VI

Además los curanderos indígenas emplean con algún acierto el sistema

denominado medicina simpática, que constituye algo así como una

_zooterapia_ indígena, consistente en la comunicación de ciertas

propiedades orgánicas del reino animal, que parece que tienen analogías

patológicas con el ser humano. Tal es la que aplican en los casos

de fiebre tifoidea, abriendo las entrañas de una gallina de plumaje

negro y colocándola sobre el vientre del enfermo, o introduciendo sus

pies en la barriga de un perro recién muerto, o poniéndole sobre el

estómago conejos negros, inmediatamente después de ser desollados, para

que los cadáveres de la animales empleados en esa forma arranquen a

la enfermedad, por lo que éstos quedan materialmente descompuestos

y en putrefacción a los pocos momentos, lo que les hace suponer que

el remedio ha absorvido en su tegumento los gérmenes patógenos del

enfermo. Análogas a este sistema son las curaciones por medio de

lagartijas vivas o muertas, según los casos, ya sea empleándolas en

parches para soldar fracturas, curar luxaciones, o comiéndolas crudas

o remojadas en vino. La carne de este reptil posee mucha fuerza

alimenticia y cuando se la usa con frecuencia fortifica notablemente el

organismo.

La erisipela acostumbran curar, rosando una y otra vez, con la barriga

de los sapos las placas erisipelatosas; con cuyo procedimiento, quedan

contagiados estos batracios y mueren a las pocas horas y dejan, en

cambio, sano al enfermo.

La atrepsia infantil, llamada por los indios y mestizos _larpha_,

curan de varias maneras: pero lo más común es cubrir al enfermo con

las hojas del arbusto llamado _ñuñumaya_ (Solanum pacense), bien

calentadas, casi quemantes y hacerlo sudar dentro copiosamente; o bien

envolviéndolo en el interior de la panza de un toro recién degollado.

Según los partidarios de este método, el secreto está en que después no

se resfríe el medicinado. Otras veces hacen tomar al niño cocimiento

de huesos de perro. No faltan curanderos que aconsejan como remedio

eficaz, para esta dolencia, el bañar frecuentemente al enfermo con agua

de la yerba _rokke_. La plebe atribuye, como ya dijimos, la _larpha_,

al haber contemplado la madre, en estado de embarazo, un cadáver.

Para que sane de la ictericia hacen beber al niño enfermo agua de chuño.

Para que sea poco afectuoso y aún ingrato con alguno de sus padres, le

dan al niño agua en la que se ha lavado la ropa sucia de aquél.

A la mujer que tiene quebradura o descenso de la matriz se le hace

poner el pie por el que cojea sobre la corteza de higuera y cortándola

conforme a su planta, se coloca esta forma en la chimenea. A medida que

va secando la corteza irá sanando la persona enferma.

La mordedura del perro la curan hiriendo al can, que dió la dentellada,

en la misma parte en que está la herida de la persona mordida, con

objeto de que lamiéndose el animal la sangre que fluya por la suya,

vaya curando, por simpatía, la que ha causado. En seguida cortan su

lana la queman y con la ceniza espolvorean la herida del enfermo,

después de lavarla con orina podrida. De este tratamiento, que lo

tienen por eficaz esperan su sanidad, con la circunstancia de suponer

que ella seguirá el mismo curso del perro, por lo que es imposible

que a éste lo maten, temerosos de que el paciente tenga igual muerte.

Las lesiones de ambos, según la creencia indígena, deberán correr las

mismas contingencias en su curación, empeoramiento o desenlace mortal.

Al hincar el can sus dientes en la carne del ser humano y corresponder

este hiriéndole se establecen una identidad de sufrimientos, una

correlación de sus destinos, que sólo desaparecen con la cicatrización

de las heridas.

El cuerno de ciervo goza de mucha fama como remedio para los

desvanecimientos pasándole por las sienes al que los sufre.

El humo producido por la quemazón de las plumas de la Abubilla ahuyenta

las moscas de una habitación.

La flictena motivada por una quemadura, sana si se aplica sobre ella

algodón escarmenado.

Para arrancar una muela sin dolor, se toma una lagartija viva, se la

introduce en una olla y después de taparla bien se la pone en un horno

ardiente y se la tiene hasta que la lagartija se reduzca a ceniza y con

estos polvos que se aplican a la encía, aseguran que sale la muela o

diente con facilidad.

