman es muy semejante en la voracidad á la _Palometa_, larga palmo
y medio, y casi otro tanto de ancho: los dientes tiene dispuestos á
manera de sierra, y son fortísimos y tenacísimos. Los Guaycurús hacen
de su quijada sierra para cortar palos. Con arma tan poderosa no hay
empresa á que no se atrevan las palometas, ni insulto que no cometan
en los pescadores, en los nadadores, y en los peces que surcan las
aguas. A los pescadores cortan el anzuelo, y en una hora son capaces
de deshacerlos aunque sean veinte. En los nadadores hacen tenacísima
presa, y no sueltan sino arrancando el bocado.
Cuando D. Manuel Flores, capitan de fragata, entró rio Paraguay
arriba, á poner el marco divisorio en la boca del Jaurú, un soldado de
Cuyabá hirió un capyibará, y acosado de un perro que le seguia, entró
sangriento al agua, y el perro tras él, teñido en su sangre. Acudió
luego tanta multitud de palometas, que en pocos instantes, á vista de
muchos, los descuartizaron á bocados, dejando los puros esqueletos.
Temible es tambien la _Raya_, por una espina en la cola que corta como
la navaja mas afilada: es de monstruosa y disforme figura, que imita
la rueda de carreta, y algunos la igualan en magnitud y grandeza.
Sus carnes son poco agradables al gusto, pero los indios comen con
apetencia las alas. El _Bagre_ no tiene la espina en la cola como
la raya, sino sobre el lomo. Es fuerte, aguda, venenosa y capaz de
penetrar las suelas de los zapatos: es de mediano tamaño, la cabeza
aplanada, con dos barbotes que le salen á los lados de la boca. El
_Armado_ es apetecido por sus carnes, pero estas no las franquea á los
incautos, sin experimentar las sangrientas puntas de sus espinas. Es
grande una vara, y á veces mayor, todo defendido de puas agudas: la
cabeza es monstruosa, larga la tercera parte del cuerpo. Hay varias
especies conocidas á los indios, y denominadas en su idioma con
particulares nombres.
Por el contrario el _Patí_, de carne delicada y gustosa, goza del
privilegio de carecer de espinas; y así ofrece plato regalado al gusto,
sin molestia y sobresalto. En esto tambien le imita el _Surubí_, de
agradable sabor, y de carne mas sólida que el patí, y por eso mas
á propósito para conservarse salada. El _Pacú_ es casi redondo, de
pequeña cabeza, sin escamas, pero de carne gustosa. El _Dorado_, á
quien el color dió ocasion para el nombre, es de vara, y á veces mas
largo. Herido de los rayos y reflejos del sol es hermosísimo, pero la
cabeza, que ofrece el bocado mas delicado, es notablemente fea. Boca
pequeña, guarnecida con dos andanas de dientes, ojos negros, ceñidos de
un círculo sobredorado. Las agallas defienden dos membranas á manera de
conchas sobredoradas, depósito y oficina de la substancia mas tierna,
mas suave y apetecible.
Al dorado es justo que acompañe la _Curbitana_ plateada, ó como llama
el Guaraní, el _Guacupá_. No es muy grande, será largo como un pié, y
suele criar una piedra que se supone eficaz contra el mal de orina.
El _Peje-rey_ es sin duda de los de mejor gusto, y su nombre promete
un plato delicado. Cuando fresco es el mejor, ó de los mejores peces,
y de gusto exquisito. Abundan desde las Corrientes hasta Santa Fé y
Buenos Aires, no en todo el tiempo, sino cuando sobreviene al Paraná la
creciente de San Juan, y duran los meses de Junio y Julio.
Hay otras muchas especies que cruzan los rios, y sirven de alimento á
los naturales. El _Manguruyú_ de color obscuro: las corbinas grandes
y de buen gusto: el zabalage, que inunda el rio de Santiago, y en
cierto modo inficiona á temporadas sus delicadas aguas. Las tortugas,
que abundan en Chiquitos, y entretienen con sus crias agradables y
curiosas. La multitud, abundancia y variedad de patos delicados al
gusto, entretenidos á la vista, de figura extraordinaria, y exquisita
variedad de colores, es materia copiosa que necesita obra separada, y
de volumen no pequeño.
