Después del tratado de paz de Vervins, son más escasas las noticias
auténticas del Peregrino. Por las que recogió Bermúdez de Castro,
aparece domiciliado en París, en trato íntimo con el Soberano, que
gustaba mucho de sus pláticas y le llamaba «su maestro de cuentos;»
obsequiado de los palaciegos y de los personajes de la alta nobleza, con
regalos y favores; siendo objeto de todas las conversaciones; en todas
partes buscado y atendido; pasando la vida entre festines; haciendo
ostentación de criados extranjeros y manifestaciones múltiples del
lujo[193].
[Nota 193: Bermúdez de Castro, páginas 262, 263.]
Hay algo de verdad en la indicación general de la vida; hay no poca
exageración en cambio.
Se estableció en París y ocupó tres años una casa enfrente del hotel de
Borgoña, donde se representaban las comedias, y al lado del hotel
Mendoza, así llamado por un volteador de maroma que hacía notables
habilidades[194]. En la puerta estaban los suizos de la guardia real,
que le seguían por las calles, á uno y otro lado de la carroza,
preciándose de que ésta fuera _la más linda de la corte_[195], así como
de tener _metresa_[196].
No siempre recibía con puntualidad el importe de las pensiones, ni de
ordinario ganaba en actividad á los que avisaban primero las vacantes de
beneficios y gracias: harto se quejaba de ello[197]; con todo, lo que
percibía en Francia, junto con las liberalidades del Conde de Essex,
bastaba al sostenimiento de la situación de Ministro en que se había
colocado. Los Embajadores de Inglaterra y de Venecia, el Condestable, el
Marqués de Pisani, el Duque de Bouillon, con otros personajes, y más que
todos M. Zamet, el gran anfitrión de París, el confidente servicial de
Enrique IV, recibían asiduamente á Antonio Pérez, estimando el don, que
como pocos poseía, de hacerse escuchar en la mesa y salones, gracioso,
ocurrente y oportuno. Las anécdotas de la corte de España,
principalmente aquéllas amorosas en que hacía papel el Rey D. Felipe,
tenido por austero personaje, y tan sólo visto por el lado de la
política, interesaban vivísimamente al auditorio, pendiente de la
narración del ex-Secretario, no lerdo para presentar en semejantes
pláticas á _Nabucodonosor_ ó á la _bestia salvaje_, antes siguiendo el
plan de las _Relaciones_ de nombrarle en público _su amo_, que no era
óbice á las confidencias de interioridad, ejemplo aquélla de que _nunca
olió ni conoció diferencia de olores_[198].
[Nota 194: Colección Ochoa, parte I, carta CXXXVIII.]
[Nota 195: Apéndice, documento XLIV.]
[Nota 196: Idem, documento XXVIII.]
[Nota 197: Idem, documentos XI, XIII, XIV, XV, etc.]
[Nota 198: Colección Ochoa, parte II, carta XXXI.]
Gozaba, pues, de estimación y aprecio en ciertos círculos de la
sociedad, sin ser por ello figura de primera notoriedad, cual admitió
Bermúdez de Castro. Las memorias de Sully, como las de Villeroy, tan
ricas en pormenores de la corte francesa por aquellos tiempos, no hacen
una sola vez mención de Antonio Pérez; y si no hay que olvidar que ambos
escritores y políticos le quisieron mal, no estaban en el mismo caso
Pierre de Lestoile ni Palma Cayet, cronistas minuciosos de las calles y
las ocurrencias, ni de Thou, Jean Choisnin, Claude Groulart, que
ilustraron las memorias del reinado sin dedicar dos líneas de escritura
al español refugiado.
En cuanto a Enrique IV, mirábale después del descubrimiento de los
manejos ingleses con prevención, y tras de la paz de Vervins como inútil
y aun perjudicial á sus intereses[199]. No era el Rey quien le llamara
_maestro de cuentos_: la frase debía proceder de un ofendido ó de un
chusco, á juzgar por la respuesta: «Que no es malo saber cuentos, pues
que enseñan entreteniendo; que cuando el que le criticaba supiera
muchos, sabría más que ignorándolos[200].» Sin embargo, los cuentos ó
las indiscreciones granjearon á Antonio Pérez enemigos mortales en las
familias de Guisa y de Montpensier, sin contar los de menos altura.
