VII

San Juan Bautista, suponen que es el santo bajo cuyo amparo se

descubren los secretos del porvenir y se obtiene el acrecentamiento

de los bienes. Se conmemora su fiesta, encendiendo la víspera en la

noche grandes fogatas delante de las casas en honor del santo, para que

este no se olvide de sus moradores y haga que su hacienda progrese y

sus ganados, si los tienen, se conserven exentos de enfermedades y se

multipliquen con profusión.

Los indios queman, a su vez, en el campo, la paja y los arbustos secos

de los cerros, produciendo incendios enormes, que suelen abarcar

grandes extensiones de terreno. Conceptúan que el fuego, en esta noche,

lejos de destruir definitivamente la vegetación y esterilizar el suelo,

posee la virtud, concedida por el Santo, de hacerla rebrotar con más

lozanía y exuberancia y que los pastos nuevos tengan mayor vigor y

fuerza nutritiva. Mantienen la convicción de que el fuego de San Juan,

limpia la tierra para que al poco tiempo, se cubra de verde césped y se

engalane de fraganciosas flores.

Esa noche, se ilumina el suelo de una luz rojiza y por doquiera se ven

levantarse en el campo inmensas columnas de fuego, que hacen pesada la

atmósfera por el mucho humo y calor de que se halla impregnada.

Desde la víspera hasta las doce del siguiente día acostumbran las

gente echarse indistintamente con agua y bañarse sin reparo alguno. El

fuego y el agua son los dos elementos que se ponen en acción durante

la fiesta. El agua de San Juan, por más helada que sea y por mucho que

haga frío esa noche, no resfría ni produce ninguna enfermedad en el

cuerpo del que ha sido empapado.

Rara será la persona del pueblo que ese día no se lave la cabeza y asee

su cuerpo con abundante agua. También acostumbran cortarse los cabellos

porque dicen, que vuelven a crecer más abundantes, lustrosos y bellos.

La víspera y el día de San Juan, no hay casa donde no se consulte

un oráculo o se haga preguntas al destino, derramando en una vasija

de agua, estaño (_chaantaca_) o plomo (_malla_) derretidos y según

la forma en que se enfrían las partículas, preven el porvenir de la

persona a la que va dedicado el acto. Si el metal vaciado adquiere la

forma de monedas, dicen que tendrá fortuna, si de una espada, que será

militar, si de un libro que será abogado o escritor; si en forma de

hoyo que morirá; si de un puñal, que será asesinado, si de flores que

tendrá dichas, si de dos seres humanos unidos, que se casará, si de

hilos enredados, que tendrá pleitos.

Ponen también papelitos escritos y doblados en un cajón o sombrero, con

inscripciones afirmativas y negativas de lo que deseen saber, e invocan

en seguida la intervención del Santo, después de agitarlos, sacan o

dejan uno, que es el que decide la suerte. Asimismo, baten la clara de

un huevo y según la espuma que hace presagian sobre lo que debe suceder.

En cualquier forma que se haga, la creencia general, es que esa noche

se descubren siempre los arcanos del destino; se sorprenden siempre los

verdaderos sentimientos ocultos en el corazón humano. El enamorado, el

esposo engañado, el que busca fortuna, el negociante, el agricultor, la

joven soltera que desea saber su porvenir, todos los que aquella noche

y día han hecho su pregunta a la suerte, sorprenden el camino por donde

los guiará el destino o la verdad de lo que ansiaban conocer.

Con agua y fuego celebran a San Juan y éste les corresponde, levantando

por un momento el velo que cubre los misterios de lo desconocido.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 51 / 69 题