IX

Otro género de _taripacus_, lo realizan los indios en días anteriores

y posteriores a la Navidad, hasta el Año Nuevo, en que se cambian los

funcionarios indígenas, llevando de regalo a sus compadres blancos, al

son de música, corderos, hasta un novillo joven, cubierto el cuerpo de

monedas y de cintas, y varios productos del país. El agazajado recibe

los obsequios y les hace beber abundante aguardiente.

También hacen _taripacus_ a las iglesias introduciendo largas pilas de

ceras o espermas, adornadas con cintas de diversos colores, seguidos

los del obsequio por una banda de música y haciendo reventar petardos y

bombas criollas. El sacerdote los recibe en la puerta del templo, pone

en la cabeza del principal y de su familia el manípulo, los hace rociar

con agua bendita y después de darles su bendición, manda que todo se

entregue al sacristán.

Los indios que deben celebrar la fiesta de Navidad, llamados

_huaranis_, por entregárseles la vara de la autoridad para este objeto,

conducen la víspera en la noche, al templo o capilla un arco de madera

adornado con cintas multicolores, banderillas, plata labrada y espejos;

arco que es colocado delante del altar mayor y al alojamiento o casa

del alferez, a la danza, usando instrumentos de cuerda y viento. Cada

alferez tiene un grupo o comparsa de bailarines.

Pasada la hora de las doce el día de la Navidad, se reunen las

comparsas con objeto de proceder a la lucha a honda. Esta lucha es

presidida por el alcalde o _jilakata_, de quién solicitan permiso los

duelistas, que ejecutan el acto al son de música. Sólo pueden tomar

parte en la lucha los jóvenes casados.

Se colocan dos indios, guardando una distancia de ocho metros entre

sí; uno de ellos le da la espalda al otro y este comienza a propinarle

una serie de hondazos, que despiden peras. La misma operación repite

a su vez el otro. La destreza consiste en que las peras hagan blanco

en el occipital del contrario, y la mayor parte de ellos son diestros

hondeadores; de manera que las seis peras que a cada uno le corresponde

arrojar a su antagonista, dan en el blanco, cayendo la pera con el

choque en menudos pedazos.

El veintisiete concluye la fiesta con la acostumbrada despedida o

_cacharpaya_.

La víspera de Navidad acostumbran fabricar los hijos de los indios y

mestizos dedicados a la agricultura, figuras de barro, que representan

corderos, toritos, llamas y cerdos, llevándolas al templo, y

colocándolas en el altar del niño Jesús. Al siguiente día, después

de pasada la misa, es que han recibido aquellas figuras la bendición

del párroco, las recogen y acomodan sobre las puertas, en el espacio

formado por los aleros con objeto de que el ganado que poseen se

conserve incólume o que se acreciente; y si no lo tienen que les

conceda Dios el adquirirlos. Suponen que tales figuras tienen la virtud

de favorecer las intenciones de sus obreros y en ese sentido no omiten

adornarlos de flores en la fiesta que les dedican.

X

Cuando a la persona que está dormida, se le pone sobre el pecho el

zapato correspondiente al pie izquierdo del que ejecuta el acto, revela

los secretos que tiene contra éste.

Las personas que se lavan de una misma agua, se aborrecen.

La mano izquierda escuece para recibir dinero y la derecha para pagar.

No hay que consentir que nos rasquen la palma de la mano, porque atraen

y se llevan el dinero que debíamos ganar o recibir.

No deben quemarse las prendas de vestir cubiertas de piojos, porque

el fuego tiene la particularidad de hacer que aquellos parásitos, se

propaguen rápidamente en el cuerpo de la persona a la que pertenecen

las especies quemadas.

Las patatas no pueden cocerse en la comida cuando la cocinera ha

resuelto retirarse de la casa.

No hay que agitar en la noche tizones encendidos, haciendo círculos en

el aire, porque se atrae a los ladrones.

Los que han nacido en el invierno, pueden detener o desvanecer las

nubes cargadas de lluvia, con sólo soplarlas desde la tierra con

fuerza.

Cuando el perrito faldero se alegra, es para que haya dinero en la casa.

Si al salir fuera de la casa se atraca en el empedrado el bastón, debe

regresarse porque algo malo le ocurrirá a quien insista en continuar su

camino.

Tropezar con un remolino de viento, es para tener pelea con alguien.

Cae de la boca lo que tratamos de comer cuando alguien se acuerda de

nosotros.

Se siente zumbido en el oído derecho para tener noticias malas y calor

en las orejas, cuando hablan mal de nosotros.

El bostezo dado inadvertidamente es seña de aburrimiento con el que se

está.

No debe pegarse con escoba sino se quiere hacer desgraciada a la

persona que sufre los golpes.

El que recoge cosas viejas de los basureros nunca tendrá fortuna.

No se debe barrer la casa tarde o en la noche, porque se ahuyenta la

buena suerte.

El que tiene costumbre de defecar en su dormitorio será siempre

desgraciado.

El equivocarse en una oración que se sabía bien de memoria es de mal

augurio.

La avaricia hace crecer verrugas en las nalgas.

El que toma el sobrante de un líquido, que queda en el vaso, sabe los

secretos de quien la ha dejado.

Cuando el hombre sirve platos de comida en la mesa, siguen con hambre

los concurrentes. Para que queden satisfechos, es necesario que les

distribuya la mujer.

No se debe señalar con el dedo en cuerpo propio el lugar en que recibió

otro una herida causada por alguna arma blanca o de fuego, porque puede

repetirse en el mismo sitio el hecho.

No hay que mirarse de noche en el espejo porque suele mostrarse el

diablo.

Cuando se golpea el rostro, tampoco debe mirarse inmediatamente en el

espejo, porque sale el cardenal con mayor fuerza.

El viudo o viuda, son los únicos que pueden limpiar el hollín de las

cocinas, porque cuando lo hace un soltero o soltera, se augura que en

el matrimonio que realice, nunca conservará con vida a su consorte.

Los cabellos de la mujer comienzan a caer cuando los manosea el hombre.

La mosca penetra en la copa de licor, cuando el que deba servirse tiene

que embriagarse.

Quien pasa por debajo de una escalera tendrá algún disgusto doméstico.

Para evitar los brujeríos, aconsejan ponerse las enaguas al revés los

días martes y viernes.

La persona que encuentra nueve granos de arvejas en una sola vaina,

tendrá buena suerte en lo que se propone hacer.

En el comienzo de una faena o en el estreno de algún objeto, nunca se

debe desconfiar de su buen éxito, o decir que durará poco o traerá

inconvenientes el objeto estrenado, porque se predice y se atrae el

mal sin pensarlo, a lo que llaman _arjaña_. Al menos rechazan y motiva

un disgusto, el pronosticar mal de una persona. Temen que por haberse

dicho en _mala hora_ se cumpla el vaticinio. Suponen que en el curso

del tiempo hay momentos buenos y malos, que influyen decisivamente

sobre el resultado de lo que se desea, dice o hace.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 53 / 69 题