[Nota 199: Mignet, páginas 360, 381.]
[Nota 200: Colección Ochoa, parte I, carta XLI.]
En visitas, reclamaciones y banquetes, aparte de los quehaceres del
cargo oficial, pasaba efectivamente la mayor parte del día; alguna
distraía la audiencia de las muchas personas de cierto género que
acudían á su casa: aragoneses, italianos, portugueses, que tenían alguna
razón para esquivarse de la justicia; _foragidos_, en el concepto del
Embajador de España, con los que tenía constituído un centro de
conspiración permanente. De noche escribía[201] las sentenciosas obras.
Empezó publicando nueva edición corregida y aumentada de las
_Relaciones_, con dedicatoria al Rey Enrique IV, fechada en París á 24
de septiembre de 1598, y á poco aparecieron separadamente los
_Aphorismos de las Relaciones de Antonio Pérez, Monstruum Fortunæ_.
Quería dar á entender que la publicación se hizo contra su gusto, á
devoción de un gran personaje (el Rey), y que un curioso había sacado
los aforismos de todo el libro, «á imitación del Bitonto, que destiló á
Cornelio Tácito[202]:» ello es que remitió este libro á varios de sus
favorecedores y amigos[203], y que lo hizo también de la edición de Lyon
titulada «_Pedazos de historia ó Relaciones_, así llamadas por sus
autores los peregrinos. Retrato al vivo del natural de la Fortuna[204].»
El éxito le animó á dar sucesivamente á la estampa primera, segunda y
tercera serie de memoriales y cartas, excusando, sin necesidad, el
propósito de alimentar la curiosidad. Ya decía «que un amigo le arrebató
varias cartas, y por haberle agradado las ha hecho imprimir; temía que
lo mismo sucediera con unas ciento cincuenta más españolas y una
centuria de latinas que envió á Gil de Mesa á instancias de un gran
personaje[205].» Anunciaba á poco la aparición de las _Cartas españolas
y latinas, y aforismos_[206], diciendo luego: «Saltaron las cartas
españolas y latinas á mi desgusto[207].» «Un amigo se quiso meter á
hacer imprimir las cartas á devoción de un gran personaje: no lo ha
podido remediar[208].»
Enviando ejemplar al Duque de _Humayne_ (Du Maine), volvía á decir «que
un amigo había impreso las cartas á demanda de una dama aficionada á la
lengua española: el daño estaba hecho[209].» Á otro personaje confiaba
lo ocurrido por diferente modo: «Hacía él que un escribiente, antes de
cerrar las cartas, las fuera copiando en un libro. El que copiaba, las
iba copiando por sí también: curiosidad natural á criados. Á este tal
parecía que se las había sacado una dama. No le acontecería más[210].»
En la colección de las cartas andan revueltas, con las ahora citadas,
aquéllas con que remitía á Gil de Mesa la primera, la segunda y la
tercera parte, para que se encargara de la impresión[211], así como las
que le inspiraban el enojo de la corrección de pruebas y las demoras de
cajistas. Por lo demás, aun reservando las piezas demostrativas de que
«para morder no hay colmillo de jabalí que tal navajada dé como la
pluma[212],» razón sobrada tenía estando satisfecho de la acogida
otorgada por el público á sus obras, si «no había semana que no
acudieran á su posada de varias partes á preguntar si estaban ya
impresos los memoriales[213].»
«¿Qué culpa tengo yo, ponía, de que llamen por esas calles sentencias, y
doradas, aquellos aforismos de mis cartas?[214].»
«Pregúntanme si algunas cartas que andan entre las impresas con nombres
de otros, son en realidad de verdad mías ó de aquéllos. Porque el
estilo, quien quiera que leyere las unas y las otras con un poco de
atención, no le juzgará diferente, como ni una persona vestida de
máscara, por mucho que se quiera disfrazar, podrá dejar de ser
conoscido, yo diré francamente la verdad. Todas cuantas cartas andan en
nombre de otros con las mías, son desa mi pluma grosera, tal cual la que
me cupo por suerte. Lo mismo digo de cuanto anda en el libro de las
_Relaciones_, ó sea debajo del nombre de _El Curioso_ ó de cualquiera
otro, ó de la pluma arrojada, cual la mía vive, por muy ruín,
justamente[215].»
