Capítulo III

Supersticiones relacionadas con plantas, animales y objetos.

I.--Empleo de la coca y de la vela; suposiciones sobre la

Misa y algo de psicología indígena.--II.--Preocupaciones

al edificar las casas.--III.--Referencias al cóndor,

al puma, jaguar, zorrino, zorro, arañas, feto de

llama, chinchol, reptiles, gato, perro, gallinas y

ruiseñor.--IV.--_Huakanquis_, _mullus_, _illas_ y la

piedra bezoar.--V.--Forma y figuras para causar daños,

animales domésticos que lo evitan.--Empleo del hunto y sus

diferentes aplicaciones.--Resultado del consumo de las

carnes de vizcacha, cóndor, gato, de la sangre de toro y de

las comidas saladas.--El buho, la lechuza y las mariposas

nocturnas.--VI.--Empleo del tabaco y del cigarro.

I

Las hojas de la coca (_Erythroxilon peruvianum_), son las que sirven a

los hechiceros para efectuar gran parte de sus sortilegios y augures,

desempeñando entre los indios el mismo papel que los naipes entre los

blancos, en casos semejantes. Por medio de la coca que arrojan sobre

un tendido preparado para el objeto, descubren los robos y las cosas

reservadas.

El hombre que desea saber las infidencias las acciones ignoradas y

aun las intenciones de su esposa o concubina, o estas las de aquél,

ocurren al hechicero, quien después de muchos ruegos y dádivas, les

da un atado de coca preparado de antemano, para que de cualquier modo

pongan en contacto con el cuerpo de la persona, cuyos secretos tratan

de sorprender. Realizada la instrucción, devuelven el atado al brujo

quien en presencia del interesado o interesados hace ciertas ceremonias

y bruscamente sacude el atado, desparramando las hojas de coca por

el suelo, y por la situación en que se han colocado ellas, hace sus

conjeturas, o da sus respuestas.

Para tener noticias de un ausente, de su salud, o del estado en que se

hallan sus negocios, derrama la coca sobre sus vestidos o especies que

ha usado, extendidos en el suelo. El requisito exigido por el brujo es

que la acción de la coca se efectúe sobre alguna cosa que pertenezca

o haya recibido el calor continuo del cuerpo de la persona, materia

del brujerío; por cuyo motivo prefieren para ese objeto su ropa vieja,

no lavada; porque, creen que encierra muchos secretos y posee la

cualidad atribuída de trasmitir al que la ha envejecido, cual conductor

eléctrico, y hacerle soportar cuánto bueno y malo se hace en ella,

o descubrir al que investiga lo que desea saber. En la ropa, dicen,

que se aparta y queda algo del espíritu de quien se la ha puesto, que

permanece en comunicación mental y directa con éste, de lo que no se da

cuenta el individuo. La vida, según la creencia indígena, se reduce al

constante desgaste del ente que anima el cuerpo que va abandonándolo,

ya en una u otra forma, ya rápida o lenta, hasta que llega la muerte,

que para el indio no es sino el desprendimiento del último resto del

ser de una persona, que va a reunirse con las demás partes esparcidas

en el espacio, que nunca dejaron de estar en relación, ni desvinculadas

las unas de las otras, para volver a reintegrarse en el mismo todo

incorpóreo y compacto. A este ser, se llama _ajayu_, que equivale a la

idea del alma.

La coca mascada sirve de amuleto para determinados brujeríos y también

se emplea para ofrendarla a los ídolos y huacas. Asimismo, la usan en

los viajes como preservativo contra el hambre, la sed y el cansancio;

para respirar sin fatiga al subir las cuestas y en las cumbres, de

enrarecida atmósfera.

Echando el zumo de la coca con saliva en la palma de la mano, tendiendo

los dedos mayores de ella, conforme cae por ellos, predicen y juzgan el

suceso que se consulta, si será malo o bueno.

La coca se pone amarga en la boca, cuando tiene que acaecer una

desgracia a quien la mastica, a su familia, o salir mal en la comisión

que se le encomienda.

Encontrar en un montoncito de coca o entre varios, una hoja doble, es

para tener dinero.

Probablemente legada por los españoles, es la costumbre de hacer

presagios por la forma de arder de la vela que se enciende, ya sea a

la imagen de un santo o para alumbrarse en la noche. Cuando la llama

flamea mucho y el pábilo se encorva, sin hacer ceniza y su cebo se

chorrea, es señal de mal augurio, y de bueno si arde recta y apacible,

cubriéndose el pábilo de ceniza blanca. En ambos casos aconsejan no

permitir que se consuma toda la vela, sin quedar un pedazo de cabo en

el asiento, a fin de que no se reagrave la desgracia en el primer caso

y en el segundo, se produzca un efecto contrario al deseado.

También acomodan en un pequeño plato cubierto de sebo tres mechas y

hacen sus presagios por el movimiento de las luces o combinando el

flameo de éstas.

La luz de la vela o mecha que está ardiendo se oscurece de un momento

a otro sin causal ostensible que la motive, cuando el alma de alguna

persona de la casa, que debe morir, se coloca entre la luz y la vista

de los espectadores.

La llama flamea a saltos cuando alguno de los presentes tiene que

viajar.

No debe permitirse que ardan tres velas, a la vez, en una habitación,

porque es de mal agüero. En todo, el número tres es antipático al indio.

El que quiere causar daño, enciende la vela por la parte del asiento y

la coloca volcada de abajo para arriba, dedicándosela y haciendo votos

porque se verifique en alguien lo que persigue.

Es característico en el indio la idea de que cualquiera cosa usada en

sentido contrario al habitual, se convierte en maleficio o amuleto,

según las circunstancias. Es así cómo suponen que se puede dañar aún

con la misma Misa, a lo que llaman _misjayaña_, en sentido de aniquilar

con la Misa, celebrando con el misal acomodado cabizbajo en un atril

y sirviéndose el clérigo el vino en el hueco que tiene el cáliz en su

asiento y con los ornamentos puestos al revés.

Su espíritu suspicaz y profundamente pesimista, de todo duda y en todo

supone más posible el mal que el bien. Parece que los ojos del indio

no tuvieran vista sino para percibir el lado obscuro de las cosas, y

su corazón sensibilidad, sólo para sentir las penas. Comprende más

presto los proyectos siniestros que los alegres o benéficos. Camina en

el mundo lleno de decepciones y poseído de un terrible miedo. En cada

paso que da teme encontrarse con un enemigo que le dañe, o con alguien

que gratuitamente le perjudique en sus intereses, y en cada acto que

ejecuta por propia voluntad espera siempre un resultado desfavorable.

La duda y el miedo entraban su libre albedrio, de tal manera que,

imposibilitan a que se desenvuelva su ser en toda su plenitud; la duda

y el miedo han carcomido las raíces de su voluntad. Debido a ello es

que tenga mayor confianza en los consejos del brujo, que en su impulso

propio. La fe en lo maravilloso es signo de la debilidad y atraso

intelectual de una raza. Se busca al hechicero cuando no se comprende

lo que se ha de hacer, ni se cuenta con el valor del esfuerzo propio.

Tal sucede en esta raza infeliz. La tristeza de la pobre existencia de

sus componentes, se refleja aún en la mustia fisonomía de ellos, en la

miserable condición en la que viven, y en su candidez para acatar los

sortilegios o hechizos, para dejarse conducir sumisos por quienes se

creen dispensadores de lo sobrenatural.

Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia · 第 24 / 69 题