§. V.
DE LAS AVES ACUATICAS.
Entre los patos ó pájaros de agua merece particular relacion el _Macá_
(como le llaman en Santa Fé, donde acuden en las crecientes del Paraná)
ó como le nombran los indios, _Macangué_. Un sugeto bien instruido
en las curiosidades de la naturaleza duda si el macá, y macangué son
de especie diversa: porque el primero es un género de pato, que mas
ordinariamente mora y habita en el agua: el segundo participa mas la
especie de pájaro que se asemeja á la _Chuña_, y mas se recrea en la
tierra que en el agua: pero uno y otro convienen en el modo de criar
sus hijuelos. A estos los toman sobre sí, con ellos vuelan, con ellos
caminan y nadan, y no hallan embarazo para sus cuotidianos ejercicios
en la carga que fió la naturaleza á su maternal providencia.
El _Opacaá_, es tambien pájaro de agua, que pasea con magestad las
orillas de los rios y lagunas, repitiendo estas voces _opa-caá,
opa-caá_, que significan, “ya se acabó la yerba, ya no hay yerba”. Los
indios que observan el canto y voces de animales para sus agorerias,
se entristecen grandemente cuando oyen al Opacaá, juzgando que este
animalillo les anuncia que ya se acabó la yerba del Paraguay, que ellos
tanto apetecen. Si sucede que en efecto se acabe la provision de yerba,
admiran la penetracion del animal que alcanzó lo futuro.
El _Yahá_ justamente le podemos llamar el volador y centinela. Es
grande de cuerpo, y de pico pequeño. El color es ceniciento con un
collarín de plumas blancas que le rodean. Las alas están armadas de un
espolon colorado, duro y fuerte, con que pelea. Son amigos de sociedad,
y andan acompañados de dos en dos. En su canto repiten estas voces
_yahá, yahá_, que significan “vamos, vamos”, de donde se les impuso
el nombre. El misterio y significacion es que estos pájaros velan de
noche, y en sintiendo ruido de gente que viene, empiezan á repetir
_yahá, yahá_, como si dijeran: “vamos, vamos, que hay enemigo, y no
estamos seguros de sus asechanzas.” Los que saben esta propiedad del
_yahá_, luego que oyen su canto, se ponen en vela, temiendo vengan
enemigos para acometerlos.
El _Terotero_ en parte imita la naturaleza del yahá. Repite en su canto
estas cláusulas: _teu, teu,_ y por eso con alguna corrupcion, le llaman
los españoles terotero, y los indios con mayor propiedad _teu-teu_.
Su habitacion es junto á los rios y lagunas. El color es veteado de
blanco y obscuro, los pies largos y colorados. Es por extremo amante
de sus polluelos, y cuando alguno se los alza del nido, con osado
atrevimiento acomete al que se los hurtó, y es tan impertinente en los
asaltos y acometimientos, que obliga al ladron á abandonar su presa. En
el encuentro de las alas tiene agudas espinas que juega con agilidad
y destreza contra las aves de rapiña, seguro de la victoria si no le
oprime y vence la multitud.
§. VI.
DE LOS VOLATILES.
No es menos poblado el aire que las aguas, con inmensa variedad de aves
que le cruzan, sosteniendo la gravedad de sus cuerpos en la fluidez de
este elemento. Merece el primer lugar el que llaman _Rey de las aves_.
Son muy pocos los que se hallan de esta especie, y solo se tiene
noticia que se encuentran en los montes de Curuguatí. Es del tamaño,
ó poco mayor que un gallo, pero sus plumas son un agregado de todos
los colores, que presentan á la vista en un solo objeto, cuanto la
naturaleza dispensó liberal en la familia universal de todas las aves.
Los que frecuentan el Curuguatí, pocos curiosos y atentos de indagar la
naturaleza, no nos han comunicado otras propiedades de esta ave: pero
es creible que las tenga para hacerla digna de su nombre. En lo demas,
si carece de mas atributos, será rey en la apariencia de los colores,
pero no tendrá las bellas calidades á que está vinculada la supremacía
de las aves.