[Nota 201: Apéndice, documento XXXII.]
[Nota 202: Colección Ochoa, parte II, cartas XVIII y XIX.]
[Nota 203: Apéndice, documentos XVI, XVII.]
[Nota 204: Colección Ochoa, parte II, carta LXXXIX.]
[Nota 205: Idem, parte II, carta CXIII.]
[Nota 206: Idem, parte II, carta XVII.]
[Nota 207: Idem, parte II, carta XVIII.]
[Nota 208: Colección Ochoa, parte II, carta XIX.]
[Nota 209: Idem, parte II, carta LXV.]
[Nota 210: Idem, parte II, carta LXXXI.]
[Nota 211: Idem, parte I, carta XLII y última carta; parte II, carta
CXLVII.]
[Nota 212: Idem, parte II, carta LXXXIII.]
[Nota 213: Colección Ochoa, parte II, carta CXIV.]
[Nota 214: Idem, parte II, carta CXIII.]
[Nota 215: Idem, parte II, carta CXXIX.]
«Las cartas familiares y de amigo á amigo declaran más el natural que el
rostro propio á un fisiógnomo, y así las llamó no sé quién retrato del
ánimo[216].»
Han sido juzgadas con alguna variedad estas cartas, bien que
generalmente se reconozca su mérito. D. Eugenio de Ochoa, que las
reimprimió, pensaba que el escritor brilla más en ellas por la novedad
de los pensamientos y la valentía de los giros, que por la pureza y
corrección del lenguaje[217]; Bermúdez de Castro, en el supuesto de que
todos los personajes de la corte de Francia querían testimonio de su
estilo y de tener que poner en prensa el ingenio para discurrir
lisonjera y graciosamente sobre fútiles consultas, alaba al escritor
fácil y sentencioso, moralista divagador al gusto de la época,
entendiendo que por estar entonces menos formada la lengua francesa que
la nuestra, se enriqueció con los giros que introducía el español
proscripto[218].
[Nota 216: Colección Ochoa, parte I, carta XCVI.]
[Nota 217: Idem, introducción.]
[Nota 218: Bermúdez de Castro.]
Reconocen efectivamente la influencia literatos de esta nación[219], por
más que alguno piense fuera en parte debido al favor que por entonces
gozaba en la corte y en la buena sociedad la lengua castellana[220],
al que se debió la publicación de varias ediciones en la misma en
que las cartas habían sido escritas[221], sin perjuicio de las
traducciones[222]. Ticknor estimaba las cartas por su variedad de
estilo, propias, castizas y muy interesantes[223]; Morel Fatio cree se
deben de poner en la literatura epistolar española al nivel de las del
autor del _Centón_ dicho de Cibdadreal[224]; no falta, sin embargo,
quien las encuentre un tanto cansadas (_tedious_)[225].
[Nota 219: M. Philarète Chasles, _Antonio Pérez, Revue de
Deux-Mondes_, tomo XXII, serie 4.ª: París, 1840, páginas 701 á 716.
Dice: «L'éloquent exilé avait donné l'impulsion castellane a cet
esprit français que le moindre souffle fait vibrer, et qui se laisse
entrainer avec tant de facilité et de force vers des regions
inconnues. Alors l'Espagnole Anne d'Autriche, épouse Louis XIII;
tout devient espagnol en France. Perez vient d'ouvrir une voie
nouvelle au mouvement rapide des esprits français... le refugié
Perez fut évidemment l'initiateur de cette inondation espagnole dont
Corneille fut le dieu... qui alla se perdre, non sans laisser des
traces énergiques de son pasage, sous le trône de Louis XIV.»]
[Nota 220: Pierre Larousse, _Grand Dictionnaire universel_, art.
_Antonio Pérez_. Nous lui devons d'avoir introduit chez nous le goût
de la litterature déja fort avancée de son pays.]
[Nota 221: También se publicó en París, sin fecha, la primera
centuria de cartas en latín; otra edición en Nuremberg en 1683.]