El aguardiente recetan para el catarro y los constipados, repitiendo a

menudo la siguiente fórmula: _El catarro se cura con el jarro; si la

enfermedad no se quita, con la copita; si a pesar de eso sigue ella,

con la botella, y si viene con tos, con dos._

Para neutralizar los efectos de un hechizo, debe bañarse el cuerpo

los martes y viernes, en la noche, con agua de retama y derramar esta

ya sucia en la puerta de la persona de quién se teme el daño, y no

transitar por allí después, hasta que pase algún tiempo; en seguida,

empaquetar en saquitos de género, precisamente colorado hojas de retama

o solimán y llevar cosido al vestido o a guisa de escapulario. También

acostumbran, con el mismo fin, regar la habitación con licores o

chicha, sahumando después con kkoa.

Después de comer una mazorca de maíz, se debe partir en dos el marlo

para que de él no se valgan los enemigos para embrujar al que lo ha

comido. El marlo partido ya no sirve para el caso.

Cuando una persona se enferma a consecuencia en un embrujamiento, debe

buscarse el objeto de que le ha hecho el mal y encontrado él, pasarle

por el cuerpo y botarlo empapado en aceite. Entonces se aliviará el

enfermo y los efectos del hechizo se tornan contra su autor.

El aullido del perro preocupa tanto al indio, cuando lo oye a media

noche, que se enferma si está sano y se empeora si está postrado en

cama.

La mosca o el moscardón hacen mucho ruido en una habitación, sin

querer salir de ella, cuando alguno de sus moradores tiene que

enfermarse.

Los parches o vendas que se desprenden de las heridas y tumores, nunca

deben arrojarse en parajes donde cae el sol, porque hacen que se

calienten aquellos y se agrave el mal. Deben botarse siempre al agua,

o mejor en un río para que su corriente se los lleve lejos incluso, la

enfermedad.

El que señala en su rostro el sitio en que otro tiene sarna, se

contagia de la enfermedad, haciendo que ésta se reproduzca en el mismo

lugar.

Las dolencias morales tienen para los indios remedios tan eficaces como

las físicas. Las pretenden curar contemplando la caída de un arroyo

cristalino a cuyas aguas aconsejan confiar los motivos que las causan y

con fe absoluta pedirlas que laven el corazón apenado.

Se vuelve a un individuo demente con sólo darle _ochequeccheque_,

ingeriéndolo con alguna bebida o molido en algún líquido.

Curan el vicio alcohólico dando de beber al enviciado, aguardiente en

el que se han remojado y diluído ratones tiernos, o bien introducen

en una botella de aquel licor pescados vivos y la tienen bien tapada,

hasta que por la acción alcohólica se deshagan y ese brevaje le sirven

por copitas.

La cresta del gallo, inmediatamente después de ser recortada, recetan

para hacer brotar los dientes a los niños que se han atrasado en la

dentición, pasándoles por las encías, una y otra vez, y haciendo que

penetre su sangre en las partes precisas.

En los casos de locura dan de comer al atacado, sesos de perro, o hacen

hervir la cabeza de de este animal y le sirven en caldo.

Para que los niños tengan un estómago sano les nutren con leche de

perra.

La pulmonía se cura poniendo sobre el pulmón enfermo el cuero de un

gato negro, inmediatamente después de desollarlo.

No hay que escupir al sapo porque salen granos en el cuerpo. A este

hecho llaman la _re-salivación_ de ese bicho.

No se debe dar muerte a las moscas o hurgar las crías de ratones porque

salen paperas [_cchupus_].

En los desvanecimientos producidos por las corrientes de aire,

aconsejan hacer abrir el pico del pato y obligarle a que absorba el mal

aire.

La orina humana fresca se emplea para curar los sabañones, bañando

con ella, antes de acostarse, las manos o pies afectados del mal; la

guardada y corrompida, para lavar las heridas y la cabeza de los que

adolecen de caspa o granos. La orina ocupa lugar preferente en la

farmacopea indígena, por las virtudes medicinales, poderosas y seguras,

que se la atribuye, y, en consecuencia, por las múltiples y variadas

aplicaciones que se la da.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 59 / 69 题