Mejor la merece un pajarillo, tan pequeño de cuerpo que puesto en
balanza no excede el peso de un tomin, y por eso se llama tuminejo.
En lengua Quichua le dicen _Quentí_, en la guaraní, _Mainimbií_, y
en la castellana, picaflor. No hay cosa en este animalito que no sea
extraordinaria y maravillosa, su pequeñez, su inquietud y azorada
viveza, su alimento y color, su generacion, y ultimamente el fin de su
vida.
Entre las aves es la mas pequeña: su cuerpo vestido de hermosas y
brillantes plumas, es como una almendra. El pico largo, sutil y
delicado, con un tubillo, ó sutil aguijon para chupar el jugo de las
flores. La cola en algunos es dos veces mas larga que todo el cuerpo.
El vuelo es velocísimo, y en un abrir y cerrar de ojos desaparece, y
lo halla la vista á larga distancia, batiendo sobre el aire las alas,
aplicado el pico á alguna flor, y chupandole el jugo de que unicamente
se mantiene. El vuelo no es seguido sino cortado, y rara vez se sienta
sobre los árboles, y entonces se pone en atalaya para espiar las flores
mas olorosas, y darles un asalto.
El color es un agradable esmaltado de verde, azul turquí, y
sobredorado, que envestido de los rayos del sol, hiere y ofende la
vista con su viveza. No se puede negar que en pequeñez y colores se
encuentra alguna variedad, pero es mejorando siempre, con un naranjado
vivísimo que herido de los rayos solares imita las llamas de fuego.
Su nido pende al aire de algun hilo, ó delgada rama al abrigo de los
árboles y techos, compuesto de livianos fluequecillos. Es del tamaño de
una cáscara de nuez, pero tan lijero que apenas pesará un tomin.
En este nido, domicilio de la mas pequeña de las aves, pone la picaflor
hembra un solo huevo. Con su natural calor lo fomenta como solícita
criadora, y á su tiempo cuando el instinto de sábia madre le dicta,
rompe el huevo, y sale el hijuelo con figura de guzano: poco á poco
desenvuelve y desata sus miembros, cabeza, pies y alas, y en figura de
mariposa empieza á volar y á sustentarse con la azogada inquietud de
sus movimientos. Como no ha llegado á su natural perfeccion, pasa del
estado de mariposa al de pájaro, y se viste de plumas, al principio
negras, despues cenicientas, luego rosadas, y últimamente matizadas de
oro, verde y azul. Algunos curiosos observadores han notado el estado
medio, y se han dignado de prevenirme que ellos mismos han visto una
parte con figura de mariposa, y otra con la de picaflor.
Entre estas dos especies, la una real por su dignidad, y la otra
admirable por su hermosura y pequeñez, es inmensa la multitud de aves
con que el soberano Autor de la naturaleza pobló las campiñas, y coronó
los árboles.
La multitud de faisanes, la inmensidad de perdices y martinetas, que
abundan en algunas partes, nos hace creible que á pocas ó ningunas
tierras fué mas pródiga la infinita grandeza del Criador. Las perdices
para el regalo y sustento de sus habitadores, algo se diferencian de
las de España: pero esa diversidad compensan con la ingenuidad, con la
cantidad y facilidad con que se dejan tomar, y en cierto modo provocan
á que las cazen. Una sola caña con un lazo de plumas de avestruz, basta
para coger en una hora veinte y treinta perdices; siendo tantas, que la
multitud embaraza, y cuando se quiere enlazar una, se ofrecen muchas á
la vista y á la mano, y no se resuelve el cazador á quien echar el lazo.
Entre las aves de canto, se hallan los gilgueros, las calándrias, los
ruyseñores, los canários, y el que llaman los guaranís _Tieyubré_. Es
muy parecido al canário, y con variedad de voces canta dulcemente á
la sombra de los árboles. Los cardenales, así dichos por un copete de
color de grana que hermosamente corona su cabeza, son de canto suave,
pero de brevísima duracion. Los papagayos, todos vestidos de gala con
tanta variedad de finísimas plumas, que fuera largo relatarlos. Hácia
el Paraguay es tanta su multitud, que espesan como nubes el aire.
