En los últimos jueves anteriores al carnaval y que se llaman _jueves de
compadres_ y de _comadres_, visitaban los tales a sus protectores en
la mañana, llevándoles muchos obsequios, con el nombre de _taripacu_,
cubrían de flores los pisos de las habitaciones del compadre, de los
corredores y pasillos, coronándoles a él y su esposa de guirnaldas de
frescas y olorosas flores. Estos en correspondencia les hacían beber
licores y los agazajaban durante el día.
Generalmente el _taripacu_, solía efectuarse a las cinco de la mañana,
hora en que los compadres se presentaban en la casa del individuo al
que trataban de cumplimentarlo, acompañados de músicos y haciendo
tronar cohetes.
Esta costumbre, como muchas otras, va camino a la decadencia; pocas
veces se ven ya _taripacus_.
Además de los compadrazgos religiosos, existen otros emanados de las
preocupaciones sociales, en los que no intervienen los curas, pero que
crean vínculos entre los contrayentes y dan origen a que éstos intimen
sus relaciones y se tomen muchas confianzas. Por lo común, este género
de compadrazgos, se forman entre jóvenes solteros de ambos sexos, que
deseosos de estrecharse más, se valen de ese pretexto, que disimule sus
amores ante las miradas de extraños.
En la fiesta de Todos los Santos, acostumbran realizarlos, enviando
con la sirvienta, a la niña de su predilección un muñequito de rostro
infantil, y de muy coloradas mejillas, bien ataviado, o a la casa de
un pariente de aquella para que se lo bautice. La persona que pone el
nombre es el compadre de la dueña del muñequillo. También ocurre lo
contrario que el galán haga bautizar con la señora de sus pensamientos
el muñeco: entonces ésta es la comadre.
En las clases populares se sigue la práctica de que cuando llega el
natalicio de un niño o niña, los padres eligen una persona, que la
víspera del cumpleaños o el mismo día, le ponga al interesado un
rosario en el cuello y al siguiente le lleve a misa y después de hacer
que el cura le dé su bendición, de regreso a la casa, le saca el
rosario con muchas ceremonias, recomendándole que sea un buen ahijado;
le regala algún dinero o especie y desde ese momento lo tienen los
padres del niño como a su compadre, y el ahijado lo respeta, más que a
su padrino de bautismo, llamándole _jarakasiri auqui_, o sea padrino de
desate.
El primer recorte que se hace a un niño del cabello con que ha nacido,
acto que se llama _rutu-chico_, también crea compadrazgos. El día
señalado visten decentemente al niño, lo peinan y distribuyen su
cabellera en multitud de trenzas y llegado el momento de la fiesta,
cada invitado toma una trenza y la recorta y después deposita una suma
de dinero en el plato que se halla junto al niño. Pelada la cabeza de
éste, invitan los padres licores y manjares a los concurrentes, y se
baila a continuación con gran entusiasmo.
Antiguamente existía otra costumbre que ha desaparecido, denominada
_sucullu_, la que consistía en sacar un niño en su cuna o pañales a
la plaza y ponerle allí. «Puesto allí--dice Bertonio--venían los mozos
de la casa que traían la sangre de las vicuñas, metida en la panza
de éstas, con que el tío o _lari_ untaba la cara del niño cruzándole
la nariz de un carrillo a otro, y después repartía la carne de las
vicuñas a las madres que habían traído allí su niños, para esta
ceremonia, porque de ordinario juntaban para esto todos los niños que
habían nacido aquel año y solía hacer esto en acabando de coger sus
papas, cuando los cristianos celebramos la fiesta de _Corpus christi_.
Añadían a todo esto el vestir a los niños una camiseta negra, que tenía
entretejidos tres hilos colorados, una en el medio y dos a los lados de
alto a bajo, y por delante y de atrás. Lo mismo hacían con las niñas de
aquel año, solamente se diferenciaban en el nombre porque se llamaban
_huampaña_: y en los hilos colorados que eran muchos y entretejidos no
de alto a bajo, sino al derredor, y caían en medio de su urquesillo o
bayeta, un poco más abajo de donde se faja las mujeres grandes; aunque
las niñas de aquella edad no usan de faja o _huakca_ que llaman.»[39]
En este acto se hacía ofrecimiento del niño o niña a la _huakca_
preferida. Esta era una fiesta de familia que creaba vinculaciones.
[39] Vocabulario de la lengua Aimara por Ludovico Bertonio,
edición Platzmann. Parte segunda, pag. 323.