VIII

En los últimos jueves anteriores al carnaval y que se llaman _jueves de

compadres_ y de _comadres_, visitaban los tales a sus protectores en

la mañana, llevándoles muchos obsequios, con el nombre de _taripacu_,

cubrían de flores los pisos de las habitaciones del compadre, de los

corredores y pasillos, coronándoles a él y su esposa de guirnaldas de

frescas y olorosas flores. Estos en correspondencia les hacían beber

licores y los agazajaban durante el día.

Generalmente el _taripacu_, solía efectuarse a las cinco de la mañana,

hora en que los compadres se presentaban en la casa del individuo al

que trataban de cumplimentarlo, acompañados de músicos y haciendo

tronar cohetes.

Esta costumbre, como muchas otras, va camino a la decadencia; pocas

veces se ven ya _taripacus_.

Además de los compadrazgos religiosos, existen otros emanados de las

preocupaciones sociales, en los que no intervienen los curas, pero que

crean vínculos entre los contrayentes y dan origen a que éstos intimen

sus relaciones y se tomen muchas confianzas. Por lo común, este género

de compadrazgos, se forman entre jóvenes solteros de ambos sexos, que

deseosos de estrecharse más, se valen de ese pretexto, que disimule sus

amores ante las miradas de extraños.

En la fiesta de Todos los Santos, acostumbran realizarlos, enviando

con la sirvienta, a la niña de su predilección un muñequito de rostro

infantil, y de muy coloradas mejillas, bien ataviado, o a la casa de

un pariente de aquella para que se lo bautice. La persona que pone el

nombre es el compadre de la dueña del muñequillo. También ocurre lo

contrario que el galán haga bautizar con la señora de sus pensamientos

el muñeco: entonces ésta es la comadre.

En las clases populares se sigue la práctica de que cuando llega el

natalicio de un niño o niña, los padres eligen una persona, que la

víspera del cumpleaños o el mismo día, le ponga al interesado un

rosario en el cuello y al siguiente le lleve a misa y después de hacer

que el cura le dé su bendición, de regreso a la casa, le saca el

rosario con muchas ceremonias, recomendándole que sea un buen ahijado;

le regala algún dinero o especie y desde ese momento lo tienen los

padres del niño como a su compadre, y el ahijado lo respeta, más que a

su padrino de bautismo, llamándole _jarakasiri auqui_, o sea padrino de

desate.

El primer recorte que se hace a un niño del cabello con que ha nacido,

acto que se llama _rutu-chico_, también crea compadrazgos. El día

señalado visten decentemente al niño, lo peinan y distribuyen su

cabellera en multitud de trenzas y llegado el momento de la fiesta,

cada invitado toma una trenza y la recorta y después deposita una suma

de dinero en el plato que se halla junto al niño. Pelada la cabeza de

éste, invitan los padres licores y manjares a los concurrentes, y se

baila a continuación con gran entusiasmo.

Antiguamente existía otra costumbre que ha desaparecido, denominada

_sucullu_, la que consistía en sacar un niño en su cuna o pañales a

la plaza y ponerle allí. «Puesto allí--dice Bertonio--venían los mozos

de la casa que traían la sangre de las vicuñas, metida en la panza

de éstas, con que el tío o _lari_ untaba la cara del niño cruzándole

la nariz de un carrillo a otro, y después repartía la carne de las

vicuñas a las madres que habían traído allí su niños, para esta

ceremonia, porque de ordinario juntaban para esto todos los niños que

habían nacido aquel año y solía hacer esto en acabando de coger sus

papas, cuando los cristianos celebramos la fiesta de _Corpus christi_.

Añadían a todo esto el vestir a los niños una camiseta negra, que tenía

entretejidos tres hilos colorados, una en el medio y dos a los lados de

alto a bajo, y por delante y de atrás. Lo mismo hacían con las niñas de

aquel año, solamente se diferenciaban en el nombre porque se llamaban

_huampaña_: y en los hilos colorados que eran muchos y entretejidos no

de alto a bajo, sino al derredor, y caían en medio de su urquesillo o

bayeta, un poco más abajo de donde se faja las mujeres grandes; aunque

las niñas de aquella edad no usan de faja o _huakca_ que llaman.»[39]

En este acto se hacía ofrecimiento del niño o niña a la _huakca_

preferida. Esta era una fiesta de familia que creaba vinculaciones.

[39] Vocabulario de la lengua Aimara por Ludovico Bertonio,

edición Platzmann. Parte segunda, pag. 323.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 52 / 69 题