Estos son los taladores del maíz. Al menor descuido, y en brevísimo
tiempo, sentados sobre las cañas, abren las mazorcas, las desgranan,
y con pródiga liberalidad dejan caer al suelo la mayor parte de los
granos:--ó por conmiseracion á una plaga inmensa de pajarillos que
recojen las migajas, ó porque su génio es desperdiciador.
La _Chuñá_ entre las aves tiene muy principal lugar. Es de ánimo
generoso, fácil de domesticar, y paga el hospedaje con que le reciben
con la dulce melodia de su canto. Imita los puntos de la música, pero
invirtiendo el órden, y empezando por donde acaba la escala de los
principiantes. No es molesto á sus dueños, y busca su mantenimiento,
limpiando las casas y huertas de la sabandijas y viboras que las
infestan, con utilidad de los amos, y diversion de los que miran su
artificio en cogerlas. Tómalas mas abajo de la cabeza, y luego las
estrella fuertemente contra alguna piedra, y cuando la tiene fracasada,
acaba de quebrantarla y se la come. Lo mismo hace con los caracoles;
pero si le ponen un huevo, lo deja caer con suavidad, y se lo come con
gusto. En medio de tan buenas calidades, cuando se irrita, encrespa
las plumas y se lanza á los ojos del muchacho, perro y animal que lo
provoca.
El _Cochi_ entre las aves de esta provincia es la de mejor canto, y
á todos excede en sus trinos. La figura promete poco, pero bajo de
un color oscuro, casi semejante al de los tordos, conserva una voz
suave, clara, alta y delicada con que entretiene á los aficionados.
Se domestica facilmente, y por todo pasa con mansedumbre y sin enojo,
con tal que al tiempo de la cria ninguno se acerque al nido, porque
entonces el celo de sus hijuelos, le obliga á traspasar los términos
del acatamiento, y no descansa hasta señalar con el pico la cabeza del
que se arrima confiadamente.
A las aves de canto se siguen otras de raras propiedades. El pájaro
Campana, _Guyrapú_ llaman los indios, propio de la serrania del Tape:
es pequeño del cuerpo, de pluma blanca, y menor que una paloma. Ocupa
siempre las copas de los árboles, al reparo de las ramas para que no le
tiren los cazadores. Lo particular es el canto, que imita con propiedad
al repique de campanillas de plata. _Carpintero_ dicen á un pájaro
pequeño, de color oscuro, con gargantilla, ó collarin amarillo, en
unos azul, en otros negro, de pico colorado y amarillo. Anidan en los
árboles mas duros, abriendo con el pico concavidad suficiente en los
troncos para su domicilio. Sacuden con tanto aire los árboles con la
dureza de sus picos, que imitan propiamente los golpes de acha, con que
un robusto carpintero desbasta á fuerza de brazos las superfluidades de
los maderos.
Peregrino es el _Guacho_, á quien dió el nombre su mismo canto, que
articula esta voz: _guacho!_ Es del tamaño de las golondrinas, pero el
color es pardo. El nido fabrica de barro en los montes espesos, y mas
ordinariamente en serranias ásperas y escarpadas.
El _Tunca_, mas afortunado que los demas, pues ha subido á ser una de
las constelaciones del mar del sur, es pájaro negro; camina á saltos,
y tiene pico ancho casi dos dedos, listado de amarillo y colorado.
Los ojos hermosean dos círculos de plumas, uno de blancas y otro de
azules, y debajo de la cola sobresalen algunas de finísima grana. Tiene
mortal enemistad con los _Cochis_, cuyos polluelos persigue con sobrada
porfia; pero los Cochis, amantes de sus hijuelos, salen á la defensa, y
se traba entre los dos una muy reñida contienda.
Entre las aves que deleitan con la hermosura de sus colores, se
ofrece una cantidad innumerable de ellas, tan várias y peregrinas,
como esmaltadas. La provincia de Tucuman no abunda tanto de estas
bellezas y rasgos naturales del soberano pincel, pero el Paraguay á
cada paso ofrece un prodigio, y en cada prodigio una peregrina novedad.