[Nota 222: D'Alibrey tradujo al francés _Relaciones_ y _Memoriales_
con el título de _OEuvres amoureuses et politiques d'Antonio Perez_:
París, 1641, y un tomo de epístolas: París, 1638.]
[Nota 223: _Hist. de la literatura española_, traducción de D. P. de
Gayangos y D. E. de Vedia: Madrid, 1854, tomo III, pág. 365.]
[Nota 224: _L'Espagne_, cit., pág. 264. En otro libro, _Études sur
l'Espagne_, première serie, París, 1888, escribe: «Qui sait si
Voiture et nos autres virtuoses dans l'art d'écrire une lettre ne
lui doivent pas quelque chose?»]
[Nota 225: _The Enciclopædia Britanica_: Edimburgh, 1885, art.
_Antonio Pérez_.]
En más honda consideración se reconoce la exactitud con que el autor
definía las cartas familiares: en éstas se halla su retrato moral
pareciendo entre los rasgos, que si alguno excedía al de la
adulación[226], era el de la vanidad. Por ella no es mejor la colección
epistolar, limpia de las fútiles misivas á que Bermúdez de Castro se
refiere, que repiten unos mismos conceptos rebuscados; por ella no está
despojada de personales alabanzas, que por otro lado sirven grandemente
á la pintura: la del docto amigo á quien ruega «pase los ojos por los
renglones que le han caído de la pluma para esculpir en un reló
destinado á Gonzalo, su hijo[227];» la que anuncia un anillo de dos
rengleras de diamantes á su mujer[228]; la de los retratos que se manda
hacer[229].
[Nota 226: Colección Ochoa, parte I, carta LXII.]
[Nota 227: Idem, parte II, carta CXXXV.]
[Nota 228: Idem, parte II, cartas CXLIV, CXLVI.]
[Nota 229: Idem, parte I, carta CXVII; parte II, cartas CLVI, CLXI.]
Se ha atribuído injustamente al Peregrino otra obra literaria, cuya
malignidad tratando de supuestas inteligencias entre D. Juan de Austria
y el Duque de Guisa ó sobre la muerte del Príncipe D. Carlos, y cuya
complacencia en describir la agonía del Rey Felipe II, podían estimarse
en consonancia con las que trazaba la pluma aquélla, _más temible que
colmillo de jabalí_. La vanidad sirviera justamente para reconocer cuán
ajeno fué de tal escrito, si el estilo no lo dijera á primera vista. Se
habla en este libro con extrema parquedad de Antonio Pérez, y él no
sabía hacerlo, _por mucho que se quisiera disfrazar_.
La obra se titula _Breve compendio y elogio de la vida de el Rey Phelipe
segundo de España, por Antonio Pérez_, y de ella existen varias copias
manuscritas, habiéndolas en la Biblioteca Nacional de París y en el
Museo Británico de Londres. M. Mignet, que poseía una con otro título,
_Vida reservada del Señor Rey Phelipe 2.º, por Antonio Pérez_, no dudó
que el autor fuese realmente el ex-Secretario del Rey _elogiado_, y
transcribió la relación de los últimos momentos del Soberano, porque se
supiera que «la muerte no le quiso arrebatar antes de haberle hecho
sentir que los príncipes y monarcas de la tierra tienen tan miserables y
vergonzosas salidas de la vida como los pobres de ella. Ella le embistió
al fin con una asquerosa phitiriase con un ejército innumerable de
piojos...[230].»
[Nota 230: Mignet, páginas 366, 370.]
En el Catálogo de manuscritos españoles de la Biblioteca Nacional de
París, formado por M. Morel Fatio (pág. 65, núm. 178), se explica cómo
el _Breve compendio_, atribuído á Antonio Pérez, es simplemente
traducción de un capítulo del libro primero de la _Histoire de France et
des choses memorables advenues aux provinces etrangères durant sept
années de paix, etc._, par Pierre Mathieu: París, 1606, en 4.º, tomo I,
páginas 35 á 148, versión española que publicó D. Antonio Valladares de
Sotomayor con título de _Vida interior del Rey D. Felipe II, atribuída
comunmente al Abad de San Real, y por algunos al célebre español Antonio
Pérez, su Secretario de Estado_: Madrid, 1788, en 8.º