El carmisí en el _Nahaña_ y _Araguyrá_, el verde en el _Mbaitá_, el
blanco en el _Tapenduzú_, el azul en el _Piriquití_, el blanco con el
obscuro en el _Curetey_, el negro con el amarillo en el _Chichuy_, y el
conjunto y complexo agradable de todos los colores en el _Urutí_.
Entre las aves de rapiña se encuentran las aguilas de magestuoso vuelo,
tan felices en la elevacion, como precipitadas en dejarse caer sobre
la presa. Los halcones rapaces, veloces en el vuelo y acelerados en el
robo. Los gavilanes rampantes, con garras sangrientas para despedazar
la caza. Los caracarás presumidos, especie média entre aguila y halcon,
de magestuoso paso y rápido vuelo. Los gallinazos carniceros, que
participan las propiedades del cuervo, tan desgraciados por su figura,
como insaciables con lo que encuentran: siempre comiendo lo que hallan,
y siempre hambrientos. El crecido Condor, mayor que los cuervos y
buytres de Europa, y tan grande, que de punta á punta de las alas tiene
tres y cuatro varas: tan atrevido, que despedaza una ternera: tan
avisado, que acomete por los ojos, y sacados, rompe con la dureza de su
pico el cuero, y se acaba la ternera.
Entre los condores de Tucuman y los cuervos del Paraguay, merece
particular relacion el cuervo blanco: no son muchos los que se hallan
de esta especie; cual y cual solo se encuentra cano por los años, ó
blanco por naturaleza. Los indios le llaman el Cacique de los cuervos,
porque de estos es mirado con acatamiento de soberano, y con atenciones
de señor. El avestruz merecia relacion separada, pero como de él tratan
muchos, omitimos su descripcion.
§. VII.
DE LOS CUADRUPEDOS.
Los animales que pueblan los montes, que cruzan las campañas y trepan
las sierras; esto es, los caballos, las yeguas, las vacas, los tigres,
los leones, los leopardos, las cabras, las ovejas, los ciervos, los
venados, los gamos, las liebres, las vicuñas, los puercos monteses y
javalies, todos ellos son conocidos, y tienen poca ó ninguna diferencia
de los europeos. Por lo mismo omitimos su descripcion por pasar á otras
mas particulares.
El _Anta_, ó danta, es la que llaman Gran Bestia. Grande como un
_Garañon_, con orejas de mula, hocico de ternera, y una trompa de un
palmo, que alarga cuando se enoja, y al parecer es el órgano por donde
respira. Color leonado, manos y pies altos y delgados, hendidos como
en las cabras, con tres uñas en los pies y dos en las manos: tiene dos
buches, uno vulgar en que recibe el alimento, y otro particular lleno
de palitos podridos. En este segundo se halla la piedra-bezoar, tan
estimada para el mal caduco, y otras dolencias que se supone hallen
remedio en su virtud.
Esta piedra-bezoar, como tambien la de los guanacos y otros animales,
no tiene figura regular, ni determinada formacion: á las veces se
encuentran vacias por dentro, y esto sucede cuando la fábrica se
cimienta en materia que es de fácil disolucion. Otras veces estriba en
algun palito ó arena, que sirve de cimiento á la obra; la que tiene sus
interrupciones, y al parecer se compone de una variedad de materiales,
que diversifican las hojas diversas, casi enteramente en los colores.
Toda la virtud medicinal de los bezoares, procede de las yerbas y
palitos, y el buche es el órgano ó alambique que extrae los humores,
y solída los jugos, sobreponiendo hojas á hojas, y petrificando esos
jugos para el uso de las curaciones.
Cuanto utiliza el _Anta_ con su piedra á la medicina, y como algunos
quieren con sus uñas, tanto damnifica á los labradores, que lograrian
pingues cosechas, si no fuera por estos animales que las persiguen
y talan. Como es animal tímido, no se atreve aparecer delante del
chacarero (así llaman por acá al que guarda los sembrados), pero asecha
con infatigable vigilancia los movimientos del guarda, y cuando le
reconoce ausente, entra confiado en la sementera, se ceba en ella, y en
poco tiempo la acaba.